La tarea de Blue Pegasus

Capítulo 02

Lucy viajaba en tren hacia la ciudad del gremio de Blue Pegasus. Estaba algo nerviosa porque no sabía bajo qué pretexto aparecer. Sin embargo, ver el paisaje passar la tranquilizaba.

- Hibiki... espero que me perdones.

Mirajane, Erza, Gray y Levy estaban al tanto de lo que quería hacer Lucy. Al principio no les parecía buena idea, pero viendo el estado de su amiga, lo comprendieron y la apoyaron. El primero fue Gray, que aunque veía a los Trimen como unos ligones, aceptaba que sabían tratar con las mujeres. Quizás lo que más necesitaba Lucy en este momento era atención.

Lucy cerró los ojos.

Se había ido sin decirle nada a Natsu. Sonrió con nostalgia al recordar que ahora Natsu podría merodear por su casa tranquilamente y quizás leía su novela sin su permiso.

Paró esos pensamiento. No. No iría a su casa. No había ido desde la llegada de Lissana. Nunca pensó que echaría de menos que el matadragones se copara en su casa. Definitivamente ella había sido el remplazo de la albina y una vez ella aquí, no había lugar en la mente del Dragneel.

Ya estaba cerca.

Al cabo de una hora, Lucy se encontraba frente la puerta del gremio de Blue Pegasus. La puesta de sol se acercaba. ¿Entraba o no? ¿Se iba a una posada o ya lo haría luego? Estaba bastante indecisa y con un millón de preguntas rondándole por la cabeza.

Mientras andaba ensimismada en sus pensamientos una voz le hizo volver a la realidad:

- ¿Lucy?

- ¡Hibiki!

- ¡Qué alegría verte! ¡Pasa, dulce flor y tomemos un té!

Lucy dudó, pero el ofrecimiento del mago era tan formal y galán que se dejó arrastrar por ese aura.

Cuando entraron en el gremio, parte de los que estaban allí se quedaron mirando a la rubia. Unos con ojos con corazones, otros sonriendo porque Hibiki había traído a otra chica más y otros preguntándose por qué una maga de Fairy Tail estaba allí y con Hibiki. En ese momento Ichiya hizo su aparición entre el perfume de estrellas y flores que lo caracterizaba.

- ¡Oh, la Princesa Lucy ha venido, un placer acogerla en nuestro gremio! ¡Qué perfume tan atrayente! ¡Oh, sí, men!

Hibiki lo alabó como siempre y a él se unieron sus dos amigos haciendo una estupenda y coordinada coreografía. Lucy sólo pudo responder con una sonrisa y una gota en la sien.

- B-Bueno... yo había venido a hablar con Hibiki... agradecerle lo mucho que me ayudó con los Oración Seis.

Ichiya abrió los ojos.

- ¡Oh, Men! ¡El perfume del amor se expande por todo el gremio!

- N-No... esto...

- Hay una habitación especial para Hibiki, mejor que vayáis para allí.

- Gracias maestro. - Agradeció Hibiki con una reverencia, luego condujo a Lucy hacia tal habitación.

La maga estelar se quedó sin palabras al ver la habitación. Le recordaba a su gran casa. Estaba dividida en dos por una cortina de visillo, muy fina y con flores cosidas con delicadeza del mismo color. En una parte se encontraba una mesa en la que se arrimaba un par de pequeños sofás de dos plazas y un mueble bar. En el otro se encontraba una cama doble grandiosa bien ordenada junto a un armario.

- Q-qué... Q-qué narices haces aquí...

- De todo, hermosa dama. - Le contestó con total tranquilidad Hibiki. - ¿Tienes hotel o prefieres quedarte aquí... conmigo?

Lucy abrió desmesuradamente los ojos. ¿Hibiki era tan directo? No sabía que decir. Mientras intentaba aclarar sus ideas y preguntarse de nuevo si eso estaba bien, Hibiki cerró la puerta, se dirigió a la mesa de café y preparó un té.

- ¿Charlamos? - Preguntó el mago con suavidad para amenizar la velada.

Lucy se dirigió hacia la mesa y cuando se iba a sentar, Hibiki la cogió de la mano, se la besó y la movió a sentarse a su lado.

- Me ha hecho mucha ilusión que vinieras.

Le ofreció el té y le dijo que tomara un sorbo.

- Oh, ¡Está delicioso! - Se sorprendió Lucy.

- Lucy, qué modales más exquisitos.

Efectivamente. Lucy tenía muchos modales y a sus doce años ya había tenido que tratar con todo tipo de gente por culpa de las reuniones de trabajo de su padre. Había aprendido a esquivar preguntas como a obtener información mediante una gran sonrisa y un poco de seducción.

- Bueno... aprendí de jovencita. - Y sonrió a Hibiki.

- Ahora está mejor. - Lucy levantó una ceja. - Antes te veías un poco apagada.

La maga se sonrojó. Ese chico casi la calaba. Hibiki consiguió que se soltara un poco y que la rubia se destensara. Ésta le explicó la odisea de Edoras y la cara de incredulidad de Hibiki la entristeció un poco.

- No me crees, ¿verdad?

- No he dicho tal cosa. Me parece increíble las cosas por las que Fairy Tail pasa. - Rió suavemente. - Os metéis en buenos líos.

Lucy entonces empezó a reír afirmándolo. Pero esa sonrisa se desvaneció pronto al recordar a Lissana. Hibiki lo notó y con sumo cuidado le pasó la mano por detrás del hombro y la atrajo hacia él. Ella no se resistió. Él notaba su soledad y cómo las lágrimas de la chica luchaban por no salir. Se había dado cuenta de un pequeño detalle que la maga le había explicado y sabía que eso era lo que la estaba afectando. Su maestro, Ichiya, le había enseñado muy bien a analizar a la gente y a su vez, gracias a su tipo de magia de archivo, podía recopilar información y a veces hacer suposiciones. Así, que creía saber lo que había impulsado a la chica a ir a verlo. No permitiría que aquella preciosa chica de pelo dorado estuviera tan triste.

Con esos pensamientos, cogió la chica en brazos y la estiró en la cama. La chica escondió la cabeza en la almohada pero seguía sin llorar.

- Lucy, si quieres, sólo tienes que pedírmelo y mi hombro estará disponible para ti.

La chica, levantó la cabeza, se incorporó un poco. No sabía si sonreír o no. Hibiki se fue acercanco a ella poco a poco. Ella no se movía. Sus labios estaban a punto de rozarse cuando ella se apartó. Ahora sí que se sentía miserable, se sentía despreciable por tener a Hibiki así. Él le levantó la barbilla con un par de dedos y le sonrió.

- Puedes confiar en mí.

Lucy explotó. No podía más. Se abalanzó a los brazos del rubio y empezó a llorar desesperadamente, gritando a la vez que lo sentía, que no quería utilizarlo, que se sentía mal por todo y sobre todo por lo que había hecho, etc. El mago sólo la abrazó con fuerza y le hizo de soporte, diciéndole que no pasaba nada, que él estaba allí para servirla y para aliviar su corazón.

En ese momento se escuharó ruido y gritos fuera. ¿Qué había pasado?

- Me preocupa lo que haya podido pasar, ¿me permites?

La chica accedió e Hibiki dulcemente la soltó.

Cuando el mago del archivo salió, se sorprendió:

- ¿¡Tú!

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Notas de la autora:

En serio, creo que me equivoqué al poner el summary... mucha gente lo mal interpretó y sé que os voy a decepcionar. En parte sí que hay algo de la pareja nombrada pero... (no es la principal). En su recompensa, ya lo digo por adelantado, haré un HibikixLucy que os guste de verdad y que varíe con lo "usual".

Lo siento por adelantado.