Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Capítulo 29
Cita
― Deja de reírte ―me quejé― porque me estás poniendo nerviosa.
Ang me ignoró y soltó una risa burlona. Me estaba midiendo el cuarto pantalón de la noche y con enfadó descubrí que no me quedaba, mi vientre seguía inflamado, tenía ganas de pisar cada prenda de ropa que había en el piso.
Se supone que ya debería haber recuperado mi peso, pero no, no era posible con todas las deliciosas recetas que Edward y yo preparábamos cada noche.
― Nada me queda ―me volví a quejar haciendo un tonto puchero.
― ¿Y si pruebas con un vestido? ―Ángela me entregó un sencillo vestido color negro.
― Me dará frío.
Ella frunció los labios y supe que no se quedaría callada.
― Bella, los brazos de tu novio no permitirán que pases frío.
― Edward no es mi novio.
― ¡Por Dios! ―Exclamó con sus brazos en alto―. Bueno de tu amante.
Lancé una blusa sobre su rostro.
― Tampoco es mi amante.
― Pues no sé qué pueda ser cuando vive contigo y comparten la cama, se envían mensajes todo el tiempo y sus miradas calenturientas lo dicen todo.
Me emocioné tanto que fue imposible no dar pequeños saltos.
― Es tan bonito, Ang ―suspiré― te juro que temo que sea un sueño.
Pellizcó mi antebrazo y exhalé un leve gemido. Miré la macha roja en mi piel y estreché los ojos, molesta.
― Ves, no estás soñando ―expresó riéndose por algunos segundos. Luego se puso seria y sujetó mis manos―. Escúchame, Bella. Me alegro tanto que tus días sin sol hayan pasado, ahora toca ser felices sin miedo a nada.
― He vivido un sueño hermoso estos meses ―articulé mientras empezaba a girar como una bailarina―. Me siento como un adolescente enamorada.
― ¿No han tenido su primer beso?
Detuve mis giros abruptamente y miré a mi amiga. Ella empezaba a recoger cada prenda que había esparcida.
― No ―dije decepcionada― hemos llegado a acercarnos demasiado, ya sabes… de pronto me habla a centímetros de mis labios, nuestros dedos se entrelazan o simplemente sus manos aprietan mi cintura o lo que queda de ella, pero por alguna razón el beso no llega.
― ¿Y cómo es despertar con él?
Sonreí sintiendo que mis mejillas se sobrecalentaban, era el efecto de Edward Cullen.
― Bueno… dormimos en lados extremos y nuestros hijos con nosotros ―le aclaré―. Él se queda porque Leo sigue siendo muy llorón y glotón, despertaba a comer cada dos horas y Edward procura ayudarme con los cambios de pañal.
― Así que los niños son un pretexto para dormir juntos.
― ¡No! ―lancé otra prenda de vestir sobre su cara, era el vestido negro―. Solo se dio, Ang. Desde el primer día que trajimos a Leo, Edward se quedó a ayudarme y ya no se fue.
― ¿Qué pasó con su apartamento? ―Preguntó a la vez que llevaba la ropa al closet.
Me miré en el espejo y me seguí maquillando. Leo seguía dormido en su cuna y era probable que no despertara hasta dentro de dos horas.
― Aún lo tiene. Supongo que después de esta noche él definitivamente se mudará con nosotros.
― Papi llegó ―Eric entró con pasos livianos a la habitación. Lo primero que hizo fue ir a la cuna y observar a su hermano, le urgía que creciera para jugar con él me lo había comentado muchas veces.
― Dile que ahora voy, amor.
Mi hijo movió la cabeza en un claro sí.
― El vestido negro es la mejor opción ―Ang volvió a decir.
Rápidamente corrí dentro del closet y empecé a cambiarle de ropa.
.
Mucho tiempo sin asistir a un bar con música en vivo. De hecho no había salido desde hace años, no existía tiempo para diversión nocturna.
Había olvidado el ambiente, sobre todo, el humo de cigarros y el exagerado ruido que hacía mover mi cuerpo.
Edward y yo bebíamos cócteles sin alcohol en la mesa más alejada del lugar.
― ¿Crees que Ángela y Ben tengan algún problema con los niños?
Edward negó con una media sonrisa.
― Bells, déjate de preocupar. Ellos quedaron en llamarnos por cualquier cosa.
Empecé a tamborilear los dedos en la mesa redonda. Edward no tardó en alargar su mano y tranquilizó mis exagerados movimientos con un apretón.
― Sé que estás ansiosa y no es por los niños ―comentó más alto que la música mientras sus dedos empezaban a jugar con los míos por sobre la mesa―. ¿Quieres bailar?
No me dio tiempo a responder porque había tirado de mi mano llevándome con él al medio de la pista entre las muchas personas que ahí bailaban. Era música afrocubana la que nos hizo mover nuestros pies en pasos torpes y estropeados, pero conforme pasaron los minutos fuimos agarrando confianza al movernos.
― Extrañaba esto ―reconoció, mientras me acercaba a su cuerpo― tener un momento a solas.
Llevé mis manos a su cuello y enterré mis dedos en el pelo de su nuca. Sabía cuánto amaba que lo acariciara.
― También yo. Te extrañé mucho, Edward.
Entreabrió los labios dejando escapar un suspiro y me acercó mucho más a su cuerpo. Todo dentro de mí empezó a palpitar con más fuerza, era una revolución de mariposas alborotadas listas para hiperventilar como cada vez que se acercaba.
― ¿Qué ha pasado con Peter?
Su pregunta me sorprendió, incluso alejé un poco mi rostro para estudiar su semblante. Se estaba riendo y terminé por reír junto a él.
― Le quedó claro que mis chicos no lo quieren cerca de mí ―bromeé antes de suspirar―. Hablé en serio con él ―le dije recordando mi conversación con Peter―. No tengo interés en relaciones amorosas, al menos no con él ―miré sus ojos.
Su brazo se volvió más posesivo cuando me acercó más a él; mis senos habían quedado aplastados en su pecho.
― Eres mía.
Apreté mis labios. Me seguía emocionando sus palabras, no había duda que seguía enamorada.
― Lo soy ―susurré.
― Tengo planes para esta noche, Bells ―dejó un corto beso en mi frente.
― Iré a donde me lleves.
Una de sus manos acunó mis mejillas haciéndome mirarlo.
― Te amo, Bells. Y me arrepiento tanto de haber pedido el divorcio, de haber…
Cubrí sus labios con mi índice.
― No vayamos al pasado, ya no ―pedí.
Inclinó su rostro, sus labios muy cerca de los míos, besó mi mejilla. Me estremecí. Necesitaba que me besara y que lo hiciera pronto.
― Siento que si te beso no podré parar ―aseguró.
― Te necesito.
Fue lo único que pude decir antes de que su boca hambrienta cubriera la mía con suficiente fuerza, sus labios en sincronía con los míos en un beso salvaje y apasionado que me quitó el aliento.
El beso que tanto necesitaba de él.
Y tuvieron que pasar por mucho para saber que su amor estaba siempre con ellos, se pertenecen con el alma y van a intentarlo. Espero que quieran leer su noche de reconciliación. Prometo no tardar con el siguiente capítulo. Siempre agradecida con su apoyo, abrazos a la distancia a cada una.
Gracias totales por leer 💔
