Bien, antes de empezar con esto quiero dejar claro que...¡nada es lo que parece! Así que no importa que impresión les dé la primera parte de este capítulo, ¡no se confíen! porque tengo muchas ideas perversas que probar XD. A partir de aquí empieza todo el rollo que han estado esperando y que me voy a divertir muchísimo escribiendo *_*. Además tengo que decir que hay escenas fuertes -/-U. Como sea, no los distraigo más.

Disclaimer: Katekyo Hitman Reborn no me pertenece.


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Can we fly... Do I stay?

La decisión había sido tomada, no sabía si había sido la mejor porque aún tenía un molesto sentimiento dentro que le decía que había cometido un error, pero ya no importaba. Las otras dos personas involucradas ya lo habían escuchado, cada una por su lado y aunque una lo había recibido con alegría, la otra había sido clara en que eso no podía terminar así y que no dejaría de luchar. Era una reacción que se esperaba después de todo pero ahora las cosas con la persona con la que había elegido permanecer iban mejor que nunca y eso le daba las fuerzas para seguir adelante con su decisión.

Llegó a su departamento después de las compras del sábado para encontrar al pelinegro esperándolo en la puerta y no pudo evitar sonreír por eso.

- ¿Me esperaste mucho?

- No realmente.

Y con eso ambos entraron sin intercambiar más palabras. Después de que el peliplata dejara las cosas que había comprado en la pequeña cocina fue a sentarse en el sillón de la salita junto a su acompañante.

- ¿Y bien?

- Sólo quería verte- le dio una de sus usuales sonrisas- ¿Es eso un problema?

- Idiota- no pudo evitar el sonrojo.

Al final se había decidido por Yamamoto. Después de mucho pensar se había dado cuenta que el beisbolista tenía razón y no podía desechar todo el tiempo que habían pasado juntos, los sentimientos que tenía por él eran aún muy fuertes y no podían desaparecer así como así. Por otro lado, la atracción que sentía por Hibari probablemente sólo sería momentánea y se iría en poco tiempo. Se había aferrado a él en un momento difícil y siempre le agradecería el que hubiera estado a su lado, pero no lo vería de nuevo si era necesario por el bien de su relación con el espadachín.

- Jaja, te vez tan lindo sonrojado Gokudera.

- ¡Cállate idiota!- el sonrojo sólo se incrementó.

- Pero es la verdad...y por eso te quiero tanto.

Lo siguiente que sintió fueron los labios de Yamamoto sobre los suyos y no pudo seguir pensando, adoraba sus besos. El ritmo empezó lento y suave pero fue intensificándose con el correr de los minutos hasta volverse un beso salvaje y desbordante de pasión. Gokudera abrió la boca dándole paso a la lengua del pelinegro y ambos se enfrascaron en una lucha por saber quién ganaría el control. Sólo se separaron cuando se les acabó el aire y el moreno le dio una sonrisa antes de tomarlo de la mano y arrastrarlo a la habitación que tan bien conocía.

- ¡Oye! ¿Pero qué estás...?- intentó argumentar un sonrojado peliplata.

- Vamos, sé que tú también lo quieres- le respondió con una sonrisa pervertida el beisbolista.

Cuando llegaron el espadachín lo acostó sin mucho cuidado sobre la cama y se subió sobre él. Empezó a besar de nuevo sus labios y luego fue recorriendo su cuello hasta donde le permitía la camiseta que estaba usando su novio en esos momentos, así que se la quitó para tener más espacio a su alcance. El italiano no quería quedarse atrás así que también comenzó a quitarle la ropa para poder verlo mejor mientras recorría su torso con las manos. Ambos se detuvieron un momento para verse a los ojos.

- Te ves tan hermoso...

- Cállate.

Y no necesitaron más para continuar con lo suyo. Yamamoto trasladó sus besos al pecho de su novio y este se limitó a gemir quedamente por un momento. Recorrían con caricias la piel que ya conocían, tocaban los puntos en su pareja que sabían que los llevaba a un grado mayor de excitación. Ambos se conocían de memoria después de tantas veces que se habían demostrado su amor de la misma forma. En un momento el beisbolista había dejado completamente desnudo al peliplata y empezaba a acariciarle delicadamente las piernas mientras se acomodaba en medio de ellas. Gokudera se dejó hacer y él mismo comenzó a bajarle el pantalón a su novio para dejarlo en las mismas condiciones en las que él estaba. Cuando ambos se encontraban desnudos el pelinegro empezó a preparar al bombardero, siempre con cuidado.

- Ahh- gimió quedamente el italiano por la intromisión de un dedo en su interior, no importaba cuántas veces lo hubieran hecho, aún sentía algo de incomodidad.

El pelinegro lo besó para distraerlo y metió un segundo dedo, moviéndolos circularmente y luego abriéndolos y cerrándolos para ampliar más su entrada. Las caricias y los besos no se detuvieron en ningún momento y sin que el italiano se diera cuenta, ya tenía tres dedos en su interior. Cuando el moreno consideró que su novio estaba preparado sacó sus dedos y lo miró fijamente.

- ¿Estás listo?

- Sabes que no necesitas preguntar- respondió frunciendo el ceño.

- Me gusta estar seguro- le dijo con una de sus brillantes sonrisas.

- ¡S-sólo hazlo!- contestó ruborizado el peliplata sin querer mirarlo a los ojos.

Yamamoto sólo agrandó su sonrisa antes de dirigir su miembro a la entrada de su pareja. De una sola estocada entró en él, lo que le arrancó un suspiro de gusto y un grito, mezcla de dolor y placer, al bombardero. El japonés esperó unos segundos a que su novio se acostumbrara y luego empezó a moverse lenta y rítmicamente en su interior. Las embestidas se hacían cada vez más veloces y ambos suspiraban, gemían y jadeaban de placer. Sus cuerpos sudorosos se buscaban entre sí, tratándole de acercarse al otro tanto como fuera posible.

- Ya...ya no puedo aguantar...más- dijo Gokudera entre gemidos.

- Yo tampoco...- le respondió de la misma forma el beisbolista, acelerando sus movimientos.

Ambos estaban por alcanzar la cúspide del placer y se abrazaron mutuamente para llegar juntos. Se miraron de nuevo a los ojos por un momento y se besaron, transmitiendo todo el amor que sentían al tiempo que ambos se corrían, el moreno llenó el interior del peliplata y este se corrió entre ambos. Se quedaron quietos unos minutos mientras ambos se recuperaban y luego el beisbolista salió de su novio y se recostó a su lado.

- Te amo- le susurró cerca al oído.

- Yo también- contestó de la misma forma.

El italiano se acurrucó en el pecho del espadachín y con una sonrisa se quedó dormido mientras el sol empezaba a ocultarse y a dejar paso a las estrellas. Su novio se dedicó a acariciarle el cabello antes de que el sueño lo venciera también. Se quedaron juntos, abrazados, sólo alumbrados por la luz de la luna mientras su amor se respiraba en el ambiente.


Ya era algo tarde cuando el sonido de un celular perturbó la tranquilidad en el ambiente. El pelinegro se despertó algo desconcertado pero al reconocer que era su celular el que sonaba se apresuró a contestarlo para no despertar al albino, saliendo con cuidado de la cama que compartía con él.

- ¿Aló?... ¡Entrenador! ¿Ocurre algo?... ¿Qué?, pero...Entiendo...Estaré listo mañana temprano.

Con eso el beisbolista colgó y dio media vuelta para poder apreciar a su aún dormido novio en la cama. Su mirada se entristeció por un instante antes de acercarse a él. Buscó un pedazo de papel en blanco y escribió una nota rápida que dejó en el buró junto a la cama, después se acercó al italiano y depositó un beso en su frente.

- Lo siento...- le susurró antes de empezar a vestirse.

Odiaba dejarlo así. Sabía que a Gokudera no le gustaba despertar solo después de que habían pasado la noche juntos, se lo había repetido muchas veces, pero esto era importante. Su entrenador lo había llamado para avisarle que la sede de las semifinales había cambiado de lugar puesto que pensaban que el pequeño estadio de Namimori no tendría la capacidad para todas las personas que seguro querrían ir a ver los partidos, ahora los juegos se realizarían en Osaka y tenían que partir temprano en la mañana para instalarse y prepararse a tiempo para su partido del lunes.

Ordenó la ropa del menor que había quedado dispersa por todos lados y la dejó en una orilla de la cama. Con cuidado y una última mirada a su pareja, salió del departamento sin hacer el menor ruido, siendo recibido por el frío aire de la noche. Le hubiera encantado que Gokudera pudiera verlo jugar pero dudaba que siquiera le hablara después de dejarlo así, aunque por otro lado si lo despertaba tendría que darle una larga explicación y no tenía tiempo para eso, debía alistar su equipaje.

Me disculparé contigo cuando regrese.

Pensó mientras tomaba el rumbo a su hogar.


El sol entraba despacio por la ventana de la habitación cayendo sobre la cama y despertando al peliplateado que se encontraba dormido allí, aunque este no se sintiera listo para empezar el día. Soltó un gruñido mientras se giraba para evitar que el sol le diera en la cara y estiró su brazo en busca de la persona que debería estar recostada a un lado suyo...

Debería...

Se levantó de un salto al darse cuenta que ese lado de la cama estaba vacío y miró a los alrededores, agudizando sus sentidos para tratar de escuchar algún ruido que le indicara la presencia de otra persona en su apartamento. Nada, no había nadie ahí. Recién entonces notó que no había más prendas que las suyas, delicadamente dobladas en la orilla opuesta a la cama.

El imbécil se había ido.

Apretó con furia las sábanas y frunció el ceño. Odiaba con toda su alma que se fuera de ese modo y se lo había repetido todas las veces que el idiota se había ido temprano a sus prácticas sin siquiera despedirse. Saber que habías pasado la noche con alguien y despertar en medio de sábanas frías lo hacía sentir solo e increíblemente ignorado. Además era domingo, no creía que tuviera entrenamiento ese día. Con furia se arrojó de nuevo a la cama y volteó su mirada a la pared, recién percatándose que había una hoja de papel doblada en su buró.

- Más le vale que haya una buena explicación y no una simple disculpa como la última vez.

Se estiró un poco para alcanzar el papel y lo desdobló para leerlo. Lo primero que leyó fue la ya esperada disculpa seguida de una breve explicación de un viaje urgente a Osaka. Probablemente a esa hora su vuelo ya habría partido. Arrugó la nota entre sus manos y la lanzó al otro lado de la habitación con furia.

De nuevo el beisbol, de nuevo ese estúpido juego.

Una vez más sentía que era abandonado y dejado de lado por un estúpido bate y una pelota. No podía entender porque el bastardo que tenía por novio no entendía lo mucho que ese tipo de detalles le afectaban.

¿Es así como pretende que funcionen las cosas? ¿Cometiendo los mismos errores de nuevo?

Ya estaba cansado. Le había costado mucho decidirse por darle una nueva oportunidad ¿y era así como la aprovechaba? Estaba empezando a creer que había tomado la decisión equivocada. Se quedó recostado un rato más, hasta casi el mediodía y luego por fin decidió irse a bañar para salir a dar una vuelta. Se detuvo sólo una vez para comer algo ligero y siguió dando vueltas por la ciudad sin nada mejor que hacer, ni siquiera tenía ganas de visitar al juudaime.

Necesito distraerme con algo.

Se le vino la idea a la cabeza al pasar por una tienda y ver algo que llamó su atención, no lo pensó mucho y entró para salir al cabo de unos minutos cargado con latas de cerveza y varias botellas de vino y otras bebidas. Normalmente no bebía pero ese día se sentía con ganas de mandar todo al diablo y sabía por anteriores experiencias que el alcohol ayudaba en eso. El vendedor se negó a venderle algo así a un menor de edad, pero una furiosa mirada basto para que dejara cualquier reclamo.

Llegó a su apartamento y se sentó en la sala, rodeado de todas las botellas para empezar con su distracción del día. Comenzó con las bebidas suaves para luego ir subiendo de nivel, acompañando cada vaso con sus inseparables cigarrillos. Ya llevaba un par de horas en ese plan y debían ser las cuatro de la tarde, los efectos del alcohol ya tenían un buen rato haciéndose sentir y su mente estaba algo nublada, podía sentir como todas sus preocupaciones dejaban de tener importancia y una felicidad artificial se instalaba en él. Su momento de relajo fue interrumpido por unos leves golpes en la puerta.

- ¿Y ahora...quién diablos es?- se preguntó molesto mientras se ponía de pie con dificultad, resistiendo un fuerte mareo.

Tambaleando un poco llegó a la puerta y la abrió para ver quién era esa fastidiosa persona que osaba molestarlo en esos momentos, pero apenas pudo reconocerlo se quedó congelado en su posición sin entender que hacía él allí.

- ¿Tú?- le gritó confundido.

- Sólo pase a verte- le respondió con la voz monótona de siempre- ¿Vas a dejarme entrar?

Gokudera no entendía muy bien que hacer en esa situación y el alcohol no tenía nada que ver en ello. Estaba solo, triste, vulnerable y en malas condiciones como para recibir a alguien, especialmente a la persona a la cual había rechazado para seguir con el imbécil que tenía por novio y la cual, digno en su carácter, le había dicho que no se rendiría tan fácilmente.

- Hibari...

Definitivamente, su confusión no tenía nada que ver con el alcohol.


O/O ¡Mi primer lemon! _

No sé que tal estuvo y no sé si quiero saberlo ^_^U, así que no planeo amenazarlos por reviews esta vez XD.

¿Qué creen que pasará ahora? ¿Gokudera dejará entrar a Hibari? Y si entra ¿qué pasará entre ellos? XD

¡Lean el siguiente para saber!

Ciao!