Chapter 20: Reckless Behavior
En la posición en la que estaba estacionado podía ver claramente la entrada de la tienda, se mantuvo allí cauteloso de observar que no hubiera otro auto en los alrededores esperándola.
Su primer instinto fue estacionar, bajarse y encarar. Terminar con todo de una buena vez, directo y sincero, pero recordó que el objetivo primario no era ella sino él.
Por lo que hacer eso no era una buena opción, no si su objetivo era otro. Por lo que debía hacer dos cosas, la primera, corroborar que se tratará de ella, sin que ella lo supiera para poder hacer lo segundo, que era descubrir donde estaba Carlisle, y acabar con todo para poder ser libre.
Todo esto bajo el supuesto que ambos siguieran juntos.
La mujer se demoró más de lo esperado en el interior, lo que puso nervioso a Edward, así que cauteloso pero ansioso seguía atento lo que ocurría en los alrededores, de vez en cuando inspeccionaba distrayendo su mirada de la puerta de la tienda, pero no había absolutamente nadie más, a excepción de él, y otros autos estacionados sin ocupantes.
Las opciones no eran muchas, o estaban demasiado cerca de la bencinera como para ir de compras caminando, o había un vehículo por ahí estacionado que él no había advertido por lo que su decisión de permanecer en el propio podía ser la correcta, sobre todo si ella estaba sola y había estacionado lejos, Edward podría seguirla sin problemas, por lo distraída que había ingresado a la tienda, y la demora estaba claro que ella no había tenido tiempo de advertir su presencia por lo que su plan sin duda resultaría, y se quedó con ese pensamiento, debía hacerlo para simplemente poder apegarse al plan, sin cometer equivocación alguna.
De pronto, su atención se centró en la puerta de la tienda que se abrió de imprevisto, Edward esperó expectante, atravesó por ella la misma muchacha, con unas cuantas bolsas entre sus manos, pero para su sorpresa, no venía de frente, sino que esta abrió la puerta de la mampara con la espalda recargando su peso para abrirla sorteando las bolsa que tenía en las manos, por lo que en un primer momento no pudo distinguir con claridad su rostro.
Edward apretó el manubrio, e inclinó su cuerpo hacía delante, como tratando de acercarse lo suficientemente al parabrisas para comprobar sus sospechas, pero estaba demasiado lejos. Lo único que podía hacer entonces era esperar y rezar, en realidad literalmente rogar porque coincidentemente la mujer pasará cerca de su auto estacionado.
¡Maldición! gruño entre dientes con la clara intención de golpear el manubrio en frustración, pero como si la suerte estuviera de su lado, se sintió un pitido de alarma desconectarse justo en los vehículos que estaban detrás del suyo, y que él pensó correspondían a alguna de las casas que estaban por ahí.
La mujer caminaba entonces directo hacía él, cabeza gacha, mirando el piso, hasta que de pronto, justo cuando estaba por llegar cerca de él, por fin alzó el rostro.
Esos ojos cafés eran inconfundibles. La tez clara y los pequeños ricitos que se hacían en las puntas del cabello eran inconfundibles. Bella susurró al verla pasar frente a él sin moverse, fue como si de pronto quisiera que ella lo viera, hasta que su instinto de agente, lo obligó a esconderse justo cuando ella el campo visual de ella podría haberlo descubierto.
Permaneció agazapado hasta que sintió el motor encenderse. Rápidamente se incorporó y cuando el vehículo de Bella estuvo en movimiento, encendió el suyo.
Contó hasta 20 antes de seguirla, y rogó porque sus habilidades estuvieran apagadas, porque dada la hora, era mucha o por no decir muy grotesca la posibilidad que anduvieran tantos autos en la misma dirección.
Su primer instinto ante llamar de inmediato a Jasper para pedirle un seguimiento satelital, pero en el minuto en que desbloqueó el teléfono móvil y el nombre de este apareció en la pantalla recordó que no podía hacerlo, en realidad no podía hacerles esto nuevamente, ya lo había hecho durante tres largas semanas, debía mantenerlos fuera. Tanto Jasper como Emmett no merecían estar involucrados en una venganza que solo, a este punto, le incumbía a él.
Dejó el teléfono a un lado, y rogó porque el seguimiento no se transformará en persecución. Mantuvo la distancia, más de lo normal, pero el poco tráfico le impedía estar tan cerca, así que ojalá Bella no hiciera algo que tuviera que hacerlo tomar una decisión que perjudicará su objetivo final. Para su tranquilidad, no fue así, el trayecto duró menos de lo que imaginó, y en un par de minutos ya estaba viendo como Bella estacionaba el vehículo en una entrada de una casa muy común.
Contempló cómo se bajaba con las bolsas, cerraba el automóvil e ingresaba a la casa de dos pisos, un antejardín, seguramente un patio trasero pequeño, estaba todo oscuro. Dejó pasar unos minutos hasta que se decidió, debía aventurarse para comprobar si en esa casa estaba también Carlisle.
Se bajó de su automóvil, lo cerró sin poner alarma, y cruzó, camino con rapidez hasta la entrada de la casa, la rodeo sigilosamente, miró hacía el patio trasero y salto sin dificultad la pequeña puerta que estaba cerrada, se agazapo hacía la pared y miró por el ventanal, a lo lejos pudo advertir un haz de luz, por lo que se podía ver provenía de la cocina, justo cuando iba a acomodarse para mirar con mayor propiedad la luz se apagó y las puertas se abrieron, era Bella saliendo de la cocina, el movimiento hizo que Edward sorprendido se escondiera, contempló desde la penumbra como la muchacha se perdía absorta y sin imaginar que él estaba a unos cuantos pasos de distancia.
Por la posición y distribución de la casa, Edward adivinó que Bella había subido al segundo piso, esperó unos minutos hasta que hizo presión en el cristal del ventanal y con un viejo truco logró que desestabilizar una de las hojas sacando el seguro. La abrió con suavidad y solo el espacio necesario para entrar, como en sus mejores años, caminó por el living, hasta encontrarse con la escalera que estaba en el interior. Se inclinó y advirtió la luz que seguramente provenía del dormitorio, la casa no tenía indicio de Carlisle.
Tal vez Bella estaba sola, y él se había equivocado. Una luz de esperanza lo inundó, de pronto el peso de imaginarse a ambos actuando mancomunados y traicionándolos, se disipó. Subió la escalera cuando la luz se apagó, miró hacía las otras habitaciones y corroboró que en esa casa solo estaba Bella, cuando su mano tomó el pomo de la puerta, sintió el golpe seco que lo noqueo, su cuerpo cayó pesadamente, y aunque su vista se nubló, la conciencia se perdió paulatinamente, tanto, que no solo logró advertir el cuerpo de Carlisle quien se arrodilló con el arma que seguro utilizo para golpearlo, sino que también a Bella, quien se acercó hasta él. Lo último que pudo distinguir fue a la muchacha hurgando entre sus ropas y como encendió su teléfono móvil luego de acercarlo a su rostro.
—Emmett, soy yo. Bella. —le oyó decir a la muchacha, luego su mundo se tiño de un negro muy profundo.
TRES SEMANAS ANTES
—¿Sabías que hurgar en la vida de las personas es un delito? —sintió decir en su oído al mismo tiempo que sintió el cuerpo de alguien a su lado.
Automáticamente giró sobre sí, y se alejó apuntando a su interlocutor, la risa divertida de Bella lo sorprendió por completo.
—Tranquilo Vaquero —exclamó levantando las manos lenta y cautelosamente.
—¿Cómo? —logró articular Emmett al salir del trance que le provocó la sorpresa, puesto que de todas las personas que pensó encontrarse ese día, en ese preciso instante, ella no estaba contemplada en lo más absoluto.
—Podría explicarte todo en este mismo momento, pero creo que tenemos una situación un poquito más urgente ¿no crees? —señaló apuntando hacía el edificio con su rostro, mostrándole la escena que tenían frente a ellos.
Y tenía razón, por lo que giró su cuerpo nuevamente sobre sí mismo para tomar la misma posición que tenía hacía unos segundos atrás.
—¿Tienes alguna sugerencia? —preguntó mirando como Edward comenzaba a ordenar y eliminar evidencias por el departamento con el cuerpo tendido de Alice en el suelo.
Ya podía imaginar lo que vendría después. Edward estaba sintiéndose desesperado.
—Hagamos que tenga que irse, antes de que sume algo más a la lista de arrepentimientos —exclamó la muchacha.
—¿advertencia entonces? —preguntó Emmett ajustando la mira telescópica.
Bella se rió. Emmett también se sonrió mirándola de soslayo. Esperó hasta que tuvo un tiro limpio y justo cuando Edward estaba manipulando el teléfono móvil de Alice se dispuso a percutar el disparo, esperó hasta que este hizo el gesto para dejarlo sobre la mesa, en el minuto exacto en que el objeto estaba por ser depositado, disparó.
La bala dio de lleno contra el dispositivo haciendo que este explotara y Edward se agachó instintivamente por el impacto para protegerse. Sin darle tiempo para reaccionar, volvió a disparar una ráfaga sin intención real de matarlo, para que Edward supiera justamente que se trataba de una advertencia, quería llamar su atención, distraerlo, él lo sabría.
—Nos descubrirá —exclamó Emmett mientras percutaba los disparos. Sabía exactamente lo que pasaría apenas las balas dejaran de ser disparadas.
Edward buscaría el origen.
—No si somos más rápidos que él —exclamó Bella, mientras se levantaba de su posición y caminaba hasta la puerta de salida. —¿Vienes? —pregunto abriéndola con toda la tranquilidad que le daba la ventaja creada.
Edward estaba oculto, a la espera que la ráfaga terminara para evaluar a su enemigo. Emmett lo sabía, y justo cuando Bella había cruzado la puerta, este dejó de disparar y en un movimiento rápido ya estaba junto a ella, con su arma colgando de su hombro.
—¿Qué haremos ahora? —preguntó el muchacho siguiéndola, mientras bajaban por la escalera de servicio.
—Terminar con esto de una vez por todas —respondió ella.
You can play the game, but
can't make the rules
because they will you left defenseless
Lentamente comenzó a recobrar la consciencia. Empezó a sentir su cuerpo, y el dolor en la nuca fue inevitable. De pronto, recordó lo que había sucedido y su cuerpo se levantó abruptamente por lo que trastabilló, sin embargo, la calidez de una mano lo sostuvo evitando que cayera nuevamente.
Tómalo con calma, Edward —la voz de Carlisle lejos de tomarlo por sorpresa, fue todo lo contrario.
Por fin estaban cara a cara.
