Konnichiwa! Se me cae la cara de vergüenza. ¡Un año sin actualizar éste fic! ¬¬ Tienen derecho a;

odiarme, dejar de leerme T-T y odiarme más T-T pero a mi favor digo. Sólo tenía tres capítulos escritos, los que ya leyeron, y después mi lemonosa inspiración desapareció y sigue sin regresar. Una solemne y sincera disculpa. Sí todavía leen esté fic, les agradezco su infinita paciencia y preferencia para con esta historia y ésta atolondrada, y torpe autora.

Gracias

Disclaimer + Nota: KRH no me pertenece, y éste capítulo no tiene lemmon, más bien es fluffy. Hibari está castigado sin su dosis con Haru?


Llegó a su casa llorando. Abrió bruscamente la puerta de su casa, sin detenerse ante el llamar de su madre. Corrió escaleras arriba para encerrase en su habitación.

—¿Haru? —pronunció su madre asomando su cabeza desde el arco de la cocina. Suspiró, esa niña estaba deprimida, pero más que cualquier otra ocasión. Alzó una ceja. ¿Tendría que ver con el chico de la última vez?.

Dejó lo que estaba haciendo y fue a la alcoba de su hija.

Tocó varias veces, pero no le contestaban. Escuchaba los sollozos de la chica, pero nada más.

Quería darle privacidad, pero también –como madre –entendía que había momentos en lo que tenía que estar para escucharla.

Abrió la puerta lentamente, observando la oscuridad de aquel cuarto debido a las cortinas cerradas. Se acercó a la cama, y se sentó en la orilla. Acarició los cabellos castaños de su hija. La muchacha lloró por bastante rato, hasta que se levantó un poco para ser abrazada por su madre.

La señora –ahora dándole palmaditas a la espalda de Haru –se animó a preguntar.

—¿Qué sucedió? —. La morena se acurrucó más, e hipando respondió.

—No me quiere. Estuvo conmigo… —dudo en continuar, y su madre espero que eso no significará lo que se imaginaba —me entregué a él, pero no me ama —. Apretó sus ojos, temiendo ser reprimida. Su madre la apretó hacía ella, y suspiró; susurrando.

—Es un idiota, olvídalo Haru. No vale tus lágrimas —. Los sollozos de la morena continuaron, una vez quedó dormida. La señora Miura se retiró.

Al salir de la habitación, apretó sus manos en coraje.

Sawada Tsunayoshi no podía ser, entonces sólo quedaba…

Hibari Kyoya.

Sonrió con ironía. Tendría una charla con ese malhechor que le rompió el corazón a su hija.

Escuchó el timbre.

Respiró antes de atender el llamado, abrió la puerta y frente a ella se encontraba aquel osado joven que había jugado con el corazón de su hija. La señora Miura pensó en varias cosas, una golpearlo, otra de ellas cerrarle la puerta en la cara y dejarlo ahí parado como lo que se merecía.

No podía simplemente abrir las puertas de su casa y dejar pasar a aquel que robó la virginidad de su hija, la enamoró y le destrozo su corazón. Frunció las cejas ante el estoico rostro del azabache.

—Haru no está —apretó entre dientes. El chico elevó una ceja respondiendo.

—Quiero hablar con usted de ella —. Los ojos del moreno mostraban una seriedad no cuestionable, la señora suspiró.

—No la menciones, no la busques no la sigas. Deja que ella te olvidé —estaba por cerrar, cuando una tonfa se interpuso entre el marco y la puerta, la madre de Haru expandió sus ojos.

—Tengo que decirle algo —siseó. La señora le veía un poco aterrada, el aura de ese chico era diferente a la primera vez que le conoció.

—Vamos a un lugar cerca —cerró la puerta tras de sí y caminaron hacía un parque familiar. Los niños jugaban con sus padres, estaba rodeado de lo que el moreno más odiaba, multitudes y herbívoros. La mujer observó muy seria al chico y empezó a hablar.

—Te dije que sí lo único que querías jugar entonces no te le acercarás —. Hibari desafió aquella mirada, y contestó.

—No estoy jugando —. La señora negó.

—Ella me contó todo, que no la amas pero la hiciste mujer —. El rostro del prefecto se desencajó y sonrojó por un instante antes de recobrar su compostura.

—Ella es la que no me ama —musitó entre dientes desviando la mirada, agregando —sólo tiene ojos para el rey de los herbívoros; Sawada Tsunayoshi.

Esta vez fue el turnó de la señora Miura de mostrarse sorprendida, y echarse a reír. Hibari pensó se estaba burlando de él.

—¿No me digas que tomaste a mi hija sabiendo que no te amaba, querías enamorarla pero los celos te ganaron y la dejaste ir? —cuestionó con hilaridad mirando con mofa al chiquillo. El arrugó el ceñó visiblemente ofendido.

—La haré mía —sentenció. La mujer dejó de reír.

—Ya veo… —le soltó una bofetada que lo desconcertó y le dijo firme;

—¡No juegues mocoso!, entre tú y Sawada prefiero que ninguno tenga a mi hija. ¡No te creas tanto por ser quién eres!. ¡Sí la quieres deja tu estúpido machismo de lado y gánate su corazón como se hacía en mis tiempos, sí no, ni te acerques a ella!. ¿Entendiste? —se viró y dejó al muchacho gruñendo y frustrado.

Hibari observó a unos herbívoros irrumpir la paz de Namimori pasando por el parque, sacó sus tonfas y mordió hasta la muerte a esa multitud. Al menos el día no fue tan malo, pues había desahogado su molestia con aquellos debiluchos.

[***]

Quince días habían pasado. Ninguno de los dos jóvenes que pretendían a Miura Haru había aparecido frente a ella. ¿Y cómo hacerlo sí no sabían cómo conquistarla?

Hibari gruñía mientras leía revistas herbívoras de tips para conquistar a una femina, mientras Tsuna se martirizaba internamente por estar en estos momentos bajo un espartano entrenamiento por parte de su tutor.

Mientras tanto, los sentimientos de la castaña se iban calmando. Recordaba a Tsuna-san y con ello corroboraba que ya no le quería, pensaba en Hibari-san y lo único que sentía era dolor y ganas de llorar.

Mientras caminaba por los pasillos de su escuela, observó una pancarta llamativa. La chica sonrió y asintió. Ese sería su nuevo camino.

[***]

Llegó corriendo a su casa, tenías las mejillas arreboladas y jadeaba, su madre preocupada preguntó qué pasaba, ella respondió.

—¡Haru irá a estudiar al extranjero desu! —. Su madre le observó cuestionante, pero al ver los ojos determinados de su hija sonrió levemente.

— Sí es lo que de verdad quieres, te apoyo. Pero no huyas de tus sentimientos —. Y abrazó a su pequeña con ternurá.

—¿Y, a qué país te irás? ¿Qué requisitos pide la escuela? —La morena sonrió.

—Haru irá a Corea desu. Los profesores y el director dijeron que no necesitaba hacer un trámite largo pues Haru tiene excelentes notas. ¡Así que me voy en una semana desu! —exclamó con júbilo y emoción, la señora pensó que era muy repentino, pero no comentó nada al respecto.

—Hay que ir empacando tus cosas, ¿les dirás a tus amigos? —La chica negó.

—Les escribiré una carta informándoles todo una vez esté en Corea —pronunció con cierto dejé de tristeza.

[***]

¡Estúpidas revistas de niñas! Ahí no había pistas para conquistar a la herbívora, sólo consejos para ser más linda –y él no quería ser lindo –o para conquistar a un chico –y tampoco esa era una opción.

Bufó cansado.

Iría con la persona a la que menos le gustaría pedir ayuda, sólo esta vez, se dijo.

En ese momento se imaginó a su madre, y un escalofrió pasó por su columna. Ejem, mejor iría con la segunda persona a la que no le gustaría pedir un consejo. Al caballo bronco; Dino Cavallone.


Gracias por leer, tomarse su tiempo, y por aquellos que dejan reviews como;

Mere Mitsuky taiyoukay, Angelzk, Mary-chan, Valeria, Kuchiki Yamiko, Uzumaki-tsuki, lala-chan, Midori Susuki, 1234567, Death God raven, Haoshadow, puripuri.

Espero les haya gustado éste capítulo y sigan leyendo n.n

Ja ne~! ;D