Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Capítulo 28
Tiempo
El tiempo no se detuvo por mucho que deseaba que lo hiciese. Quería vivir más momentos con mi pollito antes de la llegada de su nuevo hermano, seguir descubriendo juntos esa nueva etapa de preescolar que tanto lo mantenía entusiasmado.
No fue posible, aunque pudimos aprovechar al máximo cada caminata en el parque y juntos descubrimos insectos interesantes para su conocimiento. Añadiendo que se volvieron interesantes nuestras tardes de repostería o nuestros días de colorear.
Los días continuaron su marcha como un breve pestañeo. Era el tiempo aleccionando nuestras vidas y moviéndonos a su antojo.
Leo llegó la segunda semana de septiembre y pesó 3 kilogramos y medio. Fue un parto natural que duró cinco horas de intensos dolores.
Papá decía que era idéntico a mí, tal vez por su pelo castaño, pero en el fondo era muy parecido a Edward, tenía su misma sonrisa.
Esme y Carlisle también estuvieron presentes en todo momento, fue de gran ayuda que cuidaran de Eric mientras estuve en el hospital.
Volver a casa fue diferente. Edward no aceptó que Ángela se quedara conmigo y me ayudara, decidió hacerlo él mismo.
― ¿Estás cómoda? ―Preguntó al apilar las almohadas detrás de mi espalda.
― Lo estoy ―susurré. Pollito estaba dormido al lado rodeando mi inflamada cintura con su corto brazo, desde que habíamos llegado a casa no quería alejarse de mí por ningún motivo―. Puedes dormir en la habitación de Eric o en la de invitados, tú eliges.
Edward me sonrió mientras sacaba a Leo de la pequeña cuna y lo arrullaba. El bebé estaba tan quieto y quitado de la pena, solo quería dormir por el momento.
― También puedo dormir en el sofá, no te preocupes.
― Será la primera vez después de mucho tiempo que dormirás en casa.
― Estoy nervioso ―reconoció― quedarme aquí me trae tantos recuerdos.
Mordí mi labio.
― ¿Buenos o malos? ―Pregunté y él no dudó en sonreír.
― Hace mucho tiempo me deshice de los malos recuerdos ―reveló―. Cuando te dije que me quedaría con todo lo bueno de nosotros, hablaba en serio, Bells.
― También lo hice ―empecé a juguetear con la sábana.
Juré que escuchaba el latir de mi corazón ante el silencio de la habitación. Éramos nosotros dos y nuestros dos hijos en un mismo lugar.
Edward siguió sosteniendo mi mirada. ¿Cómo era posible que mis mejillas se calentaran por su forma de verme? Nos conocíamos, incluso estuvo conmigo sujetando mi mano en la sala de partos, cortó el cordón umbilical de nuestros dos hijos. Y aún así tenía el poder de hacerme sentir tímida.
― Ten presente que cerraré la puerta en la cara de Peter si vuelve a venir.
Reí.
― Está bien.
― Me tiene cansado con sus pésimos pretextos que se inventa con tal de verte ―dijo, imitando el porte de Peter: erguido y elegante ―. Bella me podrías ayudar con esta receta ―fingió su voz― Bella este tutorial de cocina es excelente ―rodó los ojos.
Reí más fuerte y empecé a toser. Pollito se removió en la cama y yo cubrí mi boca con una mano, acallando mi tos.
Leo soltó un llorido de enojo. Edward lo acomodó en mi regazo después de darme un poco de agua.
― Hasta nuestro hijo lo detesta ―murmuró.
Edward movió ligeramente la cabeza dándome espacio para descubrir mi pecho. Era tan surreal que me diera privacidad al tener mi seno desnudo.
Lo vi sentarse en el sofá mecedor frente a la cama. Sacó su móvil y empezó a responder quizá algunos mensajes pendientes mientras yo seguía amamantando.
― ¿Te da vergüenza verme?
Parpadeó.
― No. Solo no quiero hacerte sentir incómoda.
― Es raro. Me has visto desnuda y acabas de ver nacer a nuestro Leo. ¿Crees que sea normal?
― Estoy respetando tu tiempo al igual que lo hago contigo.
Asentí.
― ¿Por qué no fuiste a la boda de tu hermana?
― Te dijo mamá ¿no? ―suspiró a la vez que alargaba sus piernas y empezaba a mecerse―. Después de lo que te conté que me hizo no tenía caso; desde hace tiempo puse distancia, no iba permitirle que siguiera despotricando contra ti.
― Tus padres saben lo que te hizo ―comenté.
― Lo saben y lo reprobaron completamente.
― Edward… ―hablé lo más bajo que pude― ¿qué ha pasado con tu amiga Claire?
La cabeza de mi bebé fue un poco inclinada hacia atrás dejando libre mi pezón. Edward no dejó de ver mis ojos y fue sumamente gracioso.
― Volvió a Forks con Jared. Se están dando una nueva oportunidad.
― Una nueva oportunidad ―repetí más para mis que para él.
Edward caminó hacia nosotros, se inclinó para tomar a Leo en sus brazos y se sentó en el borde de la cama mientras le ayudaba a sacar los gases.
Nuestra conversación se mantuvo hasta quizás la medianoche, realmente no me di cuenta hasta que desperté por el llanto de mi bebé y miré a Edward acostado a los pies del colchón con Leo en sus brazos.
Esa fue la primera vez que dormimos juntos y por raro que parezca ser, no fue la única vez. Nada fue forzado y no había prisas, nuestros días se volvieron más demandantes con dos hijos, pero nuestras noches más caóticas con un recién nacido.
Tres meses después del nacimiento de nuestro bebé. Edward y yo continuamos acoplándonos a un formato diferente donde Eric y Leo se volvieron nuestros centros de vida.
¿Y nosotros? Bueno, esa era la mejor parte…
Nos acercamos al desenlace de esta historia. Infinitamente agradecida por haberme acompañado y por seguir apoyándome. Haré lo posible por traer un capítulo extra. Reciban un abrazo a la distancia.
Gracias totales por leer 💔
