¡Tan tan! ^_^, si, me demoré un poco pero el capítulo no quería salir y tenía que afinar algunos detalles, pero finalmente ¡aquí está! Aunque tengo que advertirles que le compliqué aún más la vida a Haya-kun XD, ese parece ser mi pasatiempo favorito últimamente. Ahora no los entretengo más porque el título dice bastante, sufran por ustedes mismos XD.

Disclaimer: Katekyo Hitman Reborn no me pertenece.


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Crying Rain

Se sentía fatal.

Se la había pasado toda la noche llorando después de su "charla" con Hibari y aún no podía creer que él realmente hubiera dicho eso, se negaba a aceptar que todo lo que él le había prometido fuera mentira y que simplemente quería aprovecharse de él para, después de obtener lo que quería, desecharlo como si fuera cualquier cosa. No, no podía ser de esa manera, nadie podía ser tan cruel ¿o sí?

Por otro lado, si eso era cierto ¿había terminado con Yamamoto en vano? Había tomado esa decisión muy aparte de lo que pudiera pasar entre él y Hibari, había terminado esa relación porque las cosas iban mal a pesar de todo el esfuerzo puesto en mejorarla pero tenía que aceptar que la intromisión del prefecto también había jugado un papel importante en todo eso. Ya le había costado mucho hablar con el beisbolista por la vergüenza que aún sentía, pero saber que ni siquiera había valido la pena le hacía pensar que nunca más sería capaz de estar siquiera en la misma habitación. Lo había hecho sufrir más de lo necesario.

Se odiaba a sí mismo por eso y estaba a punto de odiar a Hibari también.

Decidió levantarse cuando se cansó de estar tirado en la cama y al mirar al reloj se sorprendió al notar que era más tarde de lo que parecía, el día se encontraba completamente nublado. Con toda la pesadez del mundo se decidió a levantarse para ir en contra de su voluntad a la escuela, aún bajo el riesgo de cruzarse con el culpable de su estado en el camino pero no podía seguir preocupando al juudaime.

Fingió lo mejor que pudo que estaba bien apenas vio al capo y el día hubiera transcurrido sin inconvenientes sino fuera por la extraña actitud del espadachín, quien no se molestó siquiera en mirarlo en toda la mañana y mucho menos en dirigirle la palabra. Al principio pensó que sólo quería mantener la distancia para no poner más incómodo el ambiente entre ellos y la culpa no le permitió intentar acercarse para saber lo que le pasaba, se sentía terriblemente avergonzado porque de alguna manera sabía que era el culpable de que Yamamoto se encontrara así. Sin embargo, lo que no se esperó fue que apenas tocó el timbre que anunciaba el receso, este lo tomara con fuerza del brazo y lo arrastrara hasta la desierta azotea sin parar ni un minuto a escuchar sus quejas.

- Oye, ¿qué rayos te pasa?- preguntó cuando al fin lo soltó.

-...- el beisbolista le daba la espalda pero era evidente que algo andaba mal- Tú... ¿por qué me hiciste esto?

- ¿De qué estás hablando?- realmente estaba confundido, a menos que...

- ¿Por qué me engañaste con ese bastardo?- murmuró con odio mientras volteaba a encararlo.

- Y-yo...- no sabía que decir, veía el dolor y el sufrimiento que le había cansado en sus ojos y no pudo seguir sosteniéndole la mirada, aún le importaba lo suficiente como para sentirse mal por causarle ese daño.

- ¡Era por eso, verdad! ¡Terminaste conmigo por eso!

- E-eso no es cierto.

- ¡Deja de mentirme!

- ¡No te estoy mintiendo!- no quería que pensara eso.

- ¿Cómo puedo creerte? ¡Los escuché ayer! ¡Escuché claramente que te habías acostado con él! ¿Es verdad?- lo miró fijamente, atento a cualquier respuesta que le diera.

- E-eso...- no sabía que hacer pero ya era muy tarde para intentar ocultar algo- Es...es cierto- susurró lo suficientemente fuerte para que lo escuchara.

- ¿Por cuánto tiempo me estuviste viendo la cara?- ahora realmente sonaba decepcionado.

- ¡Sólo fue una vez! ¡Te lo juro!

- ¡No te creo! Pensé que podía solucionar las cosas entre nosotros pero al final sólo perdía mi tiempo ¿verdad? Ya habías encontrado a otro con quién revolcarte- escupió las palabras con todo el veneno del que fue capaz.

- ¡Las cosas no fueron así!- las lágrimas empezaban a caer por sus ojos, le dolía que lo tratara así cuando había sido una persona tan importante en su vida, alguien por quien aún sentía un cariño tan grande- Yo...me sentía muy solo después de que te fuiste sin siquiera despedirte y...empecé a tomar, él vino y...

- ¿Ahora me dirás que no fue tu culpa?- interrumpió con un tono irónico.

- ¡No me estoy justificando! Sé que también fue mi culpa pero... estaba muy confundido y me dejé llevar...

- ¡Eso no es ningún motivo!- estaba más que furioso.

- ¡Lo sé! Sé que eso no estuvo bien, sé que cometí un error...yo...lo siento, de verdad lo siento.

- ¡Eso no arregla nada! Ya nada podría reparar esto, toda la confianza que te tenía, la imagen que tenía de ti...todo se ha terminado.

- No quiero que pienses así de mí, no tú...

- ¿Y qué te puede importar ya mi opinión? ¿O es que ahora quieres regresar sólo porque él no te hace caso?- sus palabras tenían toda la intención de lastimarlo y disfrutó la mirada perturbada del ojiverde, sentía la ira acumularse en su pecho- Escuché lo suficiente para darme cuenta de que él jugó contigo de la misma manera que tú lo hiciste conmigo, ¿es por eso que te disculpas?

- No es así, tú de verdad me importas...siempre lo has hecho...

- ¡Ya cállate!- no pudo soportarlo más.

Antes de poder controlar su propio cuerpo se había acercado lo suficiente para darle un puñetazo en la mejilla al peliplata y mandarlo al suelo bruscamente por la fuerza que había empleado, rompiéndole el labio al instante. Ninguno de los dos se movió de su posición por un momento aún tratando de asimilar lo que acababa de ocurrir. Gokudera miraba pasmado a la persona frente suyo y que no reconocía en esos momentos, Yamamoto jamás, jamás se había atrevido a levantarle la mano.

- No te creo- sentenció sin dudarlo y con la mirada más fría que nunca- No te quiero cerca de mí nunca más, si él no te quiere ahora yo tampoco tengo porque aceptar sus sobras.

Con esas últimas palabras hirientes el pelinegro se fue sin voltear a verlo ni una sola vez, saliendo a paso veloz de la azotea y dejando al italiano en la misma posición en la que había caído. Aún no podía comprender como se había dejado llevar por la cólera y sentía un pinchazo de culpa por lo que había hecho pero, una parte de él que no conocía hasta ese momento, no se arrepentía en lo absoluto.

Se lo merecía.


Se quedó en ese lugar aún después de que el otro se hubiera ido. La lluvia estaba empezando a caer mezclándose con sus lágrimas, como si compartiera su dolor y el del guardián de su elemento. Por más cosas hirientes que hubiera dicho lo conocía lo suficiente para saber que esa era su forma de disfrazar su propio dolor y se sentía terriblemente mal por haberlo causado, esa nunca fue su intención.

Intentó levantarse pero al instante un profundo dolor lo hizo caer de nuevo al suelo sujetándose el abdomen con ambas manos. Dolía, en verdad dolía, sentía como si algo estuviera rompiéndose lentamente dentro de él y sin que pudiera evitarlo los quejidos provocados por el dolor empezaron a salir de su boca. Se encorvó todo lo que pudo como si eso pudiera calmar en algo su agonía.

¡Dios! ¿Qué demonios me está pasando? ¡Duele! ¡Casi no puedo resistirlo!

- ¡Mierda!- dejó salir en medio de un grito de desesperación.

Se encontraba solo en esa parte de la escuela y no podía estar seguro de que alguien pasara a ayudarlo. Escuchó el timbre que anunciaba el regreso a clases sonar y supo que esas esperanzas estaban perdidas, nadie vendría. Como pudo empezó a levantarse lentamente del suelo y cuando pudo mantener el equilibrio se dirigió a paso lento hasta la puerta. La cabeza empezaba a dolerle y se sentía mareado pero no podía desistir, no en ese momento. Bajar las escaleras fue una verdadera pesadilla y en más de una ocasión estuvo a punto de caerse, logrando sostenerse en el último minuto y llegar a la planta baja donde por suerte quedaba la enfermería.

- Maldita...sea...- gruñó entre quejidos.

Avanzó apoyado en la pared hasta que vio el letrero de la enfermería y aunque sabía que Shamal no lo atendería, por lo menos esperaba que le diera algo para que se le pasara el dolor, eso o él mismo revisaba toda la oficina hasta encontrar los malditos calmantes. Para cuando llegó a la puerta después de lo que le parecieron horas, el dolor de cabeza había empeorado y ya casi no podía estar en pie, usó sus últimas fuerzas para abrir la puerta y su visión se tornó borrosa.

Sólo pudo ver dos manchas que parecían personas antes de caer en la inconsciencia.


La ira lo seguía carcomiendo por dentro, sentía que en cualquier momento podría explotar y lo que menos quería era descargarse con Tsuna o con cualquier otro compañero de clases. Fue al salón y tomó sus cosas para irse a casa, ya había tenido suficiente por ese día. Se cruzó con el capo en el camino pero este no dijo nada así que sólo le hizo un gesto de despedida con la mano antes de salir de la escuela, justo en el momento en que el timbre para anunciar el fin del receso sonaba.

La lluvia que caía sobre él lo acompañó en todo el camino hasta un parque cerca de su casa donde finalmente se sentó para descansar. Las gotas que caían y lo acariciaban le habían ayudado a tranquilizarse y ahora que el enojo se había esfumado, sólo le quedaba el dolor. Aún no podía creer que Gokudera hubiera podido engañarlo de ese modo.

¿Por qué me hizo esto si yo lo amaba tanto?

Sabía que su relación tenía problemas pero nunca imaginó que algo así podría ocurrir. La imagen que tenía del italiano se había deshecho y sabía que jamás podría confiar en él de la misma manera. Todo el respeto como novio, como amigo o incluso como persona que podía tenerle se estaba perdiendo sin que pudiera evitarlo. Le dolía el orgullo al que hasta entonces nunca le había dado demasiada importancia, le dolía el corazón después de una traición así, le dolía el alma porque era el amor de su vida.

Se quedó en esa banca por varios minutos más hasta que sintió que podía ir a casa con la sonrisa que siempre solía poner, no quería preocupar a su viejo. Junto todo el valor que podía y reinició el camino a su hogar mientras pensaba en una excusa creíble.

- ¿Qué haces aquí tan temprano?

- ...Yo...- lamentablemente no pudo pensar en nada cuando ya había llegado a su casa.

- ¿Acaso te sentiste mal?- la preocupación era evidente mientras revisaba a su hijo con la vista intentando encontrar algo diferente.

- So-solo fue un pequeño malestar y...y...- la mirada de su padre detrás del mostrador le dijo que había descubierto su mentira.

- Es por Gokudera ¿verdad?- usó un tono serio y era una suerte que en ese momento no hubiera nadie en el restaurante- Sé que hace algún tiempo tienes problemas con él.

- Hasta tú lo notaste- dijo en medio de un suspiro y se sentó en uno de los bancos, ya no tenía caso ocultarlo más- Terminamos...me engañó papá, yo de verdad lo quería y él me engañó, él no me ama, ni siquiera me respeta- su tono era verdaderamente lastimero.

- ¿Estás seguro de lo que dices?

- Lo escuché en una conversación, luego lo confronté y él mismo lo aceptó.

- ¿Te dio alguna explicación?

- Dijo que sólo había sido una vez y que pasó porque se sentía muy solo y confundido...- aún había resquicios de enojo en su voz.

- Pero no le creíste ¿verdad?- era increíble como podía hablar con tanta calma a pesar del tema que estaban tratando- Escúchame Takeshi porque voy a decirte algo que probablemente no te va a gustar.

- ¿Qué?- lo miró confundido.

- Para empezar...- dijo con un suspiro mientras buscaba las palabras- Esto era algo que ya veía venir. Gokudera es un chico muy atractivo y era predecible que tarde o temprano alguien más intentaría acercarse a él, además si tomamos en cuenta lo descuidado que lo tenías...

- ¿Acaso estás de su lado?- gritó alterado el pelinegro sin creer lo que escuchaba.

- ¡Cállate y escucha!- la mirada fiera que puso tranquilizó a su hijo en un instante- No justifico lo que hizo pero puedo comprenderlo. Quizás ni tú mismo te diste cuenta pero le estabas dedicando demasiado tiempo al beisbol, sé que es importante para ti- agregó cortando la queja que pretendía hacer el menor- Pero tampoco era bueno que dejaras de lado a las otras cosas que también son importantes. Cada vez que él venía a buscarte y tú no estabas podía ver como se entristecía, realmente le dolía, quería decírtelo pero esperaba a que te dieras cuenta por ti mismo...supongo que me equivoqué.

- Eso no lo justifica...- susurró resentido.

- Lo sé, pero cuando una persona se siente sola suele buscar la compañía de alguien en cualquier forma posible y muchas veces se cometen errores en el proceso, él debió ilusionarse y confundir sus sentimientos, quizás estuvo luchando contra eso por mucho tiempo y ni tú mismo te diste cuenta.

- ¿Y se supone que ahora debo perdonarlo?- aún estaba molesto.

- No te pido que hagas eso, sé que a ti también te duele esta situación y tu orgullo está herido, la confianza que tenías en él se perdió y eso es algo que toma mucho tiempo reparar. Lo único que quiero es que no lo odies ni lo culpes totalmente de esto porque así te lastimaras a ti mismo también. Él de verdad te ama Takeshi, se nota en sus ojos cada vez que te mira y sé que tú también lo quieres, piensa en eso antes de tomar una decisión apresurada, recuerda lo feliz que fuiste con él.

Con eso Tsuyoshi regresó a la cocina y él se quedó unos minutos más para finalmente ir a su dormitorio. Tenía mucho que pensar.


Abrió los ojos con pesadez sintiendo como su cabeza daba vueltas y unas náuseas lo atacaban. Tomó aire antes de intentar concentrarse en saber dónde estaba pero antes de que pudiera pensar en algo, una conocida voz le dijo todo lo que necesitaba saber.

- Hasta que al fin despiertas Hayato.

- Shamal...- volteó su vista al doctor- ¿Qué hago aquí?

- ¿Acaso no lo recuerdas? Viniste aquí por tu cuenta y te desmayaste en la puerta cuando convenientemente el director había venido a buscar unos informes. Tuve que atenderte si no quería problemas con él, incluso se quedó un rato para ver lo que te hacía y me pidió que le informara de tu situación después, realmente no quieren perder al mejor promedio de la escuela ¿cierto?

- Mm...no recuerdo mucho, sólo que algo me dolía horrores y casi no podía mantenerme en pie- intentó escudriñar en su memoria y cuando lo logró no le agradó lo que vio y su ánimo decayó al instante, el doctor notó eso perfectamente.

- ¿Y ahora qué te pasa?- preguntó mientras se acercaba para sentarse al lado de la camilla.

- Mi vida es una mierda...sólo eso- respondió apático- Pero cambiando de tema, ¿qué demonios fue lo que me pasó?

- Bueno aún no estoy seguro pero ya que me vi obligado a revisarte te saqué una muestra de sangre que ya mandé a analizar, aunque sin necesidad de eso puedo decir que no has estado alimentándote últimamente, estás demasiado pálido y probablemente esa debilidad fue la que te causó el desmayo, por el momento lo único que hice fue ponerte suero y algunas vitaminas que deberían ayudar a que te recuperes, además te curé el labio.

- ¿En serio?- sólo en ese instante notó que tenía una bolsa de suero conectada al brazo izquierdo y llevó su otra mano a la gasa en su labio- ¿Es todo?

- No esperes más, ya sabes que no atiendo hombres.

- Como sea, debo volver a clases- intentó levantarse un poco pero sintió una débil punzada en el abdomen que lo mantuvo en su sitio- Auch...

- ¿Ese es el dolor al que te refieres?- lo miró frunciendo un poco el ceño y recibió un asentimiento de su alumno- A simple vista no encontré nada que pudiera causarlo pero deberías ir a un hospital a que te revisen, ah y por cierto...ya acabaron las clases.

- ¿Qué?- sin creerlo miró por la ventana dándose cuenta que ya había atardecido.

- Te pasaste todo el día inconsciente, incluso tu adorado jefe vino preocupado a buscarte cuando no regresaste al salón y sólo se tranquilizó cuando le dije que estarías bien, trajo tus cosas cuando terminaron las clases- le contó mostrándole su maletín sobre una silla en la esquina.

- Rayos, no quería preocupar al juudaime- se quejó- Supongo que debo irme a casa.

- No eres el único, yo también quiero irme antes de que ese prefecto pase por aquí- comentó mientras le quitaba la vía del brazo.

Gokudera no pudo evitarlo pero tembló ante la mención de Hibari, aún no estaba listo para cruzárselo y menos después de lo que había pasado con Yamamoto, tenía que irse lo antes posible pero por otro lado, aún no se sentía con fuerzas como para irse caminando a casa. Shamal lo observó de reojo, sabía que algo andaba mal con el chico pero no podía meterse si es que no lo llamaban, además ese colapso y el dolor que decía tener...no le daban muy buena espina.

- Alístate, te llevaré a casa en mi auto- dijo despreocupado mientras alistaba sus propias cosas.

- ¿Q-qué?

- Apúrate antes de que se me pase la generosidad- le advirtió con un tono juguetón.

- ...Gracias- murmuró con una sonrisa al tiempo que se levantaba.

Había sido un día muy largo.


Miraba las sombras sobre el techo de su habitación. Todo en su casa estaba en completa calma a esas horas de la noche contrastando terriblemente con toda la confusión que reinaba en su cabeza, las palabras de su padre aún seguían rondando en su mente y no estaba seguro de si esa vez podría hacerle caso.

Amaba a Gokudera, lo sabía y estaba consciente del hecho de que no podría olvidarlo tan fácilmente pero por otro lado, no podía perdonar algo así. La confianza y la idea que tenía de él habían desaparecido, no podía creer que no fue capaz de respetar su relación porque si de algo estaba seguro, era que lo que había pasado entre él y Hibari debía haber sucedido mientras él estaba en Osaka, esa era la única explicación a que el italiano no se hubiera molestado en reclamarle por su abrupta partida. Probablemente sólo se decidió a terminar con él por la culpa que sentía o por lástima.

Eso lo puso aún más furioso.

Él lo había dado todo en su relación y aunque hubiera cometido errores no se merecía que le hicieran eso.

Es simplemente injusto.

Suspiró dándose la vuelta en la cama. Aún cuando estaba tan molesto una parte de sí quería luchar por Gokudera, quería ir con él y hacerle entender que no podría encontrar a nadie que lo amara más, que no necesitaba a nadie más. No quería verlo con Hibari o sufriendo por él, ese bastardo no valía la pena.

Sin embargo su enojo y su orgullo herido eran más fuertes, no le rogaría a alguien que le había demostrado que no se lo merecía. Por primera vez sería egoísta y se preocuparía por sus propios sentimientos antes que por los demás. Estaba herido, dolido y no podía ni quería perdonarlo, no en ese momento.

Si, mientras más lejos estuviera de él...mejor.

Una silenciosa lágrima rodó por su mejilla.


¡Ja! Lo hice de nuevo ¿verdad? ^_^U Separé a la parejita pero por lo menos ninguno está muerto...aún o_o XD

Cambiando de tema, ¿qué creen que le pasa a Haya-kun? Porque creanme, cuando las cosas van mal para Haya-kun en mis fics...pueden ir peor XD

Culpen a mi atormentada mente de lo que pasará en el próximo capítulo porque ya estoy avanzando en eso.

Ciao!