Chapter 19: Nowhere to run
19. Nowhere to run
¿En qué demonios estás metido Edward? se cuestiona el muchacho mirando la escena desde la mira telescópica.
Está ubicado en el edificio del frente, agazapado desde la azotea, rifle en mano, desde su posición se puede ver claramente la escena: el arma apuntando a Alice, como el teléfono cae de entre sus manos al percatarse ella, y a juzgar por cómo todo está desarrollándose, no pinta nada bien.
Aunque el rifle que porta está cargado, a diferencia de otras veces, no está ahí para ser el verdugo de nadie, sino todo lo contrario, está ahí para descubrir la verdad.
Quita la vista de la mira, y toma su teléfono móvil desde su bolsillo lateral, sin moverse de su posición, busca con sus dedos en el directorio del teléfono y agradece haberlo conservado.
"bip bip" suena del otro lado de la línea. Lo deja a un costado marcando, y vuelve su mirada a la escena que se desarrolla a escasos metros de distancia.
Nada ha cambiado aún.
¡Vamos Alice, contesta! Murmura mientras ve como aún está Edward apuntando. Nadie hace nada, pero sin duda que la llamada quebrará el tenso momento o lo volverá en uno peor.
No creo que pienses que es la policía Edward… ¿o sí? se cuestiona mientras examina la determinación en el semblante de su amigo, y solo la paranoia podría conducir a eso reflexiona al tratar de leer el semblante inexpresivo del hombre que creyó conocer.
Algo debe estar demasiado mal señala en un intento de justificar lo ¿injustificable? Su llamada se va al buzón de voz, ve como la muchacha levanta sus manos y se voltea, lo siguiente que presencia no es para nada agradable.
¿Acaso era necesario? se pregunta al ver como con la culata del arma su amigo y hermano por elección noquea a Alice, cuyo cuerpo cae contra el piso.
El sonido de las ráfagas de balas que se percutan en los operativos es algo a lo que nunca se ha acostumbrado. Principalmente porque su cuerpo reacciona en piloto automático, es como si su sentido de supervivencia se activará y comandará sin que ella pudiera evitarlo.
Entrenamiento.
Había señalado alguna vez orgulloso Aro, pero Bella lo dudaba. Lo cierto es que hoy no era la excepción y sin saber muy bien cómo, estaba ahí defendiéndose y disparando como si de un juego de ajedrez se tratará.
Desde su posición puede divisarse a todos.
Emmett a unos metros, abriendo el camino. Jasper desde el intercomunicador dando órdenes, Edwad junto a Carlisle en la mitad del camino, y al final ella con Esme tratando de avanzar junto al activo que era su objetivo. Un hombre de avanzada edad al cual llevan esposado, encapuchado y con un chaleco antibalas. Esme lo protege, y ella está alerta a las posiciones de los otros.
—Nos moveremos —advierte Carlisle dando la señal a Emmett luego de que cayeran unos tres cuerpos frente a él producto de la última ráfaga de disparos.
—Copiado —señala el resto al unísono.
Entonces el cuerpo de Emmett sale de su posición y dispara, sin detenerse el arma que lleva, son tantas que Bella pierde el sentido del sonido, solo toma por la solapa del chaleco al activo y lo hace levantarse gritando en su oído: ¡Muévete! corre junto con él, protegiéndolo, Esme los sigue hasta que se protegen contra una pared del inmueble.
Una bala roza el borde de la pared y se siente un quejido. Bella examina al hombre y ve sangre en su brazo derecho.
—¿Estatus? —pregunta Edward por el intercomunicador. Tanto él como Carlisle están junto con Emmett casi en la salida del piso, a unos cuantos metros de la escalera de servicios.
Hay una breve pausa de balas.
—Estamos bien —contestó Esme mirando a Bella, ambas corroboran que la herida no es más que un raspón. Bella recarga su arma, Esme mira el cargador, aún le quedan municiones.
—A mi señal van a correr hacía nuestra posición —ordena Carlisle haciendo una breve señal a Edward este le deja la posición libre para ser él quien proteja a las agentes que vienen con el activo. Edward abre la puerta de servicio, Emmett la sostiene y tira una granada de humo.
—Despejado —confirma luego de la detonación.
—¡Ahora! —grita Carlisle.
Bella es la primera que sale esta vez, la ráfaga de disparos vuelve a escucharse, la muchacha contraataca, sabe que muy de cerca debe venir Esme junto con el activo, pero justo cuando está cruzando el pasillo y llegando a donde se encuentra el resto de agentes cubriéndose, siente una detonación, que la hace caer al suelo, y pierde momentáneamente la visión.
El humo los toma a todos por sorpresa, el fuego gatilla la alarma de incendios y los disparadores de agua, la que comienza a caer. Siente como alguien la jala de su propio chaleco antibalas, mira hacía el fondo y ve el cuerpo de Esme a unos cuantos pasos más atrás, el cuerpo del activo quedo a otros cuantos pasos, pero ninguno de los dos se levanta, ni se mueven.
Puede divisar a Carlisle ir tras Esme, y a Emmett hacía el activo.
—Está muerto —confirma este último mientras dispara para cubrir a Carlisle, pero no alcanza a hacer mucho cuando otra vez se siente la explosión de una bomba, esta vez el piso bajo sus pies sucumbe, y todos los cuerpos se van por el espacio abierto como si se tratarán de fichas domino.
—¡Bella! —grita Edward sosteniéndola de la mano mientras con la otra se sujeta de la puerta de servicio, todo mientras el edificio colapsa frente a ellos.
—¡Emmett! —grita Bella, pero el humo, el agua, y el zumbido que escuchan sus oídos por los impactos dificultan cualquier concentración. Edward le pone el arma en las manos temblorosas y la sujeta de la barbilla con fuerza.
—Tenemos que salir de aquí —exclama mientras la empuja para bajar los pisos, el edificio comienza a colapsar, los escombros van cayendo uno tras otro, se sienten ruidos de metal crujiendo.
—¿Los abandonaremos? —pregunta la chica mientras vuelve a cargar el arma y tal como en piloto automático lo único que piensa es en cómo salir de allí con vida.
—Ellos saben cuidarse mejor que nosotros —advierte Edward disparando a dos agentes enemigos que entran por la puerta y de los cuales Bella no se había percatado.
Salen en la planta principal, las alarmas suenan estrepitosamente. Ambos sigilosos caminan apuntando a todo lo que se mueva, Edward dispara sin avisar, no hay un solo objetivo son múltiples, de pronto la voz de Emmett invade la frecuencia.
—¡Están muertos! —se escucha decir. Es difícil determinar a quién se refiere, pero por el sonido de su voz Bella ya lo adivina.
—¿Cuál es tu posición? —pregunta Edward saliendo del edificio hacía el exterior, lo hace vigilante, protegiendo a ambos. Bella simplemente sigue sin saber muy bien lo que están haciendo, aún está confundida.
Emmett sigue repitiendo frenético lo mismo hasta que Edward lo vuelve a interrumpir.
—¡Cálmate! —reprende evaluando el escenario al que se enfrentan —¡Maldición! —exclama, mirando a Bella, de pronto no está seguro si no correrán la misma suerte que el resto —¿Dónde estás? —insiste otra vez.
—En el segundo subterráneo, el piso colapsó hasta acá —agrega visiblemente consternado. —Aquí vienen —agrega y se sienten disparos.
—Vamos por tí —responde Edward. Bella lo sigue cubriendo las espaldas, su visión aún es borrosa, pero sabe que solo cuentan con algunos segundos para lograr salir vivos de allí.
TIEMPO PRESENTE
Sí la ira normalmente nubla el juicio al experimentarla sin control, en alguien entrenado para matar provoca perderla por completo, y bien lo estaba demostrando Edward con el comportamiento errático que estaba manteniendo durante las últimas semanas. Todo agravado por la frustración de no tener pista alguna de Carlisle o de Bella.
Era como si a ambos se los hubiera tragado la tierra.
En la penumbra de su departamento, permanecía cavilante Edward contemplando el vaso vacío y el reflejo que provocaba la luz del letrero del frente en él. Un destello que lograba demostrar cuán angustioso podía ser estar en el otro lado de la moneda.
Habían pasado tres semanas desde que todo había pasado y parecía una eternidad, había buscado en todos los rincones conocidos y por conocer, incluso disponiendo de recursos sin el consentimiento de Aro, pero, tal cual su vaso estaba ahora, solo había obtenido la desolación de la nada.
Su sed de venganza estaba en el punto máximo, aquel donde traspasarlo tendría consecuencias insospechadas, bien sabía que pronto perdería la cordura si no detenía esta cacería sin sentido, y arrastraría a Jasper y Emmett con él. Cerró sus ojos y con la fuerza que solo otorga la desazón estrelló el vaso contra la televisión que permanecía apagada.
El golpe de seguro traería consigo la llamada del conserje, pero no le importaba.
El punto muerto había llegado y era ahora inevitablemente tiempo de soltar o morir sumergido en una búsqueda absurda e implacable de revancha, pero hacerlo significaba que todo lo vivido era en vano, y eso no podía permitirlo, o tal vez no quería.
Se levantó de la silla en la que estaba sumergiendo su fracaso y salió del departamento. Tomó el ascensor que lo llevó sin detención alguna hasta el tercer subterráneo, un par de pasos y ya estaba sentado en su vehículo, lo encendió, Edward sabía que necesitaba soltar todo lo que había y estaba sintiendo ahora mismo, que este juego del gato y el ratón no podía jugarlo por siempre, no sin un costo.
Su yo interior pedía a gritos seguir adelante, avanzar, dar vuelta la página, no solo por él, sino por todos los que quedaban atrás, incluso por Bella.
Jasper y Emmett lo necesitaban desesperadamente, Bella lo merecía y sí ella misma había decidido desaparecer entonces él debía respetarlo, no necesitaba una estúpida venganza.
Condujo sin sentido por varios minutos hasta que se dio cuenta que había vuelto a su viejo barrio, aquel del cual alguna vez salieron todos.
Estaciono en un callejón, con el motor encendido muchos recuerdos afloraron en su mente. Algunos felices, otros no tantos, pero todos tenían un denominador en común: Libertad.
Recordó hasta que de pronto su mente decidió.
La imagen de todos ellos se plantó en su inconsciente.
Era tiempo de ser libre pensó mientras aceleraba a fondo, para volver a lo que era hoy su vida real. Serpenteó por las calles para volver a tomar la autopista, una vez en ella a gran velocidad se alejó hasta que la luz de combustible y el sonido de la alarma lo trajo de vuelta desde sus cavilaciones obligándolo a detenerse en la primera bencinera que se presentó en su trayecto.
En el interior de la tienda mientras pagaba por el combustible, se percató de la hora, eran ya las tres de la mañana. Pronto amanecería, y si quería terminar con todo esto lo primero que debía hacer era dormir al menos unas cuantas horas para poder tener una mejor perspectiva, por lo que se apresuró a retomar el rumbo.
Volvió a su vehículo y estaba retrocediendo para salir del lugar, cuando por el rabillo del ojo, la vio.
Tanto su cuerpo como su mundo se congelaron.
La realidad se detuvo por la milésima de segundo que duró el cruce del cuerpo de aquella mujer que caminaba con su vehículo retrocediendo.
Cuando el cuerpo quedó a su altura su primer instinto fue bajarse de imprevisto con el objeto de confrontarla, y pedir explicaciones, pero por algún extraño motivo simplemente la observó alejarse.
La mujer que caminaba hacia la tienda frente a él, era de idéntica estatura y contextura que Bella, pero algo en su interior le gritaba que su paranoia estaba jugándose una mala pasada.
Era imposible que se "topara" con Bella después de que la había buscado por tres incansables semanas, en donde no había quedado piedra que levantar en aquella ciudad, ni contacto a quien interrogar, todo el departamento de inteligencia había investigado, cotejado y agotado todos los lugares posibles donde podrían haberse escondido y era demasiado surreal toparse con quien se había transformado en una prioridad nacional de búsqueda, en una simple estación bencinera.
De pronto el agente comenzó a retomar el control: Jeans oscuros, poleron con capucha.
Típica vestimenta si lo que se busca es pasar desapercibido.
Su mente seguía luchando con su acondicionamiento, pero faltaba un solo match para que de pronto todo lo decidido hacía segundos desapareciera por completo y su fracaso se tornara en victoria, algo que desde la posición en la que estaba era imposible distinguir: su rostro.
Edward necesitaba verle el rostro, y para eso, debía bajarse y acercarse lo suficiente como para enfrentarla.
Cerró sus ojos esperando que fuera su corazón más que su razón quien decidiera, porque si hacía lo que a gritos le pedía su instinto de agente, no iba a haber retorno posible alguno.
Él lo sabía.
Su sed de venganza versus su sensatez luchaba fieramente para apoderarse de la decisión que estaba por tomar.
Tan malvados como ellos pensó mientras sentía el bocinazo de un vehículo que, al ver su decisión, lo increpó.
