No estaba tan mal, siempre había pensado que este tipo de sitios eran como de mala muerte, no sé porqué nunca se me había ocurrido visitar esos lugares. Después de haber estado sumida en el mundo de intentar ser princesa de Mónaco y todo ese drama, aquello se me antojaba liberador.
El club era una simulación de un burdel parisino, quedé impresionada, parecía que estaba viendo en vivo un cuadro de Toulouse-Lautrec; era un espacio amplio que a esas horas estaba lleno de mujeres de todo tipo, la música era una combinación agradable para bailar y al contrario de lo que yo había pensado, el ambiente tenía un extraño aire que me hacia sentir cómoda. Bueno tal vez la comodidad se debía a la larga peluca plateada que llevaba puesta, las gafas de sol que me cubrían media cara y el extravagante atuendo al estilo Lady Gaga que me había creado para pasar desapercibida; sí exageré, pero pensaba que en un lugar así me camuflajearía vestida de aquella manera; a últimas el atuendo había cumplido su misión, nadie en aquel lugar podría reconocerme.
El día me había parecido larguísimo, no pude volver a dormir después del encuentro con esa mujer y el comportamiento natural de Serena me descolocaba; actuaba como si nada hubiera pasado, quizá no era la primera vez que llevaba mujeres a su habitación. El desayuno pasó sin novedades, al igual que la mayor parte del día; Serena se apareció cuando empezaba a oscurecer y se encerró a hablar por el móvil. En su habitación no encontré ni una pista de las nuevas preferencias de Serena; sí, revisé cada rincón y ni una foto, ni un regalo, ni una tarjeta que pudiera sacarme de mi duda. Así que en cuanto Serena empezó a arreglarse para salir, decidí seguirla.
Me senté en la barra y pedí una botella de champaña, había visto entrar a Serena, pero aún no lograba encontrarla; recorrí una y otra vez el lugar con la mirada sin éxito. Me dio la impresión de que aquel sitio estaba de moda porqué vi varias caras conocidas; compañeras del colegio, colaboradoras de mi madre, profesoras de la Universidad, un sin fin de mujeres que jamás pensé encontrarme. La investigación se estaba poniendo muy entretenida, era como estar dentro de un club muy exclusivo; todas sabían a lo que iban y lo que les gustaba, pero fuera de aquel recinto nadie lo sacaba a relucir; eran muy pocas las que lo aceptaban delante del mundo, o quizás, es que nunca había prestado atención a ese segmento de la sociedad.
- Hola Blair – una voz conocida me atravesó el tímpano – ¿Después de todo al fin admitiste que te van las mujeres?
Me giré lentamente mientras trataba de calmarme, el sobresalto de que alguien me hubiera reconocido había sido mayúsculo, no podía dejar que aquella persona viera el temor reflejado en mi cara y además ¿de dónde sacaba que por fin había aceptado una cosa como esa?, que estuviera en un lugar así no significaba nada.
- ¡Tenías que ser tú! Solamente a ti podría encontrarte en un lugar así.
Vanesa estaba notablemente diferente; sí, seguía conservando algo de su look hippie-retro – no me vi en el espejo antes de salir de casa, pero ahora era un poco lo que bauticé como hippie - chic; y Vanessa y la palabra chic rara vez se mezclaban en la misma oración.
- A mí también me da gusto verte después de tanto tiempo – dijo con el mismo tono sarcástico que siempre ocupaba conmigo – Me he enterado de lo de tu "real divorcio", después de eso, ¿aún tengo que llamarte su majestad, o princesa Blair y hacerte una reverencia?
No pude evitar mirarla con fastidio, afortunadamente las gafas de sol cubrieron mi gesto, no iba ahí para discutir con Vanessa, además me podría servir de ayuda.
- ¿Champaña? – le ofrecí en son de paz.
Vanessa parecía que tampoco quería pelear, se sentó junto a mí al instante y se bebió la copa sin rechistar.
Hubo un largo silencio incómodo que se sintió como una tregua - ¿y qué haces aquí? – preguntó al fin.
- Es una larga historia – suspiré, me empezaba a dar por vencida, Serena no aparecía por ningún lado.
- ¿Serena?
Vaya la chica Brooklyn no sólo había cambiado en su forma de vestir, hasta perspicaz resultó ser o sabía algo que yo no.
- No te sorprendas tanto, hace cerca de un mes me encontré a Serena por primera vez aquí, se notaba que había bebido de más y hablamos por un rato. Me contó lo tuyo con Dan, honestamente no me sorprendió, de ti se puede esperar todo.
- ¡Ey tampoco te pases! Que yo no soy la mala del cuento esta vez.
- La he visto aquí varias veces, algunas noches la he mandado a casa, otras se va acompañada. No he podido hacer mucho, pero era algo que le debía por lo de la última vez – Vanessa hablaba tranquila y un poco preocupada, lo que me inquieto, si Serena la estaba pasando así era sin duda por mi culpa - supuse que no tardarías mucho en aparecer por aquí y jamás había visto a nadie que intentara pasar desapercibida de una manera tan ridícula, por eso me acerqué y al momento te reconocí.
Sí no hubiera sido porque en ese momento estaba más preocupada por la actitud de Serena, que por los comentarios groseros de Vanessa, la hubiera puesto en su sitio; pero no era ni el momento ni el lugar, lo que yo quería era seguir escuchando en que estaba metida mi mejor amiga.
- Bueno, pero dejando mi atuendo de lado y el hecho de que me culpes de todo lo que le pasa a Serena, me podrías decir, ¿qué hace Serena aquí?
Vanessa rodó los ojos como si le hubiera hecho la pregunta más estúpida, y era cierto, era estúpido preguntar aquello pero necesitaba que alguien me explicará y saber que no estaba haciéndome conjeturas falsas.
- Lo mismo que todas, buscando algo.
-¿Y qué busca?
- No lo sé, ¿Por qué no le preguntas? – señaló cerca de la puerta de salida; ahí estaba Serena, llevaba los zapatos en la mano y caminaba con un poco de trabajo abrazaba a una mujer que no pude ver bien, salieron tan rápido que ni tiempo tuve de moverme.
- No pongas esa cara, Serena es tan popular aquí como lo era en Constance, quizás más…
La voz de Vanessa se había hecho lejana, aquella escena me parecía ajena a la realidad, Serena no podía estar buscando con quien irse cada noche, con quien saciar su soledad y menos con una mujer; no, en la vida de Serena la única mujer que la había apoyado, la que había estado con ella en todo momento, la que la conocía en todas sus facetas, la que la aceptaba con defectos y virtudes era yo y no podía haber otra. No sé que fue aquel sentimiento, pero una ira mezclada con tristeza me recorrió de pies a cabeza.
… deberías seguirla – después de lo que a mí me pareció una eternidad la voz de Vanessa me devolvió a la realidad.
No podía seguirla, Serena no sabía que yo me había enterado de sus nuevas costumbres, no había compartido lo que sentía conmigo, me había hecho a un lado sin más, había tenido más confianza con Vanessa y le había contado por lo que estaba pasando. Me sentí culpable y al mismo tiempo traicionada, éramos las mejores amigas y todo esto simplemente por Humprey; sí Humprey en ese momento no quería llamarlo Dan, era como si mi relación con él hubiera rotó algo entre Serena y yo. Me bebí dos copas de champaña de corrido, no quería pensar, Vanessa seguía sentada junto a mí callada y un poco ausente.
- ¿Por qué me soltaste eso de qué si al fin había aceptado que me iban las mujeres? – le pregunté algo molesta, tratando de dejar el tema de Serena atrás aunque fuera por un momento.
- Porqué quien esta fuera de la situación puede ver más claras las cosas, desde que las conocí no me tragué el cuento de que sólo se querían como amigas, todas esas peleas, escándalos, reconciliaciones, la manera en que se comportan, en la que se defienden, en la que se cuidan; es más eso de compartir novios, para mí, no es más que una escusa para tener esa parte que nunca han podido tener la una de la otra, primero Nate y ahora Dan.
- Vaya ahora hasta psicoanalista resultaste – dije sarcásticamente, liberándome un poco de la incomodidad que me habían causado las palabras de Vanessa.
-Espero que encuentres lo que buscas Blair – dijo Vanessa mientras se levantaba – pero creo que se acaba de ir por aquella puerta – señaló la salida y se fue de la misma inesperada manera que llegó, dejándome como única compañía las veinte llamadas perdidas de Dan que hacían vibrar el móvil.
