Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Capítulo 30

Noche

No podía dejar de besarla.

No importaba si parecía un adolescente puberto acariciando por primera vez el cuerpo de una mujer.

Deslicé suavemente mi mano debajo de su falda; recorrer su suave piel después de tanto tiempo era un sueño vivido, apreté su muslo. Lo había deseado con mi alma.

― Edward… ―Bells jadeó sin detener mi mano.

Mis dedos codiciosos hurgaron bajo el encaje de su ropa interior y se deslizaron entre sus húmedos pliegues.

― No podemos… aquí ―exhaló mientras mi boca seguía ocupada en su cuello.

― No importa ―logré decir sin dejar de mover mi dedo dentro de su caliente centro.

― Terminaremos en la estación de policía donde nos atrapen.

Abrí los ojos: la llovizna seguía cayendo y los vidrios del auto se habían empañado por completo. El auto continuaba estacionado en el mismo lugar, afuera del bar.

Recliné el asiento por completo hacia atrás y tiré de su cuerpo dejándola horcajadas de mis caderas. Ella soltó un suave chillido de sorpresa, no obstante, aceptó estar sobre mí.

Mis manos sujetaron sus caderas y recorrieron su culo.

― ¿Pretendes recrear nuestra primera vez? ―Preguntó, besándome.

Saboreé sus labios una vez más y gruñí cuando se alejó. Era hermosa, con la sonrisa más deslumbrante que había visto en mi vida.

Con mis manos en sus mejillas la atraje hacia mí, robandole otro ruidoso beso.

― Nuestra primera vez fue en el asiento trasero ―le recordé― ahora será en el asiento conductor, veremos cuánta flexibilidad tenemos después de algunos años.

Sus manos recorrieron mis bíceps por sobre la camisa color azul que vestía.

― Estás muy duro ―murmuró admirada― tu cuerpo es muy diferente al que conozco. En cambio el mío…

Besé sus labios y los mordí con suavidad. Siseó cuando tiré de su labio inferior con mis dientes. Necesitaba distraerla, que se olvidara de cuerpos definidos y esculturales.

― Eres perfecta, Bells ―mis manos recorrieron su figura desde sus tetas hasta su culo― la mujer que me acaba de dar un segundo hijo, eres la más hermosa de este jodido mundo. Y eres mía.

Bells movió sus caderas sobre mí. Gemí. Estaba completamente duro y no de la forma que mi mujer había dicho.

― Te amo ―susurró antes de besarme con fiereza.

Me senté como la espalda recta y envolví su menudo cuerpo con mis brazos. Mis labios abandonaron su boca y se arrastraron por su suave mandíbula y cuello.

Mis labios siguieron bajando y llegaron al valle de sus senos; lamí y besé su piel dejando al descubierto sus tetas. Me deshice de su sostén. Suspiré, necesitaba probarla. Cubrí su pezón con mi boca igual que si fuera un niño hambriento.

Me dediqué a adorar su cuerpo con mi lengua y manos mientras ella emitía suaves gemidos de placer.

Su mano traviesa bajó la cremallera de mis pantalones ―exhalé al verla siendo tan ella y con la libertad de siempre― liberó mi dura polla y empezó a frotarla de arriba abajo.

― Ahh… ―Gemí.

Eché la cabeza hacia atrás y me regocijé que fuera su mano y no la mía. Mi pecho empezó a subir y bajar ante la sensación placentera, incluso mis ojos se pusieron en blanco, pero yo no quería terminar en su mano sino dentro de ella.

Desabotonó mi camisa y besó mi pecho, dando pequeñas lamidas.

― Mi amor… ―mi voz fue ronca. Bells había alejado su rostro y me estaba observando― necesito estar dentro de ti… por favor ―rogué.

Mis ojos recorrieron su cuerpo: tenía el vestido enrollado en la cintura con las tetas al aire libre, despeinada y los labios hinchados. Era la mujer más deseable que podía existir.

― Te amo ―articuló siendo ella misma quien guiara mi polla hasta su entrada. Jadeó.

Viendo mis ojos; empujé mis caderas hacia arriba y entré en ella. Gemimos al unísono.

Bells echó su cabeza hacia atrás y empezó a moverse sobre mí; primero de arriba abajo y luego en círculos rotando sus caderas de una forma que me volvía loco.

Empecé a embestir mientras besaba sus tetas y luego sus labios.

― Más… ―empezó a rogar.

Seguí moviéndome. Disfrutando su calor y estrechez.

Mi corazón estaba latiendo con fuerza dentro de mi pecho, mi torrente sanguíneo parecía arder dentro de mi cuerpo, en cambio esa herida se había cerrado por completo, lo sentí como un tirón enviando pulsaciones ralentizadas.

La miré una vez más: Bells tenía los ojos cerrados y sus labios entreabiertos, montándome, con su cuerpo perlado de sudor disfrutando estar conmigo.

La abracé fuertemente,

Embestí con mayor fuerza complaciendo sus ruegos. En mi vientre se formaba ese pequeño espiral que alertaba que estaba a punto de culminar.

El orgasmo nos sorprendió antes de lo que debería. Bells apoyó su cabeza en mi hombro, dejándome sentir su hálito caliente en mi piel. Estaba rendida.

La abracé con más fuerza; nuestras respiraciones seguían aceleradas y nuestros cuerpos sudorosos. Ambos satisfechos y rendidos.

― Mi amor… ―le hablé al sentir su cuerpo lazo, mis manos recorrieron suavemente su espalda desnuda― no te duermas, debemos irnos.

― Estoy cansada.

Sonreí.

― Lo sé, pero debemos vestirnos e ir al apartamento. Nuestra noche aún no acaba.

Bells echó hacia atrás su cabeza, mirándome. Tenía una sonrisa coqueta en sus labios.

― ¿En serio? ―inquirió― ¿iremos a tu apartamento?

Con la punta de mi dedo recorrí sus labios.

― Te dije que tenía planes y no solo para nosotros amor.

Frunció su entrecejo haciéndome reír. Llevé mi dedo a su pequeña arruga y traté de borrar su línea de expresión.

― Nos iremos de vacaciones, los cuatro ―añadí―. Las playas turquesas de República Dominicana nos esperan.

Bells soltó un eufórico grito y rodeó mi cuello con sus brazos, llenando de besos mi rostro.

― El viaje que planeamos ―susurró con voz entrecortada― no lo olvidaste.

― No llores, Bells ―deshice sus lágrimas con mis pulgares― no amor, no tienes por qué llorar.

― Sé que me veo ridícula por estar desnuda y llorando ―dijo―, no puedo evitarlo.

Acuné su rostro con más firmeza.

― Vamos a seguir adelante con todos nuestros planes, ¿recuerdas? Viajar, tener un negocio propio y… tres hijos.

Bells sonrió ampliamente.

― Eres un tramposo ―me acusó―. Pero te amo y estoy de acuerdo contigo. Lo quiero todo amor. Todo. Incluso otro hijo o dos más, si es posible.

Nos abrazamos fuertemente sin ninguna gana de vestirnos. Nuestros planes seguían en la misma dirección, quizá solo se habían detenido por un tiempo, pero habíamos sido lo suficientemente fuertes para resistir y enmendar nuestros errores.

Fue el amor lo que nos trajo de vuelta al camino. El amor y las ganas de seguir construyendo lo que teníamos planeado.


Cabe aclarar que este capítulo sucedió en 20 minutos. Eso fue lo que duró su arrebatado y apasionado reencuentro. A cinco capítulos de despedirnos y me piden que quieren leerlos interactuar como familia con sus hijos y sí, eso sucederá. Infinitamente agradecida con su apoyo, los reviews bajaron la mitad así de golpe, pero mi entusiasmo es tan grande que no voy a parar hasta darle su cierre a esta historia que me ha costado muchas lágrimas. Les dejo un abrazo a la distancia.

Gracias totales por leer 💔