Hola de nuevo a mis escasos y apreciados lectores. XD Bueno, aquí traigo un nuevo capítulo de Amanda con la aparición de un pj que todavía no había aparecido en el fic; haber si me comentais si he acertado con su personalidad o me he pasado. A partir de ahora me va a costar más escribir porque, ya, sí que no voy a tener tiempo ni para pasarme a leer algo. Pero bueno se hará lo que se pueda. Como siempre:

Un saludo a todos y que disfruteis.

Dederian


Capítulo IX:

Tiro al blanco


- Hola, guapa. Mi nombre es Irvine.

Ojos azules, pelo castaño y largo recogido en una coleta y la tez blanca y fina como pocas había visto, ni tan siquiera en mujeres. Vestía un chaleco azul marino, pantalones avellana y una chaqueta hasta la rodilla del mismo color que tenía tanto el cuello como las muñecas de borrego blanco. Además lucía un sombrero negro, unos guantes de cuero a juego y un collar con una pequeña piedra ornamentada con plumas.

No era difícil imaginárselo encima de un chocobo persiguiendo a alguna fiera con cuernos, la verdad. Con el sombrero, la chaqueta y el aire de ligón prepotente, tenía todo el aspecto del clásico protagonista de telenovela de esas que daban por las tardes en las que, en una granja de chocobos perdida en alguna llanura solitaria, se desarrollan todo tipo de asesinatos, amoríos y traiciones.

Con toda confianza me pasó el brazo por la espalda y casi me arrastró escaleras abajo mientras no paraba de hablar.

- Oye, mira. – Le dije quitándome su mano del hombro. – Yo he venido aquí a relajarme y tú…

-¡Relajarse¿Sabes cómo me relajo yo? – Dijo cortándome el discurso.- Practicando con esto.

Entonces sacó de debajo de su chaqueta un espectacular rifle y lo hizo girar con un dedo.

- Jaja. ¿A que es hermoso? Nunca me separo de él. – Lo dijo orgulloso, como si fuera algo… bueno.

La verdad es que no sé que clase de valores debía de tener una persona que no se separaba nunca de su arma y que se dedicaba a acosar a mujeres que no conocía, la verdad.

Justo entonces clavó su mirada en mi cintura y su cara se iluminó con una gran sonrisa.

-¡Eh¡Tú también usas armas de fuego! – Me resigné a esperar una oportunidad mejor para librarme de él y le seguí el juego.

- Mmmm… Sí.

- ¡Jajaja, lo sabía! – Tragué saliva - ¡Estamos hechos el uno para el otro!

¡Aquel tío era totalmente surrealista, ni siquiera sabía mi nombre y ya se me estaba declarando! Claro que seguramente ni se había dado cuenta de que no sabía mi nombre, y posiblemente tampoco le importaba demasiado.

- ¡Eh¡Tengo una idea! – Terrorífico¿verdad? - ¡Ya verás, te va a encantar¿Espérame aquí, vale?

Y sin darme tiempo a contestar salió disparado hacía el interior del jardín dejándome allí de pie sin saber si salir corriendo en dirección contraria o directamente saltar del jardín en marcha.

Pero la curiosidad pudo conmigo y decidí esperarle allí, me senté tranquilamente en un banco y me dediqué a observar el patio.

La verdad es que no era demasiado grande y un escenario lleno de luces, instrumentos y cosas varias ocupaba prácticamente la mitad del espacio. Había un par de tramos de escalera que subían hasta la entrada al jardín y unos cuantos árboles bastante bien cuidados. Un par de alumnos charlaban animadamente mientras volvían a la salida.

A los pocos minutos apareció Irvine corriendo con un par de refrescos en lata en las manos. Cuando llegó a mi lado y pensé que me ofrecería una me di cuenta de que, en realidad, las latas estaban vacías.

- ¡Fíjate en esto! – Dijo lanzándolas al aire.

De repente desenfundó su rifle y comenzó a disparar contra ellas con una puntería increíble. Cada disparo atravesaba una de las latas y la hacía elevarse de nuevo en el aire dándole tiempo a disparar contra la otra, y así disparó una buena cantidad de veces hasta que se cansó.

Las latas cayeron a unos cuantos metros de distancia de donde estábamos y me pidió que fuera a buscarlas. Lo hice y cuando me agaché a cogerlas me quedé de piedra. Cada una de las latas tenía tan solo un par de agujeros, uno de entrada y otro de salida. Podía ser un truco pero tenía la impresión de que en aquella ocasión no lo era.

- ¿Qué te parece? – Dijo acercándose con una sonrisa.- Soy todo un tirador¿eh?

Era simplemente increíble. Había disparado cerca de diez veces a cada lata y siempre había hecho pasar la bala por el mismo sitio.

- ¡Eh¡Vosotros!

Me giré sorprendida hacia las voces sin saber que esperar.

- ¡Qué puñetas estáis haciendo¿Que no sabéis que está prohibido el uso de armas fuera de las salas adecuadas para ello? Vais a tener que acompa…

- ¡Corre! – Exclamó Irvine cogiéndome del brazo y pasando como una flecha por el lado de los dos SeeD vigilantes.

Corrimos a toda velocidad hacia la salida esquivando a los sorprendidos alumnos que nos encontrábamos por el camino. Tras nosotros los SeeD también corrían lanzándonos advertencias y algún improperio.

Él parecía conocer tanto el jardín como yo, ya que al primer sitio donde se le ocurrió entrar fue al comedor, que resultó tener tan solo una salida: la entrada misma.

Tiramos un montón de mesas y sillas intentando evitar que nos pillaran, y unos cuantos chicos, por los que pasamos por encima en la escapada, nos lanzaron insultos que ni siquiera había oído antes.

Tras un buen rato, conseguimos darles esquinazo en los pasillos de los dormitorios. Jadeando, esperamos sentados en el suelo a que pasaran de largo para decir algo.

Cuando, por fin, dejamos de oír los pasos y voces de los vigilantes nos miramos y comenzamos a reír escandalosamente. Últimamente no había tenido demasiadas ocasiones de divertirme y pasármelo realmente bien y aquella pequeña aventura al borde de la ley me sirvió para descargar tensión acumulada. Desde aquel momento comenzó a caerme mejor aquel chico tan extraño.

Todavía entre sonrisas nos levantamos.

- Bueno – comenzó – ¿A ver si lo repetimos alguna vez, eh? Podrías enseñarme que tal manejas tú las pistolas.

Sin esperar a que le contestara me dio la mano, guiñó un ojo, se giró y comenzó a caminar.

Me apoyé en la pared y me crucé de brazos a esperar. No tuve que hacerlo mucho tiempo.

Irvine se giró y volvió sobre sus pasos hasta mí.

- ¿Alguna vez te funciona? – Le dije sonriendo.

- Hasta ahora, siempre. – Dijo poniendo una exagerada mueca de decepción y cabreo. - ¿Mañana a las diez de la mattina?

- Vale, pero primero desayunamos.

Sonrió satisfecho y se dispuso a marchar. Yo también tenía que irme, Dederian estaría buscándome, pero antes le di una última indicación, por si acaso:

- ¡Eh! No te hagas ilusiones, sólo como amigos. Ya tengo pareja.

Asintió con otra mueca cómica y nos separamos.

Volví tranquilamente al patio, no debía de haber pasado más de tres cuartos de hora desde que Dederian había subido a ver al director, y pensé que, seguramente, todavía tardaría un rato en bajar.

Llegué al patio y me quedé extrañada. No parecía haber nadie allí pero parecía llegar una canción a piano desde el escenario, que quedaba fuera de mi vista.

Caminé hasta allí y me quedé de piedra cuando descubrí a Dederian completamente sólo con los ojos cerrados y tocando.

Sus dedos volaban sobre las teclas, pulsándolas con suavidad y decisión. No le había visto tocar nunca, ni siquiera sabía que supiera tocar, pero lo hacía muy bien y quedé ensimismada.

Era una melodía triste, llena de notas graves de acompañamiento, mientras la melodía principal se componía de notas ligeramente agudas, repitiéndose una y otra vez, cada vez más rápido, cada vez más fuerte, haciendo que se me erizara todo el cuerpo y estuviese apunto de caer al suelo con un grito ahogado.

Eso hizo que parase de repente y se diese cuenta de mi presencia allí. Rápidamente se levantó y cerró la tapa, como si estuviera avergonzado y se acercó a mí.

- Perdona. - Dijo pasándose la mano por el pelo – Vine a buscarte pero no te encontré y decidí esperarte aquí… y entonces vi el piano y… bueno… pensé en practicar un poco.

- ¡Vaya¡No sabía que supieras tocar! – Realmente estaba asombrada.

- Sí… bueno, es una de las habilidades que aprendemos aquí. Nunca sabes como vas a tener que acercarte a un objetivo y nos enseñan muchas habilidades básicas que pueden sernos útiles. Entre ellas varios instrumentos.

- Ah, claro… Oye¿y qué te ha dicho el director?

- Bueno, nada en especial… Le he dado mi informe de la persecución de Seifer.

- Vale. – Le cogí del brazo y sonreí. - ¿Te apetece seguir investigando conmigo en la biblioteca?

Él echó la cabeza hacia atrás y suspiró:

- Nunca te das por vencida ¿verdad?

- Tú mejor que nadie lo tendrías que saber.

Y nos fuimos caminando cogidos del brazo.

Allí nos encontramos a Nida, que también parecía muy interesado en la búsqueda de información del pasado del jardín, y juntos los tres reanudamos el trabajo. Aquello me traía cada vez más de cabeza. Era imposible que no hubiera ni un solo dato de las funciones anteriores del jardín. Las bibliotecarias no tenían ni idea de ningún libro que hiciera referencia y no hubo manera de encontrar ninguno bajo ningún criterio de búsqueda desde el archivo.

Al final la apatía de Dederian hacia el tema y su insistencia en la irrelevancia de dicha información acabó por convencerme de que en aquella gigantesca biblioteca no había nada útil. Ya llevábamos cuatro horas allí, más las que Nida y yo habíamos invertido los días anteriores al alta de Dederian, y no habíamos encontrado ni una simple referencia útil, además a los tres nos rugían las tripas de mala manera así que decidimos desistir e irnos a cenar con tranquilidad.

Cuando salíamos nos encontramos al director en la misma puerta de entrada. En aquel momento no parecía el hombre apacible, tranquilo y relajado de siempre. Tenía los ojos rojizos, como de haber llorado recientemente, y, pese a su siempre reconfortable sonrisa, se le veía algo alterado.

- Buenas noches, jóvenes. – Dijo al vernos.

Automáticamente Nida y Dederian se cuadraron e hicieron el característico saludo SeeD al director Kramer. Éste contestó con una nueva sonrisa y un ademán con la mano indicándoles que se relajaran. Los miró a ambos con un atisbo casi fraternal y de nuevo sonrió para decir:

-¿Chicos, os importaría dejarnos a solas a vuestra hermosa acompañante y a mí?

Creo que casi me sorprendí yo más que ellos. El director y yo apenas nos habíamos visto desde la firma de mi contrato con el jardín. De hecho tan solo nos habíamos visto una vez más: durante la revuelta de amo Norg. No tenía ni idea de que podía querer decirme en privado, pensé que lo más seguro era la cancelación de mi contrato debido a la anormal situación del jardín, pero no eran más que suposiciones.

Ambos accedieron y se fueron al restaurante a esperarme. Mientras tanto el director comenzó a caminar hacia una de las salas más alejadas de la poca gente que todavía quedaba en la biblioteca a aquellas horas, y con un gesto con la cabeza y una nueva y leve sonrisa me indicó que le siguiera.

Caminé a su lado sin saber que decir hasta que llegamos a una de las salas reservadas para el estudio y lectura de los estudiantes y en la que no había nadie.

Se giró de nuevo para mirarme y el director pareció todavía más abatido que antes y pasándose una de sus sorprendentemente poco rechonchas manos por la cara y el pelo se sentó dejando ir un sonoro suspiro.

- Perdona. – Comenzó. – Espero que entiendas que no estoy pasando un momento demasiado bueno. Pero bueno, ese no es el tema que nos ocupa ahora. Siéntate por favor.

Me senté, intrigada. La curiosidad estaba comenzando a carcomerme por dentro, no sabía que podía querer decirme y el hecho de que viniese él en persona a decírmelo él y no uno de sus subalternos era todavía más extraño.

- ¿Qué ocurre, señor?

De nuevo me miró desde detrás de sus gafas y sacó un pequeño libro de dentro de su chaqueta que puso sobre la mesa.

- Ha llegado a mis oídos que estás muy interesada en el origen del jardín. – Hizo una pequeña pausa, como reflexionando lo siguiente que decir. – Supongo que no debes de haber encontrado nada¿no?

- Pues la verdad es que no. – Asintió varias veces con la cabeza.

- En su momento se hizo un buen trabajo. Sí, muy buen trabajo. – De nuevo hizo una ligera pausa. – Como ya debes saber corren rumores por el jardín sobre eso, los hay de muy variopintos; he llegado a oír que se trataba de una casa de alterne muy selecta. – Casi rió. – Obviamente sin fundamento y falso, por supuesto.

- No quisiera parecer descortés, señor, pero ¿A dónde quiere llegar exactamente?

- Sí, sí, sí, todo a su tiempo. – Dijo gesticulando con las manos. – Lo primero es lo primero. Ya debe imaginarse que el jardín actualmente está en un estado crítico. Flotando a la deriva en el océano y enemistado con una de las mayores potencias de la tierra, liderada por la ya famosa bruja Edea. Bien, estoy al tanto de que sus relaciones con dicha potencia tampoco han sido muy cordiales en el pasado y estoy seguro de que, de tener la oportunidad, no dudaría en emprender acciones que la perjudiquen. Pero bueno, voy a dejarme de rodeos¿le parece?

Asentí, seria. Realmente tenía que decirme algo muy importante y el libro que había dejado encima de la mesa cada vez me intrigaba más y más.

- Bien. – Carraspeó un poco. – Éste libro que veo que mira tan intrigada contiene información fundamental sobre los jardines: infraestructura, funcionamiento, esquemas y mapas de cada uno, explicaciones y datos de vital importancia… como sus orígenes, por ejemplo.

Me quedé totalmente atónita. ¿Pensaba darme el libro? Aquello no parecía tener ningún sentido, yo apenas había llegado al jardín hacía un par de semanas y ni siquiera me conocía, seguro que tenía montones de personas que le inspiraban más confianza que yo para confiarles aquellos datos.

- Se que puede parecer una locura confiarle esta información, pero creo que ha demostrado un valor y un compromiso con el jardín y conmigo que merece que la tenga en muy alta estima, téngalo por seguro. Por eso, y por que si Galbadia decidiese atacar el jardín usted sería la única persona de mí confianza que no debiese quedarse a luchar, he decidido cederle éste libro. Tenga en cuenta que esta información puede poner en un grave compromiso al jardín de Balam, su seguridad y su nombre en un futuro; y que es imprescindible que mantenga oculta su existencia e información hasta que no crea que es imprescindible revelarla. Así, me veo obligado a pedirle que también lo mantenga oculto a sus amigos, a poder ser. ¿Está dispuesta a asumir esta responsabilidad?

Una tremenda emoción me embargaba en aquel momento. El mismo director Cid Kramer había decidido confiar en mí bajo el riesgo de que yo le fallase o no aceptase. En aquel momento me sentí por primera vez parte del jardín de Balam y dentro de la verdadera lucha contra la tiranía creciente del imperio de Galbadia.

- Sí, acepto.


Fin del capítulo IX


La-rosa-d-plata: Bueno, gracias, como siempre, por ser la única que deja RR's. :) Pues sí, has acertado. Lo de Amanda representa que es un límite, pero creo que dentro de poco "voy a explicar" lo que pasó y todo ese rollo de explicación teórica de la cosas que hace Dederian a Amanda. Estaba algo preocupado por lo del acento de Trueno, la verdad, hacía (y hace) mucho que no jugava y no recordava cual era exactamente su tic, gracias por cometarlo. Espero que acabes satisfecha de tus otras obras y vuelvas con fuerza y ánimo a FF, suerte y que vaya bien! Chao. P.D¿me he pasado con el rollo misterioso con el dire? Ahora si que chao ;)

A los otros que leyeron esto:

Un saludo y gracias.

Dederian


Próximo capítulo:

Capítulo X: Noticias

La situación parecía realmente mala, pero, ya que estaba aislada físicamente del resto del mundo, decidí también estarlo mentalmente.