¡Volví! XD Me tarde demasiado, lo sé, casi un mes -_-U pero no tenía idea de como poner lo que faltaba, además de que no tenía planeada la última parte, pero Dera me convenció (chantajeó) para que la hiciera y el capítulo terminara bien. En fin, espero compensar la espera con este larguísimo capítulo, no esperaba que saliera tan grande ^_^U. Por cierto, al igual que en mi otra historia cada título de cada capítulo es una línea de la canción "30 minutes" de TATU, excepto en este caso, me inspiré en una canción distinta. También quise que Gokudera viviera en un departamento esta vez ^_^.
Disclaimer: Katekyo Hitman Reborn no me pertenece.
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Total Eclipse of the Heart
Habían arreglado sus problemas, habían dejado en claro que sólo estaban interesados el uno en el otro, por lo tanto se suponía que todo debía cambiar y ser mejor de ese momento en adelante, entonces... ¿por qué las cosas seguían tan mal como antes?
Un suspiro cansado salió de los labios del italiano mientras continuaba su camino a casa...solo. Estaba comenzando ha hartarse de esa situación. Yamamoto no sólo seguía demorándose más de la cuenta en sus prácticas, sino que ahora cada vez que se ponían de acuerdo en salir a algún lado terminaba llamándolo para cancelar su cita porque tenían que revisar su estrategia, o necesitaban horas extra de práctica, o tenían que sustituir a un jugador, o alguna de las miles de excusas que ya venía escuchando durante la última semana. Y eso que recién estaban en las preliminares del campeonato, no quería imaginarse lo que pasaría si llegaban a las finales...lo cual a decir verdad era muy probable.
Cada vez se sentía un poco más solo pero cuando intentaba acercarse al beisbolista para dejar se sentirse así, este nunca estaba. Sentía como todos los momentos que podían compartir juntos se le iban de las manos y se perdían en el tiempo, sin que él pudiera hacer nada más para evitarlo. Algo dentro de él empezaba a desmoronarse lentamente y no sabía que hacer para dejar de sentirse así.
Otro suspiro salió de su boca mientras pateaba una lata que se había cruzado en su camino. Ese día se suponía que iban a regresar juntos para que pudiera ayudarlo con sus tareas pero de nuevo su novio se concentraba tanto en su estúpido juego que se olvidó de él. Sólo que esta vez se cansó de esperarlo y decidió irse sólo a casa.
Pero pronto se daría cuenta que no era una muy buena idea.
Aún faltaban unas calles para llegar a su departamento cuando se dio cuenta que alguien lo estaba siguiendo, pero no sólo era una persona, eran varias. Se detuvo en una calle desierta para evitar llamar la atención si es que resultaba ser algún asunto relacionado con su familia y sintió claramente como era rodeado antes de decidirse a darles la cara a sus atacantes. Para su sorpresa y alivio eran sólo unos pandilleros con quienes había acabado antes y que probablemente sólo buscaban una inútil venganza. No eran rivales para él.
Perfecto, justo lo que necesito, algo en que desahogar la tensión.
Pensó con una sonrisa mientras se ponía en posición de batalla.
Y tal como lo esperó, esos tipos sólo le sirvieron de distracción. Unos cuantos golpes bien dados y se deshizo de la mayoría de ellos. El único problema es que seguían apareciendo.
¿Qué acaso no se cansan?
Logró noquear a un enorme tipo que se le vino encima con una buena patada en el estómago que lo dejó sin aire y sonrió satisfecho ante el retroceso de los otros. Sin embargo, no era por él que retrocedían.
Sin que se diera cuenta el líder que se había mantenido al margen de la pelea había sacado un arma. Una pistola refulgía en sus manos mientras que la apuntaba al desprevenido peliplata que estaba más ocupado en deshacerse de sus oponentes más cercanos. Estaba listo para disparar en el momento en que un fuerte golpe le cayó en la nuca haciéndole perder el conocimiento por completo y llamando la atención de todos los que estaban inmersos en esa pelea, cierto italiano volteó justo para ver como la pistola salía volando de las manos de ese sujeto y no le fue difícil deducir lo que casi había pasado.
- ¿Pero qué rayos...?
No alcanzó a preguntar cuando sintió un punzante dolor en uno de sus brazos y notó que uno de los vándalos había aprovechado su distracción para hacerle una cortada que parecía profunda, pero antes de empezar a gritar y devolverle el "favor" a ese imbécil, vio uno a uno a sus oponentes caer inconscientes al piso y detrás de todos ellos, con una tonfa orgullosamente en alto, se encontraba Hibari. El prefecto se acercó hasta el lugar en el que había caído la pistola y la levantó para arrojarla a un tacho de basura que estaba cerca.
- Deberías estar más atento en las peleas, herbívoro- mencionó el pelinegro con la voz inmutable de siempre.
- Nadie pidió tu ayuda, bastardo- respondió molesto el menor mientras revisaba su herida, haciendo que el otro la notara también y frunciera el ceño.
- Eres demasiado descuidado- regañó al tiempo que se acercaba al peliplata y le jalaba del brazo sano, empezando a llevárselo a la fuerza.
- ¡Oye! ¿Qué rayos te pasa? ¡Déjame ir!- forcejeó el italiano para soltarse.
- Deja de quejarte y camina, tenemos que curar esa herida- no le prestó la más mínima atención a sus intentos de liberarse.
- ¿A dónde crees que me llevas?
- A tu casa, ¿a dónde más?
- ¡Ni siquiera sabes donde vivo!
- Por supuesto que lo sé- y un silencio incómodo se instaló entre ellos.
- ¿Cómo que lo sabes? ¿Acaso me has estado siguiendo?- se estaba empezando a poner histérico.
- No necesito hacerlo, lo supe por los registros de los estudiantes de Namimori.
- ¿Registros?- repitió el peliplata antes de razonarlo bien y darse un zape mental. ¡Claro! ¿Cómo demonios no lo pensé antes?
- Si ya terminaste de quejarte, ¿puedes abrir la puerta de una vez?
Gokudera se sorprendió cuando se dio cuenta que habían llegado a su departamento sin siquiera notarlo pero lo único que hizo fue lanzarle una mirada sospechosa a Hibari.
- Ni creas que vas a entrar- observó la mirada incrédula del otro- Hablo en serio.
- ¿Así tratas a quien te acaba de ayudar?- respondió el otro levantando una ceja.
- Ese es tu problema, yo no te lo pedí- aseguró el peliplata, soltándose del agarre y dándole la espalda.
- No me voy a mover de aquí hasta que me dejes entrar.
- Puedes esperar todo lo que quieras.
- Aún estás sangrando y necesitas tratar esa herida.
- Ya pasará, puedo encargarme solo.
- Herbívoro terco- suspiró el japonés ante la insistencia de su acompañante- Si no me dejas entrar no me dejaras otra alternativa que romper la puerta- esa respuesta ocasionó un respingo en su compañero que pudo notar perfectamente, sacándole una sonrisa satisfecha.
- Será mejor que no te atrevas- le lanzó la mirada más amenazadora que pudo.
- ¿Crees que no lo haré?- le dio una sonrisa de autosuficiencia, pero luego su mirada adquirió un brillo diferente- ¿O es que prefieres que busque las llaves en tus bolsillos?- mencionó acercándose lentamente.
- ¿Qu-qué?- se confundió un poco, pero luego entendió el sentido de sus palabras y se sonrojó levemente- ¡Ni se te ocurra acercarte bastardo!
El italiano dejó salir un suspiro frustrado antes de finalmente rendirse y sacar las llaves del bolsillo de su pantalón para abrir la puerta. Entraron lentamente al departamento y apenas cerraron la puerta el japonés arrastró al italiano a uno de los sillones y lo dejó sentado ahí mientras empezaba a examinar las habitaciones.
- ¿Qué crees que haces?- preguntó el dueño de la casa con el ceño fruncido.
- Buscando esto- respondió simplemente el otro regresando con un botiquín en la mano.
Ninguno volvió a abrir la boca para decir algo. Se quedaron en silencio mientras el prefecto se dedicaba a curar cuidadosamente la herida del brazo del bombardero, que no había sido tan profunda como parecía por lo que no iba a necesitar puntos. Gokudera simplemente se dejó atender sin incovenientes. Debía admitir que gracias a todo ese lío que se había armado se había olvidado por un momento de los pensamientos que lo atormentaban, además era consciente (aunque no lo admitiera nunca) de que si Hibari no hubiera llegado en ese momento las cosas se podrían haber puesto muy feas para él. El bastardo le había salvado la vida.
- Está listo- la voz del pelinegro lo sacó de sus pensamientos.
- Ah...bien...bueno- no estaba seguro de qué se supone que debía decir, pero dejó que su orgullo saliera como siempre- Entonces supongo que no tienes nada más que hacer aquí.
- Nunca te cansas de esto, ¿verdad?- mencionó Hibari con un suspiro resignado mientras se levantaba para irse. No se había tomado a mal el comentario del otro.
El peliplata lo siguió hasta la puerta pero antes de salir completamente, el pelinegro se volteó y atrapó al italiano con una mano en su nuca estrellando sus labios en un beso corto pero necesitado. Gokudera se quedó completamente inmóvil sin saber cómo reaccionar, ni siquiera intentó apartarlo. Cuando Hibari se apartó unos segundos después, la sonrisa de satisfacción en su rostro era evidente.
- Ten más cuidado la próxima vez.
Fue todo lo que dijo antes de partir. Gokudera se quedó ahí, mirándolo irse mientras un sonrojo se expandía en sus mejillas y tocaba sus labios con sus dedos.
¿Qué es esta sensación?
La práctica había terminado por fin. Terminó de cambiarse y estiró un poco sus músculos para aflojarlos antes de salir de los vestuarios. El aire frío del anochecer lo recibió de golpe.
- Está haciendo frío, será mejor que busque a Gokudera para irnos rápido- se dijo a sí mismo mientras corría al edificio para buscarlo en la azotea como siempre.
Pero las cosas no estaban como siempre. O mejor dicho, era Gokudera quien no estaba por ningún lado. Lo buscó en los salones y pasillos, pero no encontró nada y cuando por fin decidió mirar un reloj se dio cuenta del porqué.
- ¡Es tan tarde! Oh Dios, Gokudera va a matarme.
Y con eso en mente se dirigió a la casa del peliplateado para intentar hablar con él antes de que le lanzara una lluvia de dinamitas. Al menos esperaba poder disculparse...otra vez. Un suspiro salió de sus labios. Realmente empezaba a sentirse culpable por descuidar tanto a su novio pero todo era por una buena causa. Además, lo recompensaría después de que toda la locura del torneo terminara, una sonrisa salió de sus labios al pensar en eso pero no le duró mucho.
- ¿Tú qué haces aquí?- preguntó con el ceño fruncido al encontrárselo a sólo dos calles de la casa de SU novio.
- Vengo de la casa del herbívoro rebelde, ¿tienes algún problema con eso?- le respondió tranquilo pero con un brillo de oscura satisfacción en sus fríos ojos azules.
- ¿Qué demonios hacías allí? ¡Él es mi novio! ¡No tienes porque acercártele!- rugió lleno de ira y celos.
- Alguien tiene que cuidarlo- las palabras salían con veneno.
- ¡¿De qué demonios estás hablando?
- Lo dejaste solo de nuevo.
- ¡Ese no es problema tuyo!
- Lo es cuando por tu imprudencia y descuido lo pusiste en un grave riesgo.
- ¿Qué? Eso no puede ser...Gokudera es muy fuerte, él...él sabe cuidarse solo.
- Y eso es suficiente para ti ¿cierto?- su mirada era claramente de reproche antes de empezar a caminar, pasando de largo a su lado- Entonces no tengo nada más que hablar contigo.
- ¡Oye espera!- reaccionó intentando jalarlo del brazo para seguir discutiendo con él, quería dejarle las cosas claras. Sin embargo Hibari fue más rápido y volteó para darle un golpe en plena cara que lo hizo caer al piso.
- Eres más estúpido de lo que pensé- le reprochó mirándolo desde arriba y bajando el puño con el que lo había golpeado- Aún cuando te había advertido y viste tus errores los volviste a repetir. No lo mereces.
Con esas últimas palabras el prefecto se dio la vuelta y se fue, dejando al beisbolista tirado en el piso y sosteniendo su mejilla golpeada con una de sus manos. La ira empezó a crecer dentro de él. Eso no podía quedarse así, definitivamente no. Hibari no era nadie para meterse en su relación y lo mantendría al margen. Pero antes...
¿Por qué Gokudera lo dejó entrar a su casa? ¡No tenía porque estar con él! ¿Acaso se fueron juntos de la escuela? ¡No! ¡Gokudera no puede tener nada que ver con ese tipo! ¡Tengo que dejárselo claro en este instante!
Con eso en mente el pelinegro se dirigía veloz al departamento de su novio. No iba a dejar las cosas así.
Estaba guardando el botiquín en su sitio en el baño. Al cerrar el gabinete y levantar la vista pudo ver su reflejo en el espejo y se quedó observándolo un rato. Aún no entendía que era esa sensación de calidez que había sentido con el beso de Hibari o porque se había sonrojado, pero sabía que no podía ser nada bueno. No se supone que debería ponerse así cuando él ya tenía un novio.
Yamamoto...
Frunció el ceño. El enojo aún no se le había pasado y ya vería ese idiota si volvía a dejarlo esperar así después de que le soltara todo lo que tenía guardado en la cara. El sonido de la puerta siendo golpeada enérgicamente y una muy familiar voz llamándolo lo sacó de su línea de pensamientos.
Hablando del idiota.
Fue a abrir la puerta pero no encontró al arrepentido beisbolista que esperaba ver, ese rostro mostraba furia. ¿Qué no se suponía que el enfadado era él?
- ¿Qué quieres idi...?
- ¡¿Qué demonios hacía Hibari aquí?- lo interrumpió con un grito el pelinegro.
- ¿Q-qué?- definitivamente no se esperaba eso.
- Me lo encontré en el camino, ¿por qué demonios estabas con él? ¡Quiero una explicación ahora!- siguió gritando mientras empujaba la puerta y tomaba al peliplata fuertemente del brazo para jalarlo hacia el interior, antes de cerrar la puerta de una patada.
- ¡Ca-cálmate estúpido! ¡No tienes porque ponerte así!- intentó liberarse, el beisbolista estaba apretando su brazo herido y se lo estaba lastimando más- Me...me duele.
- ¿No? ¡El tipo que quiere quitarme a mi novio estaba A SOLAS con él en su casa mientras yo estaba en la escuela! ¿Cómo se supone que deba reaccionar?
- ¡Averiguando primero que pasó, imbécil!- el dolor punzante en su herida aumentaba, podía sentir como la herida se abría de nuevo- ¡Es toda tu maldita culpa!
- ¿Mi culpa? ¿Cómo se supone que esto es mi culpa?- el pelinegro seguía molesto y aún no se daba cuenta de cómo lastimaba al menor.
- ¡Te olvidaste de mí de nuevo!- le gritó sacando su frustración- Te quedaste concentrado en el juego como siempre, así que me cansé de hacerla de estúpido esperándote y me fui pero me metí en problemas, Hibari sólo apareció para ayudarme.
- Probablemente te estaba siguiendo- pronunció el otro con veneno.
- ¿Te estás escuchando?- eso se estaba saliendo de control, jamás había visto a Yamamoto tan molesto- ¡Hibari me salvó la vida! Si no hubiera sido por él ahora estaría muerto, ¿y lo único que te importa es que estaba cerca de mí? ¡Eres un completo estúpido!- finalmente pudo librarse del doloroso agarre con un fuerte jalón de su brazo, pero la herida estaba sangrando de nuevo.
- ¿Qué te hiciste en el brazo?- preguntó, notando recién la sangre fresca en su mano y en el brazo de su novio.
- ¿Y ahora si te importa? ¡No juegues conmigo imbécil! ¡No finjas que te importa cuando ni siquiera pudiste estar ahí para ayudarme!
-¡No puedo estar todo el tiempo contigo Gokudera! ¿O es por eso que prefieres darle esperanzas a Hibari?
- Deja de meterlo en esto ¿quieres?, ¡eres tú el que no está donde debería estar! Lo único que tienes en la cabeza es tu estúpido campeonato y cada vez te alejas más de mí por eso.
- ¡Se trata de prioridades Gokudera! Tú sabes que el beisbol es importante para mí.
No hubo ninguna contestación después de eso. El italiano se quedó quieto con los ojos muy abiertos y mirando directamente al japonés. Su labio inferior empezó a temblar mientras entendía el significado de lo que acababa de escuchar, agachó la cabeza y dejó que su cabello cubriera sus ojos.
Prioridades ¿no? Así que se trataba de eso, debí imaginármelo desde el principio. ¿Cómo podía competir contra algo así? El beisbol es su vida...yo no soy tan importante.
Cuando su novio se quedó callado fue cuando el pelinegro se dio cuenta de lo que había dicho. El arrepentimiento lo llenó pero no tenía idea de cómo disculparse. Realmente había dicho las cosas sin pensar y además, dijo algo que ni por asomo sentía. Nada era más importante que Gokudera para él. ¿Cómo pudo ser tan estúpido?
- Gokudera yo...yo...- no sabía como empezar.
- No digas nada y lárgate, no quiero seguir viéndote- no lo miraba a los ojos.
- ¡Lo siento! ¡De verdad lo siento! Yo no quise decir eso.
- ¡Pero lo dijiste! Ahora quiero que te vayas- mencionó al tiempo que empezaba a empujarlo hacia la puerta- Si no te vas ahora te echaré a la fuerza- amenazó mientras sacaba un par de dinamitas del bolsillo.
- Pero...Gokudera...
- ¡Vete!- con un empujón final lo echó fuera de su departamento y lo miró desde el umbral- Y por cierto... ¡Hibari besa mejor que tú!- y con eso le cerró la puerta en la cara.
El desconcierto, la furia y la culpa se entremezclaron en el beisbolista, no tenía idea de qué decir o qué hacer, soltó un gruñido lleno de frustración a la vez que pateaba el piso con cólera y empezaba su camino a casa. Por otro lado, Gokudera escuchaba en silencio los pasos del pelinegro que se alejaban, apoyado con la espalda en la puerta. Una vez que sólo oyó el silencio se dejó caer hasta el piso y abrazó sus piernas, dejando escapar unas rebeldes lágrimas mientras ocultaba su rostro.
- Idiota...
La noche había caído por completo. El peliplata se encontraba recostado en su habitación mirando por la ventana, los recuerdos de todo el día se mezclaban en su mente. Sentía que todo lo que estaba pasando lo estaba enloqueciendo y por momentos lo único que quería era terminar con todo. Antes las cosas estaban muy bien entre ellos y ahora todo se había vuelto una pesadilla, además de que era consciente que nunca le había gustado la idea de estar atado de esa manera a alguien, su libertad era algo que valoraba demasiado. Lo único que quería era escapar de esa situación, era como dejar que la chispa llegue a la pólvora, tarde o temprano explota, como les acababa de pasar.
Pero sabía que todo sería inútil.
Solo con verlo a los ojos toda su determinación se iría al tacho. Esa brillante mirada lo hipnotizaba y lo tenía atrapado. Lo amaba demasiado como para dejarlo ir. Tendría que aprender a quererlo así, aunque significara ir perdiendo poco a poco las ganas con las que se levantaba todos los días para seguir luchando.
- Tenemos que hablar.
Y esa era la razón por la que después de haberse evitado todo el día, al final lo había esperado antes de su entrenamiento. Incluso tuvo que esperar con el ceño fruncido a que su club de fans se disipara, pero prefirió ahorrarse el comentario, no quería empeorar las cosas.
- Hola... ¿estás bien?- preguntó indeciso el beisbolista tratando de verlo a los ojos y observando de reojo su brazo vendado.
- Si.
Mentira...
Le reclamó su conciencia pero no iba a escucharla, esto era lo mejor. Por él, por los dos. Reunió todo su valor para mirarlo a la cara y decirle lo que le quería decir.
- Lo de ayer...
- Lo siento, yo de verdad no quise...
- Lo sé...yo también lo siento.
El silencio entre ellos se prolongó por un momento.
- ¿Lo besaste?
- Técnicamente él me beso.
- Pudiste impedirlo.
- ¿Quieres seguir con eso o prefieres que lo volvamos a intentar?- el sonrojo en sus mejillas era evidente, tanto como la sonrisa en el rostro contrario.
- Por supuesto que quiero intentarlo de nuevo.
Se abrazaron por un momento que les pareció infinito y cuando juntaron sus labios todo a su alrededor se detuvo. Gokudera sólo quería que Yamamoto lo sostuviera fuerte y que las cosas se pudieran quedar así por siempre. Pero después de todo, no podía ser tan fácil.
- Se me hace tarde, yo...- la indecisión era notable en su voz.
- Lo sé, ve pero quiero que más tarde pases por mi departamento- un leve sonrojo adornó sus mejillas, no solía ser él quien pedía esas cosas pero esta vez necesitaba amanecer a su lado más que nunca.
- Iré temprano- respondió con una sonrisa enorme el pelinegro antes de darle un corto beso y correr hacia sus prácticas.
Gokudera sólo se quedó ahí, viéndolo desaparecer en silencio. Realmente esperaba estar haciendo lo correcto. Sacudió su cabeza, no debía dudar ahora.
Mientras estemos juntos estará bien, podremos lograr lo que sea.
Una sonrisa surcó sus labios ante ese pensamiento. Sólo tenía que ser más comprensivo para que las cosas marcharan como antes. Ya no iba a molestarlo tanto.
Y eso es todo -_-U.
Bueno, al menos terminaron juntos.
Trataré de apresurarme en la continuación esta vez ^_^U, pero ¡déjenme reviews!
Ciao!
