Se acerca el final...


Capítulo XVI:

Melcino


El trayecto hasta Melcino fue tranquilo, llegamos en unos cuatro días, y gracias a la autonomía del furgón SeeD no nos hizo falta repostar en ningún momento hasta que llegamos.

El pueblo era bastante pequeño y se encontraba en los bosques de Timber. Básicamente era autosuficiente y, tiempo atrás, cuando permanecía aislado del resto del mundo, el dinero había sido inútil. Cada uno hacía lo que mejor se le daba y compartía con los demás el fruto de su esfuerzo para que todos pudiesen vivir bien, antes de la llegada del capitalismo, en Melcino no existía el egoísmo.

Por suerte, el pueblo no se había dejado corromper del todo. Todas las personas que vivían allí disponían de todo lo necesario para vivir en condiciones y lo que se sacaba de los excedentes de producción era destinado a mejorar el pueblo, como el televisor gigante del ayuntamiento; o para sufragar algunos gastos concretos, como una parte importante de mi carrera o la cuota de acceso a las pruebas del jardín de Balam de Dederian.

Nuestra entrada al pueblo creó mucha expectación, apenas entraban vehículos y la mayoría no eran, ni de cerca, tan grandes. Era Gaetano quien conducía, yo le guiaba desde el asiento del copiloto y Dederian permanecía en silencio atrás.

Mientras avanzábamos hacia el ayuntamiento y la gente se asomaba, me di cuenta que hacía un año que no volvía a casa, justo antes de caer en la cuenta de que Dederian no había vuelto desde que se fue al jardín, y de eso hacía más de cinco años.

Cuando Dederian y Langdon bajaron delante de mí la gente dio un paso atrás, asustada. Al verlo reí para mis adentros, dos hombres tan altos y serios bajando de un gran furgón armados, asustaba al más pintado, y más en un pueblo pacífico.

Pero la gente no se tranquilizó al verme, debía de tener un aspecto muy diferente al que lucía en mi última visita ya que la única persona que me reconoció fue mi madre, que salió entre la gente y me dio un fuerte abrazo, tras lo cual miró a Dederian sonrió y le acarició la cara.

Entonces todo el mundo comenzó a caer en la cuenta de quien era yo, e incluso me pareció que algunos reconocían a Dederian.

Sin dar tiempo a las preguntas, mi madre nos llevó hasta casa y nos invitó a tomar un té.

Allí le presenté a Langdon y, mientras disfrutábamos del sabor del té que había preparado, le expliqué todo lo que había vivido desde mi última visita y lo que me había llevado de vuelta a casa, lo cual pensé que sería una gran sorpresa para ella, pero la única reacción que salió de ella tras la noticia fue una mirada seria, perdida en el fondo de la taza de té.

Obviamente no era la reacción que esperaba pero, seguramente, sí la respuesta que buscaba.

Los tres mirábamos a mi madre esperando que tomase la iniciativa en la conversación. Ella dejó la taza en el platillo y se frotó las manos intentando conservar el calor que desprendía. Se levantó y caminó hasta la ventana quedándose parada delante mirando a través de ella.

- Tú difunto padre ya advirtió que sólo traerían problemas al pueblo, pero nadie más supo ver más allá de las buenas palabras de aquellas dos mujeres. Las palabras de tú padre sólo se entendieron aquel triste día. – Mi madre miró primero a Dederian y después a mí con tristeza.- Por desgracia nuestra ingenuidad la pagamos muy caro entonces, y aún hoy no dejamos de recibir las consecuencias de aquel error.

Supongo que para él ya había sido suficientemente duro volver al pueblo como para poder aguantar sin derrumbarse el rumbo que estaba siguiendo la conversación. Dederian se levantó y con un casi inaudible "Perdonad" salió de la casa.

Mi madre siguió con la mirada a Dederian hasta que la puerta se cerró tras él.

En la habitación se hizo un pesado silencio durante unos segundos.

- Sé que fue un duro golpe para él. – comenzó mi madre. – pero debería haber aprendido a sobreponerse, todos perdimos a gente aquel día.

- ¡Mamá! – grité ofendida. - ¡Tenía ocho años!

- ¡Tú también tenías ocho años!

- No se puede comparar, él se quedó solo.

Mi madre calló un momento y cuando estaba a punto de replicar, Gaetano se le adelantó.

-Perdonad que os interrumpa, pero si no es mucha molestia me gustaría saber que pasó exactamente.

- Oh, claro. – contestó ella. Y se acercó de nuevo a la mesita, sentándose y cogiendo la taza.

-Hace diez años hubo un gran incidente en el pueblo. Sin motivo aparente una gran cantidad de monstruos liderados por un Arqueosaurio atacaron el pueblo. Provocaron varios graves incendios y mataron a mucha gente, entre ellos el padre de Amanda y los padres de Dederian.- Dio un pequeño sorbo de té.- Nunca se supo que les impulsó a hacerlo, pero algunos sosteníamos que había sido provocado por la presencia de dos extrañas mujeres que pocos días antes habían llegado al pueblo. Mi marido, desde que las vio, dijo que eran brujas, pero no le creí hasta después de aquello. Siempre habíamos vivido en el bosque y los monstruos jamás se habían comportado de una manera tan agresiva. Por desgracia, que una de ellas muriera en el incidente restó credibilidad a la acusación. Pero la otra mujer todavía vive en el pueblo y sigo creyendo que es una bruja.

Cuando mi madre dijo eso, me vinieron a la cabeza algunas de las palabras de la bruja Edea y entonces encontré la respuesta.

Miré a Langdon, que también había estado presente cuando Edea explicó su historia, y también parecía haber comprendido. Pero ninguno de los dos dijo nada al respecto.

- Por suerte – continuó mi madre. – un chico muy apuesto nos ayudó a ahuyentar a los monstruos e incluso a reconstruir el pueblo. Ella le cogió mucho cariño ¿verdad, cielo?

- ¿Eh? Ah, sí, sí.- De hecho no lee estaba prestando atención, pero siempre que salía a relucir mi héroe no podía contenerme. – De hecho, -sonreí- fue el motivo por el que decidí hacerme periodista. Era un hombre de pelo largo y negro, acompañado por otro hombre delgado de tez morena y el pelo recogido en una trenza. Se llamaba Laguna Loire y, mientras estuvo en el pueblo, me explicó que viajaba por el mundo escribiendo artículos para el Timber Maniacs. Pero bueno, esto no viene a cuento y me estoy muriendo de hambre. ¿Preparamos algo para comer, mamá?

En realidad la idea era no volver al tema anterior y tener un poco de tiempo para pensar.

Langdon se ofreció a ayudarnos y preparamos algo de arroz y ternera; Dederian no apareció.

El próximo paso era visitar a la bruja que quedaba en el pueblo y ver que nos podía contar, pero no hizo falta ir a buscarla, ya que se presentó en casa antes de comer y no parecía muy contenta.

Era una mujer algo mayor, parecía tener sesenta o setenta años, pero era alta y con aspecto de orgullosa.

-¡No deberíais haber venido, maldita sea¡Sabía que al final traeríais problemas! – Parecía muy alterada.- ¿¡Porqué no ponéis un cartel gigante que ponga ¡Eh¡Estamos aquí¡Venid a matarnos!!?

- ¡Oiga señora! – Le interrumpió Langdon tajantemente. – Que estemos aquí ya no tiene solución, así que ¿Por qué no se calma y nos explica de qué está hablando?

La mujer le lanzó una mirada furibunda y se sentó en un sillón como si estuviese en su casa.

- Está bien. – Dijo arrogantemente. – Pero esto puede llevarnos un rato, así que ¿por qué no traéis un té?

Aquella mujer no me cayó bien, y estaba apunto de enviarla a hacer gárgaras cuando mi madre me mandó callar con un gesto y se fue a preparar el té. Una vez servido la mujer cogió una taza, la remenó un poco y dio un sorbo.

- Excelente.- Dijo. – Bien, lo primero de todo son las presentaciones. Mi nombre es Anatema y soy la última bruja que queda viva del exilio de Xian. Supongo que no sabéis de que hablo porque fue una operación secreta llevada por Esthar poco tiempo después de la caída de Adel. La mayoría de los implicados creyeron que se llevaba a cabo simplemente para evitar que nos lincharan las masas de gente que, tras estar bajo el yugo de Adel, querían acabar con todas las brujas para evitar futuras amenazas, pero ese no fue el verdadero motivo. – Dio un nuevo sorbo mientras parecía sospesar cuales debían ser sus siguientes palabras. – Pero creo que antes de nada, para que lo entendáis, debería de contaros algunos datos de la gente de la que se rodeó Adel.

- Adel, cuando se hizo con el control de Esthar, sabía que, aunque era una bruja muy poderosa, su posición se vería amenazada si en algún otro lugar otra bruja conseguía amasar suficiente poder. Así que, obsesionada por esa idea, se hizo con los servicios de los más grandes genios de Esthar entre los que destacaban dos: los profesores Odine y Agnus Freight. Rápidamente sus ideas y cualidades hicieron que ambos obtuvieron carta blanca a la hora de llevar a cabo sus experimentos. Odine se dedicó a estudiar la esencia real de la magia y de que manera recrearla; mientas Agnus se dedicó a estudiar cómo se llevaba a cabo el traspaso de poderes de una bruja a otra y de qué manera se podía llegar a controlar. Para llevar a cabo sus estudios ambos necesitaron una cantidad ingente de brujas, la mayoría de ellas pequeñas niñas con poderes menores. Pero, mientras Odine se limitaba a analizar y observar la biología y la manera en que las brujas usaban sus poderes, los experimentos de Agnus Freight iban más allá y, a cada nueva teoría que desarrollaba, decenas y decenas de brujas morían en operaciones en las que se les injertaban objetos para absorber sus poderes y que no solían funcionar o, simplemente, para que pudiera analizar la manera "natural" de traspaso de poderes. Por eso, cuando Adel cayó, Odine fue juzgado con indulgencia y rápidamente se cambió de bando, en cambio, a Agnus le juzgaron como al monstruo que era. Pero en una hábil maniobra, éste consiguió escapar de los guardias y, tras hacerse con las enormes cantidades de dinero que había acumulado a lo largo de los años y con algunos de sus experimentos, huyó del país. Se creyó que se ocultaría en cualquier pueblo alejado y se dedicaría a pasar el resto de su vida con lujos y comodidades, pero no fue así.

- No tardó en reaparecer con un pequeño ejército de mercenarios y monstruos, formando una organización llamada "El Renacimiento de Xian" y dedicándose a capturar de nuevo a las brujas que habían sido devueltas a sus hogares. Daba igual la protección que se les destinase, siempre acababa capturándolas. Entonces, el presidente de Esthar hizo ir a buscar a las que todavía no habían sido capturadas, yo era una de ellas, junto a Himyeda Fericit. Se nos explicó cual era la situación y se nos dio a elegir: volver a nuestras casas esperando que no nos encontrasen, o adoptar nuevas identidades y escondernos, con la ayuda y protección de Esthar, en diferentes partes del mundo. A Himyeda y a mi no nos esperaban con los brazos abiertos en nuestros pueblos y decidimos acogernos a la protección que nos brindaba Esthar, aunque ello conllevara vivir escondidas toda la vida. Al principio nos enviaban de pueblo en pueblo y de ciudad en ciudad mientras recibíamos noticias de las cada vez más numerosas capturas de Agnus Freight. Estaban seguros que había un infiltrado que les pasaba información y nos delataba pero no conseguían dar con él.

- Así pasaron los años y, entre las brujas capturadas y las que dejaron la protección de Esthar, cada vez había menos brujas en la lista del exilio de Xian y vivíamos con más miedo. Pero, hace algo más de diez años, dieron por fin con el traidor y nos cambiaron de destino por última vez: Himyeda y yo vinimos a parar aquí y sólo quedábamos seis brujas del exilio. Creímos que por fin viviríamos tranquilas y nos relajamos, por desgracia, nadie tuvo en cuenta que Agnus Freight era un genio y un gran conocedor de todo aquello que rodeaba a las brujas y encontró otra manera de localizarnos.

- Todo lo que haría una persona corriente con normalidad, cuando lo hace una bruja, se transforma en algo mágico, poderoso e incluso peligroso; y Agnus Freight sabía bien cual era la magia más poderosa que hacen las brujas. Cuando una bruja comienza a estrechar lazos con otra persona, crea un vínculo mágico con ella. Conforme la relación se hace más intensa, el vínculo crece y crece y, al llegar al punto en que cualquiera de los dos daría su vida por el otro, el lazo llega a su máxima potencia. A la persona con la que la bruja ha creado ese lazo se le llama "el caballero de la bruja". Desgraciadamente, no había forma de saber que Agnus Freight había conseguido crear una máquina que podía detectar ese vínculo mágico.

- De hecho, antes os he dicho que ni a Himyeda ni a mi nos esperaba nadie en nuestros pueblos, no es cierto, aunque entonces yo no lo sabía. A Himyeda la habían capturado a los 23 años separándola de su gran amor. Cuando fuimos liberadas, obviamente, ella no tenía ningún objeto propio que llevase consigo, pero cuando volvió a Esthar, llevaba siempre consigo un alargado y pesado paquete envuelto en tela. Al llegar a aquí nos instalamos con normalidad, pero a los pocos días llegó el mercado de la ciudad de Timber y con él llegó nuestra desgracia. Su amor, llamado Ronald, era un herrero que vendía herramientas de todo tipo, desde martillos hasta guadañas, y que se había mudado a Timber tras la desaparición de Himyeda. Entonces ella me confesó que el paquete que siempre cargaba, eran dos elegantes espadas, adornadas con gemas cerca del mango, que Ronald había forjado tras su captura. Las creó para rescatarla pero, tras una larga búsqueda infructuosa, las dejó en su casa por si volvía alguna vez y desapareció. Cuando ella regresó y le explicaron la historia, pensando que había muerto, lloró amargamente sobre ellas, y siendo su último recuerdo de él las llevó consigo siempre. El reencuentro fue emocionante pero el lazo que los unía era suficientemente fuerte como para que Agnus lo captara.


Fin del capítulo XVI


A los que leyeron esto:

Os recuerdo que hay un foro abierto sobre Almas de SeeD donde colgré las respuestas a los RR y donde encontrareis algo de material y curiosidades sobre este fic.

Tambien hay una zona para comentar otros fics de FF que os hayan gustado y querais compartir con los demás.

Nos vemos allí ;)

Un saludo a todos y gracias.

Dederian


Próximo capítulo:

Capítulo XVII:La verdad en las sombras

-"Prepárate para luchar... no vamos a poder huir."