Aquí traigo el nuevo capítulo de Almas de SeeD,
recién salido del horno. Como siempre espero que os guste, y dejeis reviews (si no os gusta también podeis dejar, claro).
Bueno, ya dejo que leais.
Un saludo.
Dederian
Capítulo IV:
Alma de guerrera
Dederían me levantó muy pronto, él parecía que llevase horas despierto y tenía la intención de ponerme a correr por toda la ciudad como calentamiento.
Obviamente yo no tenía ninguna intención de levantarme y se lo dejé muy clarito incrustándole un cojín en la cara. Desgraciadamente con lo poco que le gusta hablar cuando lo hace es muy convincente, así que finalmente me desperecé y me fui a darme una ducha.
Cuando salí él seguía allí, de pie, esperándome.
Nos conocíamos desde nuestra más tierna infancia pero hasta el año anterior no nos habíamos enamorado.
Antes de aquel encuentro él seguía siendo como un hermano para mí, mi mejor amigo y compañero, pero cuando lo vi allí de pie el corazón me dio un vuelco.
Hacía tres años que no nos veíamos pero seguíamos llamándonos cada semana para no perder nuestra amistad.
La imagen que guardaba de él estaba tan disipada y borrosa que me costó reconocerle.
Había crecido muchísimo, debía hacer metro ochenta y sus ojos azules seguían brillando con la misma intensidad que cuando, de pequeños, hacíamos travesuras juntos y huíamos de los adultos enfadados.
Se había dejado crecer el pelo, ahora una media melena castaña se le ondulaba hasta más de la mitad del cuello y un pequeño mechón travieso le caía por la frente hasta llegarle a la altura de los ojos.
Tenía las espaldas anchas y un cuerpo esbelto y fibrado gracias a los duros entrenamientos a los que se sometía en el jardín.
Yo me encontraba en Deling haciendo uno de mis primeros artículos para"El Nuevo Timber Maniac" y él había conseguido un permiso por no se que materiales que buscaba y llegó a la ciudad para pasar unos días.
El poco tiempo que pudimos pasar juntos fue más que suficiente para unirnos todavía más en una relación un tanto complicada. Tan sólo nos habíamos visto cuatro veces desde entonces pero nos seguíamos llamando aún con más intensidad y pusimos todo nuestro empeño en que funcionará.
Y ahora estábamos allí, comenzando un trabajo juntos, de pie en una habitación apunto para salir a correr, tal vez no como una pareja normal, pero sí juntos.
Era muy temprano pero en el puerto ya había actividad: en el muelle un par de hombres tendían sus cañas al mar esperando pescar algo, mientras un par de gaviotas revoloteaban sobre sus cabezas esperando el desayuno.
Algo más allá un pequeño pesquero era puesto apunto por un hombre algo desaliñado y con aspecto de no haber dormido demasiado bien y, husmeando algunas cajas, un perro paseaba por el lugar como Pedro por su casa.
La ciudad comenzaba a despertarse y aquí y allí comenzaban a verse signos de ligera actividad matutina. Una mujer barriendo el portal, el tendero abriendo su comercio, gente esperando el primer tren. De las casas comenzaban a emanar los olores de los desayunos que sin duda preparaban atentas madres a sus despreocupados hijos.
Estuvimos corriendo cerca de una hora y yo estaba agotada y sudando la gota gorda, en cambio, Dederian, ni siquiera se había despeinado.
Aquella carrera matutina nos abrió el apetito a ambos así que cuando lo dejamos subimos a darnos una ducha rápida y bajamos a desayunar al restaurante del hotel. Durante éste Dederian me hizo varias preguntas sobre la teoría del día anterior que contesté con facilidad.
Cuando terminamos nos dirigimos al coche para emprender de nuevo el viaje al jardín donde, por fin, comenzaría mi entrenamiento práctico.
En el trayecto Dederian y yo tuvimos una pequeña charla que me dejó bastante chocada en aquel momento.
- Bueno, hoy comenzarás tu entrenamiento básico en combate. Los combates y objetivos sobre los que practicarás hoy no serán reales, así que no corres ningún peligro. Sobretodo has de estar relajada y concentrada en todo momento. Tienes que estar centrada al ciento por ciento.
- Está bien. ¿Pero no me metas mucha caña, eh?
- Emmm…La verdad es que… Bueno… No voy a ser yo quien te dé ese entrenamiento hoy. Le he pedido a Quistis Trepe que me eche una mano hoy. Ha sido instructora durante los últimos tres años así que seguro que lo hará mejor que yo. A demás… bueno, tengo que irme a Timber y no volveré hasta la noche. Lo siento.
- Ah… Bueno, vale. Está bien, no te preocupes.
- Quistis no es nada estricta y es muy simpática, además, tiene nuestra edad, seguro que os lleváis bien. Cuando me vaya cogeré un coche del jardín, por si quieres volver a Balam por algún motivo. ¿Vale?
- Sí, vale.
- Lo siento de veras, pero no puedo aplazar lo que tengo que hacer y tienes que acabar el entrenamiento cuanto antes mejor.
- Sí, sí. Seguro que irá todo bien.
Justo entonces entramos en el jardín. Aquella noticia me sentó como un tiro, pero si tenía que irse seguro tenía un buen motivo. Aunque el motivo que me imaginaba en aquel momento era muy diferente del que realmente era.
Salimos del parking y cogimos el ascensor del vestíbulo para acceder a las aulas del segundo piso.
Justo a la salida estaba Quistis esperándonos: Era una chica bastante alta, rubia y con dos grandes ojos azules. El pelo era largo y liso, aunque lo llevaba recogido en un elegante moño. Pese a que llevaba el pelo recogido, su largo flequillo le caía, rodeando su fina cara blanca, hasta el pecho.
Tenía la tez fina y pálida y vestía con un conjunto de chaqueta abierta y falda cogida por dos cinturones cruzados. Ambas piezas tenían un tono anaranjado que todavía resaltaba más su cándida piel. Usaba botas altas de cuero negro a conjunto con unos guantes también de cuero negro y largos.
Dederian nos presentó, era una chica muy agradable y simpática, parecía que se llevaban bien pese a que aquel día parecía algo decaída. Horas después descubriría que era porque el día anterior la había quitado el rango de instructora pese a que siempre se había esforzado al máximo en su trabajo.
Después de conocerla y charlar un poco los tres ya no me supo tan mal tenerme que quedar con ella a solas para mi entrenamiento, aunque después Dederian tendría que darme una buena explicación.
Tras un rato Dederian se despidió y se fue dejándonos solas en medio del pasillo.
Quistis me explicó que haríamos aquel día: primero me enseñaría a enlazarme con G.F's para potenciar mis cualidades para el resto del entrenamiento.
Normalmente esto no se hacía así ya que los SeeDs han de ser capaces de defenderse sin tener que recurrir a los poderes de los Guardian Forces, pero como yo no me entrenaba para ser SeeD Dederian le había pedido que cambiasen el orden de las clases.
Quistis me llevó a una gran sala de aquel mismo piso: era gigantesca y estaba tan solo parcialmente cubierta por un techo muy alto.
En el suelo se podían apreciar marcas de lo que podían haber sido explosiones, y trozos de suelo se veían más nuevos, como si hubieran sido reconstruidos.
Al fondo se podían apreciar una serie de figuras de diversos tamaños. Mi joven maestra me explicó que eran "dianas" para las prácticas, estaban generadas holográficamente y se podían manipular por una terminal que había en una esquina de la parte cubierta.
La máquina podía notar los impactos sobre aquellos hologramas y los modificaba según el tipo de impacto.
Quistis se me acercó y extendió la palma de su mano hacía mí. En ella había una pequeña gema roja que me ofreció. La cogí y cerré mi puño alrededor de ella.
- Ya conoces el sistema. Ahora concéntrate. Cierra los ojos…
Cerré los ojos…
"…Escucha mi voz."
… y liberé mis pensamientos.
"Siéntelo"
Comencé a notar que un leve calor emanaba de la joya.
"Abre las puertas de tu mente…"
El fuego comenzó a recorrer mis venas, expandiéndose por todo mi cuerpo. Los dedos, los brazos, las piernas.
El calor se extendía por mi cuerpo, erizándome. Subió por el pecho, hasta que llenó cada molécula de mi cuerpo haciéndome arquear el cuerpo en un caluroso escalofrío que cruzó por toda mí.
Sentía como si mi cuerpo hubiera ganado nuevas fuerzas. Una poderosa sensación de vigor se adueñó de mi cuerpo y me sentí fuerte, ardiente, imparable.
Era el guardián del fuego. Ifrit. Sentí como se fortalecía mi cuerpo. Más fuerza en mis brazos. Velocidad en mis piernas. Mi cuerpo ganaba resistencia y se afinaban mis sentidos. Aquella fuerza era revitalizante.
-¡Bravo! Lo has hecho muy bien, Amanda. – Quistis, había olvidado que estaba allí. – El enlace se ha llevado a cabo perfectamente, tu cuerpo ha absorbido la gema. - Era cierto. La gema ya no estaba en mi mano.
- Me siento mucho más fuerte. – Sabía que aquello era normal, pero realmente notaba una gran diferencia entre el antes y el después.
- Es normal. Ifrit es un G.F que potencia en gran medida la fortaleza física. Pero no te olvides de todo lo demás. Ahora tendrías que ser capaz de extraer y usar magia y de invocarle. Por ahora nos concentraremos en la invocación que es, aunque no lo parezca, lo más fácil.
La verdad es que tenía razón. La invocación parecía muy difícil. – Para invocar a un G.F primero tienes que concentrarte en él, seguramente sentirás su presencia en tu cabeza así que piensa en eso. Cuando comience el proceso el guardián formará una barrera de energía a tu alrededor que te protegerá de todo daño, pero tiene un límite de resistencia, así que si recibe demasiados impactos antes de que termines la invocación perderás temporalmente el contacto con el G.F. Pero eso ya es otro tema que tratarás más adelante. Centrémonos en la invocación. Al principio te costará establecer el puente entre el G.F al que quieres invocar y tú, pero contra más los invoques y los utilices más afinidad tendrás con ellos y más rápido acudirá a tu llamada. Bien, intentemos invocar a Ifrit para que ataque a esos dos objetivos de allí. – Me dijo señalando dos hologramas que había hecho aparecer al final de la sala.
-¡Esta bien!- Contesté efusivamente. Avancé algunos pasos hacía ellos hasta poder verlos con total claridad. Entonces me sorprendí a mí misma adoptando una posición de combate con los brazos en alto y el cuerpo ligeramente inclinado, como si fuera a boxear.
- ¡Bien!- Dijo Quistis. – Ahora concéntrate, busca en tu mente a Ifrit.
Cerré los ojos y me concentré en sentir el espíritu que sentía en mi cabeza. La sensación de que estaba allí era vaga pero podía notarlo, lejano, como un eco entre mis pensamientos. Seguí el rastro entre mis divagaciones hasta localizar su origen, podía sentir la llama de su energía. Entonces intenté comunicarme con él:
-"¿Hola?"
Una voz grave y fuerte me contestó.
-¿Quién me llama?
-Soy Amanda Beicker.
-¿Qué quieres de mí?
-Necesito invocarte.
-¿Estás segura?
-Sí.
-Bien. Entonces dilo.
Entonces de mi boca brotaron unas palabras:
- Ifrit, ven a mí: ¡LLAMAS DEL INFIERNO!
De repente sentí que mi cuerpo de desvanecía y allí en medio comenzaron a surgir llamas del suelo.
Entonces un cuerpo comenzó a salir del suelo: unos grandiosos cuernos negros salían de su cabeza hasta llegarle a la altura de la cintura.
Su cabeza era la de un león, animal mítico muy poderoso y vitálico, pero su cuerpo era el de un hombre terriblemente musculado. En la oreja lucía un par de aros dorados como en sus muñecas. Unos grandes colmillos asomaban en su boca y en sus pequeños y brillantes ojos se vislumbraban el ardor de su alma. Tenía una larga melena del color del fuego que le caía por su ancha espalda.
Su gran cuerpo pardo era puro músculo, fácilmente podría fulminar a un humano con tan solo un golpe de su poderoso brazo, si Dederian había sido capaz de derrotarlo para que le diera una gema tenía que haber acabado destrozado.
De repente, después de subir a algunos metros de altura, una gigantesca bola de fuego se creó debajo de Ifrit, arqueó su gigantesco cuerpo alzando sus brazos por encima de su cabeza y propinó un descomunal mazazo a la gran bola ardiente que salió disparada hacía los objetivos.
Cuando la pírica esfera impactó contra el suelo se desencadenó una gran explosión. Al dispersarse el brillo generado por la explosión y el humo, yo volvía ha estar allí, exactamente en el mismo lugar donde estaba antes.
El suelo había recibido un gran impacto pero increíblemente había resistido con bastante compostura y, excepto una gran marca de quemadura que ocupaba unos 30 metros de diámetro alrededor de los objetivos, no había sufrido daños; debía estar construido con algún tipo de material súper-resistente.
-¿Qué¿Qué tal?
-¿Eh¿Qué¡Oh! Quistis. – Comenzaba a convertirse en costumbre olvidarme de su presencia. – Bien, bien. Ha sido fantástico.
-¡Estupendo¡Que alumna más aplicada! Has tardado relativamente poco en invocarle, hay algunos que la primera vez se tiran más de una hora, y eso si lo consiguen. ¡Tienes madera!
Supuse que Quistis sólo quería darme ánimos aunque era un tanto efusiva, seguramente debía ser una de aquellas profesoras que aunque cojas el libro del revés te dicen que estas haciendo progresos notables. Aunque era de agradecer.
– Ahora que has conseguido tu primera invocación seguiremos practicando con Ifrit y un par de G.F's más hasta la hora de comer.
Durante aquellas horas Quistis entrelazaba el entrenamiento práctico con datos teóricos, haciéndolo todo muy ameno y entretenido.
En esas horas aprendí algunos datos útiles a recordar sobre los G.F. Una de las cualidades comunes entre todos los G.F's era que aumentaban increíblemente la resistencia del cuerpo permitiendo recibir impactos más fuertes con menos consecuencias físicas.
Impactos que normalmente me tirarían al suelo brutalmente ahora, con suerte, podrían darme un impulso hacía atrás.
Pero no sólo mejoraban ese tipo de resistencia, también aumentaban la dureza de la piel. Ataques que me cortaría un brazo ahora posiblemente no crearían más que un corte en mi piel, claro que con la suficiente fuerza podía desmembrarme igual la verdad, pero era una mejora substancial.
La dureza de la piel se tornaba tal que ¡incluso las balas no la atravesaban! Las balas impactarían contra mi cuerpo explotando a ras de piel pero sin entrar, aquello seguramente produciría heridas feas o dolorosas, pero era mejor que una bala en el corazón.
Esas eran grandes ventajas, sí, pero no era todo. ¡También se aumentaban la velocidad, la fuerza e incluso la vista!
Durante el descanso bajamos al restaurante a comer y a recobrar fuerzas. Quistis y yo estuvimos hablando animadamente sobre la vida en el jardín.
Habíamos cogido bastante confianza la una en la otra y era muy simpática y animada, incluso habiendo sido instructora se sabía distraer fuera de las aulas, como una chica más.
Durante toda la comida muchos alumnos se acercaron a saludar a Quistis y a darle los buenos días, realmente era muy popular en el jardín.
Me explicó que todo aquello era porque había sido la instructora más joven y los alumnos no se sentían intimidados por su presencia lo que le permitía conectar mejor con ellos y ayudarles. Incluso tenía un grupo de fans que la seguían y se preocupaban por ella a todas horas.
Cuando por fin pudimos quitarnos de encima su club de fans después de comer volvimos a mi entrenamiento.
Durante toda la tarde Quistis me enseñó a utilizar la pseudo-magia y a extraerla. Esto me resultó algo más complicado que la sesión de invocación pero cuando por fin acabamos al anochecer dominaba, a nivel de principiante claro, el uso de la magia y la extraía sin problemas.
Cuando salimos del aula allí estaba Dederian. Le agradeció la ayuda a Quistis y ésta se fue tras despedirse de ambos.
Cuando desapareció por una de las esquinas del pasillo me volví hacía él y le miré inquisitivamente mientras lo repasaba de arriba a abajo.
Todavía llevaba puestas las ropas que solía usar en el combate, las recordaba de aquella vez en Deling, seguramente no le había dando tiempo a irse a cambiar de su viaje misterioso.
Vestía con una cazadora abierta de color añil y sin mangas. Debajo de ésta lucía una camiseta negra de manga corta con los bordes blancos que iba bastante ajustada al cuerpo marcándole los pectorales.
Los pantalones eran exactamente del mismo color de la cazadora, eran unos tejanos aunque en una versión un poco más holgada para tener más facilidad de movimientos.
También usaba para sujetárselos un cinturón de color avellana con una hebilla plateada del que colgaba una pistola.
En la espalda le colgaban un par de espadas, las recordaba bien, las tenía desde que éramos pequeños, jamás se separaba de ellas.
Al hombro también llevaba una bolsa azul marino que parecía algo cargada. Mientras le inquiría con la mirada crucé los brazos en pose desafiante y le dije en tono repelente:
- ¡Anda! El fugado. Bienvenido seas.
- Hola Amanda. ¿Qué tal ha ido el día? – Respondió con tranquilidad. O ignoraba mis acometidas o directamente no se daba cuenta del tono de mis comentarios, quién sabe.
-Ahhh, pues ha ido muy bien. – Seguí con mi numerito.- Hoy hemos hecho muchas cosas en clase. Lástima que te lo has perdido, nos hubiéramos divertido mucho.
- Siento no haber podido estar aquí. ¿Qué te parece si te invito a cenar algo rico y te lo explico todo? Además… bueno, tengo algo para ti.
- Umm, bueno. Pero quiero que sea un lugar bien caro y lujoso. –Dije bastante más animada. - ¿Y que es eso que tienes para mí¿Eh?
- Jejeje. Ya verás cuando te lo dé. – Y comenzó a caminar hacía el ascensor.
Durante todo el viaje hacía Balam estuve explicando por encima el arduo primer día de entrenamiento que había tenido. Parecía algo cansado mientras conducía pero permanecía atento e interesado.
Cuando llegamos a Balam me llevó a un restaurante que había en una de las calles cercanas al hotel, seguramente se nutría de las visitas que se hospedaban en el hotel aunque estaba realmente lleno de gente.
El maitre nos acomodó en una mesa cercana a una gran cristalera desde la que se podía ver el mar iluminado por una gran luna redonda y brillante, quién podía imaginar lo que ocurría en su temible superficie viéndola tan hermosa en el cielo estrellado.
Un camarero se acercó a traernos la carta al cabo de poco de sentarnos. Era un lugar muy elegante, cortinas de seda, los camareros de pingüino y velas sobre la mesa.
- ¿Así que ha ido bien el día, eh? –Comentó Dederian repasando la carta.
- Pues sí, la verdad. Pero hoy ya hemos hablado demasiado de mi día. Antes me dijiste que me explicarías el tuyo aquí.
- Está bien, está bien. Lo confesaré todo.- Dijo con una sonrisa. – Hacía tiempo que había planeado la salida de hoy…
Final del Capítulo IV
A todos los que leyeron esto:
Gracias por leer y un saludo.
Dederian
Próximo capítulo:
Intermetzzo II: Presentes de un amante by Dederian
-Mi nombre es Gryphus. ¿Quién eres tú?
