Hay colgada una pequeña historia de Dederian llamada "La traición" que ayudará a comprender mejor los dos capítulos anteriores.
Un saludo a todos.
Dederian
Capítulo XIV:
La bruja
Pateé la puerta un par de veces para ver si la abría pero lo único que conseguí fue hacerme daño en el pie.
Me maldije por no pensar que podía encerrarme, si incluso fruncía el ceño cuando me pasaba por la zona de entrenamiento. Pero de nada servía lamentarse, me giré en busca de otra salida.
Lo primero que hice fue mirar dentro del armario, donde Dederian me había dicho que encontraría comida, por si había suerte y también tenía una salida secreta. No hubo suerte.
Salí del armario algo decepcionada y comiéndome una barrita energética con un sabor algo extraño, pero tenía hambre, no había terminado de comer.
Bajo la cama sólo había el colchón donde dormía Dederian y en el cuarto de baño estuve a punto de desempotrar de la pared la pica intentando mirar detrás del mueble.
Desanimada me tiré en la cama de espaldas y me di cuenta de que me había pasado por alto un pequeño detalle del cuarto: los conductos de ventilación.
El techo estaba demasiado alto y no llegaba subida sobre la cama. Necesitaba más altura así que me subí a la estantería. Puse el pie en la primera repisa y me cogí a los costados del mueble, di un par de pequeños botecitos para comprobar si aguantaba mi peso y subí a la siguiente repisa. Subí la siguiente y otra más, hasta llegar a la altura necesaria, estiré el brazo hacia la rejilla que tapaba el conducto y… "CREC". La tabla de madera cedió bajo mi peso y caí brutalmente al suelo, golpeándome la cabeza.
Me levanté dolorida y me toqué la cabeza en busca de una herida, por suerte acompañada de un pequeño gemido de escozor, solamente se convertiría en un buen chichón.
Tenía la salida ante mí pero no podía alcanzarla, miré frustrada la dañada estantería y miré de nuevo el conducto. Entonces caí en la cuenta y me di un golpecito en la cabeza con la mano a modo de reprimenda personal por haber olvidado aquello.
Cerré los ojos y me concentré, cuando estuve segura miré hacia arriba:
- ¡Levita!
Un instante después flotaba lo suficientemente alto como para alcanzar la reja. La agarré con las manos y tiré. Nada. Volví a tirar de nuevo con más fuerza con el mismo resultado. Miré más de cerca y vi que estaba atornillada al techo. Frustrada por tercera vez, esperé que el efecto de la magia pasara.
De nuevo en el suelo busqué como una loca un destornillador por toda la habitación, pero no encontré nada útil.
"A la porra.", pensé. Alcé la mano hacia la última traba hacia mi escapada y lancé una bola de fuego piro destrozando la rejilla.
Un par de minutos después cruzaba gateando los conductos de ventilación en busca de una salida.
Tras avanzar un buen trozo encontré una salida que no daba a una habitación. Me mantuve a la escucha y observé unos minutos: nada sospechoso.
Con un par de patadas hice caer la rejilla que me impedía salir y me dejé caer suavemente al suelo. Estaba en el comedor.
Eché un vistazo alrededor para asegurarme que estaba sola. No había nadie.
Con la pistola en la mano me dirigí hacia la salida y al abrirse la puerta me encontré con dos soldados galbadienses de cara.
Un segundo después salieron despedidos hacia atrás. Sin darme cuenta había levantado la mano en un acto reflejo y les había lanzado un potente piro.
Sorprendida me miré la mano, ni siquiera me había dado tiempo a pensar que hacer, parecía que los entrenamientos habían surtido un efecto sorprendente.
Los soldados habían quedado inconscientes y medio quemados en medio del pasillo. Pasé sobre ellos sin mirarlos mucho y me dirigí hacía el centro del jardín.
Avancé lo más rápida y sigilosamente que pude hasta llegar al circulo central, no quería más sorpresas.
Agachada comprobé que no venía nadie por la derecha y me pegué a la pared izquierda para verificar lo mismo de la otra dirección.
Asomé la cabeza y vi como, a unos cuantos metros, un hombre corpulento acababa con tres soldados sin muchas dificultades. Era Langdon Gaetano, el instructor de Dederian.
No había más soldados cerca, así que salí de mi escondite y le llamé para que se acercara. Lo hizo lo más rápido que pudo.
- Vaya. – Dijo. - ¿Amanda, verdad¿Qué haces aquí sola¿No estas con Dederian?
- Hey, tranquilo. Nos separamos hace un rato. – No quería contarle que me había encerrado para protegerme, no quería darle ideas.
- Bueno, ves con cuidado. Yo tengo que ir a ayudar fuera.
Aquella era mi oportunidad de ayudar de verdad.
-¡Espera! Te acompaño.
Langdon permaneció en silencio un momento, parecía que valoraba la situación.
- Está bien, pero no te separes de mí allá fuera.
Asentí y salimos corriendo hacia el exterior del jardín, pero, al pasar la enfermería, un par de soldados en moto aparecieron por el pórtico y nos embistieron.
Conseguí saltar a un lado antes de que uno de ellos pasara a toda velocidad por donde había estado yo un segundo antes.
Rodé sobre mi hombro y me levanté a toda velocidad con el tiempo justo para evitar una nueva acometida, pero esta vez me alcé mientras el motorista hacía girar su vehículo y le lancé un hechizo hielo enfrente haciendo que perdiera el control y saliera despedido por encima de la barandilla del pasillo.
Mientras me alzaba victoriosa oí el rugido de un segundo motor tras de mí y supe que no me daría tiempo a apartarme. Me giré ciento ochenta grados y vi como la moto se avecinaba sobre mí a toda velocidad.
Cerré los ojos y puse las manos enfrente de mí en un acto reflejo, pero no sufrí el impacto, sólo escuché un fuerte impacto y un grito.
Abrí los ojos y vi frente a mí una barrera verdusca y translucida, avancé un paso intentando tocarla, pero avanzó conmigo. Había usado instintivamente la magia escudo para protegerme. La motocicleta ardía unos metros por delante de mí y el soldado había quedado aplastado debajo.
¿Pero dónde estaba Gaetano? Miré a mí alrededor buscándole pero no estaba. Di unos cuantos pasos a mí alrededor buscándole y entonces oí unos jadeos en uno de los borde del pasillo. Me asomé y allí estaba él colgando sobre el agua, agarrado a la barandilla.
Le ayudé a subir como pude y nos quedamos sentados un momento en el suelo jadeando por el esfuerzo.
- ¿Sabes? – Dijo secándose el sudor de la cara con la manga del brazo. – Es muy difícil escalar una cornisa lisa con una pierna jodida.
Descansamos unos minutos y reemprendimos la marcha, en un momento nos vimos en medio de una batalla campal.
Había mucho ruido y gente golpeándose por todas partes. Sin darme cuenta me encontré al otro lado del campo de batalla, a los pies del jardín de Galbadia, cubriéndome la espalda con la pared y disparando a los soldados que se acercaban por la espalda a Gaetano.
Nos las estábamos apañando bien cuando vi entrar en el jardín enemigo a una chica vestida de SeeD desarmada y perseguida por un par de soldados, un capitán y el otro raso.
Sin pensarlo les seguí dentro y comencé a perseguirles por pasillos y habitaciones. Corrían mucho y me costaba seguirles el paso pero siempre conseguía verles atravesar una puerta o girar una esquina.
De pronto entré en una sala llena de mesas y sillas, un aula.
Al fondo vi a la chica acorralada contra una pared por sus perseguidores.
- ¡Jajaja, zorra! – Rió el soldado vestido de rojo. - ¡Te pillé¡Te daré tu merecido!
- Capitán Biggs. – Le interrumpió el soldado. – No creo que sea necesario, tal vez podríamos encerrarla.
Biggs se giró hacia él y le miró, seguramente, de manera asesina.
- ¡Calla, Wedge¡Por culpa de estos SeeDs nos descendieron cuando estuvimos en Dollet¡Pienso desfogarme de lo lindo con ella!
Mientras hablaban me había acercado hasta tener un buen ángulo de tiro y disparé a sus pies.
- ¡Eh, cerdos! – Les grité cuando se giraron sobresaltados hacia mí. - ¿Cuánto os apostáis a que estáis muertos antes de levantar las armas?
Aquel comentario les dejó de piedra.
- Tirad las armas y largaos. Como vuelva a veros os aseguro que no tendré piedad.
Por un momento se miraron sorprendidos. Después el capitán se dirigió a mí.
- ¿Cómo sabemos que no nos dispararas por las espalda cuando salgamos?
- No soy tan cobarde ni ruin. – Una cosa era matar en defensa propia en el fragor del combate, otra era hacerlo a sangre fría. - ¿Os largáis ya u os vuelo la cabeza?
Esta vez ninguno de ellos se lo pensó dos veces, dejaron caer sus armas y salieron a toda velocidad de la habitación.
Entonces me acerqué a la chica que seguía sentada en el suelo apoyada en la pared entre sollozos.
- ¿Estás bien¿Te han hecho algo?
- Sí, estoy bien. – Contestó algo más tranquila, secándose las lágrimas.
- Eso es bueno. Yo soy Amanda Beicker. ¿Y tú?
La chica se levantó apoyándose en la pared, todavía visiblemente fatigada, y me dio la mano.
- Yo soy Claire. Claire Lamarck. Muchas gracias.
- Tranquila. ¿Crees que podrás llegar al jardín con las armas de esos dos desgraciados?
La chica se agachó y recogió ambas armas, una metralleta estándar del ejército de Galbadia y una espada. Claire las observó de cerca y sonrió.
- No creo que tenga problemas.
Tras descansar unos minutos nos despedimos y ella volvió por donde habíamos venido. Yo volví a entrar a la sala y me senté en una mesa. Saqué mi DIP y lo encendí. En los documentos que me había dado el director Kramer venían planos detallados de los tres jardines y los había digitalizado para mi reportaje.
Iba a buscar otra salida, si hubiéramos intentado escapar juntas podríamos haber llamado la atención demasiado.
Vi que había una salida cerca, atravesando el centro del jardín. Sería algo arriesgado, pero con todos los soldados fuera intentando vencer a los SeeDs podía tener éxito.
Memoricé los pasadizos que debía tomar y las puertas que tenía que atravesar y guardé de nuevo el aparato. Desenfundé las dos pistolas y salí de la habitación.
No tardé mucho en llegar a la plaza central del jardín de Galbadia. Había tenido que esconderme un par de veces de algunos soldados que corrían por los pasillos gritándose órdenes los unos a los otros, pero no había sido muy difícil.
Al atravesar la puerta que conducía a la plazoleta di un vistazo rápido alrededor, buscando soldados, pero en cambio vi algo mucho más raro.
Carla, la chica que habíamos encontrado en Fisherman's Horizon, cruzaba tranquilamente por el centro de la sala acompañada de un chico con coleta y vestido con un kimono gris que empuñaba una especie de katana con un extraño tono azulado.
Atravesaron una puerta opuesta a la salida que buscaba yo, pero la curiosidad me pudo y les seguí rápidamente pero con sigilo.
Me asomé por el pasillo que habían tomado intentado verlos. El pasillo era bastante largo y parecía que solamente tenía dos salidas, aparte de en la que me encontraba yo. Una a lo lejos y una escaleras a mano derecha.
No parecía que hubieran tomado el primer camino y hubiesen llegado al final antes de que yo les viera, así que tiré por las escaleras.
A llegar al siguiente piso vi como una puerta de doble hoja se cerraba a mi derecha. Esperé unos segundos para no encontrármelos de cara y la atravesé.
Estaba en un pasillo circular que rodeaba la plaza central del jardín, con una sola puerta, pero no vi a nadie.
De repente en el piso inferior se desató un fuerte barullo. Me asomé por la barandilla y vi a Dederian y a Nida acompañados de algunos SeeDs entrando en la sala, arrollando a algunos soldados.
Me agaché para que no me viera, si me encontraba sin haber conseguido nada útil me haría volver al jardín.
Avancé agachada hacia la puerta por la que tenía que haber pasado Carla y su acompañante y al llegar me levanté y pulse el botón de apertura.
Las puertas se abrieron y se descubrió una habitación a oscuras.
Di un paso hacia dentro de la sala y sonó un pitido agudo, comenzaron a parpadear luces por toda la sala y una gigantesca pantalla se iluminó tenuemente, dejando la estancia en penumbras.
La habitación estaba llena de cables y monitores. Un par de escaleras a cada lado subían hasta una pequeña plataforma elevada. Allí una mujer con un vestido negro y una capa me observaba. La reconocí pese a que llevaba el pelo recogido, la había visto en algunas fotografías que me había enseñado el director, era la bruja Edea Kramer.
Alzó una mano y las puertas se cerraron tras de mí dejándome atrapada con ella. Intenté abrirlas pero parecían atascadas y me volví de nuevo hacia ella.
La bruja me miró girando un poco la cabeza hacia un lado, evaluándome.
- Vaya, vaya. – Dijo al fin. -Ahora otra bruja.
- ¿Qué? No soy…
- ¡Silencio! – Ordenó. – ¿De verdad creéis que podéis detenerme? Primero aquellos insectos y ahora esto. ¡Si apenas tienes los poderes activos!
Súbitamente hizo un gesto con la mano y salí despedida contra una pared. Al golpear contra ella caí al suelo. Dolorida y aturdida no entendía que estaba diciendo. Yo no era una bruja, no tenía ningún sentido.
Me levanté como pude y la miré.
- Yo no soy una bruja.
Edea frunció el ceño y me apuntó con la palma de la mano haciendo tuviera una fuerte dolor en el pecho y me faltara el aire. Caí de rodillas al suelo intentado respirar mientras ella gritaba.
- ¡No intentes engañarme, mocosa¡Puedo notar tu débil poder!
Cuando parecía que iba a desmayarme las puertas se abrieron y la bruja paró su ataque.
Inspiré profundamente varias veces intentando recuperar el aliento perdido y alcé la vista.
Un chico rubio con una cicatriz en la cara avanzó hasta el pie de la plataforma donde estaba la bruja. Llevaba una extraña espada en la mano y vestía con una gabardina gris con una gran cruz roja en la espalda.
La bruja le miró desdeñosamente y le hizo un gesto con la mano.
- Acaba con ella.
Seifer se giró hacia mí y vi como aparecía una gran sonrisa diabólica en su cara.
- Mira quien hay aquí. – Dijo malévolamente. - La putita del payaso.
Avanzó hacia mí con tranquilidad mientras su sonrisa se hacia cada vez más y más grande.
- Dos pájaros de un tiro.
Alzó su espada sobre mí y cerré los ojos. Si hubiera hecho caso a Dederian…
Oí como el arma cortaba el aire sobre mí, pero, en vez de notar el frío acero, se oyó un choque de metales.
-¡Qué coño haces aquí, Amanda?
Abrí los ojos sorprendida y vi a Dederian sobre mí, con una mirada interrogativa.
Antes de que pudiera contestar una carcajada resonó en la habitación.
El chico rubio nos miraba divertido.
- Mira, que parejita tan feliz. – Dijo con sorna. – Siento interrumpir este alegre reencuentro pero es hora de terminar lo comenzado¿no crees, payaso?
Sin pensarlo dos veces, Dederian se lanzó sobre él lanzándole una estocada que el otro desvió rápidamente y siguieron lanzándose ataques el uno al otro.
Dederian parecía muy furioso y apenas dejaba tiempo a su rival de responder a sus acometidas. El combate se alargó varios minutos mientras Seifer parecía perder cada vez más terreno.
En un golpe fortuito éste perdió el arma y Dederian le golpeó en la cara haciéndole caer al suelo, alzó las espadas con una expresión de odio en la cara, y una fuerte explosión le hizo salir despedido al centro de la habitación. Edea había intervenido en el combate.
Dederian se levantó velozmente y se lanzó contra la bruja dando un gran salto hacia la plataforma, pero una nueva explosión más fuerte le hizo caer de nuevo.
Ahora parecía malherido, intentó levantarse, pero el cuerpo parecía no responderle y cayó desmayado.
Hasta el momento había permanecido quieta y agotada, sin saber que hacer. Pero al ver al despiadado guerrero de gris recoger su arma y acercarse a él, le lancé un hechizo piro con la fuerza que me quedaba. Cayó de espaldas al suelo entre humo.
Entonces la bruja se giró hacia mí.
- Te has delatado tú misma, bruja.
Seguí sin comprender porqué creía que era una bruja y porqué insistía tanto.
- Te digo que no lo soy. Utilizo G.F's. –Nunca había hecho magia antes de tenerlos, obviamente ella estaba confundida.
- ¿Estás segura? – La comisura de la boca de Edea Kramer se alzó un poco.
- Claro que sí, los enlacé cuando… - Dudé. No recordaba cuando lo había hecho.
Un escalofrío recorrió toda mi espalda. Metí la mano en la bolsa donde guardaba normalmente los cristales de enlace y oí un tintineo.
Saqué la mano, cerrada y me quedé mirándola. La abrí. Dos relucientes gemas brillaban en mi mano, una roja y otra plateada.
Me quedé completamente en blanco mirándolas. Alcé la vista y vi la palma de la mano de la bruja otra vez.
Fin del capítulo XIV
Quiero recordar que podéis seguir dejando reviews pero que los contestaré en el foro que hay abierto de Almas de SeeD donde, además, encontrareis información, curiosidades y podremos charlar sobre FF.
A todos los que leyeron esto:
Un saludo y gracias.
Dederian
Próximo capítulo:
Capítulo XV: Decisión
¡Amy, Amy!... Tengo que volver.
