o_o Mmmm...¡lo siento! TT_TT Sé que me tardé demasiado pero de verdad que las pocas veces que tenía tiempo para escribir algo, no me salía más de un párrafo. Fue muy frustrante pero al final de poco en poco llegué a terminar el capítulo y me gusta como quedó ^_^. Las cosas darán un giro importante que estuve esperando escribir desde el principio.

Disclaimer: Katekyo Hitman Reborn no me pertenece.


Make up my mind

Respiró profundo para que el aliento pudiera llegar a él y sintió como había cierta presión sobre sus pulmones. No tenía idea de si eso era algo normal o no, pero sabía que se estaba haciendo algo común en esos días, al igual que el aceleramiento de su ritmo cardiaco y el dolor en su pecho. A este paso no sabía si realmente estaría bien viajar a la ciudad en la que había planeado establecerse.

¿Y si es algo peligroso? ¿Tendrá algo que ver con mi enfermedad?

Mil y un dudas transitaban por su cabeza y no sabía qué era lo que debía hacer. Nunca había estado cerca de nadie en sus condiciones y tampoco le había interesado leer al respecto, tenía un conocimiento general pero eso no lo preparaba para lo que suponía que debía esperar, además los únicos cuidados que había tomado en ese tiempo eran las vitaminas y el suplemento de hierro que Shamal le había dado y que ya casi se acababa. Un suspiro cansado y levemente asustado lo abandonó mientras se recostaba en la cama a descansar. No sabía si era por sus cambios de ánimo o no pero había estado algo melancólico esos días. Una de sus manos viajó hasta su crecido vientre y empezó a acariciarlo, acción que ya no se molestaba en impedir.

Había notado que siempre lo hacía de forma inconsciente y además lo ayudaba a relajarse.

Por momentos le parecía sentir que algo se movía dentro suyo. Era tan leve que no se notaba y podría pasar desapercibido si es que no estuviera completamente concentrado en eso. Una leve sonrisa apareció en su rostro, la primera en semanas y ni siquiera sabía porque la tenía pero antes de que pudiera seguir pensando en eso, sintió algo húmedo recorrer su mejilla.

Era una lágrima.

La primera de muchas que comenzaron a recorrer su rostro aunque la sonrisa seguía ahí.

¿Cómo demonios puedo sonreír y llorar a la vez? ¡Malditos cambios de ánimo!

Pero en el fondo sabía que no era solo eso. Por fin, toda la presión que había estado soportando solo desde que tuvo que huir se le vino encima, dejándolo lleno de angustia y una tristeza aplastante en su corazón y no pudo evitar hacerse una bolita en la cama para tratar de controlar sus sollozos. No era justo. Él no tendría que estar pasando por eso, jamás se lo había planteado y lo peor era la confusión que no lo dejaba en paz. Todo el tiempo tenía miedo de hacer algo mal, de lastimarse o lastimar al…

Aún no podía decirlo. Hace mucho que se había acostumbrado a la idea pero no sabía cómo reaccionar a eso y por fin, en ese momento se daba cuenta de cuál era el trasfondo de todos sus sentimientos y emociones. Recién notaba lo que había estado dirigiendo sus acciones y pensamientos durante todo ese tiempo e incluso desde antes, desde que toda su pesadilla comenzó.

Miedo.

Lo que tenía era un aterrorizante miedo.

Primero fue miedo a estar solo, a que lo dejaran de nuevo, a sentirse abandonado o que no valía nada, miedo a perder a la persona que amaba, a Yamamoto; luego ese miedo había cambiado de la misma forma que su vida y se había convertido en miedo a hacer algo mal, a equivocarse, a tomar una mala decisión y arruinar su vida. Fue por eso que tardó tanto en decidirse por darle una oportunidad a Hibari, a estar a solas con él. Temblaba cada vez que se le acercaba y cuando estuvieran juntos, él no pudo resistirse, ni siquiera negarse a pesar de cómo habían terminado las cosas. Al final si se había equivocado y había encontrado el valor para enfrentar sus errores pero de nuevo la vida le había guardado una inesperada sorpresa y todo se había dado demasiado rápido y ahora…ahora ese miedo era más grande que nunca. Se había negado a aceptar a ese niño y se había desentendido completamente de él por miedo. Miedo al no comprender lo que le pasaba, a sentir como su cuerpo cambiaba, a sentir que algo crecía dentro suyo, a no saber que esperar, y lo peor, a que si esta vez se equivocaba no afectaría solo su vida sino también la vida de esa pequeña cosa dentro de él.

Las lágrimas seguían cayendo pero ya no las sentía. Nunca, en todo lo que llevaba de vida, había necesitado más de su madre. Sentía los gritos de desesperación quedarse en su garganta mientras los sollozos aumentaban. Si ella estuviera a su lado, las cosas serían muy diferentes. Le hubiera ayudado a decidir qué hacer desde el principio, le habría aconsejado, lo hubiera apoyado en el caso de que las cosas hubieran terminado igual, hubiera estado a su lado pese a todo, asegurándose de que estuviera bien, explicándole cada síntoma y todo lo que ocurría dentro suyo. Casi podía imaginársela sentada a su lado, diciéndole que era normal sentirse asustado.

Que ella también lo había estado.

Y fue cuando la realización llegó a él. ¿Cómo no se le ocurrió pensarlo antes? Su madre había estado en las mismas condiciones, embarazada y con una enfermedad que le podía arrebatar la vida en cualquier instante y aún así…decidió tenerlo. Aún cuando el hijo que esperaba era de un hombre casado, y no cualquiera, sino un jefe de la mafia. Ella era muy joven pero había decidido darle la oportunidad de nacer a pesar de todos los problemas que eso acarreaba además de su inminente muerte y él no podía hacer menos. No, su madre no hubiera estado feliz si hubiera visto la forma en que se comportaba.

- Supongo que no puedo fallarle a tu abuela, ¿cierto?- murmuró acariciando de nuevo su vientre.

Y por primera vez desde que toda esa locura empezó, pudo ver a esa pequeña cosa no sólo como un conjunto de células o un simple parásito. No, esta vez lo veía como lo que era, su hijo. La sonrisa en su rostro esta vez salió sin ningún problema y se secó las lágrimas con una nueva forma de ver las cosas. Ya no iba a estar solo, nunca más. Ahora tendría a ese pequeño ser a su lado e iba a cuidar de él como se debía o dejaba de ser la mano derecha del juudaime. Iba a aprovechar de todo el tiempo que tuviera junto a su hijo de la misma forma que a su madre le hubiera gustado hacerlo con él.

- No te preocupes, a partir de ahora voy a intentar cuidar mejor de ambos.

Y el calor que sintió en su pecho y la ligereza en su corazón no tenía comparación.


Se giró en su cama de nuevo, sin poder dormir. Hace una semana se había enterado de la condición de Gokudera y aunque le había costado entenderlo, al final lo había aceptado. El único problema era que seguía sin saber qué hacer.

Era claro que si el niño era suyo él se haría responsable, ante todo era un hombre de palabra y su padre siempre le había enseñado que debía hacerle cara a las consecuencias de sus actos. No iba a dejar solo a Gokudera en eso, lo ayudaría en todo lo que necesitara y estaría cerca dándole apoyo. Pero por otro lado, la herida que tenía en su corazón aún le dolía y lo llenaba de dudas.

¿Y si ese niño no es mío? ¿Y si es de Hibari?

La sola idea le daba mucha rabia.

Él había amado mucho a Gokudera…en realidad…aún lo amaba con toda su alma. Le había costado aclarar sus sentimientos y el buscar a alguien más para intentar ocupar su lugar había sido parte del proceso de sanación que había atravesado. Aún seguía molesto con él y algo decepcionado, pero ya no era esa ira enceguecedora que sentía antes. Había perdonado a Gokudera por lo que pasó y había comprendido que él también había tenido parte de la culpa como se lo dijo su padre. Pero por otra parte, no podía simplemente dejar a Mizumi.

No estaba enamorado de la chica, eso era seguro, pero si le había llegado a tener cariño. Ella había sido muy amable con él y aunque desde el principio le había dejado claro que estaba enamorado de alguien más, ella fue muy comprensiva al respecto. No lo atosigaba y le dejaba su espacio, tampoco le exigía muchas muestras de cariño a pesar de que se notaba que le gustarían. Respetaba las cosas que le gustaban y había estado de acuerdo en llevar su relación con calma. En definitiva, era una buena chica y no quería lastimarla.

Un suspiro frustrado salió de sus labios. Sabía que tenía que tomar una decisión pero aunque su corazón le decía a gritos que era lo mejor para él, su mente se negaba a aceptarlo tan fácilmente.

¿Cuándo mi vida se volvió tan complicada?


Las cosas no estaban saliendo como había planeado.

Se suponía que luego de decirles a Hibari y Yamamoto la situación que atravesaba Gokudera ellos lo ayudarían a buscarlo pero no, no había sido de esa forma. Hibari se hallaba desaparecido desde ese día y su intuición le decía que era mejor no meterse mucho en eso, pudo darse cuenta claramente que quien mejor tomó la noticia fue él y algo le decía que su partida tenía que ver con el peliplata, eso era algo que lo tranquilizaba y alegraba un poco.

Pero Yamamoto era una historia completamente diferente. Lo había visto más apagado y confundido y casi se sintió culpable por ser tan brusco al revelarles la verdad, debió imaginarse que al beisbolista le afectaría más pero en el fondo no se arrepentía, lo había hecho por Gokudera y el bebé. Sabía que el pelinegro necesitaba tiempo para asimilar la noticia y poder tomar una decisión, sólo esperaba que no fuera demasiado tarde cuando por fin lo hiciera.

Al italiano no le quedaba mucho tiempo, ya estaba terminando el quinto mes y no era bueno que siguiera arriesgándose de ese modo. Le preocupaba mucho el estado en el que él y el pequeño podrían encontrarse sobre todo si tomaba en cuenta que no habían tenido los cuidados necesarios. Contuvo un suspiro al saber que Gokudera no dejaría que nadie más que Shamal lo tocara y, tomando en cuenta su situación, quizás era lo mejor. Debía confiar en que se mantendría a salvo.

Aunque eso no significaba que se quedaría de brazos cruzados.

Una leve sonrisa atravesó su rostro al recordar que por primera vez podía sentirse orgulloso de sí mismo al elaborar un plan tan bueno como el que había maquinado para ayudar a su mano derecha. No sabía exactamente cómo pero las ideas simplemente aparecieron en su mente y cuando se lo contó a Reborn, este estuvo completamente de acuerdo. Ya había hecho todas las llamadas necesarias y mientras nadie más que él y las personas involucradas lo supieran, no había forma que Riscatto se les adelantara y estropeara sus planes de nuevo.

Se giró en su cama para intentar dormir sabiendo que pronto iba a obtener resultados.


Dolía…y mucho.

Llevaba sólo dos días en la ciudad donde había planeado establecerse hasta que naciera el bebé y lo que antes era una leve presión en la espalda se había convertido en un dolor casi insoportable. Había sido consciente de que las molestias aumentarían pero no pensó que lo harían tan drásticamente y hasta ese nivel, aunque por otro lado, tampoco esperaba que al cumplir los seis meses su vientre creciera tanto. Se la pasaba casi todo el día recostado en la cama, sin fuerzas para nada y sólo se levantaba cuando era estrictamente necesario o cuando podía despejarse un poco del cansancio y sueño que lo dominaba tanto últimamente.

No sabía por cuánto tiempo podía seguir con eso.

Si no fuera por la ayuda de la anciana que le había dado posada, probablemente ya hubiera desfallecido de hambre al no tener forma de conseguir dinero. La había conocido durante el viaje, que había sido el más incómodo que tuvo en su vida, hasta esa ciudad. Ella había sido muy amable e incluso le había ayudado a entender muchas de las cosas que le pasaban y le dijo que era normal que el bebé creciera tanto esos últimos meses.

Eso lo aterrorizo por un momento, no tenía idea si su cuerpo pudiera soportarlo.

Por suerte, la anciana no le había insistido mucho con el asunto de visitar a un doctor por sus malestares y se había mantenido discreta, ayudándolo silenciosamente al pensar que era una jovencita que había sido echada de su casa por quedar embarazada y que ahora estaba sola mientras buscaba una manera de establecerse, al menos no se había equivocado mucho en lo último y la única desventaja era que tenía que estar disfrazado de mujer todo el día, aunque el hecho de que su cabello hubiera crecido hasta un poco más debajo de los hombros le ayudaba a ya no tener que usar esa molesta peluca.

Dio un suspiro y giro en la cama intentando encontrar una posición más cómoda mientras su mano acariciaba levemente el lugar donde crecía su bebé. Todas las historias de sus hijos y nietos que le había contado su benefactora habían hecho que empezara a imaginarse cómo sería su vida después de que el pequeño naciera.

Claro, si logro sobrevivir a eso.

Sacudió su cabeza despejando su mente de pensamientos inapropiados. No quería ponerse pesimista cuando había aparecido algo en él que no había creído posible antes.

Ilusión.

Realmente deseaba ver cómo sería su pequeño cuando naciera… ¿o sería una niña? Todavía no se había puesto a pensar en un nombre porque ninguno le parecía apropiado. Quería sentirlo moverse en su interior, sabía que ya debía ser tiempo así que probablemente no debía esperar más. ¿Sería muy movido o un niño tranquilo? Si salía como él estaría en problemas por unos cuantos años o quizás hasta que se volviera un adulto, pero estaba seguro de que sería un niño fuerte, tenía que serlo si había sobrevivido hasta ese momento. ¿Tendría sus ojos? ¿Sacaría su cabello? También podría parecerse a alguien más aunque realmente eso no le importaba, ese niño era sólo suyo. Casi no podía esperar a verlo y llevarlo a pasear, enseñarle todas las cosas que él conocía, decorar su habitación, comprarle todo lo que sus ojos vieran y no le importaba si le decían que lo consentía. No iba a dejar que le faltara nada, iba a darle todo lo que él siempre quiso y más.

No podía negar que aún tenía miedo pero ahora era un miedo diferente, era miedo a dejarlo solo, a que algo le pasara y no pudiera estar a su lado para cuidarlo y protegerlo, para apoyarlo cuando lo necesitara. Aunque dentro de sí sabía que si eso llegaba a pasar su admirado capo no tendría objeciones en cuidar de su hijo y hacerlo parte de la familia, sabía que podía confiar en él.

Lo único que le quedaba era seguir esperando, a que su pequeño llegara o su situación mejorara, lo que sucediera primero.


El jefe Cavallone acababa de descender de su avión privado rodeado de sus subordinados y gente de más cercana confianza en uno de los pueblos más pequeños de Japón, el bosque que los rodeaba cubría cualquier mirada indiscreta y el silencioso motor se había asegurado de que nadie se percatara de que acababan de llegar. Se dirigieron sigilosamente al pueblo, buscando la forma más discreta de entrar en pequeños grupos que no parecieran sospechosos. El atuendo casual que todos llevaban ayudaba mucho pero no podían confiarse, era en momentos como ese que casi se arrepentía de no haber llevado consigo a Romario pero sabía que no había nadie mejor que él para ocuparse de las cosas y cubrir su ausencia mientras terminaba lo que había venido a hacer.

No podía arriesgarse a que alguien descubriera lo que pasaba.

Una vez que puso un pie dentro de aquel pequeño pueblo empezó con su misión de la manera más discreta posible, asegurándose de no levantar sospechas mientras recababa información. Ya se hacía de noche cuando se reunió con sus subordinados para analizar lo que habían averiguado y descubrir que, de nuevo, sólo habían podido encontrar unas pocas pistas útiles, entre ellas, el posible futuro paradero de su objetivo.

Vaya que Smoking Bomb es persistente cuando se trata de esconderse.

Pensó con un suspiro mientras se recostaba en su cama para intentar descansar un poco antes de partir el día siguiente. Esta se estaba volviendo una cacería y él se estaba viendo envuelto en ella, oponiéndose a un grupo al que nunca hubiera imaginado siquiera ponerse en su camino. Pero por otro lado, después de la explicación de Tsuna podía entender lo delicado de la situación y no había podido negarse a ayudar en lo que fuera, así eso significara buscar personalmente a un escurridizo guardián de la tormenta. Al menos ya estaban cerca y con suerte lo encontrarían antes que los Riscatto.

Después de todo, no podía fallarle a su hermanito.


Reorganizaron su formación al momento de llegar al pueblo, escondiéndose entre los límites del campo desierto que quedaba a un costado. Ya estaban cerca, después de meses de intensa persecución, por fin habían podido ubicar el lugar donde su objetivo se escondía y estaban muy cerca de atraparlo y eliminarlo como debía ser.

- Manden un mensaje al cuartel general, digan que estamos listos para proceder con la misión- habló el encapuchado que tenía el más alto rango entre todos los que lo acompañaban.

Al instante, uno de los sujetos que se encontraba en la parte de atrás se levantó y sacó una de sus armas de caja, la cual servía como mensajero para comunicarse con sus superiores desde cualquier lugar cuando era necesario. Cuando terminó con el mensaje todos se reunieron para repasar su estrategia una vez más.

- Dispérsense, quiero cubiertos todos los caminos que salen de este lugar, manténganse alertas mientras esperamos órdenes.

Las figuras se movieron apenas terminó de hablar, acatando las órdenes de inmediato. Sabían que no podían fallar de nuevo o esta vez el costo sería sus propias vidas. El que servía como superior a cargo se quedó en el claro por unos momentos más, repasando en su cabeza la estrategia que tenían que seguir una y otra vez. Aún no estaba de acuerdo con la idea de asesinar a un ser antes de que naciera sólo por ser hijo de quien era, pero sabía lo poco o nada que sus opiniones importaban dentro del grupo al cual pertenecía. Con un suspiro frustrado se movió para ocupar su posición.

Ya era hora de que todo acabase.


Oh si, la hora de la verdad se acerca XD. Bueno, como abrán podido darse cuenta, en este capítulo Haya-kun por fin cambió la idea que tenía acerca del bebé pero era así como lo tenía planeado desde un principio. Quise que este fic saliera lo más pegado a la realidad posible, claro, dentro del mundo de KHR, por lo que me esforcé mucho en encontrar una forma de que Haya-kun saliera embarazado sin convertirlo en algo común y que podía pasarle a cualquiera, además también me concentré en la forma en que los demás personajes y el mismo Gokudera reaccionaría a ello. Me encantan los fics mpreg de todo tipo, pero quise intentar algo diferente a la historia en que el bebé es lo mejor que les pasó en la vida, esta vez quise poner reacciones bastante humanas, como el hecho de que nadie se toma un embarazo inesperado precisamente bien, es todo un proceso de aceptación, y que Yamamoto también es una persona y no puede simplemente perdonar y olvidar. Casi puedo sentir como los personajes van madurando y eso es algo que no había sentido antes, por lo que le estoy agarrando mucho cariño a esta historia T_T.

Bueno, y quizás es por eso que me demoro tanto en escribir los capítulos, siempre le busco explicaciones a los hechos que voy a poner.

Creo que ya escribí demasiado, voy a trabajar en el siguiente capítulo ^_^.

Ciao!