N/A: Holas, ¿cómo están? Espero que muy bien uwu disfruten de esta nueva entrega, espero sus comentarios!
Por cierto, un AVISO IMPORTANTE: Recibí mi primera comisión para hacer un fanfic (festejos) Se llamará Afternoon Coffee y en breve (quizás hoy mismo o mañana) lo publicaré. Es un oneshot kinky kyman uwu
De la misma manera quiero anunciar que tengo comisiones abiertas! Si quieren que escriba sobre una pareja (preferentemente de South Park) no tendré problemas en recibir la petición, claro que sólo acepto de parejas que me gusten, sino no podría escribirlas (? Pueden escribirme a mi twitter (Cosocosita_) o a mi mail cosopepapenes (arroba) gmail . com
Eso es todo!
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Capítulo XVI
Estaba malhumorado. Durante esa mañana lo habían despertado temprano para al fin bañarlo y fue un suceso tan incómodo que lo hizo sentir mal antes de tiempo, sumado a que esa misma mañana lo trasladarían donde cumpliría con su internación psiquiátrica. Bueno, aún así debía admitir que estaba un poco nervioso y las palabras de Kyle se repetían en su mente, si eso de que era una de las mejores instituciones del país era cierto es algo que estaría por verse. Tenía algo de fe, después de todo en cuanto a criterio con el judío eran un tanto parecidos.
Su madre llegó a recogerlo y a firmar los papeles y en una ambulancia fue que lo trasladaron. Eric pensó que iría a un loquero, lleno de otra gente loca, quizás hasta peligrosa. Se imaginó en un lugar como una cárcel donde manos salgan ansiosas de barrotes o una instalación en la que la gente caminara como zombies por causa de la medicación. Se imaginó también baños de agua helada si se comportaba mal y pensó que quizás ni siquiera le permitían compartir con su mamá y sintió terror de sólo imaginarlo; pero cuando llegaron todas sus creencias se cayeron a pedazos y dio cuenta de que se trataba de un hospital normal, común y corriente. Se bajó de la ambulancia un tanto extrañado. Ya no tenía el suero, por fortuna, pero sus brazos estaban hinchados por su uso y le incomodaban sus vendajes que tan sólo debía seguir usando por un par de días más.
— ¿Es aquí ma? —Preguntó Cartman, la mujer asintió.
—Es aquí tesorito, ya verás que te gustará.
Entraron al lugar sin perder más el tiempo, antes agradeciendo a aquellos que los habían trasladado. Tuvieron que pasar por un largo pasillo donde había gente esperando a consultorios, hasta que llegaron a un pabellón que decía "Salud Mental", extrañamente cercano a la morgue del hospital. Liane dirigía la batuta, yendo primero y guiando los pasos de Cartman, quien tan sólo veía a su alrededor extrañado. Llegaron a un pasillo que antes tenía una puertita por la cual entraron y a sus costados habían varias y diferentes habitaciones. Su madre entró a una que tenía un cartelito pegado en la puerta que decía "Atravesar un proceso no significa el fin del mundo". Cartman lo miró extrañado y pensó que era muy cursi. Se adentró a la habitación junto con su madre y se encontró con una cama que no parecía muy cómoda, un sillón individual, un aire acondicionado, una ventana amplia, una mesita regulable y otra mesita del velador, además de un armario que se encontraba vacío. En la pared había una hoja pegada con reglas del establecimiento y una de ellas estaba remarcada que se refería a la necesidad de acompañamiento las veinticuatro horas.
Lo primero que hizo Cartman fue sentarse en la cama, aunque su madre lo corrió al poco tiempo, pues antes acomodaría las sábanas. Pronto a su recibimiento se dirigió una enfermera, quien le informó que en breve tendría su primera entrevista con la psiquiatra y psicóloga del lugar pero que por lo pronto esperara en la habitación. Liane asintió por él. Una vez que su madre terminó de acondicionar la cama, se acostó tranquilo y tomó al sapo Clyde como al libro que estuvo leyendo en terapia intensiva, ya le quedaba poco para terminarlo. Su madre se sentó en el sofá y sacó su celular para mandar mensajes, aparentemente avisándole al resto sobre el traslado exitoso.
De repente se escuchó que golpearon la puerta y fue Liane quien atendió, se encontró con una jovencita que tenía una pulsera blanca en su muñeca y se notaba un tanto exaltada.
—Disculpa, ¿ustedes son los nuevos? —Preguntó la muchacha.
—Sí, mi hijo Eric y yo acabamos de llegar. —Respondió Liane. A Cartman le llamó la atención y observaba, se incorporó de su cama y dejó el libro de lado un momento.
—Estamos con el resto jugando a las cartas, ¿a su hijo le gustaría salir?
Y fue ahí cuando Cartman salió de la cama curioso y se asomó a la puerta, haciéndose un lugar al lado de su madre. Era una jovencita que parecía ser casi de su misma edad o tal vez uno o dos años menor. Era alta, se la notaba acelerada y hablaba bastante rápido. Al verlo a él sonrió. — ¿Quieres venir? —Preguntó. Cartman notó que en sus brazos la joven tenía pequeños cortes y una cicatriz muy pronunciada.
Cartman le dirigió su mirada a su madre, buscando una opinión, a lo que su madre tan sólo asintió como si le diera un permiso y decidió seguir a aquella muchacha quien pronto se presentó, se llamaba Lucero, nombre que le pareció muy bonito. Él también se presentó con ella, y pronto fue llevado hacia un pequeño patiecito que no quedaba lejos de aquellas habitaciones, ahí vio sentados a unos chicos más, unas personas estaban fumando mientras jugaban a las cartas y otras intentaban alejar ese humo con las manos. Uno de ellos estaba casi durmiendo cosa que le había parecido un poco chistoso.
—Chicos él es Eric. —Dijo Lucero. —Es el recién llegado. —Anunció. Las miradas del resto se posaron sobre él y sólo atinó a saludar tímidamente con la mano. Una joven se corrió un poco de su asiento haciéndole un lugar a su lado, donde Cartman se dirigió para sentarse.
—Hola Eric, yo soy Cami. —Dijo, con un tono de voz simpático y agradable, mientras le daba la última calada al cigarrillo y lo tiró al piso. — ¿Quieres jugar al uno?
—Está bien. —Dijo Cartman. Aún se sentía un tanto inhibido, pero le gustaba ese juego, solían jugarlo los cuatro amigos en la secundaria, a veces hacían también competencia con el grupo de Craig y Cartman realmente era un muy buen jugador. Dio cuenta de que estaban jugando con muchas cartas, más de la cuenta. —Creo que me repartieron demás.
—Aquí jugamos con quince cartas para que dure y se vale el espejito. —Dijo Cami. Cartman arqueó sus cejas y simplemente asintió, no discutiría.
Se la pasaron jugando junto con otro chico que parecía más grande que ellos, que jugaba con una mano mientras que con la otra fumaba. Se presentó, su nombre era Fran pero le decían Pancho. Lucero no jugaba, solamente hablaba con una chica a su lado que se llamaba Jazmín y se reían fuerte, como si fueran las únicas personas del hospital, y pasado un rato fueron a caminar junto al joven que había estado casi dormido, que luego se enteró que se llamaba Brian. En la mesa quedaron tan sólo Cami, Pancho y él, hasta que pronto una mujer llamó a Cartman hacia uno de los consultorios. Lo habían estado esperando. Dejó el juego de lado pidiendo disculpas y fue hasta donde estaban ellas.
—Buenos días Eric, toma asiento. —Dijo aquella mujer y se sentó en un escritorio enfrentado a él. —Esperamos a la licenciada y comenzamos, ¿sí?
Cartman asintió y le dirigió un rápido vistazo al consultorio. Habían estantes plagados de libros, un diván y unos sillones que tenían apariencia de ser cómodos, cosa que le intrigó, le gustaría estar acostado en uno de ellos. Sus pensamientos fueron interrumpidos por la otra mujer que pasó, era una chica relativamente joven de anteojos que al entrar se sentó a la par de la doctora. Sin perder más tiempo se presentaron, la que había llegado más tarde era la licenciada Belén, una psicóloga, mientras que la otra se llamaba Georgina, era la psiquiatra.
Cartman se sentía incómodo, seguía teniendo la creencia de que él no tenía que estar en ese lugar por lo que apenas colaboró a las preguntas que le hacían. Respondía a la mayoría de las cosas con monosílabos y cuando le preguntaron por qué había intentado suicidarse, qué había sentido simplemente respondió que no sabía. Las mujeres dieron cuenta que durante ese día sería en vano seguir preguntándole cosas y al cabo de una hora lo dejaron ir. La psiquiatra dejó indicaciones en la enfermería para el pronto tratamiento de Eric y la enfermera anotó el esquema de medicación en una pizarra, empezarían por darle estabilizadores de ánimo para ver si así iba teniendo un efecto. Después de todo, volverían a intentar al día siguiente.
Cartman se dirigió a seguir jugando con los otros muchachos y las horas pasaron sin más. Su madre se había quedado descansando en la habitación y aquél día pasó toda la tarde y toda la noche con él. Durante la noche Cartman durmió en su cama y Liane en el sillón que estaba a disposición. Después de todo, una de las reglas era esa vigilancia las 24 horas y el resto de personas allí también tenían a familiares o amigos cuidándoles, cosa que Eric dio cuenta un rato después de haber estado jugando en el patio. Así pasó su primer día, que aunque no lo admitiría, fue más agradable de lo que pensaba y dio cuenta de cuán equivocado había estado.
Al día siguiente, tuvo sesión nuevamente, esta vez sólo con la psicóloga. Se encontraba en el consultorio esperándola, hasta que ella finalmente llegó, pues había estado en reunión.
—Hola Eric, ¿cómo te sientes hoy?
—Tuve peores. —Respondió Cartman.
—Bueno por lo menos eres optimista. —Bromeó la psicóloga mientras abría su cuaderno y alistaba su lapicera. — ¿Y bien? ¿cómo te recibieron los otros chicos?
—Bien, estuvimos jugando a las cartas todo el día.
— ¿Te gusta jugar a las cartas?
—Es entretenido. —Se encogió de hombros. La psicóloga asintió sonriente.
— ¿Pudiste dormir bien?
—La cama es dura, me duele toda la espalda y creo que tengo nudos y no me gusta que mi mamá me vea dormir. —Se quejó.
—Ya veo, bueno, no hay mucho que se pueda hacer, es la cama de hospital y las reglas son las reglas. —Respondió Belén, encogiéndose de hombros. Sabía que todo eso era una molestia digna. —Y bueno Eric, me gustaría preguntarte de nuevo y perdón si insisto con el tema, pero quisiera saber qué te llevó a estar aquí.
—Estaba en mi casa y me tomé un montón de pastillas, alguien llegó a mi casa y terminé en el hospital, lo mismo que dije ayer doctora. Nada cambió. —Respondió Cartman, desviando su mirada. No quería tener que agregar mucho más.
—Sí, sí, esa parte ya la sabemos, pero ¿no recuerdas lo que sentiste cuando tomaste las pastillas?
—No. —Mintió.
—Sabes Eric... —dijo la psicóloga y se acomodó en su asiento, dejando de lado su cuaderno por un momento y lo miró a los ojos. —Tu mamá estuvo aquí ayer y nos contó a mí y a la doctora que tuviste una discusión con un amigo, ¿eso no te afectó para nada? —preguntó. Después de todo Kyle había hablado con Liane de sus preocupaciones, era lo más lógico que la mujer supiera esas cosas y no demoró en contarlo. Cartman frunció el ceño por ello.
—Esa pendejada nunca me habría afectado.
— ¿Sería algo malo que te afecte?
—Sí. —Respondió a secas y la psicóloga anotó.
— ¿Por qué, Eric?
—Porque es un judío fastidioso, siempre fue fastidioso y en nada de lo que dice tiene razón.
— ¿Lo consideras fastidioso porque es judío? —Preguntó la licenciada y rió sutilmente. — ¿Recuerdas lo que te dijo Eric?
—Me dijo que soy un gordo que tiene un problema. —Respondió, cruzándose de brazos. La psicóloga volvió a anotar.
— ¿Sabes a qué se refería con problema? —Entornó sus ojos, Cartman desvió la mirada y asintió.
—Seguramente por envidioso.
— ¿De qué te envidia Eric?
—De que yo soy mucho más disciplinado y él no.
— ¿Disciplinado con qué?
Eran muchas las preguntas, empezaba a sentirse un poco fastidiado pero el tono de la licenciada era realmente simpático, parecía que realmente le preguntaba porque le daba curiosidad saber y ese tipo de cosas realmente cautivaban a Eric. Se encogió de hombros y respondió. —Porque yo sí puedo medirme con la comida y él no y porque claramente soy superior.
— ¿Medirte con la comida te hace superior?
—Claro. —Concluyó Eric. La psicóloga cruzó sus piernas.
— ¿Cómo te mides con la comida, Eric? —Preguntó curiosa. Cartman se hizo hacia atrás en su asiento y frunció sus labios, preparándose para responder aunque no estaba seguro de ello.
—Ya sabes... llevo las cuentas, anoto las calorías, dejo de comer si me excedo y puedo vivir así, lo normal.
— ¿Alguna vez vomitaste? —Inquirió.
—Sólo cuando es necesario. —Respondió Cartman, sorprendido por la pregunta, es como si le hubiese leído la mente. La psicóloga no dejó de anotar.
— ¿Y es necesario cuando te excedes?
—Bueno, sí. —Respondió. No se animaba a dirigirle la vista a la mujer, por lo que miraba a un cuadro que estaba en el consultorio de un jarrón con flores.
—Eric, y ¿qué sientes cuando comes? ¿te gusta comer?
—Bueno, sí me gusta, cuando era chico comía bastante.
— ¿Qué fue lo que cambió?
—Crecí, supongo. —Se encogió de hombros.
—Pero a ver, profundicemos. Creciste, todos crecemos Eric, pero crecer no hace que empecemos a vomitar. —Dijo la licenciada. Cartman bajó la mirada. — ¿Cambió algo para que empezaras a hacerlo?
Cartman no supo que responder. La psicóloga asintió y anotó nuevamente.
—No estoy seguro de si cambió algo... creería que no mucho.
— ¿Dirías que comes emocionalmente?
— ¿Cómo es eso? —Preguntó el castaño.
—Bueno, comer como premio, comer si estás triste o dejar de hacerlo, comer cuando estás ansioso...
—Bueno creo que sí. ¿Eso no es normal?
—No hay algo tan normal ni tan anormal. Son conductas que aprendemos, Eric. —Respondió la licenciada y asintió. —Pero comer no necesariamente tiene que vincularse con nuestras emociones, ¿sabes?
Cartman intentó imaginárselo pero no pudo.
—Comer es una necesidad para mantenernos vivos, no es un premio, un ansiolítico o un antidepresivo. Debemos comer porque nos da combustible para vivir. —Continuó la doctora. Eric le prestó atención y asintió, aunque no asimilaba del todo esas palabras. —Y dime Cartman, ¿cuando eras chico eras gordo? —Preguntó.
—Bueno... —Miró hacia sus manos y respiró profundo. —Creo que sí, sí lo era. —La psicóloga anotó.
— ¿Y te decían algo en ese entonces?
—Sí...
— ¿Qué te decían?
—Culón, gordo, culo gordo, bola de sebo, no me acuerdo de todo pero varias cosas así.
— ¿Cómo te lo tomabas?
—Siempre dije que no lo era y que era fuertecito.
— ¿Así es como te decía tu mamá?
—Sí. —Cartman sonrió. La psicóloga asintió.
— ¿El que tu amigo te dijera gordo ahora te hizo recordar eso?
Cartman se quedó pensativo, no lo había vinculado de esa manera de forma consciente pero creyó por un momento que tuvo algo de sentido. Asintió lentamente y la psicóloga anotó.
— ¿Ser gordo para ti tiene algo de malo, Eric?
—No sé si diría que tiene algo malo...
—Entiendo, pero quieres evitar serlo, ¿no?
—Creo que sí. —Se encogió de hombros nuevamente. La psicóloga se acercó al escritorio.
— ¿Crees que lo que haces es normal?
—Bueno, todo el mundo evita ser gordo, ¿no?
—No lo sé, ¿lo hacen?
—Haces muchas preguntas, ¿te lo han dicho?
—Es mi trabajo. —Respondió la mujer, sonriente.
—Es un trabajo fastidioso.
La mujer rió. —Si quieres no contestes, pero tu silencio también me dice algo. —Cartman rodó sus ojos y bufó.
—Sí, todo el mundo evita ser gordo.
—Pero dijiste que no sabes si tiene algo de malo eso. ¿Por qué evitarlo entonces? —Preguntó la psicóloga, y ahí es donde Eric dio cuenta que realmente no sabía, nunca se lo había planteado de esa manera. Se quedó en silencio unos minutos y sintió como las dudas empezaban a entrar a su cabeza sin permiso, los recuerdos se entreveraron y empezaron a aturdirlo y las lágrimas empezaban a pedir permiso para salir. Cartman se contuvo, la psicóloga lo notó y anotó por última vez.
—Bien Eric. Lo dejemos aquí por hoy, ¿sí? Fue una buena sesión, volveré a buscarte mañana. —Dijo Belén. Cartman volvió en sí y asintió, luego salió del consultorio sintiéndose extraño. Sintió que por primera vez había hablado sobre algo que le pasaba y sorpresivamente se sintió cómodo en ese lugar, como si le hubiesen entendido sin sentirse juzgado.
Estando afuera cruzó miradas con Cami que lo llamó hacia el patio. Le dirigió una mirada a Liane para buscar permiso y la mujer asintió nuevamente para luego usar su celular y quedarse en llamada. Cuando llegó Cartman al patio se encontró con Pancho teniendo un lío con un policía, pues le pedían que se saque su gorra y él empezó a fingir que era sordo, por lo que la policía se esmeraba en hacer un lenguaje de señas sin saber cómo hacerlo. Cami y Cartman contuvieron la risa como podían y los policías en poco tiempo se fueron frustrados, luego Pancho les dirigió una mirada cómplice a los muchachos y los invitó para que se sentaran junto a él.
La tarde pasó y cayó la noche. Sus compañeros del hospital se pasaron la tarde comiendo galletas y Eric se sintió incómodo, no supo si sacar. Pensaba que había estado comiendo bastante esos días, después de todo estaba cumpliendo con todas las comidas del día y le parecía un exceso, pero en el lugar que estaba no podía vomitar, los baños eran compartidos, además de que tenía los ojos de su madre y muchos otros enfermeros y doctores sobre él. Se sentía un poco fastidiado por ello. La hora de la cena llegó y luego le dieron la medicación, le daban una pastillita cuando caía la noche y a la mañana la mitad. Por el momento se sentía normal, no notaba diferencia alguna.
Esa noche se acercó a su madre cuando fue a la habitación, pero se llevó una gran sorpresa, pues al abrir la puerta lo primero que pudo distinguir fue un joven alto de rulos pelirrojos hablando con Liane, no era otro que Kyle. Liane lucía muy agradecida y había preparado su bolso. Pronto dirigió su mirada hacia su hijo y lo saludó con ternura.
—Ahí está mi tesorito, ¿cómo te fue con los chicos, mi cielo? —Preguntó la mujer.
—No me digas así, ma. —Dijo Cartman avergonzado, no le gustaba que se pusiera tan melosa frente a otra gente. Kyle miraba sonriente la situación y desviaba su mirada en un intento de no incomodar a Cartman pero le era imposible, siempre le habían causado gracia los apodos de Liane. —Me fue bien.
—Me alegra calabacita. Hoy no podré cuidarte mientras duermas, pero Kyle hizo el grandísimo favor y estará contigo esta noche. —Informó la mujer. Cartman miró de pies a cabeza al pelirrojo, quien simplemente cargaba con un bolso en su hombro y le hizo un ademán con la mano.
No supo responder algo a tiempo y la mujer simplemente se despidió de Kyle y de él, saliendo sin más demoras del hospital, después de todo la noche anterior no había podido descansar bien y necesitaba recuperar esas horas de sueño que por esos tiempos escaseaban.
El reloj marcó las once de la noche. Cartman no había dicho mucho, sino que simplemente se encontraba leyendo y finalmente terminó el libro. El efecto que causaban en él las pastillas tan sólo era que le daba más sueño cuando las tomaba, por lo que no tardó en bostezar. Kyle estaba sentado en el sofá, leyendo igualmente pero el sonido del bostezo de Cartman le llamó la atención.
— ¿Quieres dormir ya, Cartman? —Preguntó Kyle.
—Sí. —Respondió él. —Vete así pueda ponerme el pijama.
—No puedo irme, se supone que tengo que vigilarte, no puedo dejarte solo. —Respondió el mayor. —Mira si en lo que te dejo solo se te ocurre cómo matarte, imposible. —Cartman frunció sus labios y su ceño. Soltó un bufido y se sentó en su cama. Se puso de espaldas y se quitó su remera.
—Al menos voltéate.
—Cartman ya te vi desnudo, no hay nada con lo que me puedas sorprender. —Anunció Kyle, aunque igualmente obedeció el pedido de Eric. No pudo ver la reacción que había causado en él, pero Eric se ruborizó furiosamente, después de todo no sabía acerca de eso y prefirió no indagar. Se puso de pie y bajó sus pantalones para poder cambiárselos por los de su pijama.
—Ya puedes voltear. —Indicó. Puso la ropa que había estado usando a los pies de la cama. —Tengo que ir al baño, ¿también es necesario que me acompañes?
—Síp. —Dijo Kyle y dejó su libro de lado. Eric blanqueó sus ojos y simplemente fue en dirección al baño, tratando de ignorar la presencia ajena. Se metió a uno de los cubículos para poder orinar y luego se lavó sus manos y dientes. Kyle luego hizo lo mismo y salieron del baño para volver a la habitación. Cartman se metió entre las sábanas, alistándose para dormir y volteó dándole la espaldas a Kyle, quien se había acomodado en el sofá que estaba enfrentado a la cama.
—Buenas noches Cartman.
—Buenas noches —dijo él. —Apaga la luz.
Kyle renegó por lo bajo, pero se levantó y apagó la luz para luego volverse a acomodar.
No pasó demasiado tiempo para que el sueño venciera a Eric. Dormía abrazado del sapo Clyde babeando la almohada. A Kyle le costó más trabajo dormirse, después de todo el sofá era un poco incómodo y aún más tener que dormir sentado, comprendió enseguida las molestias por las que había pasado Liane la noche anterior y empatizó enseguida, era casi imposible no sufrirlo siendo una mujer adulta.
El reloj marcaba las tres de la mañana y en el hospital se formó un silencio sepulcral, hasta que de pronto entre sueños Cartman empezó a sollozar. Kyle tenía un sueño muy ligero, por lo que despertó enseguida pero no se atrevió a interrumpir. Al principio lo que eran sollozos ligeros se transformaron lentamente en un llanto cada vez más pronunciado, hasta que finalmente despertó y siguió lloriqueando, sólo que empezó a agarrar sus cabellos y a tirar un poco de ellos y mordió sus labios con fuerza en un intento de ahogar sus sonidos. No comprendía porqué lloraba siquiera, pero un sentimiento de angustia lo había invadido en sus sueños y ahora no era capaz de parar. Había vivido mucho en poco tiempo y quizá esa era la razón. Recordó estar en la tina y recordó estar internado, se sintió abrumado y se hizo minúsculo contra la pared.
Kyle en ese momento se levantó en silencio, se acercó hacia Eric y tocó suavemente su espalda. — ¿Cartman? ¿estás bien? —Preguntó, suavemente. Eric se sobresaltó ante su tacto, parecía que había olvidado que no estaba solo.
—Vete. —Masculló. Kyle hizo caso omiso y se sentó sobre la cama, haciéndole compañía. Empezó a acariciar la espalda ajena con dulzura y poco a poco notó como los músculos tensos ajenos empezaban a relajarse y cómo el llanto empezó a cesar.
—No voy a irme Eric, me quedaré a tu lado. —Susurró Kyle de manera tal que fuese lo suficientemente audible para que tan sólo lo escuchara Cartman, quien no supo qué responder. Se quedó en silencio un rato, limpiando sus lágrimas con su muñeca y el dorso de su mano. De pronto, sintió como a su lado había un nuevo peso sobre la cama y cómo los brazos ajenos rápidamente lo rodearon. Kyle lo había abrazado desde su cintura llevándolo hacia su cuerpo. Eric estaba un poco sobresaltado pero no hizo nada para cambiar su postura.
—Siempre me quedaré a tu lado. —Dijo Kyle, a su oído. Eric sintió como su piel se erizaba por aquel contacto y nuevamente se ruborizó enseguida. —No me importa si intentas alejarme, no lo haré. Ya aprendí la lección y no volveré a dejarte solo. —Continuó.
Cartman escondió su rostro en la almohada, pero disimuladamente se pegó un poco más al cuerpo ajeno. Se sentía cálido y podía sentir los latidos del corazón de Kyle dada la cercanía. Eso le gustaba, le gustaba demasiado. Se sentía contenido y un sentimiento extraño se despertaba en su pecho. Por un momento no quiso dormirse, lo que quiso fue mirarlo. Quería dar encuentro con aquellos ojos color aceituna o con el semblante de Kyle relajado, se preguntó si es que tendría barba, pues no se había fijado.
Volteó suavemente hacia atrás, intentando ser disimulado y moviendo de a poco en poco su cuerpo para poder observarlo, pero lo que se encontró fue la nariz ajena rozando con la suya y la mirada de Kyle viéndolo atentamente, lo notó ruborizado lo cual le causó vergüenza, pero apenas Kyle dio cuenta de que sus narices chocaban y lo apretó un poquito más desde la cintura, acariciándolo con su pulgar.
No supo en qué momento pasó lo que pasó, pero de pronto sintió un suave roce sobre sus labios que le resultó familiar, la respiración suya con la ajena se mezcló sin poder distinguir donde terminaba una una y empezaba la otra y empezó a sentir como su pecho se exaltaba cada vez más. Su corazón en cualquier momento iba a salirse por su garganta, pero entonces, sintió como sus labios eran apenas tocados por los ajenos. Abrió sus ojos casi sin poder creerlo. Kyle soltó una mano de la cintura ajena y la posó sobre la cabeza de Eric, acariciando sus cabellos, para luego sostenerlo delicadamente desde su nuca.
Eric estaba confundido, pero correspondió como pudo aquel beso tan sencillo. Kyle se alejó un poquito del rostro ajeno, se le quedó viendo y notó su vergüenza. En silencio, volvió a reducir la distancia y dejó que sus labios reposaran en los de Eric dándole otro besito, y otro, y uno más. Cartman respondía torpemente a aquellos, hasta que paulatinamente empezaron a profundizarse, y para cuando pudo darse cuenta estaba aferrado al cuello de Kyle, tocándole con delicadeza su pecho con su diestra y siendo cautivado por los labios ajenos. Sentía como su rostro estaba tan caliente que seguramente podía cocinar algo en él. Sintió el rostro ajeno tan caliente como el suyo y sonrió para sus adentros. Sus piernas se enredaron con las contrarias. Pronto se apretaron un poco más contra la pared para continuar con sus besos y sólo el ruido de estos podía escucharse en el silencio de la habitación.
Poco a poco se separaron, Kyle fue el primero en alejarse en un intento de calmar su respiración pero no lo hizo sin antes morder delicadamente el labio inferior ajeno. Sin demoras besó la nariz regordeta y respingada de Eric, subió hacia su frente y también le besó con cuidado. Nuevamente puso una de sus manos en la cintura ajena y la otra bajo su cuello. Lo abrazó haciendo que el rostro de Eric se escondiera en su pecho.
Cartman se aferró al cuerpo de Kyle como si se tratase del sapo Clyde, dejando por primera vez a su peluche de lado, que seguramente se encontraba apretado contra la pared pero poco le importó.
Sin decir ni una sola palabra más, pues eran innecesarias, llenó sus pulmones del perfume del pelirrojo y dejó que poco a poco, rodeados de calidez, los brazos de Morfeo los meciera otra vez.
