¡Por fin! No tienen idea de cuanto me costó escribir este capítulo, además de que tuve que lidiar con los exámenes y un trabajo que aún estoy haciendo -_-U, pero ¡aquí está! No estoy muy segura de cómo quedó pero no me gusta mucho :/ aún así es lo mejor que pude hacer, ustedes opinarán. Sé que hoy es el cumple de Yama pero no pude hacerle ningún regalo, así que tendrá que conformarse con esto XD.
Disclaimer: Katekyo Hitman Reborn no me pertenece.
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Trains derail
Su vida nunca había sido sencilla, no desde que se había ido del castillo y aún antes de eso, vivir con las miradas de frialdad de quien en ese momento creía su madre no había sido agradable. Cuando comenzó a vivir en las calles aprendió lo realmente dura que podía ser la vida pero también aprendió a no rendirse nunca por más que todo pareciera empeorar. Pasó por muchas cosas, buenas y malas pero ninguna, absolutamente ninguna, podía prepararlo para lo que le ocurría en esos momentos. Se había acostumbrado a que las cosas empeoraran siempre para él pero esto ya era el colmo.
Tener a un molesto grupo de células creciendo dentro tuyo y sin contar con el más mínimo apoyo de los dos posibles responsables era horrible, que un grupo de locos moralistas te persiguiera para eliminarte era peor, que la misma persona a la que se supone tú debías cuidar se haya vuelto una especie de niñera exagerada…eso lo volvía todo completamente bizarro.
No es que le molestara la ayuda que juudaime intentaba brindarle, ¡eso nunca! Era sólo que su actitud se había vuelto casi paranoica y a veces lo asustaba un poco.
Las molestias propias de su estado se habían mantenido e incluso incrementado un poco. Las náuseas y los mareos no eran nada agradables, ya casi no podía comer nada lo cual era malo porque Shamal le había advertido que esa era la etapa más delicada y riesgosa del embarazo así que no podía darse el lujo de descuidar ningún aspecto. Por otra parte su querido capo no lo dejaba hacer ningún esfuerzo y estaba seguro de que si estuviera en sus manos, lo tendría recostado en reposo absoluto todo el día. Por otra parte, había empezado a tener antojos extraños que intentaba disimular a toda costa para no molestar, lo cual era completamente inútil frente al castaño.
- ¿Te pasa algo, Gokudera-kun?- le preguntó cuando lo vio mover la cabeza de lado a lado como si buscara algo mientras pasaban frente a la cafetería.
- No, no es nada juudaime- intentó disimular lo mejor que pudo, no quería admitir que un delicioso aroma había captado sus sentidos.
- Gokudera-kun, por favor- frunció levemente el ceño el capo mientras esperaba que el otro dijera de una vez lo que quería.
- Es…- suspiró rendido el peliplata, realmente quería probarlo- Es el pastel de moras.
- ¿Ves que sólo tenías que pedirlo?- respondió con una sonrisa su jefe e inmediatamente se fue a conseguirlo.
Al cabo de unos minutos regresó con el pastel y un vaso que tenía té verde. Desde hace algún tiempo habían descubierto que eso era lo único que le quitaba los mareos y las náuseas así que lo tomaba con cada comida para evitar devolverla después. Fueron a sentarse en la azotea como siempre y se quedaron en silencio mientras el italiano terminaba su alimento.
- ¿De verdad no vas a decirles nada?- interrumpió el silencio el capo, mirando de reojo a su mano derecha.
- No tienen porque saberlo- respondió sin levantar la vista de la comida, sabía perfectamente a que se refería su jefe.
- Pero…ellos deberían ayudarte ahora- mencionó con el ceño levemente fruncido de nuevo, su amigo de verdad necesitaba de todo el apoyo posible- Es su responsabilidad.
- Sólo es la responsabilidad de uno, pero hasta que no sepa de cual no puedo involucrarlos, además ni siquiera estoy seguro de quedarme con…con…- no pudo seguir, aún no aceptaba la idea del todo pero sabía que el castaño entendía lo que quería decir- Por otro lado, ninguno de los dos va a querer hacerse cargo. Yamamoto me odia y no quiere volver a verme, y a Hibari no le importo en lo absoluto.
- ¡No digas eso!- reaccionó al ver como entristecía el peliplata- Puede que Yamamoto esté enojado pero si le dices lo que pasa intentara ayudarte y Hibari-san…bueno…tendremos que convencerlo de algún modo.
- No quiero que se me acerquen sólo por compromiso- su voz sonaba firme- Todo lo que pasó fue mi culpa y no es justo que le complique aún más las cosas a Yamamoto, ya le hice suficiente daño. Y en cuanto a Hibari- su ceño se frunció con molestia- No quiero tener nada que ver con él.
- ¿Estás seguro de eso?- lo miró fijamente, si le respondía de nuevo lo mismo ya no le volvería a insistir.
-…- hubo un momento de silencio mientras reconsideraba las cosas pero el resultado fue el mismo- Si, estoy seguro, ellos no deben saber acerca de esto.
No volvieron a tocar el tema, simplemente disfrutaron lo que quedaba del receso antes de regresar a clases fingiendo que las cosas seguían como siempre.
Ya tendrían tiempo para preocuparse después.
Las cosas no estaban saliendo como esperaba.
El arcobaleno frunció el ceño mientras la pequeña mariposa que había estado posada en su mano salía volando por la ventana de la habitación de Tsuna. Sabía que las cosas podían complicarse en cualquier momento pero las noticias que sus informantes le habían traído eran en verdad desalentadoras.
Los Riscatto ya habían dado con el paradero de Gokudera y probablemente estarían planeando atacarlo en cualquier momento, además habían investigado todas las nuevas rutas que había optado por tomar como medida de precaución así que una emboscada era casi inevitable. Peor aún, ahora que sabían de la relación de este con la familia Vongola era probable que también los tuvieran bajo la mira. No había mucho que hacer, les habían cerrado la mayoría de las salidas que habían considerado.
Pero eso no era suficiente.
Ya había hecho las llamadas necesarias a los contactos y todo estaba listo para sacar a Gokudera de la ciudad ese mismo día. Viendo el lado positivo el embarazo había superado la etapa más delicada y a las doce semanas los síntomas empezarían a disminuir considerablemente por lo que el traslado ya no debería ser tan problemático. Por otro lado, ya era hora de que empezara a notarse el vientre así que no podían arriesgarse a que se quedara por más tiempo.
Lo que seguía era ir a buscar al peliplata para comentarle que todo estaba listo, ya se encargaría después de explicarle las cosas al bueno para nada de Tsuna.
Se encontraba camino a casa por una de las rutas alternas que ya llevaba tiempo tomando. Estaba solo, pues el juudaime tenía cosas que hacer y no quería molestarlo, y completamente atento a lo que le rodeaba, después de todo, aunque esos sujetos no hubieran vuelto a aparecer no podía confiarse demasiado, sabía que aún estaba en peligro y en cualquier momento podía ser atacado.
Y no se equivocó.
Al voltear por una esquina aparecieron dos encapuchados frente a él y supo que no tenía que voltear para saber que había otros dos detrás suyo, todos con sus armas en mano y listos para atacar. No lo dudo un instante para sacar dos de sus bombas de humo y arrojarlas para cubrirse e intentar huir. Por un momento pensó que lo había logrado pero debió suponer que el mismo truco no funcionaría dos veces, uno de los encapuchados salió de la humareda directo hacia él.
Todo fue muy rápido, sabía que no tenía tiempo de intentar nada más.
Cerró los ojos y esperó el golpe pero este no llegó, sólo escuchó el disparo de un arma. Abrió los ojos para encontrarse con todos los hombres inconscientes en el piso y al voltear a un costado vio al pequeño hitman con la pistola en mano. No sabía cómo reaccionar, eso había sido inesperado.
- Muévete, no están muertos así que pueden despertar.
No necesitó escuchar la orden de nuevo y corrió a todo lo que podía hacia su departamento con el arcobaleno en el hombro, cerrando la puerta con todos los cerrojos que tenía apenas entró.
- ¿Por qué…?- no pudo terminar su pregunta.
- No pueden saber que fui yo quien te ayudo o la familia estará en problemas, si mataba a alguno iban a hacer de este un asunto personal- respondió las preguntas no formuladas de una sola vez- Tienes que irte hoy, ya saben lo suficiente de ti como para atacarte mientras duermes.
Ya se esperaba esa noticia pero de todas formas no pudo evitar sorprenderse, aún así no perdió el tiempo en empezar a alistar una mochila con todo lo necesario para un viaje urgente. No tenía idea de que cosas podría llegar a usar y cuáles podrían ser sólo un estorbo pero quería estar preparado para todo, ya había tentado demasiado a su poca suerte al quedarse en la ciudad durante todo un mes después de haber sido atacado, no podía arriesgarse más. Cuando considero que ya estaba listo le hizo una seña a Reborn pero antes de que salieran del departamento decidió pedirle un último favor.
- ¿Puedo despedirme?- su voz era un susurro pero se escuchaba claramente.
- No tenemos mucho tiempo.
- No tomara demasiado.
-…- el bebé pareció meditarlo unos segundos antes de empezar a caminar en dirección a la puerta- En el templo en cuarenta minutos, no te demores o no me haré responsable de lo que te pase.
- Entiendo.
Eso sería más que suficiente, no había mucho que necesitara decir.
Corrió todo lo rápido que su estado le permitió, ya había ganado algo de peso pero no lo había notado hasta ese momento en que estaba sintiendo una molesta presión en el vientre por el esfuerzo que realizaba. Aún así no se detuvo hasta llegar a su objetivo: la secundaria Namimori.
Las dos personas a las que buscaba estaban allí.
Se acercó a la cancha de beisbol notando que se encontraba casi vacía pues los jugadores estaban alistando sus cosas para irse. Caminó despacio hasta que lo vio. Yamamoto terminaba de guardar su bate y se despedía de sus compañeros con un gesto de la mano al tiempo que se aproximaba a la salida donde él se encontraba.
- Yama…- intentó hablarle pero el beisbolista sólo pasó de largo- ¡Espera!- lo sujetó del brazo antes de que se alejara.
- ¿Qué quieres ahora Gokudera?- le preguntó con una voz fría y sin acercarse a él.
- Yo…- dudó un momento pero sabía que no tendría otra oportunidad- Sólo quiero hablar contigo, por favor- soltó el brazo que aún había estado sujetando.
El moreno pareció pensarlo por unos minutos para finalmente suspirar y empezar a caminar hacia un lugar un poco más alejado, seguido del italiano que no se atrevía a levantar la vista del piso.
- ¿Qué es lo que quieres?- preguntó apenas se detuvo detrás de los vestuarios.
- Yo sólo…- lo pensó bien unos segundos hasta decidirse- Sólo quería decirte que lo siento, sé que te lo dije antes pero tú no me creíste y no quiero que pienses que lo dije por lástima. En verdad no era mi intención lastimarte Takeshi- pocas veces lo llamaba por su nombre pero ahora era necesario.
- ¿A qué viene todo esto? Tú y yo no vamos a regresar- sentenció sin voltear a verlo, la herida aún le dolía.
- Lo sé y eso no es lo que pretendo- explicó calmado como pocas veces mientras estiraba un poco más su saco para ocultar su poco visible vientre- Eres una persona muy valiosa para mí, siempre lo has sido y eso no va a cambiar. No te merecías lo que hice, soy perfectamente consciente de eso y tampoco te pido que me entiendas o me perdones, no me lo merezco- bajo su mirada al suelo de nuevo- Yo sólo quería que supieras que de verdad lamento lo que pasó, eso es todo, no volveré a molestarte- se dio la vuelta para retirarse pero sólo alcanzó a dar un par de pasos.
- No tenía que acabar así- la voz del pelinegro se escuchó triste.
- Lo sé- respondió de la misma forma, ambos dándose la espalda- Lo que tuvimos era especial, lamento haberlo arruinado.
Fue lo último que dijo antes de empezar a correr hacia el edificio principal. Sentía las lágrimas acumularse en sus ojos y como algo dentro de él empezaba a romperse, pero prefirió echarle la culpa a sus cambios de ánimo repentinos producto del embarazo. Tenía ganas de irse de una vez, de esconderse y no salir nunca pero debía solucionar todos sus asuntos pendientes primero o nunca podría estar tranquilo.
Sólo un poco más.
Se apresuró todo lo que pudo hasta que llegó a la azotea y tomó un poco de aire antes de pasar por la puerta, su estado hacía que se agitara más de lo normal. Cuando finalmente recuperó el aliento entró despacio y tal como lo esperaba vio a Hibari allí. El prefecto estaba apoyado en la reja que rodeaba la azotea, dándole la espalda. Se acercó cauteloso, sabía que Hibari era más perspicaz que Yamamoto y tenía miedo de que notara su estado. Ya terminaba el primer trimestre así que era natural que la "pancita" se asomara levemente, aún con la ropa suelta que usaba.
- ¿A qué has venido?
El pelinegro no se molestó en darse la vuelta para preguntar y por un momento el peliplata no supo que decir. Sus emociones estaban a flor de piel y aunque le molestaba que ese idiota no volteara a verlo, por otro lado el nerviosismo que sentía le hacía saber que no soportaría su mirada. Dijo lo primero que se le vino a la mente.
- Lo nuestro realmente pudo haber funcionado- y el silencio se hizo entre ellos por unos minutos.
- ¿Por qué me dices eso?- intentó fingir que no le importaba.
- Tenía que decirlo tarde o temprano y creo que este es el momento indicado- sentía una presión en el pecho que casi no lo dejaba respirar- Si ambos nos hubiéramos esforzado lo suficiente y hubiéramos sido sinceros…quizás…
- ¿Qué te hace pensar que yo quería eso? Fue cosa de una sola noche, ya te lo dije- su voz sonó dura y fría.
- No te creo- fue muy firme al decirlo- Me costó un poco darme cuenta pero sé que estás mintiendo, tú me quieres y yo…- la voz se le quebró y agachó la mirada, ¡Estúpida inestabilidad emocional! pensó antes de continuar- Yo había empezado a quererte, de verdad lo hacía pero…
Esas palabras por fin hicieron que el prefecto se diera la vuelta para mirarlo. Pudo notar que había algo diferente en él pero no sabía cómo explicarlo, aunque en ese momento tampoco estaba muy interesado en eso, sólo quería escuchar como terminaba esa oración.
- ¿Pero…?- lo animó a continuar.
- Si tú no estás dispuesto a esforzarte por esto entonces yo tampoco lo haré, ahora tengo otras prioridades de las cuales ocuparme- su voz recuperó la firmeza y levantó la mirada para ver fijamente esos ojos azules que lo miraban con algo como… ¿arrepentimiento?- Todo entre nosotros termina aquí, Hibari.
No dijo más, se dio la vuelta e inició su retirada a paso lento como si esperara que el otro lo detuviera, pero eso no pasó. Sintió una oleada de tristeza llenarle el pecho y sin esperar más salió corriendo del edificio para encontrarse con Reborn. Así terminaba todo lo que había existido entre él y las personas que tan importantes se habían vuelto en su vida. Estaba tan concentrado en no llorar que no notó que el pelinegro lo observaba desde la azotea, con una mirada que hubiera desarmado a cualquiera antes de dejarse caer sobre sus rodillas y soltar, por primera vez en años, unas lágrimas silenciosas.
Ambos sólo tenían un pensamiento en la cabeza.
Todo había quedado atrás.
Llegó a tiempo al punto de encuentro y antes de que pudiera decir algo Reborn ya lo estaba apresurando para que subiera a la limosina que los esperaba a un costado del templo. Le hubiera gustado despedirse también de juudaime pero sabía que el arcobaleno le diría todo después y por otro lado, no había tiempo para las explicaciones que seguro este iba a pedir. Las cosas fueron muy rápidas a partir de ese momento. Antes de que se diera cuenta habían llegado a una escondida estación de trenes que suponía le pertenecía a los Vongola, el pequeño hitman lo llevó adentro y le explicó que haría ese viaje solo. El tren lo llevaría a un cuartel escondido al norte de Japón y si nada pasaba se quedaría allí hasta el parto, de lo contrario sería transportado a Italia, siempre rodeado de médicos que pudieran ocuparse de su estado en caso de que algo saliera mal.
La conversación sólo duró unos minutos antes de que el conductor les avisara que el tren iba a partir y el arcobaleno tuviera que bajar. Se encontró solo, a punto de hacer un viaje que no tenía fecha de regreso y que no sabía que tan bien pudiera salir.
Cuando el tren empezó a moverse, un sentimiento de nostalgia lo invadió e inconscientemente una de sus manos se dirigió a su poco abultado vientre, acariciándolo lentamente sin siquiera darse cuenta. Se perdió en sus pensamientos recordando cómo había llegado a esa situación y cuando notó lo que estaba haciendo retiró su mano con un bufido.
Esa cosa era la culpable de que su vida se hubiera puesto de cabeza, no tenía porque tenerle consideración alguna.
Sólo lo dejaré nacer porque el juudaime lo pidió, no me importa lo que pase con "eso" después.
Pensó firme antes de que el sueño comenzara a hacerse presente y sus ojos se cerraran arrullados por el sonido del tren.
Un estruendo lo sacó abruptamente del mundo de los sueños. Se incorporó rápidamente para observar por la ventana como una cortina de humo se dirigía hacia el vagón donde se encontraba desde la cabina de manejo. Supo inmediatamente que eso era un ataque.
Lo habían encontrado.
Tomó la pequeña mochila que había preparado y se puso a buscar una salida lateral pero todas estaban cerradas automáticamente y no pudo abrir ninguna. Recorrió los vagones hasta llegar al antepenúltimo y trató de ver por la ventana. Aparentemente no había nadie. Sacó una de sus bombas y la encendió.
Si no hay una salida, entonces tendré que crearla.
Lanzó la bomba y se cubrió, saltando a toda velocidad antes de que el humo se fuera y echando a correr apenas sus pies tocaron el suelo. Sabía que había sido algo demasiado arriesgado pero no pensaba quedarse sentado esperando a que lo encontraran. Corrió al interior de lo que parecía un espeso bosque y no tardó en darse cuenta de que ya no estaba en Namimori. Por lo menos ya no tendrían un lugar fijo en el cual ir a buscarlo.
Una explosión enorme se sintió a sus espaldas y volteó a tiempo para ver como el tren entero había explotado y se encontraba consumiéndose por las llamas.
- Van en serio con lo de eliminarme- susurró consternado mientras el fuego iluminaba la noche que había caído sin que se diera cuenta.
Desde ese momento en adelante estaba solo. No podía poner en riesgo a la familia después de ver que esos tipos estaban dispuestos a todo, no quería causar más problemas.
- ¿POR QUÉ DEMONIOS NO ME LO DIJISTE ANTES?- la voz de Tsuna se escuchaba en verdad molesta, algo nunca antes visto y mucho menos dirigida a su tutor.
- Sabía que ibas a ponerte histérico- respondió este como si nada mientras tomaba una taza de té en la habitación de su alumno- Además ya todo está solucionado, Gokudera está en camino a un lugar seguro.
- ¡Aún así tenía derecho a saberlo! Hubiera podido ayudarlo en algo…- pronunció preocupado.
Hacía sólo algunos minutos Reborn le había dicho acerca del peligro que había corrido su guardián por el simple hecho de estar esperando un hijo. Aún no podía creerlo, ¿cómo era posible que algo así fuera considerado un crimen tan horrendo como para merecer la muerte? Cada vez entendía menos acerca de cómo funcionaba la mafia y no estaba seguro si realmente quería entenderlo alguna vez. Por lo menos ahora lo sabía todo y su mano derecha se dirigía a salvo a un lugar en el que estaría bien protegido.
O al menos eso pensó.
Una llamada a su casa buscando a Reborn había sido su primera pista de que algo andaba mal, confirmada después por el semblante serio del arcobaleno al regresar. Ambos se mantuvieron en silencio unos minutos, el capo por el nerviosismo que lo paralizaba.
- ¿Y bien?- se atrevió a preguntar, ya no aguantaba la incertidumbre.
- Lo descubrieron y atacaron el tren- lo dijo de frente, sin titubeos- Lo hicieron explotar todo.
- ¿Q-qué?- no podía creer lo que escuchaba- E-entonces…Gokudera-kun…es-está…
- No podemos estar seguros- lo cortó bruscamente- Gokudera es alguien inteligente, pudo usar la confusión para huir. No lo subestimes, Tsuna.
El capo se quedó sin palabras mientras procesaba todo lo que acababa de escuchar. Sabía que su guardián era fuerte e inteligente pero por otro lado, estaba consciente de que su estado lo limitaba considerablemente para la lucha. Los nervios y la angustia volvían a aparecer en él así que intentó confiar más en su intuición.
Y esta le decía que su amigo estaba vivo.
Su mirada cambió a una decidida. No iba a rendirse tan pronto, confiaría en Gokudera y en su capacidad para mantenerse con vida, después de todo lo había prometido, volver a ver los fuegos artificiales con él una vez más y sabía que iba a cumplirlo.
Sólo tenía que encontrarlo antes de que ellos lo hicieran.
Eso es todo, no me convence como quedó pero no hay más -_-U, a partir de ahora Haya-kun enfrentará solo todo lo que se le viene encima T_T.
No estoy segura de cuando actualizaré pero empezaré a trabajar en el siguiente capítulo lo más pronto posible ^_^.
Ciao!
