Capitulo 2: El inicio de la tormenta
Sí, se había comprado un celular por kirino más o menos hace dos meses. Su amigo le había insistido tanto al punto de prácticamente llevarlo a la tienda y obligarlo a que lo comprara. El no era materialista o una persona que por el hecho de ser millonario anduviera gastando como un niño mimado el dinero en cosas a su parecer "inútiles" como un celular. Pero claro que no tuvo más opciones que ir a una tienda para adquirir uno de esos aparatitos en contra de su voluntad.
Pero ahora se cuestionaba si había hecho bien o mal en hacerlo. Admitía que era útil, vaya que sí le ahorraba mucho tiempo en ciertas circunstancias o problemas que surgían sin previo aviso, pero no podía negar tampoco que era un arma de doble filo. No, jamás se molestó por que kirino le llamase, todo lo contrario era su mejor amigo y le encantaba ayudarlo en lo que podía pero había adquirido la costumbre de hacerlo a cualquier hora, cualquier día de la semana. Y eso a veces era un poco cansado, no solo física sino mentalmente.
— ¿Shindou?...lamento interrumpirte pero, no puedo dormir– Shindou ante la llamada solo logro contestar algo a media lengua, todavía estaba dormido y no el era fácil hablar. Se frotó los párpados y consultó en seguida:
— ¿Qué sucede Ranmaru? es muy noche–Le resoplo el pianista con voz tranquilo reincorporándose en la cama y prendiendo la lámpara de mesa que tenía a su lado.
— ¿Cómo haces para conciliar el sueño?–Cuestiono el pelirosa al otro lado de la línea con la voz delgada y algo perdida.
—Cierro los ojos, Kirino…relájate—respondió entre bostezos de nuevo entre bostezos.
Desde que Shindou se había dado cuenta de los sentimientos de Kirino hacia Tsurugi, Shindou se había convertido en su confidente, A veces simplemente sentía que kirino se olvidaba que él no era, no era una chica, el no sabía cómo éstas entendían el amor y todas esas cuestiones tan intrincadas…no podía hacerse la idea de que su mejor amigo confiara en él para hablar de esos temas en lugar de Aoi o cualquier otra chica del equipo. Pero era bueno para escuchar y para dar consejos. Kirino encontro en él un paño de lágrimas cuando las situaciones no salían según lo esperado, era su paño de lagrimas como el propio kirino lo había sido en su tiempo con papeles invertidos el no podía negarse en nada, por su amistad era mucho más que eso. Pero tal vez lo que más le dolía al pelirosa era el hecho de que Tsurugi no se daba cuenta de nada—como era habitual en él—, y terminaba lastimando a su amigo sin verdaderas intenciones de hacerlo.
Y ahora, ahí estaba de nuevo escuchándolo sin darse cuenta de cómo terminaron hablando de Tsurugi y ahora kirino llorisqueaba al teléfono, a su forma de ver era una situación completamente difícil de lidiar.
Después de aquello se vio forzado a escabullirse de su casa, no era la primera vez que se despertaba en plena madrugada, se vestía y salía rumbo a la mansión del pelirosa, sabía que aunque kirino intentara hacerse fuerte frente a todos, dando siempre palabras de aliento, apoyando incondicionalmente al equipo, aunque disimulase y se mostrase como una chico sereno y centrado. Había visto sufrir a muchos, entre ellos a sus compañeros, a Tsurugi e inclusive a él. Y aun así había sabido digerir todo con madurez tomando en cuenta que él había pasado por muchos problemas con kariya llegando al punto de haberse quedado en la banca, se había logrado recuperar. Había sabido soportar todo con valentía y nunca quebrarse en todo el transcurso del Holy Road.
Pero la verdad era que era humano. Que toda esa opresión en su pecho había llegado a un punto en que no podía retenerla más…
Al llegar y tocar el timbre en seguida sintió un peso extra arrojarse a sus brazos, se arrojó hecho un mar de lágrimas y con el corazón en la mano. Shindou lo consoló palmeando la espalda como si de un animalito se tratase. La llevo a su habitación y lo sentó en su cama, dio una llamada en su celular rápidamente avisando que se quedaría en casa de Ranmaru. Su padre no presto objeción después de todo el estratega tenía más de 6 años quedándose en aquella casa. Cabía decir que la confianza sobraba.
—Lamento hacerte venir a esta hora Shindou —susurró el de ojos azules secándose las lágrimas con sus manos y acompasando su respiración—sé que mañana tenemos escuela y tú te estás desvelando aquí por mis tonterías…
—No te preocupes, está bien kirino estoy aquí tranquilízate– le indico Shindou limpiando varias lagrimas de los ojos del pelirosa y agacharse a su altura, tras su tacto con la piel del defensa este volvía a llorar, esta vez con más serenidad, porque comprendía que su actitud era infantil y estúpida mas no podía evitar actuar de esa manera. ¿Cuando se habían invertidos los papeles? Se suponía que él era el que siempre iba al rescate de Shindou, a secar sus lágrimas pero ahora el pianista era el que siempre acababa yendo a su rescate ¿Qué había pasado con su fortaleza interior? Claro fue tirada a pedazos por un amor imposible del que era preso. —Será mejor que te acuestes.
—No —Acorto rápidamente el pelirosa incorporándose de su cama.
—Anda trata de descansar—consoló él dorsal 9 amenizando su mirada, solo quería lo mejor para su amigo.
— ¿Tú cómo lo haces Takuto?
— ¿Qué cosa? ¿Para poder dormir? —Shindou tomó aire pensando cuales serian las palabras adecuadas para que el chico lo entendiera pero le era difícil de explicarlo–La verdad no batallo mucho generalmente mis parpados se cierran solos, ahora kirino descansa ¿sí? Me iré a la habitación de huéspedes. –Indico moviendo el flequillo del de ojos azules y besar su frente. Kirino al ver tal acción lo detuvo sosteniéndolo de la muñeca con fuerza.
—No quiero que te vayas Shindou —suplicó el defensa. Takuto sonrió con melancolía.
—Verás que ya lograras conciliar el sueño descansa... el tiempo va ayudar, además no me iré estaré en la habitación de al lado.
—Igual, no me dejes solo, duerme conmigo en mi cama —pidió el dorsal 3 en suave un murmullo. Odiaba depender siempre de alguien, odiaba molestar a Takuto pero era en el único que confiaba y no podía evitar sentirse tan patético como ahora. Shindou sonrió sentándose al lado de la cama mientras su mano se estriaba acariciando la mejilla del chico a su lado, demostrándole que siempre estaría para él.
—No te preocupes, me quedare si eso quieres — indico con voz baja, definitivamente su amigo despertaba una ternura que lo embriagaba, y que especialmente cuando estaba en una crisis era inconmensurable.
El castaño lo recostó en la cama tapándolo hasta el cuello, le dio una última mirada, acaricio su rostro y se decidió acostarse a su lado. Kirino sacó una mano para jalarlo y obligarle a que se acostase a un lado más cerca del. Ante la acción Takuto ahogó una risa cuando Ranmaru se abrazó a él como naufrago al bote, sólo para asegurarse que no se escaparía a mitad de la noche.
Tras pasar las horas el de coletas no dejaba de sollozar, haciendo lo imposible para que no se notase y logrando lo opuesto. Shindou podía sentir la humedad en la mano que le acariciaba la mejilla. Ya no sabía cómo consolarlo, ya no sabía qué hacer para lograr que se sintiera mejor, si tan sólo Tsurugi cooperase un poco y lo olvidara su horrible carácter por un momento para hacerle la vida más sencilla, para hacerlo feliz, para tomarse el tiempo de descubrir la maravillosa persona que era Ranmaru. Pero su indiferencia mataba día a día a su amigo. Claro Shindou sabía que el delantero no lo hacía de forma intencional, el pianista había notado que Tsurugi se mostraba apartados de todos por igual, no había diferencias, pero entendía que a kirino le doliese más que al resto. Por el simple motivo de que lo amaba. No sabía desde cuándo y no le interesaba, solo lo sabía. Y eso le bastaba para estar ahí con su amigo comprendiendo su dolor.
Aunque las opciones para consolarlo se le iban de las manos entre mas pasaba el tiempo: le había acariciado el pelo, tan sedoso y perfumado como solía tenerlo, lo abrazó con fuerza, para hacerle sentir que no estaba solo como él a veces creía. Y le besó delicadamente la frente de la misma forma que solía hacerlo el cuándo el que estaba triste era su persona; pero el siguiente beso no fue fraternal, y para cuando quiso reparar en el detalle ya no había marcha atrás. Fue tan rápido y fugaz que apenas pudo notarlo.
Los besos depositados en los labios del pelirosa fueron suficientes para calmarlo. Eran besos superficiales en cuanto al tacto, pero esenciales para que kirino lograse entender que Tsurugi no era el único humano en la tierra, y que su vida no giraba en torno a él. Que él estaba ahí, siempre estuvo ahí y nunca lo había visto más que como un amigo, después de aquello entre beso y beso se quedaron dormidos cuando la noche comenzaba a clarear, anunciando así que la mañana estaba cerca de llegar.
Despertaron sobresaltados y abrazados la fuerza del sol les daba la pauta de que se habían quedado dormidos para llegar a tiempo a clases. No tenían minutos de más ni para desayunar si querían llegar a tiempo, Odiaban llegar tarde. Kirino intento disculparse, mas Shindou solo atino a abrazarlo de nuevo besar su mejilla y sonreír con calidez, dándole a entender así que llegar tarde era lo que menos le importaba.
No hablaron de lo ocurrido en la noche, de cierta forma sentían que no necesitaban hablar o aclarar nada, porque todo estaba bien por ahora, la tranquilidad que habían sentido ambos había sido única y no querían romperla de ninguna manera.
En esa semana no hubo otros besos, no hubo miradas distintas ni actitudes que podría tener alguien enamorado, como tomar la mano del pretendido o algún acercamiento con otro tipo de intenciones, por que quisieran o no el fantasma de Tsurugi les seguía rodando y más que fantasma era algo tangible y real, porque el ojiambar si bien iba en un grado diferente iba a la misma escuela que ellos y era uno de los pilares del equipo, era parte de la fuerza de Raimon…y eso demostraba cuánto peso tenía él en sus vidas y cuanto los condicionaba.
Shindou se sentía más desorientado que Kageyama en sus primeros días en la cancha, ¿cómo se suponía qué seguiría todo? ¿El plan seguiría su curso? No lo sabía y la mejor manera de averiguarlo era hablarlo directamente con kirino.
—Ranmaru–le había llamado Takuto posando su mano en el hombro al finalizar el entrenamiento del día. – ¿Sigo insistiendo con Tsurugi?–cuestiono un poco nervioso. El Defensa lo miró con asombro. Habían quedado, antes del beso, en que Shindou haría lo imposible para lograr que Tsurugi aceptase pasar tiempo con ellos, aunque fuese en grupo y no a solas como a Kirino habría preferido.
—yo… —Respondió desorientado el dorsal 3. Porque la pregunta era muy general; por supuesto que le interesaba integrar al grupo a Tsurugi, éste se mostraba muy apartado de todos y estar solo no es bueno, menos para la clase de persona que era el ojiambar. Sin embargo lo que Ranmaru no comprendió del todo fue que si Shindou aún pretendía ayudarlo con el delantero de Raimon en su papel de celestino. El de coletas, luego de mucho pensarlo, sonrió de oreja a oreja y acotó—: ¡Claro! —Tsurugi necesitaba de ellos—Eres el único que puede, por que Tenma se la pasa molestándolo y tu eres el segundo con mas contacto con Kyousuke–repuso con una fingida sonrisa, porque en el interior eso lo mataba, pero aun así debía ser fuerte…De nuevo y como siempre.
El pianista seguía sin entender por qué "él". Admitía que Tsurugi tenía reacciones con él. Desde que su hermano se había sometido a cirugía, Kyousuke parecía ser un ente vacío, ya sin vida o sin motivaciones. Parecía más taciturno que de costumbre, ajeno al mundo circundante, salvo cuando Shindou se le acercaba. Entonces todos veían que el delantero volvía a ser el de antes. Quizás porque el estratega sabía qué decirle para hacerle reaccionar, fuese en una discusión o altercado. Una pequeña chispa de vida se veía en los ojos del ojiambar cuando trataba de contraatacar alguna sugerencia del pelicastaño. Acción intencionada, con el único fin de "despertarlo" y traerlo de vuelta.
Y todo eso había comenzando a rendir sus frutos, Tsurugi permanecía más en el grupo, e inclusive tenia mas contacto, ahora llegaba al punto de buscar excusas para pedirle ayuda al Pianista, a tal punto que a éste ya no le extrañaba la idea de que se le apareciese un día rogándole –Entiéndase hablándole más de tres palabras– por un consejo de música. A Takuto al principio le divertía, porque Kyousuke no sabía disimularlo, pero en el último tiempo, y luego del beso con Kirino, ya no le resultaba tan divertido. Recibir las visitas del delantero no era algo planeado, es mas se arrepentía de haberle mostrado su dirección y ¡rayos! maldita sea la vez que lo llevó a su Mansión, ahora tenía su dirección y no se molestaba en aparecerse sin aviso con alguna excusa patética para verlo.
En el fondo le agradaba, desde ya, pero se suponía que él tenía que ayudarla a su mejor amigo abriéndole los ojos a Tsurugi, demostrarle que él lo quería y que podía hacerle feliz, aunque fuese un poco, o mucho. Y aunque la idea había sido acercarse al menor comenzaba a notar que esa cercanía era peligrosa. Demasiada, cuando una media sonrisa de sus labios le movía el piso por completo.
—Tsurugi, deja de buscar siempre una excusa para venir a molestarme ¿quieres? —reclamó el de cabello ondulado, ya harto de todo el teatro, definitivamente debía terminar con esas visitas que le encrespaban hasta la última de sus células.
Pero Tsurugi no era tonto, después de haberle dado tantas vueltas había logrado deducir que al estratega le gustaba. Podía ver en su sus ojos cafés cuánto le deseaba y cuánto le emocionaba verle. Más que nada el tenerlo cerca. Al diablo con la moral, el se sentía tremendamente atraído por el capitán de su equipo.
—si tanto te molesta ¿para qué me abres la puerta? Capitán—Menciono el menor con una tenue sonrisa de diversión y maldad en sus labios. Claro el mayor no podía decir algo como "no sabía quién era" porque su casa tenía un sistema de seguridad enorme.
—Porque tengo educación —dijo de mala manera Shindou alzando una ceja expectante.
—Bueno, está bien, lo admito vengo a molestar —reconoció con un tinte de burla en su voz tan papable que el chico mayor solo le dirigió una mirada fulminante— Mentira… es una excusa pero… admite tú también que te agrada, no lo niegues Takuto.
Tsurugi tenía la razón, escupía la verdad porque de no ser así Shindou le hubiese puesto un freno desde mucho antes.
—A ver Tsurugi—pronunció entre dientes cruzándose de brazos mirándolo fijamente tratando de sonar lo menos perturbado posible, pero el solo hecho de tenerlo cerca lo tensaba en exceso—para que te quede claro: no fantasees con imposibles.
Pero Tsurugi lo veía, en los ojos chocolates del joven, lo mal mentiroso que era. Prefirió demostrarle su punto, cuán equivocado estaban de la mejor manera. Lo acorraló contra la pared y le robó un beso. Uno torpe, desesperado, pero que fue correspondido con creces. Kyousuke sintió su corazón palpitar con ímpetu, lo que había hecho era muy arriesgado pero estaba tan seguro gracias a las miradas del Pianista, que no podía dudar. Y ahora se sentía feliz de comprobar que tenía razón.
Shindou se sentía tan atraído a él cómo el mismo de su persona.
Kyousuke Se separó de él sonriéndole, pero esa sonrisa se borró de un plumazo cuando una Cachetada le hizo voltear la cara.
— ¿Qué le pasa capitán?– indico con falsa sorpresa, sabia o intuía que el mayor reaccionaria a si pero el impuso de preguntar había sido automático.
—Te desubicaste Tsurugi —reclamó Shindou con un dedo en alto y el semblante enfadado.
—Vamos —Sonrió divertido el peliazul— ¡si me correspondiste el beso! ¿A que juegas?
—No es cierto —negar, lo mejor era negar todo hasta las últimas consecuencias aunque Shindou sabía que no serviría de mucho.
— ¡Vamos!… si sentí como tu lengua me auscultaba la laringe.–le volvió a reprochar con el mismo tono de juego, sabía que debía derribar ese barrera que el chico pianista había impuesto.
—Pero qué… —Trato de alegar Shindou mas no supo qué calificativo darle para terminar la frase—qué ordinario eres, Tsurugi —Resoplo nervioso con la sangre fluyendo con fuerza en su cuerpo y posándose en sus mejillas, incrédulo. ¿Cómo el pelimorado podía ser tan…tan corriente?
— ¿Estas bromando no?–rio divertido el menor sin poder creer el rostro que dibuja el chico en su facciones.
—Para nada… y vete de mi casa ¡ahora! —señaló Takuto con el brazo extendido hacia la salida agachando la mirada para no verlo a los ojos.
—Está bien, yo me voy —aceptó con calma posando sus manos en sus bolsillos, mas al dar dos pasos volteo su rostro mirándolo antes de seguir su camino—pero si tú reconoces que te pasa lo mismo que a mí.
—No sé qué te pasa a ti, Tsurugi. Intuyo que enloqueciste de golpe o…
—Te gusto —Lo interrumpió el ojiambar, en vez de preguntarlo o afirmarlo, si se iba por las ramas nunca lograría nada con el estratega.
Takuto no respondió, porque sabía que era mal mentiroso, porque sabía que de hacerlo iba a embarrarse hasta el cuello. Lo mejor era echarlo Tsurugi de su casa, quedarse a solas y meditar bien al respecto, porque aunque no quisiese su mente se empezaría a buscar y encontrarle razones a todo.
El delantero se fue tranquilo, porque para él aquel beso había sido una respuesta más que satisfactoria. Afuera de la mansión sintió como le cerraban la puerta en la espalda. Se llevó la mano a la mejilla y, estando a solas, se permitió reflejar un gesto de hondo dolor. El capitán pegaba fuerte… en todo sentido. Sonrió, ese beso había sido la mejor respuesta. Definitivamente a Shindou le pasaba lo mismo. ¿Tendría miedo? Quizás, pero él era paciente, podía esperarlo, podía ayudarlo a asimilar y aceptar que ellos dos se deseaban, incluso desde mucho antes de comenzar a sospecharlo. Y cuando Tsurugi pensaba en deseo no lo hacía en cuanto al sexual, si no con el afán, la ambición de poder hacer al otro parte de su mundo, de sus días y de su vida.
Para el pianista en cambio ese beso no significaba nada, como tampoco había significado el que se dio con Kirino. Se mentía, al menos, para evitar tener que aceptar que estaba envuelto en una telaraña, en una situación difícil de la que no sabía cómo salir.
Quería a Ranmaru, en los últimos días mucho más de lo que había llegado a vislumbrar. Y se prometió, una y mil veces, no lastimarlo de ninguna forma. No podía ser responsable de una cara triste y, siendo como era Kirino, el saber algo así podría llegar a devastar el poco valor que le quedaba.
Él no lo permitiría, seguiría secando las lágrimas del pelirosa y cuidaría de que nada ni nadie lo lastimase. Ya había sufrido demasiado y no se lo merecía.
Verlo a los ojos después del beso con Kyousuke, había sido mucho más difícil de lo especulado; pero no tenía tampoco porqué sentirse culpable, los sentimientos de Kirino ahora no eran claros, mientras tanto ¿él qué haría? ¿Quedarse a la vera del camino, esperando por alguna señal que le indicase qué decir o hacer en el momento oportuno? Definitivamente esa situación acabaría por volverlo loco.
Fue Kirino quien tomó una decisión, íntima y personal pero que involucraba a Takuto logrando que lo afectase a él. Tomó la decisión de darle el lugar que pretendía para Tsurugi. No más esperar, no más lamentarse. Su mejor amigo se merecía que alguien le demostrase cuánto valía, cuánto podían llegar a quererlo si él lo permitía. Lo querría tanto o más que a Tsurugi, de ser posible. Le devolvería con amor todo lo que el Pianista había hecho por él.
Y así, la tormenta daba inicio. Una canción dice: "La vida tiene una manera divertida de molestarte. La vida tiene una manera realmente divertida de ayudarte. Es irónico, ¿no lo crees?"
Era irónico para Shindou descubrir que a veces los deseos más anhelados y enterrados en uno, pueden hacerse realidad en el peor momento, incluso cuando ya no se quiere o se pretende que se hagan realidad. Cuando ya se ha resignado a la idea y se ha tomado otro camino.
Continuara….
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Bien hasta aquí el capitulo de hoy, las cosas se van tornando serias y el enredo va creciendo ¿Qué pasara? Bueno en la continuación del próximo viernes lo sabrá… ¿alguna queja? ¿Sugerencia? ¿Duda? ¿Comentario?
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