Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Capítulo 27
Celos
― Por lo que dices me doy cuenta que tienes miedo al retroceso, es comprensible. Bells es tu exesposa, parte de tu pasado y futuro, lo digo, por su próximo hijo. Les resta mucho tiempo para convivir.
Asentí sin ver al Dr. Gerandy. Me mantuve acostado en el cómodo diván de su despacho clínico.
Le había explicado que temía un acercamiento con Bells. Que mi razonamiento enviaba a detener todos los coqueteos a pesar de que era feliz con nuestras conversaciones y nuestro tiempo compartido. Sin embargo, había algo dentro de mí que me impedía avanzar y dar otro paso con ella, porque en el fondo me sentía desconfiado que todo acabara desvaneciéndose. Y que lo mucho que habíamos avanzado terminara volviéndose nada. O peor, dañar a Eric.
― ¿Cree que aún no es el momento? ―Me atreví a preguntar.
― No puedo dar esa respuesta, solo me atrevo a decirte que si prefieres mantener una amistad con ella por el bien de sus hijos, es correcto.
Me mantuve pensativo. En realidad no quería una amistad, no me sentía conforme, no cuando tenía tantos sentimientos por Bells. La amaba. No obstante, en mí cabía la prudencia, era demasiado precipitado arriesgarnos e iniciar un romance porque ahora no podíamos pensar solo en nosotros, sino en dos hijos.
¿Cuándo sería prudente acercarme? Esa duda permanecería pendiente.
.
.
― Adiós, Eric ―el pequeño niño se despidió de mi hijo al salir de la clase de Taekwondo.
Mi hijo sacudió la mano hacia su amigo con evidente emoción mientras seguía saltando sobre sus pies.
― Él es mi amigo Seth, papi ―me dijo, caminando de mi mano―. Él también tiene dos casas como yo, pero no me gusta su papá.
― ¿Por qué lo dices? ―Pregunté, echándole una mirada al hombre alto que no dejaba de ver hacia nosotros.
Ayudé a subir al auto a mi hijo y aseguré el arnés de su silla.
― Porque un día dijo que mamá era bonita y que si podía salir con ella. No me gustó, papi.
― Ah… ―murmuré viendo con mayor aprehensión al tipo. ¿Cómo se le ocurría decirle eso a mi hijo?
― Mi amigo Seth también dijo que mamá era bonita y que a su papá le gustaba mi mamá, ¿verdad que eso no puede ser, papi?
Exhalé ruidosamente. Aquí era donde debía comportarme como un buen padre y esconder mis celos, sobre todo hacerle entender que no era dueño de su mamá y que bien ella podía…
― Eric ―le hablé mientras sus ojos color chocolate me seguían mirando fijo―. Mami es hermosa y muchos hombres lo han notado. Y ella algún día tendrá que aceptar tener una cita con alguien y eso… ―guardé silencio al ver que mi hijo frunció el ceño.
― ¿Por qué no tienes una cita con mami?
Sonreí. Bueno, si mi hijo supiera que llevábamos un mes postergando una cita al cine y no era por falta de interés sino por prudencia.
Había resultado bien que ambos nos llenaramos de trabajo en nuestras respectivas oficinas. Sobre todo, que ella empezara a tener distintas fiestas en honor a nuestro bebé.
Hoy precisamente Bella había tenido que asistir a su fiesta de Baby Shower organizado por mi madre, hace dos semanas había tenido otra fiesta organizada por Ang y hace una semana por las compañeras de la oficina, así que no estábamos teniendo suficiente tiempo para poder salir. Comprendía su cansancio porque había entrado al último mes de gestación y sabía que ya no estaba para salidas.
― Disculpe… ―escuché que decían a mi espalda. Al voltear, el tipo padre del amigo de mi hijo sostenía una enorme caja de regalo con él―. Esto es para la madre de Eric, pensé entregarlo personalmente, pero veo que no vino, ¿ella está bien? Oh, mi nombre es Peter Davis.
― Sí ―exhalé de mala gana― ella no creo que pueda asistir en un buen tiempo. Yo estaré viniendo cada noche con nuestro hijo a sus clases de Taekwondo.
Abrí la puerta delantera para que el tipo subiera el regalo. No lo haría yo, de ninguna manera.
― Gracias. ―Le dije de una forma amable y para que ya se fuera.
El hombre alto y calvo, me sonrió. Y maldita sea que yo conocía esa sonrisa nerviosa, él quería saber más y no precisamente de mí.
― Edward Cullen ―me presenté con un saludo de mano que él correspondió.
― Me gustaría hablar con Bella ―dijo―. Están divorciados, ¿no? Nosotros hemos conversado hace algún tiempo y es casi una amiga, podrías darme su número de celular, me gustaría saludarla y saber si está bien. Sé qué vive sola con su hijo y probablemente ella necesite ayuda.
Arrastré la punta de mis dedos por mi frente. Lo hice abarcando toda mi frente de un lado a otro. Mis celos estaban en completa ebullición.
― Obviamente por seguridad no puedo darte el número de Bells, no me corresponde ―comenté―. Buenas noches.
Él inclinó la cabeza sintiéndose derrotado. Estaba seguro que no se daría por vencido, su interés por Bells parecía serio y eso me molestaba.
Rodeé el auto y me subí.
Eric no habló más del tema. Tampoco quise decir nada, solo miré la gran caja de regalo en el asiento, el tipo obviamente estaba usando toda su galantería y buena percha para deslumbrarla.
.
Eric pasó todo el viernes y parte del sábado conmigo.
Era media tarde cuando mi hijo decidió que necesitaba estar con su madre yo acepté, porque debíamos llevar el enorme regalo. Además porque también quería verla.
Llegamos a la casa y fue extraño ver un vehículo estacionado en la entrada de coches.
Traía mi propia llave, pero no era propio entrar sin avisar, tocamos el timbre. Mi sorpresa fue grande al ver al pequeño Seth correr hacia nosotros, su padre había abierto la puerta.
Eric y yo tuvimos la misma reacción. Juntamos mucho las cejas.
― ¡Eric! ―Gritó el niño lanzándose a los brazos de mi hijo― vinimos a visitarte.
Qué conveniente visitar cuando sabía que Eric estaba conmigo, ¿no? Un pinchazo de celos me dio justo en el pecho.
El tipo fingió una mueca amable con el único pretexto de quitar la caja de mis manos. Bells se asomó y su sonrisa fue extensa al verme.
Automáticamente sonreí.
Nuestro hijo corrió hacia ella y la abrazó. Apoyó su cabeza sobre el vientre redondo y grande de casi nueve meses de su madre. Bells no dudó en acariciar su pelo.
― Me alegro que hayan venido ―nos dijo―, pasen.
La desilusión en el rostro del tipo fue evidente.
― Creo que nosotros nos vamos ―dijo él llevando la gran caja de regalo hasta la estancia, por supuesto que no tardó ni tres segundos en regresar―. Gracias por el café, Bella.
Bells le sonrió solo por amabilidad, la conocía.
― Gracias por el regalo ―respondió ella, de nuevo siendo amable.
― Buenas tardes, señor Cullen ―el tipo me sonrió. Una sonrisa fingida, desde luego.
Tomó a su hijo en sus brazos y caminó hacia su auto. Eric agitaba su pequeña mano diciéndole adiós a su amigo.
Suspiré sintiéndome aliviado.
― Parece que anda detrás de ti ―mis pensamientos fueron en voz alta.
― No gracias ―comentó―. No estoy interesada.
― A mí me habías invitado a salir al cine ―le recordé.
― Bueno, eso fue antes ―acarició su vientre con ambas manos― ahora no podría permanecer sentada por más de diez minutos en la sala del cine sin ir al baño.
― ¿Quieres decir que está cancelada la invitación? ―Inadague.
Bells mordisqueo su labio inferior.
― Creo que queda postergada hasta nuevo aviso ―exhaló viendo a Eric que había empezado a correr en el pasto.
Era notorio que ambos seguíamos dudando sobre dar el siguiente paso. Y solo esperaba que el tiempo dictara cual era la mejor opción.
Si nos rendíamos o dábamos un último intento.
Es comprensible su miedo. Ellos saben que sus dos hijos saldrían lastimados si algo falla en el intento y están tratando de protegerlos. Qué piensan ustedes, ¿creen que están haciendo bien?
Infinitamente agradecida con su apoyo, haré lo posible por actualizar mañana.
Gracias totales por leer 💔
