¡Vaya! Esta vez no me demoré tanto XD, y creo que por los siguientes dos meses avanzaré a este ritmo ^_^. Aunque la próxima semana haré un pequeño viaje por vacaciones así que quizás me demore unos días. En fin, lo importante ahora es que estamos llegando al meollo del asunto, al hecho que causará lo que sucedió en el prólogo y a la parte más impactante de la historia *O*, los siguientes capítulos después de este contendrán escenas claves así que podríamos decir que este es el úlitmo capítulo de relleno XD. Aún así tuve motivos para hacer esto tan largo, quería que entendieran bien como van las cosas para que no juzgaran a mi Haya-kun después por lo que va a hacer T_T pero ¡no les diré más! Ahora a leer ^_^.

Disclaimer: Katekyo Hitman Reborn no me pertenece.


.

Out of time to decide

Un nuevo día comenzaba brillante en Namimori mientras un peliplateado salía de su departamento con una sonrisa en su rostro con destino a su escuela. Ese día era muy especial, su cumpleaños, aunque no era por eso que se encontraba tan contento. Las cosas con el idiota habían mejorado mucho con un poco de esfuerzo de los dos, desde su última pelea Yamamoto se había esmerado en pasar tiempo con él y las cosas habían retomando el ritmo que tenían antes. Por otro lado, él se había vuelto más comprensivo con lo importante que era el beisbol para su novio, así que no lo molestaba tanto con eso.

Y ese día en especial se veía prometedor. Yamamoto siempre intentaba celebrar cada fecha importante al extremo, como diría el cabeza de césped, así que suponía que ya debía haber pensado en algo y que todo iría bien ese día.

Grave error.

Lo primero que notó fue que el pelinegro no mencionó nada acerca del día en el que estaban. No le sorprendió puesto que a decir verdad, nadie había mencionado nada lo que sólo podía significar una cosa: fiesta sorpresa. Sin embargo, cuando estaban saliendo de la escuela, más temprano de lo normal por una reunión de maestros, Yamamoto se le acercó con una mirada sospechosa.

- ¿Y ahora que te traes idiota?- le preguntó intentando ocultar su curiosidad.

- Bueno es que...- ahora lucía nervioso- yo...quería darte algo... ¡Feliz Cumpleaños Gokudera!

Le extendió una pequeña cajita roja con un moño. El bombardero no pudo evitar sorprenderse pues pensó que le daría sus regalos en la fiesta como los demás, aún así sintió como un calor le recorría por dentro y una sonrisa afloró en su rostro. Tomó la cajita con cuidado y cuando la abrió encontró una pulsera de plata con forma de cadena, con dijes de pequeñas calaveritas. Su sonrisa se amplió, el idiota lo conocía muy bien.

-Gracias- pronunció casi imperceptiblemente, aún no era muy bueno con esas cosas.

- No tienes porque agradecerme- le respondió el pelinegro con una sonrisa- Quería dártelo antes de irme a entrenar.

- ¿Entrenar?- la confusión era obvia en su voz.

- Si, bueno...el entrenador me llamó y dijo que era urgente, ya estamos a un paso de las semifinales y no quiere que nos confiemos ahora así que... ¿lo entiendes, verdad?

- No te preocupes, lo entiendo- fingió su mejor sonrisa y trató de no verlo a los ojos- Bueno, te espero más tarde, no quiero que te retrases.

- Si, te veo luego

Con eso el beisbolista se despidió y se fue, no sin antes darle un corto beso al peliplata. Este por su parte se quedó en ese lugar sin moverse por unos minutos, analizando lo que acababa de pasar.

Así que ¿era por eso? Pensé que hoy podríamos pasarla juntos...

Pensó mirando la pulsera en su mano, ahora entendía porque se la había dado, probablemente su entrenamiento se extendería y no llegaría a tiempo a la fiesta. Suspiró y se puso la pulsera, al menos el idiota tenía buen gusto.


Empezó a caminar a su casa sin prisa, después de todo había visto al juudaime salir corriendo de clases apenas les dijeron que podían irse, supuso que la temprana salida les había alterado los planes que seguro estaban preparando para la fiesta. Una fiesta innecesaria pero agradable, el juudaime era tan generoso...

No había terminado de pensar en lo maravilloso que era el capo cuando sintió una presencia detrás de él. Volteó para encontrarse con unos ojos azules bastante conocidos.

- ¿Qué haces aquí Hibari?

- No preguntes y camina herbívoro- fue todo lo que dijo mientras pasaba por su lado.

- ¿Perdón?- mencionó completamente confundido el peliplata.

- ¿Tengo que arrastrarte de nuevo?- respondió con molestia el otro, a la vez que lo jalaba de un brazo y lo llevaba por una de las calles que se dirigían al centro de Namimori.

- ¡Oye! ¿Qué demonios te pasa?- reclamó al albino ante la tosquedad del pelinegro, pero este como siempre lo ignoró.

Gokudera se dio por vencido después de los primeros diez minutos de esfuerzos infructuosos por quedar libre. De alguna extraña manera estaba empezando a acostumbrarse a que ese bastardo lo tratara así, además de que no estaba de humor para pelear. Sólo pasaron unos cuantos minutos más antes de que se detuvieran frente a lo que parecía ser un pequeño y tranquilo restaurante, casi escondido entre los imponentes edificios que tenía a cada lado.

- ¿Qué hacemos aquí?- preguntó curioso el bombardero.

- No es obvio, vamos a comer- fue toda la respuesta que recibió antes de ser arrastrado nuevamente al interior del local.

Sólo en ese momento notó lo hambriento que estaba. En la mañana no tomó ningún tipo de desayuno y por salir tan temprano no tuvieron receso, era un milagro que su estómago no hubiera empezado a quejarse. Cuando se dio cuenta ya estaba siendo sentado en un rincón más privado de ese lugar, que se encontraba en una esquina bien iluminada pero libre de miradas indiscretas. Se sorprendió al notar que por dentro ese lugar era aún más acogedor.

- Buenas tardes, ¿puedo tomar su orden?

Una empleada del local se les acercó y su nerviosismo por estar frente a ambos jóvenes era evidente, aún así los atendió bien. Sólo cuando vio el menú fue cuando Gokudera notó que se encontraban en un restaurante de comida italiana.

- ¿Y bien herbívoro?- preguntó Hibari después de ordenar un "ossobuco alla milanese" para él.

- Ah...bueno...una lasaña, por favor- realmente desde hace mucho quería probar una, pero hasta ahora ninguna le había satisfecho como él esperaba.

Esperaron un poco antes de que trajeran la orden y cuando la probó tuvo que tomarse su tiempo para saborearla bien, ¡sabía exactamente como lo recordaba! Empezó a comerla rápidamente, era lo más delicioso que había probado en un muy buen tiempo.

- Es la mejor comida italiana de la ciudad, pensé que te gustaría- comentó desinteresadamente el pelinegro mientras cortaba la carne de su propio plato.

El italiano no supo que contestar así que sólo comió en silencio, aunque debía admitir que le agradó que Hibari se preocupara por eso. Una vez que terminaron de comer el prefecto volvió a llevarlo a rastras, sólo que esta vez a un lugar que el albino no se esperaba para nada.

- ¿Los videojuegos?- pronunció confundido- ¿Qué hacemos aquí?

- Es donde los herbívoros suelen divertirse ¿no?- respondió el pelinegro.

- Si, pero...- no supo como contestar.

- ¿Acaso no crees que puedas ganarme?- la sonrisa socarrona de Hibari y su tono de superioridad fue todo lo que el peliplata necesito escuchar.

- ¿Cómo te atreves? ¡Voy a hacerte comer polvo!

Y con eso ambos empezaron a competir en todos los videojuegos que podían aunque la mayoría de veces se quedaban en empate, sino es que Hibari ganaba haciendo rabiar al italiano. Gokudera se entretuvo tanto jugando que terminó por olvidarse de todo, incluido del pelinegro que sin que el otro lo notara comenzó a apartarse discretamente. Pasaron unos minutos antes de que el albino se diera cuenta.

- ¿Qué te pareció...eso?- volteó dándose cuenta que estaba completamente solo, lo que lo llenó de una amarga sensación, tomó sus cosas con rabia y salió del lugar- Ese estúpido.

Empezó a caminar apresuradamente sin un rumbo fijo pero todavía en el centro de Namimori. No sabía bien a dónde ir pero no tenía cabeza para pensar en eso, se sentía de alguna manera decepcionado porque al final todos lo habían dejado solo. No es que le emocionara mucho su cumpleaños pero no había tenido gratos recuerdos de ese día hasta ahora, no desde que huyó de casa, así que pensó que quizás ahora sería diferente. Se equivocó.

Y lo que más lo confundía era lo mucho que le afectaba el que Hibari también se hubiera ido.

- Seguro se cansó y tenía cosas más importantes que hacer- refunfuñó para sí mismo.

- Claro, como ir a recoger algo importante- le contestó una conocida voz a sus espaldas.

Volteó rápidamente para encontrarse con Hibari quién extendía una cajita negra con un moño rojo frente a sus ojos. La miró con curiosidad y asombro por unos momentos, eso era algo que no se esperaba.

- Sólo fui a recoger esto, debiste esperar- mencionó con reproche pero el peliplata lo ignoró.

- ¿Q-qué es eso?- preguntó con duda.

- Tu regalo- respondió tranquilo.

- Yo...- realmente estaba desconcertado- Lo siento, no puedo aceptarlo, no es correcto.

- Claro que si, es tu cumpleaños ¿no?

- Sabes a lo que me refiero.

- Tómalo sólo como un presente de otro miembro de la familia.

Gokudera no contestó, viéndolo desde ese punto de vista no podía rechazarlo. Tomó con cuidado la cajita y le quitó el moño, dentro había una cadenita de plata de la que colgaba un solo dije, pero era un dije muy especial, tenía la forma del símbolo de la tormenta que se encontraba en su anillo Vongola.

- Es hermoso.

- Lo mandé hacer para ti, es único.

- Gracias.

Hibari tomó con cuidado la cadenita y rodeó al italiano para poder colocársela él mismo. Una sensación extraña circuló por su pecho cuando sintió al pelinegro tan cerca y no pudo evitar la emoción que embargó su cuerpo y cubrió el vació que hasta hace un rato había estado atormentándolo.

Esto no es bueno, no lo es.

El prefecto estaba empezando a ganárselo, se había metido en su vida sin permiso en una manera que jamás había creído posible. Sabía que si Yamamoto estuviera más cerca de él algo así jamás habría pasado...o al menos eso creía. Lo único que tenía claro es que estaba a punto de ceder y no sabía si podría resistirse, no cuando el pelinegro se puso delante suyo y lo miró directamente a los ojos, antes de acercársele y darle un beso en la frente seguido de uno en los labios.

Una cálida explosión en su pecho y el sonrojo en sus mejillas, además de la falta de resistencia al hecho le dijo que ya era muy tarde para volver atrás, le gustara o no. Hibari había aparecido sin que él lo pidiera, intentando atraparlo y confundiéndolo...y lo había logrado.

- Creo que ya es hora, los herbívoros deben estar esperando.

- S-si

Fue lo último que dijeron antes de dirigirse hacia la casa de Tsuna en completo silencio, cada quien metido en sus propios pensamientos.


Ya estaba atardeciendo y Tsuna se movía de un lado a otro en la sala siendo observado por todos sus amigos. El nerviosismo era evidente pues nadie sabía donde estaba el festejado principal. Se suponía que Yamamoto debía llevarlo después de pasar un tiempo a solas con él y darles tiempo de terminar de preparar la sorpresa pero esa reunión de maestros les arruinó todo y tuvieron que volver a reorganizarse, aún así supuso que el beisbolista aprovecharía la oportunidad para pasar más tiempo con su novio y que ambos llegarían juntos.

Frunció el ceño, algo no muy común en el futuro capo. Sabía que Yamamoto podía ser distraído la mayoría de las veces pero ya todos se habían dado cuenta de lo distanciados que se habían vuelto sus dos mejores amigos, todos lo habían notado a excepción de él. Aunque debía admitir que su relación había mejorado desde hace unas semanas no era tiempo de cantar victoria, aún podía notar ese brillo de tristeza en la mirada del peliplata cada vez que el pelinegro se iba a entrenar y no le gustaba en lo absoluto, así como tampoco le agradaba mucho la forma en que Hibari estaba viéndolo últimamente.

El sonido de la puerta lo sacó de sus pensamientos y pudo ver un poco de cabello plateado por la ventana, les hizo señas a todos para que se escondieran antes de abrir la puerta.

- ¡Sorpre...sa!- fue el grito de todos pero los sorprendidos fueron ellos.

Al lado del festejado no se encontraba el beisbolista despistado y risueño que esperaban ver, sino el prefecto amargado y al que no le gustaban las reuniones en lo absoluto. Aún así Tsuna reaccionó rápido e hizo como si nada hubiera pasado, todos entendieron y le siguieron la corriente.

Una vez que la fiesta empezó y Hibari se retiró a un rincón para no interactuar más de lo necesario con esos herbívoros, Tsuna se acercó al italiano discretamente.

- Gokudera-kun, ¿dónde está Yamamoto?- preguntó tímidamente.

- Él...- su mirada se entristeció y el capo lo notó perfectamente- Él tenía un entrenamiento de urgencia, no lo veo desde que salimos de la escuela.

- Entiendo.

Y el castaño decidió no preguntar más, se dio cuenta que el albino no quería hablar de eso. Aún así no pudo evitar el enojo que le dio el que su amigo hubiera vuelto a lastimar al peliplata, y de nuevo sin darse cuenta de ello. Gokudera-kun se merecía un trato mejor y Yamamoto no se lo estaba dando. Lanzó una mirada al prefecto que estaba sentado tranquilamente sin hablar con nadie y suspiró.

Pasara lo que pasara no debía meterse pero estaría allí para Gokudera-kun cuando llegara a necesitarlo.


Suspiró y se dejó caer sentado del cansancio, el entrenamiento de nuevo había durado más de lo esperado y cuando miró hacia el cielo notó que ya había anochecido. Se levantó con esfuerzo pero con prisa y se alistó para partir a la velocidad de la luz, no quería demorarse ni un minuto más. En parte se sentía culpable por haber dejado a Gokudera en ese día tan importante pero el equipo lo necesitaba y sabía que el peliplateado lo entendería.

Corría por las calles lo más rápido que podía cuando logró divisar la casa de Tsuna, se acercó presuroso y tocó la puerta. El castaño salió después de unos segundos.

- ¿Yamamoto? ¿Qué haces aquí?- preguntó confundido y el beisbolista pudo notar lo silenciosa de la casa.

- ¡Tsuna! ¿No me digas que ya se acabó la fiesta?

- Si, hace unos minutos, te tardaste demasiado- no pudo ocultar el tono de reproche.

- ¿Y dónde está Gokudera?

- Se fue hace un momento, todavía debe de estar en camino con...- se tapó la boca antes de seguir hablando, no podía decirle que el italiano se había ido con Hibari.

- A bueno, trataré de alcanzarlo.

Y con eso emprendió la carrera de nuevo por el camino que siempre tomaba el peliplata, ignorando los intentos del capo por retenerlo un poco más y evitar una futura masacre. Cuando ya llevaba unas cuantas calles logró vislumbrar una silueta conocida...acompañada de otra que no le agradaba. Frunció el ceño y se apresuró para alcanzarlos.

- ¿Qué demonios haces tú de nuevo por aquí? ¡Te dije que no te acercaras a mi novio!- gritó apenas les dio alcance.

- ¡Ya-Yamamoto!- se sorprendió el albino.

- Hm, ya era hora de que aparecieras herbívoro- dijo con sorna el prefecto.

- No voy a volver a decírtelo, ¡aléjate de él!

- Tú no tienes ningún derecho a reclamarme nada y menos ahora.

- ¿De qué hablas?

- Olvidaste que día es hoy.

- ¡Eso no es cierto! Sólo no pude venir pero...

- Y lo dejaste solo de nuevo, realmente eres un idiota.

- ¡Y tú un imbécil oportunista!

- Al menos se aprovechar las oportunidades.

- ¡Ya cállense los dos!- los detuvo con un molesto grito y dinamitas en mano el bombardero. Esos idiotas se habían olvidado hasta de que él estaba presente y lo trataban como si fuera un objeto. Odiaba que hicieran eso.

- Gokudera...

- Hm, no quiero causarte más problemas, me voy- se volteó a mirar con burla al beisbolista- Pero voy ganando- le susurró y con eso se marchó dejando con la duda al pelinegro.

- ¿Qué hacías con él Gokudera?

- Sólo me estaba acompañando a casa.

- ¡Pero eso no está bien!

- ¿Y qué está bien? ¿Qué me dejes solo en mi cumpleaños?- le reclamó con rencor.

- ¡Pensé que entenderías!

- ¡Lo intento imbécil! ¡He sido más paciente contigo que en toda mi maldita vida! Pero ya me cansé...

- ¿D-de qué hablas?

- No creo que esto siga funcionando- dijo ocultando su mirada bajo su cabello, no podía verlo a los ojos.

- ¿Qué?- la consternación era evidente en su voz- No...No digas eso. Estábamos yendo muy bien y...

- Es que ya no estoy seguro de lo que siento por ti.

- ¡Vamos Gokudera! Hemos pasado mucho tiempo juntos, no puedes desecharlo así...por favor...vamos a darnos otra oportunidad ¿si?- su desesperación y angustia le estaban ganando.

- Pero yo...

- No me respondas ahora, sólo piénsalo hasta mañana ¿si?- le rogó mientras se acercaba a él y lo aferraba entre sus brazos- Por favor, sólo piénsalo bien...

Le dio un último beso en los labios tratando de transmitirle todo el amor que sentía por él antes de dar media vuelta y dirigirse a su casa, dejando al italiano ahí. Este por su parte sólo lo vio alejarse antes de retomar el camino a su departamento.


Se encontraba recostado en su cama mirando la noche por la ventana, en sus manos traía los dos objetos que le habían dado ese día, la pulsera y la cadena. Los miraba sin saber muy bien que hacer mientras recordaba lo último que Hibari le había dicho justo antes de que apareciera Yamamoto.

"¿Por qué no me das tan sólo una oportunidad?"

Por más que lo intentaba no podía dejar de pensar en eso. Por un lado Hibari se había ganado el derecho a una oportunidad, pero por el otro, aún seguía sintiendo algo por Yamamoto. No tenía idea de que debía hacer.

El beisbolista y él se habían lastimado mutuamente antes con palabras hirientes y aunque sabía que las dijeron por herir al otro, algo en todo eso tenía que ser verdad. La falta de consideración y el que el pelinegro aún no notara sus errores era algo que lo exasperaba en demasía, pero a pesar de todo lo seguía amando...o eso quería creer. La verdad era que el sentimiento que tenía por Yamamoto se estaba empezando a desvanecer y algo le decía que todo acabaría cuando finalmente se cansara de él.

Por otro lado no podía seguirse negando a la atracción que sentía por el prefecto. Ese sentimiento y el deseo que había nacido en él lo atormentaban, sabía que estaba mal que sintiera eso por otra persona, cuando ya estaba atado a alguien no podía sentir absolutamente nada más.

¿Por qué el destino se empeña en complicarme la existencia?

Suspiró y acercó ambos regalos a su pecho, dejaría que su corazón eligiera aunque sabía que de igual manera afectaría a alguien y a sí mismo, pero no podía seguir de esa manera.

Y tomó una decisión.

Está bien así.


Algo me dice que Dera va a matarme depués de que lea esto TT_TT, ¡lo siento! (bueno, no en realidad XD)

Llegó el momento de decidir...¿a quién escogerá Haya-kun? ¡Sólo yo lo sé! XD Pero igual espero sus reviews para saber sus opiniones o amenazas, las acepto con gusto ^_^U.

Nos vemos en el siguiente!

Ciao!