¡Hola a todos! ^_^U Bien, vine para desgraciarle una vez más la vida Haya-kun T_T. Para empezar quiero desearle mucha fuerza a Japón desde aquí T_T, me da mucha tristeza la situación por la que está pasando y espero que puedan recuperarse pronto como siempre lo hacen ^_^. Ahora volviendo al fic, se supone que en esta historia Shamal sabe todo lo que pasó en el futuro y acerca de las llamas, es para darle sentido a lo que pasará o_o.
Disclaimer: Katekyo Hitman Reborn no me pertenece.
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Se sentía realmente enfermo.
Todo el fin de semana y un poco más se lo había pasado encerrado en su departamento sin salir ni siquiera a comprar la comida, se había conformado con las pocas cosas comestibles que tenía en su hogar y los almuerzos que el juudaime amablemente le llevaba pues se encontraba muy preocupado por él. La mayoría del tiempo se la pasaba recostado en la cama, fumando o leyendo, levantándose sólo cuando era estrictamente necesario y de verdad no podían culparlo pues el dolor, aunque había disminuido en gran medida, seguía presente en la forma de una punzada cuando hacía algún movimiento levemente brusco. Sabía que tenía que haber ido al doctor como le dijo Shamal pero no tenía ánimos para eso.
Suficiente con que su ex novio lo odie y la persona que supuestamente lo quería tan sólo se haya aprovechado de él de la peor manera.
Suspiró mientras se ponía de pie con esfuerzo, ya era miércoles y aunque no le agradaba la idea tenía que ir a clases de una vez si no quería preocupar más al juudaime quien ya se había tomado demasiadas molestias intentando cuidar de él. Además se sentía algo mejor. Con paso lento se dirigió a recoger al capo como siempre y como ya se imaginaba, el beisbolista no se presentó para acompañarlos.
- Realmente las cosas van mal entre ustedes ¿cierto?- preguntó de pronto el castaño, no podía dejar que las cosas siguieran así, tenía que ayudarlos.
- Yo...- no sabía que decir, aún no se sentía preparado pero sabía que no podía ocultar las cosas por más tiempo- ...Terminamos, él no quiere volver a verme- dijo con un suspiro.
- ¿Tan grave fue lo que pasó?- estaba atento a cualquier reacción de su mano derecha.
- Se enteró de que hubo algo entre Hibari y yo- pronunció el nombre con algo de resentimiento.
- E-entiendo- en realidad no lo entendía pero ya había pensado en algo así, suspiró con pesar, era algo delicado y no podía meterse en eso.
- Se acabó juudaime, con él y con ese bastardo-había dolor en su voz- Estoy solo de nuevo.
- ¡No!- lo detuvo sujetándolo de un brazo y lo miró fijamente a los ojos- No digas eso porque no es verdad, aún me tienes a mí Gokudera-kun, estaré a tu lado cuando me necesites de la misma manera que tú lo haz estado siempre conmigo.
- Juu-juudaime- susurró sorprendido el peliplata antes de que sus ojos se llenaran de lágrimas de emoción- Gracias...muchas gracias.
Con una última sonrisa compartida entre ambos siguieron con su camino a la escuela.
Observaba la entrada de los alumnos a la escuela desde la azotea, debía asegurarse de que ninguno hiciera algún desorden o los mordería hasta la muerte. El viento frío de la mañana le acariciaba el rostro y eso le sentaba muy bien, lo ayudaba a despejar sus pensamientos y las culpas que lo atormentaban. Faltaban sólo cinco minutos para que se anunciara el inicio de las clases y aún no veía a la persona por la que estaba esperando desde hace unos días así como tampoco había visto al herbívoro e intento de capo con el que siempre parecía estar, por otro lado, el estúpido beisbolista había llegado desde hace mucho y se había puesto a entrenar como si quisiera destruir toda la cancha de beisbol sin contemplación alguna. Algo andaba mal y lo sabía, pero meterse sólo complicaría las cosas.
De pronto lo vio.
Caminaba a paso lento con el castaño al lado, aún sabiendo que con esa paciencia llegarían indudablemente tarde. Entrecerró sus azules ojos con sospecha, esa era su confirmación de que algo había pasado. Cuando estuvieron más cerca pudo notar como el italiano parecía más delgado y pálido que de costumbre, su apariencia lucía demacrada y débil, como si una simple brisa pudiera derrumbarlo y por un momento quiso correr a su lado para evitar que algo así pasara...pero no podía.
Apretó los puños con impotencia y se mordió el labio inferior sacándose un poco de sangre, odiaba no poder acercarse a él y ayudarlo, preguntarle que le pasaba o simplemente estar a su lado pero sabía que él mismo había renunciado a ese derecho y se recordó que fue por el propio bien del albino. Si se acercaba sólo iba a lastimarlo de nuevo y no quería eso, por más que deseara ayudarlo debía alejarse. Se dio media vuelta y entró al edificio sin mirar atrás.
Si iba a salir de su vida tenía que ser de una sola vez.
El timbre que anunciaba el receso había sonado y con la misma pesadez con la que había estado todo el día se dirigió a la azotea para almorzar algo y fumar un poco mientras el juudaime charlaba con la hermana del cabeza de césped, o al menos ese había sido su plan antes de que Shamal se apareciera de no sabía donde y lo llevara con él hacía la enfermería sin dar ningún tipo de explicación, aprovechándose de su falta de fuerzas. Estaba cansándose de que todos lo arrastraran de ese modo.
- ¿Y ahora que pasa contigo?- preguntó después que el doctor lo obligara a sentarse en una camilla y cerrara la puerta con llave.
- Hay algo de lo que debo hablarte, algo serio- volteó para mirarlo a los ojos y recién en ese momento Gokudera notó lo cansado que se veía Shamal y las ojeras que tenía por no dormir lo que parecían varios días- Recogí tus exámenes de sangre.
- Oh...- un escalofrío lo recorrió por completo, así que ese era el problema.
- Tuve que repetirlos varias veces por mi cuenta para estar seguro pero finalmente lo confirmé.
- ¿Es tan grave?- no le gustaba esa seriedad, estaba empezando a asustarlo.
- Quiero que me escuches bien porque tienes que entender lo que te pasa- tomó aire con esfuerzo y se puso delante del albino, parecía inseguro de cómo empezar- Dime Hayato... ¿tú sabes cuál fue la causa de muerte de tu madre?
-...Fue una enfermedad- respondió serio al cabo de unos segundos, ¿Shamal también lo sabía?
- Exacto- confirmó con un semblante preocupado pero firme- A decir verdad la verdadera razón por la que tu padre me contrató fue para que yo pudiera encontrar una cura, su enfermedad era muy extraña y en ese entonces nadie tenía los conocimientos necesarios para tratarla excepto yo pero...
- No funcionó...- completó abatido el peliplata, ya sabía como habían acabado las cosas.
- Te equivocas, la cura que encontré si logró hacer efecto, al menos por un tiempo.
- ¿Qué?- eso no se lo esperaba- ¿Entonces qué diablos pasó?
- Bien...- dio un suspiró y se sentó a su lado, iba a ser una historia larga- Como ya te imaginas, la mayoría de mis curas consisten en otra enfermedad que anule la que ya se tiene pero en su caso sólo pude encontrar una que la ayudaba mediante la elevación del número de hormonas de estrógeno en su cuerpo y dejaba que este se restableciera solo. Sin embargo, si ocurría alguna otra importante alteración a nivel hormonal en su cuerpo en los meses después de aplicarle la cura, esta se anulaba y la enfermedad volvía con fuerza, matándola en poco tiempo. Lo que no sabíamos en ese momento era que había un pequeño factor que alteraba todos nuestros planes.
- ¿A qué te refieres?-se notaba confundido intentando asimilar la historia lo más rápido posible, hasta que lo entendió- N-no...no me digas que...
- Si, ella ya estaba embarazada de ti- hizo una pausa viendo la perturbada expresión de su ex alumno- No lo supimos hasta que le hice un chequeo un mes después y tú ya tenías dos meses de gestación. Fue una verdadera sorpresa para todos, algo que no tenían planeado en ese instante pero tú madre lo aceptó increíblemente bien, a pesar de que sabía que el estar embarazada significaba que la cura se anularía conforme su cuerpo se fuera preparando para tenerte. Tu padre no cuestionó su decisión, a decir verdad se preocupó más por otro asunto que no habíamos tomado en cuenta.
- ¿Cuál?- su voz sonaba apagada y no lo miraba a los ojos.
- No pensamos en cómo podría afectarte la cura que le di a tu madre a ti, que ya estabas dentro de ella- intentó poner una mano en su hombro pero se arrepintió a medio camino- Sabíamos que haber estado expuesto a ese incremento anormal de hormonas iba a afectarte porque aún estabas en desarrollo pero ya no podíamos hacer nada. Tuvimos que esperar unos meses antes de poder revisarte bien y aparentemente todo estaba normal, fue hasta que naciste y fuiste llevado al castillo que pudimos revisarte bien y descubrimos lo que en verdad pasaba.
- ¿Y que fue lo que descubrieron?- volteó levemente a mirarlo, pero su ánimo seguía por los suelos.
- El nivel hormonal al que estuviste expuesto alteró tu cuerpo por el interior aunque por fuera no había señales de nada extraño- se detuvo un momento y tomó aire, lo que venía era lo más difícil de explicar- Dentro de tu cuerpo se desarrollaron no sólo órganos reproductores masculinos sino también femeninos- volteó y pudo ver la expresión horrorizada del peliplata así que se apresuró a continuar- Esos órganos eran completamente inutilizables debido a que tú genéticamente eres hombre así que no nos preocupamos por eso, incluso pensamos en extraerlos hasta que nos dimos cuenta de otra cosa.
- ¿Ahora qué?- se estaba alterando, era demasiada información para un día.
- Tú heredaste la enfermedad de tu madre- le dio un poco de tiempo antes de continuar- La presencia de esos órganos equilibraba de alguna manera las cosas y mantenía controlada la enfermedad así que decidimos dejártelos y es por eso que en todos estos años no habías tenido ningún problema, sin embargo algo ha cambiado en las últimas semanas y la cura ha dejado de hacer todo su efecto.
- Un momento... ¿es por eso que me he estado sintiendo mal? ¿Es porque tengo esa enfermedad?- la angustia se notaba en su voz, no eran buenas noticias.
- En parte si, pero también hay otra causa- Shamal lo vio fijamente y suspiró, era ahora o nunca- Hayato...estás esperando un hijo.
- ... ¿Q-qué?- lo miraba en shock.
- Estás embarazado.
-...- durante un segundo parecía que el mundo se hubiera detenido y entonces...- Jajaja ¡Deja de bromear con eso idiota!- Gokudera empezó a reírse histéricamente pero era evidente que sólo se mentía a sí mismo- ¡Eso es imposible! ¡Tú mismo dijiste que esas cosas no funcionaban!
- Eso era antes de que despertaras tus cinco tipos de llamas.
El italiano se calló inmediatamente y su expresión se puso en blanco, parecía que se había quedado congelado y perdió todo el color del rostro, ni siquiera parpadeaba. Por un instante Shamal pensó que colapsaría allí mismo y no podía culparlo, las emociones fuertes no eran buenas para él en ese estado.
- Explícate- pronunció de repente llamando la atención del doctor.
- B-bueno, tú tienes cinco tipos de llamas en tu cuerpo que necesitan mantenerse en un equilibrio perfecto, si alguna de ellas perdiera el control el resto también lo haría y terminarían destruyéndote desde adentro pues tu cuerpo no podría soportarlo- inició como si diera una charla científica- De alguna manera tú te las has ingeniado para lograr eso dejando que cada una permanezca latente en tu interior pero eso no significa que ellas no te afecten en algo- volteó para mirarlo a la cara- Las llamas del sol tienen la propiedad de la activación y al estar presente en tu cuerpo de alguna manera iniciaron la regeneración de las células de esos órganos como si los estuvieran curando y los volvieron funcionales.
- No, e-eso no...no puede ser- no lo creía.
- Sé que es difícil escuchar esto, pero...
- ¡No! ¡No sólo es difícil! Esto no...no me puede estar pasando- estaba perdiendo el control.
- Necesito que te tranquilices, alterarte no te hace bien y a él tampoco- señaló su vientre.
- ¡No lo trates como si fuera alguien! ¡No lo es! ¡Es sólo un estúpido grupo de células que NO debería estar ahí! Es...es eso...es como un tumor.
- ¿Qué dices?- lo miró confundido, ¿estaba insinuando lo que creía?
- ¡Sácalo! ¡No lo quiero! ¡Extírpalo y haz lo que quieras con esa cosa, pero no lo quiero!
- ¡Tranquilízate Hayato!- levantó la voz mientras lo miraba con el ceño fruncido, uno de sus mosquitos voló amenazadoramente alrededor del joven- No me hagas calmarte a la fuerza.
- ¡No me digas que me calme! ¡Esta es una pesadilla!
- Rayos...- suspiró el doctor- Tú lo pediste.
- ¿Q-qué?- dijo al sentir un pequeño piquete en el cuello y empezó a ver borroso.
El doctor lo observó un poco más, sabía que debía ser cuidadoso para no empeorar el estado del muchacho así que sólo le aplicó un sedante suave que lo pondría a dormir unas horas. Necesitaba que se tranquilizara para hablar de cómo afrontarían las cosas de ahora en adelante, no iba a ser un tema sencillo. Suspiró cuando vio cómo el menor finalmente cerraba los ojos para dormir, unas cuántas lágrimas cayendo de sus ojos en el proceso.
Esto iba a ser difícil.
Miraba nervioso el reloj notando cómo los minutos pasaban y aún no había rastro de su mano derecha. De nuevo no había vuelto del receso y por experiencias pasadas sabía que eso nunca significaba algo bueno pero ya que no entendía lo que pasaba sólo le quedaba esperar a que este apareciera para hablar con él. Probablemente se encontraba otra vez en la enfermería sintiéndose mal, debía hablar seriamente con él acerca de ir al hospital porque esos síntomas eran preocupantes.
Miró hacia la pizarra intentando concentrarse pero era inútil, necesitaba saber que pasaba con sus amigos y aunque sabía que Reborn ya debía tener sospechas, este nunca se las decía y siempre le contestaba con un "descúbrelo solo" cuando se lo preguntaba. Era exasperante.
Su mirada se dirigió a un costado y vio de reojo a Yamamoto, su semblante estaba tranquilo y actuaba como si nada pasara, como si no le importara en lo más mínimo que Gokudera fuera a clases o no y algo le decía que no estaba fingiendo del todo.
Frunció el ceño.
Sin importar lo que hubiera pasado entre ambos no podía creer que el beisbolista se hubiera vuelto tan desconsiderado. Habían estado juntos desde que comenzaban segundo, es decir hace un año y medio, no podía entender como lo dejaba ir de esa manera o como no le tenía algo de consideración a todo ese tiempo a su lado.
Ya no los entendía.
Volvió a mirar la pizarra para perderse entre todos los números que estaban escritos en ella. Buscaría a Gokudera cuando terminaran las clases y le ordenaría que le dijera toda la verdad para poder ayudarlo.
No lo dejaría solo.
Abrió los ojos con pesadez e intentando acostumbrarse a la luz. Su cabeza le daba vueltas y no podía mantener sus pensamientos en orden pero cuando la palabra "embarazo" cruzó su mente, toda la pesadilla de la que había escapado temporalmente cayó sobre él. Su mirada expresaba terror y volteó asustado encontrado al pervertido doctor sentado junto a su cama. Sólo una mirada entre ambos basto para que retomaran la conversación desde donde la habían dejado, ahora con un italiano más tranquilo de por medio.
- Esa no es una opción- explicó severo.
- ¿Por qué? ¡Lo quiero fuera de mí! Si no lo haces tú buscaré a alguien que lo haga o lo haré yo mismo- retó sentándose.
- ¡Cálmate y escucha!- lo sujetó fuertemente de los hombros para que lo mirara a los ojos- El producto y el saco que lo contiene están fuertemente adheridos a tus órganos internos, además que se aferraron a la aorta abdominal para poder proveerse de sangre, si intento sacártelo tendría que operarte y terminaría desgarrando algo, morirías desangrado en segundos.
- ¡Eso no me importa! Además, ¿cómo puedes estar tan seguro?
- Porque mientras estabas inconsciente te hice una ecografía- respondió como si fuera lo más normal del mundo, sólo en ese momento Gokudera notó la máquina extraña que se encontraba en una esquina- Sabía que te resistirías así que tuve que hacerlo de esa forma. Tienes un poco más de tres semanas de gestación.
- ¿Tres?- preguntó mientras hacía cálculos mentales, su expresión paso del aturdimiento al horror en cuestión de segundos cuando se dio cuenta de lo que eso significaba- No...oh no...¡diablos!- gritó con rabia mientras se encogía sobre sí mismo ocultando su mirada.
- ¿Algún otro problema?- la reacción hablaba por si misma pero quería confirmarlo.
- ...Yo...no sé de quién es...- susurró bajito pero lo suficientemente audible para el otro.
- Ah...ya veo- eso no se lo esperaba, según tenía entendido el novio del ojiverde era el beisbolista pero si decía que no sabía de quien era entonces...bueno, no era quien para juzgar al chico.
- No quiero tenerlo- murmuró firme pero sin mirarlo.
- Ya te dije que esa no es una opción, además aún tengo algo de ética como médico- lo observó con el ceño fruncido pero se relajó- Vamos, no puede ser tan malo.
- ¿Eso es lo que crees?- otra vez se estaba alterando- ¡Mírame! ¡Soy un hombre! De por sí esto ya es una aberración pero ¿te has fijado la edad que tengo? ¡Recién voy a terminar el tercer año!
- Bien, eso significa que ya vas en el último año y ¡vamos! Eres un chico listo ¿no? Realmente no necesitas la escuela- dijo intentando animarlo- Aunque debo admitir que si me preocupa un poco, este tipo de embarazo de por sí es muy riesgoso y podría empeorar porque eres muy joven, pero si te cuidas...
- ¿Cuidarme?- interrumpió con rabia- ¡Soy un mafioso! Mi vida está en peligro constante y el juudaime...Oh Dios... ¿Co-cómo se supone que voy a proteger al juudaime en estas condiciones?- la preocupación absoluta se reflejaba en su rostro.
-Sé que el Vongola lo entenderá.
- ¡No puedo decírselo! Sería una total vergüenza, no podría soportar causarle esa humillación- se cubrió la cara con las manos- Esto es horrible, es demasiado para mi solo...
- No estarás solo.
- ¿No?- respondió sarcástico y volteó a verlo con una mirada que intentaba reflejar odio pero en la que se notaba el dolor- Yamamoto me odia y...él...él sólo jugó conmigo.
- De acuerdo, las cosas no están bien pero tampoco tenemos muchas opciones- intentó animar las cosas de nuevo- No podemos interrumpir el proceso así que lo único que podemos hacer es esperar a que sobrevivas hasta que el tiempo se complete, el producto debería desprenderse por sí mismo para poder nacer y entonces podríamos sacarlo sin causarte mucho daño.
- Un momento... ¿sobrevivir?- lo miró con desconfianza- ¿Estás diciendo que la enfermedad que heredé de mi madre podría matarme antes?
- Bueno, en parte si pero...- había metido la pata, se suponía que estaba dándole esperanzas- La verdad es que tu cuerpo no está preparado para algo así, mientras el producto crece podría aplastar tus órganos y generar una presión dolorosa en los tractos espinotalámicos de la columna, además la pelvis...- vio el aura ensombrecida del adolescente- Pero es mejor no pensar en eso, si te estabilizamos ahora y te cuidas bien podríamos ahorrarnos muchas complicaciones futuras.
- Genial...- susurró mientras se dejaba caer en la cama y cubría sus ojos con uno de sus brazos- Si no muero durante el proceso podría morir cuando me saquen esta cosa y aún si sobrevivo a eso la enfermedad va a matarme ¿cierto?- quitó el brazo y miró a su antiguo maestro- ¿Por qué no me matas de una vez y nos ahorramos lo demás?
Para sorpresa suya Shamal sólo le dio una sonrisa comprensiva y estiró una mano para desordenarle el cabello con un gesto paternal.
- No será tan malo, en serio- luego volvió a su pose seria- Dime, el dolor que tuviste el otro día ¿se debió a algo en especial?
- Yo...peleé con Yamamoto y el me golpeó lo suficientemente fuerte para mandarme al piso.
- Entonces es tal como pensé, tuviste una amenaza de aborto provocada por esa caída y sin saberlo las vitaminas que te di debieron ayudarte, además de que guardaste el reposo necesario al no venir estos días- miró pensativo el techo un momento- Aún así no debes hacer ningún esfuerzo y debes alimentarte bien, en los exámenes también salió que tienes anemia y eso podría ser una complicación mayor así que te daré algunas vitaminas...oh, y tampoco puedes usar tus cajas de armas en lo más mínimo y por supuesto olvídate de los cigarros.
- ¿Y cómo protegeré al juudaime?- preguntó preocupado por la seguridad de su jefe, tanto que no le prestó atención a lo de los cigarros.
- Tendrás que dejar eso en segundo plano y limitarte a explicarle las tareas- respondió risueño como si fuera divertido.
- ¿Porqué haces esto?- lo miró confundido- Tú no atiendes hombres.
-Digamos que es un caso especial ¿si?- le sonrió- Y hasta que sepas cómo lidiar con esto, lo mantendremos como nuestro pequeño secreto, me encargaré de revisarte periódicamente.
-...Gracias- y antes de poder evitarlo se había aferrado con fuerza a la bata del doctor y ocultado su rostro en su pecho, derramando las lágrimas contenidas por todas las emociones que había tenido en solo un día.
El doctor sólo le acarició el cabello pero no se molestó en apartarlo. Aunque eso fuera en contra de su propia política no podía dejar al albino solo en eso. Podía ser un mocoso imprudente y malcriado pero la situación por la que estaba pasando era algo muy difícil y que no le desearía a nadie. Una charla de sólo treinta minutos le había cambiado la vida por completo.
Sólo por esa vez haría una excepción.
O_O ¡Muajajajaja! ¡Lo hice de nuevo! XD ¡Le destruí la vida a Haya-kun!
Bueno, sólo para aclarar: los tractos espinotalámicos son los que transportan los estímulos del dolor y se encuentran en la columna. (Si, tuve que desenpolvar mi libro de neuroanatomía en el que me hicieron aprender todo el cerebro y la estúpida médula espinal ¬¬). Intenté hacer este m-preg lo más pegado posible a la realidad, pero usando los elementos del anime. Espero que haya quedado bien y que convezca ^_^U, aún así si no les gustó pueden hacermelo saber con un review.
Eso es todo ¡no me maten! TT_TT
Ciao!
