Capitulo 4: Pérdida y Ganancia.
…
Y ahí estaba, observándolos desde afuera a través del gran ventanal de la disco donde los había citado. Hacia una hora que esperaban por él y bebían, podía notar como poco a poco se iban relajando, sus ojos miraban con melancolía el ambiente…tal vez todo lo que debía haber hecho desde el principio era eso y se hubiera ahorrado muchos problemas y que su moral no se hubiera destrozado.
Por su parte tanto el pelirosa como el de ojos ámbar se habían dado cuenta de que su cita no llegaba y que no llegaría, se contentaron en conversar entre ellos sobre el tema, sin hablar directamente, ambos lo sabían pero ninguno lo quería decir.
—No vendrá —fue el pensamiento que a Kirino se le escapó bajando la vista.
—No —estuvo de acuerdo Tsurugi, acto seguido se rascó la nuca y bebió de un sorbo lo último que le quedaba del trago.
Quizás era el alcohol, quizás era la empatía que sentían o el saber que ambos esperaban a alguien que nunca vendría, pero había más confianza entre ellos. O tal vez siempre estuvo; de hecho Kirino y Tsurugi no eran precisamente desconocidos, habían compartido un sueño, una preocupación y aunque ninguno de los dos se lo esperara la conversación comenzaba a fluir cada vez.
—No tiene sentido… —Resoplo el de coletas apretando el vaso en sus manos, había sido otro pensamiento que se le escapaba, aunque claro no terminó de completar la frase "no tiene sentido seguir esperando" porque algo le decía que lo mejor era aguardar, sólo un poco más, aguantar.
—Yo… yo no me voy a dar por vencido —Acoto el peliazul cuando acabó de un trago la nueva copa que el mesero le había alcanzado.
— ¿Lo quieres mucho Tsurugi? — se atrevió a cuestionar con un leve carmín en sus mejillas podía pecar de desubicada o inconexa la pregunta, no obstante el delantero logro descifrarla.
—El problema es que… —carraspeó un poco Kyousuke mirando hacia el frente como si buscara a una persona que bien sabia jamás aparecería—esta persona quiere… quiere proteger algo, me da esa sensación —elevó el hombro en señal de desconcierto pero luego sonrió; él sabía la verdad recién descubierta—: supongo que en realidad estima a otra persona… tanto que no puede estar conmigo pese a querer, ¿entiendes? No sé explicarlo no soy bueno con las palabras–Espeto volviendo a beber, Kirino levanto la mirada observándolo…redescubriendo el por que se había enamorado tanto del peliazul.
—Claro —respondió con júbilo el mayor, las mejillas enrojecidas por calor, por el alcohol o por la vergüenza que le daba mencionar lo que tenía en la punta de la lengua—; en mi caso, él… los dos —se corrigió—queremos a otra persona, pero estamos juntos porque nos hacemos buena compañía. Él me hace bien y yo a él —sonrió cerrando los ojos. Eso comenzaba a ser una gran falacia, una gran hipocresía. Suspiró derrotado—Lo que uno necesita a veces no es lo que quiere, ¿verdad?
Acaso ¿no se daban cuenta de que hablaban de la misma persona? Desde ya. Al menos Kirino ya no tenía dudas al respecto. Después de haber ido esa tarde y encontrar una nota perdida entre los libros del Pianista, la pregunta se había instalado en el. Reconocía la letra de Kyousuke, reconocía su perfume en la piel de Takuto. La nota era sencilla, escueta, pero revelaba mucho:
"Te extraño aun cuando te tengo a mi lado. Pero es lo de menos; porque te tengo a mi lado, ¿cierto? Takuto"
¿Por qué la guardó? Tal vez para tener una prueba fehaciente cuando le fuera a preguntar a al pelimorado, aún sabiendo que no iría a preguntarle y que llegado el caso Tsurugi no le mentiría, el era así demasiado directo sincero ni siquiera le hubiera mentido para evitar herirlo. Quizás la guardó para que Takuto no lo leyese, porque intuía que de hacerlo el equilibrio dado podía llegar a derrumbarse era egoísta sí, pero el miedo a quedarse solo le ganaba. Si lo pensaba bien en algún punto Shindou era feliz; a medias, pero lo era. Y un sólo planteo de ese estilo tiraría todo a la borda, pero para el estratega todo había dejado de ser tan perfecto cuando los sentimientos fueron palabras, frases, oraciones: "Te amo. Te extraño. Te necesito"
—Kyousuke—musitó con la mirada perdida. Aferró la pequeña cartera que tenía sobre el regazo sin estar bien seguro de preguntárselo. Al delantero no le gustaba hablar de lo que había pasado anteriormente con el sector V, no obstante el necesitaba saberlo— ¿A veces… a veces piensas en que una persona no puede ser fuerte todo el tiempo?
El delantero se tomó su tiempo para responder, pero cuando lo hizo las palabras sonaron amenas y en tono tranquilo por alguna razón aquella pregunta lo había amenizado lo suficiente para hablar de esa manera tan poco común en el.
—Todos los días, Ranmaru.–resoplo con tono bajo
—Yo… yo a veces simplemente no sé cómo seguir–Comento vagamente el pelirosa si había algo que más le había enamorado de aquel peliazul era su capacidad de mantenerse firme ante cualquier problema. No como el que había caído cuando acabo la tempestad
—Es normal. —Indico el de ojos ambarinos, el contrario asintió por lo que acotó—: ¿qué es lo que más te atormenta? —Recargó la barbilla sobre el brazo que había apoyado sobre sus piernas— ¿Todo lo que pasamos, perdiste algo acaso?
Kirino encontró la pregunta insólita, al menos al inicio, pero luego lo entendió: en una guerra se pierde mucho aun siendo ganador.
—Me hubiera gustado… —Resoplo bajando la vista, el nudo en la garganta le traicionaba el tono de voz—me hubiera gustado entenderlo antes… antes de… —se secó la lágrima sonriendo presa de nerviosismo—Lo siento, es todo es tan reciente–susurro con nostalgia en su voz, Tsurugi hablando la mirada reincorporándose para acercarse al de coletas e intentar consolarlo, le había nacido así, como un impulso o deseo que debía ser saciado cuando antes, inclusive se sorprendía con sí mismo, pero aquellos ojos le recordaron demasiado a los de su hermano cuando había llorado por su error.
—A mi también… me hubiera gustado entender muchas cosas antes, ver muchas cosas que no vi hasta después, en parte te comprendo Ranmaru es difícil —le susurro el pelimorado con cierta melancolía, jamás se imagino que aquellos ojos azules en ese estado lo pudieran ablandar tanto.
—Yo… —trato de hablar kirino aferrándose un poco más al chico—cuando pasó todo eso, cuando vi a Shindou herido, a Tenma derrotado a ti y a los demás desechos yo… —ya no le importaba decirlo—y aunque no te tenía a mi lado pese a tenerte —supo que él sabría dilucidarlo—creí que no lograría superarlo, que no tendría las fuerzas suficientes… y cuando todo lo malo pasó, esa necesidad de decir lo que callaba fue desapareciendo poco a poco pero… —sollozo levemente, le costaba darse a entender—, es como cuando comes udon con salsa de judías —prefirió recurrir a algo más sencillo—, se siente bien al paladar, pero luego cae pesado —Tsurugi parecía no entender su lógica, así que fue más sencillo aun—: algunas cosas es preferible no decirlas, no cuando uno sabe que pueden ser en vano, o cuando se tiene mucho por perder. Por muchas ganas que se tenga de gritarlas.
—No entiendo —indico el ojiambar y fue sincero.
—No entiendas Kyousuke —pidió Kirino con indiferencia. Era más fácil, era mejor seguir siendo el eterno enamorado de Tsurugi Kyousuke, en silencio, sin tener el coraje de enfrentarlo por temor a un rechazo y perder su amistad. El distanciamiento lo destruiría.
Mientras Shindou estuvo junto a él se sintió fuerte; sintió que pasara lo que pasara al menos él estaría a su lado, como siempre. Pero Takuto era un amigo, no parecía ser más que eso, que el sentía que lo quería, sin dudas, pero no podía entregarlo todo… aun y eso le dolía.
Tsurugi tomó la decisión de arriesgarse; ¿eso era lo que quería el pianista? ¿Cuál era el fin? Sabía que Ranmaru poseía sentimientos hacia él. Ahora todo le cerraba, las miradas de él, las sonrisas, el acercamiento de Shindou, la insistencia de éste y el cómo le insistía para que se acercara al pelirosa
Pensó en darle con el gusto, ¿qué podía perder intentándolo? Ya había perdido demasiado y se rehusaba a quedarse como mero espectador de la vida. Ni Kirino ni Shindou eran los mismos de antes, ni la relación seguiría siendo igual por mucho que se esforzasen en volver al pasado. No debía ser así, el cambio debe darse: las personas no permanecen inmutables, cambian.
Lo besó, lo atrajo hacia si y hundió sus dedos en su largo cabello, su boca busco con desespero la lengua contraria jugueteando con ella y haciendo aquel beso algo tan delicioso que parecía mentira. Lo beso sabiendo que él no le rechazaría, al contrario lo había respondido y con creces sus manos se habían situado en su nuca y sus piernas se enredaban con las contrarias buscando un contacto más fuerte, más salvaje, tratando de calmar aquella sensación de querer al sentir al pelimorado cerca y que no lo perdería.
Estaban ahí por un motivo claro. Tsurugi por fin había abierto los ojos, lo que por tanto tiempo Kirino había pretendido. Al final Shindou sí había resultado un buen celestino.
Cuando el Delantero se distanció del rostro del pelirosa, lo miro sonrojado con su respiración entrecortada y sus labios entreabiertos, tras aquella imagen sonrió y posteriormente susurró:
— ¿Por qué no entra? —susurro en su oído. Tal vez en verdad todo, como la valentía, era una fachada en Shindou; tal vez era un verdadero cobarde que no se atrevía a enfrentarlos. Lo miró con curiosidad y le preguntó—: ¿Lo sientes?
El asintió, desde hacía tiempo que sentía la presencia y el aura de Shindou afuera. Y para que ambos lo notaran el Pianista debía haberlo hecho adrede, de manera inconsciente o consiente, era irrelevante el detalle.
Tsurugi volvió a prestar atención al rostro que sostenía entre las manos y de repente se sintió incómodo con tanta gente alrededor y se llegó a preguntar si podría llegar más lejos, descubrir eso mismo que Shindou había descubierto y que no le permitía ser libre, o al contrario: eso que le hacía tan libre, al menos para con ellos dos. Porque ni él ni Kirino eran sus dueños, ni el pianista le pertenecía a ninguno.
—Hay mucha gente —Susurro kirino aun sonrojado, desviando su mirada a los ojos del ojiambar.
— ¿Puedo acompañarte hasta tu casa?–Cuestiono Tsurugi con una leve sonrisa cínica. Kirino enarcó las cejas, comprendía lo que esa pregunta implicaba sabia que ambos terminarían en la cama. No pensó demasiado la respuesta, el también quería y necesitaba saber qué pretendía su amigo con todo eso. Luego de haberse resignado era irónico que Tsurugi le correspondiese.
No les extrañaba —a ninguno de los dos— esa resolución por parte del pianista. Éste se mentía y les mentía diciendo que no le importaban muchos aspectos por los cuales incluso era capaz de sacrificar su propia felicidad como lo había hecho en ese momento.
—Sí, acompáñame —Susurro al fin kirino sintiendo el corazón latirle con arrebato y de esa manera marchó junto al delantero de Raimon.
Shindou removió su flequillo y se frotó los ojos, el cansancio mental era mucho más devastador que el físico. Los vio marchar juntos luego del beso. Sabía que era una jugada arriesgada de su parte, pero era el único camino que había hallado para que ambos lo comprendiesen. Sólo esperaba que ellos lograsen amarse de la misma forma que él los amaba a ambos.
Continuara…
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Bien este es el Penúltimo Capitulo de la historia ¿Qué les ha parecido? No hagan sus apuestas tan pronto que esto a un no es el final y todo puede pasar. La continuación o final de este fic lo tendrán el domingo eso téngalo por seguro si no es que antes. Sin más me despido y recuerden que sus comentarios son la motivación de un escritor para seguir escribiendo.
