Capítulo XVII
Se hizo de día y al despertar percibió un agarre firme contra su cuerpo de alguien que dormía a su lado, fregó sus ojos contra sus nudillos y cuando los abrió se dio cuenta de que Kyle seguía durmiendo a su par, abrazado a él. Al principio no supo como reaccionar, tan sólo los colores se le subieron a la cabeza y sintió como la respiración ajena chocaba contra la suya. Se quedó pensando en lo que había sucedido la madrugada anterior por un recuerdo fugaz y le dieron ganas de desaparecer. No podía creer que algo de lo que había pasado era real, no podía aceptarlo. Muchas preguntas se formularon en su cabeza, ¿desde cuándo le gustaba el judío? o sobre todo, ¿le gustaba el judío? ¿por qué? Y no encontraba respuesta, tan sólo pensaba en aquellos momentos en los que se distraía mirándolo, como había sido su trato desde la infancia y cómo lo era ahora que habían crecido. Recordó que sobre todas las cosas él quería que lo recuerde con su muerte y por un momento se preguntó ¿por qué le interesaba tanto ser importante para él? Dadas todas aquellas preguntas cada vez se avergonzó un poco más y no supo donde meterse.
Intentó calmar su mente, pero no podía dejar de observar al que tenía frente a él. Un rulo juguetón caía graciosamente sobre la frente ajena y tenía una barba apenas naciente, parecía que al fin se había rasurado comparado a la última vez que le había prestado atención. Sintió curiosidad por tocarla y con cuidado e inseguridad acercó su mano al rostro ajeno. Se sintieron como pequeños pinches, estaba apenas ligeramente rasposa, pero las mejillas de Kyle, sus pómulos, le brindaron una sensación tan suave que le asombró. Acercó un poco más su rostro al de su contrario inconscientemente, cerró sus ojos y por un momento iba a permitir que sus labios vuelvan a encontrarse con los ajenos sólo para saciar esa curiosidad voraz que sentía, para luego prometerse que nunca más se repetiría, pero repentinamente la puerta se abrió y entró una enfermera.
—Eric Cartman, ¿está despierto? Traigo la medicación. —Dijo lo suficientemente alto esa enfermera, provocando que Kyle se despertara de un sobresalto y rápidamente se incorporara. Cartman sin demoras fingió estar dormido y para hacerlo más creíble dejó su boca abierta prefiriendo babearse un poco antes de tener que admitir que había estado a punto de besar a Kyle. Éste lo movió desde sus hombros para que despertara.
—Cartman despierta, la enfermera está aquí. —Dijo, abochornado por la posición en la que la mujer los había encontrado, pero intentó no pensar al respecto. Siguió moviendo a Cartman desde sus hombros hasta que finalmente abrió sus ojos despacio y fingió estar aturdido. De una manera más exagerada levantó sus brazos estirándose y se sentó sobre la cama, doblando sus rodillas. Recibió la medicación junto con un vasito con agua y la tomó sin chistar. La enfermera, con una mirada un tanto pícara, optó por no decir nada más que un "alístense que pronto la psicóloga puede llamar" para luego dejarlos solos, cerrando la puerta tras sí. Cuando eso sucedió Kyle largó un suspiro, volteó a ver a Cartman y golpeó su hombro suavemente.
— ¿Por qué me golpeas, marica? —Dijo Cartman ofendido y se sobó su brazo, claramente actuando su reacción.
— ¿Por qué me dices marica? Tú eres el marica. —Dijo Kyle, un tanto exaltado y nuevamente lo golpeó.
— ¡Pero si tú mismo dijiste que eres bisexual entonces eres un marica! —Exclamó Cartman y le devolvió el golpe en su hombro.
— ¡Ser bisexual no es ser marica Cartman! —Y ahí fue otro golpe. Estaba nervioso, claramente nervioso. En la madrugada anterior se había dejado llevar demasiado y había olvidado cómo era la convivencia con Eric T. Cartman durante esos momentos. Ahora no podía realmente decir que estaba arrepentido por lo que había pasado, después de todo él había iniciado y ya tenía una cosa segura: Eric le gustaba. Anhelaba pasar tiempo con él cada segundo y era un sentimiento que le nacía de una manera tan genuina que no podía explicarse, sólo podía conformarse con sentirlo. Siendo sinceros no quería admitirlo, al menos no hacia él. Le resultaba un tanto humillante, no porque sus sentimientos le avergonzaran, sino porque le causaba bochorno la reacción ajena, sabía que seguramente se reiría de él y no lo tomaría en serio o que se burlaría de ello por toda la eternidad, siendo optimistas, y ser el objeto de sus burlas de nuevo no era una opción digna para él. Había estado ese último tiempo disfrutando de su compañía pero también era porque muchas de las burlas habían cesado, volver al ritmo que tenían cuando niños lo hacía ponerse un poco nervioso, aunque había disfrutado de esos tiempos también era cierto que lo estresó demasiado.
—Los maricas besan hombres y tú me besaste anoche. —Dijo Cartman, en un tono de reclamo, apenas bajando la voz, frunciendo el ceño y desviando la mirada ofendido. Esta vez no le golpeó, en vez de ello volvió su mirada y se le quedó viendo fijamente, contemplando cómo sería la reacción ajena. Kyle inmediatamente se ruborizó y no supo que decir. Cartman, al ver esa reacción sonrió. —Esperaba a que me invitaras un café primero, pero eres una rata tan coluda que parece que piensas ahorrártelo, judío. —Dijo. No pensó bien esas palabras, tal vez sonaban un poco gay, sin embargo era un chiste mezclado con algo que pensaba de verdad.
—Sí te llevé a citas Cartman, fuimos a comer. —Mencionó Kyle, aún desviando la mirada pero con ese orgullo que siempre le hacía responder y seguir el juego ajeno, y ahí fue cuando a Cartman se le subieron los colores a la cabeza.
—Pero no me invitaste la cena tú. —Protestó y se quedó cabizbajo intentando que su rubor no se notara demasiado y fue Kyle quien poco a poco volvió a verlo. No sabía que Cartman quería que lo invite. Notó como estaban a una distancia tan corta que quiso distanciarse pero de repente un nuevo agarre del castaño se lo impidió. Cartman optó por mirarlo con el ceño fruncido y a Kyle eso le produjo ternura; Cartman lo atrajo hacia él y lo hizo recostar de nuevo en la cama de una manera brusca, y en un abrir y cerrar de ojos se acercó a los labios de Kyle depositando allí un fugaz beso, aquel que tenía ganas de darle desde un inicio y sin explicar absolutamente nada se separó, se levantó de la cama y cuando estuvo de pie en el suelo fue rápidamente hacia el baño a lavarse los dientes. Kyle confundido por toda la secuencia, salió tras él, después de todo se tomaba muy en serio aquella regla que decía que debía tener constante vigilancia y la cumpliría hasta que Liane regresara durante esa mañana.
*.*.*
No pasó mucho tiempo para que su madre volviera y Kyle se marchó. Había estado jugando al uno con Cami y Pancho para intentar olvidarse de la situación que había pasado, dejando totalmente de lado la presencia de Kyle que tan sólo lo miraba desde un lado hasta que tuvo que irse. Recién en ese entonces se acercaron nuevamente para despedirse y su madre le dio la noticia de que volvería a cuidarlo esa noche y probablemente todas las que le seguían. Teniendo esa información y sabiendo lo que eso significaba otra vez no supo donde más meterse para escabullirse.
Estaba terminando una partida del uno, había sido el primero de ganar y sonreía victorioso mirando como Cami y Pancho seguían con el juego, hasta que Belén se asomó al patiecito y lo llamó sonriente. Cartman se levantó de los bancos y entró rápidamente a los consultorios donde la mujer ya estaba esperándolo.
—Hola Eric buen día. —Dijo la psicóloga, preparando su característico cuaderno y la lapicera sin ninguna demora. — ¿Cómo te encuentras hoy?
—Bien, supongo. —Dijo, acomodándose en su asiento.
—Se corre un rumor por los pasillos, ¿un chico vino a acompañarte en la noche? —Inquirió curiosa con una sonrisa pícara, lo que produjo que Cartman se ruborizara.
—Sí, vino Kyle.
— ¿Y es Kyle tu amigo judío del que hablamos la otra vez?
Cartman asintió.
—Debe preocuparse mucho por ti para venir a cuidarte, ¿no crees?
—Debe hacer eso porque se siente con deudas, yo lo hice aprobar historia. —Dijo Cartman, desviando su mirada.
— ¿Te pidió ayuda para estudiar?
—Sí, estuvimos juntándonos durante un tiempo en la biblioteca a estudiar.
— ¿Pero no habían peleado también? ¿cómo fue eso?
—La pelea fue después. —Dijo Cartman, cruzándose de brazos. —Luego de que apruebe historia nos peleamos un día en mi departamento.
— ¿Y por qué fue que pelearon? —Preguntó nuevamente la psicóloga, prestándole atención a cada palabra del muchacho.
—Creo que te dije algo ayer, me dijo que era un gordo con un problema.
—A ver, ¿te dijo todo eso así tal cual o cómo fue?
—Bueno, en realidad vio un cuaderno mío y me dijo que yo tenía un problema, luego simplemente le dije que no se metiera y él me dijo que era un gordo.
La psicóloga dudó por un segundo, sabía que algo ocultaba pero decidió no remarcarlo. —Ya veo Eric, ¿y qué decía ese cuaderno? ¿es donde anotabas tus calorías?
Eric asintió tímidamente.
—Entiendo, imagino que a eso se refirió tu amigo Kyle con que tenías un problema, ¿tú no lo ves así?
—Sí, bueno, no sé. No creo que sea un problema, pasa que él a todo le encuentra problemas y los quiere solucionar él. Siempre quiere hacer que todo gire en torno a él y ser el faro de la moral. —Protestó Cartman. La psicóloga sonrió y anotó en su cuaderno.
— ¿Crees que vino a verte por su moral, porque cree que tienes un problema o porque se siente en deuda, Eric?
Cartman se quedó pensando un buen rato antes de responder. — ¿No pueden ser las tres opciones?
—No lo sé, tal vez, es tu amigo y tú lo conoces mejor, aunque me parece raro viniendo de alguien que sólo te debe algo que se haya quedado una noche completa a cuidarte, ¿no lo sientes así? Es un poco mucho. —Opinó la mujer, quien le miraba atentamente. Cartman volvió a ruborizarse. —Además de eso hay otro rumor que tenían las enfermeras, y es que parece que durmieron en la misma cama, ¿no es así? —Dijo la psicóloga con una sonrisa pícara. Cartman ante ese dato abrió sus ojos como platos y se mordió la lengua, por lo que Belén rió. — ¡Ajá! ¡te atrapé con las manos en la masa! Ahora sí me gustaría que me cuentes sobre este Kyle.
—Bueno sí se quedó a dormir y sí dormimos juntos pero yo no soy un marica. —Farfulló Cartman en un intento de defenderse.
— ¿Y cuándo dije yo que eras "marica", Eric?
—Seguramente lo pensaste.
— ¿Lo pensé? —Preguntó la psicóloga y frunció sus labios. — ¿te parece que lo pensé?
—Sí lo pensó, no me mienta.
—No, no pensé que eras un "marica", como dices tú, Eric. ¿Te importa lo que yo piense?
Cartman se quedó pensando un momento y se sintió realmente encerrado, bufó frustrado. —A todo el mundo le importa lo que piensen de uno y no gusta si piensan mal. —Respondió sencillamente.
— ¿Te importa que el resto de la gente piense que eres gay?
Cartman no respondió. La psicóloga anotó.
— ¿Por qué crees que si pensaran que eres gay sería algo malo? Con tus palabras, aclaro.
—No lo sé. —Dijo al fin y se quedó mirando a aquel cuadro de flores en el jarrón, en un intento de que se le pasara la vergüenza. La psicóloga permaneció en silencio observándole, esperando que hablara un poco más. Cartman pronto volvió su mirada hacia el suelo, chistó su lengua y tragó saliva. —Creo que siempre pensé que no está tan mal en el resto, tuve un par de conocidos gays, pero está mal si se trata de mí.
La psicóloga sintió como si hubiera acertado, pronto se estaba acercando a algo. — ¿Te gusta Kyle, Eric?
Cartman nuevamente no respondió con sus palabras, simplemente se ruborizó y negó con rapidez con su cabeza.
—Pero durmieron juntos, ¿cómo explicas eso?
—El sillón debe haber sido muy incómodo. —Mintió Cartman, la psicóloga esta vez arqueó sus cejas incrédula.
— ¿En serio Eric? —Preguntó divertida y se acomodó en su escritorio. Cartman dio cuenta que esa última mentira no había funcionado y desvió su mirada.
—Estaba llorando y fue a consolarme. —Admitió en voz baja.
—Entonces Kyle parece estar al pendiente de tus problemas. —Respondió sencillamente la mujer y Cartman apretó sus puños. Tal vez tenía algo de razón en sus palabras. —Digo, es tu amigo o algo así, fue a verte a tu departamento, estudiaron juntos en la biblioteca seguro un montón de tiempo, se preocupó por ti y porque pensó que tenías un problema e intentó ayudarte, tengo entendido que él fue quien te encontró cuando te intentaste suicidar y ahora viene a cuidarte siendo que estás internado en un hospital que no es cualquier cosa... parece que a este Kyle realmente le importas mucho, Eric.
Cartman no tenía en cuenta dos cosas, la primera es que no sabía que era Kyle quien lo encontró primero aunque de alguna manera se lo suponía, más tarde seguramente pensaría en ello, y lo segundo es que no había pensado esa seguidilla de cosas de esa manera... bah, sí lo había hecho, pero sólo dio cuenta que Kyle se preocupaba por él cuando dio cuenta de cuánto la había cagado al producir que se alejara de él y sintió que podía perderlo. Esa ausencia lo había atormentado durante los días que habían dejado de hablarse. De pronto en su cabeza resonó la palabra "fracasado", además de cada palabra que había pronunciado en aquella discusión y volvió a sentirse tan miserable y minúsculo que quiso escapar de su cabeza. El sentimiento de la ausencia de Kyle volvía a hacerse presente y provocó que sus ojos se tornaran vidriosos al segundo, desvió su mirada mientras que un par de lágrimas se le escapaban. La psicóloga, quien miraba atenta, le extendió un paquete de pañuelos. Eric sin decir ni una sola palabra sacó uno de ellos y se limpió la nariz.
— ¿Qué es lo que te emociona tanto, Eric? —Preguntó la psicóloga, suavemente.
—Lo herí. —Dijo de pronto, en un tono casi inaudible.
— ¿Qué dijiste? Perdón, no pude escucharte.
—Lo herí. —Repitió. Sostuvo sus brazos con fuerza sintiéndose cada vez un poco más incómodo.
— ¿Cómo lo heriste?
—Le dije que era un fracasado, lo lastimé y ahora no entiendo por qué se preocupa tanto por mí. —Balbuceó casi sin respirar y un nuevo sollozo se escapó de sus labios. Belén lo observaba un tanto apenada y se extendió lo suficiente para tomar sus manos con delicadeza.
—Por el comportamiento de Kyle parece ser que ya te perdonó, Eric. ¿Puedes tú perdonarte haber cometido un error? —Preguntó la mujer.
Cartman negó con su cabeza y limpió sus lágrimas con sus muñecas, separándose del agarre de la licenciada.
—Entonces parece ser que te exiges más de la cuenta. Te preocupas por lo que piense la gente, qué es lo que dicen de ti, que no piensen en nada malo, no te permites fallar...—Concluyó. Luego de un rato de quedarse pensando, añadió: —¿Sabes que opino Eric? Que dejaste ese cuaderno inconscientemente a la vista.
— ¿Cómo a la vista inconscientemente? —Preguntó, intrigado.
—Es normal que a veces el cuerpo, cuando está en peligro, hace que inconscientemente sea un poco más obvio su accionar errante para ser ayudado. Es un mecanismo de defensa, tal vez querías que Kyle o alguien te ayude, y tuviste suerte de que él haya estado para ti y no sea indiferente.
Cartman se quedó pensando, casi sin poder creerlo, ¿su cuerpo era capaz de hacer cosas como esa? Nunca lo habría pensado de esa manera y no sabía hasta que punto eso aplicaba en él pero no negaba que tal vez era una posibilidad real.
—Hagamos una cosa, ¿por qué no intentas charlarlo con él cuando regrese a verte?
— ¿Charlarlo? —Preguntó un tanto incrédulo.
—Sí, charlarlo. Deberían conversar lo que sienten, así no te quedarán más dudas de lo que Kyle siente hacia ti, Eric. —Dijo la mujer. Cartman nuevamente se quedó pensando en silencio. Belén le dirigió una mirada al reloj y cerró su cuaderno. —Bueno Eric, fue una sesión productiva, ¿no crees?
Y Cartman se sorprendió, no había sentido el transcurrir de la hora y había podido hablar más de lo que era su intención. Se despidió de la licenciada, aunque le gustaría poder quedarse más tiempo y salió de la sesión un tanto extrañado. Dirigió una mirada hacia los consultorios de al lado y pudo ver que Lucero salía de hablar con su psicóloga llorando. Eso le impresionó, ¿que cosas como esas sucedan eran normal en terapia? No podía descifrar si aquello le gustaba, pero por lo pronto había podido hablar respecto de Kyle con alguien sin sentirse juzgado. Al fin y al cabo su estadía en ese lugar empezaba a volverse un poco más amigable.
Se dirigió hacia el patio, no quiso buscar a su madre y Lucero se abrió paso hacia su habitación, se la notaba bastante sensible. No distinguió a ninguna de las caras conocidas del hospital, sino que una mujer se encontraba sentada fumando. Cartman se dirigió hacia allí y se sentó a su par.
— ¿Tú eres el nuevo? —Preguntó al cabo de un rato la mujer y dio una profunda calada al cigarrillo para luego apagarlo en el piso. Cartman asintió.
—Soy Eric.
—Un gusto Eric, soy Sonia. —Era una mujer grande, será que tenía entre cuarenta y cinco y cincuenta años. Cartman se sorprendió de que una mujer tan adulta pudiera estar internada en el hospital y no pudo contener su curiosidad.
— ¿Por qué estás aquí Sonia? —Preguntó.
—Murió mi hija. Estoy por el mismo motivo que todos. —Respondió sencillamente y le dirigió una sonrisa un tanto apenada.
—Wow... lo siento. —Dijo Cartman, no esperaba algo tan duro y no supo como reaccionar. Imaginó a qué se refería con "el mismo motivo que todos" y dedujo que todos en algún momento habían intentado suicidarse, por lo que se sintió extraño. Aparentemente todos iban a la psicóloga durante la mañana, más de uno lloraba, todos se habían intentado suicidar, cada uno de ellos tenía un problema particular. No supo explicarlo ni comprenderlo pero aunque era un hecho triste y angustiante, a su vez se sintió extrañamente acompañado.
Sonia negó con su cabeza levemente y cruzó sus piernas. —Cosas le pasan a todo el mundo... pero la vida debe continuar, el mundo no va a esperar. ¿No es así? —Preguntó.
Cartman supuso que sí.
*.*.*
Había pasado casi una semana desde que no consumía alcohol. Ni una sola gota. Había vaciado su heladera de su contenido con la ayuda de Kenny y ahora se encontraba dando vueltas en su apartamento buscando qué cosa más hacer. Ya había sacado la basura, también regado sus plantas. Acomodó cada una de las habitaciones e hizo una limpieza profunda. Ahora se encontraba aburrido y tan inquieto que empezaba a desesperarse y extrañar el sabor de una única cerveza. Pero no tomaría. Había decidido que no tomaría e iba a cumplirlo sin ninguna excusa.
Rascó su cabeza, se puso una vincha para que sus cabellos no cayeran sobre su frente y sacó su celular en la búsqueda de entretenimiento.
Su decisión de dejar había sido abrupta, y quizá por ello es que le estaba costando. Sus pensamientos intrusivos cada tanto se hacían presentes pero con mucha voluntad decidía ignorarlos, pues se negaba a recaer. Siendo honestos, se había impresionado y asqueado. Muchos sucesos se habían producido en muy poco tiempo y no podía quitarse de su cabeza todos los recuerdos de la última vez que se emborrachó en serio y cómo Kenny y Kyle tuvieron que cuidarlo. No recordaba nada y eso era algo que lo carcomía pese a que Kenny le había dejado en claro que no tenía nada por lo que preocuparse. Había tocado fondo y sus sentimientos empezaron a tomar más claridad con todo el episodio de Cartman. Lo vio en su peor estado necesitando ayuda, vio cómo su amigo había estado sufriendo por un problema tanto tiempo y llegando tan bajo que aunque suene un poco mal de su parte, se prometió a sí mismo que no quería seguir por ese mismo camino. Lo de Cartman le sirvió para dar cuenta de su propio problema y que realmente no quería imitarlo, no quería terminar intoxicado, no quería que otras personas sean las que tuvieran que encontrarlo en su peor estado ni mucho menos quería ser salvado. No quería convertirse en una persona como su padre ni tener que depender de otros para estar bien. Decidió desde ese momento que vio las hojas y las manchas de sangre que se volvería una persona en la que el resto pudiese confiar, decidió que estaría fuerte para lo que pudiera venir, y esa decisión se vio confirmada cuando en la visita a la terapia intensiva de Cartman pudo distinguir a esos viejos con alzhéimer que tanto le recordaron a su abuelo. Durante las noches no podía quitarse esos recuerdos de la cabeza.
De repente su celular empezó a sonar y una mueca de sorpresa se produjo en su rostro cuando dio cuenta de que era su madre. Las llamadas con ella eran un acontecimiento que pasaban cada tanto, por lo general tan sólo ante un suceso importante, por lo que rápidamente atendió asustado.
—Hola mamá, ¿pasó algo? —Dijo Stan rápidamente.
— ¿Cómo estás tú? —Preguntó Sharon. Se la notaba un tanto alterada.
—Oh bueno, tú sabes, bien, normal.
— ¿Y con lo de Eric? —Preguntó la mujer. Stanley notó aquella posibilidad de que Liane le podría haber comentado a su madre y dio cuenta de que había sido muy estúpido por no haberlo predicho. Negó con su cabeza ante el pensamiento.
—Bueno, con eso mal. Fue difícil pero ahora imagino que ya sabes, está internado.
—Oh Stanley, no te imaginas cuán preocupada estuve. —Sonaba muy angustiada y se escuchó cómo se limpiaba la nariz de un momento a otro. —Por favor cualquier cosa que quieras decirme, siempre puedes hacerlo. Últimamente estamos más alejados porque ahora vives en esa ciudad pero yo siempre seré tu madre y siempre estaré para ti.
Las palabras de su madre sonaban genuinas y podía jurar que justo aquello era lo que había estado necesitando durante mucho tiempo. Pensó en los últimos sucesos de su vida y si había algo digno para mencionar. Dio cuenta de algo y tomó coraje. — ¿Mamá?
— ¿Si, Stan?
—Mamá soy alcohólico. —Confesó de pronto. —Pero voy a dejarlo. —Se apresuró a agregar.
Sharon desde el otro lado no supo bien qué decir, pues de pronto recordó a su esposo y sus ojos se pusieron llorosos.
— ¿Vas a dejarlo de verdad? —Preguntó la mujer de pronto con la voz temblorosa.
—Sí. Realmente lo dejaré y no seré como papá. —Dijo Stan cada vez más convencido y envalentonado tras sus palabras.
—Oh Stanley, estoy segura de que lo conseguirás. —Concluyó la mujer mientras sentía cómo las lágrimas empezaban a escapárseles. Stan asintió ante esas palabras.
—Oh, ¿y mamá?
— ¿Si, hijo?
—Te quiero mucho. Debo irme, adiós.
—Stan yo te amo. Por favor, mantente en contacto. —Pidió la mujer con aquellos últimos alientos de la llamada y fue Stanley quien, apurado y avergonzado colgó. Se quedó viendo al celular y reflexionando que posiblemente aquella había sido una de las charlas más profundas que tenía con su madre desde que era pequeño, y aunque se había sentido un tanto incómoda igualmente había significado mucho para él. Por fin había podido sincerarse. Por fin había podido decir en voz alta que no sería como su padre y, lo más importante de todo aquello, por fin él mismo se lo había creído.
Se dirigió a su habitación, se echó a la cama y sonrió sintiéndose muy orgulloso. Tomó su celular nuevamente y presuroso marcó otro número y esperó hasta que respondió.
— ¿Kenny? ¿puedes venir? Tengo que contarte lo que pasó.
