Mientras se dirigía al aeropuerto hablaba a gritos con Shura en el auto, el pobre hombre no tenía más remedio que escuchar a su neurótico amigo.
-Shura, Shura, ¿Qué carajos voy a hacer?.-
-¿De que hablas Aioria?.-
-Tengo que detenerlo, tengo que matar al otro… tengo… ¡QUE DETENER ESA BODA Y SOLO TENGO TRES DÍAS PARA HACERLO!.-
-Cálmate Aioria… pareces león enjaulado.-
-Es que no entiendes, Aioros es el amor de mi vida, YO SOY EL AMOR DE SU VIDA, ¿Entiendes? Estamos hechos el uno para el otro, yo tengo que hacérselo ver en tres días.
-Aioria, estás completamente chiflado, tranquilízate y ve a felicitarlo.-
-Felicitarlo mis polainas… es un idiota… un… un…- Bajó corriendo del auto y tomó su maleta, entró corriendo al aeropuerto.
-Shura tengo que lograrlo.- Se despidió de él dándole un abrazo.
-Aioria, no hagas tonterías por favor…-
Tras unas cuantas horas de vuelo llegó al aeropuerto de Atenas, buscó con la vista a Aioros pero no lo veía, llevaba la maleta tomada por el asa, se empezaba a desesperar hasta que finalmente de entre la multitud lo pudo distinguir, sí, era él, seguía tan guapo como siempre, tan deseable, ambos corrieron y se abrazaron, quedando muy juntos y riendo nerviosos por su cercanía.
-Me alegro que hallas llegado…-
-Yo también me alegro de verte…-
Y tras él se acercó un joven ligeramente más alto, de melena larga y azulosa, piel blanca y ojos igualmente azules, gallardo y musculoso, sonreía tímido observándolos, era simplemente perfecto.
Con un demonio es un bombón, no puedo creer que sea también gay. Pensó Aioria mientras lo observaba, el extraño se acercó y lo abrazó como si se conocieran de años.
-Aioros me ha hablado tanto de ti.-
-Él es Saga… - Dijo Aioros
-Ah… ¿De verdad?.- Correspondió a su abrazo algo incómodo.
-Sí, me ha hablado de su infancia juntos, de todo, te adora.-
Mientras iban en el auto Aioria constató que aquel tipo era realmente malo para manejar, se metía, se pasaba los altos, tomaba las vueltas prohibidas y estuvo a punto de hacerlos volcar en más de una ocasión.
-La verdad es que necesito pedirte un favor Aioria.-
-¿Ah si? ¿Cuál? Yo solo quiero vivir…-
-Mi caballero de honor se lesionó la cadera y no podrá asistir, así que pensé que tú podrías serlo.-
-¡Ah no! Eso si que no, ¿Quién te pego? ¿Por qué no escoges a alguien más, algún buen amigo?.-
-No hay tiempo y lo más cercano a mí es mi hermano gemelo que está un poco desquiciado, por favor… tienes que ser tú, además nada sería mejor que fuera el hermano de Aioros.-
Claro idiota, ya te tiras a mi hermano y crees que puedes hablarme bonito y pedirme favores.
En la tienda de trajes…-Te ves excelente en ese smoking.-
-¿Sí? Pues a mi no me gusta… - La verdad era que le sentaba pero buscaba la manera de sabotear todo. –Lo siento, necesito un cigarrillo…- Cuando se bajó del banco donde lo tenían subido para arreglarle el traje desgarró una manga. –Uuups… lo siento…- Se encerró en el vestidor fumando mientras llamaba a Shura.
-Shura, es perfecto… no tienes idea de cuanto… ¿Qué voy a hacer ahora?.-
-¿Qué tan perfecto?.-
-Si no lo tuviera que odiar… me acostaría con él sin dudarlo.-
-¿Tanto así? ¿Te excita? ¿Tiene un "arma" decente?.-
-¡Shura! Demonios, esto es serio.-
-Aioria… ¿Estás seguro de lo que vas a hacer?.- Aioros entró en ese momento para darle el traje a su hermano, completamente listo, lo vio a medio vestir y se quedó mirándolo, Aioria se quedó mudo en el teléfono, inquieto por su mirada.
-Lo siento… Aioria-
-No importa…-
-Te ves espectacular aún.-
-Gracias Aioros… tú también…-
Saga llevaba a tirones a Aioria hacia una pequeña recepción para conocer a los amigos y de más agregados, platicaba emocionado con él aunque Aioria solo maquinaba la manera de hacerlo desaparecer de la escena.
Tal vez podría tirarlo por las escaleras, o por el elevador, o darle arsénico.
Entraron al elevador que los llevaba al piso donde se llevaba acabo la comida y los preparativos.
-Aioria, es simplemente perfecto…-
-Si si seguro…-
-Quiero decir… tú eres el hombre ideal… eres la perfección para él, te tiene en un pedestal, y ¿Sabes? Ganas tú…- Aioria arqueo una ceja, ¿se había perdido de algo en la plática?. –Si Aioria, tu eres su hombre ideal y se casa conmigo… siempre serás su hombre ideal.-
-Aaah… sí… cuanta perfección.- Maldito, maldito. –Pero, ronca… y siempre deja la tapa del retrete arriba… y salpica.-
-Si, si, siempre hace eso… y además bebe directo de los envases y los vuelve aguardar en el frigorífico, pero así con esos pequeños defectos lo amo.-
-¿Sabes que tiene problemas de erección?.-
-¿Enserio? Pues nunca cuando hemos estado juntos ha tenido problemas.-
Y encima de todo ahora me he enterado de que se revuelcan. Al fin llegaron al piso y se topó con sus amigos.
-Hola guapo… ¿Vienes solo?.-
-Guaaaaaa por Atena…-
-Ah, el es Afrodita, Aioria.-
-Si, si… mucho gusto… -
-¿Así que tú eres Aioria?.- Pregunto un joven de cabellos rubios largos con un extraño punto en la frente.
-Si… hola…-
-Yo soy Shaka.-
-Aioros nos ha contado tooooooodo sobre ti, Mu, mucho gusto.- Alargó la mano el joven de cabellos lilas y carente de cejas.
Que gente tan rara, parecen sacados de alguna caricatura japonesa.
-Hola ¿Eres soltero? Puedo hacerte algunas sugerencias… algunos son mejores que otros, no te dejes engañar por las caras bonitas y por cierto ni se te ocurra poner los ojos en el francés de las cejas partidas, ese es mío.-
Saga se adelanto para rescatar al pobre Aioria de las garras de Milo.
-Y él es Milo, si quieres enterarte con pelos y señas de las costumbres nocturnas de alguien solo pregúntale a él.-
-Saga, eso no es cierto yo no tengo la culpa de que…-
Toda la gente a su alrededor era muy amable y se sentía culpable por que lo trataban como si se tratase de una estrella cuando en realidad lo que él quería era detener esa boda. Se volvía loco de celos cuando observaba a Aioros y a Saga juntos.
En el Coliseo…
-Aioros…-
-Hola Aioria, impresionante lugar ¿No?.-
-Sin duda.-
-Tengo que tomar algunas fotos del Coliseo para el reportaje.-
-Tal vez a Saga no le guste tu trabajo, andar de un lado a otro, ganar poco…-
-Me ha dicho que eso no importa lo importante es estar juntos.-
-Sí, supongo, como tú y yo.-
-Aja, bueno, mucho mejor que tú y yo. Peleábamos a menudo.-
-Y me chocaba…-
-… esa cosa asquerosa llamada amor.-
-He cambiado.-
-¿Enserio?.-
-Desde luego, ya no me disgusta tanto.- Aioria empezaba a desesperarse, contaba las horas que faltaban y más frenético se ponía.
Esa noche…
-¿Un bar karaoke?.- Preguntó Saga frunciendo el ceño.
-Sí, ¿No es encantador?.- Dijo Aioros entusiasmado.
-Seguro, lo siento Saga, no sabía que aquí tenían karaoke.-
-Claro…- Suspiro resignado. Se sentaron en una mesa central bebiendo y
platicando animados hasta que el micrófono llegó a manos de Saga.
-¡Vamos Saga canta!.-
-No sé hacerlo.-
-Ya déjalo Aioros, no quiere.- Aioria le arrebata el micrófono.
-Señoras y señores el inútil del prometido de mi hermano no sabe cantar, pero de todos modos nos deleitara con una canción jajaja.-
-No, ¡No, Aioria!.- Aioria le dio el micrófono y Saga vencido lo tomó, empezó la pista y comenzó a cantar de una manera espantosa que les desgarraba los oídos.
-¡Cállate!.- Gritó alguien.
-Eres muy malo…- Una voz cercana.
-¡Denle mejor una paleta!.- Alguien comentó.
Aunque el público no lo recibió amistoso siguió cantando una canción romántica solo para Aioros, poco después la gente aplaudía reconociendo su sacrificio. Al final ambos se abrazaron ante la mirada rabiosa de Aioria que estaba casi verde del coraje.
-Ha sido una velada estupenda pero la cena con tus amigos espera. Lo siento Aioros pero mi lealtad es con el novio.- Aioria subió al taxi junto con Saga.
-Oh no Aioria, será aburrido, no es necesario que asistas.-
-¿De verdad?.- Se bajo del taxi cerrando la puerta tras él y tomando el brazo de Aioros. –Bien, me quedaré con Aioros, ¿No te importa verdad?.-
-¿Eh? No, claro que no, lo cuidas bien, buenas noches mi amor.-
-Buenas noches, te llamo al rato.- Aioros dio un breve beso en los labios de Saga mientras Aioria se lo llevaba tirando del brazo. Se marcharon a comprar café y pastelillos sentándose en unas escaleras
-¿Qué tal te parece Saga?.-
-Es… encantador.- Respondió sin ánimos.
-Claro, encantador.-
-De verdad, es solo que me sorprende que esté dispuesto a vivir en hoteles malos, comer comida mala y andar de un lado a otro, ¿Por qué no trabajas con él? Su jefe es dueño de una cadena televisiva podrías encargarte del área cultural.-
-Sería humillante.-
Aioria penso de inmediato en un plan maquiavélico.
