Para varia un poco vuelvo a estar aquí con otro capítulo.
Espero que os guste y disfruteis con él.
Un saludo a todos.
Dederian
Capítulo VIII:
Sin rumbo
Había pasado las últimas doce horas inconsciente cuando desperté. Con la mirada vidriosa y los ojos entrecerrados distinguí un foco de luz sobre mí. Todo parecía muy…blanco.
Me fregué los ojos intentando despejarme la vista y me incorporé. Estaba sobre una cama de sabanas blancas en un habitáculo separado del resto de habitación por una cortina azul verdoso.
Una cabeza asomó por ellas y me sonrió. Era una cara gastada, erosionada por el paso del tiempo pero que, en su día, había sido muy bella sin lugar a dudas. Su negro pelo canoso se enrollaba en su cabeza en un moño.
La doctora Kadowaki entró y mientras me tomaba la temperatura me preguntó:
- ¿Qué tal te encuentras?
-…Bueno… un poco… entumecida. – Me sentía cómo si me hubiera pasado toda una bandada de chocobos por encima, con pasajeros y todo.
La doctora asintió con la cabeza mientras me hacía una revisión y me ponía un frío estetoscopio en el pecho.
Después de hacerme respirar hondo un par de veces y de toquetearme un poco volvió a asentir con la cabeza.
- Bien – comenzó – parece que no tienes nada importante. Reposo durante un par de días y estarás como nueva.
Hizo ademán de salir pero pareció recordar una cosa y se dirigió de nuevo a mí:
- Por cierto, tu ropa esta en ese armarito de ahí. – dijo señalándolo – y, por favor no tardes, aquí fuera hay alguien esperándote.
Pensé que sería Dederian y me vestí lo más rápido que pude y salí. Pero fuero no estaba él, allí sólo estaban la doctora y un chico. Y entonces la realidad me golpeó con un mazo en la cara.
Me acordé del chico, de que hacía yo allí y de porqué él no estaba esperándome…
Por un momento me fallaron las piernas y estuve a punto de irme al suelo pero Nida me sujetó a tiempo.
- ¿Estás bien?- dijo.
Podría haberle mentido. Podría haberle ignorado. De hecho podría hasta haberle insultado por lo absurdo de la pregunta. Pero sin embargo, en un arrebato de sinceridad hacia un casi desconocido, la dije la verdad.
- La verdad es que no, para que voy a engañarte.- Por alguna extraña razón sonreí al verle la cara. Obviamente no era una sonrisa de felicidad ni de alegría, era más bien una sonrisa de esas de "reír por no llorar".
Mi extraño comportamiento pareció turbar un poco al chico pero se recuperó enseguida y me dijo al oído:
-Creo que deberías ver algo.
Le miré extrañada y me dejé llevar hasta una puerta de madera pintada de blanco.
-Deberías entrar tu sola. – dijo apartándose.
Todavía más extrañada le volví a mirar. Miré fijamente la puerta, intentado averiguar que había tras ella y puse la mano sobre el pomo.
La abrí y de nuevo la realidad me lanzó un segundo gancho directo a la cara.
Se me empañó la vista y dos lágrimas cayeron por mis mejillas.
Allí, sentada en una cama de blancas sábanas, una cara familiar me sonreía con afecto.
Corrí hacia él y le abracé con todas mis fuerzas llorando a lágrima viva. Él también me abrazaba y me besaba la frente.
- Eres un idiota… - dije entre lágrimas – me habías asustado…
-¡Eh¡Eh¡Eh¡No me lo estrujes tanto que todavía tiene unas cuantas costillas rotas!
La doctora Kadowaki entró en la habitación tranquilamente con una sonrisa en la cara y revisó los datos de una máquina enchufada a Dederian por unos electrodos.
- ¡Vamos, vamos¡No va a huir, puedes soltarle! – dijo soltándome de él delicadamente. – Siéntate ahí mientras hago esto¿quieres?
Dederian llevaba vendada la cabeza y el pecho y la doctora le cambió los vendajes y le examinó las heridas. Mientras tanto Dederian me había cogido la mano y me sonreía alegremente mientras la doctora le tiraba en cara que se hubiera dejado hacer aquello.
- Bueno. – Dijo cuando acabó. – Puedes considerarte un tipo afortunado, desde luego. Sin las resistencia que te confieren tu G.F's seguro que no hubieras resistido el primer golpe. Tendrás que quedarte aquí un par de días, para vigilar tu evolución.
Dederian ni siquiera intentó discutir con ella el tiempo de quedarse allí, sin hacer nada. Era muy simpática y amable pero estaba segura que nadie se atrevía a discutir con ella una de sus decisiones.
La doctora salió de la sala y justo entonces entró Nida con un par e humeantes tazas en la mano.
-Tened. – Dijo dándonos una a cada uno. – He pensado que os vendría bien una buena taza de caldo para recuperar fuerzas.
- Vaya, gracias Nida. – Le agradeció Dederian – A ella le encanta esto pero yo nunca le he encontrado la gracia a beberse esto a palo seco, la verdad. Pero… -Dijo olfateando el baso – umm… parece rico…
- Sí. Gracias. – Le sonreí agradecida y bebí un sorbito que me supo a gloria. – Ummmmm, buenísimo.
- Bueno. – Nida se sentó al pie de la cama y nos miró. Parecía pensativo, como calculando algo. – Tengo que daros una noticia un tanto… - se lo pensó - extraña.
Dederian le miró con cara intrigada mientras daba un gran sorbo al baso humeante que sostenía.
- Bien… emmmm – No sabía como comenzar – Pueeees… ¿Qué me dirías si os dijera que ahora mismo estamos volando?
- Pues que te has vuelto majareta porque estamos en el jardín, reconozco la enfermería. – Le contestó Dede confuso.
- ¿Y si os dijera que el jardín vuela? – Siguió el chico.
- ¿Pero que estas diciendo? – Dije - ¡El jardín no puede volar¿No¡Es un gigantesco edificio construido en la isla de Balam!
- Pues sí que puede. De hecho según parece el jardín no fue "construido", el jardín en realidad es una conversión de un antiguo refugio que viajaba por el mundo dando cobijo a los desvalidos y heridos por culpa de las guerras.
Siguió explicando algunas cosas y detalles más pero yo ya no le escuchaba. Me había sumergido en mis pensamientos, buscando y reorganizando información. Atando cabos.
Siempre me había gustado la historia pero no recordaba haber leído nada, ni tan siquiera referencias, de "refugios voladores". Obviamente no era una especialista en historia, ni mucho menos, pero siempre había defendido que, para conocer el presente, se tenía que conocer el pasado y, por tanto, no se podía hablar del primero sin tener en cuenta el segundo. Además era muy interesante.
Nida terminó de ponernos en antecedentes y se fue a la biblioteca. Nosotros nos quedamos hablando y decidimos ir a ver al director Kramer cuando le dieran el alta, mientras tanto yo ocuparía su habitación e investigaría en la biblioteca si había algo de información referente a la capacidad de volar del jardín.
Pasaron un par de días y yo alternaba las visitas a Dederian en la enfermería con la búsqueda de información en la biblioteca junto con Nida, que también parecía muy interesado en el tema y juntos conseguimos revisar muchos de los libros de la sala de historia.
En realidad aquella era una de las bibliotecas con una de las organizaciones más raras que había visto nunca. La mayoría eran grandes salas, a veces monstruosamente grandes, llenas de estanterías y estanterías repletas hasta los topes de libros. Sin embargo la biblioteca del jardín de Balam estaba dividida en salas temáticas. En cada habitación encontrabas solamente libros de un tema general: historia, biología, tecnología, etc. Necesitabas un mapa para moverte por las diferentes salas, pero al final acababa resultando más cómodo.
La doctora Kadowaki retiró los últimos vendajes del maltratado cuerpo de Dederian y, tras darle una última reprimenda casi maternal, le dio el alta y nos dejó marchar.
Él estaba deseando volver a probar algo que no fuera aquella comida tan "sana y rica" que le traía la doctora así que fuimos al comedor a ver si todavía quedaba algo tras la avalancha de jóvenes hambrientos que se había producido a la hora de comer.
La mujer que nos atendió reconoció a Dederian y se puso muy contenta de verle, parecía que había corrido el rumor de que estaba en la enfermería gravemente herido y estaban todos muy preocupados por él.
Me di cuenta entonces de la realidad del jardín. No solamente era un centro de estudio y entrenamiento de combate, allí vivían y se relacionaban cientos de personas que creaban vínculos entre ellas, cariño, amistad, amor… Aquel había estado el hogar de Dederian durante los últimos cinco años, yendo a comer día tras día al mismo lugar, con las mismas cocineras y cajeras, la misma gente. Para él aquello debía de ser un verdadero hogar.
Me alegré por él pero no pude evitar sentir una pizca de envidia. Mi vida académica había sido muy movida y los cambios de residencia e incluso de ciudad por las continuas represiones de Vinzer Deling hacia cualquiera que no apoyara a su dictadura hicieron que no tuviera ningún lugar al que llamar casa.
Cogimos algo de comer y nos sentamos tranquilamente a tomarlo en una de las mesas. Estuvimos hablando de la falta de resultados de mi búsqueda en a biblioteca y haciendo broma soltando teorías descabelladas y sin sentido sobre el tema.
Mientras tanto pasaron varios alumnos que saludaron a Dederian efusivamente contentos de que ya se hubiera recuperado. Ya me había acostumbrado al hecho pero hubo uno casi al final de la comida, cuando parecía que ya había pasado todo el jardín por allí, que me llamó la atención y no supe decir porqué en aquel momento. Dijo algo así como "mmm, estás bien" y "ya nos veremos", no parecía muy efusivo pero Dederian le correspondió con un gesto serio y una leve inclinación de cabeza.
Aquello me hubiera resultado extraño un par de semana atrás, cuando todavía hacía la vida más normal posible que podía llevar a cabo una joven periodista, pero en aquel momento, después de dos semanas totalmente surrealistas, no le presté mucha atención.
Cuando acabamos fuimos hasta el ascensor.
- Tengo que subir a hablar con el director. – Dijo. - No se cuanto me puede llevar, no creo que mucho, pero igualmente mejor que no me esperes aquí. Date una vuelta por el patio y relájate un poco, estoy seguro que hace días que no descansas la mente.
- Está bien. – La verdad es que tenía razón, pese a que era algo sin aparente importancia hacía días que no paraba de darle vueltas al asunto del pasado del jardín. – Creo que me irá bien un poco de aire fresco para variar.
Subió al ascensor y me quedé sola en el vestíbulo. Después de todo no era mala idea salir un rato al patio, un poco de aire no me haría ningún mal.
Fui caminando tranquilamente observando la vida interna del jardín. Había gente charlando y transitando por todas partes. Poco a poco la paz del jardín se iba restaurando aunque aún se podían ver algunos destrozos graves de la rebelión.
Cuando se abrieron las grandes puertas automáticas que daban al patio una suave brisa marina me acarició haciendo que me estremeciera.
- ¡Hey! – Gritó alguien- ¡Hola, preciosa!
Miré hacía la fuente de aquel saludo halagador algo sorprendida sin saber si iba por mí o no.
Un chico vestido con un sombrero de vaquero y una chaqueta larga de color avellana a juego sus pantalones sonreía alegremente mientras subía las escaleras saludando con la mano.
Miré tras de mí esperando encontrar a alguien más, pero no había nadie, hablaba conmigo.
Llegó hasta mí sin dejar de sonreír. No me había fijado lo alto que era.
- Hola, guapa. – Comenzó. – Mi nombre es Irvine.
Fin del capítulo VIII
Amanda Beicker: No m'esperava que em posesis un RR, jejeje.Gracies.Ja m'agrada que em comentis els capítuls sencers i que et pasis per aquí:) I tu havera si publiques també que tens els lectors abandonats, jejeje. Deew.
A los demás que leyeron esto:
Un saludo y gracias.
Dederian
Próximo capítulo:
Intermetzzo IV: En ángel de la guarda. Segunda parte by Nida Headrow
La chica soltó un alarido y corrió tras él pero ...
