Aquí vengo con otro capítulo de la novela preferida de las seis XD. Como sea, me tomó tiempo hacerlo y aún no estoy muy convencida con el resultado, pero al menos explica lo que debe explicar. Las cosas que están mal pueden ir peor en mis fics así que ya pueden pensar en lo que viene ^_^U. No les quito más tiempo, la pagina ya me quito suficiente cuando no me dejaba actualizar -_-U

Disclaimer: Katekyo Hitman Reborn no me pertenece.


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Chances fail

La campana de término de clases había sonado hace unos minutos y de nuevo su peliplateado amigo no había aparecido, incluso el profesor le preguntó por él y tuvo que decirle que se encontraba en la enfermería por la misma razón por la que había faltado los anteriores días, por suerte este no hizo más preguntas y pudo suspirar tranquilo, no se le daba bien mentir aún cuando sabía que en parte podía ser verdad. La intranquilidad lo carcomía por dentro mientras se dirigía donde el doctor, la situación se complicaba y ya los demás lo habían notado. Kyoko lo había detenido unos minutos para preguntarle por el bombardero con un rostro preocupado y no le pudo decir mucho, Ryohei también lo había ido a buscar con la diferencia que él gritó que estaba preocupado al extremo desde el otro lado del pasillo. Incluso a Haru y a los niños les había llamado la atención que el italiano no estuviera metido en su casa intentando enseñarle algo de matemáticas por lo que la castaña decidió tomar su lugar como tutora y el bovino, extrañamente, hacía menos travesuras que de costumbre.

Suspiró. Todos sabían que algo andaba mal y lo peor era que no tenían idea de qué hacer para ayudar. Su familia estaba inquieta y aunque hacía todo lo que podía para mantener la calma, él mismo necesitaba tranquilizarse.

Lo peor había sido la reacción de Bianchi al perseguirlo por toda la casa con pasteles en mano para intentar sacarle algo y sólo había dejado de hacerlo cuando Reborn, de nuevo con ese aire de saberlo todo, le había dicho que "aún no era tiempo" y que debía esperar un poco más.

¿Esperar a qué?

Era la duda que no podía sacar de su cabeza. Era como si el arcobaleno hubiera querido darles una pista que no podían captar del todo. Por otro lado, le molestaba enormemente que los únicos a los que parecía no importarles fueran los mismos que tanto parecían preocuparse antes por el italiano. Yamamoto no se había molestado en acercarse a preguntar nada y sólo se dedicaba a entrenar, mientras Hibari seguía aterrorizando a la escuela como de costumbre sin voltear ni una sola vez a verlos. No estaba bien que ambos lo dejaran solo en este momento, no era justo.

Salió de sus pensamientos cuando se dio cuenta que estaba en la puerta de la enfermería. Tocó suavemente antes de entrar y pudo ver al doctor Shamal guardando algunos papeles en un archivo y al ojiverde sentado en una cama, limpiándose el rostro de lo que parecían... ¿lágrimas?

- ¡Gokudera-kun! ¿Te sientes bien?- se acercó preocupado a su amigo.

- ¡Cla-claro juudaime! Es...es sólo que me acabo de despertar- dijo con una sonrisa que se notaba fingida haciendo suspirar al capo al darse cuenta que de nuevo se estaba esforzando en no molestarlo.

- Sé que algo te pasa Gokudera-kun, ¿vas a decírmelo de una vez o tendré que obligarte?- la seriedad en su voz hizo que ambos italianos lo miraran sorprendidos.

- Y-yo...- no sabía que decir, no quería mentirle a su jefe pero aún no estaba listo para hablar de algo que ni él mismo terminaba de aceptar- Lo que pasa es que...- sabía que el castaño no se quedaría tranquilo sin una respuesta, así que tendría que darle una verdad a medias- Estoy enfermo, juudaime.

- ¿E-enfermo? ¿Qué es lo que tienes?- se alarmó el menor mientras se acercaba para mirar más de cerca al peliplata.

- Tengo la misma enfermedad que mató a mi madre- observó su cara perpleja- Ella la tenía desde antes que yo naciera y...no pudieron encontrar una cura- no pudo evitar desviar la mirada- Sabía que iba a morir y rechazó la propuesta de matrimonio de mi padre para que ni él ni yo tuviéramos que sufrir viéndola así, por eso que me dejó con él. Cuando yo cumplí tres años ella iba a verme al castillo pero...la enfermedad la mató antes de que llegara y provocó el accidente.

El silencio llenó por un momento el consultorio mientras el futuro jefe digería lo que acababa de escuchar, cuando finalmente entendió lo que eso significaba sus ojos se abrieron con horror mientras pasaba las miradas entre ambos hombres frente a él. El miedo lo llenó en un instante al pensar que alguien tan importante para él se encontraba en una situación tan riesgosa y esta vez, no había nada que pudiera hacer para evitarlo.

- ¿Qui-quieres decir que tú vas...que vas a...?- ni siquiera podía decirlo.

- Si le aplicamos el tratamiento adecuado no tiene que ser así- respondió Shamal entrando en la conversación- Aún con lo avances que hay ahora quizás no podemos curarlo pero si podemos darle muchos años más.

- Entonces...Gokudera-kun va a estar bien ¿verdad?- miró esperanzado al médico.

- Bueno...- dudó un poco mirando a los dos jóvenes hasta que se le ocurrió una idea- Va a estar bien siempre y cuando se cuide y ya que no puedo confiar del todo en él para eso tendré que encargártelo a ti- terminó con una sonrisa.

- ¿Qué?- gritó escandalizado- ¡No puedes molestar al juudaime con esto!

- ¡Gokudera-kun!- intervino el capo con una mirada seria y el ceño fruncido, haciendo que el peliplata se quedara quieto al instante- ¿Cuándo vas a entender que no eres una molestia? ¡Estás enfermo! Y si hay algo que yo pueda hacer entonces lo haré aunque te quejes- volteó la misma mirada decidida hacia Shamal- ¿Cómo tiene que cuidarse?

Los siguientes minutos el doctor se los pasó diciéndole a Tsuna todas las recomendaciones que el italiano necesitaría de ahora en adelante para mantenerse saludable, de todos esos la mayoría estaban relacionados con el embarazo aunque el menor no lo sabía y sólo muy pocos tenían que ver en sí con la enfermedad, principalmente porque no había mucho que pudieran hacer mientras el bombardero se encontraba en ese estado. Cuando al fin terminaron ambos jóvenes salieron juntos para irse a casa con el mismo paso lento con el que habían ido en la mañana. Shamal podría haberles dado un aventón pero tenía que hablar con el director e inventar una buena excusa para la situación de Gokudera.

- No vuelvas a intentar ocultarme algo así ¿de acuerdo?- dijo de pronto el castaño cuando estaban por llegar a su casa- Tengo derecho a saber lo que te pasa- no se oía molesto pero si muy serio con respecto a ese tema.

- Yo...- no podía mirarlo a la cara, no cuando aún había algo más importante que no le había dicho- Lo siento...

- No te disculpes solo...confía un poco más en mi...para lo que sea.

No volvieron a hablar pero no era necesario. Tsuna sabía que había algo más grave, su intuición se lo decía y aunque quería saberlo no podía forzar más al albino. Estaba seguro que se lo diría cuando estuviera preparado y mientras tanto, sólo procuraría cuidar de él de la misma forma en que este lo había protegido desde hace tanto tiempo.

Era hora de devolver el favor.


Las luces del atardecer entraban por los resquicios de las cortinas cerradas de las ventanas de un oscuro lugar. No se podía ver nada más allá de alguna sombra en lo que parecía ser un gran salón con muebles antiguos y cubiertos de polvo. Unas cuantas velas iluminaban lo suficiente para que las personas encapuchadas que se encontraban reunidas ahí pudieran arrodillarse frente a un ser completamente cubierto con una larga capa y una capucha, haciendo imposible verle alguna parte del cuerpo, que se encontraba sentado en un gran sillón que asemejaba un trono. El silencio inundaba el sitio hasta que la figura habló con una voz profunda.

- Entonces... ¿está confirmado?- esperó hasta que la persona más cercana se pusiera de pie.

- Si- respondió inclinándose un poco como una muestra de respeto- Nuestro informante está seguro de la información que nos brindó, repitió los exámenes varias veces para estar seguro.

- Entiendo- murmuró con un tono macabro- Esto es algo muy serio y lo tomaremos como una prioridad máxima. Debemos ocuparnos antes de que sea tarde así que vayan allá y descubran quién es, manténgame informado.

Al instante todas las figuras, excepto la que había hablado, salieron del lugar. Esperaron a oír que se habían ido antes de tratar un asunto más delicado.

- ¿Qué haremos una vez que lo encontremos, señor?

- Elimínenlo- no había duda en su voz- Algo así no debe existir.

- Pero...

- ¡No quiero cuestionamientos! Es una orden directa.

- Como diga.

Con esas palabras la última figura salió detrás de los demás, dispuesto a acatar las órdenes de su líder. Algo le decía que eso no estaba bien pero sabía que desde hace mucho ese tipo de decisiones no estaba en sus manos.


Ya había pasado un mes desde que el futuro capo de la familia Vongola se enterara de la enfermedad que padecía su mano derecha y en todo ese tiempo los roles entre ambos habían cambiado. Tsuna no sólo lo interrogaba todos los días apenas lo veía acerca de lo que había desayunado y si había tomado las vitaminas, sino que además le llevaba un bento preparado por su madre para el almuerzo y al salir prácticamente lo arrastraba a su casa para que cenara apropiadamente. Tampoco lo dejaba realizar ningún esfuerzo, por más mínimo que fuera, y ya varias veces le había confiscado los cigarrillos que le estaba costando más de lo que pensó dejar. Gokudera no quería ser una molestia para el castaño así que seguía todas las indicaciones para no generar problemas innecesarios a su jefe y por suerte, según los últimos análisis que le había hecho Shamal, la anemia había disminuido bastante y las cosas parecían ir bien.

Por otro lado, se sentía más fatigado que antes, tenía mucho sueño y a veces sentía una leve presión en la cadera que lo molestaba un poco, además que su sentido del olfato se había agudizado y cada vez que percibía el olor de la comida tenía náuseas y ganas de vomitar que no siempre podía contener, terminando con él corriendo a buscar un baño y dejando a un muy angustiado Tsuna esperando. Todo eso le llegaba a empeorar aún más su cambiante humor. Por suerte, el décimo le había atribuido esos síntomas a la enfermedad y no sospechaba de la verdadera causa.

Ese día, sin embargo, se estaba yendo solo a casa por primera vez desde hace mucho tiempo. El arcobaleno tenía preparado un entrenamiento especial para el capo y este no había podido oponerse, principalmente por la pistola que le apuntaba a la cabeza, así que se había ido no sin antes darle un gran número de indicaciones al albino para que llegara seguro a casa.

Ya estaba a la mitad del camino cuando pudo sentir el peligro.

Se detuvo en medio de la calle y buscó algún lugar donde ocultarse en caso de que fuera algo serio. El juudaime había sido muy claro acerca de que debía alejarse de los problemas. Pudo ver un callejón que estaba seguro era un atajo hasta la zona donde vivía pero antes de poder siquiera acercarse una sombra se le tiró encima y pudo esquivarla por sólo unos centímetros, apenas estaba estabilizándose en el suelo cuando tuvo que saltar para no ser atravesado por la decena de dagas que le arrojaron. Después de esconderse detrás de un basurero aprovechó el escándalo y la huída que emprendieron las asustadas personas que se encontraban cerca para observar a su atacante.

Una figura imponente cubierta del todo por una capa negra y una capucha con bordes dorados sobre su rostro. Definitivamente no era una persona común.

Por instinto dirigió su mano a uno de sus bolsillos para sacar la caja de Uri pero recordó que Shamal le había prohibido totalmente usar sus flamas.

- Demonios...- susurró pero fue lo suficientemente audible para que el desconocido lo atacara con dagas otra vez y un mareo se presentó por el movimiento repentino que hizo al evadirlas- Ahora no...

Sólo ese segundo basto para que su oponente sacara un arma de caja dorada y la abriera sacando una extraña ave que se lanzó al ataque. No lo pensó más. Sacó el sistema CAI y se cubrió con los escudos, ese movimiento pareció sorprender al otro y ahora él tomó la oportunidad para atacarlo con una bomba de humo, aprovechando su confusión desapareció del lugar al instante. Cuando se sintió seguro y supo que nada lo perseguía se dio un momento para descansar siendo inundado inmediatamente por un fuerte dolor en el vientre. Supo lo que eso significaba pero no podía hacer mucho, la debilidad no lo dejaba avanzar y sabía que en cualquier segundo perdería la conciencia.

Se sentó en suelo para evitar una caída brusca.

- ¡Gokudera-kun!

Fue lo último que oyó antes de que todo se volviera oscuridad.


No le sorprendió despertar en la enfermería, lo que si le sorprendió fue ver a su jefe tan perturbado a un lado suyo. Volteó la mirada a Shamal y vio detrás de él la estúpida máquina para hacer ecografías. Lo entendió todo. Juudaime ya lo sabía.

El silencio rodeó a los presentes un momento antes de que finalmente el peliplata se atreviera a sentarse y hablar.

- Juudaime yo...

- ¿Por qué no me lo dijiste? Esto es algo serio, Gokudera-kun- lo interrumpió el castaño dándole una mirada severa.

- No...no sabía como decírselo, aún me cuesta hacerme la idea- no se atrevía a verlo a la cara- Me da tanta vergüenza...

- No tienes porque tenerla, esto no es algo malo- se sentó a su lado en la cama y estiró con miedo una mano hasta uno de sus hombros- El doctor Shamal ya me explicó lo riesgoso de todo esto y ahora que conozco la situación vamos a hacer todo lo posible porque tú y ese bebé estén bien.

- Pero...- agachó la cabeza por lo que iba a decir- Yo no lo quiero...

Pudo sentir claramente como el capo se tensaba cuando dijo esas palabras pero tenía que ser sincero. Comprendía que su jefe era una persona muy amable y por la manera en que había hablado de la "cosa" que tenía adentro, sabía que se molestaría porque pensara de esa forma pero no podía evitarlo. No estaba listo para algo así, ya tenía suficientes problemas.

- Escúchame Gokudera-kun- hizo que lo mirara a la cara y apretó el agarre en su hombro- Sin importar las circunstancias, este niño no tiene la culpa de nada ¿entendido? Sé que no puedo obligarte a ser padre si no quieres pero...sólo...sólo deja que nazca, si después de que eso ocurra no has cambiado de opinión entonces...buscaremos otra solución.

- Juudaime...- lo miró sorprendido, el castaño era más comprensivo de lo que jamás había pensado y no pudo evitar que unas lágrimas estuvieran a punto de salir- Gracias por entenderlo.

- Bien, ahora tengo que irme, ya me retrasé en el entrenamiento que Reborn me puso cuando salí a buscarte- observó la mirada interrogativa de su amigo y supuso que quería saber cómo lo había encontrado- Tuve un presentimiento pero eso no importa, el doctor Shamal te llevará a casa- le dio una sonrisa mientras se ponía de pie y se dirigía a la puerta- ¡Nos vemos mañana Gokudera-kun!

Después de que el menor se fuera con una sonrisa, el silencio volvió a llenar la habitación por unos segundos.

- ¿Qué te pasó? Estoy seguro que eso no fue un simple desmayo provocado por tu estado- habló por primera vez el médico.

- Me atacaron y tuve que defenderme usando mis armas de caja.

- ¿Estás loco? ¡Te advertí que no las usaras! ¡Es muy riesgoso!

- ¡No tuve otra opción! Ese no era un tipo común, tenía una capa extraña que no le dejaba ver el rostro y también usaba armas de caja con un ave aún más extraña dentro.

- Así que ya empezaron a actuar.

Una voz que no provenía de ellos sonó y ambos voltearon a la ventana, encontrando a Reborn parado allí con una mirada seria. Era obvio que había escuchado todo lo que habían hablado con Tsuna. El arcobaleno entró de un salto y se acomodó en la cama frente a Gokudera, parecía que iba a ser una charla seria.

- ¿Sabes quién lo atacó?- preguntó el doctor.

- Fueron los Riscatto- observó a los ojos al peliplata antes de seguir- Son un grupo que tiene la misma condición que los Vendicare, sólo que ellos se encargan de proteger las costumbres más antiguas y arraigadas dentro de la mafia. No muchas familias están de acuerdo con ellos por las tradiciones tan estrictas y anticuadas que tienen pero nadie se atreve a decirles nada o de lo contrario, se considera que esa familia ha caído en desgracia y llevado la vergüenza a su nombre.

- Pe-pero... ¿por qué me atacaron?

- Debieron enterarse de alguna forma de tu estado y eso es algo que ellos no pueden permitir- suspiró y dejó que su sombrero cubriera sus ojos- Para ellos, un hombre que cumple el rol de procrear de una mujer es una aberración de la naturaleza, algo que no debe existir y consideran que su deber es solucionar ese error- levantó la mirada de nuevo- Van a intentar eliminarte y borrar toda evidencia de que esto alguna vez pasó.

El silencio se volvió tan incómodo y pesado que ninguno podía respirar bien. Por la mente de Gokudera pasaban mil pensamientos contradictorios, cada uno más perturbador que el otro y sentía que en cualquier momento toda esa presión terminaría por matarlo.

- Los primeros exámenes que le hice fueron en un hospital- susurró Shamal mientras se rascaba la cabeza con el ceño fruncido- Debieron obtener la información de ahí.

- Ya me imaginaba que tarde o temprano se enterarían, ellos tienen informantes en todos lados, sólo esperaba que nos dieran suficiente tiempo para pensar en una manera de tener al niño y a Gokudera seguros. La familia no puede involucrarse directamente o tendremos serios problemas.

- Entonces... ¿qué haremos?- el italiano no iba a aceptarlo pero estaba empezando a sentir miedo.

- Por ahora nada- vio la mirada asustada del albino y continuó- Si sólo fue uno por ti eso quiere decir que aún no saben quien eres o al menos no saben que estás dentro de nuestra familia. Hasta que lo averigüen tendrás que andar con cuidado y evitar llamar la atención, una vez que tu embarazo esté en una fase más segura te trasladaremos a un refugio secreto para que no te encuentren. Es lo único que está en nuestras manos.

- Entiendo...- agachó la cabeza para que no vieran su semblante lleno de dudas- Si eso sirve para no poner en peligro a la familia por mi culpa, lo haré.

- Bien- el arcobaleno asintió a la respuesta del albino- No le diremos nada a Tsuna por ahora, ya tiene demasiado que analizar y puede hacer algo imprudente intentando protegerte.

Con esas últimas palabras el bebé saltó a la ventana para desaparecer de nuevo. El doctor se quedó mirando la ventana por unos minutos, como si aún pudiera ver a Reborn antes de darse la vuelta para ver al desamparado adolescente sentado en la cama. No pudo evitar sentirse mal por él, ya tenía demasiados problemas como para ahora sumarle este más, ¿es que el destino no tenía ya suficiente contra él? Sabía que lo único que podía hacer era mantenerlo lo más sano posible para que tuviera las fuerzas de soportar lo que venía.

- Alístate, es hora de ir a casa- fue lo único que pudo decirle.

El ojiverde escuchó esas palabras y las obedeció de manera automática, sin estar realmente muy consciente de lo que hacía. Lo único que tenía en la cabeza era la idea que sus oportunidades se estaban yendo una a una y no podía hacer nada para aferrarse a ellas. Cuando creía encontrar una alternativa que solucionara sus problemas al menos temporalmente, algo pasaba y su mundo se derrumbaba de nuevo. No sabía cuantas veces más iba a aguantarlo.

Ahí queda la idea de llevar las cosas con calma.


Soy tan buena complicando las cosas ^_^. Espero que les haya gustado y si no, bueno...ya saben como hacérmelo saber. Ahora me gustaría informar algo. Según algunos rumores que he escuchado, el hecho de que Japón se encuentre justo en el lado opuesto al mundo de mi país hace que existan posibilidades de que ocurra un movimiento telúrico de intensidad similar al que ocurrió en ese país aquí. Eso no es nada confirmado pero si escuchan que algo así pasó y no actualizo esto en un buen tiempo...bueno...o_o... T_T...les doy permiso de continuarla por mí TT_TT.

Espero que eso no pase, aunque ya pasé por un terremoto ese no llegó a esa intensidad y sinceramente, no me gustaría tener que volver a vivirlo.

Eso es todo.

Ciao!

¡Fuerza Japón!