He vuelto! Se preguntarán, ¿con qué cara me aparezco después de meses sin actualizar? -_-U Bueno, lo diré en forma resumida... ¡mi vida se volvió un infierno! TT_TT Me pasaron un montón de cosas, los estudios casi me matan, me metí en problemas y...¡me robaron la laptop! TT_TT Ahí estaban todos mis fics y mis proyectos que estaba retocando para poder publicar. No tienen idea de cuanto me dolió y me costó recuperar la información, es más, aún trabajo en ello ;_; Así que si ven mis fics publicados en otro lugar que no sea este ¡no soy yo! Cuando tenga otro lugar donde colgarlos lo avisaré. No les quito más tiempo, traté de compensarlos con un capítulo más largo, ¡disfruten! ^_^.
Disclaimerman: Katekyo Hitman Reborn no me pertenece.
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El vuelo hasta Tokio había sido rápido pero aún así más largo que el tiempo que pasaron en tierra. Sólo habían descendido del avión a recoger algunas provisiones, tomar un respiro y revisar la nave antes de volver a abordar y partir rumbo a Italia. El peliplata no se quejó, sabía que lo más seguro era salir del país, pero aún así el viaje se le hizo realmente largo y cansado. Cuando finalmente llegaron a la mansión del Cavallone y lo llevaron a su habitación asignada, se echó a dormir por casi un día y probablemente se hubiera quedado durmiendo por más tiempo si no fuera por el insistente dolor que lo había asaltado en la espalda.
- Demonios, creí que ya había terminado de pasar por esto- gruñó mientras intentaba encontrar una posición cómoda.
Cuando finalmente aceptó que no podría hallar calma por su cuenta decidió avisarle a Dino, el cual se puso histérico insistiendo en que él sabía que no debía volar en su estado y que era su culpa y otras cosas que no llegó a escuchar. Le dio un golpe en la cabeza lo suficientemente fuerte para que le prestara atención y le pidió que buscara a Shamal, no se dejaría revisar por ningún otro doctor. El rubio le hizo caso y, sorprendentemente, el doctor llegó en menos de dos horas.
No preguntó detalles de cómo lo habían logrado, sólo quería saber si el bebé estaba bien después de haber estado más de tres meses sin recibir ningún tipo de control o cuidado y, aunque no lo dijera, eso era algo que lo había tenido preocupado.
- Apresúrate mocoso, recuéstate y déjame hacer mi trabajo- la voz del doctor lo sacó de sus pensamientos.
- Ya lo sé, anciano- respondió mientras seguía las instrucciones.
No le gustó nada ese gel helado que le pusieron en el vientre pero prefirió no quejarse, todo quedó en el olvido cuando escuchó un sonido que le pareció el más hermoso del mundo.
El latido del corazón de su hijo.
- Vaya, parece que a pesar de todo el pequeño está bien- dijo Shamal con una sonrisa que no podía esconder mientras seguía revisando al italiano- El tamaño parece normal para las veinticuatro semanas y tal como me imagine, la bolsa donde se encuentra tu hijo se está desprendiendo lentamente para permitirle nacer…mmm ¿has sentido dolor últimamente?
- Dolores de espalda, siento que se va a romper- respondió por inercia el joven, a decir verdad estaba más concentrado en mirar con adoración la imagen de la pantalla.
- Lamento decirte esto, pero el dolor va a aumentar. El niño se está haciendo lugar en tu cuerpo y está presionando algunos órganos y la columna, hay gran posibilidad de que presentes muchas complicaciones estos últimos meses así que tienes que estar bajo estricta vigilancia y sin ningún tipo de esfuerzos- le informó con una mirada un poco preocupada.
- Entiendo viejo, me dijiste eso desde el principio y lo he intentado.
- Inténtalo mejor, ahora ¿quieres saber el sexo?- cambió su mirada consternada por una sonrisa.
- Yo…- titubeó, la verdad no estaba seguro, con sólo saber que estaba bien tenía suficiente pero…- De acuerdo, tengo que elegirle un nombre de todos modos.
- Bien- volteó de nuevo para revisar la imagen- Aquí está…vas a tener un niño, felicidades Hayato.
- ¿Un niño?
No pudo decir nada más, la emoción que sentía al por fin conocer que tendría un hijo era muy grande, se sentía un poco más cerca de él, un poco más real. Ahora podría escogerle un nombre y comprarle cosas y juguetes y todo lo que había estado imaginando. Espero a que el doctor le limpiara el gel para empezar a acariciar su vientre, deseando con todas sus fuerzas que el tiempo pasara rápido y pudiera por fin tenerlo entre sus brazos.
Ya faltaba poco.
Ya había recorrido todos los pueblos donde había escuchado noticias y aún no encontraba al herbívoro rebelde, lo que era peor, de un momento a otro había perdido cualquier tipo de rastro. Su paciencia se estaba agotando.
O al menos así era antes de que oyera ciertas noticias que le llamaron la atención.
No sólo había un grupo de encapuchados extraños que iban de aquí para allá asustando a los pobres pueblerinos, no, también había un grupo de hombres que parecía seguirlos tras cada lugar al que iban. Un grupo de hombres con un avión privado y liderados por un torpe y estúpido rubio.
Cavallone, tenía que ser él.
Debió haber pensado antes que Sawada no se quedaría de brazos cruzados e intentaría pedir ayuda a alguien, alguien lo suficientemente confiable (y tonto) como para ayudarlo aún poniendo el honor de su familia en juego, lo había subestimado. No esperó a confirmar sus sospechas y tomó el siguiente avión directo a Italia. Si ya no había más movimientos sospechosos eso significaba que probablemente ya no siguieran en Japón y el rubio no era tan idiota como para llamar aún más la atención desapareciendo misteriosamente en el momento en que, probablemente, los Riscatto comenzaran a investigar a todos los aliados Vongola intentando encontrar a quien se atrevió a enfrentarlos.
Si, tenía que darles algo de crédito a esos dos.
Pero por el momento, lo único que quería era ver al italiano con sus propios ojos para saber que estaba bien. Tenía que estarlo.
Sabía que las cosas no podían ser tan fáciles, ya había tenido demasiada suerte con una semana de completo descanso antes de que el destino le recordara que tenía algo en su contra.
Los habían encontrado.
Fue sólo un segundo, los subordinados de Dino habían llegado con la noticia de que los Riscatto habían desaparecido completamente de Japón y era obvio a dónde se dirigían. Ni siquiera había terminado su desayuno cuando nuevamente era empujado al avión en el que había llegado, esta vez sin la más remota idea de a donde se dirigían. Trató de mantener calmados sus nervios por su bien y el de su hijo mientras veía por la ventana del avión como recorrían las costas de Italia, por alguna razón el paisaje se le hacía muy familiar.
- Bien, llegaremos allí en una hora- escuchó la voz de Dino al teléfono- No se preocupe, le informaré la situación ahora.
El rubio colgó el teléfono antes de acercarse a él de una forma a simple vista, nerviosa. La curiosidad y la preocupación se mezclaron dentro suyo mientras el Cavallone se sentaba junto a él. Después de todo lo que habían pasado y lo sobreprotector que el caballo salvaje se había vuelto con él, ¿qué podría ponerlo nervioso para que no se atreviera a decirle lo que sea que tenía que decirle?
- Bueno,…yo…no sé cómo vayas a tomar esto…pero verás…bien…
- ¿Quieres hablar de una buena vez?
- Vamos camino a la mansión de tu padre- lo soltó todo de una vez.
De acuerdo, quería la verdad pero definitivamente NO estaba preparado para eso. No se movió, ni siquiera reclamó, simplemente se quedó en blanco, dejando a su cerebro procesar la información lentamente. Su padre, iban a ver a su padre, al mismo lugar del que había escapado cuando sólo tenía 8 años, a la misma persona a la que había acusado –injustamente- de la muerte de su madre y a la que ni siquiera le había dado el beneficio de la duda.
- ¿ESTÁS LOCO? ¿QUÉ DEMONIOS TIENES EN LA CABEZA?- no pudo retener el grito que retumbó por toda la nave y que casi hace que el piloto pierda el control.
- Cál-cálmate…no es bueno que te alteres en tu estado- intentó tranquilizarlo el rubio.
- ¡No me pidas que me calme! ¿Te das cuenta de a dónde me estás llevando?- la furia era evidente en su voz pero mezclada con algo más… ¿miedo?
- No había otra solución- habló esta vez serio el capo- Nuestra prioridad es mantenerte seguro y…
- ¡No entiendes!- lo interrumpió el peliplata- Me fui de ese lugar hace muchos años porque odiaba a mi padre ¡sólo para darme cuenta que estaba equivocado! No que haya sido el padre del año, pero tampoco se merecía que lo tratara así. Me largue sin darle tiempo a que me explicara nada y lo he evitado todo este tiempo… ¿y ahora me pides que regrese? ¿Así como si nada? ¡No puedo simplemente pedirle que me cuide y me ayude después de todo lo que pasó!... ¡No puedo regresar de la nada metido en tantos problemas!... ¡Y encima embarazado!- mientras hablaba su voz se iba quebrando hasta terminar perdida entre sollozos.
Dino no dijo nada, sólo se acercó en silencio y abrazó el frágil cuerpo de Gokudera entre sus brazos, brindándole consuelo pero dejando que se desahogara y sacara todo lo que debía estar guardando durante años. Sabía que era duro y tarde o temprano la situación iba a sobrepasarlo, pero ahora él estaba allí. Quizás no era uno de los mejores amigos del ojiverde ni era el padre del niño pero si le tenía un cariño muy especial, casi como el que le tenía a Tsuna e iba a permanecer a su lado en todo lo que necesitara.
La noticia llegó a través de una llamada telefónica en medio de la clase. Tsuna no era de las personas que se salen de clases sin mirar al profesor para contestar el teléfono, por lo que de inmediato supo que era algo importante. Los nervios los carcomieron incluso después de que el capo regresó con una actitud un poco inquieta y tuvo que aguantarse hasta el receso para poder correr hacia él a sacarle lo que había sucedido.
- Tuvimos que empezar con el plan de respaldo- fue lo que le dijo el castaño después de asegurarse de que no había nadie más en la azotea.
- Qui-quieres decir que Gokudera está…está… ¿con su padre?- mencionó haciéndose la idea, el asentimiento del menor le confirmó todo.
Eso podía ponerse feo.
No sólo era el hecho de que toda la pantalla de humo que habían usado para que no sospecharan de los Cavallone había fallado. No. No era que a pesar de todos los trucos de relaciones exteriores habían logrado notar la real ausencia de Dino en su mansión y en los asuntos relativos a su familia. No. Lo preocupante era el hecho de que el único lugar seguro para el peliplata parecía ser el mismo que tanto había querido olvidar.
Realmente no quería bajarse del avión.
Tan pronto como aterrizaron dentro de los terrenos de esa tan conocida propiedad, supo que no sería capaz de hacerlo. Abrazó su vientre como si eso le diera fuerzas y fue necesario que Dino lo cargara en brazos para hacerlo descender. El rubio lo cargó pese a las protestas y lo llevó a la limosina que los llevaría a la mansión a unos kilómetros del aeropuerto privado que tenían, sentado a su lado y sosteniéndole la mano con delicadeza.
¿Qué pasaría ahora? Por lo que veía no tenía otra opción más que quedarse pero… ¿y si "él" no estaba de acuerdo? Una cosa era que le diera alojo a su hijo fugitivo pero estaba seguro que Dino no le había dicho nada de su embarazo. ¿Lo aceptaría en su estado actual? ¿Lo rechazaría por ser un fenómeno? Normalmente no le habría importado lo que ese viejo dijera, después de todo nunca había sido exactamente un padre modelo, pero ahora estaba muy vulnerable a cualquier tema relacionado con la paternidad, sobretodo porque estaba inseguro con la suya propia. A pesar de que el capo estaba a su lado se sentía increíblemente solo, sabía que eso era algo que tendría que afrontar por su cuenta, sólo él y nadie más. Pero ¿y si querían que lo perdiera? Definitivamente no iba a dejar que nadie lastimara a su bebé aunque la idea de enfrentarse a la ira de su padre tampoco era atractiva. Sabía que su esposa iba a estar de acuerdo con él si lo peor pasaba, convenciéndolo de que no podían poner en juego el honor de la familia por su culpa, otra vez. El honor por sobre todo, incluso los sentimientos.
Si eso llegaba a pasar no se quedaría a soportar sus reclamos. Se iría, había podido esos meses y podría seguirlo haciendo, se iría a un lugar donde dejaran a su hijo nacer en paz. Aunque sinceramente esa idea ya era casi utópica.
Una vez llegaron a la puerta y reconoció a las figuras que lo esperaban allí casi golpea al capo para poder huir, aún sabiendo que ya era muy tarde para eso. La silueta imponente de su padre no había cambiado en absoluto a pesar de los años, sus más fieles subordinados y su esposa acompañándolo en una perfecta comitiva de bienvenida. Tembló levemente al ponerse frente a ellos, sin levantar la vista ni soltar la mano del rubio, acción que no pasó desapercibida para el gran don. Aun así no dijo nada y silenciosamente se dirigieron al interior.
Era hora de enfrentar la verdad.
Al fin había llegado a la mansión de los Cavallone. Su intención en cuanto se bajó del avión era entrar como fuera, si era necesario tumbaría la puerta para hacerlo, y luego asegurarse con sus propios ojos de que su herbívoro y el pequeño que llevaba dentro estuvieran bien.
Lo que no esperaba era que se le hubieran adelantado.
- ¡Demonios!- gruño al ver la escena frente a él.
Un gran grupo de encapuchados se encontraba dentro de los terrenos de la mansión luchando fieramente contra los hombres de Dino. No perdió tiempo y se internó en la batalla, sacando de combate a quien se pusiera en su camino hasta que logró divisar a una figura familiar.
- ¡Romario!- gritó llamando la atención del hombre y quitándole de encima a su oponente de un solo golpe- ¿Dónde está…?- se detuvo a media oración al darse cuenta de que no podía hablar de eso estando rodeados por el enemigo.
- Venga- indicó el viejo mientras le indicaba un camino por el que ambos podía pasar sin llamar mucho la atención, aunque eso no evitó que tuvieran que dejar fuera de combate a algunos encapuchados en el camino.
- ¿Dónde está Gokudera Hayato?- fue lo primero que salió de su boca cuando estuvieron seguros de que nadie los escuchaba.
- El jefe lo llevó a un lugar seguro apenas notamos que los Riscatto se acercaban- comentó por lo bajo el mayor- Está en la casa de su padre.
Decir que escuchar eso sorprendió al prefecto es poco, estaba anonadado. De lo poco que sabía del herbívoro rebelde, era claro para él que no se llevaba bien con su padre. Esa debía ser una medida realmente desesperada para intentar proteger al menor.
- Si me permite decírselo, Hibari-san- lo sacó de sus pensamientos el mayor- Creo que lo mejor sería que usted no lo fuera a buscar por ahora.
- Pero ¿Qué diablos dices?- su molestia era evidente.
- Gokudera-san está escondido en el último lugar en el que lo buscarían, pero si los Riscatto ven que usted va a su antigua casa, lo descubrirán de inmediato- lo miró con ojos de experiencia- Él estará bien, pero lo mejor por ahora es no levantar sospechas.
- Tú…- por más que quisiera rebatirlo de algún modo, sabía que el mayor tenía razón y eso era lo que más lo molestaba- Yo jamás pondría en peligro la vida de mi hijo o de mi herbívoro- fue todo lo que pudo decir antes de darse media vuelta y regresar a la batalla.
Al menos podría desquitarse con esos estúpidos herbívoros.
El silencio se hacía molesto pero nadie se atrevía a romperlo. Una vez que todos hubieran pasado a la sala los subordinados de ambos jefes se retiraron, dejando solo a los dueños de la casa, el hijo pródigo y su invitado inesperado. Las miradas de ambos mayores iban sin disimulo desde el vientre abultado del menor hasta las manos entrelazadas con el rubio tratando de atar cabos y entender la situación pero sólo el padre del peliplata parecía estar sacando conclusiones.
- Lamento que hayamos llegado de improviso pero como ya le expliqué antes, la situación lo ameritaba- dijo Dino cuando no pudo aguantar la tensión.
- Si, nos informó hace mucho que mi hijo necesitaba de la protección de nuestra familia y de quién la necesitaba, lo que no llegó a decirnos fue por qué- hizo una pausa mirando fijamente al menor- Riscatto no es una cosa de juego.
- Lo sabemos pero todo tiene una buena explicación, verá…- parecía que no podía encontrar las palabras correctas aunque al final no fue necesario.
- Estoy embarazado- habló de pronto el ojiverde captando la atención de todos pero sin mirar a nadie, sólo a su regazo- Estoy esperando un hijo y ellos quieren eliminarlo.
- ¿Qué?- la primera exclamación venía en una voz femenina- ¿De qué estás hablando? ¡Eso es imposible!
- Lo provocó el tratamiento que recibió mi madre mientras estaba esperándome- continuó, ahora levantando el rostro para mirar a su padre- Pero imagino que eso ya lo sospechabas.
- Pero… pero se suponía que "eso" no funcionaba, que nada debía pasar- la sorpresa era evidente en su voz cubriendo cualquier otra emoción que pudiera estar sintiendo.
- Ustedes… ¿ya escucharon acerca de las llamas de última voluntad?- se atrevió a intervenir el rubio para aclarar las cosas.
- No se sabe mucho al respecto pero tenemos la información básica- respondió de inmediato el capo mayor- ¿Qué tiene que ver con esto?
- Que son las causantes de esta situación- continuó Dino- Cada llama tiene una propiedad distinta y Smo… y Hayato tiene cinco de las siete dentro de sí, una de ellas fue la que activó los órganos necesarios para que pudiera concebir. Nada de esto fue planeado, sólo una serie de eventos que no pudieron preverse. Por favor, no lo culpen a él.
Un suspiro fue todo lo que soltó el mayor antes de que todo volviera a quedar en silencio. Luego les pidió amablemente al rubio jefe y a su esposa que salieran para poder conversar a solas con su hijo. Gokudera no quería quedarse solo, no estaba listo para enfrentarse a eso aún así no dijo nada mientras veía al rubio salir y como la puerta se cerraba tras él. ¿Su padre estaría muy molesto? ¿Habría realmente cruzado la línea esta vez? No lo sabía, pero no iba a mostrar cuan nervioso en realidad estaba. Mantuvo la mirada en el suelo mientras sentía como su padre se acercaba a él hasta sentarse a su lado.
- ¿Quieres explicarme cómo pasó esto?- no se podía distinguir ningún sentimiento en su voz.
- Ya escuchaste la explicación de cómo fue posible, no creo que sea necesario explicarte el resto del proceso-dijo a pesar de todo con un deje de burla.
- Sabes que eso no es a lo que me refiero- había cierto reproche en su voz.
- Tienes un hijo al que le gusta acostarse con hombres, supéralo.
- ¡Tampoco hablo de eso Hayato!- al levantar su voz provocó cierto temblor en el menor del que no se dio cuenta- Lo que quiero decir es… ese… niño…. ¿es de Cavallone?
- ¿Qué?- el impacto de lo que escuchó hizo que pasara por alto la duda de su padre sobre como referirse a su bebé- ¡Po-por supuesto que no! Dino sólo me está ayudando, él no tiene ninguna responsabilidad en esto.
- ¿Entonces quién?
- Eso… eso no importa. ¡Es mi hijo y de nadie más!
- Te dejó con la carga y se fue ¿cierto?- su padre podía ser realmente cruel cuando se lo proponía- No es fácil aceptar algo así de todos modos.
- Si tú tampoco quieres involucrarte, dilo y me iré- no estaba dispuesto a aguantar más reproches, se levantó dispuesto a salir del salón y buscar a Dino, no soportaba seguir en ese lugar.
- Espera-sintió como lo sujetaban de la muñeca- Jamás dije que no iba a ayudarte. Esta sigue siendo tu casa aunque no puedas verla como tal. Eres mi hijo y te quedarás aquí con todos los cuidados que sean necesarios, yo me aseguraré de una forma u otra que ambos estén bien- un jalón en la muñeca y se vio envuelto entre los brazos de su padre- Perdí a tu madre, pero de ninguna forma voy a perderte a ti, no otra vez.
Y de nuevo, Gokudera no supo que decir.
Dos semanas más y su vientre había crecido más de lo esperado, al igual que las molestias y dolores que se habían vuelto completamente insoportables. Por suerte, su padre no había estado bromeando cuando dijo que cuidaría de él. Se había encargado de comprar todos los medicamentos y analgésicos que fueran necesarios y que no le hicieran daño al bebé, además que tuviera la atención necesaria. Incluso Bianchi había sido informada de la situación y de inmediato volvió a la mansión para ayudar a cuidarlo, claro, bajo estrictas órdenes de no darle de comer nada más que la dieta que la cocinera se encargaba cuidadosamente de preparar. Gokudera estuvo a punto de negarse a la presencia de su hermana, pero sabía que necesitaba la ayuda y ella no levantaría ninguna sospecha. Además y aunque no pensaba aceptarlo, necesitaba la compañía de alguien.
Se encontraba en el salón del piano que no había pisado en años pero en los últimos días se había vuelto una especie de refugio personal cuando necesitaba pensar las cosas, además de que era uno de los pocos lugares al que le dejaban ir solo por el fácil acceso que tenía. La música lo relajaba y aunque estaba fuera de práctica, eso no parecía importarle al pequeño ser dentro suyo, el cual parecía tranquilizarse al escuchar a su padre tocar. El ambiente se llenaba de calma y dejaba salir sus preocupaciones sin ningún temor, liberándose un poco de la pesada carga que siempre tenía encima.
Sabía que los Riscatto ya sospechaban algo, podía intuirlo por la forma más protectora en la que su padre actuaba desde hace tres días y sabía que si no se lo decían era para no alterarlo, pero… ¿eso significaba que tendría que irse de nuevo? Su condición se había vuelto más delicada y no creía poder soportar otra huida, aún así no quería causarle ningún problema a su padre. El viejo no había sabido ser un buen padre en el pasado pero no por eso deseaba que su familia cayera en desgracia, aunque esa familia sólo fueran él y Bianchi, su esposa en realidad le importaba muy poco. Se encontraba tan concentrado en eso que no oyó cuando alguien entró y se sentó a su lado.
- Tu madre solía hacer lo mismo cuando te estaba esperando- la gruesa voz de su padre lo sacó de sus pensamientos- Decía que escucharla tocar desde antes de nacer te ayudaría a tener un buen oído para la música, supongo que no se equivocó.
- Ayuda a que el bebé se relaje y no se mueva tanto, no sé si podría seguir soportando sus pataditas de otra forma- comentó sin dejar de tocar.
- …- el mayor movió lentamente su mano hasta posarla sobre el vientre de su hijo y acariciarlo un poco. El peliplata se sorprendió tanto que dejó de tocar, su padre nunca había hecho eso en el tiempo que llevaba con él- … ¿Duele mucho?- le preguntó suavemente.
- Umm- se quedó un momento en blanco- Las pastillas ayudan pero… supongo que de todas formas el dolor no puede evitarse.
- …- ninguno dijo nada por unos minutos- Quiero que te quedes hasta que nazca y si es posible, aún después de eso.
- Yo…no creo que deba- agachó su cabeza para dejar que el cabello le cubriera los ojos- Mientras menos tiempo pase aquí será mejor para todos, es más, creo que ya debería ir buscando otro lugar.
- De ninguna manera- la voz de su padre era firme- Tu situación es demasiado delicada y no voy a dejar que sigas yendo por tu cuenta y exponiéndote a tantos peligros. Si no quieres quedarte después, entonces quédate al menos lo que queda del embarazo.
- Podrían rastrearme aquí muy pronto, tarde o temprano se darán cuenta de que es un escondite muy obvio.
- Y si lo averiguan, ¿qué importa? Este es un lugar en el que puedes estar a salvo. Reforzaremos la seguridad y nadie podrá poner un pie aquí sin que lo sepamos. No hay mejor lugar para ti ahora, este es tu hogar. Además, ya no puedes pasar desapercibido a menos que te disfraces de mujer y no creo que esa idea te agrade ¿cierto?
- Bueno…- no pensaba decirle que ya había tenido que pasar por eso antes- De acuerdo, pero sólo hasta que nazca.
- Bien, creo que me bastará con eso por ahora, siempre y cuando me dejes seguir ayudándote después, y no, no voy a dejar que te niegues- agregó cuando el ojiverde abrió la boca para replicar.
El menor suspiró frustrado, sabía que no había forma de que su padre cambiara de opinión y en cierta forma, no quería que lo hiciera. Ya había pasado mucho tiempo luchando solo y en esos momentos, necesitaba de alguien que lo cuidara, a él y al pequeño que llevaba dentro.
La noche había llegado. Después de la charla que tuvo con su padre se había sentido más tranquilo y seguro de tener la fuerza para enfrentar lo que viniera, después de todo acababa de entrar en el tercer trimestre y la peor parte ya había pasado, o eso era lo que pensaba. Lo cierto es que no estaba preparado para todo el barullo que se armó en la sala de la mansión apenas anocheció, ni tampoco para escuchar como su hermana empezaba a discutir con quien sea que estuviera abajo.
Y por sobre todo, de ninguna manera estaba preparado para las inesperadas visitas que llegaron esa noche.
- ¿Pero qué rayos sucede?- susurró mientras se asomaba por las escaleras en curva con cuidado, no sabía si podía ser un ataque aunque la falta le disparos le dijera que no.
- Hayato- la voz de su padre lo llamó desde abajo- Es mejor que regreses a tu habitación hasta que arreglemos esto.
- ¿Arreglar qué?- preguntó confundido mientras podía escuchar los pasos apresurados de varias personas que subían por las escaleras.
- ¡Gokudera!
- Herbívoro
Oh no…
Definitivamente no estaba preparado para tener a Hibari y Yamamoto cara a cara tan pronto.
Taran! ¿Qué les pareció? o_ó Lo confieso, la última parte no estaba en lo absoluto planeada pero no pude resistirme, aún así, no tengo idea de como continuarla ahora XD, en fin, algo se me ocurrirá. Espero que esto compense en algo su enorme espera y realmente ¡lo siento mucho! Intentaré no demorarme tanto la próxima vez.
Ciao!
