Hola a todas de nuevo! Aquí les he traído otro capítulo de este One-Shot no tan cortito, jeje Algunas de las lectoras me preguntaron cuantos capítulos iba a tener antes de que se termine, pues realmente no sé porque yo escribo a medida que voy subiendo, pero no creo que se exceda más allá de los 5. Así que bueno, espero sus reviews para saber si le ha gustado!
Disclaimer: Ningún personaje me pertenece, todos fueron creados por la increíble imaginación de la fabulosa Stephenie Meyer, yo solo juego un poquito con ellos y les inventó una que otra historia.
Resumen: Al principio todo parecía ser maravilloso, como si en verdad nada nunca pudiese separarlos. Pero las cotidianas situaciones a las que se vieron expuestos día a día, los llevaron a olvidar el amor que ambos sentían el uno por el otro, para luego separarse, borrando cualquier indicio de lo que alguna vez fue la relación perfecta. 5 años después, el destino les juega una mala pasada, y ambos se encuentran en medio de un estudio de abogados, a punto de firmar los papeles de su divorcio. Pero podrá el recuerdo de lo que alguna vez fueron los momentos más hermosos de su vida, abrirles los ojos para demostrarles que los sentimientos que sus corazones profundamente reclamaban aún seguían ahí, presentes?
BELLA POV:
Llevaba ya bastante tiempo retrasada, pero realmente no había sido mi culpa estarlo. Se suponía que ese día saldría del trabajo justo a tiempo como para ir al estudio de mi abogado a firmar unos cuantos papeles, pero un fuerte brote de gripe en el lado este de la ciudad me había obligado a quedarme en el Hospital por mucho más tiempo del que de veras debía, intentando curar a uno que otro niño revoltoso.
Observé ligeramente la pantalla de mi celular, y un segundo después de eso volví a guardarlo en el bolsillo de mi guardapolvo médico. Ya había pasado una hora exacta desde que mí adorado amigo Jasper me había llamado al móvil para avisarme que los tan esperados papeles de divorcio que romperían con el lazo amoroso que años atrás había sellado con mi esposo, finalmente ya estaban listos, y que solo necesitaban de mi firma para convertirse en documentos legales.
En el momento en que oí esas escasas palabras, mi corazón brincó, pero no sé si exactamente de felicidad.
Siempre había estado enamorada de Edward Cullen, del hermoso chico que me había robado la vida y el corazón desde el primer momento en que lo vi, bajando de su motocicleta en pleno estacionamiento de la secundaria. Para mí el siempre había sido un sueño inalcanzable… Semejante belleza jamás podría fijarse en alguien como yo, una tonta cerebrito que no tenía ni la más mínima idea sobre lo que era el amor, pero aún así – y para mi propia sorpresa- desde el primer día el se mostro interesado en mi, solamente en mi y en nadie más.
Sonreí impulsivamente de tan solo recordar nuestros primeros momentos juntos, como la primera vez que trato de coquetear conmigo, la primera vez que lo rechace y la primera vez que me rendí ante sus encantos. Sin ninguna duda ambos habíamos tenido nuestros buenos momentos, en donde el amor que nuestros corazones despedían a cada segundo había sido lo único en el mundo, lo más importante.
Claro que luego de algún tiempo, nuestro amor llego a un punto mucho más alto de lo normal, que ni siquiera el noviazgo podía alcanzar, y aunque aun éramos muy jóvenes, la necesidad de permanecer juntos por el resto de la eternidad era demasiado fuerte como para ignorarla, por lo que decidimos unir nuestras vidas permanentemente con el lazo inquebrantable del matrimonio.
Cuidadosamente observe mi mano izquierda, en donde mi alianza de oro aun descansada brillante justo sobre mi pálido dedo. Me había negado rotunamente a quitármela, no porque me gustara demasiado que la gente pensara que era casada – o que alguna vez lo había sido-, sino que para mí era un constante recuerdo de los años más hermosos y a la vez terriblemente infernales de mi vida. Claro que, luego de salir de la oficina de abogados, ese anillo se despediría de mi mano por siempre, para pasar a estar oculto en algún cajón de alguno de mis armarios, o en un extremo caso, en medio de bolsas de basura.
Suspiré y me concentré en olvidar todo, pues el estudio de Jasper cada vez se encontraba más cerca, y no quería largarme a llorar como un alma desterrada del paraíso a la hora de firmar los malditos documentos, pero me era imposible detener mis pensamientos. El siempre estaba dentro de mi mente, siempre lo había estado, y siempre lo estaría.
Al principio todo había sido color de rosas. Nuestro matrimonio era el deseo y la envidia de cualquier persona, más aún si contábamos con la belleza surreal de mi esposo, pero aún así, siempre confié en el, en su alma y en su corazón. Durante nuestros 5 años juntos, sin ninguna duda el podría haberme engañado con cualquier mujer que hubiese deseado, y aún así siempre se había mantenido fiel a mí, fiel a su esposa. Pero aunque jamás pude comprenderlo, los problemas no llegaron desde ese lado. Las cuestiones y razones que llevaron nuestro hermoso matrimonio hacia la separación definitiva fueron las más estúpidas e inofensivas que alguien se podría imaginar.
Como cualquier humano, ambos necesitábamos maneras de subsistir económicamente, y aunque Edward solo tenía 19 años para aquel entonces, fundó junto a su familia una enorme compañía de construcciones, que a pesar de que al principio era pequeña y para nada prometedora, terminó por ser una de las más conocidas a nivel mundial.
Una triste sonrisa se apoderó de mi rostro al recordar la felicidad que lo había invadido ese día, un día cualquiera en el que había cerrado trato con la más importante compañía hotelera en el mundo. De haber sabido que ese sería el inicio de nuestros problemas, lo habría evitado rotundamente. Todo comenzó luego de eso… Las presiones y la necesidad por lograr un trabajo excelente lograban acabar completamente con Edward, dejándolo terriblemente agotado al final del día, con solo algunas fuerzas para estar conmigo. Se pasaba la mayoría del tiempo en una oficina, y si apenas me dirigía la palabra en cuanto no veíamos, pues el siempre estaba metido de lleno en sus contratos y documentos.
Y aun así, siempre lo ame. Lo amaba con sus defectos, con cada pequeño desperfecto de su ser. No me importaba que casi no tuviera tiempo para mí, en verdad eso era lo último en lo que estaba interesada… Era feliz de tan solo saber que me amaba, y que jamás dejaría de hacerlo.
A pesar de todos mis intentos por evitarlo, ese casi escaso contacto entre nosotros comenzó a desgastar físicamente nuestro matrimonio, a tal punto en el que Edward ya casi ni soportaba mi presencia junto a él. Cada vez que me colocaba a su lado el simplemente se iba, y cuando le hablaba me ignoraba, cosa que también comenzó a terminar con mi paciencia.
Un nudo se formo en mi garganta de tan solo recordar el último momento en el que lo vi, el último momento en que escuche su hermosa y preciosa voz…
*FLASH BACK*
Solté el mando del televisor hacia un lado del enorme sofá en el que estaba suavemente acostada, cansada de no encontrar nada realmente productivo en la TV que mereciera ser visto. Ese día me había levantado algo más tarde que Edward, dándole el tiempo suficiente como para que desayunara y se fuera al trabajo. En verdad no quería hablar con el aquella mañana… Ya estaba terriblemente cansada de que constantemente me esquivara y me ignorara, y observando cómo venían las cosas a lo largo de la semana, sabía que lo mejor sería darle un pequeño respiro, otorgándole el tiempo suficiente como para aliviarse un poco de las tensiones del trabajo. Apenas nos mirábamos, apenas nos hablábamos. Simplemente un "Hola amor" cuando llegaba del trabajo, y luego de eso, nada. Absolutamente nada más.
Suspire y me cubrí el rostro con las manos…
Sufría demasiado viendo a mi amado esposo en esa situación. El había cambiado tanto que ya se había transformado en un completo desconocido para mí, pero como esposa, debía comprenderlo. No debería ser fácil cargar con tantas responsabilidades como con las que él debía cargar diariamente.
Sonreí e intente tranquilizarme. Era cuestión de días para que volviéramos a ser lo de antes, para que volviéramos a ser la pareja más hermosa de todo Forks.
Pero de repente, la puerta de entrada se abrió velozmente y como si de un demonio se hubiese tratado, Edward entro caminando con el seño terriblemente fruncido, llevándose todo por delante sin que en verdad le importara demasiado.
-Demonios, esto es imposible, gritaba con fuerza, mientras caminaba apresuradamente por nuestra casa, revolviendo cajones y arrojando montones de papeles al suelo.
-Edward, sucedió algo?, pregunte realmente preocupada, acercándome cuidadosamente a él. En verdad había visto a mi esposo horrorosamente enojado y fastidiado en la vida, pero nunca tanto como en ese momento.
El simplemente se limito a ignorarme, siguiendo con su desesperada búsqueda del tesoro por todos los cuartos de la casa. Camine detrás de él y aproveche un corto momento en el que pareció más calmado para volver a hablarle.
-Que ha pasado? Tal vez pueda ayudarte en algo.
-No puedes ayudarme en nada mujer, no sirves para nada más que para fastidiarme mucho más de lo que ya lo hacen las demás personas.
Fruncí el seño y lo observe atónita. Que era lo que había hecho yo para que me tratara así?
-Acaso te he hecho algo? Pues porque si te has enfadado conmigo no tengo ni la menor idea de cuál sea la razón.
-No hay razón para estarlo? La razón para enojarme contigo eres tú! Deja de perseguirme, estoy ocupado, y lo que menos quiero en este momento es lidiar contigo también.
No me importaron en absoluto sus palabras, yo no lo dejaría irse hasta adivinar cuál era la causa de su repentino enojo hacia mí. Podía reconocer que habíamos tenido nuestras peleas, pero nunca una de esa clase.
-Deja de dirigirte a mí de esa forma! No te he estorbado en nada!, le grite furiosa. Yo era su esposa, y él no tenía ningún derecho para tratarme así.
De un segundo a otro, el camino hasta mi, y sosteniéndome fuertemente por los hombros comenzó a gritarme.
-Me dirijo a ti de la forma que mas me guste, y pues sí, siempre me estorbas. Me estorbas con tus preguntitas desinteresadas de mi vida, me estorbas con tus miradas, con tus risitas, me estorba tu presencia misma. Toda tu me molesta en este momento! No te das una idea de cuando estoy llegando a odiar el que haya aceptado casarme contigo.
No le quite ni un segundo la mirada de encima, a pesar de que su rostro en verdad me daba miedo. Y ahí me encontraba yo, escuchando al hombre que más había amado en mi vida decirme cuanto se arrepentía de estar conmigo. Las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos con un rio descontrolado.
*FIN FLASH BACH*
Me detuve un segundo a recobrar mi respiración, un momento después doble en una esquina, observando a lo lejos el enorme cartel que me indicaba en donde se encontraba el estudio de Jasper. Luego de aquel terrible desencuentro entre nosotros, el corrió hacia nuestra habitación y comenzó a armar las maletas. Le rogué un millón de veces que por favor no me abandonara, que por favor se quedara conmigo. El se estaba yendo de mi vida, llevándose consigo mi destrozado corazón. Pero un segundo después me di por vencida. El no me amaba, y yo no era nadie para obligarle a estar conmigo.
Me costó demasiado superar ese momento, pero luego de algún tiempo logre salir adelante con mi vida. Estudie medicina, para convertirme luego en una doctora de excelencia en mi ciudad, y aunque no había mantenido relaciones amorosas luego de Edward, me encontraba feliz, no completamente, pero al menos aparentaba estarlo. Había sido mi decisión firmar los papeles de divorcio, aunque ya llevábamos separados 5 años. Aun así, Jasper dijo que Edward también estaba de acuerdo con mi decisión, y era esa la razón por la que cruzaba apresuradamente la calle parta llegar hacia el estudio de mi mejor amigo. Estaba dispuesta a cortar lazos con él, con aquel hombre que tanto me había hecho sufrir, con aquel maldito chico que me hizo ver el paraíso al mismo tiempo en que me hundía en un eterno infierno. Y aunque sabía que el divorcio solo era un papel, me conformaba sabiendo que legalmente ya no éramos esposos, a pesar de que nuestros corazones quedarían por siempre entrelazados.
Suspiré y tome el pomo de la puerta del pequeño edificio en el que Jasper trabajaba, al mismo tiempo en que reconsideraba la idea de quitarme mi guardapolvo. Un segundo después ignore esa estúpida sugerencia, después de todo, solo debía firmar unos papeles, y luego regresaría a trabajar en lo que más amaba. De repente una extraña felicidad y seguridad se apoderaron de mi, obligándome a entrar al enorme salón. Todo estaba bien, hasta que me di cuenta de que en esa sala se encontraba alguien más, alguien terriblemente familiar para mi, alguien que hizo que todos mis sentimientos se esfumaran, llenándome de una ira incontrolable.
Lo observe fijamente unos segundos… El parecía dormido y su rostro estaba algo oculto, por lo que en verdad no sabía si se trataba del demonio al que siempre le había temido. Pero todas esas falsas esperanzas se quebraron en dos cuando el abrió sus ojos, y me quemo con su mirada verde, siempre tan hermosa, siempre tan deslumbrante.
-Bella?, susurro terriblemente sorprendido, quizá hasta más que yo. Moví mis labios pero no pude articular ninguna palabra. Me había quedado petrificada en mi lugar, sosteniendo el pomo de la puerta, aferrada a él como si fuera el último pilar del mundo.
F rente a mí se encontraba Edward, el amor de toda mi vida.
