Hola de nuevo gentes. Bueno, me teneis aquí de nuevo con otro capítulo con algo de acción y unas gotitas de cachondeo. De nuevo tenemos a Quistis con nuestros protagonistas. Si habeis jugado al Final Fantasy 8 ya debeis haber caido en la cuenta de la escena de la que se trata, así que espero que no os defraude. Quiero advertir, ya puestos, que todo lo que narro en esta historia (en todo el fic quiero decir) NO pasa en el juego y que mis intentos de lanzar un poco de luz sobre los huecos de la historia no tienen que ser compartidos por todos, ni tienen por que ser (mejor dicho, no son) lo que tenían pensado los de Squaresoft cuando crearon el juego.

Soltado el rollo que no había puesto antes, tan solo queda decir una cosa:

Un saludo

Dederian


Capítulo V:

¡Seifer¡No escaparás!


Habíamos estado toda la mañana practicando con mis nuevas armas. Al principio no acertaba ni a cinco metros, pero poco a poco fui cogiéndole el truco y cada vez acertaba más tiros. Cuando nos fuimos a comer ya acertaba ocho de cada diez tiros a una distancia de quince metros, aunque usando tan solo una pistola, disparando con las dos perdía mucha precisión. De nuevo durante la comida Dederian me estuvo poniendo a prueba con la teoría básica, y tengo que decir que respondí perfectamente todas las preguntas. No pensaba jugarme la vida en un combate por no saber cuatro cosas básicas, la verdad.

Cuando acabamos la comida nos dirigimos caminando tranquilamente hacía el ascensor, pero de repente de él salió un chico rubio de pelo corto que nos arroyó y desapareció por el pasillo derecho.

- ¡Cuidado idiota! – Gritó Dederian. – Cada día se salta más normas, así nunca se convertirá en SeeD.

- ¿Quién era? – Le pregunté.

Antes de que me contestara el ascensor se volvió ha abrir y de dentro salió Quistis.

- ¡Dederian¡Suerte que te encuentro! – Parecía bastante alterada. – Tienes que acompañarme.

-¿Qué¿A dónde? – respondió confundido.

- Seifer ha escapado de la celda de castigo y se ha largado. Tenemos que atraparlo y traerlo de nuevo. ¡Y ya vamos tarde¡Vamos¡Muévete!

- Esta bien, vamos. – Dijo incorporándose.

- ¡Eh! – Grité- ¿Y yo qué?

- ¿Tú? Mmm… bueno. Tú te quedas. – Me contestó tranquilamente.

- Oh¡vamos¡Ya tengo las nociones básicas¡Déjame ir! Solo es ir, encontrarlo y volver. No pasará nada.

- Mmmm… no las tengo todas.

- ¡Decide deprisa! A cada minuto que pasa será más difícil alcanzar a Seifer. – Intervino Quistis

Dederian, agobiado por ella, accedió. – Está bien, está bien. Vamos.

A toda velocidad Quistis nos dirigió al parking del jardín, que por suerte no quedaba lejos. Cogimos un coche un tanto extraño y nos lanzamos a la persecución de Seifer.

Por el camino la ex-instructora nos explicó la situación por encima. Seifer estaba en la sala de castigo pero había huido hiriendo a varios guardias y SeeDs. Alguien le había ayudado a escapar, pero todavía no se sabía quién. Había robado una moto y se dirigía a Balam a toda velocidad. No nos llevaba demasiada ventaja y Quistis apretó fuerte el acelerador.

Poco a poco nos acercábamos algo más a Seifer pero antes de poder llegar a él entró en Balam a toda velocidad. Detrás de él entramos nosotros pero, pese a las estrechas calles, Quistis no redujo. El coche rozaba con las paredes provocando chirridos y chispas por todos lados., zarandeándonos a Dederian y a mí en los asientos traseros.

Cuando nos acercábamos a la estación la moto de Seifer derrapó y éste bajó de un salto de ella. Quistis frenó en seco y bajamos rápidamente detrás de él que se dirigía a un tren estacionado.

-¡Seifer¡Para! – Gritó Quistis. - ¡Qué pretendes¡Esto solo empeorará las cosas!

Seifer se giró de golpe y contestó. - ¡Squall no debería dirigir ese grupo¡Yo ayudaré a Rinoa!

Un pitido llenó la estación, el tren se iba. Seifer saltó dentro de un vagón mientras las puertas se cerraban tras él y el tren se marchaba.

- ¡Mierda! – Maldijo Quistis. - ¡Maldito niñato¡Solo da problemas! Bueno, vamos. – Se giró y corrió hacia el coche mientras Dederian y yo la seguimos.

- ¿Y ahora qué? – Pregunté

- Le seguiremos.- Contestó Quistis.

- ¿Cómo? Cuando llegue el próximo tren Seifer ya estará allí y no podremos localizarlo. – Quistis parecía segura de no perderle pero no se me ocurría que podía tener pensado.

- Bueno, no le seguiremos en tren. – Dijo sonriendo. Encendió el motor y pisó el acelerador a fondo mientras conducía calle abajo.

- ¡Quistis¡Vas en dirección contraria¡Vas hacia el puerto! – Le grité al ver que no giraba.

- ¡Es que vamos al puerto! – Dijo medio gritando para que la oyese por encima del ruido del motor. Pero la carretera se acababa y cada vez nos acercábamos más rápido al mar.

- ¡QUISTIS, FRENA! – Pero ya no había tiempo. Nos íbamos de cabeza al agua. - ¡OH¡MIERDA! – Me cubrí la cara y me tiré hacia atrás para evitar hacerme daño al chocar contra el agua. El coche saltó hacía el agua y cuando cayó y creía que nos hundiríamos comenzó a ganar velocidad sobre el agua.

- Jejeje. – Rió Dederian poniéndose cómodo.- Es un vehículo anfibio, Amanda. Parece que Quistis ya tenía prevista la huída de Seifer en tren.

- ¿Qué¡Y PORQUÉ NO ME HABÉIS DICHO NADA, DESGRACIADOS?

- Jajaja. ¡Es más divertido ver sufrir a los cadetes la primera vez! – Contestó alegremente Quistis.

- A mi también me lo hicieron. – Añadió sonriendo Dederian.- Y a ella.

- Que divertido. – Dije sarcásticamente.

Quistis puso rumbo al continente dominado por Galbadia a toda velocidad mientras Dederian quitaba la capota del vehículo para refrescarnos. El viaje duró prácticamente lo mismo que en tren solo que durante una parte del trayecto el auto salió del mar y recorrió de nuevo y sin ningún problema el trayecto restante a Timber.

Tras poco más de una hora llegamos a la ciudad. Yo ya la conocía bien y comencé a pensar excusas para los guardias que nos pararían a las puertas, pero no había guardias. Entramos a todo trapo pero ni un solo guardia nos vio, no se veía ninguno a la vista.

A lo lejos se veía el tren que acababa de llegar. Algunas personas bajaron de él pero no se veía a Seifer por ninguna parte.

Dederian y yo le buscábamos con la mirada mientras Quistis se concentraba en conducir.

- ¡Allí! – Gritó Dederian señalando a un edificio. Seifer caminaba a paso ligero hacia un callejón que se perdía detrás de la construcción.

Quistis pisó el acelerador y el coche rugió mientras subía a toda velocidad por la calle.

Llegamos al callejón donde se había metido Seifer, pero era una calle sin salida. Para buscar mejor bajamos los tres del coche.

- ¿Dónde coño se ha metido? – Dijo Dederian mientras avanzaba.

- Allí hay una puerta. – Le contestó Quistis. – Miremos dentro. Tal vez lo podamos pillar desprevenido… Si tenemos mucha suerte.

Dederian cogió el pomo de la puerta desenfundando su pistola mientras Quistis cogió el látigo que le colgaba de un costado y se colocó a su lado.

- ¡Vamos Amanda! Desenfunda y ponte detrás de mí. – Me espetó él.

Yo les había estado observando como si la cosa no fuese conmigo, no sabía que hacer y estaba un poco nerviosa. Cogí una de mis nuevas armas y me coloqué detrás de Dederian.

Él hizo una señal con la cabeza a Quistis y abrió la puerta de golpe. Ambos entraron rápidamente examinando la sala con la mirada. Habíamos ido a parar en el medio de un largo pasillo bastante vacío, tres puertas y cuatro ventanas de cristales translucidos. Por la derecha el pasillo acababa cruzándose con otro pasillo y por la izquierda unas escaleras llevaban al piso superior.

- ¡Mierda! – Espetó Quistis. – Dederian derecha, Amanda comprueba las puertas, yo me encargo de las escaleras.

- Vale. – Contestamos al unísono los eludidos.

- Amanda. – Dijo Dederian. – Vigila. Si ves algo sospechoso solo cierra la puerta y llámame. ¿De acuerdo?

- Vale. – Intenté parecer segura pero no me convenció ni a mí.

Quistis ya casi había llegado a las escaleras y Dederian comenzaba a acercarse a su lado. Me dirigí a la primera puerta y cogiendo fuerte la pistola agarré el pomo. Pese al reconfortante peso de un arma en mi mano y las grandes mejoras que me proporcionaban los G.F's enlazados, mi Gryphus y el Ifrit que me prestaba Dederian, seguía estando muy insegura y nerviosa.

Giré el pomo y empujé la puerta lentamente…

Dentro sólo había una mesa y un par de archivadores. Aquello era un despacho normal y corriente.

Solté un suspiro de alivio y una pequeña sonrisa me cruzó el rostro.

Recordé que aquel edificio era la vieja cadena de televisión de Timber, pero al entrar por un lateral y al estar tan deteriorado por el desuso no lo había reconocido. Había estudiado en Timber el primer año de periodismo y aquel edificio era donde estaban situadas las aulas. Pero después todo se trasladó a Deling, la gran capital. Así perdió Timber el último vestigio de la gran ciudad de la información que había sido en el pasado.

Tras perderme en aquellos pensamientos unos segundos volví a la realidad. Salí de la habitación cerrando la puerta y me dirigí a la segunda. Exactamente idéntica a la anterior e igual a la tercera.

No era de extrañar, era la zona de despachos. Seguramente en el piso superior hubieran los despachos más lujosos para los periodistas más reputados y con más caché, y en los pasillos circundantes habría despachos iguales, la zona de descanso, los baños y un almacén.

Tras mirar la tercera habitación Quistis y Dederian ya habían vuelto a la puerta por donde habíamos entrado y me reuní con ellos.

Les puse al tanto de dónde estábamos y de la estructura aproximada del edificio.

- ¿Qué habrá venido a hacer Seifer aquí? – Lanzó al aire Dederian rascándose la barbilla.

- Tal vez sepa los planes del grupo de Leonhart. – Contestó Quistis. – Sea como sea aquí será muy difícil encontrarle.

- La verdad es que desde que se desconectaron las torres de emisión desde donde se retransmitía esto esta abandonado. – Comenté. – Había demasiadas interferencias y problemas con las retransmisiones por aire. Ya debéis de conocer el problema.

- Espera, espera. – Interrumpió Quistis. - ¿Torres de emisión? Durante la invasión galbadiense a Dollet los soldados activaron la torre que allí había. Y fue una de las condiciones para la retirada de tropas.

- ¿Quieres decir que Galbadia pretende emitir por aire¿Aquí? – Dijo un Dederian desconcertado.

- Eso explicaría que Seifer entrase aquí. Tal vez pensase que el grupo de Squall intentaría sabotear el plan. – Clarificó Quistis. – Entonces se habrá dirigido al plató principal. ¿Dónde está eso?

- Segundo piso, zona central. – Era la zona que más conocía, allí se daban las clases. – Si subimos por ahí creo que habrá que recorrer un par de pasillos.

- ¿Pero queréis decir que Seifer sabe donde están? – Comentó Dederian.

- ¡Ahora sí, pardillos! – Carcajeó alguien.

Seifer saltó de una esquina del pasillo de la derecha con una gran sonrisa burlona en la cara.

- ¡SEIFER! –Gritó Quistis corriendo hacía él.

Éste salió corriendo por su pasillo perseguido por Quistis mientras Dederian y yo intentábamos atraparlos a la carrera.

Nos llevaban unos seis o siete metros de ventaja cuando giraron al llegar al final del pasillo. Se dirigían a la entrada principal, y desde allí se accedía al piso superior.

Giré con Dederian a pocos metros detrás de mí y vi a Quistis chocando con un soldado de Galbadia y cayendo ambos al suelo.

Me paré en seco paralizada mientras el soldado se reponía del golpe y comenzaba a levantarse.

- ¡Dispárale!- Gritó Quistis intentando recuperar su látigo desde el suelo.

Alcé la pistola pero las manos me temblaban y no me atreví a dispararle. El soldado cogió su metralleta y apuntó a Quistis.

Resonó un disparo.

El soldado se desplomó contra el suelo mientras la sangre caía por su rostro.

Un pequeño hilo de humo salía del cañón de mi pistola.

Acababa de matar a un hombre. Un hombre que seguramente tenía una familia y unos amigos que lo esperaban en casa. Un hombre que solamente hacía su trabajo. Y yo lo había matado.

Más disparos.

Quistis se levantó corriendo al recuperar su arma y cruzó el vestíbulo hasta llegar a las escaleras por las que había subido Seifer.

Dederian corría hacía mi gritando algo que no entendía. Me cogió del brazo y tiró, llevándome por donde habíamos venido. Detrás nuestro corrían soldados.

No parábamos de correr y las paredes y puertas no paraban de pasar como rayos mientras Dederian me arrastraba por un sin fin de pasillos y recodos.

Todo era muy confuso y la cabeza no paraba de darme vueltas y yo solo veía la cara de aquel pobre hombre al que había matado.

De repente paramos en seco y me dejé caer de rodillas al suelo. Dederian se agachó y me sacudía y gritaba algo pero después de un rato paró y se giró.

Lo último que vi fue a Dederian que corría gritando hacía los soldados.


Fin del capítulo V
A todos los que leyeron esto:

Saludos a todos y gracias.

Dederian


Próximo capítulo:

Intermetzzo III: Al límite

Comenzaba a ver borroso y ni tan siquiera podía distinguirle la cara.