Disclaimer: KHR! no me pertenece.

Muchas gracias, besos y abrazos a mis queridas y pacientes lectoras; bianchixgokudera25, BMF, viri-chamn, MimIjing, puripuri, Uzumaki-tsuki, Bravita-chan, Patty, Piffle Priincess, Haoshadow, RukiaCC, Death God Raven, Pactlo043, Naila Kazami.

De verdad una disculpa por atrasarme tanto; y quiero dar una dedicatoria especial de éste capítulo a Bianchi-chan, sin ella, este capítulo aún no estaría.


Se removía de un lado a otro como un león en una jaula, la hermosa señora –madre de Miura –le observa un tanto preocupada.

—Relájate crio, parece que el mundo se fuera a acabar, además tu tienes algo de culpa —le comento como de quién no va la cosa, pues la melancolía y esa leve culpa por no haber detenido a su hija en Japón, pasaba a una ligera hilaridad al ver así al chico.

Hibari se detuvo en seco, enviando una gélida mirada a la mujer, mas ella no se sorprendió de ver que detrás de esos ojos llenos de una frialdad sorprendente, hubiera un inmenso río de melancolía y angustia que luchaba vanamente por no mostarse.

Ella sonrió afable, se levanto de su asiento, y se acercó al joven. Él la miró extrañado, pero espero a que la mujer hiciera su movimiento.

—¿Estás dispuesto a hacerla feliz? —Hibari enarcó una ceja, pero asintió.

La señora le extendió un trozo de papel doblado en cuatro, el chico lo aceptó y después de extenderlo, comenzó a leerlo.

Era un dirección, una simple y rustica dirección.

—Ve o quédate. Es tu decisión —la señora acompaño al chico hasta la salida y lo despidió, no sin antes avivar el fuego del orgullo de aquel muchacho.

—Aunque si te quedas sería mejor, después de todo, así ella encontraría otros brazos que la protegieran y otros labios que la reconfortasen —cerró la puerta sin esperar la reacción del chico, y sonrió para sus adentros.

Hibari parpadeó antes de procesar las palabras y cuando se giró, observó la entrada cerrada, apretó sus puños, con o sin el apoyo de esa mujer, él recuperaría a Miura.

Los días pasaban más tranquilos y fluidos tanto en la escuela como en las tardes. Tae Jun-ssi era una persona fabulosa, sabía cuando reír contigo, consolarte con palabras o callar y escuchar tus sollozos, entendía el momento en que necesitabas un abrazo, o simplemente un ligero apretón de hombros. Era maravilloso pasar el tiempo con él, entre más días pasaban, más ligero se hacía el peso de aquel amor no correspondido dentro de su pecho, más siempre estaba ahí, escondiéndose de ser desvanecido, porque en realidad lo que menos quería su alma era olvidarle aunque su mente le dijera que era lo correcto.

Ese día como empezaba a ser una rutina agradable para ella, cogió las llaves de su estancia, saliendo rumbo al café que –a pesar de haber sido sólo unos días –era como su segundo hogar.

Entró al lugar sonriente, saludando a la cajera, a la hermana de Tae-ssi, y al mismo pianista que le regalaba una hermosa sonrisa cada que la veía, la cual ella correspondía de la misma manera.

La música embargaba sus sentidos, y el té relajaba su corazón, minutos después cuando el chico de esas hebras oscuras y rojizas se acercó a ella, aquella calma pasó a un momento grato, estar con él era como estar con sus amigos en Japón.

—Mañana quiero invitarte a salir, pues es día de descanso nacional, y me gustaría mostrarte algunos lugares —sonrió, ella sin dudarlo acepto gustosa por el ofrecido tour.

—Me encantaría desu —Tae Jun Wook se alegró, tomó la mano de la chica y luego la miró a los ojos.

—Me pregunto cuándo será el día en que tú seas la que tome mi mano y decida caminar conmigo —la frase fue suave, tersa y al mismo tiempo dolorosa. Miura se mordió su labio inferior, pidiendo disculpas con la mirada, él sonrió sin soltar aquella mano.

—Lo siento, debo de aprender a medirme en mis bromas, además no me importaría ser yo el que siempre deba de tomar de tu mano para que estés conmigo —y suavemente la apretó con cariño para mostrar que sus palabras eran ciertas, para después dejarla ir y tocar una nueva pieza en el piano.

Miura se despidió, suspiró culposa, sabía que Tae-ssi la quería, un día se lo había dicho de forma espontanea, y dolía tanto que ella prefirió fingir no escuchar, y él amablemente –aun con el dolor en sus ojos, sonrió en sus labios, beso su frente –fingió no haber dicho algo.

Ese día estaba cansada, las emociones, los exámenes, el aprender otra lengua, todo empezaba a mermarla, más siempre encontraba consuelo en las sonrisas de sus nuevos amigos y el recuerdo de aquel que sólo la uso.

Lagrimas se agolparon en sus ojos, empezando a caer como dos ríos en los costados de sus mejillas. No estaba bien, sabía que se engañaba al pensar y fingir que sí, pero cada día, se rompía por dentro.

Al llegar a su habitación, encendió la luz. Todo estaba igual, la mesita donde hacía sus trabajos y leía, la lámpara que le ayudaba en tal labor por las noches, la cama individual, la chamarra del día de ayer colgada sobre aquella silla de madera. Sí, todo seguía igual. Escuchó unos ruidos en el pasillo, y como tocaban su puerta, preguntó la identidad, pero ninguna palabra llegó sus oídos, tragó saliva y abrió lentamente. Sus ojos se expandieron, sus labios los sintió secos, y su corazón pareció detenerse un momento.

—N-No… —murmuró, o al menos eso intento, pues de sus labios no salió sonido alguno, cerró la puerta, pero era demasiado tarde, aquella persona estaba dentro de su habitación, y nuevamente, dentro de su vida.

Aun no recuerda como paso todo, ni como aquellas palabras pudieron estremecerla tanto como para que sus rodillas temblaran ante aquella voz, ni cómo es que su corazón palpitaba furioso y al mismo tiempo parecía detenerse, tan sólo por esa frase. Ni siquiera era su nombre, mucho menos una dulce palabra, pero la sedosidad con que fueron pronunciadas las letras, y aquella mirada entre azul y gris que mostraba algo cálido y suave, fue suficiente la derretirla por dentro.

Herbívora.

En ese momento, con esa simple palabra, sus defensas se rompieron, mas su rostro mostro nada. Y con la poca compostura que le quedaba, pregunto.

—¿Qué haces aquí? —esas palabras habían salido más frías de lo que intentaba, pero sabía que el hombre frente a ella no era un sentimental, así que a pesar de ver un ligero dolor que paso tan rápido como para aseverar sí fue una ilusión o una realidad, ella intento no sentir culpa.

—Vine por ti —fue la respuesta, corta, directa, pero con significado.

Cada paso que él daba, ella retrocedía dos.

—Vete, si vine a Corea, fue para no volver a verte —. Y Hibari se viró, tomó el pomo de la puerta, y preguntó.

—¿Estás segura herbívora? —y eso taladro la mente de Haru. No. Fue la respuesta de su subconsciente, no estoy segura, no quiero que te vayas, no quiero que me dejes, todo eso gritaba internamente, mas sus labios articularon un "si".

Y el azabache la encaró, se relamió los labios acercándose a ella tal predador a su presa.

—Quiero comprobarlo —y junto sus labios contra los de ella, de manera forzoso, y fogosa, acercándola de la nuca con su mano para evitar que se separara, y tomando con su mano libre las manos de ella que intentaban golpearle para separarse, o al menos eso creía. Al ver que no había respuesta de ella, se alejó dolido sin mostrarlo, tal vez sí la había perdido.

Ella siguió golpeando su pecho, hasta que apretó la camisa de él entre sus manos, y murmuró.

—Por qué tardaste tanto —y empezó a llorar, ésta vez Hibari la abrazó, beso sus labios con una ternura no sabía existía en él, y luego las lagrimas de la chica, su frente, su mejillas, su rostro, la cargo cual novia hasta la cama, la envolvió en sus brazos, aspiró su aroma, y acariciando su cabello, ambos quedaron dormidos.


No hubo lemmon u.u, pero espero les haya gustado n.n

Ja ne!

Disculpen el capí corto, no estoy en mi computadora T-T

Las quiero :D