¡He vuelto! Sé que tardé demasiado, casi 3 meses TT_TT pero por fin soy libre de las cadenas de la universidad XD, al menos por dos semanas -_-U. Quería aprovechar para aclarar algo, yo NUNCA, repito NUNCA voy a abandonar esta historia ni ninguna otra, puede que me tarde un poco... o mucho (estudio 2 carreras, no exigan más) pero siempre estoy de alguna manera u otra trabajando en el siguiente capítulo, sólo que a veces me cuesta un poco saber como poner lo que quiero que pase. Sé como se siente que una buena historia se quede a medias y no es algo que quiera que las personas que se molestan en leer lo que escribo sientan también si puedo evitarlo. Es por eso también que sólo hago una historia a la vez aunque mi cabeza desborde de ideas. Bien, ya fue suficiente, a lo que vinieron.

Disclaimer: Katekyo Hitman Reborn no me pertenece.


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Whisper your name

El destino estaba en su contra, si no fuera así no tendría que pasar por este tipo de cosas, es decir, ¿su situación no era lo suficientemente mala como para tener ahora que lidiar con los dos posibles padres de su bebé en su propia casa? Aún le sorprendía que su padre no los hubiera echado o mandado a matar una vez que se vio obligado a decirles quienes eran (obligado porque su padre demandaba una explicación al desmayo tan repentino que había sufrido y al ataque de pánico posterior), pero sospechaba que era para no llamar aún más la atención. Probablemente si esos dos habían estado siendo vigilados por Riscatto, estos comenzarían a sospechar del porque ambos habían decidido "visitar" tan repentinamente la antigua casa de otro de los guardianes, lugar al que se supone él no regresaría jamás.

Por otro lado, no había vuelto a verlos después de su inesperada aparición tres días antes. Suponía que era porque Bianchi lo había impedido y en realidad se lo agradecía, no estaba seguro de cuál sería su reacción si se los encontraba a solas y además, ya era imposible ocultar su estado.

Definitivamente sería una conversación muy incómoda.

Por otro lado toda esa situación no sólo lo había alterado a él, sino también al bebé. El pequeño había estado más activo que antes y ya podía ver sus movimientos por fuera, lo que lo alegraba bastante sobretodo cuando parecía que le daba hipo, eso realmente era divertido a pesar del tremendo dolor que le causaba tanto movimiento. Shamal también había ido a la mansión y se encargaba de revisarlo diariamente, incluso le dejaba escuchar los latidos con el estetoscopio. El doctor ya le había advertido que debía estar calmado porque su ritmo cardíaco estaba conectado con el del bebé, aunque eso no era nada fácil. La presión de las dos inesperadas visitas, junto a todo el dolor que soportaba en la espalda y la pelvis a pesar de los medicamentos que le daba Shamal, eran suficientes para que no pudiera hallar manera de relajarse.

O eso pensó hasta esa mañana.

Estaba recostado en su cama tratando de encontrar una posición cómoda cuando sintió que alguien entraba a su habitación, volteó levemente hacia la puerta y casi sintió que todo se congelaba cuando vio quien era.

Yamamoto estaba ahí.

- Hola…yo… ¿puedo pasar?- preguntó tímidamente, algo que no se veía muy a menudo, el beisbolista desde la puerta.

- Yo… supongo que si- respondió el italiano algo dubitativo- ¿Qué haces aquí?

- Necesitaba saber cómo iban las cosas, sé que tu condición es delicada- dijo sentándose a los pies de la cama.

- Estoy bien, no hay de que preocu… ¡Auch!- su propio gemido de dolor lo desmintió.

- ¿Qué pasa? ¿Quieres que busque Shamal?- se alarmó el pelinegro, ya listo para correr a toda prisa aunque no tuviera ni idea de donde estaba el doctor.

- ¡No! No es necesario, esto…esto es normal, es la presión que el bebé me causa en la espalda, ya casi estoy acostumbrado.

- No lo creo- lo miró pensativo unos segundos antes de mostrar una enorme sonrisa- Creo que tengo una idea, recuéstate de costado.

- ¿Qué?

- No voy a hacerte nada, tranquilo, sólo quiero ayudar a que te sientas mejor.

Lo dudó por unos segundos pero accedió, después de todo, era Yamamoto quien estaba ahí. Sin importar las desafortunadas condiciones en las que se habían visto la última vez y el hecho de que aún no supiera cual exactamente era su situación actual, sabía que él jamás intentaría nada en contra de él o su hijo. En el momento en que terminó de acomodarse sintió las manos del espadachín en su espalda y antes de que pudiera abrir la boca para preguntar que sucedía…todo el dolor se fue.

- ¿Qué…qué fue lo que hiciste?

- Es una técnica que he estado practicando, no podía simplemente quedarme esperando así que cuando encontré una forma de ayudarte puse todo mi empeño en mejorarla- se movió sólo un poco para que Gokudera pudiera ver una de sus manos, cubierta de llamas de lluvia- Las llamas de la lluvia tienen un efecto relajante y me di cuenta que el efecto era mayor dependiendo de la superficie que cubrieran, estuve practicando ponerla en mis manos porque era la forma más práctica y casi muero de emoción cuando logré hacerlo sin quemarme- terminó de contarle con una risita.

- ¿Por qué lo hiciste?- lo miró intentando procesar todo lo que había escuchado.

- Bueno, Tsuna me dijo que tu estado podía ser realmente doloroso, así que pensé que podía usar mis llamas para ayudarte a sobrellevar el dolor relajando tus músculos, supongo que funcionó- lo miró sonriendo pero luego cambió drásticamente a una expresión seria- Escucha Gokudera, sé que he sido un completo idiota desde hace mucho y en realidad lo lamento, pero te sigo queriendo y no puedo quedarme tranquilo permitiendo que sufras o estés en peligro, así que no importa si estás de acuerdo o no, pienso quedarme cerca para protegerte, a ti y al bebé.

- Pero…yo pensé que me odiabas, sobre todo después de descubrir que estaba esperando un hijo- bajó la mirada el italiano, no podía negar que le alegraba mucho lo que Yamamoto había dicho pero tenía que estar seguro.

- Jamás podría odiarte- respondió muy seguro- Y mucho menos al bebé, después de todo podría ser mi hijo ¿cierto?- dijo lo último con una sonrisa gigante- Y aunque al final no lo fuera, aun así lo amaría porque es parte tuya, y yo aún te amo.

- Lo siento, por todo lo que pasó yo…

- No tienes que disculparte de nada, nuestra relación fracasó por culpa de ambos- le tomó la mano y se la apretó suavemente- Sé que tienes muchas cosas que pensar y no quiero presionarte, no necesito una respuesta ahora, sólo déjame permanecer cerca ¿sí?

Lo único que el ojiverde pudo hacer fue afirmar levemente con la cabeza. Quizás al final, las cosas sí podrían mejorar.


Había dormido tan tranquilo como no lo hacía desde hace meses. La técnica que había desarrollado Yamamoto para aliviar la presión del bebé le había quitado el dolor por unas cuantas horas, las suficientes como para que pudiera recuperar algo del descanso que le hacía falta. Nadie se atrevió a despertarlo, incluso lo dejaron saltarse la hora del almuerzo y en verdad se los agradecía. Como necesitaba dormir.

Cuando despertó ya estaba atardeciendo, podía ver los pocos rayos de sol que quedaban teñir de rojo toda la habitación. Por un momento pensó en seguir durmiendo pero se dio cuenta de la causa de su despertar. Ya no estaba solo en la habitación.

- Hibari- reconoció inmediatamente esa presencia.

- Lamento haberte despertado- escuchó su voz antes de que el prefecto se acercara y se parara frente suyo- Sólo quería asegurarme de que estuvieras bien, puedo irme si quieres.

- No, está bien, de todos modos necesitamos hablar.

Se sentó en la cama lentamente, acomodándose para poder mirar de frente al pelinegro. No tenía muchas ganas de tener esa conversación, pero si ya había arreglado un poco las cosas con Yamamoto, lo justo era que también lo hiciera con Hibari. No podía evitar sentirse algo nervioso, la presencia del prefecto siempre era intimidante, aun cuando estaba seguro de que no representaba ningún peligro.

- Viniste hasta aquí por el bebé, ¿cierto?- su voz se mantuvo firme.

- Por el bebé y por ti- lo miró fijamente a los ojos- Tenías razón la última vez que hablamos, fui un cobarde por no querer intentarlo cuando pudimos tener una oportunidad, pero esta vez no voy a rendirme tan fácilmente. Sigo sintiendo lo mismo por ti y estoy dispuesto a recuperarte, a ti y a mi hijo.

- ¿Cómo puedes estar tan seguro de que es tu hijo cuando ni yo lo sé?- lo miró algo sorprendido.

- Llámalo instinto de carnívoro, sé reconocer a mi descendencia- una pequeña sonrisa se asomó en su rostro al decirlo- Sé que es mío y no voy a dejar que nada les pase a ninguno de los dos. Me quedaré aquí para eso.

- No estoy seguro de que esto resulte- estaba preocupado, su situación podía complicarse bastante con algo así.

- Resultará, lo único que quiero es cuidarlos y eso es lo que haré- se dirigió a la puerta sin decir nada más, sabía que su herbívoro necesitaba descansar y no quería perturbarlo, pero se detuvo justo antes de cruzar el umbral- Primero muerto antes que dejar que esos herbívoros les pongan un dedo encima.

Gokudera no supo cómo reaccionar después de ver a Hibari salir de su habitación. Por un lado se sentía bien saber que podía contar con ambos pero por otro, no sabía si la situación realmente podía mantenerse con tanta tensión entre ellos.

Sólo quería que todo terminara pronto.


Los siguientes días fueron, por decirlo de alguna forma, bastante extraños.

De alguna manera aunque las cosas parecían tranquilas se sentía una leve tensión cada vez que los integrantes de la familia se reunían, o mejor dicho, cada vez que los dos visitantes y él estaban en la misma habitación. No podía entenderlo claramente pero era casi como…competitividad. Tanto Hibari como Yamamoto parecían haberse propuesto demostrar cuál de los dos era mejor a través de sus acciones, volviendo las cosas aún más difíciles de lo que ya eran.

Todos los días el beisbolista se aseguraba de ir a la habitación de Hayato para ayudarlo a sentirse mejor usando su técnica, pero casi siempre escogía el mismo momento que Hibari para ir a visitarlo y lo que debía ser un momento de relajación, terminaba convirtiéndose en una incómoda sesión de él, con su espalda siendo acariciada por Yamamoto y con la mortal mirada de Hibari sobre los dos, sin apartarse ni un centímetro y gruñendo cuando sentía que el espadachín tocaba más de lo que debía.

No había momento en que pudiera hablar tranquilamente con uno sin que el otro se apareciera de la nada para convertirse en un testigo silencioso, pero evidentemente presente. Incluso parecían haberse puesto a competir por quien podía pensar mejor en el porvenir del bebé, cada vez que uno salía con una idea, el otro lo contradecía señalando las desventajas y recibiendo a su vez una réplica, que sólo era el inicio de largas discusiones que sólo el padre de Gokudera o Bianchi con uno de sus pasteles podían detener.

A veces se preguntaba si su intención al venir aquí había sido realmente ayudarlo o sólo complicarle la vida, pero después de todo agradecía que le hicieran compañía y a su muy peculiar manera le demostraran que les importaba. Ya estaba entrando a la semana 40 y aunque Yamamoto evitaba el dolor que la presión del bebé causaría en su espalda, no podía detener al pequeño de patear, a veces demasiado fuerte, las costillas de su pobre padre. El vientre había crecido demasiado y tan sólo le permitían levantarse de la cama un par de horas al día para que mantuviera algo de ejercicio.

Fue precisamente durante uno de estos breves momentos de paseo por el jardín que lo impensable sucedió.

Sólo llevaba unos minutos afuera en compañía de su padre cuando uno de sus subordinados llegó muy apresurado con una noticia que realmente no quería escuchar.

- ¡Señor! ¡Los Riscatto están a punto de llegar a los terrenos de la mansión!

Jamás había sentido tanto miedo, abrazó su vientre como si eso fuera suficiente para protegerlo mientras su padre dictaba inmediatamente órdenes de formar líneas defensivas y preparar una evacuación para la familia por las rutas alternas de escape. La alarma se escuchó en seguida y cuando se dio cuenta, ya estaba siendo llevado en brazos de su padre a algún lugar seguro dentro de la mansión. No fue muy consciente de lo que pasaba, vio a su madrastra y algunos de los miembros del personal de confianza huir hacia el lugar donde se guardaban los autos para este tipo de emergencia. Bianchi bajaba de las escaleras con un bolso de lo que parecían, eran algunas cosas del bebé, el resto de la familia siempre tenía un equipaje listo dentro de los autos con las cosas necesarias para este tipo de situaciones.

Pero no veía a Yamamoto o a Hibari por ningún lado.

Una explosión directamente fuera de la mansión los congeló a todos en su sitio, no esperaban que llegaran tan rápido. Su padre lo bajó de sus brazos y lo puso junto a su hermana, con órdenes de que lo llevara a los autos mientras él apoyaba a sus hombres, quiso pedirle que no lo hiciera porque lo necesitaba a su lado para sentirse seguro, pero sabía que el deber de un jefe siempre es primero. Su hermana lo guió con cuidado por los ahora casi desiertos pasillos de la mansión, tratando de ganar todo el tiempo posible cuando otra explosión, esta vez justo delante de ellos, les cortó el camino.

- ¿De verdad pensabas que escaparías esta vez?- una burlona voz habló desde atrás.

- Será mejor que te alejes de nuestro camino si sabes lo que te conviene- giró inmediatamente la hitman, lista para atacar.

- Será mejor que tú te apartes del nuestro- respondió una voz diferente y fue en ese momento que se dieron cuenta que estaban rodeados.

Ninguno de los dos quiso moverse, Gokudera sabía que aunque su hermana era fuerte no podría con tantos ella sola, y él no podía pelear en su estado, sólo esperó algún movimiento para actuar, pero no esperaba que viniera del lugar de la última explosión.

- Todos ustedes herbívoros, den un paso atrás.

- ¡No se atrevan a tocar a Gokudera!

El suspiro de alivio que soltó el italiano cuando Hibari y Yamamoto por fin se decidieron a aparecer en medio del humo sólo pudo ser oído por él. Por su ropa tan desaliñada, parecía que se habían abierto camino desde algún lado con sus propias manos, pero eso no era lo importante. Ahora sabía que iba a estar bien…o eso parecía.

- No vamos a perder el tiempo con ustedes, nuestro objetivo es sólo uno.

No debió haber bajado la guardia, fue su peor error. Los Riscatto fueron muy ágiles al moverse simultáneamente e interceptar a sus protectores un segundo antes de que quien parecía el líder diera muestras de atacar. Ninguno pudo hacer nada, para cuando el peliplata se dio cuenta uno de esos encapuchados si dirigía a toda velocidad hacia él. Sus pies no le respondían, lo vio sacar un arma y en ese momento supo que todo dependía de él, sacó fuerzas de donde no las tenía para esquivar el disparo del arma y el impacto de otro cuerpo contra el suyo, pero ya no era tan ágil y el otro pudo capturar su muñeca, arrastrándolo con él y logrando impactarlo fuertemente contra el suelo.

No pudo ni gritar, el dolor que sintió fue tan inmenso que claramente algo dentro se le había desgarrado, se quedó inmóvil intentando soportarlo pero no pudo más.

- ¡AHHHHH!- su gritó fue lo que hizo que los otros reaccionaran.

- ¡Hayato!- la primera fue su hermana, enfureciéndose al instante y rodeándose de un aura que lo podría todo a su paso, incluso a los que la sujetaban.

No fue consciente de todo pero la amenaza sobre él desapareció en un instante y todo se llenó de ruido de disparos y acero, cerró los ojos para aguantar el dolor y ni siquiera los abrió cuando alguien a su lado empezó a levantarlo suavemente.

- Resiste Gokudera, todo va a estar bien- reconoció la voz de Yamamoto.

- Ya acabamos con estos, tenemos que apurarnos y llevarlo a un hospital- esa era su hermana.

- Vienen más refuerzos por atrás, si no los detenemos no podremos ir a ningún lado- Hibari sonaba ¿preocupado?

- Entonces ¿qué hacemos? ¡No podemos quedarnos aquí! ¡Van a matarlo!- el beisbolista estaba empezando a alterarse- ¡Tenemos que llevarlo a un hospital!

- ¡Lo sé herbívoro idiota! Pero me refiero a que no podemos ir todos, alguien debe quedarse a contenerlos mientras los otros se van, y creo que debo ser yo.

- ¿Estás seguro de esto? Ellos son muchos- preguntó con cuidado Bianchi.

- Soy el más fuerte de los tres, los contendré lo suficiente mientras ustedes lo llevan al hospital, no esperen por mí- y esa última frase fue demasiado.

- ¡Espera Hibari! ¿Qué demonios pretendes hacer tú solo?- habló como pudo aguantando el dolor y abriendo un poco los ojos.

- Lo que prometí que haría, herbívoro rebelde- la media sonrisa que le dedicó fue algo que no esperaba.

- ¡Esperen todos!- esta vez fue el espadachín quien intervino y Gokudera no pudo descifrar su expresión- Hibari debe ser quien lleve a Gokudera.

Nadie se esperaba eso, todos pensaban que él más que nadie no querría moverse del lado del italiano, pero al parecer estaban equivocados.

- ¿De qué demonios hablas?- preguntó el otro azabache.

- Bianchi tiene razón, aunque seas más fuerte que nosotros ellos te superan en número, pero si nos quedamos nosotros y conseguimos algunos refuerzos, quizás podamos equilibrar un poco las cosas- dijo refiriéndose a Bianchi y él- Por otro lado, tú tienes la mente más fría que yo, si algo pasa en el camino sé que pensaras en algo rápido o en el peor de los casos, serás capaz de cuidar de Gokudera tú sólo- se levantó con el peliplata en brazos y se acercó hasta el ojiazul- Así que te lo encargo, por favor cuida de Gokudera.

- No tienes que decírmelo- respondió a la vez que tomaba al ojiverde de sus brazos y empezaba a correr hacia la salida con el máximo cuidado posible.

No hubo mucho después que no fuera huir lo más sigilosamente posible hasta encontrar uno de los autos que los aguardaba. Se subieron a él y Hibari llamó a Shamal para decirle lo que había pasado, notando en ese momento que había sangre entre las piernas del menor y recibiendo indicaciones de llevar al bombardero al hospital de su familia, que ya había sido preparado para la ocasión y quedaba cerca. El prefecto le pasaba las indicaciones al conductor cuando una débil mano se aferró a la suya.

- Me duele…me duele mucho

- Lo sé, pero ya vamos a llegar al hospital y vas a estar bien, ambos van a estar bien.

- Estoy sangrando…eso puede…puede ser peligroso…para el bebé.

- No va a pasarle nada, es un pequeño carnívoro ¿recuerdas?- apretó la mano que sostenía tratando de no hacer demasiada fuerza, sólo lo necesario para tranquilizarlo.

Llegaron al hospital, se quedó junto al menor mientras era preparado pero no lo dejaron entrar a cirugía. Esperó durante lo que parecieron horas pero sólo habían sido minutos hasta que Shamal salió del quirófano.

- ¿Qué pasó?- preguntó inmediatamente.

- El golpe fue muy fuerte, desprendió una parte de la bolsa, desgarrando algunos órganos que seguían unidos a ella. Necesitamos hacerle una cesárea de emergencia para sacar al bebé y tratar de detener el sangrado, pero es muy prematuro- informó lo más profesionalmente posible.

- ¿Entonces?

- Cualquiera de los dos podría morir.

Las cosas dejaron de tener sentido desde ahí, el médico regresó al quirófano prometiendo hacer todo lo posible para salvarlos a ambos. Hibari se quedó allí, esperando a que alguien le dijera que todo había salido bien. No se molestó en regresar a la mansión, sabía que aunque hubieran terminado la pelea ninguno vendría arriesgándose a delatar el paradero del ojiverde. No supo cuantos minutos podrían haber pasado cuando un tímido y débil llanto irrumpió en el silencio. Una enfermera salió poco después llevando una incubadora con un pequeño bulto, quiso acercarse pero ella parecía apresurada y al voltear, la visión de un completamente ensangrentado joven le quitó el aliento. Sus pies se movieron solos y corrió a su lado, intentando saber si estaba bien, ignorando los reclamos de Shamal y los otros doctores que estaban presentes, se inclinó a su lado para tomar su mano y aún a pesar de la anestesia que corría por sus venas, Gokudera logró abrir un poco los ojos y mirarlo.

- Giacomo…- dijo en un susurro que sólo el prefecto pudo oír, antes de perder la conciencia y que lo sacaran a rastras de la habitación.

Y lo supo en ese momento, ese era el nombre que el italiano había elegido para su hijo.

Su hijo, el pequeño que ese 4 de abril acababa de llegar al mundo.


¡Ta Dan! Intenté compensarlos con un capítulo largo y tratando al máximo de no dejarlos con la angustia, aunque al final no pude evitarlo -_-U, supongo que está en mi naturaleza ^_^. Iba a dejarlo con el "cualquiera de los dos podría morir" pero era muy cruel de mi parte. En fin, tal como aclaré al inicio, puede que me tarde pero igual voy a continuarla, ¡así que esperen tranquilos el siguiente cápítulo!

Ciao!