Hola, hola, Luna de Acero reportándose.

Sepan que este final viene auspiciado por la maravillosa Yueblack_503, así que, si fueran tan amables, dejen un bonito comentario para ella, por favor.

Aquí el final de esta historia, espero lo aprecien jaja, no fue fácil. Si les ha gustado al menos un poquito, tengan a bien hacérmelo saber por un mensajito o review, ¡muchas gracias!

¡Besos miles!


Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son de Isayama Hajime, la historia si es de mi completa invención.

Advertencias: Palabras altisonantes, uso indiscriminado del OoC para los personajes principales, fluff, contenido R18, el lemon no estuvo tan extenso (no me maten), pueden leer tranquilos no habrá sufrimiento para Levi, Eren o sus hijos, los demás personajes ya no sé, jaja. No tengo nada más para decir, disfruten.


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"No hay camino sencillo hacia la libertad en ninguna parte

y muchos de nosotros tendremos que pasar a través del valle de la muerte

una y otra vez antes de alcanzar la cima de la montaña de nuestros deseos".

Nelson Mandela

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Levi pasó su brazo por su frente perlada de sudor y suspiró. Miró con orgullo las filas y filas de surcos de tierra renegrida que acaban de plantar con mucho esfuerzo. Del otro lado filas y filas de plantas ya crecidas brindando un montón de verduras y frutas frescas y deliciosas.

—Mario, ve por el sector contra la pared y riégalo un poco más, por favor —le pidió a uno de sus colaboradores.

Se giró cuando un par de guardias se acercaron a conversar.

—Fer, Roco, ¿todo bien?

—Sí, sí, todo muy bien —dijo Roco mirándolo con tranquilidad—. Solo queríamos preguntarte cuando van a cosechar las frutillas, ya se ven muy grandes.

—Bueno, tengo la programación para la cosecha pasado mañana, no queda mucho, pero si ven alguna jugosa, solo tómenla —ofreció sonriente.

—Esa Levi, buen trabajo —animó Fernando golpeando con un poco de rudeza la espalda del omega—. Tú eres el único que puede poner a trabajar a esta bola de vagos —soltó señalando al resto de la población carcelaria.

Hacía tres años que Levi estaba al frente de un enorme proyecto de producción de vegetales desde la cárcel. Los omegas encarcelados tenían un nuevo objetivo, se entretenían y a la vez se volvían productivos tanto para la cárcel como para la sociedad. El director de la penitenciaría, luego de ver que con mucho esfuerzo Levi había montado el primer sector de tubérculos, comenzó a interesarse seriamente en el proyecto. Siempre eran bienvenidos esta clase de emprendimientos que dejaban con excelentes referencias a las cárceles, ya que luego cuando pedían la participación del gobierno recibían más divisas.

En poco tiempo contó con un apoyo económico (no era el ideal, pero ayudó bastante) que, sumado a la excelente administración del omega, en poco tiempo logró que las huertas se multiplicaran. Casi sin darse cuenta, tuvieron a una enorme producción que comenzó a generar ingresos importantes, y además que contribuyó a una mejor alimentación dentro de la institución. Levi trabajaba a destajo, de sol a sol, sin dar tregua, y gracias a toda su dedicación y resultados, logró el apoyo del director cuando su sentencia fue apelada.

Le redujeron la condena a cinco años, y ahora estaba transitando el último mes dentro del recinto. Ahora se movía de un lado a otro con naturalidad, la mayoría de los presos lo trataban bien y le pedían que los incluyera en los futuros proyectos. Hacía poco habían tenido un sobrante de pimientos en gran cantidad, por lo que Levi ideó un taller de conservas para que no se perdiera la producción. El resultado fue tan delicioso, que no solo vendieron todo lo envasado, sino que tuvieron que abrir un sector que se dedicara a eso de manera exclusiva por aparte de las tareas de cuidado de las huertas. Había trabajo de sobra.

Su mano derecha, Momo, estaba detrás de sus pasos y cuidando sus espaldas. Se habían vuelto buenos amigos allí dentro. Pero a él le quedaba un tiempo más "guardado".

Esa noche cuando regresó de las duchas para acostarse, Momo lo estaba esperando con su consabido té negro y galletas de salvado untadas con mermelada casera de fresas, las mismas que habían recogido de la producción de las huertas en la recolección anterior.

—Se te ve muy cansado —dijo Momo cruzando las piernas y relajándose contra el respaldar de la silla.

—Uf, es que quiero dejar toda la máquina andando, si todos hacen su parte y se comprometen, seguirá funcionando, sería una pena que no se le diera continuidad.

—¡Idiota! —soltó el otro bufando—. ¿Qué tanto te preocupas de las pobres almas que penamos por aquí? Yo ya hubiera tirado los guantes, ahora debes pensar en tu hijo y en el lindo alpha que tienes a tus pies.

Levi sonrió de manera humilde y tomó la taza con ambas manos para calentar sus dedos, la porcelana se sentía cálida.

—No está a mis pies —susurró por lo bajo.

—Levi, ¿quieres que te golpee? —ofreció "cariñosamente" Momo—. Más te vale que aproveches, ese tipo no puede amarte más de lo que ya lo hace. Mira que venir semana tras semana, durante más de cuatro años, eso no lo hace cualquiera. Cuando te mira se le salen los ojos, y me ha contado un pajarito que los han visto besuqueándose con fervor, así que...

—Una cosa es aquí dentro, ya veremos cuando estemos afuera.

—Apenas pongas una pata en la vereda, ese alpha te va a roer hasta los huesos.

Terminaron riéndose, Momo siempre era tan directo. Pero lo cierto es que Levi tenía sus propios deseos también. Eren había dejado claro sus intenciones en varias oportunidades, pero a él le llevo mucho tiempo sanar la herida que había quedado luego de la partida de Farlan. Cada noche rezaba por su bienestar, le debía tanto. Cuando se sintió mejor, se mantuvo muy cauteloso, no quería que los sentimientos por Eren solo estuvieran contaminados de su más sincero agradecimiento, no era justo para ninguno. Si aún existía la posibilidad de hacer crecer algo juntos, debía ser auténtico.

Lo bueno es que el alpha lo entendió, no lo presionó, respetó su espacio y se limitó a acompañarlo y a mantenerlo al tanto de las novedades. Evan iba camino a cumplir catorce años, ya había comenzado a pasarlo en altura. Aún no se creía que de su vientre había nacido un ser tan hermoso, fuerte y bueno, se sentía orgulloso y aunque no podía evitar lamentarse todo aquello que se había perdido de su crecimiento, estaba tranquilo con la decisión tomada. Todos pudieron estar a salvo, incluso él. El doctor Grisha parecía que ya no lo tenía en cuenta, pero nunca se sabía con ese tipo de persona, por lo que jamás bajaba la guardia. Aunque tenía ganas de salir en libertad, tenía una ansiedad tan grande que las últimas noches no podía descansar adecuadamente, incluso si trataba de quedar agotado por completo luego del trabajo en las huertas.

Un día fue consciente de lo mucho que sus ojos seguían a Eren, de que disfrutaba tanto su compañía y sus charlas, había flores nuevas naciendo dentro de su corazón, mientras que también había otras que siempre habían estado ahí, que nunca marchitaron. Una vez lo visitaba con Evan, a veces Ciro también se colaba, y otra vez venía solo. Cuando se dio cuenta, ya se sentaban juntos, muy pegados, charlando en susurros, como dos cómplices, sus manos se buscaban con timidez y entrelazaban sus dedos, ese simple gesto lo hacía feliz. Ya no tenía miedo de mostrar sus manos llenas de callos y heridas por el duro trabajo.

Atrás había quedado el estigma de su cáncer, al menos hasta el último chequeo realizado unos meses antes, ya no había rastros, y esperaba que se mantuviera así. Tenía muchos proyectos, muchas cosas que quería vivir. Y en sus pensamientos, además de la vívida imagen de su hijo, aparecía Eren. Se permitió soñar, aunque no supiera lo que el futuro le podía deparar. El día que se besaron en la boca la primera vez, (primera vez era una forma de decir, pero después todo ese tiempo se sentía así), se había estremecido por completo, hasta los huesos. Le sorprendió, porque no se consideraba una persona lasciva, tal vez porque había enterrado todos sus anhelos, los había echado al olvido. Y un día comienzan a desbordarse, sin que pudiera detenerlos. ¿Por qué esperar, por qué seguir negando lo que ambos sentían?

Eren había sido muy claro, quería una relación formal, algo que perdurara, y día a día le había demostrado que iba a estar para él de manera incondicional, incluso si su respuesta era un no. Además, había defendido como un león a sus hijos. Tal como había prometido, les había hecho la vida de cuadritos a sus padres. Renunciando a toda herencia posible, puesto que no quería ni un sólo dólar de todo ese dinero sucio y mal habido. Puso todas las trabas legales posibles, así que sus padres tenían visitas supervisadas para poder tener contacto con sus nietos. Una hora a la semana, porque la "justicia" los obligaba.

Sin embargo, cuando esa hora llegaba, la mayoría de las veces Evan o Ciro estaban "enfermos", y se presentaban los certificados médicos correspondientes, o simplemente Evan no quería verlos, por lo que habían hecho una evaluación psicológica determinando que las visitas a sus abuelos afectaban el normal desarrollo de los niños, provocándoles depresión y angustia por todo lo vivido respecto al juicio, por lo tanto, se recomendaba que, si los niños no querían, no sería prudente obligarlos. Básicamente, casi nunca era posible que pudieran tener contacto, y las muy pocas veces que lo lograban, Evan en especial, era una muralla infranqueable y muda, no importaba lo mucho que esas personas intentaran hablar con él.

A Levi no le complacía la situación, hubiera preferido que las cosas fueran distintas, que Evan pudiera disfrutar de sus abuelos, pero siendo las personas que eran, por lógica estar en contacto con ellos dejaba siempre un saldo negativo. Era mejor así, que no hubiera relación. Aunque fuera triste, era lo mejor.

Carla, no solo había perdido la posibilidad de formar parte del crecimiento de sus dos nietos, sino que además había perdido a su hijo de forma total. Había ido a buscarlo hasta el hartazgo, llamándolo, escribiéndole cartas de puño y letra, llorando y rasgándose las vestiduras, y Eren siempre la miraba con una frialdad abrumante. Hacía un año que le había puesto una medida cautelar y una perimetral, con lo cual no podía acercarse a su casa ni a su persona a menos de doscientos metros. La mujer se quebró por completo, tomaba altas dosis de antidepresivos y la mayor parte del tiempo vivía como un ente sin voluntad ni fuerza. Al principio, cuando Grisha no estaba en casa, ahogaba sus penas con alcohol, pero su vicio fue creciendo y creciendo, al punto que ahora no era capaz de vivir sin estar ebria. Esto jugó a favor de Eren, que presentó una medida cautelar para que definitivamente no pudiera ver a sus nietos hasta que se curara por completo y lo demostrara.

Grisha seguía siendo igual de próspero, sus cuentas bancarias no hacían sino crecer y multiplicarse, en detrimento de la tristeza que cada vez estaba más difícil de ocultar. Por las noches, cuando Carla estaba tirada en algún sillón, anestesiada de pastillas y alcohol, no tenía ni siquiera quien pudiera compartir con él para llorar sus penas. Era dueño de una fortuna incalculable que su hijo o sus nietos jamás iban a heredar. Todos sus sueños a nivel económico y profesional, se estaban cumpliendo, ¿y para qué? Odiaba ponerse a pensar, a reflexionar. Su familia, esa que era tan hermosa y unida se había convertido en puras cenizas.

Su hijo era astuto, había cumplido con su palabra, pensó que sería suficiente con sobornar aquí o allá, pero no existía dinero que pudiera comprar el cariño de los suyos. Evan lo despreciaba, para Eren estaba muerto, Ciro tampoco le prestaba atención, lo evitaban como la peste. Y su amor, su compañera de toda la vida, la omega que había elegido para estar juntos, la mayoría de las veces lo confundía con Eren.

—¡Eren! Volviste, hijo mío.

Lo abrazaba en la bruma de su ebriedad y lloraba sin parar, suplicándole por su perdón. Cada día era una pesadilla, más de una vez estuvo tentado de mandar a matar a ese verdulero, el que él consideraba la ruina, la maldición que había caído sobre su casa. Pero era intocable, si algo le sucedía, él sería el primero en ser culpado, además, a estas alturas, ¿qué ganaría con su muerte? Que su hijo lo odiara aún más, cosa que intentó todos estos años revertir de alguna manera. Eren se lo había dicho, la última vez que le había dirigido la palabra: "Te lo juro por mis hijos que, si llegas a tocar un solo cabello de Levi, con estas mismas manos te mataré, a ti y a la asquerosa mujer que tienes de compañera". Esa amenaza lo tenía quieto, porque sabía que Eren cumpliría con su palabra sin importar las consecuencias.

Se había equivocado, debería haber dejado que siguiera esa estúpida relación con ese insignificante omega. Daría todo lo que tenía ahora, si pudiera volver el tiempo atrás.

Luego de casi suplicarle, Eren había aceptado tomar un café con él, "solo diez minutos y ven solo, no quiero ver a Carla", le había dicho, y había estado esperando impaciente por esa oportunidad. Eren llegó quince minutos tarde a la cita, se sentó frente a él con la misma indiferencia de siempre, tan estoico y lejano.

—Buenas tardes, Grisha —saludó,

—Hola, Eren. Te agradezco por aceptar escucharme.

El hombre manipuló su celular y programó diez minutos para que sonara la alarma. Grisha sintió como si una filosa daga se le metiera en el corazón.

—Bien, dime lo que necesites.

—Te extrañamos en la casa, hijo. Tenía muchos planes para que Evan, Ciro y tu disfrutaran, junto a nosotros claro.

—¿Sabes quién más tenía planes durante todos estos años? Levi, pero no pudo concretarlos, como tampoco pudo estar en la vida de Evan a diario, lo que hizo que mi hijo mayor sufriera ataques de ansiedad y depresión. Depresión, con 9 años. Bueno, eres médico, no debo explicarte demasiado.

—Lo siento —exclamó el hombre, se lo notaba afectado, la vista baja, encorvado, como si hubiera envejecido de golpe.

—Tus disculpas no arreglan nada.

—Eren, escucha, yo estoy dispuesto a hacer lo que me pidas. Deja al menos que le abra una cuenta a Evan y otra a Ciro, para su universidad, para su futuro, entiendo si tu no quieres, pero ellos, todo lo que hice fue por ti y por ellos.

—Yo no te pedí que mates a nadie —le habló con dureza Eren, su enojo escalando cada vez más—. No te pedí que le pidieras que abortara al omega que yo amaba y que llevaba a mi hijo en su vientre, yo no te pedí que nos arruinaras las vidas. La única cosa que yo esperaba de ti y de tu pareja, era que me dijeran la verdad y no lo hicieron, incluso cuando yo casi me muero de la pena.

—Tiene que haber una forma de arreglar las cosas, de co-compensar los daños.

—¿Compensar los daños? —Eren se cruzó de brazos y lo siguió mirando con desprecio—. Bien, pensemos entonces, ¿cómo nos vas a compensar a Levi, Evan y a mí, por todos los años que no estuvimos separados? ¿Cómo vas a compensar a Levi por haberlo encarcelado injustamente por cinco largos años? ¿Cuál es el precio que hará que Evan no tenga traumas por todo lo que tuvo que vivir, porque le arrancaron a su padre de cuajo y lo dejaron en manos de personas con las que él apenas estaba formando un vínculo? ¿Cómo harás para borrar las lágrimas, las pesadillas, la desesperación de un niño inocente que lo único que quería era estar en brazos de su padre omega? ¿Te crees capaz de compensar a Levi por todo lo que pasó dentro de su encierro? —al alpha se le llenaron los ojos de humedad y su padre lo miraba petrificado—. ¿Te tienes la fe suficiente para siquiera creer que puedes reparar los años de pura mentira a las que me sometiste? Pues, lamentablemente, Grisha, no existe fortuna en este mundo, que sea capaz de compensar todo esto. No existe —reafirmó su punto—, y mucho menos una que se hizo en base a fraudes, lavado de dinero y sucia política de mierda. Prefiero que mis hijos sean verduleros, si es que no me alcanza para pagar por sus carreras en el futuro, a que lleguen a parecerse ni un uno por ciento a ti o a Carla, porque al menos tendrán su consciencia limpia. ¿Tú puedes dormir bien, Grisha? ¿Puedes descansar sin que los remordimientos te atosiguen? ¿Puedes mirar a tu esposa y sentirte orgulloso de todo el mal que has hecho?

Su hijo se detuvo y le dio un breve espacio.

—No, no puedo.

—Pues me alegro, porque ni todo el sufrimiento tuyo y de Carla, pueden solucionar lo crueles y malditos que fueron.

—Quiero pedirle perdón —dijo el hombre quitándose los anteojos y sucumbiendo al arrepentimiento.

—¿Pedirle perdón?

—Me arrojaré a sus pies, puede quitarme la vida si quiere, haré lo que sea Eren, por favor, tenme piedad.

—¿Acaso tú la tuviste? Cuando estábamos en el juicio, te rogué que detuvieras el proceso, no una, decenas de veces, a ti y a ella, a ella le pedí que dijera la verdad, pero se escudó diciendo que tenía miedo. Pues entonces tendrán exactamente el mismo trato que decidieron darme en ese entonces, sin piedad alguna.

—Eren, hijo, ¡dimos todo por ti! La mejor educación, las mejores ropas, siempre tuviste lo que quisiste a manos llenas mientras estuviste en casa, nosotros hicimos tanto, ¿acaso eso no significa nada para ti? —habló de manera dramática mientras se quebraba por completo, pero Eren no se conmovió en absoluto.

—Oh, ahora resulta que el que les debe algo ¿soy yo? Bien, entonces, suma cada pequeña cosa, incluye todas las horas de paternidad y maternidad que invirtieron, puedes tasarlas al precio que tu cobras la cita de honorario médico, si quieres ser justo. Ya que supongo que dejaste de atender pacientes por criarme a mí que, dicho sea de paso, no les pedí nacer. Aunque, no importa, solo suma todo, hasta el primer calcetín que me hayas comprado.

—¡Hijo, no seas así, no te lo estoy cobrando, no lo dije con esa intención!

—Sí, sí que lo dijiste con la intención de hacerme sentir culpable porque les debo por mi manutención. Una vez que hayas sumado todos los items, descuéntalo de todo el infierno que nos hiciste vivir, te aseguro que nos quedarás debiendo, y con creces.

La alarma del celular comenzó a sonar, Eren la apagó y se puso de pie.

—Se te terminó el tiempo, Grisha.

—¡Eren, espera, te lo suplico, escúchame por favor!

—No. Nada de lo que digas puede cambiar algo, ya no. Por cierto, creí entender algo así como que querías disculparte con Levi, ni siquiera lo sueñes. Levi es mi omega, te prohíbo que te le acerques, ni dentro, ni fuera de la cárcel, no ahora, ni nunca. Si llego a saber que has intentado siquiera llamarlo o escribirle, te mataré.

—Solo tengo buenas intenciones, jamás le haría daño a ninguno, a Levi tampoco.

—Ja, ahora lo llamas por su nombre, que gran cambio, Grisha, ten cuidado no vaya a quedar herido tu clasismo. Y todas esas buenas intenciones que dices tener, todas las ganas de compensar los daños, ¿qué tal si te las guardas para tu esposa que buena falta le hace? —Eren caminó a la salida, pero se detuvo en la puerta, giró su cabeza y observó a su padre, el rostro arrasado por las lágrimas, y no sintió nada, ni siquiera lástima—. Por cierto, Grisha, tú y Carla, coman mierda.

Cuando subió a su camioneta largó un hondo suspiro y por primera vez en mucho tiempo no sintió ganas de llorar, al contrario, se sentía eufórico, había tenido tantas cosas atragantadas todo ese tiempo, se sentía liberador decirlas. Su celular vibró, era su hijo mayor.

—¿Evan?

—Profesor, ¿dónde estás? Calla Ciro que no lo escucho —regañó a su hermano.

Eren puso el celular en un soporte y lo conectó al bluetooth de su carro.

—Lo siento, hijo, me demoré con una reunión, ya estoy yendo a casa.

—¿Estás bien, no te pasó nada cierto?

Escuchó perfectamente como se le aceleraba la respiración. Secuelas que no sabía cuánto durarían, Evan no podía permanecer mucho tiempo alejado de él. Si se demoraba con algo, aunque más no fuera por unos minutos podía hiperventilar y necesitar asistencia médica.

—No, hijo, estoy perfectamente bien —dijo y apretó la pantalla para convertir la comunicación en una video llamada.

De inmediato notó el alivio en las facciones de Evan, Ciro estaba por detrás de su hermano mirando con atención.

—Papá, compra hamburguesas, Evan quiere.

—Yo no dije nada. Ciro es el que jode con eso, además ayer comimos comida chatarra, hoy hay que comer sano.

—Aburrido —exclamó Ciro e hizo reír a Eren.

—¿Qué tal esto? Podemos comer algo intermedio, algo como, churrasco con ensalada, ¿tal vez?

—Hamburguesas, papá —insistió Ciro.

—Hay chuletas en el refrigerador, yo las haré, profesor. Solo nos falta algo de tomate para la enlasada, en-ensalada.

—Al menos trae algo de chocolate para el postre, entonces —pidió Ciro con seriedad al ver que no podía salirse con la suya.

—Justamente, esta mañana compré algunos, los tengo en la guantera.

—Ugh, deben estar derretidos, pidamos helado.

—Ya basta, Ciro, siempre eres tan exigente —lo regañó su hermano—. Profesor, no te apures, ¿sí? Por favor, conduce con cid-ciudado.

—Si, hijo, estoy siendo muy prudente, no te preocupes.

—Bien, te esperamos, te amo mucho, mucho.

—Yo también, a ambos.

Evan se había vuelto extremadamente colaborador, siempre estaba acomodando o limpiando algo. "A papá Levi siempre le gustaba que todo estuviera limpio", solía decir y seguía con el trapo, el plumero o la escoba. Había tenido que madurar de una manera demasiado brusca para su edad, y aunque podía decir que, con la terapia, las visitas a Levi en la cárcel y los cientos de charlas que habían compartido, las cosas habían mejorado mucho, aún quedaban heridas que no terminaban de sanar.

Una punzada de dolor le llegó al pecho esa vez que había tenido un accidente, un autobús había chocado la parte de atrás de su camioneta y por este motivo había demorado quince minutos más en llegar a la escuela a retirarlo. Evan tenía diez años, y su maestra, sin tacto y sin conocimiento de la situación le había contado del accidente. Cuando llegó había una ambulancia y lo estaban asistiendo, colocándole oxígeno porque estaba tan tenso que casi no podía respirar, sus pequeñas manos agarrotadas, como garritas, todo duro, como catatónico. Lo abrazó y le besó la frente, le refregó la espalda y así estuvieron cerca de una hora hasta que al fin Evan pudo hablar entre lágrimas. "Pensé que te había pasado algo, papá. Si te pasa algo, Evan se quedará solito, solito", fue de las pocas veces en que le dijo papá. Esa noche durmió prendido a su figura como koala. Incluso durante un tiempo no podía ir siquiera al baño sin dejar la puerta abierta.

Era notable que cuando estaba cerca de Levi se transformaba en un niño diferente, mucho más parecido al que él había conocido en Puerto Olimpia. Muchas veces se preguntaba si es que él estaría fallando, pero se esforzaba por darle todo la contención y el tiempo necesarios, solo que les faltaba Levi, con él la vida de todos sería mejor.

...

Levi los estaba esperando en la sala de visitas, muy bien vestido, expectante. Evan lo ubicó con su mirada y sonriendo corrió a sus brazos, lo abrazó con tal fuerza que Levi sintió algo de sofoco.

—¡Papá! Ya solo faltan dos semanas, ¿verdad, profesor? —dijo al alpha que venía detrás de él cargando algunas cosas para entregarle al omega.

"Profesor", ya le había quedado esa denominación para toda la vida, y a Eren no le molestaba que su hijo lo llamara de esa manera, al contrario. Ciro apareció por detrás de Eren y esperó su turno para saludar. Era un poco más bajo que Evan, y un calco de su madre, cabello rubio, ojos celestes enormes y expresivos, usaba anteojos redondos con un fino marco negro. Cuando Evan lo soltó, el otro abrió sus brazos para que el omega lo mimara.

—Hola Ciro, ¿has crecido desde la última vez? —dijo el omega brindándole un sentido abrazo porque, aunque no tuviera su sangre, era un hijo más para él.

—He crecido tres centímetros —dijo levantando la barbilla, orgulloso.

Los jóvenes tomaron asiento y finalmente Eren se acercó para dejar un beso en su mejilla. Por respeto, guardaba mejores muestras de afecto para cuando estuvieran a solas.

—Hola, estás hermoso el día de hoy —lo halagó en un susurro, el omega sonrió de manera pequeña pero significativa. Solo con mirarse se entendían.

—Tú más —le devolvió con complicidad.

Cuando todos estuvieron sentados Evan sacó el Monopoly de su mochila y comenzó a repartir las fichas con rapidez, ya que si bien ahora las horas de visita eran dos (a veces los guardias los dejaban un rato más), casi nunca alcanzaba para terminar la partida entera.

—Papá, ¿qué color vas a querer usar hoy?

—El gallo verde —eligió el omega—. Por cierto, aquí les traje las nuevas mermeladas de la temporada.

Ciro miró con atención, era el más dulcero de la familia y devoraba las mermeladas que Levi preparaba para ellos con auténtica voracidad.

—¡De grosellas, si! —festejó con alegría.

—Trajimos las cosas que me pediste —informó Eren dejando una bolsa con implementos de aseo personal y algunos víveres.

—Gracias. ¿Cómo les ha ido con los exámenes de la escuela? —preguntó mientras ayudaba a Evan a acomodar los billetes.

—Tengo el mejor promedio de toda la institución —respondió Ciro y miró de reojo a Levi—. Merezco que me feliciten.

—Mocoso, no seas tan arrogante —dijo Eren enarcando una ceja a modo de advertencia.

—Felicitaciones, Ciro, eres impresionante.

—¿Me darás otro abrazo?

—Basta —dijo Eren con tono seco.

Nunca le había molestado la devoción que su hijo profesaba por Levi, pero desde que estaba entrando a la adolescencia había tenido que empezar a ponerle límites.

—Se pone celoso —dijo Ciro por lo bajo, y Levi no pudo evitar reír.

—No lo alientes —pidió Eren un tanto incómodo.

—Este Ciro, no aprende más —se quejó Evan—. Mi papá solo te quiere como un hijo, ya te lo dije.

El rubiecito agachó la cabeza con los pómulos un poco rojos, pero no se iba a quedar con la sangre en el ojo.

—Evan dice eso, porque como él ya tiene una enamorada.

Toda la familia miró al adolescente y Evan se puso rojo puré de tomate en tiempo récord.

—¡Ciro! T-tú, cállate.

—¿Qué ha sucedido? Quiero saber el chisme —pidió Levi, que de verdad estaba intrigado.

—¡Ciro!

—Solo cuéntales, son cosas naturales que pasan, así dijo mi profesor de biología de género.

—Evan, ¿te gusta alguien? —trató de hacerlo hablar el omega.

El chico miró al suelo, nervioso y le costó bastante contarles.

—So-somos amigos, eso es todo. A veces cuando salimos, caminamos hasta su casa, dana, digo nada más. Ella es tan presosa, pre-cio-sa —se corrigió, a veces su dislexia aparecía cuando estaba demasiado nervioso—. Y ella dice que, que le gustan mis historias.

—Él inventa cuentos para ella, Natacha se llama.

Evan miró a Ciro frunciendo el ceño, Levi estaba con la boca abierta, no pudo evitar emocionarse.

—Aún son demasiados jóvenes, más te vale que te portes bien, Evan —dijo Eren tratando de poner paños fríos a la situación.

—Él la quiere besar —soltó Ciro con mirada pícara y Evan le tapó la boca con una mano.

—Basta, dijiste que podía confiar en ti.

—Estoy en shock —exclamó Levi sin poder creérselo aún.

—Muéstrales, tienen una foto juntos —dijo Ciro corriendo la mano de su hermano.

Evan suspiró y sacó su celular, lo desbloqueó y les enseñó la foto que tenía de salvapantallas. Levi abrió los ojos a más no poder al igual que Eren.

—O-oye, pero esa chica, es mucho más grande que tú —soltó Eren alarmado.

—No es tan grande, es solo que es alta —se defendió Evan—, solo tiene dieciséis.

—¡Dieciséis! —levantó la voz Levi y se puso pálido—. ¿Tú no sabías nada? —preguntó mirando a Eren que estaba tan sorprendido como él.

—No que tenía dieciséis, él me contó de su amiga, pero la verdad pensé que era de su misma edad.

—Bueno, ya —soltó Evan a la vez que les arrebataba el celular.

—No, ¿no es algo grande para ti? —preguntó Levi sin salir de su asombro.

—No me molesta que sea más alta, además yo también voy a crecer alto como el profesor, tal vez más.

Eren suspiró agobiado.

—Jovencito, cuando lleguemos a casa vamos a tener una larga charla.

—¡No vas a prohibirme que la vea! —se atajó de antemano.

—Nunca dije que te lo prohibiría, pero sin duda vamos a hablar de... pues de muchas cosas importantes.

—No te alarmes, Evan —habló Ciro acomodándose los anteojos sobre el puente de su nariz—. Papá se refiere a que te dará una charla sobre educación sexual, todos los padres alphas la tienen con sus hijos alphas.

—¿Educación qué? —exclamó Evan sin entender—. ¿Eso para qué?

—¿Cómo para qué? Para que-

—Bueno, empecemos a jugar que se nos acaba el tiempo —interrumpió a tiempo Eren, mientras miraba significativamente a Ciro—. Los humillaré de nuevo, tal como la última vez.

—Tu jamás ganaste, viejo —dijo Evan divertido.

La visita se les fue muy rápido entre acusaciones de traición, desacuerdos y risas. Levi abrazó a ambos y le recomendó a Evan que se tomara a su nueva amiga con calma.

—¿Profesor, no viene? —dijo Evan notando que su padre alpha se había quedado atrás.

—Ush, ya déjalo, quiere besar a tu otro, papá, ¿no ves?

Ambos chicos rieron cómplices y le dijeron a Eren que lo esperarían en la puerta antes de salir. El alpha suspiró cansado.

—¿Te están dando muchos problemas?

—Son tan intensos, la adolescencia es demoníaca.

—Pobre de ti, espero poder ayudarte cuando salga.

Eren lo tomó de las manos y lo miró con amor.

—Falta muy poco, me siento bastante emocionado —confesó el más alto.

Entrelazaron sus dedos y Levi tuvo que morderse la lengua para reprimirse, tal vez fueran los cinco años en soledad, o tantos celos sin compañía, o que simplemente Eren se le hacía hermoso en todos los sentidos posibles. Sintió escalofríos y se avergonzó cuando sus feromonas brotaron de manera espontánea.

—Lo siento, lo siento —se disculpó buscando alejarse, pero Eren lo retuvo.

Aspiró el delicioso aroma y lo miró con verdadero deseo.

—De verdad, dos semanas en este momento se me hacen eternas.

Sin poder aguantarse se besaron de manera desesperada, importándole muy poco el público a su alrededor. Solo cuando Eren se perdió de vista, Levi pareció volver a sus cabales.

—Ustedes sí que están en llamas —bromeó Momo a sus espaldas.

—La verdad es que, bueno, tengo un poco de miedo —confesó con una sonrisa incómoda.

—¿Y eso por qué?

—Pues hace mucho que no, que yo no... no sé si podré complacerlo.

Su amigo abrió grande su boca, asombrado.

—Es la primera vez que te escucho hablar así —Levi su cubrió la boca y un fuerte sonrojo le escaló a los pómulos—. Ya, no te preocupes, jefe —dijo golpeándolo con demasiada fuerza en la espalda—. Eso es como cagar, solo vas y lo haces, no tiene mayor complicación. Y con respecto a complacerlo, solo mírale la cara de carnero degollado que tiene, lo has entrenado bien, a ese hombre le das un beso en la boca y de seguro eyacula.

—¡Momo!

—Es la verdad, tan remilgado que eres. Si sabes que aquí puedes tener "visitas higiénicas", aunque muy higiénicas no son.

—No, aquí es demasiado. Aquí no.

—Igual y no falta nada.

El resto de los días pasó demasiado rápido para Levi. El director de la prisión tuvo una larga reunión privada con él, le hizo prometer que volvería para presentar un proyecto y para seguir encargándose de todas las actividades. Le prometió un puesto como líder de proyecto y le aseguró que tendría un buen salario mientras la producción de verduras y envasados se mantuviera estable. También le dio una generosa suma de dinero, producto de todo el trabajo durante esos años, Levi estaba sorprendido.

Por la mañana le hicieron un festejo en la prisión, una especie de despedida. Si bien había reclusos y reclusas con los que no se llevaba del todo, se había ganado el respeto de la gran mayoría, y sino Momo los mantenía a raya. Abrazó a unos cuantos, dejó muchos consejos y al fin encaró para la salida una vez que el guardia fue a buscarlo. Demoró cerca de dos horas para terminar el papeleo, firmas, lecturas, y otras frivolidades de su paso por la prisión.

Cuando salió a la calle, los tres alphas lo estaban esperando, todos con un ramo de flores diferente.

—¡Chicos! —dijo emocionado y corrió hacia ellos.

Estaba tan feliz y agradecido, que fue inevitable emocionarse. Agradeció las flores y a continuación subieron a la camioneta de Eren.

—Vamos a comer a un buen restaurante —le contó Evan, que sentado atrás lo tenía agarrado de una mano y no lo soltaba.

—Me parece un plan genial —dijo Levi contagiado de la alegría de la familia.

—¿Quieres ir a algún lugar en particular? Si necesitas comprar algo, lo que sea, solo dime e iremos —ofreció Eren.

Levi sintió que aún había espinas e su pecho que no serían fáciles de remover. Le hubiera encantado ir a Puerto Olimpia, poder caminar como tantas veces por la orilla del mar, saludar a sus amigos, a todos aquellos que habían quedado atrás y de los que no había podido despedirse.

—No, estoy bien, vamos al restaurante. Lo que de verdad me gustaría es comer algo delicioso.

Eren los llevó a una conocida parrillada. Cuando les sirvieron, al omega se le hacía agua la boca. Luego del primer bocado, no pudo evitar llorar, trató de cubrir su rostro con sus manos, avergonzado.

—Papá, ¿qué sucede, te quemaste? —preguntó Evan, que como siempre era el más despistado del grupo.

Una vez que pudo tragar y beber un poco de agua para aclarar su garganta, miró a todos y habló.

—No, no me he quemado. Es solo, que durante mucho tiempo deseé esto, estar así con ustedes, todos juntos compartiendo la mesa. Es la primera vez en muchos años que siento como si al fin se me hubiera cumplido un sueño. Soy muy feliz, gracias por esperarme, todos.

Evan fue el primero en unirse al llanto del omega, y luego le siguió Ciro, se levantaron y lo abrazaron, Eren tomó una de sus manos y no pudo contener su propio llanto.

—Al fin, estamos todos juntos —dijo el alpha mayor—, y nunca más permitiremos que nada vuelva a separarnos.

El resto del día estuvieron dando vueltas por la ciudad, Evan le mostró la escuela donde asistía él y Ciro, fueron a algunas plazas, tomaron helado, caminaron por la costanera del lago de la ciudad. Eren no perdía detalle de las expresiones de asombro de Levi. De como reía, lloraba o se sorprendía con las cosas que los chicos le contaban. Ahora tenían una casa en los suburbios, Eren había decidido comprar algo más espacioso y que les permitiera tener un poco de pasto, árboles y naturaleza.

Cuando Levi entró en la vivienda quedó sorprendido, todo estaba muy limpio y acomodado. ¿De verdad? ¿Tres alphas vivían así? Tal vez tuvieran alguien que los ayudara con la limpieza.

—La mayor parte la hace, Evan —respondió Eren, aunque el omega no había hecho una pregunta, no en voz alta al menos—. Es muy estricto y todos los sábados en la mañana estamos penados de ayudarle o se pudre todo, palabras textuales —confesó y Levi sonrió con algo de culpabilidad.

—Siento como si esa fuera mi influencia, lo siento.

—No, en realidad ya estamos acostumbrados, y nos ayuda a mantener todo limpio y ordenado. Hasta cocina, y cada vez mejor.

—Sí, sé muchas recetas, papá, así que prepara tu esmotago, estómago, te haré las comidas más deliciosas, he practicado mucho.

Levi se emocionó y se acercó para abrazarlo.

—Estás más alto que yo —le dijo con cariño.

—Si, pero tú sigues siendo el que manda.

—Vamos, te mostraré tu cuarto —exclamó Evan con entusiasmo y tiró de la muñeca de su padre.

—Yo también ayudé a decorarlo —agregó Ciro que salió por detrás.

Eren fue el último en unirse con la cámara de su celular lista para capturar los mejores momentos.

Evan tapó los ojos de su papá omega hasta que estuvo dentro de la habitación y quitó sus manos. Levi quedó sin habla. Era un lugar grande, con una ventana amplia que daba a un patio hermoso. Una cama de dos cuerpos, todo pintado en tonos azules que iban del más claro al más oscuro, muy hermoso. Una de las paredes estaba decorada con estrellas de mar, caracolas y conchas marinas que eran de su casa en Puerto Olimpia, las reconoció de inmediato. ¿Pero cuánto más querían que llorara? En otra pared había una enorme pizarra de corcho, llena de fotos, hasta había una donde estaba embarazado, la única que tenía de esa época, no tenía idea como la habían rescatado. Era como una línea temporal, hasta el presente, hasta la última visita donde le habían llevado pizza a la cárcel. Levi repasó con sus dedos todo y volvió a llorar.

Había una biblioteca con muchos libros sobre cultivos, huertas y temas similares. En las repisas altas había adornos que reconoció. Cuando terminó de explorar todo, se giró y miró a sus muchachos que estaban esperando su veredicto.

—No puedo hablar, lo siento, estoy feliz.

Como una avalancha se largaron a abrazarlo. Luego dejaron que se pudiera bañar, cuando Levi salió de la ducha para acomodar su ropa en el placard, se encontró con un montón de bolsas dentro, toda con ropa nueva, accesorios y en cada una un mensaje escrito por alguno de esos alphas a quienes amaba tanto. Eligió un atuendo sobrio, una remera de algodón celeste con un logo blanco de la paz, unos jeans clásicos negros y unas zapatillas blancas. Simple, pero efectivo.

Al ir al comedor lo estaban esperando con una torta, sándwiches, snacks, tal como si sería un cumpleaños. La vela tenía cinco velas.

—Esto es por los cinco años que no pudimos festejar tu cumpleaños adecuadamente —indicó Evan.

—Gracias, hicieron demasiado.

Cantaron, se rieron, jugaron algunos juegos de mesa y finalmente Ciro fue el primero en caer rendido. Eren lo acompañó a su habitación y lo arropó. Evan no paraba de bostezar, pero no quería separarse de su papá. Por lo que no hubo más remedio que permitirle pasar la noche en su cuarto. Levi lo tuvo abrazado la mayor parte del tiempo, susurrándole lo mucho que lo amaba y lo mucho que lo había pensado en sus días encerrados. Hasta que Evan pudo relajarse y dormir.

Al día siguiente, Levi estuvo encantado de ayudar a los jóvenes a alistarse para el estudio, les preparó el desayuno, demostrando que su toque en la comida no se había perdido y los despidió cuando partieron. Eren le dijo que los llevaría y volvería para que desayunaran juntos.

Levi se puso extremadamente nervioso, tomó otra ducha y lo esperó con paciencia. Cuando escuchó a la camioneta entrando a la casa, su corazón se disparó desbocado, no quería equivocarse, rogaba que sus pobres habilidades amatorias fueran suficientes para Eren. Cuando el alpha atravesó la puerta de entrada, se quedaron mirándose por unos instantes. Como si ninguno se animara a hacer o decir algo, pero fue el alpha el que se acercó, despacio, comenzando a liberar muy sutiles cargas de feromonas, para que Levi se acostumbrara.

Acarició el bonito rostro, empujó suavemente la barbilla hacia arriba para que sus ojos pudieran conectarse y luego lo hizo con sus labios. Lo besó lento, refrenando su instinto que gritaba enfurecido adentro suyo. Al omega se le dilataron las pupilas, aspiró las feromonas de Eren y comenzó a liberar las suyas, también en poca cantidad. Eren sintió que se debilitaba. ¡Ah, ese aroma! Lo había extrañado tanto. Lo abrazó y puso su boca contra el espigado cuello para aspirar y saciarse por completo.

No sabía cómo iba a hacer para controlarse, no quería hacer nada que incomodara a Levi. Sin embargo, no esperaba que el omega buscara su boca y demandara un jugoso y acalorado beso de lengua. Estuvieron un buen rato besándose y refregándose hasta que le habló en una voz suplicante y pegajosa.

—Eren, por favor...

El alpha tiró delicadamente de su mano y lo escoltó a su habitación. Levi sintió como se humedecía con una urgencia que nunca había experimentado. Eren lo desnudó, mientras él devolvía las atenciones y lo depositó con calma sobre el colchón. En esa cama que era del alpha, todo estaba impregnado de su esencia, Levi estaba perdiendo la cabeza, tomó una almohada y aspiró con ganas, Eren se la quitó con tranquilidad.

—Aquí me tienes, no necesitas eso, no ahora.

Obedeciendo, el omega se sentó sobre sus talones, y comenzó a lamer el pecho y el cuello de Eren, no estaba siguiendo un plan, no tenía ideado pasos a cumplir, solo se estaba abandonando al instinto. Eren lo dejó hacer, que probara y tocara todo cuanto quisiera. Era tan hermoso, sonrojado, necesitado, pudo oler la notable humedad entre sus piernas y gruñó al imaginarse que pronto podría hundirse en ella. Sus ojos brillaron enardecidos, se veía un poco... salvaje.

Luego de que Levi comenzara a jadear pidiendo atención, Eren lo empujó nuevamente para dejarlo boca arriba. Se inclinó y lo besó con cuidado, con más calma que antes. Se acomodó entre sus piernas y procedió besar el lampiño pecho, disfrutó largamente de los pezones erectos de Levi, quien estaba entregado, sumiso, esperando a ser tomado. No dejó parte de bonito cuerpo blanco sin besar, hasta las plantas de sus pies. Luego mojó dos de sus dedos con saliva y con mucha paciencia lo preparó adecuadamente.

—¡Mmm!

—Levi, si algo no te gusta, solo dilo y me detendré.

—Sigue, todo, todo me encanta, por favor, sigue.

Cuando Eren comenzó a penetrarlo, el omega perdió la cordura del todo, se aferró al cuerpo de ese alpha tal como un náufrago a un salvavidas, buscando su boca repetidas veces, moviendo sus caderas, gimiendo en voz baja, tan erótico y musical que Eren estaba deslumbrado. ¿Siempre se había sentido así de mágico hacerlo con él? No lo sabía, tampoco le importaba, quería hacerlo feliz, quería darle todo lo que no había podido tener, lo que le habían arrebatado.

Mordió la base de su cuello, porque lo cierto es que ganas no le faltaban de marcarlo, pero no quería hacerlo hasta que Levi se lo pidiera. ¡Dios, quería enlazarse cuanto antes! Pero había esperado todo este tiempo, un poco más no hacía la diferencia. Lo embistió sin descanso, cambiando de tanto en tanto la postura. Se sentía caliente, estrecho, maravilloso.

Le hubiera encantado seguir por horas, pero lo cierto es que en un rato ya debería ir a buscar a sus hijos, ¿ya habían pasado dos horas? Se sorprendió del tiempo, no quería que se terminara.

—Levi, te amo, todo, mi cuerpo, mi corazón, mi mente, mi alma, embebidos de ti, rebosantes, te lo juro, te haré feliz, cada día de mi vida, cada vez que abra los ojos, mi propósito será que seas feliz.

El omega le sonrió de una manera preciosa, con la frente perlada de sudor y algunos cabellos adheridos por el esfuerzo a su rostro. Lo abrazó y besó su rostro una y otra vez.

—Yo también, te amo, Eren. Aquí está mi familia.

Disfrutaron un rato más entre caricias, susurros, haciendo bonitos planes para vivir en el Paraíso, un paraíso que en cierto momento se sintió tan lejano, tan inalcanzable, pero que al fin habían conquistado.

...

Eren se acercó por detrás, ¿cuántas veces lo había intentado? Antes de que pudiera gritar Levi habló con los ojos cerrados.

—Ya sé que estás ahí.

—Oh, vamos, finge alguna vez que te he sorprendido.

Levi estiró su cuerpo, se sentía cansado a pesar de haber tomado una siesta hacía pocos minutos. Evan estaba corriendo sobre la arena con Ciro, pateando una pelota, era evidente que era más ágil y resistente que el rubio.

Eren lo abrazó con cariño y se dejó mimar.

—¿Ya te acostumbraste al mar? —preguntó el omega tomando una de sus manos y besando sus nudillos con delicadeza.

—Si, podría decir eso. No quisiera que tuviera que irse —agregó con un tono teñido de cierta decepción.

—Lo sé, yo tampoco —agregó Levi.

Ciro pasaba seis meses con su papá y seis meses con su madre, así habían acordado desde que se habían ido de Paradis, hacía ya tres años. Si bien nada había vuelto a suceder en esa ciudad, sentían que no podían relajarse, de manera que habían planificado vender todo e irse lejos, lo más lejos que pudieran. Con tranquilidad fueron de playa en playa a lo largo de la costa, hasta que conocieron una ciudad ni tan pequeña, ni tan grande que les robó el corazón a todos, a ocho mil kilómetros de su hogar original.

El año anterior, Levi había terminado sus estudios secundarios, y ahora estaba pensando si seguiría especializándose o qué. No tenía apuro, además, había asuntos más importantes ahora.

—Umpgh.

—¿Qué sucede, están bien?

—Sí, es solo, se ha dado vuelta por completo, es demasiado inquieto —dijo poniendo una mano sobre su abultado estómago. Eren hizo lo mismo.

—Oye, Ría, no le hagas doler a papá, ¿quieres?

Hacía seis meses atrás habían tenido todo un gran susto porque Levi se había desvanecido un día que salieron a caminar por la playa, náuseas, dolores de cabeza y otros síntomas hicieron que todos se pusieran alertas.

"—Señores, ya tenemos el resultado de los estudios. Pueden relajarse, no es nada grave.

Eren sostenía la mano de su esposo y luego de varios días de preocupación al fin pudo suspirar como si le hubieran quitado cien kilos de encima.

—Lo que su omega ha estado experimentando en estos días han sido los síntomas de su preñez, felicidades a ambos.

La pareja lo miró perpleja.

—¿Qué? Pero, pero ellos dijeron que yo no podría, por el cáncer que tuve y... —Levi no entendía.

—Si, respecto a eso, el cáncer se alojaba en sus intestinos, que fueron tratados de manera correcta, pero su matriz es otra cosa diferente. A veces la vida se da lugar sin preguntar demasiado. Quiero decir, en caso que decidan tenerlo.

—Nosotros no hemos tomado recaudos, en tres años, ¿cómo es que ahora?

—Bueno, los embarazos en hombres omega siempre son más difíciles, tal vez por eso demoró el proceso.

Una vez que estuvieron en el carro, ambos aún sin poder creérselo, pudieron conversar. Segú el médico no había riesgos graves, luego de todos los estudios realizados, si Levi quería podían seguir adelante.

—Un bebé, es increíble.

—Otro bebé, en todo caso —corrigió Eren—. ¿Qué quieres, mi vida, te sientes con ganas de navegar otra vez en esta ardua tarea de ser padres?

El omega sonrió abiertamente y asintió conmovido, contagiando a su esposo.

—Seremos padres, otra vez —lo abrazó con cariño y cuidado y frotó sus narices—. Te amo, esto es como un milagro".

El resto eran detalles, sus hermanos mayores habían elegido el nombre y entre los tres cuidaban y consentían a Levi a más no poder. Eren se sorprendió cuando sintió una patadita donde tenía su mano.

—Oh, ya desde pequeña mostrando sus preferencias, ¿eh?

—Hola, pequeña, crece bien y a gusto, te estaremos esperando aquí.

—Te amamos, bebé —agregó el omega.

Sus anillos de plata, esos baratos que el omega había comprado en el pasado, estaban en sus dedos, justo al lado de otro anillo de oro blanco. Era una vida simple, sin tantos lujos, sin tanto derroche, pero eso sí, plagada de felicidad.

FIN

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By Luna de Acero.-