No era usual para Lincoln trabajar horas extras en su casa, solo había dos razones detrás de una eventualidad así:
La idea era tan buena que sería algo que él mismo habría hecho por su cuenta.
O… la paga era demasiado buena, lo suficiente como para aniquilar toda preocupación futura.
Los trazos continuaban su trayectoria, marcando la primera hoja, una ilustración completa del área donde se desarrollaría la historia. Una cueva con paredes infestadas por un luminiscente hongo azul.
Una chica de larga cabellera castaña yacía sentada en un retazo de tela larga, los restos de la misma tela se encontraban en los hombros de la chica, esa era su capa. A pesar de las heridas y cortaduras en todo su cuerpo, sus manos, imbuidas con un hechizo verde, rodeaban solo la herida en su rodilla.
—Dame algo de tiempo y podremos seguir nuestro camino. —Comentaba la chica con una mueca en su rostro.
—¿Estás loca? tu ropa está hecha añicos, no podemos seguir sin los encantamientos que tenías. Además, mi armadura no aguanta el resto del viaje.
Respondió un chico de lacios cabellos color cobalto, su armadura corroída y con marcas de hendiduras que solo colmillos podrían dejar estaba a pocos metros de él, lo único que le quedaba eran las vendas que cubrían su pecho y torso y sus pantalones de lana.
En el siguiente panel, el joven guerrero se acerca a la chica y posa sus manos encima de esta, la luz verdosa de su magia curativa ilumina por completo el recinto, y las heridas de la chica empiezan a desaparecer.
—Sabes, odio cuando usas tu magia, Colt. —dijo la chica a lo que intentaba sentarse.
—Sí, sí, ya sé que es solo para emergencias. No tienes que sermonearme tú también.
—Pfft —la joven chistó, y volteó hacia la bolsa a su lado, dentro de la cual una botella púrpura relucía con el brillo del lugar— sabes que no es por eso. Gastas tus esfuerzos como guerrero, cuando podrías formar parte de mi casa. Con tu condición especial podríamos llevar el arte de la transmutación a nuevos...
—Me aterra un poco la idea de transformarme en un animal y que me quede sin magia para volver a mi forma humana —Colt interrumpió, una mueca en su rostro mostrando su repulsión a la idea—, además…
Colt finalizó su hechizo y, con un resoplido, se recostó en el suelo de la cueva; al tacto con la roca su espalda se arqueó y su mandíbula se cerró de golpe. Volvió a sentarse al instante.
—Uuugh, estúpida cueva —dijo enrarecido antes de frotar sus hombros. Pero ese mismo frío le recordó por qué no había aceptado la propuesta de su compañera—. Además, mi oferta sigue en pie, Hugi, ofréceles un lugar a mis hermanas también y con gusto me volveré parte de tu orden de magos.
—Debes entender que los rumores de tu familia no son bien vistos por el consejo.
Siguiente panel, Colt se volvió a acostar en el suelo, dándole la espalda a Hugi y con el ceño fruncido.
—Huh, pero por alguna razón es bien visto cuando es la realeza quien se "lleva muy bien con familiares". Ugh, olvídalo, no sé ni para qué doy excusas. ¿Tan raro es que un hermano se lleve bien con sus hermanas?
La mirada perdida de Hugi regreso hacia la realidad, fijándose nuevamente en Colt.
—Bueno… —comenzó a desamarrarse la armadura de cuero que sostenía sus ropajes— Si te soy sincera, solo desconfió de tus hermanas, es de conocimiento público que han rechazado la mano de nobles, incluso de algunos apuestos.
Hugi colocó su armadura a un lado y terminó por quitarse sus pantalones, dejando solo el camisón y las vendas que cubrían su feminidad.
Las manos de la joven hechicera volvieron a brillar, un celeste transparente que pronto consumió la cueva, transformando la piedra en madera y la tela de su capa en un colchón.
Lincoln tomó un respiro lento y pausado, su mente buscando un descanso en la simpleza del cielo raso.
—Bueno, luego de esto no habrá marcha atrás…
Se levantó entonces, tomó el manuscrito de Haiku que tenía al lado de su tableta de dibujo y salió de su pequeño estudio, bajó las escaleras en forma de arco hacia la sala de estar, y se dirigió a la cocina contigua en el fondo.
Sí bien algo vacía en el centro, la cocina tenía más de lo necesario para ofrecerle comodidad al artista. Un dispositivo para filtrar el agua, un lavavajillas, un fregadero, procesador de alimentos, cafetera y microondas en el frente, al lado, siguiendo la forma de L, estaba la cocina eléctrica montada en el mesón y su nevera de dos puertas.
Sacó de las estanterías a su derecha un sobre de café y montó suficiente café en la cafetera para una taza. Al terminar se fue a la sala para tomar los papeles que el abogado de Haiku le había entregado vía correo esa tarde.
El sol ya lograba pasar por la ventana de enfrente de la cocina, así que podría tomarse el tiempo de darle un segundo visto a aquellos papeles. Su mente, sin embargo, prefirió tomar parte de su concentración para recordar lo que había sucedido el día anterior.
"Espero que entiendas que no pienso de ninguna forma difamarte o aprovecharme de ti con esto."
"Y también has de saber que tú tampoco podrás ensuciar mi nombre. Busco en ti algo que nadie más me puede ofrecer… a menos claro que tu hermana aprenda a dibujar tan bien como lo haces tú."
Hace años que la familia sabe que Lucy trata temas tabú en sus historias, pero más allá de eso, información como su nombre de artista, los temas que maneja o lo que hace especial su escritura, siguen siendo un enigma para la mayoría de la familia.
Hmm, ¿Qué es lo único que yo y Lucy podemos ofrecerle? ¿Drama, romance? Tal vez el cómo expresa el contacto físico.
Lincoln rascó su cuello.
Mejor le pregunto a Haiku a qué se refería con eso.
Volvió a hojear los papeles. Al parar sus manos, sus ojos escanearon rápidamente la pólvora negra en el papel en búsqueda de aquélla parte que originaba sus dudas.
Pero meros segundos después el olor del café detuvo su paso. Se apresuró a servir su bebida dentro de un termo y volver a su estudio con envase y papeles en mano. Sus dudas podrían esperar, los impuestos y deudas futuras, no.
Sus manos regresaron al lienzo digital y pronto los pixeles formaron una habitación entera, con retazos de armaduras adornando la pared de la derecha, y una sola linterna iluminando el lugar.
Al lado de la linterna Colt permanecía acostado, sus manos irradiando con magia su estómago. Del lado oscuro de la habitación, Hugi reposaba sobre sus posaderas mientras bebía de un brebaje púrpura.
—Reconozco ese olor, una poción de maná… —comentó Colt, girando su cuerpo ligeramente antes de volver en un salto a su posición original— Lo siento, no era mi intención.
—Pfft, tranquilo, igual necesito que voltees para acá, aún nos falta hacer un par de cosas antes de dar por terminado el día.
Con un quejido que demostraba su duda, Colt se dio la vuelta. El cuadro de la siguiente página enfocó a sus ojos y pupilas dilatadas, y el reflejo en estos pronto se desveló en el siguiente cuadro.
Una rubia de largos cabellos, verdes y prístinos ojos, y amplias caderas, su piel nunca había tocado el fragüe de la batalla. La joven vestía un largo vestido de tela de algodón verde que le llegaba a las rodillas, con detalles florales en los pliegues que podrían bien valer varias monedas de plata, pero que a la chica solo le había costado unas horas de trabajo manual.
—¿Cilia? —Colt preguntó, y la chica respondió con una sonrisa y una ligera inclinación de su cabeza.
—Colty, mi cuarto tiene una gotera y mi cama se mojó. ¿Puedo dormir contigo? Nuestras otras hermanas no tienen camas tan grandes como la tuya. —Colt escuchó.
—Si quiero que el consejo te acepte necesitaré pruebas contundentes de que no haya nada extraño entre tú y tus hermanas. Además, si todo sale bien, debería ser más cómodo para ti recibir mi maná de esta forma.
—Claro Cili, sabes que nunca te diría que no.— Colt respondió. el último punto en el cuadro de texto remarcado varias veces por el pincel.
Lincoln, vio las últimas páginas un par de veces más, recordó los detalles del pedido y volvió a ver la página donde se revelaba a la hermana de Colt. Algo en su ropa le parecía familiar.
—Vamos, Lincoln, enfócate. —se dijo a sí mismo antes de continuar al siguiente panel: Colt abrazando a "Cilia" mientras ésta usaba su magia para aumentar el calor corporal del joven al mismo tiempo que le nutría de maná.
Un cuadro enfocó la cara de Colt, que con una sonrisa en su rostro reposaba sobre los suaves pechos de su hermana. Otro recuadro mostraba la verdadera cara de Hugi en ese momento, el reverso de la plácida expresión de Cilia.
Humedad reflejada en sus pupilas, rubor exacerbado y una sonrisa quebrada. Era la primera vez que su compañero de aventuras la trataba así.
El nuevo sentimiento fue lo suficientemente fuerte como para ejercer dominio sobre su cuerpo, forzándola a abrazar con fuerza a su compañero, llevando su pierna por encima de las de él y rodeándolo.
Siguiente panel, Los bordes de la ilusión se difuminan, mostrando una traza de color azul en los límites de la misma. La respiración de Hugi volviéndose más pesada, y el abrazo con el que sostenía a su compañero empezó a cambiar también.
Comenzó por pequeños roces con su pierna, toques ligeros de sus labios en la frente de Colt. Cada acción un dulce bocado para la joven maga.
—Hermana… —Colt susurró— tu cuerpo es tan suave… quisiera estar a tu lado todas las noches.
Dos pequeños recuadros al final de la página enfocaron las pupilas dilatadas y la vibrante sonrisa de la maga.
—Y-yo también, —Dijo, con una lágrima formándose— hermanito.
Siguiente panel, los bordes difuminados crecían a medida que la mano de la maga se acercaba al cabello de Colt, tornando su tono a un color blanco como la nieve.
—Mi querido Colt —Cilia respondió también en un susurro—. No sabes lo mucho que yo también deseo eso.
Lincoln pasó al siguiente recuadro, su subconsciente recordando las escenas por venir, sus manos editando y difuminando la siguiente escena para continuar con el efecto que quería dar, de un viaje de deseo entrelazado con el hechizo de ilusión.
La mente del artista, sin embargo, no estaba en sintonía con su dueño. Su fin de semana le había llenado de alegría y su día de trabajo podría haber sido productivo y sin problemas; pero eso no significaba que sería inmune al cansancio.
Para eso estaba el café claro, pero tenía que tomar un descanso si quería que tuviera efecto en él, y sus manos aun no terminaban su trabajo.
Luego de unos minutos tenía listo el cuerpo y el fondo a usar… ambos casi idénticos a la escena anterior.
—Ugh… nope, tendré que rehacer esto luego de descansar.
Sus manos soltaron el lapicero y finalmente le entregaron el café a su dueño. Lincoln inhaló una vez y recogió el dulce aroma de aquel oro negro, el termo había mantenido el calor del brebaje a la perfección; como sea, para sus labios esa perfección podría resultar precaria, así que el joven decidió por ponderar un rato mientras se deleitaba con el aroma.
Lincoln decidió inclinarse sus brazos sobre el espacio libre de su mesa de trabajo, ambas manos sosteniendo el termo sobre la superficie.
Quizás podría alargar un poco la escena para esclarecer mejor lo que está por suceder. el texto se enfoca tanto en los puntos específicos que no puedo ver el panorama… o cómo son sus expresiones durante el acto.
Las descripciones de la escena regresaban a su cabeza, y junto a ella aparecían cada posible enlace entre movimiento y acción a dibujar, era un mar iracundo el que su mente surcaba.
Solo necesitaba encontrar una buena idea para zarpar fuera de esas aguas turbias y llevarlo al desenlace, la perspectiva más alejada, un enfoque que, alejado al texto, apreciara a ambos personajes, y los efectos a utilizar en cada panel para enfatizar el tema erotico que envuelve todo ese momento por encima del romance.
Si, solo unos minutos más y su mente daría con los paneles correctos a dibujar. Unos minutos más ponderando. Unos minutos más junto a ese dulce aroma de café, fino, algo quemado, con retoques de manzana y… ¿Crema para pastel?
Lincoln abrió los ojos, de vuelta en su estudio, el olor a pastel una mala jugada de su cerebro, que decidió por su cuenta llevarlo de vuelta a una memoria reprimida.
—Debería pedirle perdón a Luan por eso…— Miró entonces su trabajo, acto seguido validó la hora en la pantalla, y finalmente a su café— Ya no hace falta trasnocharnos Lincoln, el lápiz te puede esperar.
El sol rozaba el borde de la ventanilla elevada del estudio, anunciando al joven albino que hace unas horas que debería haber llegado a su trabajo. Lincoln soltó un resoplo con alegría y envió un corto correo a su jefe.
Poco después recibió su respuesta, un saludo cordial seguido de una aprobación para tener el día libre. Otra ventaja de su nuevo ambiente laboral.
—Bueno, aun no tengo sueño, Clyde ha de estar ocupado, y Haiku me verá al final del día…
Luego de una ducha rápida y un sándwich de desayuno, Lincoln tomó las llaves de su vehículo, y se encaminó a la salida. Afuera le esperaba su van de trece puestos en total, color naranja con bordes azules en los marcos de las ventanas.
Junto con la casa que tenía, era de sus últimas deudas al regresar. Una Vanzilla renovada, y una casa de dos pisos.
—Cocina grande, sala acogedora, un baño, una lavandería, un estudio, y suficiente espacio extra para que vivan varios sin problemas.
Esas últimas palabras llegaron con un suspiro y una sonrisa vacía de alegría. Lincoln desconocía si era algo relacionado con los genes de su madre o las costumbres de su infancia, pero deseaba…
Volvió a suspirar, sus ojos perdidos en los puestos libres dentro de su van. Su mente le devolvió a aquellos años de su infancia y por un momento podía ver a Lisa sentada en los puestos de atrás, seguida a ella estaban Lily, Lola y Lana; jugando y riendo mientras que Lori se desesperaba por la cantidad de ruido que hacían.
Lincoln abrió los ojos, despertando del letargo—Oh, cierto, Lori… tal vez pueda pasar el dia con ella, con el puesto que tiene tal vez tenga algo de tiempo libre.
Sacó su teléfono y abrió la aplicación de mensajes, sus dedos rápidos vacilando en el preciso instante en el que se toparon con el nombre de Lori.
—Llamar, sería más seguro…
Marcó el número y reposó su oreja sobre el aparato, sus pies tocando el suelo con un ritmo que se asemejaba al de su corazón.
—Tal vez aún esté dormida, o me estoy apresurando mucho, o quizás aún me odie y estoy-
—Ahg, … ¿Hola?
—Ah, Lori, b-buenos días hermanita. ¿Todo bien?
—Eh… Oh, ¡Oh! Linc, eres tú.
Le siguió una pausa prolongada, que unida al silencio palpable del parlante hizo a Lincoln mirar al teléfono un par de veces para validar que la llamada continuara en curso.
Para alivio del albino, el teléfono volvió a emitir sonido.
—Perdona, necesitaba acomodar algo antes así que puse el micrófono en silencio.
—Oh, era eso. Espero no haberte llamado en un mal momento. —Lincoln dijo, sin notar que el rebotar de sus suelas contra el suelo había aumentando su tempo.
—No te preocupes Linky-
Otra pausa.
—Ahm… ¿En qué te puedo ayudar? —Lori añadió.
—Pues, tengo el día libre y quería saber si podría compartir un tiempo contigo. —Dijo mientras cruzaba sus dedos.
—Oh, Lo siento Linc, pero a menos que quieras llevarme en un viaje de 3 horas a otro estado entonce-
—¡Claro, no es problema! —Linc soltó sin contención alguna, dándose cuenta segundos después de su reacción —espera, cielos, creo que exagere un poco; perdona.
—¿Eh, en verdad puedes llevarme? Puedo pedir un taxi; quiero decir, no quisiera quitarte tu tiempo.
Lincoln volteó y luego se apoyó de frente a su vehículo, sus ojos volviendo a aquellos puestos deseosos por ser ocupados.
—No te preocupes Lori, solo dime a qué hora voy a por t-
La llamada cortó de forma súbita, y por varios segundos, Lincoln pudo sentir que lo mismo le había pasado a su corazón.
Oh… pensé que no volvería a sentir este vacío.
Su teléfono vibró entonces, informándole de un mensaje con la dirección de su hermana, y haciendo desaparecer la tensión de su cuerpo; sacándole un suspiro como respuesta.
—Lori, dios, necesito decirle que por favor no vuelva a hacer eso. —exclamó mientras se apoyaba en su antebrazo y recuperaba el aire.
La vía hacia la casa de Lori estaba alejada de las carreteras principales, por lo que el viaje fue sencillo y le tomó menos de diez minutos llegar. Un condominio de casas, con dos guardias esperando fuera de la entrada principal y uno más dentro de una garrita anexa al portón.
—Buenos días—Llamó el guardia de la derecha—, señor, ¿Puedo ayudarle?
—Buen día, soy el hermano de Lori Loud, ¿será posible que pueda entrar?
—Hmm, ¿Puedes darme tu identificación? —Preguntó, a lo que Lincoln le ofreció su tarjeta y este llamó por el micrófono en su auricular, repitiendo los datos de la tarjeta— hmm, entendido, Listo.
El guardia devolvió el documento y le indicó a Lincoln que no podría permitirle entrar hasta que Lori lo haya anotado como persona grata en sus registros.
—El hermano de Lori Loud… Huh, no sabia que la señorita Loud tenía un hermano. Ah—El guardia levantó un dedo en forma de duda pero se detuvo a sí mismo—, no, no es mi problema, tu solo estaciónate cerca, Lori no es de las que hace esperar a las personas.
Justo como avisó el guardia, Lori llegó luego de tres minutos, pasó por la taquilla para firmar unos papeles, y luego entró en el auto.
—Entonces si era cierto, tienes tu propia Vanzilla —Lori comentó, su atención circulando por la van y evitando toparse con su hermano en cada vuelta—. Por cierto gracias por llevarme, me ahorraste al menos una hora de espera.
—Un placer ayudarte hermanita.
Lincoln encendió el motor y, luego de despedirse del guardia, comenzó la ruta del GPS. Los ojos de su hermana aún le evitaban.
Una pequeña punzada empezaba a frotar el corazón del Albino.
—Ahm… Si quieres puedo poner la radio, o puedes conectar tu teléfono.— dijo, sin fijarse que su mano jalaba del cuello de su camisa en un intento de darle un respiro a su cuerpo.
Lori tomó la segunda propuesta y enlazó los altavoces a su teléfono, poco después una suave estática empezó a salir de los parlantes. Su hermana cerró los ojos y se acomodó en su asiento.
—Aún tengo algo de sueño, despiértame cuando vayamos a mitad de camino, hay un restaurante que frecuento por esa zona.
Lincoln apretó su agarre sobre el volante, era obvio que Lori ya había colocado una barrera entre ellos. Pero ya era tarde para lamentarse por su impulsividad, lo menos que podía hacer era cumplir su promesa. Así que decidió seguir, impulsado por el sonido blanco que nublaba sus pensamientos intrusivos.
Entre calle, avenida, ruta y pendientes el tiempo transcurrió sin problema. Lori roncó varias veces durante el trayecto, otras veces soltaba un resoplido burlón o una risa. Ambas actitudes robaban la atención de Lincoln, quien no fallaba en detallar la ternura del momento.
Le fue imposible no esbozar una sonrisa al ver aquellas facetas que conocía de Lori seguían allí.
Una idea recorrió la mente de Lincoln mientras su vista se enfocaba entre las hojas de los árboles y la carretera. De pasar un día de campo con sus seres queridos. Un viaje en la Vanzilla con todas ellas.
Con el dinero que me dará Haiku por ese trabajo… no suena tan mal la idea.
Unos minutos más tarde, una señal marcaba el nombre de un restaurante cercano. Lincoln llamó a Lori.
—Oh, tal vez sea ese —Lincoln dijo antes de bajar la velocidad y acercar el auto a la grama—. Oye Lori, despierta, creo que estamos cerca de tu restaurante.
—¿Eh? Lin… si, si es ese—Lori lo miró entonces, mas no tardó en apartar la vista—. Vaya hacía tiempo que no dormía tan bien.
—Oh, deben ser los cojines…—Una pequeña sonrisa surcaba sus labios— pagué un extra para que fueran más cómodos. Aunque ese detalle resulta peligroso para el que conduce.
Lori no respondió, su concentración pasó a su celular y un documento que había abierto en el mismo. La sonrisa efímera de Lincoln desapareció entonces, aquella conversación amena no fue suficiente para agrietar la pared entre ellos.
Al llegar al restaurante, un local pequeño que se apoyaba en la experiencia de comer afuera, con un espacio abierto cubierto por una fina capa de flores y enredaderas sostenidas sobre una estructura de madera.
Junto con llegar Lincoln notó enseguida un nuevo semblante en su hermana, una sonrisa risueña y un brillo en sus verdes ojos reflejado solo por la paz que yacía en el lugar.
El camarero reconoció a Lori e invitó al dúo a una mesa, la seda del mantel era blanca con bordes rojo, haciendo juego con el color de la cerámica cubriendo el suelo. Las sillas tenían espaldar y base acolchadas, un detalle que Lincoln agradeció luego de estar acostumbrado a la comodidad de la Vanzilla.
Antes de siquiera ver el menú, Lori indicó un dos con su mano y soltó seis palabras en italiano, para su séptima palabra una pausa la detuvo.
—Linc, ¿Preferirías tu comida con sal? — Lincoln asintió, y Lori continuó con el pedido.
—Wow —Dijo Lincoln tan pronto el camarero se despidió— no sabía que hablabas italiano.
Lori volvió a sacar su móvil, tecleando un mensaje corto antes de volver con Lincoln. —Aún hay mucho que no sé, pero mi traductora de hace unos años fue lo suficientemente amable para enseñarme las bases suficientes para sobrevivir en caso de no tenerla conmigo.
—Igualmente me siento orgulloso de ti, — Lincoln respondió, sus labios curvandose ligeramente—aunque bueno, con todo lo que has logrado es difícil no estarlo.
Los ojos de Lori lo evadieron antes de virar su atención hacia el celular, respondiendo otro mensaje, y al mismo tiempo eliminando por segunda vez la felicidad de su hermano.
Bueno, ella siempre fue una adicta al móvil. Tal vez solo estoy exagerando… o tal vez es solo que estoy apresurando demasiado el reparar algo que aún está roto. Ni siquiera se si ella quiere volver a como eramos antes.
Sin darse cuenta la alegría natural que mostraba su rostro también se había esfumado, dejando en su lugar un semblante cansado y derrotado, sus ojos y mente buscando asilo en el fino bordado del mantel de la mesa, y el vacío en su corazón tornando lentamente el dolor en resentimiento.
—Lincoln…
Lori bajó la cabeza tan pronto Lincoln alzó la mirada hacia ella
—Yo aun no… —Tomó un respiro—Yo.. Te agradezco por lo que estás haciendo, sé que eres mi hermano, pero a estas alturas de la vida regalarme tu tiempo no es algo que tomar a la ligera.
Lori apretó los labios, la culpa forzándola a dejar marcas de uñas en el protector de su teléfono —Perdón si parezco distante… je, literalmente es obvio que estoy siendo distante de nuevo. Mírate, con este gesto tan dulce y yo-
Lincoln se apresuró en extender su brazo hasta ella, atrapando su mano; solo luego de sostenerla fue que se dio cuenta de su acción. El dolor y resentimiento en su corazón fueron los que se esfumaron en ese momento, dejando en su lugar un sentimiento familiar.
—No te eches toda la culpa, creo que apresuré demasiado las cosas, —Lincoln comentó, mostrándole a su hermana una expresión reconfortante: finalmente su rostro esbozó una firme muestra de felicidad— sólo dime cómo puedo hacer las cosas más fáciles para ti, hermana.
Lori aún estaba estremecida por aquella muestra de afecto y comprensión — yo… lo siento Linc, la verdad no estoy segura de que hacer. —Lori suspiro— Cuando te quiero decir algo mi mente siempre vuelve al pasado y...
—Entiendo. Entonces, puedo preguntarte sobre tu ahora—Lincoln saltó aquel campo minado que ya conocía de antaño, pues Lily le había ayudado hace mucho a mapear y a cómo evitarlo.
— La verdad de lo que más me gustaría poder hablar contigo sería de lo que has estado haciendo estos últimos años, eso sería suficiente.
Cualquier cosa con tal de poner por lo menos una ventana en la pared que nos separa.
Lori titubeo por un momento, pero al final sonrió, vencida—Creo que podría hacer eso. Siempre hay una historia que me gusta contar.
Entonces, Mientras esperaban y durante todo el desayuno y reposo, Lori relató cómo se dio a conocer en el mundo de negocios. Impulsada en un principio por los contactos de Lisa, su camino empezó en un puesto alto, como jefa del departamento de recursos humanos en una empresa anexada a una multinacional.
Poco después su mano dura y experticia aprendida durante los años junto a sus hermanos le permitió aprovecharse y sacar lo mejor de sus empleados, haciéndola destacar entre los altos cargos.
Los años continuaron y poco después se encontró en la multinacional enlazada a su antigua empresa, repitiendo la misma fórmula ganadora.
—No creo poder haber llegado tan lejos de no haber sido la primogénita —Lori añadió mientras llevaba una taza de té a su boca, su pulso y movimientos demostrando la paz en su interior—, la posición de hermana mayor y el de jefe son solo un título, pero te dan un poder enorme al momento de manejar relaciones.
—A todas estas, ¿Que ha sido más difícil, Nosotros o tus nuevos empleados? —Lincoln comentó con una risa burlona.
—Sin duda ustedes, haha, mis empleados le tienen demasiado amor a sus sueldos como para hacerme las cosas difíciles —Lori soltó un pequeño resoplido por la nariz y luego tomó otro sorbo— El silencio reinó de nuevo, pero después de su larga conversación este silencio era sin duda mucho más cómodo que el anterior. Finalmente Lori pareció recordar algo y volteo la mano para mirar el reloj que tenía a la contraria de su muñeca—Caramba, Lincoln, ¿Por qué no me advertiste que la historia se había ido para largo? Voy a llegar tarde. Déjame pagar el cheque y nos vamos directo a mi junta, ¿bien?
Lincoln no discutió, mas si pudo disfrutar de aquel momento tan natural; un reflejo exacto de la Lori que recordaba.
Ambos hermanos se despidieron del staff y continuaron su camino. Ya dentro del auto Lori regresó a los documentos en su móvil, y entre miradas de reojo Lincoln pudo notar como esta balbuceaba algunas palabras mientras leía y el viento fresco del aire acondicionado le soplaba levemente los flequillos de pelo en su frente. Era una escena tan ordinaria como cualquiera, que había visto mil veces en su niñez, sin embargo en ese instante lo llenó de un repentino y vertiginoso sentido de bienestar que lo sorprendió.
—Oh… cierto, —Lori soltó, haciendo que las orejas de su hermano se tensaran cual conejo atento— Lo de estudiar y entender las fortalezas de mis empleados… eso lo aprendí,literalmente, de ti… así que, pues, gracias.
—Linky… —dijo en un murmullo para sí misma.
Al terminar su declaración sus ojos y atención volvieron instantáneamente al teléfono ,súbitamente escondiendole a su hermano lo nerviosa que la puso ser tan franca con él después de tanto tiempo.
—Me alegra haber sido de ayuda, Lori. —Lincoln comentó, inconscientemente demostrando su alegría con una sonrisa que duró el resto del camino.
Al llegar al sitio de reuniones, un edificio de tres pisos con balcón, anexo a una fábrica de telas y textiles, con una torre de Hotel en el frente y una cooperativa de taxistas al lado. Lincoln esperó afuera, haciendo bosquejos en su móvil con el dedo mientras esperaba.
Tres horas después Lori se encontraba en el balcón del edificio con una copa de vino en mano, en el fondo se escuchaba las voces de los otros empleados charlando.
El primer sorbo de su copa vino acompañado de un suspiro frustrado, expulsando la tensión producto de aquella reunión. Irónicamente, se sentía más relajada luego de esa junta con su equipo, la familiar sensación de dar órdenes y resolver problemas le habían devuelto el sentido de control que había estado extrañando desde el momento en que recibió aquella llamada inesperada de Lincoln en la mañana.
Sin embargo, ahora que habían terminado y se tomaba un descanso antes del viaje de vuelta, observando desde el quinto piso ese auto y pensando en la persona que lo ocupaba, no podía evitar como de nuevo le subía el neuroticismo que le llegaba tan natural a Lori Loud.
Al menos Lincoln no la tuvo difícil esas tres horas, Pensó al ver la Vanzilla cubierta por la sombra del hotel.
Debería de invitarle algo cuando volvamos, no… ¿Y si piensa que le quiero devolver el favor como si esto fuera una transacción?
Lori tomó otro trago de su copa
No, no, Lincoln no pensaría así...¿O acaso sí? Tal vez mandarle un regalo el día después sería mejor.
Lori tomó otro sorbo de su copa, sus mejillas tornándose de un tenue color rojo ante el efecto del licor.
Si, además eso me salvaría de tener que mirarlo a esos malditamente tiernos ojos cafés...
—Wow, ¿Cuántos gatos ya adoptaron?
Lori se volvió de golpe hacia el origen de aquella pregunta, La jefa del departamento de logística, una mujer de cabello oscuro y corto con tintes azules, y un flequillo cubriendo parte de su ojo derecho.
—Señora Romero, que susto me dio —Lori entonces acomodo su cabello con un par de dedos —, disculpe, pero no entendí a qué iba ese comentario.
—Oh, querida, no te hagas. La forma en la que miras a ese joven de allá abajo, el rubor en tus mejillas —Romero entonces apuntó a la copa de Lori, haciendo que esta notara que se había terminado casi todo su contenido —, es la primera vez que te veo así, ¿puedo saber quién es el afortunado?
—Oh, es un viejo amigo de la familia— Lori expulsó antes de forzar una sonrisa— no te hagas ideas, solo recordaba un momento vergonzoso.
—¿Ahh, si? —La señora escaneó a Lori con la mirada, picardía rebosando en mirada de sospecha— está bien, no voy a forzarte a decirme nada… por ahora.
Romero cubrió su boca con la palma antes de soltar una risa picara.
—Pero no creas que lo dejaré pasar, pequeña, estoy segura que tu actitud durante la reunión tiene que ver con ese chico.
Luego de soltar ese detalle, se regresó al grupo de personas en el fondo. Dejando a Lori con sus pensamientos durante su viaje de regreso a la Vanzilla.
—Oye, Lori, ¿Estas bien? — Lincoln le preguntó tan pronto vio la mirada perdida en sus ojos y la expresión consternada en su rostro.
—Hmm, si, la verdad todo fue bien, incluso mejor de lo que esperaba. — Lori siguió su camino y entró al vehículo, hallando una leve dificultad en sus movimientos producto de la bebida.
Lincoln le siguió adentro y arrancó el motor, —Ahm, entonces…
—Solo dame un momento, necesito acomodar mi cabeza. —Lori solicitó antes de fijar su vista en la ventana.
—Claro, no hay problema. —Su hermano no se lo discutió, notando el misterioso peso que por alguna razón parecía haberse encaramado a los hombros a Lori desde que volvió de la oficina. Era obvio que tenía algo en su mente, pero el peliblanco no se lo comento, de alguna manera presintiendo que si presionaba solo la estresaría más. En vez de eso, colocó su teléfono en el sistema de sonido y dejó su playlist de Lo-fi sonando.
Pasaron varios minutos sin que su hermana dijera algo, ni una sola palabra.
Lincoln apretó el volante, y se concentró en la carretera. Podía aguantar la incomodidad y hacer esperar a su curiosidad un poco más.
No fue sino hasta media hora de viaje después, cuando se encontraban en los límites del bosque de Michigan, que Lori le pidió a su hermano que detuviera el auto.
—Bueno, soy todo oídos, —dijo Lincoln después de parquear al hombro de la carretera, sintiendo que después de tanto tiempo callada, lo que le contaría Lori iba a ser algo importante. Volteó hacia su hermana, y esta se le acercó.
—¿Si? —Preguntó con cierta expectación.
—Linc, —le dijo, y el frente fruncido y ojos turbios que había tenido todo el viaje lentamente aflojaron. Parecía haber tomado una decisión.
—¿Puedes abrazarme? —Finalmente le pidió, sin más adorno.
Por un instante el peliblanco quedó pasmado, aquella petición era lo ultimo que se esperaba. Pero después de un momento su naturaleza destruyó sus dudas. Sin decir más, Lincoln acomodó su pierna en el cojín de medio, abriendo los brazos y dejando espacio para Lori.
Lori se acercó un poco más, la primera olfateada del aroma de su hermano haciéndole tragar saliva. Volteo y se recostó sobre su pecho lentamente, su respiración tosca durante todo el proceso, su cuerpo tensandose conforme se acercaba a él, como si pudiera cambiar de parecer en cualquier momento y huir.
Lincoln entendiendo el lenguaje corporal de su hermana, colocó sus brazos alrededor de Lori al mismo paso con el que ella se acercaba a él, primero por encima, sin siquiera tocarla. El tacto volviéndose más prominente conforme ninguno de los dos mostrara negación.
La rubia finalmente se acurrucó, la tensión en sus músculos y piel deshaciéndose. Lori logró dejarse llevar, respirando con satisfacción al compás del pecho de su hermano, compartiendo su calor mientras que la música Lofi les insinuaba a ambos la idea de descansar en ese punto tranquilo de la carretera.
Esto es suficiente. Se dijo a sí misma
Esto podían ser ellos.
—Lincoln.
—¿Si, Lori?
—Perdón si fui distante contigo hoy —Murmurró—, es solo que…
Lori apretó de la camisa de su hermano —Quiero volver a lo que teníamos antes. En verdad lo quiero —suspiró—, pero tengo miedo de que vuelva a surgir lo que nos separó.
Por un instante, el sueño que Lincoln tuvo en la mañana resonó dentro de su cabeza, y el recuerdo de aquella noche le llevó a abrazar con fuerza a su hermana.
—Lori, yo, tampoco quiero perderlas… no de nuevo.—El peliblanco admitió, y la más leve traza de la silenciosa angustia a ser rechazado que el joven había estado suprimiendo todo el dia, aquella que se originó desde el momento en que ella le había colgado en la mañana, se filtró en su voz antes de que Lincoln pudiera evitarlo.
Lori se levantó de golpe para poder mirarlo a los ojos, su expresión se tornó en una de angustia ante las palabras de su hermano.
—Ni que se te ocurra —exclamó a lo que puso su mano sobre el pecho de Lincoln—. No dejaré que eso pase Linc, te lo prometo.— De repente dijo con la familiar determinación que tanto caracterizaba a Lori Loud, con aquel tono de hermana mayor asegurandole algo a su hermano menor.
—Lori…
Lincoln sintió una calidez irrumpiendo en su pecho, un sentimiento de nostalgia tan fuerte que casi lo deja aturdido.
—Solo… te pido que le des la misma oportunidad a las otras, ¿Sabes? —Lori le dijo con cierta vacilación—. La verdad hoy no pensaba venir a este viaje contigo.
Aquella declaración despertó la duda sobre Lincoln, pero Lori procedió a explicarse de inmediato.
—No tenía el valor de hacerlo, Lincoln. Pero...en verdad, agradezco que tu si —Lo miró fijamente, sus ojos verdes tan vivos y brillantes que casi lo hipnotizaba—. Gracias, hermanito.
—... De…— Finalmente el peliblanco pudo despertarse a sí mismo del hechizo a tiempo para responderle.—De nada.
Lincoln tomó un leve respiro, frescura y paz irrumpiendo en su interior y como resultado este le sugirió con un gesto a Lori que volvieran a su abrazo.
Lori acaricio su pecho primero y, devolviéndo la sonrisa, se volvió a acurrucarse sobre él, —Aunque… espera un poco con Luan y Leni, de acuerdo? Necesito hablar con ellas primero.
¿Luan?
—Ahm, si —aclaró la garganta—, puedo esperar.
—Gracias Lincoln, —Lori sonrió, apretando un poco más contra el cuerpo de Lincoln—, estoy segura que ellas también quieren volver a como todo era antes.
En ese instante un recuerdo no grato le sacó a Lori un suspiro exhausto.
—Especialmente Leni.
Pasaron varias canciones así, sin necesidad de decir una palabra más, solo compartiendo el abrazo, hasta que la música suave de fondo pudo más que Lori y esta se durmió. El estrés emocional del dia le había dejado más peso de lo que había esperado, y el enorme catharsis que experimentó cuando Lincoln la encerró en sus brazos finalmente la venció.
Tomó un largo rato para que Lincoln pudiera generar la voluntad para moverse e interrumpir ese momento que tanto había añorado, ese momento tan supremamente sublime, pero sabia que no podían quedarse parqueados al hombro de la carretera para siempre, por lo menos no sin que no los molestara la policía.
El joven finalmente resignado, suspiró y, con toda la ternura posible, recostó a su hermana sobre sus piernas. Trató de no estremecerla mucho cuando puso el auto en marcha, manejando tan suavemente como sus piernas y control le permitieran, haciendo para Lincoln los siguientes pocos kilómetros un largo, y reconfortante, viaje de vuelta a casa.
