¡Hola mundo! ^_^U o_o Bueno, sé que me demoré muuuuucho, demasiado -_-U y ¡lo siento mucho! Pero no se imaginan cuan ocupada estuve, aún tengo algo de tarea pero la diferencia es que ya no me importa XD. En fin, después de tanto tiempo espero llenar sus expectativas con este capi. Al fin conoceremos la reacción de Yama al ver peligrar su relación con Haya-kun *O*.
Disclaimer: Katekyo Hitman Reborn no me pertenece.
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Out of mind
Desde ayer todo ha estado muy extraño.
Fue lo primero que pensó Yamamoto al encontrarse con su novio esa mañana, y por algún motivo desconocido sentía que era su culpa.
Todo empezó el día anterior cuando terminó la práctica de beisbol en la que se había tardado más de lo pensado. Cuando terminó de cambiarse y corrió a buscar a Gokudera lo encontró bajando de la azotea, completamente perdido en sus pensamientos. Pensó que le gritaría en cuanto lo viera, realmente esperaba tener que esquivar todas las dinamitas que serían arrojadas a él por haber hecho esperar a su novio hasta casi el anochecer, pero sorpresivamente nada de eso pasó. El italiano pasó por su lado y tan sólo le dirigió una mirada de reproche antes de seguir con su camino
Al principio pesó que estaba tan molesto que ni le iba a hablar así que le pidió disculpas y lo siguió, acompañándolo a su departamento y recibiendo un portazo en la cara cuando llegaron y Gokudera hubo entrado. No esperaba que lo dejara pasar, nunca lo hacía cuando se enojaba, pero esa fase inexpresiva de su novio lo llegó a preocupar un poco. Aún así decidió esperar a que el día siguiente las cosas se arreglaran.
Pero no había pasado.
Gokudera seguía con la misma actitud, como si de pronto él hubiera desaparecido del mundo y eso lo estaba perturbando demasiado.
- Gokudera ¿me estás escuchando?- decidió preguntar por fin, cuando se convenció que el peliplata no le había prestado atención a nada de lo que le había contado acerca de su próximo campeonato.
- Como si supieras hablar de algo que no fuera el beisbol- mencionó sarcástico el joven sin ni siquiera voltear a verlo.
- Gokudera ya basta, ¿aún sigues molesto?- dijo esta vez un poco indeciso.
- ¿Debería estarlo? Solamente te olvidaste completamente de mí ayer y...- mencionó en el mismo tono, pero no pudo acabar lo que decía, dos fuertes brazos lo rodearon desde atrás en un reconfortante abrazo y pudo sentir la respiración de su novio en su cuello.
- Lo siento- murmuró contra su oído el beisbolista- De verdad lo siento, no es que me olvidara de ti, es solo que no medí el tiempo y...- pudo sentir claramente un suspiro- Perdóname, no me gusta que estés enojado conmigo.
Se quedaron un tiempo así, sin importarles realmente si alguien podía pasar y verlos.
- Si vuelves a hacerlo voy a meterte un cartucho de dinamita por un lugar poco placentero- finalmente dijo Gokudera, con un tono más relajado de voz.
- ¡De acuerdo! Te prometo que no vuelvo a dejarte esperando así- respondió con una sonrisa el beisbolista, a la vez que le daba la vuelta al peliplata para que se vieran de frente- Te amo, nunca pienses que me olvido de ti...- le susurró antes de inclinarse a darle un beso en los labios.
Se estuvieron besando por un tiempo, tan lentamente que parecía que todo a su alrededor se hubiera detenido, cuando por fin se separaron ambos se miraron a los ojos y se sonrieron lentamente, borrando cualquier rastro de enojo que hubiera podido quedar. Yamamoto se acercó a su novio para darle un suave beso en la frente antes de tomarlo de la mano y continuar con su camino a la escuela, sin darse cuenta del par de fríos ojos azules que los seguían a la distancia.
Las clases habían sido tan aburridas como de costumbre pero finalmente habían llegado a la hora del receso. Aún así no podían despejarse tanto como les hubiera gustado. El profesor de matemáticas le había dejado a Tsuna un trabajo que necesitaba ser presentado al final del día si quería salvar sus calificaciones al menos un poco, así que como la buena mano derecha que era Gokudera se ofreció a ayudarlo durante esas horas libres. Yamamoto se les hubiera unido pero lo habían llamado para una reunión en el club de beisbol, así que simplemente se despidió de ellos y fue a reunirse con sus compañeros.
Al final la reunión no había tardado tanto como pensaba y pronto se encontraba regresando a clases, esperando poder pasar al menos un rato con su italiano favorito para compensarlo por lo del día anterior, aunque dudaba que este lo dejara acercarse mientras se encontraba ayudando a su capo.
Una sonrisa se escapó de sus labios.
Gokudera es tan leal y dedicado.
Aunque a veces se pusiera un poco celoso no podía negar que ese era un lado que le gustaba mucho de su peliplata. Todo de él le gustaba.
Sin embargo no pudo seguir con sus alegres pensamientos. Alguien se interpuso en su camino y lo obligó a detenerse. Se sorprendió mucho cuando se dio cuenta de que ese alguien era Hibari.
- ¿Hibari?- preguntó extrañado pero cambió rápido su expresión a la sonrisa de siempre- ¿Ocurre algo?
- Supongo que ese herbívoro no te lo dijo después de todo ¿cierto?- lo miraba fijamente el pelinegro.
- ¿Decirme? ¿Quién tenía que decirme qué?- la confusión era evidente en su voz.
- Hmm- fue toda la respuesta del prefecto mientras cerraba los ojos por un momento. Luego los abrió con una mirada decidida- Me gustan las peleas justas, así que voy a decírtelo para que estés preparado.
- ¿Preparado?- aún no entendía que pasaba.
- Escúchame bien Yamamoto Takeshi, yo estoy interesado en Gokudera Hayato- lo dijo sin una sola piza de duda en su voz- Y voy a lograr que él sea mío aunque tenga que quitártelo de las manos.
El efecto que esas palabras tuvieron en el beisbolista fue inmediato. Todo rastro de su expresión tranquila se borró y su mirada se puso tan seria como cuando estaba en medio de un juego. Ambos jóvenes no dejaron de mirarse a los ojos por un momento, retándose con la mirada mientras el ambiente alrededor se volvía pesado e incómodo.
- No voy a dejar que me lo quites- rompió por fin el silencio el beisbolista- Gokudera es mío, lo quiero como él me quiere a mí y eso es suficiente- sentenció.
- ¿Estás seguro de que realmente es suficiente?- mencionó con una sonrisa sarcástica el otro.
- ¿Qué estás tratando de decir?
- Eres más tonto de lo que pensé- siguió burlándose- Y por eso mismo cometerás errores que yo no dudaré en aprovechar. De hecho, ya los estás cometiendo y muy pronto ese herbívoro va a cansarse de ti.
- ¡Gokudera me ama!
- Por ahora, pero los sentimientos pueden cambiar, sobretodo cuando no son cuidados como se debe.
Fueron las últimas palabras del prefecto antes de dar media vuelta e irse, dando por terminada la discusión. En cuestión de segundos ya había desaparecido del pasillo, dejando a Yamamoto con la palabra en la boca y un aura asesina a su alrededor.
Suspiró mientras seguía recorriendo los pasillos y buscando con la mirada al idiota de su novio. El juudaime había empezado a preocuparse cuando vio que el resto del club de beisbol volvía pero no había rastro de su amigo, así que decidió ir a buscarlo aunque la idea no le agradara del todo. Gruño. Al menos ya habían terminado el estúpido trabajo que ese incompetente que se hacía llamar profesor le había dejado al juudaime.
Salió al patio que ya se encontraba desierto y se dirigió hacia los vestuarios del equipo, a ver si de casualidad se encontraba ahí. Mientras se aproximaba pudo ver una sombra que estaba apoyada junto a la puerta y la reconoció de inmediato.
- ¡Hey idiota! ¿Qué estás haciendo todavía ahí? ¡El juudaime estaba preocupado porque no regresabas!- gritó para llamar la atención del otro.
Sin embargo no funcionó. Yamamoto no se movió ni un solo centímetro, ni siquiera volteó para responderle. Gokudera se extraño pero dejó que la ira lo dominara, ¿cómo se atrevía ese imbécil a ignorarlo de aquella forma?
- ¡Oye idiota! ¿Me estás escuchando? ¡Mírame cuando te hablo!- gritó en sus oídos ya que había llegado a su lado.
Y de nuevo el beisbolista reaccionaba de una manera distinta a la esperada. En vez de voltear a verlo con su sonrisa idiota y pedirle disculpas como el italiano esperaba, volteó de forma brusca y se le echó encima, acorralándolo contra la pared y presionando sus muñecas sobre su cabeza.
- Pe-pero que... ¡Qué demonios te sucede! ¡Suéltame!- intentó liberarse.
- ¿Qué tienes que ver tú con Hibari?- la fría voz de Yamamoto cortó todo forcejeo del italiano.
- ¿D-de qué me estás hablando?- fue lo primero que pensó el menor. Él no puede saberlo ¿verdad?
- ¡No te hagas el que no sabes!- apretó el agarre en sus muñecas- Tú le gustas, él te lo dijo ¿cierto?- su voz se volvía cada vez más peligrosa.
- ¡O-oye! ¡Suéltame! ¡Me estás lastimando!- intentó zafarse de nuevo- ¡Tranquilízate imbécil!
Esas palabras por fin hicieron reaccionar al beisbolista, que después de ver lo rojas que estaban las muñecas de su novio lo soltó como si le quemara tocarlo y se apartó unos pasos de él, lo suficiente para dar espacio a que ambos se tranquilizaran.
- Lo...lo siento- mencionó arrepentido- No quise hacerlo...yo...perdí el control y...
- Si, lo sé- respondió molesto el peliplata mientras se sobaba las muñecas- Eres un maldito posesivo.
- De verdad lo lamento Gokudera pero...me encontré con Hibari hace unos momentos y él me dijo cosas que me molestaron y...
- ¿Y decidiste desquitarte conmigo?- el enojo aún se notaba en su voz.
- ¡No es eso! Es sólo que...- no pudo seguirse explicando, así que hizo lo único que se le ocurrió. Se acercó repentinamente al bombardero y lo rodeó con sus brazos, abrazándolo muy fuerte- Él...él me dijo que te apartaría de mí...y yo no puedo resistir esa idea.
El silencio entre ambos se mantuvo por un momento. Los dos tenían muchas cosas en que pensar pero el italiano decidió que era mejor aclarar las cosas a tiempo, antes de que se originara un problema mayor.
- Escúchame tonto- empezó con voz firme- Es cierto que ese bastardo me dijo que estaba interesado en mí, pero eso no significa que yo vaya a hacerle caso ¿entiendes?- desvió la mirada a un lado para no tener que verlo a los ojos, pero su sonrojo era evidente- Contigo ya es más que suficiente para crisparme los nervios, no necesito más molestias.
El rostro del japonés se iluminó al escuchar eso dejando atrás cualquier atisbo de otro sentimiento que no fuera felicidad completa. Se sintió tonto por dejar que Hibari lo alterara tanto y lo hiciera perder el control de esa manera. Su sonrisa fue reemplazada por un gesto de arrepentimiento al ver las aún rojas muñeca de Gokudera. No debió tratarlo así.
- Lo siento- susurró mientras tomaba una de las manos de su novio y la acercaba con cuidado a su boca, besando el lugar donde le había dejado aquellas marcas para luego tomar la otra y repetir el mismo procedimiento, haciendo que el italiano se pusiera completamente rojo.
- ¡Pero qué crees que estás haciendo!- gritó a la vez que apartaba bruscamente sus manos del agarre del otro- ¡No hagas esas cosas tan vergonzosas, idiota!
El espadachín sólo rió antes de tomar a su novio de la mano y regresar juntos al salón de clases. Ya todo estaba aclarado entre ellos y si de algo estaba seguro, era de que no iba a dejar que nadie interfiriera entre ellos, absolutamente nadie.
Porque Gokudera solamente es mío.
... ¿Y bien? o_o No sé porque siento que le faltó algo -_-U pero bueno, ya está XD.
Espero sus opiniones por medio de un review *_*, son el aliento que necesito para seguir escribiendo.
Mi pobre Haya-kun piensa que solucionó los problemas, pero esos recién van a comenzar ¬¬ jijijiji (spoiler).
Ciao!
