Hi! acá está el segundo capítulo :D (Ya casi, un poquitillo más, y sacó el siguiente capítulo de Vongola's Stars)
Muchas gracias por sus reviews; de verdad que me animan XD
Disclaimer: KHR! no me pertenece, es de Amano Akira
A la mañana siguiente, la morena caminaba hacia el instituto de aquel carnívoro; sus mejillas rosas al recordar lo sucedido.
Miura se reprimía, pero al mismo tiempo se empezaba a cuestionar sus sentimientos hacia el Decimo Capo Vongola; suspiró cansina, se sentía débil, le dolía el cuerpo; veía borroso.
A lo lejos observo el Instituto Namimori; caminó hacia la entrada, observando a sus amigos, con una sonrisa fugaz seguía los movimientos de aquel castaño que una vez dijo sería su esposo; ahora lo dudaba.
El Vongola le percibió, se acercó a ella, sonriéndole le saludo. La chica algo ausente respondió intentando estar animada, sin verle a los ojos.
— Haru se encuentra bien; Tsuna-san — ella quería marcharse, pero el chico le detuvo.
— N-necesito hablar contigo — miró a su mano derecha, diciéndole que se adelantara a clase, este refunfuño, pero obedeció.
— Hahi! ¿Tsuna-san quiere hablar con Haru? —.
El capo sonrió con calidez, llevándose a la morena hacía el pequeño patio detrás de la escuela, en donde se llevaban a cabo las confesiones; Haru le siguió sin percatarse de ello.
Por su parte, ciertos ojos azules observaron desde una ventana, al herbívoro retirarse con su chica; encogió la mirada, dirigiéndose hacia el lugar sospechado.
...
— Ha-Haru, lo que tengo que decirte es…, bueno…, etto… — sonrojándose, jugando con sus dedos — ¿quieres ser mi novia? — preguntó preocupado, sin saber sí le rechazaría o no.
Miura abrió sus ojos sin mesura, esa palabras las había anhelado; pero ahora se sentía diferente a lo que siempre se imagino; en ese momento le vino una persona de cierto comité disciplinario a la mente; agachó se, cuchicheando.
— Lo siento, Haru no… — pero antes de expresar más, el pequeño Capo le beso con ternura, el beso parecía miel.
Apenado se alejó de ella; ninguno de los dos percibió la fría mirada cargada de dolor de aquel guardián de la nube.
— Espero lo pienses, onegai — al sonar la campana de la escuela, el muchacho se fue hacia su clase, dejando a una confundida Miura, que se tocaba los labios con sus dedos.
El prefecto estaba por marcharse, cuando observó de reojo que la morena se desmayaba, cayendo sobre el pasto; saltó desde la ventana, aterrizando con precisión; camino hacía ella con ansia, intentando no demostrarla.
Una vez llegó a su lado, la tomo entre sus brazos, cargándola hasta la enfermería.
— ¡Oh! Pero si es Haru-chan — comentaba alegre Shamal; mientras el moreno la recostaba en una camilla. Hibari le lanzó una mirada de muerte segura; este pasó saliva.
— Largo — sacando sus tonfas — o te morderé hasta la muerte — amenazó.
— Me perderé la diversión; bien, bien, ya entendí; ¡Ah! La juventud — diciendo otra sarta de cosas más, se retiró.
Hibari rodó sus ojos; pero su atención se detuvo en la chica recostada frente de él; se encontraba inconsciente, sudando, quejándose.
Él le tomó la temperatura, tenía casi 40°; fiebre segura. Le miró por segundos; susurrando con cierta ternura "herbívora".
Tomó varias toallas, humedeció una para colocarla sobre la fémina frente; con las otras le limpiaba el sudor de su cuerpo; recordó una revista con una situación similar; de ahí le vino a la mente la siguiente acción.
Con sus frías manos empezó a desabotonar aquellos círculos de plástico de la blusa de la muchacha; lentamente, uno a uno; las masculinas mejillas parecían un poco teñidas de color; sus dedos temblaron un poco.
Se reprochó por esa debilidad, carajos, sí ya la había poseído, por qué demonios se ponía así; maldito comportamiento de herbívoro.
Una vez completo su tarea, pasó con cautela la blanca toalla sobre el cuello, el busto, el vientre de la chica; hasta retirar el líquido que de ella emanaba, a causa de la fiebre.
"Seguramente fue por la lluvia de ayer" pensó.
El mediodía había llegado; aquellos parpados femeninos empezaron a abrirse; observó el lugar, exclamando un "Hahi!" de sorpresa; mirando a un dormido Hibari sentado en un banquillo a lado de ella; la muchacha se sonrojo, sonriendo un poco.
Después de eso, el prefecto le llevó a su casa sin más; ordenándole con frialdad que descansará, para después irse.
— ¡Espera! — gritó la morena, el chico se detuvo.
Ella corrió hacía dentro de su casa, sacando la chaqueta de él, entregándosela.
— Gracias —.
Kyoya tomo la prenda en sus manos, colocándosela se fue del lugar.
…
Había pasado un día desde aquella vez; ninguno de los dos se habían visto; pero el líder del comité disciplinario cada vez sospechaba de que la insistencia de aquel herbívoro hacia su mujer era molesta; además de que eso hacía peligrar su relación.
Miura llegó a la escuela, directo al salón en donde perdió su castidad, para ver a aquel joven que cada vez se encontraba más en sus pensamientos.
Ella esperaba un recibimiento amable, que le preguntará sobre su estado, pero no; lo que le recibió fue la azul mirada de hielo.
— Desvístete — ordenó viéndola fijamente; ella sentía enrojecer; le miraba algo apenada, a pesar de ya haber estado con él.
— ¡Hahi! — Exclamaba viendo de un lado a otro aquella sala; en la que ambos se hicieron uno — ¿Có-cómo empiezo?— preguntó roja como manzana, evitando cerrar sus parpados.
El moreno sonreía, pero cambió a molesto al recordar el beso que aquel herbívoro había dado a su mujer; porque Miura era de él; eso lo reiteraría el día de hoy.
— Quítate el suéter — así lo hizo ella — ahora la blusa — apenada se desabrochaba los botones — la falda — Miura cerró sus ojos, bajando el cierre de su falda, hasta que la tela se deslizó por su piel — el sostén —.
— Hahi! — Respingó— Hibari-san, onegai, no…— pronunció en súplica; el peli negro le miró con seriedad — se levantó de su asiento detrás del escritorio; acercándose a ella dijo.
— Quítate todo — él se quito su saco del uniforme, colocándolo sobre los femeninos hombros; Miura parpadeó.
— Si te apena, puedes usar sólo esto — sonrió.
La muchacha se quitó las prendas faltantes con la mirada azul sobre ella; las cortinas estaban cerradas; así que eso le hacía sentir menos exhibicionista de lo que estaba haciendo; se colocó la chaqueta del uniforme de Hibari con aquella cinta amarilla con rojo.
— Harás lo que diga; sí no, aquel herbívoro sufrirá las consecuencias — eso era muy bajo, él lo sabía; pero qué otro método tenía para hacerla suya; nada los unía con excepción del herbívoro mayor.
— Ha-hai desu — gritaba nerviosa.
— Acércate — demandó sentado en aquella silla amplia de color negro detrás de aquel mueble de madera.
La chica se acercó con aquella prenda cubriéndola.
— Siéntate en el escritorio — así lo hizo; tragándose su pena; pero según ella, todo era por el bien de Tsuna-san; además tenía que darle una respuesta de ser o no su novia; no podía dejar que Hibari le asesinará antes de ser la tan anhelada novia de su amado.
— Hmm — expresó sarcástico al ver la distracción de la joven — no puedes pensar en él cuando estés conmigo—.
Ella le miró sorprendida; confirmando el comentario del prefecto.
— ¡Hahi!—.
— Abre las piernas — ella cerró sus parpados, separando sus piernas a los costados; permitiéndole a ese hombre ver su feminidad, pues desde la posición de ella sentada frente a él en aquel escritorio era favorable para la visión del prefecto.
— Más — Miura las abrió más, ladeando su rostro, con las mejillas rojas.
— Mírame, Miura — exigió con frialdad, la morena le veía conteniendo su vergüenza — con ambas manos abre la entrada a tu vagina —.
— ¡Hahi! Hibari-san; eso es muy vergonzoso para Haru-desu — replicaba; el silencio fue su respuesta, así como una penetrante mirada del varón.
Miura con sus finas manos, toco los extremos de su sexo; abriéndolo con timidez; intentó descifrar el rostro de Hibari, pero este únicamente le observaba sin inmutarse.
El dedo índice de aquel joven se acercó a la feminidad de la muchacha; con el acarició la parte al descubierto, de arriba hacia abajo; Miura estaba por soltarse, pero la mirada que él le dirigió fue una advertencia; y así continuó por un rato; torturando a la joven.
— Hibari-san, por favor; no humilles a Haru-desu — abogó.
— No es eso; estoy demostrándote de quién eres— le dijo, confundiéndola.
Luego introdujo su dedo dentro de aquel sexo; ella soltó un gemido cerrando los ojos; él sonrió, para después introducir otro.
— Suéltate el cabello —.
La muchacha desató su cabello; dejando sus largas hebras cayendo sobre su espalda, mientras aquellos dedos se introducían, y se movían dentro de ella.
— Mn… —soltó un gemido, haciendo al prefecto sonreír de soslayo.
En ese momento se abrió la puerta de aquel lugar; Miura brincó del susto, agachando la mirada; mientras Hibari aún con los dedos dentro de ella; veía hacia la entrada.
— Kusakabe… dije que no quería molestias — escupió mientras empujaba y sacaba parte de su mano en ella; quien contenía los gemidos por la pena, pero se sentía algo aliviada de que la chaqueta negra le cubriera.
— Lo siento, Kyo-san; pero el bebé me dijo que dejará pasar a Sawada-san; él quiere hablar algo contigo — mencionó respetuoso.
Miura abrió sus ojos de par en par, intentó cerrar sus piernas, pero Hibari en un acto más rápido, tocó la pequeña campana de la muchacha con su dedo, haciéndola gemir; dejándola inmóvil.
— Espera un momento, y déjalo pasar — ordenó como si nada estuviera pasando.
— Si, Kyo-san— acató, pero le llamó la atención que una mujer desconocida tuviera puesto el saco del prefecto, de lado examinó el cuarto, viendo unas prendas femeninas en el piso; poco antes de cerrar la puerta se sonrojo.
— Hibari-san; No quiero que Tsuna-san me vea; por favor… —rogó.
Kyoya sacó sus dedos de aquel lugar, los lamió sensualmente; sonrojando a la mujer.
— Miura ¿sabes hacer una felación? — Preguntó viéndola a los ojos; ella negó — Es fácil; sí no quieres que el herbívoro te vea, es mejor que te escondas debajo del escritorio —.
La muchacha se sentía frustrada, pero obedeció.
El moreno –aun sentado– bajaba su cremallera, desabrochándose el cinturón; sacando su abultado miembro. Pensando en la infinidad de veces que soñó con ella en esa posición, imaginándose qué se sentiría estar en la pequeña boca de ella; pero aún así se mantuvo apacible.
Miura se espantó al ver la virilidad de Hibari, sus rojas mejillas no podían ser más carmín; tragó saliva asustada.
— ¿Q-ué hago? — titubeó al preguntar.
— Lámelo; succiónalo; introdúcelo en tu boca — le dijo viéndola escondida debajo del escritorio.
La chica apretó sus parpados; pero los abrió para ver dónde se encontraba la masculinidad de Hibari; en ese momento se escuchó el sonido de la puerta abrirse; unos pasos caminar por la sala; directo frente al escritorio; Miura se quedó estática.
— Comienza — demandó.
La morena, sacó su lengua con timidez, acarició lentamente la virilidad de aquel joven, eso le hizo cerrar levemente sus ojos.
— Etto; Hi-Hibari-san… etto…— balbuceaba Tsunayoshi al momento en que pensó que el prefecto le daba la palabra; pero se puso nervioso al ver la mirada azul encogerse unos milímetros.
Por otro lado; la morena lamió la punta de aquel miembro; el lugar en donde parecía un pequeño durazno con una leve abertura, tocándole con su lengua cuidadosamente; temiendo lastimarle, sin saber que eso era más de lo que esperaba el prefecto; tanto se concentro la muchacha; que olvidó la presencia de su amado Tsuna; únicamente la fragancia a jabón de aquella masculina intimidad embriagaba sus sentidos; lentamente abrió su boca, introduciendo el miembro de él en su cavidad.
El prefecto se encorvó un poco; ¡demonios!, sí hubiera sabido que así se sentiría; no le hubiera dicho que lo hiciera frente a alguien; tenía que hacer una nota mental; no obstante mantenía su postura.
— ¿Qué? — formuló Hibari, sintiendo su miembro entrar y salir de aquella fémina, y húmeda boca.
— So-sobre Haru; me gustaría pedirte que la dejes en paz — pidió titubeante; el prefecto le miró con frialdad, mientras Miura pensaba "Hahi! Tsuna-san se preocupa por mi; y Haru está con este hombre; pero es para que no te pase nada malo, Tsuna-san; Haru no quiere serte infiel".
Aunque aún no era nada de Sawada, esos pensamientos le invadieron.
— Esa herbívora es mía — espetó.
El Vongola se mostró serio; con determinación afirmó.
— Haru no pertenece a nadie; además, aunque haya estado contigo; ayer le propuse que fuera mi novia; una vez acepte, la protegeré de lo que sea; incluso de ti, Hibari —.
— Wao; no pareces el herbívoro de siempre — sonrió, olvidando el placer de su parte baja.
— Hazlo que quieras; de todas formas ella no será tuya — concluyó la conversación, haciéndole un gesto de que se marchará; Tsuna así lo hizo.
Una vez fuera de aquel lugar; sin percatarse de que la joven que proclamaba estaba junto a Hibari, pensó "Debo de buscar a Haru; entre más pronto su respuesta, estará segura…además; esa mirada originalmente era mía; ¡maldición! ¿por qué no lo note antes? ¿por qué sólo hasta que vi esa escena?".
— Miu…ra…— pronunció evitando gemir; ella le masturbaba con su boca, sin verle a la cara; pensando en las palabras de Tsunayoshi — detén...te…— pero la chica estaba tan ensimismada en los pensamientos de Sawada, que ignoró a Kyoya; por lo cual este se corrió dentro de la boca de ella; encorvándose hacia atrás de la silla.
La morena sin saber qué hacer, cerró sus ojos; sacando lentamente el miembro de Hibari; con la pasta blanca dentro de su boca, escurriéndole de los labios. Recordó lo que él hacía con la sustancia que salía de ella; así como la saboreaba; y en una brillante idea, realizó la misma acción; pasándose el semen de aquel hombre sin asco alguno.
El prefecto observó toda la escena, desde el rostro de ella confundido, hasta como se pasaba sus fluidos; se sonroso leve; pero la frase del débil herbívoro le llegó de sopetón; arruinándole su momento.
'…ayer le propuse que fuera mi novia'
La mujer se levantó de su posición; mirando de frente al moreno; quién con un brillo de malicia en la mirada ordenó de nueva cuenta.
— Introdúcelo en tu sexo — Miura le miró por segundos; por alguna razón, estar con él le hacía sentir algo que nunca sintió con Tsuna; a pesar de ese trato; Hibari le hacia sentir diferente, especial; Tsuna era tierno, pero siempre miraba hacia su amiga; en cambio Hibari siempre le veía a ella con esa fija mirada azul.
Olvidando a su supuesto futuro esposo; que seguramente no lo sería, pues Haru se percató de que los sentimientos hacia Tsuna se esfumaban lentamente, se dispuso a obedecer al prefecto.
Miura se sentó con las piernas abiertas sobre Hibari; agarró suavemente la virilidad de él, y con lentitud le introdujo en su vagina; quedando unidos, ella sentada arriba de él; posando sus manos sobre el masculino hombro; una vez percibió el miembro de Kyoya dentro de ella; movió sus caderas; haciendo que el prefecto olvidará su pequeña charla con Sawada.
El moreno gruñó; moviendo su cadera hasta estocar a la chica, quien gritó, afianzándose a él.
— Kyo…ya… — buscó sus labios, pero este se los negó; ese era su castigo por pensar antes en el herbívoro.
En cambió, el de negras hebras lamió el pezón de la chica, luego lo mordió con suavidad, para después chuparlo, al tiempo en que la tomaba de la cintura, para que la penetración fuera más profunda.
Miura gemía de placer, siendo estrujada una y otra vez.
Hibari sentía que en ese acto desahogaba su leve frustración de golpear al herbívoro; así que hizo de las estocadas algo más brusco, más profundo.
— Kyo…Kyo…ya… n-o… tan fuerte…— suplicó sin éxito.
Miura se sentía como una mujer cualquiera, pero ese placer, ese dolor; esas sensaciones mezcladas sólo las producía Hibari; sólo él; y en el fondo lo disfrutaba; incluso ese sentimiento de culpa le era excitante; aunque lo negará.
La imagen del Vongola se difuminaba cada vez, dando paso a la de un joven frió, solitario, de hebras negras, ojos azules y tez blanca.
En ese acto; ella se decidió, confirmando sus sentimientos; pensando en que eran verdaderos soltó un "te amo".
Hibari se detuvo en seco, al pensar que ella se imagino estando con cierta persona que no era él; dejando muy confundida a la chica.
— ¿Kyoya? — preguntó cuando él se detuvo, separándose de ella, dejándola sentada en aquel asiento; él se pasó la mano por sus hebras, le vio de perfil diciéndole.
— Es suficiente; no le haré nada al herbívoro ese; eres libre. No quiero volver a verte — escupió, escondiendo su pesar en un muro de frialdad; dándole la espalda.
Ella le miró dolida; sonrió con la mirada oculta bajo el flecó.
"Así que era eso, era de esperarse que no me amará, sólo fui algo para matar el tiempo" pensó conteniendo las lágrimas; observó al joven caminar hacia ella; jalando la cinta de prefecto de aquel saco.
— Vístete, y vete; puedes quedarte con la chaqueta, está sucia— siseó.
— Como yo…— musito al borde de las lágrimas; mientras se colocaba sus bragas, su falda, y cerraba el saco negro; tomando la demás ropa en sus brazos; saliendo de aquel cuarto con presura; sin mirar atrás con lágrimas en los ojos.
El prefecto se limitó a golpear la pared con sus tonfas; después de que la morena se marchó.
Kusakabe por su parte miró a una chica de cabellos oscuros salir corriendo con cristales cayendo de sus ojos; ella llevaba la chaqueta negra de Kyo-san cerrada, sus calcetas, zapatos, falda, etc.; pero en su pechó se veía que abrazaba una blusa y algo de encaje; negó con su cabeza al pensar en lo que su Jefe le pudo hacer.
...
Miura corría por los pasillos, topándose contra algo, o alguien.
— Hahi! Sumimasen! — se disculpó con la voz quebrada, sin saber que había soltado sus prendas.
— ¿Haru? — preguntó preocupada la masculina voz, muy conocida para ella.
— ¿Tsuna-san?— hipó.
El Vongola empezó a recoger las cosas de ella, sonrojándose al tocar un brassiere entre sus dedos.
Miura abrió sus ojos, arrebatándolo; bajando la mirada.
— ¿Q-Qué sucede? —.
— Hibari-san no ama a Haru-desu; sólo jugó con los sentimientos de Haru…— explicó mientras silenciosas lagrimas caían de sus ojos.
"Así que estaba con Hibari…" "Hiii! De nuevo estaban haciendo eso"
— Ha-Haru…— ella le miró— aunque sientas algo por él, o hayas estado con él; mi propuesta sigue en pie; ¿quieres ser mi novia?— preguntó sonrojado.
— Pero Tsuna-san, Haru esta manchada, no es pura; no podría…— el Vongola le tapo los labios con su dedo; se acercó a ella, dándole un tierno beso, susurrándole apenado después de eso — para mi, eres igual de pura que el primer día que te vi—.
La pequeña encontró consuelo, y con sus emociones confundidas, sintiendo el calor que le brindaban, la amabilidad y el amor que siempre anhelo se arrojo a los brazos del Vongola; llorando en el pecho del muchacho.
A unos metros de ahí; orbes azules presenciaron el beso, y el abrazo de lo que pensó era una pareja; se viró por donde vino; dirigiéndose a la sala del comité disciplinario.
Gracias a Angelzk, pactli043, y Mary-chan por leer y dejar comentario de la historia; que bueno que les haya gustado :D
Tenía miedo de publicarlo, pensé que estaba raro, pero Mary-chan me animó
De verdad muchas gracias por leer esta historia.
Angelzk: Intentaré escribir el 8096 que me dices; aunque puede que me tome tiempo, apenas ando actualizando mis fics; pero definitivo que la escribiré.¨
Pactli043: Kya! que bien; gracias; me hace feliz que te gusten mis fics
Mary-chan: Gracias a ti, este fic fue publicado; el otro todavía lo ando haciendo. Luego te lo envío :D De verdad me ayudaste mucho; gracias.
