Capítulo Intermedio IX:
Pesadillas
By Dederian
Desde que había visto a Amanda en Galbadia sabía que acabaría en Melcino de nuevo. No era un presentimiento o una sospecha, era certeza. La certeza de saber que algo iba a pasar.
Hasta hacía unos pocos días no había hecho caso a esa idea de mi cabeza, pero cuando Amanda me dijo que era una bruja la idea comenzó a hacerse oír, tal como lo hacen las ideas, no dejándote dormir. Y aquella misma noche, que pasé en vela, Amanda me confirmó lo que sabía. La idea me dijo mentalmente: "¿Ves? Te lo había dicho."
Desde entonces había comenzado a prepararme, dándole vueltas en la cabeza al asunto. Hacía años que no volvía y sabía que iba a ser muy duro, pero no esperaba que la madre de Amanda sacara el tema tan rápido, así que hice lo único que se me ocurrió: irme.
Sin darme cuenta dirigí mis pasos hacía el cementerio de Melcino.
El cementerio estaba bastante alejado del pueblo, adrentándose bastante en el bosque. Se debía recorrer la mayor parte del trayecto en una cuesta algo pronunciada, rodeado de altos árboles antes e poder llegar a él. Estaba situado en una explanada que seguramente habían creado tiempo atrás, rodeado de una valla de manera algo deteriorada y, claro, llena de lápidas.
Me acerqué lentamente hacia la tumba de mis padres y la toqué con una mano.
- Hola. – Dije. – Siento no haberos venido antes, he estado persiguiendo un sueño ¿sabéis?... Bueno, más bien huyendo de él. De una pesadilla, para ser exactos. He hecho lo que creía que tenía que hacer. Me entrenado duro para entrar a formar parte la élite de los guerreros. Me he hecho fuerte. De los más fuertes del mundo ¿no? Los SeeDs son los mejores y yo formo parte de ellos. ¿Pero entonces, porqué no desaparece mi pesadilla¿Por qué sigo sintiendo esa opresión en el corazón cada vez que me separo de los que quiero¿Por qué me sigo sintiendo débil? Sé que estoy al límite de mis habilidades, incluso con la ayuda de G.F's, y aún así, siento que no es suficiente…
Abatido, me dejé caer cerca de la losa y apoyé mi espalda contra ella, levantando la vista al cielo.
- Os echo de menos… Padre… cuantas veces he necesitado tu apoyo y tus consejos… Madre… cuantas veces he necesitado tu amor y calor…
Mientras hablaba se me hizo un nudo en la garganta, cerré los ojos y una lágrima rodó por mi mejilla. Cerré los puños con fuerza y agaché la cabeza, y con un gemido rompí a llorar, hundiéndome una vez más, en un pozo negro.
Al momento siguiente corría a toda velocidad, en la oscuridad, entre árboles. Hacía rato que había perdido de vista a papá y estaba asustado, no quería quedarme a solas en el bosque como me había dicho y había salido tras él, pero no se había dado cuenta y me había dejado atrás.
Ahora lo único que podía hacer era correr montaña abajo, pero las ramas me azotaban la cara y no me dejaban ver, con lo que tropecé varias veces con raíces y piedras, cayéndome al suelo rodando.
Tras correr un buen rato el terreno perdió toda la inclinación y la arboleda terminó abruptamente, precipitándome ante el pueblo.
Hasta un momento antes de verlo, temía no llegar nunca al pueblo; pero cuando vi como todo ardía y oí los gritos mi miedo se multiplicó por mil.
Desesperado busqué con la vista a alguien y vi salir de una calle alejada al viejo Albert, un granjero cascarrabias que siempre nos ahuyentaba cuando pasábamos por su campo y que no me caía bien; pero en aquel momento me alegré de verle y arranqué a correr hacia él. Pero de repente un Seisojos apareció tras él y le saltó encima y tirándole al suelo.
Grité y salí corriendo hacia el pueblo.
Todo ardía a mí alrededor mientras corría, el humo me irritaba los ojos y los gritos de terror y el crepitar de las llamas me embotaban la mente.
De pronto llegó a la plaza del pueblo y le vi. Un inmenso Dragón rojo parado en medio, mirando fijamente a Amanda. Estaba a punto de atacarla y yo no podía hacer nada.
Entonces, mi pie chocó con algo. Bajé la vista y vi una espada con el fuego reflejado en su filo.
Sin pensarlo la cogí por el mango con las dos manos. Durante un segundo me vi reflejado en la gema roja que había sobre su empuñadura, y comencé a correr hacia el dragón gritando.
- ¡Amy!
Me desperté de golpe, sobresaltado. La cicatriz me dio un latigazo de dolor que hizo que soltara un gruñido, siempre igual.
Seguía en el cementerio, tirado junto a las lápidas de mis padres. Me levanté con el cuerpo entumecido y miré a mí alrededor. Habían pasado varias horas y había oscurecido.
De repente una gran sombra tapó la luz de la luna, haciéndome levantar la vista. Eran un montón de nubes negras que se desplazaban a toda velocidad hacia el pueblo… y contra el viento.
Alarmado, miré hacia el punto donde comenzaba a arremolinarse. Humo. Del pueblo salía una nube de humo que iba creciendo.
Un destello proveniente del remolino de nubes me cegó por un momento. Cuando recuperé la visión vi un remolino de aire bajando a toda velocidad hacia el pueblo.
- Gryphus…. – Dije pensando en voz alta. - ¡Amanda!
Salí disparado hacia el pueblo, maldiciéndome por haberme quedado dormido. Si había invocado a Gryphus quería decir que la estaban atacando y que, pese a que estaba con Gaetano, el peligro era grave. "Tal vez de muerte."- pensé. Aquello me hizo correr más.
El camino daba un rodeo muy grande para evitar la pendiente de la montaña, así que tuve que lanzarme bosque a través para ganar tiempo.
Las ramas y arbusto me azotaban y arañaban al pasar. De pronto vi una raíz en mi camino y la salté; la espalda me dio otro golpe de dolor aún más fuerte que el anterior y noté como el pecho me ardía por un momento. El recuerdo que despertó en mí el dolor me espoleó.
Corría y corría pero no llegaba nunca. Cada poco lanzaba una mirada furtiva al cielo: las nubes negras se habían dispersado hacía rato, pero una columna de humo cada vez más grande se iba acumulando, creciendo más y más, hasta que ocupó todo el cielo.
Tal vez habían pasado diez minutos desde que saliera del cementerio cuando comenzó a subir la temperatura y el bajo del humo se volvió rojo.
Durante la carera me había estado concienciando, pero cuando llegué al pueblo no pude evitar que mi mente se desbocara. El infierno de hacía diez años parecía que haber vuelto de entre mis pesadillas y un torrente de amargos recuerdos y pensamientos me inundaron.
Tuve que hacer acopio de toda mi fuerza de voluntad para poder sobreponerme y tomar de nuevo el control. "Todos estos años te has estado preparando para esto."- me dije. – "Puedes hacerlo."
Respirando hondo bajé mi mano derecha hasta la empuñadura de una de mis espadas y la desenfundé, sujetándola frente a mí. Miré su reluciente hoja, perfectamente limpia y afilada, y la acaricié, pasando el dedo desde la punta hacia abajo, hasta que llegué a la gema roja que la adornaba. La rodeé suavemente con el dedo y cerré los ojos. Me concentré en ella y, ayudándome de Shiva, le enlacé la magia agua.
Abrí los ojos de nuevo y comencé a pensar. Lo primero era encontrar a Amanda, y rápido. El creciente fuego hacía irreconocibles los edificios y el humo no me permitía usar el cielo como guía.
- ¡Maldición! – Dije en voz alta. Perdido entre las llamas no le serviría de nada a nadie.
De pronto un fuerte viento se levantó desde el pueblo, obligándome a protegerme la cara. Pero lo extraño de aquel viento era que estaba frío.
Sonó un potente graznido y de entre la nube de humo apareció una grácil forma que se posó junto a mí.
- ¡Dederian Sowblack¡Dolor¡Peligro¡La bruja!
La voz del G.F. Gryphus me resonaba por toda la cabeza a todo volumen.
- ¡Llévame a ella! – Le grité sin pensarlo.
Gryphus se agachó ante mí permitiéndome subir a su lomo y adentrándose en el pueblo corriendo
- ¡Llegaremos antes si vuelas! – Le grité, agarrado a las plumas de su cuello.
- ¡Con el humo no veo! - Me contestó con un graznido. - ¡Iremos corriendo!
- ¿Qué ha pasado¿Cómo puede ser que tú…?
- No lo se. – Me dijo interrumpiéndome. – Estaba siendo invocado y estaba a punto de alcanzar el objetivo cuando he sentido un profundo dolor en el pecho. Eso me ha confundido y me he estrellado contra un edificio. Las llamas han comenzado a dispersarse y he sobrevolado el pueblo, esperando encontrar su mente, y entonces te he encontrado a ti.
Las casas y construcciones pasaban a toda velocidad a nuestro alrededor mientras me lo explicaba. De repente se paró ante un edificio bastante grande que ardía.
- Detrás. No podemos pasar por otro lado. Agárrate fuerte.
Sin darme tiempo se lanzó como una exhalación sobre la pared de madera del edificio, atravesándola y haciendo saltar cientos de astillas. De otro salto se plantó ante el otro extremo de la habitación y atravesó nuevamente el muro, saliendo al exterior.
Unos metros más allá de donde habíamos salido, vi a Amanda tirada en el suelo. Temiendo lo peor, salté de Gryphus y corrí hacia ella. Sentía que el corazón se me iba a salir por la boca.
Estaba inmóvil, completamente blanca, pero respiraba levemente. Saqué una cola de fénix y se la hice tomar, pero no reaccionó. La sacudí, rogándole que se despertara, pero tampoco conseguí nada. Gryphus se acercó y la tocó suavemente con el pico.
- Voy a intentar algo. – me dijo. Y acto seguido desapareció en varios haces de luz que entraron en ella.
De pronto oí pasos tras de mí y me giré. La madre de Amanda, seguida por una mujer que me resultaba conocida. Su madre se acercó rápidamente y se tiró al suelo junto a mí.
- ¡Hija mía! – Sollozó. - ¿Qué le pasa?- La pregunta no iba dirigida a mí.
La mujer que la acompañaba se acercó más y la pude ver bien. No parecía demasiado mayor, pelo moreno, recogido. Sus ojos eran castaños, pero había algo raro en ellos, parecían extrañamente más viejos de lo que les correspondía. Se agachó junto a Amanda y le tocó la frente. Inmediatamente se giró hacía mí.
- Se recuperará, pero no le servirá de nada si se la llevan.
- ¿Quién dem…?
- Calla. – Dijo tajantemente. – Ha quedado así de agotada al evitar que le robaran su poder. Ahora, si lo quieren, tendrán que llevársela a ella. Y parece que su otro defensor está en apuros.
Señaló al fondo de la calle y vi como Gaetano, luchando con su inconfundible estilo, se enfrentaba a alguien con una espada muy ancha. El problema era que Langdon sólo paraba los golpes que le lanzaba.
Espada en mano corrí hacía ellos, pero a medio camino un edificio en llamas tembló y se derrumbó frente a mí, bloqueándome el paso.
Desde allí vi como a Gaetano le falló la pierna mala al bloquear un ataque especialmente fuerte y su contrincante le propinó una patada que lo lanzó hacía atrás.
Desenfundé la pistola y le disparé. Con un gesto que pareció natural, lo esquivó. Se giró hacía mí y entonces le pude ver bien la cara.
- ¡Tú!
Era Luca, el hombre que me había ayudado en Timber y en Fisherman's Horizon.
De pronto Langdon se levantó de un salto y le embistió con su espada, pero él lo esquivó y le arrebató el arma en un solo movimiento. Le sujetó por la cabeza y se giró un segundo hacía mí, sonriendo malévolamente. Y le atravesó.
Los ojos de Gaetano se abrieron de par en par y abrió la boca pero sin producir ningún sonido. Después cayó al suelo.
- ¡Nooo! – Aullé, saltando sobre los escombros que me barraban el paso y le ataqué, pero me bloqueó con su espada.
-¿¡Porqué!? – Le grité, forcejeando con él, aunque no parecía estar esforzándose.
- Se interpuso en mi camino. – Ayudándose del cuerpo me apartó.
Inmediatamente volví a la carga, lanzándole golpes pero siempre los paraba con facilidad.
Con un rápido movimiento de muñeca me lanzó su primer ataque, rompiéndome la defensa y haciéndome caer de espaldas.
Jadeando intenté ponerme de pie, pero me apuntó al pecho con su espada, impidiéndome hacerlo.
- ¿Por qué me ayudaste? – Fue lo único que se me ocurrió. Él sonrió de nuevo.
- Cuando te vi en Timber reconocí tus espadas, y me sorprendió que nos volviéramos a encontrar.
- ¿Volvernos a encontrar? - ¿Qué quería decir? Su sonrisa se ensanchó más aún.
- ¿No me recuerdas? Yo me acuerdo de ti porque has sido él único que ha hecho que no alcanzara mi objetivo. Pensaba que, cuando te la hice, esa cicatriz dejaría grabada mi cara en tu mente.
Algo encajó entonces en mi cabeza.
Corría hacia el dragón, pero él no se inmutó. Al golpear su dura piel, la espada y yo salimos despedidos hacia atrás, acabando en el suelo.
Aquel hombre de la capa y la ancha espada me miró con gesto serio, luego se giró y miró a Amanda.
- Ven aquí, niña, y nadie más sufrirá daños.
- ¡No la toques! – Le grité.
Cogí de nuevo la espada y me lancé contra él. Sin inmutarse me paró con el filo de su arma. Una gran sonrisa despectiva se dibujó en su cara y, acto seguido se apartó de golpe, haciéndome caer hacia delante.
Sentí un fortísimo dolor en la espalda y todo se volvió blanco, cayendo inconsciente.
Agarré con toda mi fuerza las espadas y de un rápido golpe aparté la suya. Impulsándome con las piernas me levanté girando sobre mi mismo e intenté cortarle.
Una fina obertura se dibujó sobre su ropa a la altura del pecho y una línea roja apareció.
Luca soltó un gruñido de rabia y me lanzó un potente sablazo que apenas pude contener.
"¡No!"
De nuevo cargó contra mí, lanzándome un golpe diagonal que hizo fallar mi muñeca derecha, perdiendo una espada.
"¿De dónde saca tanta fuerza?"
Aprovechando mi desfallecimiento, me propinó un fuerte puñetazo en la cara y tuve que rodar por el suelo para que no me partiese con un nuevo ataque de su espada.
"No voy a poder"
Intenté lanzarle una estocada pero al bloquearme estuve apunto de perder la otra arma.
"Lo siento."
El siguiente golpe que me lanzó hizo que flaquearan mis fuerzas y que él pudiera darme un rodillazo en el estómago.
Me retorcí de dolor, retrocediendo, y no vi venir el ataque.
Salí despedido hacia atrás, perdiendo la espada, y, dando una vuelta en el aire, caí de boca al suelo. Me incorporé sobre las rodillas, pero me encogí cuando noté un fuerte dolor en el abdomen, noté como la sangre me subía por la garganta y me hacia toser.
Sentí los pasos de Luca acercándose a mí. Desenfundé la pistola y le apunté, pero salió despedida de una patada.
Levanté la vista y volví a verle sonreír, riéndose de mí. Le lancé una mirada de odio.
Su sonrisa desapareció y alzó la espada para darme el golpe de gracia.
- Muere. – Dijo impasible.
Sentí como las fuerzas me abandonaban y… desapareció. Él ya no estaba allí.
Oí un gemido y me giré para ver a Amanda de pie, tambaleándose y cayendo al suelo.
La mujer de antes estaba tras ella y la sujetó.
- Está completamente agotada, ahora duerme.
Después de decirlo su mirada se desvió a algo que había a mí izquierda. Langdon Gaetano estaba tirado boca abajo en el suelo.
Me acerqué como pude hasta él y le di la vuelta.
Comenzó a llover.
Tenía los ojos cerrados, su pecho no se movía.
- ¡Lázaro! – Nada pasó.
- ¡Lázaro!- Nada. - ¡¡LÁZARO!!
- ¡Basta! – La mujer se había acercado hasta a mí. – Ya no puedes ayudarle.
Fin del Capítulo Intermedio IX
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Epílogo
