XII PASOS

Por muchos años, las fiestas habían sido una época que le hacía recordar lo que había perdido y a pesar de tener a los Weasley, a Harry y luego a Remus y Teddy, era un tiempo que se llenaba de sueños sobre Ron, de pesadillas de Nagini saltando sobre Harry en el Valle de Godric y de estremecerse con el frío que le recordaba los días a la intemperie que habían pasado acampando en busca de Horrocruxes.

Ver decoraciones navideñas le recordaba a su casa de la infancia, con el té de oolong que preparaba su abuela y como su padre insistía en decorar la entrada para competir con las decoraciones de los vecinos. Como familia siempre escuchaban el discurso de la reina y a pesar de que no apoyaban la idea de la monarquía, era una tradición que nunca dejaban de hacer.

También escribían sus deseos de navidad y luego tiraban la lista en la chimenea para luego irse a dormir y despertar con todos los regalos en el pie de sus camas, como por arte de magia.

Todos esos recuerdos felices habían sido una tortura cada navidad luego de haberles borrado la memoria, pero Hermione estaba feliz de admitir que cada año se hacía un poco más llevadero, en especial después de que nació su ahijado James Sirius.

La primera señal de que el espíritu navideño la había invadido y que estaba superando las tragedias fue cuando cayó la primera nevazón de la temporada y se encontró tarareando un villancico. Fue tanta su sorpresa que tuvo que usar un reparo para reponer los tazones que cayeron de sus manos.

Luego, cuando Teddy llegó saltando vestido de duende navideño, igual como se vestía su tío abuelo Richard, notó que en vez de caer en la nostalgia que generalmente la agobiaba cuando alguien le recordaba a su pasado o su familia, soltó una carcajada tan fuerte que Harry tuvo que aparecer un vaso de agua para calmarla.

— ¿Estás bien? — preguntó Harry que vestía de rojo y llevaba una barba falsa de algodón en el rostro— no te escuchaba reír así desde hace años.

Parecía que al fin, después de seis años, el tiempo estaba empezando a sanar las heridas, tal y como todo el mundo le había dicho que ocurriría.

Esa pequeña esperanza y una conversación con Ginny sobre su nula vida romántica, hicieron que aceptara una salida con Ian Devoy.

El joven Ravenclaw trabajaba en el Departamento de Cooperación Mágica Internacional y se conocieron en la fiesta de cumpleaños de Percy. Era un mago inteligente y guiado por su trabajo, pero luego de unos cuantos encuentros en el ministerio empezaron a hacer pequeñas conversaciones que cada vez se volvían más largas y amenas.

Luego de meses de solo verse dentro del Ministerio, el mago preguntó si podía invitarla a salir y aún con un poco de duda, Hermione aceptó.

La cita fue un desayuno en un pequeño café muggle, donde conversaron sin parar, rieron sobre algunos compañeros de trabajo y hablaron sobre sus ambiciones. Hablar con él era sencillo y aunque no hablaron temas personales, ni nada serio, Hermione sentía que había sido una buena decisión aceptar la cita.

No tuvieron la presión de generar una atmósfera romántica y lo único que hicieron fue caminar tomados de la mano, pero cuando el mago se despidió con un beso en la mejilla, la bruja sintió cómo su estómago se estremecía con una sensación que había olvidado que existía.

Cuando llegó a su casa se encerró en el baño y se lavó la cara con agua helada, por miedo de que Remus o Teddy la vieran tan sonrojada.

— Estoy nerviosa — admitió la bruja la noche de año nuevo — ¿No crees que me arreglé demasiado?
— Te ves hermosa, Hermione — le aseguró Remus levantando su vista de su libro — Devoy es un mago con suerte.

Remus siempre sabía qué decir.

— ¿Estás seguro que quieres pasar el año nuevo solo?, estoy segura que a Narcissa Malfoy no le molestaría que quisieras acompañar a Teddy en su fiesta de año nuevo o Molly o incluso yo puedo…
— Estoy bien — la detuvo Remus — Edward sólo quiere ver como Draco le propone matrimonio a Astoria Greengrass y aunque adoro a los Weasley, creo que una noche acompañado de un buen libro es justo lo que necesito.
— Que suerte tienes — sonrió Hermione — ¿Estás seguro que no necesitas que te acompañe?
— ¿Y arruinar tu cita? — rió el hombre lobo — Hermione, sé que estás nerviosa y si de verdad no quieres ir, puedes quedarte, pero no me uses a mí de excusa.

Hermione se acercó a Remus y se sentó a su lado, acaparando un poco de la manta que ella misma le había tejido para navidad y tapándose con ella.

— De verdad quiero salir con Devoy — admitió la bruja — es la primera vez que siento que estoy lista, pero la última vez que salí con otras personas yo era una adolescente y ahora creo que hay otras expectativas.

Remus dejó el libro a un lado y miró a su compañera de casa.

— Un paso a la vez, Hermione — le recordó el hombre lobo — no importa qué expectativas tengan otras personas, tú enfócate en disfrutar la noche y decidir desde ahí qué es lo que quieres.
— Deseame suerte, Remus — le pidió Hermione.
— No la necesitas — insistió Remus.

Hermione le golpeó suavemente el hombro, le dio un pequeño beso en la mejilla y se levantó del sillón.

— Gracias, Remus, no sé lo que haría sin ti.
— Probablemente tendrías más tiempo para ti por no tener que hacer mis pociones, cuidarme en la luna llena y hacerte cargo de Teddy.
— Probablemente estaría aislada de todos en un departamento en el mundo muggle, intentando usar mis barreras de oclumancia permanentemente.

Remus rodó los ojos y vio como la bruja tomaba los polvos Flu.

— Me voy — avisó la bruja dándose vuelta una última vez antes de pisar la chimenea — no se te ocurra leer el último capítulo del libro sin mí, ¡Quiero ver tu cara cuando leas lo que ocurre!.

Sin esperar una respuesta Hermione se transportó a un elegante salón en la casa de Hilbert Marrygolth, jefe del Departamento de Deportes y Juegos Mágicos y más conocidos por las grandes fiestas que organizaba.

Ian Devoy la estaba esperando junto a la chimenea y estirando su mano la ayudó a salir de ella.

A pesar de que se había preparado para horas de ansiedad por la cantidad de gente y la presión de estar públicamente con un hombre en un evento, Hermione se repitió las palabras de Remus y siguió adelante.

"Un paso a la vez, Hermione"

Luego de unos momentos de incómodo silencio, ambos se fueron a un grupo de colegas con los que conversaban y Hermione se alegró de que nadie lanzaba algún comentario sobre cómo ella nunca participaba de las fiestas del Ministerio y aún más de que nadie parecía mencionar nada sobre cómo ella estaba en una cita, con un hombre.

Estaba segura de que en los días siguientes habría más de un artículo sobre cómo la habían visto con alguien, pero en vez de enfocarse en cómo comentarían sobre cómo la mano del mago se posaba en su espalda, prefirió disfrutar de los canapés, de las conversaciones y de la pequeña orquesta que habían contratado.

Bailar con Ian era sencillo y él era todo un caballero, pero ninguno de los dos era un experto bailando y terminaron teniendo que salir de la pista de baile luego de chocar con otra pareja.

Avergonzados y ocultando sus risas decidieron colocar sus hechizos calentadores y salir a los fríos jardines invernales donde las luces mágicas iluminaban las flores y los caminos. Varios invitados estaban afuera, guardando un espacio para los fuegos artificiales, comiendo de la mesa de postres junto a los rosales y conversando.

— Sé que no estás lista para algo serio, Hermione — comentó el mago mientras caminaban — tú misma me lo comentaste, pero solo quiero que sepas que lo estoy pasando bien contigo y estoy dispuesto a esperarte.

Hermione se detuvo y miró a Ian detenidamente al mago. No era convencionalmente guapo, tampoco se acordaba de él en su tiempo de Hogwarts, pero tuvo que admitir que tenía algo atractivo; su cabello largo sujeto en una coleta y sus lentes lo hacían parecer intrigante y su cuerpo tenía una postura que imponía poder.

— Yo también lo estoy pasando bien.

Hermione se dio cuenta que no estaban a la vista de nadie y sintió cómo le palpitaba el corazón. Ian no la presionaba, esperando a que ella mostrara la iniciativa y sin pensarlo mucho, decidió juntar toda la valentía que Gryffindor le había inculcado.

"Un paso a la vez, Hermione"

Y algo incómoda por la diferencia de altura, Hermione se pusó en puntillas y le dio un beso al mago.

Su primer beso en seis años.

Su primer beso después de Ron.

Técnicamente un muy buen beso.

Las manos de Ian la rodearon temerosamente, como buscando aprobación y con un poco de miedo ella levantó sus brazos y rodeó su cuello. Se dejó llevar por los suaves movimientos, por la fragancia a madera y tonos de vino, por sus labios firmes.

Y aún así, no se sentía correcto.

Cuando abrió los ojos, Ian la estaba mirando sorprendido y la bruja no pudo evitar pensar en que había algo mágico en poder dejar a un hombre atónito con un simple beso.

— Lo siento si fui muy directa — se disculpó la bruja.
— No — le refutó el mago — solo no estaba preparado, por todo lo que me has dicho, pensé que querías tomarte tu tiempo.
— Aún quiero tomarme mi tiempo — comentó Hermione — pero a veces es bueno dar el primer paso.
— Vamos a tu ritmo, Hermione, sin apuros.

Era reconfortante que alguien le dijera que podía tomarse su tiempo, más si era alguien que no la conocía desde la guerra, alguien quien no tenía ni la más remota idea de todo lo que había vivido y aún así, le daba tiempo.

Quizá en ese momento no sentía que el beso fuera completamente correcto, pero era la primera vez que se abría con alguien en años y estaba segura que con algo de tiempo todo cambiaría.

"Un paso a la vez, Hermione"

Cuando llegaron al lugar para ver los fuegos artificiales, se encontraron con los invitados listos con copas de espumante, juguetes mágicos y conversando animadamente entre ellos.

— Creo que será un buen año — declaró el mago — ¿Algo que quieras este dos mil cinco?
— Lograr el acuerdo con la Gente del Agua sobre el uso del Lago Ness — dijo la bruja como si fuera el deseo más común del mundo.

Ian se rió y ella sonrojada intentó disculparse por hablar del trabajo, sabiendo que probablemente buscaba otro tipo de deseo.

— No tienes que disculparte, tu trabajo es parte de tu vida, yo igual tengo una meta ministerial este año, quiero lograr ser el encargado de las relaciones con MACUSA.
— Por lo menos puedo decir que no soy la única ambiciosa entre los dos — sonrió Hermione — pero honestamente creo que eres un gran candidato para el puesto, recuerdo tu último proyecto en las islas baleares, todos sabes que tú fuiste el encargado de que se llegase a un acuerdo.

Con el pecho inflado el mago movió su varita y dos copas de espumantes llegaron a sus manos.

— También me gustaría que este año aceptaras salir otra vez conmigo — brindó Ian sonriendo tímidamente — quizás ¿el próximo sábado después del trabajo?, unos amigos van a Canterbury y podríamos ir juntos.
— Me encantaría, pero debe ser otro día, le prometí a Teddy que pasaríamos el fin de semana sólo los dos, vamos a ir al Museo de Historia Natural en Londres — la bruja sonrió de solo pensar en el día con el niño — este año he tenido tanto que hacer con los trolls de montaña que no he podido salir sola con él en meses.
— ¿Teddy?.
— Es decir, Edward, Edward Lupin — corrigió Hermione — lo siento olvidé que no sabes de Edward o cualquier persona con la que vivo, pero no sientas celos, solo tiene seis años.
— ¿Vives con un niño?
— Pues sí, es difícil separar a un niño de su padre, ¿no crees?
— ¿Vives con una familia amiga?
— Bueno somos solo Teddy, Remus y yo.
— ¿Remus? — volvió a preguntar el mago — ¿estás hablando del Profesor Lupin?

Hermione sintió la tensión inmediata en su acompañante y algo le dijo que la maravillosa noche que había tenido estaba llegando a su fin.

— Ian, no sé a dónde quieres llegar con esta conversación, pero así como siempre he tenido que explicar que Harry y los Weasley son como mi familia para mi, debes entender que Remus y Teddy son mi familia.
— Remus Lupin — repitió el mago sin tomar en cuenta las palabras de Hermione — ¿vives con un hombre lobo?.

Por un momento Hermione pensó que estaba alucinando, no podía creer que alguien que hace tan solo unos momentos se mostró tan comprensivo, ahora estaba en estado de shock simplemente porque ella vivía con Remus Lupin.

Al parecer había dado tantos pasos hacía delante solo para estar obligada a retroceder el doble.

— Si, Ian, vivo con Remus Lupin, un hombre lobo — dijo firmemente la bruja rogando por dentro que su acompañante simplemente le estaba jugando una broma — también he vivido con Harry Potter, por si no lo leíste en alguno de los artículos del diario sobre mi
— No lo entiendes, Hermione — trató de justificarse Ian — tengo planes dentro del departamento y si los sigo es muy probable que en veinticinco años pueda postular a ser Ministro y todos esos planes pueden arruinarse si creen que me asocio con hombres lobos.
— Estás consciente que soy la encargada de la Reforma de Hombres Lobos, ¿verdad?, es mi meta a largo plazo, una meta que he hecho pública durante toda mi carrera ministerial..
— No es lo mismo, Hermione, luchar por derechos sociales para minorías es algo valorable en nuestro entorno, además que eres Hermione Granger, eres héroe nacional… eres..
— ¿Es diferente porque soy héroe de guerra? — se quejó Hermione — claro que es distinto porque tengo una Orden de Merlín Primera Clase, ¿no?, porque tuve más EXTASIS que la mayoría y no olvides que soy amiga del actual Ministro de magia, ¡claro que es distinto! — Hermione vio a Ian con enojo — supongo que sabes que Remus Lupin es todo lo que enumere y aunque no lo fuera, no cambiaría mi decisión de ir a vivir con él.
— Él puede arruinar tu carrera ministerial, Hermione, ¿no te has preguntado por qué no le dices a nadie que viven juntos?.
— Todos mis amigos lo saben y nadie va por Diagon Alley diciéndole a la gente con quien vive.

Hermione sentía que sus orejas vibraban de rabia por la injusticia que estaba viviendo. El ruido de la gente riendo retumbaba en su cabeza y sentía que iba a explotar. Sintió que la gente empezaba a gritar la cuenta regresiva para dar la bienvenida al nuevo año.

Diez, nueve, ocho…

— Hermione, es un hombre lobo.

Siete, seis, cinco, cuatro…

— Tienes que entender que no puedo cambiar como la sociedad ve a los híbridos.

Tres, dos, uno.

Hermione pensaba que Draco Malfoy iba a ser la única persona a la que le daría una cachetada, pero ese año nuevo, Hermione descubrió que estaba equivocada.

— Feliz año nuevo, Ian — sonrió la bruja luego de dejarle la mano marcada en la mejilla — estoy segura de que yo seré Ministro de Magia antes de que tú siquiera puedas postularte.

Y sin esperar una respuesta Hermione se dirigió a la chimenea más cercana, agarró un puñado de Polvos Flu y viajó a su casa.

Remus estaba en el sillón sobre su manta tejida, leyendo concentradamente un delgado libro que no era el que había estado leyendo antes, pero a penas Hermione salió de la chimenea, el hombre lobo levantó la vista, dirigió la mirada al reloj de la pared y frunció el ceño.

— Dime que no has leído el último capítulo — pidió Hermione sacudiendo el polvo del viaje y sacándose los zapatos.
— Ni siquiera una palabra — respondió Remus levantándose y moviendo la varita haciendo que un set de té apareciera en la mesa — ¿té?.
— Por favor.

Hermione se sentó en el sillón, aceptó la taza de té que le estaba entregando y esperó a que Remus se sentara a su lado para tapar a ambos con la manta que ella había tejido, tal y como se sentaban cuando se encontraban en sus noches de insomnios y terrores nocturnos.

— ¿Crees que no hago público que vivo contigo y que no llegamos juntos al Ministerio porque estar ligada a un hombre lobo puede afectar mi carrera ministerial?

La noche había terminado horrible, pero en vez de enojarse con Ian Devoy y sus visiones retrógradas, Hermione no podía dejar de pensar que quizá, subconscientemente, el mago tenía algo de razón.

— Es verdad — le dijo Remus — estar ligada a un hombre lobo puede afectar tu carrera en el Ministerio.
— Pero no estoy avergonzada de vivir contigo, Remus.
— Lo sé, ¿alguna vez alguien te ha preguntado si vivimos juntos y lo has negado?.
— No, pero tal vez es mentir por omisión.

Remus dejó su taza sobre la mesa, movió su varita y una barra de chocolate voló desde la cocina.

— Creo que te has estado protegiendo — comentó Remus sacando un trozo de chocolate y entregándosela a la bruja — has sido perseguida por años por periodistas, igual que Harry, sabes perfectamente que incluso si no afectase tu carrera profesional, la gente no pararía de hablar de ti.
— Pero si estoy luchando por una reforma a las leyes de Scamander sobre hombres lobos, ¿no debería dejar claro que no me importa lo que otros piensen?
— Lamentablemente, pasar leyes significa que te debe importar lo que la comunidad piense de ti, enredarte en el juego político. Además creo que el problema no es solo que yo sea un hombre lobo.
— ¿A qué te refieres?
— El Wizengamot y la comunidad en general es muy tradicional, ¿recuerdas como escribieron de tí cuando se enteraron que estabas viviendo con Harry?, solo imagínate que pensarán de una bruja soltera viviendo con un hombre veinte años mayor y prácticamente criando juntos un niño, personalmente creo que ser un hombre lobo, solo empeora la imagen.

Hermione tomó su té, dejó la taza en la mesa, se apoyó en su amigo y este la rodeo con su brazo, tal y como a veces lo hacían cuando se quedaban conversando luego de la hora de dormir de Teddy.

— ¿También ocultas que vivimos juntos? — preguntó Hermione intrigada.
— Creo que los dos hemos mentido por omisión, pero supongo que no lo negaría si me lo preguntasen.
— Solo quiero que sepas que no me avergüenzo de vivir contigo, Remus, honestamente Teddy y tú son lo mejor que me ha pasado.
— Es extraño decirlo, Hermione, pero creo que eres mi mejor amiga y en este punto, creo que no sabría criar a Teddy sin ti.

Ambos se quedaron en silencio, disfrutando de las llamas de la chimenea y el chocolate amargo de Remus.

— ¿Me dirás que ocurrió con Devoy?
— Sólo tienes que saber que los hombres apestan.
— Yo soy un hombre, Hermione.
— Eres mitad lobo, Remus, así que solo apestas un poco.


Saquen la lengua bajo la lluvia, armen una playlist para bailar y coman torta.

Simona Polle