¡Sorpresa! ^_^ Esta vez me superé a mí misma o_o, jamás había actualizado tan seguido ¡3 capítulos en una semana! Porque terminé este ayer, pero me botaron de mi compu y no pude publicarlo -_-U, como sea, no sé si estoy con exceso de inspiración o es que había pensado demasiado en esta parte de la historia, el punto es que ¡aquí está! XD. Trataré de mantenerme así, por lo menos hasta que entre a la universidad de nuevo dentro de una semana T_T.

abc- pensamientos.

- abc- conversación telefónica.

- abc- conversación normal.

Disclaimer: Katekyo Hitman Reborn no me pertenece.


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Carousels in the sky

Junto todas sus fuerzas para poder levantarse del suelo y dirigirse al baño, lo primero que hizo fue abrir la ducha y meterse bajo el agua fría, no le importaba que recién acabara de amanecer y pudiera resfriarse, en ese momento ya nada le importaba. Se demoró un buen tiempo allí y cuando por fin sintió que era suficiente salió cubriéndose sólo con una toalla. Su mirada chocó de frente con su reflejo en el espejo y aguantando la vergüenza hacía si mismo que tenía, pudo apreciar las marcas que aparecían sobre todo su cuerpo y sus ojos rojos e hinchados. La rabia volvió a invadirlo y sin meditarlo rompió el espejo de un golpe, lastimándose el puño derecho en el proceso pero sin sentir el más mínimo dolor, era como si su cuerpo estuviera entumecido.

¡Maldita sea! ¿Por qué las cosas tenían que pasar así?

Sacó unas vendas del botiquín y fue a encerrarse de nuevo en su habitación. Era lunes y debía ir a la escuela pero aún no tenía ganas ni fuerzas para hacerlo, así que se vistió con un pantalón y una camiseta holgada y, después de curarse la mano, tomó su celular para llamar al capo. Rememoró lo que tenía planeado decirle mientras se apoyaba en la puerta de su habitación y se dejaba caer sentado al piso.

- ¿Juudaime?- saludó intentando que su voz sonara como siempre.

- ¡Gokudera-kun! ¿Pasa algo? ¿Por qué llamas tan temprano?- respondió extrañado el castaño.

- Yo...sólo quería avisarle que no iré a clases hoy.

- ¿Por qué? ¿Estás enfermo? Tu voz se oye algo extraña- la preocupación era evidente en el tono de voz.

- ¡No es nada! ¡En serio! Es sólo un ligero resfriado y creo que es mejor que me quede en casa por hoy, es todo.

- Entiendo, iré a visitarte cuando salga de la escuela.

- ¡No! ¡No se moleste! No quiero arriesgarme a que se contagie por mi culpa- mintió descaradamente.

- ¡Pero alguien tiene que cuidarte!

- No es tan grave, estaré bien solo- pronunció con voz baja- Si le hace sentir mejor, le llamaré más tarde para decirle como voy.

-...Esta bien, ¡pero no te esfuerces mucho!-replicó aún no muy convencido.

- No lo haré, no se preocupe.

- Recupérate pronto, Gokudera-kun

- Gracias, hasta luego juudaime.

Apenas colgó se sintió terrible por mentirle de esa forma a su jefe pero sabía que si le decía la verdad se iba a preocupar aún más de lo que ya estaba y esa idea no le agradaba en lo absoluto. Por otro lado, realmente necesitaba estar solo para aclarar sus sentimientos y tomar una decisión que esta vez fuera definitiva.

Suspiró al tiempo que se levantaba e intentaba arreglar su habitación, no podía dejarla en el estado en el que estaba. Después de botar los trozos de vidrio del espejo tanto del baño como de su habitación, arreglo los libros y cambió las sábanas. Sólo cuando vio todo en su sitio pudo meterse a la cama para intentar dormir un poco, realmente estaba muy cansado.


Aún después de sentir el tono del teléfono que anunciaba que la llamada había terminado, no dejo de mirar la pantalla fijamente como buscando respuestas en ella. Sabía que Gokudera había mentido, su intuición se lo decía. Lo que le pasaba era algo más grave que un simple resfriado, lo suficiente como para que le costara tanto hablar de eso. Frunció el ceño con molestia sabiendo que por más que lo intentara, su mano derecha no le diría la verdad tan fácilmente y, para ser sinceros, tampoco quería presionarlo.

Terminó de alistar su uniforme a tiempo para bajar a tomar desayuno y partir a la escuela tan solo como no lo estaba hace mucho tiempo. Le molestaba el pensar que de nuevo Yamamoto no se encontraba al lado del bombardero cuando este más parecía necesitarlo, aún si esta vez no era directamente su culpa. Por suerte el campeonato de beisbol terminaba esa semana y su amigo debería estar de regreso el sábado, después de la ceremonia de premiación en la que seguro les darían el primer puesto. Se pasó todas las clases con la cabeza en otro lado, divagando acerca de lo que podría estar pasando.

- Hey, ¿te has fijado? Hibari-san se ha estado comportando extraño.

Esa conversación que llegó a sus oídos lo sacó de sus pensamientos, dándose cuenta que el profesor ya había salido y estaban en la hora del almuerzo. Agudizó un poco sus sentidos para escuchar el resto de la conversación y se quedó sorprendido al oír que Hibari se había pasado encerrado en su oficina toda la mañana. Ni siquiera salió para poner el orden en los alumnos que habían armado un alboroto durante la clase de educación física, lo cual ya era muy extraño para venir de él.

¿Tendrá algo que ver con lo que le pasa a Gokudera-kun?

Ese veloz pensamiento atravesó su mente pero lamentablemente no tenía las agallas suficientes como para ir a enfrentar al líder del comité de disciplina y exigirle una respuesta. No, tendría que esperar a ver como se daban los hechos o preguntárselo a Reborn, que siempre parecía saber lo que pasaba.

Aún así, se mantendría alerta a todo.


El día pasó sin inconvenientes para él, se la pasó recostado en su habitación toda la mañana y no probó bocado en todo el día, no tenía hambre. Por suerte recordó llamar al juudaime a la hora en que normalmente salían de clases y le dijo que había mejorado y que al otro día iría a clases como siempre, no podía preocuparlo demasiado y había tenido suficiente tiempo para pensar. Después de horas de reflexionar sobre el mismo tema había decidido que primero hablaría con Hibari, si podía arreglar las cosas con él o al menos recibía una buena explicación y una disculpa, entonces terminaría su relación con Yamamoto cuando este regresara del campeonato. Por otro lado, si no llegaba a un acuerdo con el prefecto dejaría ese tema de una vez por todas y el pelinegro habría perdido su última oportunidad.

Si, no había sido fácil pero esta vez haría lo correcto. A pesar de lo que había pasado seguía teniendo ese sentimiento que Hibari le provocaba, estaba molesto pero no podía odiarlo aunque tampoco estaba dispuesto a iniciar algo con una persona a la que no le importaba lastimarlo. Si Hibari no le prometía que eso jamás volvería a pasar entonces todo acababa entre ellos.

El día siguiente llegó antes de lo que esperaba, no durmió en toda la noche pensando en todos los detalles de lo que tenía planeado aclarar ese día. Se levantó cansado y se dio una ducha rápida para desperezarse, al volverse a mirar al espejo se dio cuenta de lo terrible que lucía. Su piel lucía más pálida de lo normal y tenía unas gigantescas ojeras bajo sus ojos, además aún eran evidentes las marcas que Hibari había dejado en su cuello y se veía tan frágil que parecía que podría derrumbarse en cualquier momento y a decir verdad, así se sentía. Se vistió rápido con su uniforme y tomó una bufanda de uno de sus cajones, procurando acomodarla para que las marcas ya no se notaran.

Al menos realmente parezco enfermo.

Pensó mientras salía a encontrarse con el juudaime, sin comer nada ese día tampoco.

- ¡Gokudera-kun! ¿Realmente estás bien?- le preguntó este apenas lo vio- Creo que deberías haberte quedado descansando hoy también.

- ¡No se preocupe juudaime!- respondió de inmediato- Ya se me pasará- terminó en un susurro.

A pesar de que intentó hablar ese día con Hibari era obvio que el prefecto lo estaba evitando. No había dado la cara aunque había explotado una parte del patio que era perfectamente visible desde la ventana del comité de disciplina y eso era demasiado. Lo buscó por toda la escuela pero sus subordinados no querían decirle nada por más que los amenazaba y aunque hubiera sido capaz de seguir, su estómago vacío y la preocupación del juudaime no lo dejaron.

Decidió dejarlo por ese día, quizás al siguiente tendría más suerte.


Toda la semana, toda la maldita semana había buscado al bastardo sádico de Namimori y no había podido hablar con él. Cuando le parecía verlo e iba tras él este se las ingeniaba para desaparecer en sus narices, incluso ya había pensado en secuestrar a Hibird para obligarlo a aparecer pero hasta ese estúpido pájaro parecía estarse escondiendo. Estaba harto y lo peor era que el campeonato de béisbol había terminado con los resultados que ya esperaban y Yamamoto estaba de regreso con el primer puesto.

Y ahora era él quien se escondía.

Fue fácil el fin de semana, simplemente tuvo que ignorar las llamadas y por suerte al idiota no se le ocurrió mostrarse por su casa, pero sabía que al regresar a clases tendría que enfrentarlo y aún no estaba seguro de cómo. Inesperadamente el capo pareció notar su incomodidad y lo ayudó a evitar al beisbolista por unos días y el equipo del beisbol hizo el resto. Como siempre, esa era su prioridad.

- ¡Gokudera espera! ¿Aún estás molesto conmigo?-pero no podía librarse para siempre.

- Lárgate idiota, estoy ocupado- le dijo sin voltear a verlo mientras intentaba salir de la escuela a paso veloz para volverse a encerrar en su apartamento.

- ¡Detente!- y antes de que pudiera preverlo, el beisbolista lo abrazó por la espalda- Sé que tienes razones para estar enojado conmigo pero...odio que las cosas estén así, hablemos ¿si?

- Idiota...-susurró el albino antes de voltear a verlo- Lo siento, pero ya no hay nada que hablar, se acabó.

- ¿Qué? ¡No puedes estar hablando en serio!

- Hablo muy en serio, ya no podemos seguir juntos- aún evitaba su mirada.

- Si es por que me fui...

- ¡Es por muchas cosas!- gritó sin poder evitarlo más- ¿No lo entiendes? Esto estaba mal desde hace mucho, sólo alargamos las cosas pero ya no tiene sentido.

- Gokudera, por favor...

- Es suficiente Yamamoto

Fue lo último que dijo antes de soltarse del agarre y correr hacia su departamento sin voltear atrás. Las lágrimas por lo que acababa de hacer rodaban por sus mejillas pero sabía que eso era lo mejor. Se quedara o no con Hibari, las cosas con Yamamoto ya no funcionaban y no podía seguir lastimándolo de esa manera.

Por suerte ese día era viernes y no tendría que verlo hasta el lunes.


Observaba todo desde la azotea de la escuela, el lugar al que solía ir para evitar a esos molestos herbívoros y reflexionar un poco sobre todo lo que estaba pasando últimamente. Frunció el ceño cuando un recuerdo no muy agradable cruzó por su mente, sabía que el bombardero lo había estado buscando pero apenas regresó el estúpido beisbolista había dejado de insistir y fue aún peor cuando él mismo vio como este lo abrazaba al salir de clases el pasado viernes. La rabia corrió por sus venas al presenciar esa escena y se fue del sitio para no ver más aunque sabía que ese enojo no tenía sentido.

Él lo había echado todo a perder, ya no tenía derecho a reclamar nada.

Sorprendentemente el beisbolista no había tratado de acercarse al italiano por unos días y eso le llamó la atención, se suponía que ya habían arreglado las cosas. Fue el jueves cuando ya no pudo evitar más a Gokudera y este lo alcanzó en la azotea donde tanto le gustaba estar.

- Te estuve buscando.

- ¿Qué es lo que quieres?- ni siquiera se molestó en voltear a verlo.

- ¡Sabes perfectamente de lo que quiero hablar contigo! No puedes actuar como si nada hubiera pasado.

- Claro que puedo y tú también deberías, sólo olvídalo.

- ¿Olvidarlo?- no podía creer lo que escuchaba- ¿Cómo...cómo puedes decir eso?

- Yo ya lo hice y no es tan difícil- era mentira y lo sabía pero pensaba que eso era lo mejor.

- ¡Eres un idiota! ¡No puedes pedirme que haga de cuenta que nada pasó! ¿Acaso significo tan poco para ti?

- ...- esta vez demoró un poco más en hallar la respuesta- Ya tuve suficiente de todo esto, no necesito más- su voz era apenas un susurro.

- ¿Qué quieres decir con eso?- no entendía a qué se refería, a menos que...- Acaso...acaso ¿era esto lo único que querías?

El silencio se instaló un instante entre ellos, Hibari volteó un poco para poder verlo y se arrepintió de inmediato, se veía tan demacrado como si no hubiera descansado en semanas y quizás era verdad, sus ojos estaban llenos de lágrimas y se veía tan vulnerable que sólo quería sostenerlo y no dejarlo caer. Pero no, ya le había hecho demasiado daño y probablemente el estado en el que se encontraba el italiano era su culpa, lo mejor era que lo dejara en paz y así podría regresar a la vida que tenía antes. Aunque le doliera, tenía que hacer que se alejara de él antes de que todo empeorara.

- Fue simplemente sexo, algo de una sola noche y la pasé muy bien, no sé que más esperabas.

Un trueno sonó apenas terminó de decir esas palabras que le habían costado tanto, el cielo se nubló y las primeras gotas empezaron a caer. Pudo ver claramente como los ojos del albino se opacaban y la tristeza caía sobre él, de nuevo por su culpa.

Perdóname, lo siento...de verdad, de verdad lo siento.

Había entendido que eso no tenía ningún sentido, a pesar de que quisiera tanto conservarlo a su lado al final sólo iba a lastimarlo, era lo mejor que sabía hacer después de todo, lastimar y hacer sufrir a los demás y era por eso que se había vuelto una persona tan solitaria pero no quería condenar al peliplata a lo mismo, no quería arrastrarlo con él. Prefería que lo odiara y que nunca más quisiera verlo a hacerle daño otra vez, aún podía salvarlo de él mismo.

Vete, yo no te merezco, vete antes de que sea tarde y no pueda dejarte ir.

- Tú...- la voz del italiano fue tan débil que casi no la escucha- Tú solo jugaste conmigo, todas esas cosas que dijiste...eran mentira...

El prefecto notó como algunas gotas rodaban por sus mejillas pero no podía estar seguro si eran lágrimas o gotas de lluvia, rogó para que fuera lo segundo. Odiaba lastimarlo aún más pero sabía que sólo así podría matar sus ilusiones con él, esas mismas ilusiones que había cultivado tanto. Parecía que el mundo se derrumbaba bajo suyo pero se esforzó para que no se notara en su expresión, una tormenta se desataba en su interior, una tormenta que nunca iba a poder olvidar pero mientras el otro pudiera ser feliz no le importaba lo que pasara con él.

- ¡Eres un imbécil! ¡Yo realmente creí en ti! ¡Estaba decidido a dejar todo por ti!

- Nos acostamos y fue divertido, supéralo de una vez y regresa con tu noviecito- esta vez sonaba enojado.

- ¡Eres un bastardo! ¡Te odio!

Fue lo último que escuchó del bombardero antes de que este se fuera corriendo, tirando con fuerza la puerta a su salida y causando un ruido estruendoso que perduró por unos minutos. El pelinegro esperó a dejar de escuchar sus pasos veloces por las escaleras antes de dejarse caer de rodillas al suelo para liberar su propio dolor a solas. Nunca se había odiado tanto pero era consiente que algo así era inevitable.

Después de todo, era cómo su pequeño puercoespín, si te acercas mucho te lastimará aunque no sea su intención y Gokudera se había acercado demasiado.


Corría lo más rápido que podía, lo único que quería era alejarse de quien tanto dolor acababa de causarle, de esa persona que creyó que era la indicada, alguien en quien podía apoyarse, alguien en quien confiar pero de nuevo sólo le había mentido como todos, que sólo le mentían, lo traicionaban, lo abandonaban.

¿Es que acaso valía tan poco?

Ya no quería pensar sólo quería encerrarse de nuevo hasta que todo pasara. No le importaba la lluvia que cada vez se volvía más fuerte, tampoco el dolor que recorría su cuerpo por esforzarlo demasiado cuando estaba tan débil o las punzadas que sentía en uno de sus costados y que se volvían cada vez más insistentes.

Estaba tan concentrado en su dolor interno que ni siquiera le prestó atención a la persona que había escuchado parte de la conversación tras la puerta y que ahora lloraba en silencio.


¡Lo hice de nuevo! T_T ¡Volví a complicarle la existencia a Haya-kun! TT_TT ¿Por qué seré tan mala? -_-U

Pero aún puedo volverlo peor XD, así que esperen el siguiente para saber quíen escuchó todo, aunque creo q ya lo saben XD.

Ciao!