Capítulo XII:
Emboscada y Asalto
Aquella misma noche un ruido me hizo despertar súbitamente. Había estado entrenando toda la tarde el tiro al blanco y estaba destrozada. Al volver Dederian ya estaba en la habitación, después de pasarse todo el día viendo comida estaba hambriento. Después de cenar ninguno de los dos tenía ganas de hacer nada más, así que nos estiramos a dormir directamente.
Ya era cerca de media noche cuando desperté. Levanté la vista para ver de donde provenía el ruido y vi sorprendida que Dederian no estaba en su cama.
Se me quitó el sueño de golpe y salté de la cama al suelo, me puse unas zapatillas y abrí la puerta sin hacer ruido.
Al asomarme vi a Dederian, vestido de combate, caminando hacía la salida del complejo de habitaciones.
¿Dónde iría? La curiosidad pudo conmigo y comencé a seguirle lo más silenciosamente que pude sin perderlo. Al salir de los dormitorios se dirigió hacia la izquierda. Debía de ir hacia la zona de entrenamiento pero¿por qué a aquellas horas de la noche?
Al salir yo al pasillo vigilé que no hubiera nadie paseando por allí, persiguiendo a alguien a media noche en pijama y zapatillas no era la mejor manera de que te encontrasen, y menos si era Xu.
Recordaba que habían suspendido las vigilancias en la biblioteca y el garaje desde que el jardín despegó, poco se podía hacer en ellas y con la desaparición de los prefectos no sobraban SeeDs para hacer ese tipo de trabajos.
Dejé avanzar a Dederian hasta que comencé a perderle de vista, me pegué al interior del pasillo central y le seguí de nuevo; aquello me hacía tener que seguirle de más cerca pero me permitía esconderme tras los bancos de piedra en cualquier momento.
Le seguí hasta la entrada de la zona de entrenamiento, pero no paró allí. Dederian continuó caminando hacia el directorio y, por supuesto, yo continué siguiéndole.
Al llegar a allí subió las escaleras que daban al ascensor y entró en él. Me acerqué rápidamente para ver en que piso paraba y esperé un par de minutos, lo justo para que no oyese el ascensor.
Subí y fui corriendo hasta la esquina, me asomé pero no vi a nadie. Ya había entrado en alguna sala, lo cual significaba que no podía estar muy lejos. Por suerte el pasillo estaba iluminado tenuemente y pude ver como a trabes de una de las puertas asomaba un rayo de luz brillante.
Me acerqué a la puerta sin hacer el menor ruido y leí el cartel.
Sala de duelos.
Prohibida la entrada y uso de la sala sin permiso.
De nuevo Dederian volvía a sorprenderme. ¿Qué hacía en una sala de duelos, con quién tenía previsto retarse y por qué no me había dicho nada?
Me acerqué a la consola que estaba situada al lado del marco de la puerta. Registro de entrada. Así podría saber con quien iba a luchar, pero el acceso estaba restringido. Por suerte una no puede ser periodista sin tener nociones básicas de piratería y asalto a sistemas restringidos, por supuesto.
Para ser un complejo de entrenamiento militar el sistema de defensa de la consola fue muy fácil de burlar y rápidamente pude entrar a la base de datos. Busqué las últimas dos entradas y leí fastidiada:
00.13 alumno núm. 83.781
00.03 alumno núm. 41.269
Sabía que el primero era de Dederian pero seguía sin decirme con quien estaba. En un intento desesperado pegué la oreja a la puerta pero diez centímetros de acero no suelen dejar oír demasiado, y menos algo inteligible.
Esperar a que saliera no era demasiado buena idea, así que decidí volverme a la cama y preguntarle al día siguiente, me estaba volviendo el sueño.
Aquella noche se repitió otra vez aquel sueño.
-¡Amy, Amy¡Despierta, Amy!
Y de nuevo desperté con la cegadora luz tras la puerta. ¿Por qué no podía ver que había tras la puerta?
Cuando me levanté de la cama, Dederian ya se había vestido y estaba ordenando un poco la habitación.
- Bueno días, señorita. ¿Has dormido bien?
- ¿Eh? Ah, sí, sí. – Recién levantada me constaba ponerme en marcha. -En diez minutos estoy lista. ¿Ok?
La ducha me sentó de perlas y me sirvió para plantearme cuál sería el mejor momento para asaltarle con lo del duelo. Al ir hacia la cafetería sería buen momento, no podría escabullirse.
Ya había salido de la ducha, me había arreglado y nos dirigíamos hacia el comedor.
- Pues sí. Hace un par de días que no veo a Nida. – Iba diciendo él. – Ayer no estuvo en el inventario. Parece que ha desaparecido. – Me lo había puesto a huevo.
- Hablando de desaparecidos. Ayer por la noche no te vi en tu cama.
- ¿Qué? Ah, si, fui a dar una vuelta.
- ¿Ah, si¿Y que hacías en la sala de duelos¿Y con quién estabas?
- Bueno, yo…
De repente una gran sacudida hizo estremecer el jardín.
Se oyeron gritos y la gente comenzó a correr como locos buscando refugio de la lluvia de cascotes que caía del techo. Dederian me cogió del brazo y corrimos hacia la habitación de nuevo.
Tras unos minutos el fuertísimo estruendo desapareció y el jardín se sumió en un profundo silencio. El jardín había parado.
Nos asomamos al exterior de la habitación y vimos como todos hacía lo mismo, mientras buscaban una respuesta los unos en los otros.
Rápidamente Dederian salió de la habitación y me dijo que le siguiera.
La gente todavía no reaccionaba después de lo ocurrido, temerosos de que fuera un nuevo ataque de la bruja, mientras nosotros salíamos del complejo de dormitorios y nos dirigíamos hacia el ascensor de la entrada.
Subimos hasta el último piso y nos acercamos a la estructura metálica que había aparecido en el despacho del director. Dederian pulsó un botón y apareció de un piso superior un pequeño elevador en el que montamos y volvimos a subir.
Cuando llegamos arriba del todo ambos nos quedamos con la boca abierta: el jardín de Balam acababa de chocar contra Fisherman's Horizon.
Ya había estado un par de veces en aquella ciudad. Eran pacifistas radicales dirigidos por el jefe de estación Dobe. No les iba a hacer ninguna gracia que una inmensa estructura llena de soldados de elite se acabase de estrellar contra su ciudad.
Allí arriba ya estaba el director, Nida y un chico que me sonaba mucho. Estaban hablando y Dederian y yo esperamos a un lado a que terminasen. Cuando lo hicieron, el chico bajó al despacho del director y nos acercamos al señor Kramer y Nida.
- Señor. – Dijo Dederian.- ¿Qué vamos a hacer?
- Bueno, de momento Squall bajará a disculparnos ante el alcalde de Fisherman's Horizon. - ¿Squall? Me sonaba mucho ese nombre. – Intentará que nos ayuden con el jardín, en esta ciudad hay unos manitas extraordinarios.
- Yo conozco a bastante gente aquí. – Intervine. – Creo que podría ayudar con eso, si me lo permite.
- Sí, pero será mejor esperar a que vuelva Leonhart para que baje más gente del jardín. - Squall Leonhart. Sí, le había visto antes.
- Bueno. – Dije, insistiendo. – No creo que una joven periodista sea considerada una amenaza y aquí no vive mucha gente desde que se cerró el tráfico de trenes, tener a unas cuantas personas a favor nuestro desde el principio puede sernos muy útil, sobretodo conociendo al señor Dobe.
- Está bien. Tienes mi permiso para salir del jardín.
- Yo la acompañaré.
Dederian miró convencido al director y éste, tras unos segundos, asintió. – Está bien, pero id con cuidado, no quiero ningún conflicto con esta ciudad. Ahora, si me disculpáis tengo que tranquilizar a todo el jardín.
El director se acercó a un panel, apretó un botón y comenzó a hablar con un micrófono. Mientras tanto me dirigí a Dederian.
- Oye, Squall Leonhart es…
- Con quien estaba anoche. – Dijo interrumpiéndome. – Y seguiremos hablando de esto luego, si el director se entera puedo tener problemas. – Por cierto. – Dederian se giró hacia Nida. – Con que has estado aquí todo el tiempo.
- Sí. – Contestó él.
- Pues mira que bien. – Y comenzaron a reírse. Humor de SeeDs, quien los entienda que los compre, pensé.
Nos despedimos de él y bajamos al despacho del director donde nos encontramos a Xu.
- Supongo que venís de hablar con el director. – Me lanzó una mirada furibunda. - Si vais a salir hacerlo por la segunda planta. Por el mirador. - Y dicho eso subió en el ascensor del despacho y se fue.
Dederian se me quedó mirando:
- ¿Qué acaba de pasar?
- No preguntes.
Se encogió de brazos, asintió y movió la cabeza hacia el ascensor normal para que nos fuéramos.
Fisherman's Horizon se había convertido en una ciudad triste y cansada. Prácticamente estaba hecha exclusivamente a partir de metal, apoyada sobre cemento. Años antes de que yo naciera había alcanzado su máximo esplendor, era la única manera rápida y barata de cruzar de un continente a otro, la ciudad había ido creciendo junto a las relaciones entre los países de uno y otro lado. Pero, por desgracia, con la aparición de la bruja Adel y la creación del "Sagrado Imperio de Galbadia" la rotura fue inmediata y el paso de trenes por la ciudad-estación disminuyó drásticamente junto con sus ingresos.
Con la destrucción de Esthar tras la última Lágrima de la Luna, desaparecieron las principales estaciones del continente trabio-estharita y con ellas el sentido de la existencia de aquella ciudad. Al poco se hundió del todo y la mayor parte de la población emigró hacia otras localidades más prosperas.
Pero pronto se convirtió en el sueño de cualquier pescador, era una ciudad suspendida sobre el océano, mirases hacia donde mirases no veías más que agua. Y de ahí su actual nombre: "El horizonte del pescador".
Dederian insistió en pasar por la habitación a recoger el equipo básico. A mi me parecía ridículo entrando en una ciudad declarada pacifista, pero me salió otra vez con el contrato que había firmado al llegar, que indicaba que debía obedecerle, y tuve que aguantarme.
Me obligó a enlazar a mis G.F's, Gryphus y la gema de Ifrit que me prestaba él para entrenar. Revisé que magias tenía disponibles y eché una rápida ojeada a las pistolas por pura rutina.
Cuando estuvo satisfecho nos pusimos en marcha y salimos del jardín por el segundo piso. Habían extendido una plataforma que conectaba con unos pasos periféricos que llevaban hacia la parte central de la ciudad.
Sabía perfectamente a quien debía visitar primero: Enrique Dalera, uno de los hombres más conocidos e influyentes de la ciudad y todo un manitas. Le entrevisté hacía unos meses para un artículo sobre coleccionistas de juguetes antiguos, tenía una de las mayores colecciones que existían y los reparaba y restauraba él mismo. Él, su esposa y yo habíamos hecho buenas migas y estaba segura que intercedería por mí si fuese necesario.
Vivían al final de una calle que, alguna vez, había estado dispuesta para los turistas, con comercios y bares-restaurantes con terraza. Ahora en el bar con la terraza más grande había apenas una pareja sentada tomándose un café.
De repente comencé a sentirme intranquila. No estaba segura de por qué, pero me puse en guardia, tensa.
Dederian también parecía preocupado y miraba de reojo hacía todos lados, con una mano en la pistola.
Había algo extraño allí. Estábamos en medio de un silencio amenazador, a parte de la pareja en la terraza no había nadie más por las calles. Al pararme a pensar un momento me di cuenta de que era lo que fallaba: la pareja no había dicho una sola palabra desde que estábamos allí.
De golpe los dos se levantaron de golpe y la chica sacó de un vuelo un rifle de una bolsa que ni siquiera había visto y comenzó a disparar.
Al momento, Dederian y yo nos agachamos para evitar que nos diera, pero no nos estaba atacando a nosotros, habían comenzado a salir de todas partes soldados de Galbadia.
Dederian ya había desenfundado la pistola y una espada y comenzaba a disparar contra los soldados mientras tumbaba una de las mesas del bar para ocultarnos.
Saltamos detrás y cogí mis pistolas. Me asomé y comencé a disparar.
Cada vez que salía veía más soldados, parapetados tras escudos y esquinas, intentando abatirnos con metralletas, cubriéndose unos a otros e intentado avanzar hacia nosotros.
Mientras me protegía de la lluvia de disparos que caía sobre la mesa eché una mirada a la pareja que habíamos visto. Ella seguía con el rifle de largo alcance, mientras él sujetaba una inmensa espada y algo parecido a un fusil.
El sonido era atronador y apenas me dejaba pensar. Abatíamos más y más soldados, pero siempre aparecían más. De repente una bola de fuego salió silbando de mi lado y fue a explotar contra unos soldados con escudo que se estaban acercando demasiado.
Dederian les había lanzado un hechizo piro, cuando me giré hacia él intentó hacerse oír sobre las balas.
- ¡Tenemos que largarnos de aquí! – Dijo señalando hacía un pequeño callejón tras nosotros.
- ¡Es imposible! – Le había contestado la chica del rifle. - ¡En cuanto os pongáis a tiro os destrozarán¡Hay que distraerlos!
Dederian se asomó de nuevo y cayeron tres soldados. Estábamos atrapados.
De repente se me ocurrió una idea.
- ¡Déjame a mí! – Le grité a él. – ¡Tú asegúrate que no se acercan demasiado!
Me apoyé en la mesa y cerré los ojos. Comencé a concentrarme y visioné el blanco.
-¡VENDAVAL FURIOSO!
Las nubes que cubrían el cielo comenzaron a oscurecerse rápidamente y una fina lluvia cubrió la zona. Las nubes comenzaron a crecer más y más entrelazándose y girando cada vez más rápido. Comenzaron a resonar truenos y, entre las nubes tormentosas, apareció un resplandor. El brillo se fue haciendo cada vez más intenso hasta ser cegador y, de repente, desapareció dejando ver que había detrás.
Un gigantesco torbellino descendía a toda velocidad del cielo.
El tornado descendía cada vez más rápido y, al poco, se pudo ver a Gryphus un metro por delante de él, guiándolo hacia los soldados.
Justo antes de chocar contra el suelo extendió sus alas y frenó casi en seco, quedando dentro del ciclón, que absorbió a milicia galbadiense.
Inmediatamente Gryphus salió del tornado y comenzó a atravesarlo a toda velocidad mientras se oían los gritos de los soldados que había dentro.
Tras varios pases Gryphus aterrizó y soltando un inmenso graznido desapareció junto con el huracán y las nubes tormentosas. Tal como había comenzado, había terminado.
Los soldados que habían quedado dentro del tifón comenzaron a caer, chocando contra tejados y golpeándose contra el suelo bajo.
Todo aquello había hecho cesar los disparos y había desorientado a todos los soldados que todavía quedaban en pie, dejándonos tiempo suficiente para escabullirnos entre las mesas hacia el callejón.
Corrimos un buen trozo, cambiando de calle y metiéndonos en todas las callejuelas que encontrábamos para evitar que nos encontraran.
Dederian iba delante y nos hizo un gesto con la mano para que paráramos al acercarnos a la salida de la estrecha callejuela donde estábamos.
No parecía haber peligro, pero asomó la cabeza para investigar.
Todavía no me había podido fijar bien en la extraña pareja que nos habíamos encontrado y no tardé en darme cuenta que, en realidad, eran más bien compañeros.
Ella era bastante joven, con sólo unos pocos años más que yo, lucía una larga cabellera rubia y bien cuidada e iba enfundada en un traje de cuero negro. Era algo más alta que yo, tenía unos intensos ojos verdes y una mirada intensa y penetrante.
Él, en cambio, se podía decir, que casi le doblaba la edad a ella. Era más alto que Dederian y un físico imponente, aunque sin parecer extremadamente musculado. Tenía unas facciones muy marcadas pero lucía aquel tipo de atractivo que sólo se encontraba en los hombres maduros. Parecía muy serio y poco hablador, y vestía de gris cubierto por una capa negra bajo la que asomaba aquella inmensa espada que había visto antes.
De repente Dederian se volvió hacia nosotros y nos hizo un enérgico gesto para que nos pegáramos a la pared. Con gestos indicó que había dos grupos de tres soldados que recorría la calle, cada uno por un lado de ella.
Se acercó todo lo que pudo al borde de la pared y, con la mano hacia atrás, inició una cuenta atrás desde cinco.
…cuatro…tres…dos…uno…
Todos ya habíamos desenfundado nuestras armas de nuevo cuando Dederian salió de un salto, sujetó a un soldado por su arma y le golpeó en la cabeza.
Las chica, el hombre y yo salimos tras de él y, mientras él y Dederian noqueaban a los dos que quedaban en nuestra banda. La rubia y yo abatimos a los sorprendidos soldados de la otra acera que no tuvieron tiempo ni de reaccionar. En un momento ya no quedaba ninguno.
Parecía que todo estaba tranquilo así que me dirigí ha la chica rubia para preguntarles quiénes eran, pero aparecieron una docena de soldados calle abajo y tuvimos que salir corriendo otra vez para que no nos viesen.
Dederian sugirió que lo mejor era volver al jardín a buscar refuerzos y la pareja no se opuso. Por suerte, no nos encontramos a ni un solo soldado más.
Llegamos hasta un elevador donde nos encontramos a todo un grupo de gente. Eran Irvine (que le lanzó una mirada gélida a Dederian), una chica que me había presentado él y que se llamaba Selphie, Quistis, un chico rubio con un tatuaje en la cara y una vieja conocida de Timber, Rinoa, líder de uno de los pocos grupos rebeldes activos allí.
Selphie, Quistis y Rinoa nos explicaron los que acababa de pasar. Al parecer Galbadia acababa de intentar invadir Fisherman's Horizon, amenazando al jefe de estación Dobe con destruir la ciudad si no les entregaban a una chica llamada Eleone a la que nadie conocía. Parecía una historia mucho más larga pero Quistis abrevió diciendo que todos ellos y el tal Squall habían podido repeler a las primeras tropas de asalto y les habían hecho retirarse.
Mientras tanto Dederian e Irvine había estado hablando y la conversación estaba subiendo de tono por momentos. Estaban a punto de comenzar a gritarse cuando Selphie arrancó a Irvine de la conversación y lo subió al elevador que llevaba al jardín.
Yo sujeté a Dederian que ya se iba tras de ellos amenazando al vaquero. Así se subieron el resto dejándonos abajo y se despidieron.
- Oye, tranquilo. – Le solté cuando ya estaban arriba. – Pensaba que los SeeDs estabais entrenados para controlaros.
- Sí, perdona. – Dijo. – Es que me saca de mis casillas. No se como puedes haber hecho amistad con él.
La pareja había estado observando hasta el momento y fue ella la que nos interrumpió.
- Perdonad, chicos. Pero nosotros tenemos que irnos. – Dijo con un tono algo impaciente.
- Sí, claro. – Contesté. – Perdonad.
El ascensor bajaba de nuevo.
- Jamás hubiera imaginado encontrar gente armada en FH. – Continué. – No debéis de ser de por aquí. Por cierto, no nos hemos presentado. Yo soy Amanda. – dije dándoles la mano a ambos.
- Yo soy Carla y él es Luca.
Dederian también les dio la mano y se presentó. Tras nosotros apareció Nida.
- ¿Estáis bien? – Me dijo. – El director me ha mandado a buscaros en cuanto se ha enterado de lo que pasaba.
- Sí, tranquilo. – Le contesté. – Luca y Carla nos han ayudado, no hemos tenido problemas.
Nida les saludó con una tímida sonrisa y, de repente, se quedó mirándola a ella, extrañado.
- Me suenas de algo. – Le dijo. - ¿Nos hemos visto antes?
No. – Contestó Carla, rápidamente. – No me suenas de nada, la verdad. Siento que no podamos quedarnos a charlar, pero, como les decía a tus amigos, tenemos un poco de prisa. Así que ya nos veremos. Chao.
Ambos se giraron y se marcharon a paso ligero.
- Adiós. –dije, mientras saludábamos Dederian y yo.
Luca se giró y fue lo primero y último que dijo desde que le vimos:
- Tranquilo, nos volveremos a ver.
Lo había dicho mirando a Dederian que, de golpe, se había quedado con la boca abierta.
Pareció que estuvieran coordinados cuando Nida y Dederian señalaron cada uno a uno de los componentes de la pareja y gritaron a la vez:
-¡Tú!
Fin del capítulo XII
A todos los que leyeron esto:
Un saludo y gracias.
Dederian
Próximo capítulo:
Intermedio VI: La Fiesta
Whenever sang my songs...
