Emm...u_uU Esta vez me pasé demasiado, lo siento TT_TT. Realmente quería actualizar hace tiempo pero nunca podía, en fin, espero q este capítulo sea lo suficientemente bueno para compensar la espera, aunque considerando el final... -_-U. Mejor me callo.

Disclaimer: Katekyo Hitman Reborn no me pertenece.


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30 minutes of bliss

La espera se había hecho larga.

Gokudera Hayato llevaba tres días en cuidados intensivos, los doctores habían sido capaces de detener la hemorragia a tiempo pero su cuerpo aún estaba demasiado débil, intentando recuperarse de todo el estrés al que había sido sometido durante el embarazo. Además al nacer el niño habían extraído los órganos que habían sido responsables de la concepción o de lo contrario se corría el riesgo de una infección, pero al retirarlos también quitaron la última defensa del italiano contra la enfermedad que le había quitado la vida a su madre. En definitiva, su salud aún no estaba fuera de peligro.

Por otro lado, el niño seguía en la incubadora y por órdenes del padre de Gokudera nadie podía verlo hasta que el peliplata despertara, lo que en cierta forma era lo justo. Después de todo lo que este había pasado para poder traer a su hijo al mundo se merecía el derecho de ser el primero en verlo.

Bianchi y Yamamoto habían ido al hospital al día siguiente de que Gokudera diera a luz, de la forma más sigilosa posible y se habían hecho cargo de que él y su hijo tuvieran todas las atenciones necesarias. Su padre había ido recién al tercer día, después de haber salido del radar de los Riscatto. Lo único que todos podían esperar era que las cosas salieran bien y Gokudera despertara pronto.

Una semana después de dar a luz y cuando ya todos estaban poniéndose nerviosos, Gokudera por fin despertó, pasado el mediodía y en compañía de su hermana.

- Bi…Bianchi…- susurró cuando pudo enfocar la vista, afortunadamente ella tenía cubierto el rostro- Mi bebé… ¿dónde…dónde está mi bebé?

- Tranquilo Hayato- intentó calmarlo un poco- Él está bien, pero necesita estar en observación al igual que tú, fue prematuro después de todo por lo que tuvo que estar en la incubadora.

- Quiero verlo- susurró aún sin calmarse.

- Sé que no vas a estar tranquilo hasta que lo veas con tus propios ojos, así que veré que puedo hacer- aceptó resignada- Mientras tanto, hay algunas personas que quieren verte.

Realmente no tenía ganas de ver a nadie en ese momento, su cuerpo le dolía como si acabara de recibir una paliza de Xanxus, se sentía mareado y tenía mucha hambre, pero supuso que no era una opción cuando escuchó la puerta abrirse y los pasos apresurados de alguien hasta llegar a su lado.

- ¡Hayato! Estaba preocupado por ti, ¿cómo te encuentras?- la voz preocupada de su padre se hizo escuchar.

- Padre...- lo llamó para que lo escuchara, intentando sonreír un poco- No te preocupes estoy bien.

- Por supuesto que no, te pasaste una semana inconsciente.

- ¿Una semana?

- Si, estábamos empezando a preocuparnos seriamente por ti. Esos dos…- gruñó refiriéndose a Hibari y Yamamoto- se la han pasado aquí desde que te internaron, como sea, no creo que sea buena idea que los veas mientras aún estás convaleciente, ¿o tú si?

- La verdad- estaba algo dudoso al respecto- creo que prefiero ver a mi hijo primero.

- Lo entiendo- respondió su padre con una sonrisa- Los apresuraré para que lo traigan. Ninguno de nosotros lo ha visto aún, queríamos reservarte ese privilegio.

Su padre salió de la habitación dejándolo solo con su hermana mientras ella lo ayudaba a sentarse, pero eso sólo duró unos minutos. La puerta volvió a abrirse mostrando a una enfermera que llevaba consigo un pequeño bulto, detrás de ella venía su padre pero él no le prestó la más mínima atención.

Su hijo, ese era su hijo.

- Giacomo…- susurró mientras la enfermera colocaba al pequeño bebé en sus brazos.

Miró asombrado lo pequeño que era, tanto que podía sostenerlo en un brazo. Lo revisó con la mirada asegurándose de que no le faltara ni sobrara nada, observo su carita pálida y redonda, sus ojitos cerrados, acarició levemente sus suaves cabellos azabaches que sin duda había sacado del padre, fuera quien fuera, pero en los demás sabía que se parecía a él, tenía las mismas facciones que él había heredado de su madre y eso le hizo sentir un retorcijón de orgullo. Era perfecto, todo lo que una vez pudo haber imaginado y más.

- Te enamoraste de él a primera vista ¿verdad?- escuchó el comentario de su padre y no pudo evitar estar de acuerdo. De ahí en adelante estaba seguro que no habría nada que quisiera más que a su hijo.

- Oh mira, parece que va a despertar- susurró emocionada su hermana cuando el pequeño empezó a moverse.

En ese instante algo dentro de él se inquietó. Hasta el momento no había nada que aclarara quien era el otro padre del niño. Lo único que no había sacado de él era el cabello y, puesto que ambos candidatos a padres eran pelinegros, eso no decía mucho. Pero con los ojos era diferente, los de Yamamoto eran ámbar mientras los de Hibari eran azules. Sabía que los bebés terminaban de adquirir el color real de sus ojos después de nacer, una vez que los exponían a la luz, y que podían cambiar de color de ojos durante los primeros meses; pero eso no implicaba que no se pudiera notar una diferencia tan grande entre ambos tonos de ojos. Su respiración se aceleró un poco mientras el pequeño en sus brazos se estiraba levemente intentando acomodarse, pudo sentir también como su padre y hermana se acercaban, probablemente tan a la expectativa como él.

Y el bebé abrió los ojos.


Corrió por los pasillos aún contra las advertencias de las enfermeras y los fuertes golpes que se daba al resbalarse de tanto en tanto, ¡había que ver cuán resbaloso podía ser el piso de un hospital! Pero simplemente no había podido aguantar la emoción, el bebé de Smok….no, el bebé de Hayato acababa de nacer y se moría por conocerlo. Había dejado a sus subordinados afuera para no llamar mucho la atención y le avisaran si había algún movimiento extraño. Se sorprendió de no ver a ciertos japoneses afuera de la habitación una vez que llegó, sabía que no estaban adentro porque se lo dijo el Escorpión Venenoso cuando la llamó para preguntarle el número de la habitación y había supuesto que no se apartarían del lado del italiano hasta que saliera del hospital pero quizás el padre del susodicho se había deshecho de ellos por un momento. Si, no le sorprendía con el carácter que había demostrado cuando fueron a su mansión, sólo esperaba que estuviera de mejores ánimos esta vez.

Finalmente llegó a la puerta de la habitación y no se molestó en tocarla antes de entrar como si hubiera un incendio.

- ¡Hayato!- gritó, sólo para ser sorprendido por un arma y un pastel envenenado, apuntándolo directamente a la cara- ¡He-hey… soy yo!- contuvo la respiración hasta que se vio libre de peligro y entonces pudo centrarse en la persona sentada en la cama con el bebé en brazos- Vaya…

Se acercó lentamente sin prestarle atención a nada más y se sentó junto al peliplata, contemplando con él al pequeño pelinegro que tanto se parecía a su papá. Por un momento quiso tomar al niño en brazos para arrullarlo él mismo, pero ambas figuras se veían tan en paz la una con la otra que no se atrevió siquiera a abrir la boca. Gokudera miraba al niño con adoración, como si quisiera mantenerlo entre sus brazos para siempre y probablemente era así.

- Llegaste en el momento indicado, Cavallone- escuchó la voz del mayor de los presentes- Quería pedirte un favor muy importante.

- Ah…si- dirigió su atención a quien le hablaba- ¿Qué desea?

- ¿Hayato puede quedarse contigo por un tiempo? Sólo hasta que le encontremos un lugar seguro.

- ¿Qué? Es decir, yo no tengo ningún problema pero…pensé que iba a quedarse con usted.

- Los Riscatto se encuentran vigilando nuestra casa, ya tuvimos demasiada suerte con que no lo encontraran aquí pero no podemos seguir arriesgándonos- habló con pesar- Sin embargo dudó que piensen en volver a molestarte después de ir una vez y no encontrar signos de que Hayato haya estado ahí.

- En eso tienes razón- dijo el peliplata, levantando por primera vez la vista de su hijo- Así que…si no te molesta, Dino…

- ¡Por supuesto que no! Puedes quedarte ahí todo el tiempo que sea necesario.

- Gracias.

Aún no estaba seguro si realmente era una buena idea pero haría lo que fuera por ayudar a Hayato y su pequeño bebé, no podía dejar que los Riscatto pusieran sus manos sobre ellos ahora. Lo que le recordaba…

- ¡Ah, es cierto! Casi me olvidaba de decirte, Tsuna quería que lo llamaras lo más pronto posible para saber que estabas bien…en realidad debí habértelo dicho hace mucho pero como recién despertaste…

- ¡Te tardaste mucho!- una voz los interrumpió desde la puerta.

Todos voltearon sorprendidos de no haber notado que alguien se acercaba aun estando todos alerta. En la puerta se encontraba Sawada Tsunayoshi, completamente agitado como si hubiera terminado una gran carrera, y a decir verdad parecía que así era. Su ropa estaba desordenada y su cabello aún más alborotado que de costumbre pero parecía que ni él mismo lo notó, la sonrisa que llevaba en la cara al ver por fin a uno de sus grandes amigos después de tanto tiempo se agrandó aún más al reparar en el pequeño bultito que llevaba en los brazos. Sus ojos brillaban maravillados mientras se acercaba lentamente luego de haber cerrado la puerta.

- Juudaime…- susurró Gokudera al verlo acercarse- Le presento a mi pequeño Giacomo.

- ¡Es precioso! ¡Y es idéntico a ti!- observó embelesado mientras con cuidado acariciaba una de las mejillas del bebé- Es bueno ver que a pesar de todo, ambos se encuentran bien, Gokudera-kun.

- Casi no lo logramos- murmuró cansado el ojiverde, aún no se recuperaba- Pero ahora no podría estar más feliz.

- Y… ¿dónde están…?- susurró refiriéndose a los posibles padres del niño.

- Me libre de ellos un rato, creí que era lo mejor para Hayato- respondió el padre del peliplata- Pero si quieres verlos…- dijo observando a su hijo.

- No, está bien, no creo tener fuerzas para lidiar con una de sus peleas ahora- respondió con resignación- Aunque debo admitir que por lo último que recuerdo, ambos se comportaron muy bien cuando los necesitaba, quizás después de que Giacomo y yo tomemos una siesta puedan conocerlo- finalizó bostezando.

- Eso me parece bien Gokudera-kun- lo miró enternecido- Creo que ahora ambos deben descansar.

- Si- miró un poco más a su hijo- ¿Puede Giacomo quedarse aquí conmigo?- miró a su padre esta vez.

- No creo que haya ningún problema, hablaré con los médicos para que traigan aquí su cuna.

Gokudera sólo lo miró agradecido, feliz de tener por fin a su hijo consigo. Se acomodó en la cama con el pequeño seguro entre sus brazos y sin darse cuenta en qué momento, se quedó dormido.


Se apresuró en ir a la habitación de Gokudera sin fijarse realmente en las personas que casi atropellaba en el camino.

Al final la alerta que les había enviado su padre acerca de los Riscatto rondando cerca había sido cierta, aunque sospechaba que al principio había sido sólo una excusa para sacarlos del hospital y evitar una posible pelea entre él y Hibari producto del estrés por la espera. Pensando en eso miró disimuladamente al otro pelinegro a su lado, el cual también corría a un paso constante, con el rostro indiferente pero el ceño levemente fruncido, sólo lo suficiente para hacer notar su disconformidad con el hecho de haber dejado a Gokudera y al bebé solos en esa situación tan delicada.

Lo entendía perfectamente. Con el tiempo que habían pasado juntos sentados en la sala de espera, se dio cuenta que Hibari realmente se preocupaba por el italiano y pudo comprender un poco el cómo debieron haberse dado las cosas en el pasado. Aun así eso no significaba que estuviera dispuesto a renunciar al peliplata y al bebé, sabía que había sido un estúpido antes pero no cometería esos errores de nuevo.

No ahora que entendía la magnitud de sus sentimientos.

Llegaron finalmente a la habitación del ojiverde.

Hibari observó levemente al herbívoro a su lado y aceleró ligeramente el paso sin hacerlo notar demasiado, si alguien iba a entrar primero al cuarto donde descansaba su herbívoro, ese iba a ser él, sin embargo ambos jóvenes se quedaron paralizados apenas cruzaron la puerta por la imagen frente a sus ojos.

Gokudera y Giacomo se encontraban pacíficamente dormidos, juntos y abrazados. El italiano estaba recostado de lado, con el pequeño bebé acurrucado contra su pecho y plenamente seguro entre sus brazos, con una sonrisa tenue y tranquila en sus labios. La imagen desprendía tanta paz y ternura que ninguno de los dos espectadores se atrevió a mover un solo músculo por no perturbar a ninguno de los durmientes y, en un mudo acuerdo, ambos salieron de la habitación tratando de no hacer ruido alguno.

- Creo que debemos regresar después- susurró Yamamoto.

- Hmm- fue la respuesta del prefecto, pero él también se apartó de la puerta.

Aun así ninguno pensaba irse muy lejos hasta que todo estuviera seguro.


La noche ya había caído y todos los pacientes se encontraban durmiendo. Las horas de visita ya habían acabado hace mucho, por lo que en los desiertos pasillos del hospital sólo habían algunas enfermeras ocasionales o doctores cumpliendo con sus guardias respectivas. Todo parecía indicar que sería una noche tranquila, incluso el pequeño Giacomo sólo había despertado un par de veces por alimento desde que lo llevaron a su habitación y ahora dormía pacíficamente en su cuna, junto a su cama.

Si, todos tranquilos, excepto Gokudera Hayato.

Por algún motivo desconocido se había despertado en medio de la noche y ahora no podía dormir. Una parte de él le decía que era porque ya había dormido demasiado y su cuerpo necesitaba algo de actividad, pero otra pequeña y minúscula parte le decía que debía estar despierto…alerta. No estaba seguro de que era pero el ver a su hijo junto a él lo tranquilizaba.

No había visto a Hibari o Yamamoto pero su hermana le dijo que habían estado por allí mientras él dormía y no habían querido molestarlo, supuso que debía estar agradecido por esa consideración, pero por otro lado, ¡era lo menos que podían hacer! Después de todo, tener al hijo de uno de ellos, quienquiera que fuera, casi lo mataba en el proceso. Lo menos que esperaba era que lo dejaran recuperar sus fuerzas antes de que comenzaran de nuevo con sus estúpidas e infantiles peleas para ver quien se quedaba con él.

Un pequeño ruido, casi imperceptible, llamó su atención en ese estado de alerta. No estaba seguro de lo que era pero se parecía mucho al ruido de la ropa cuando alguien camina, lo extraño era que no se escuchaban los pasos de ninguna enfermera o doctor pasando. A decir verdad, repentinamente no se escuchaba ningún ruido en lo absoluto. La adrenalina fluyó por su cuerpo al mismo tiempo que intentaba incorporarse en la cama a pesar del dolor, que lo llamaran paranoico pero él sabía que algo andaba mal, terriblemente mal.

Se quitó con cuidado los cables que lo conectaban a las máquinas que controlaban sus signos y el suero, manteniendo su atención en la cuna y distrayéndose levemente por el ondear de la cortina…

...

¿En qué momento se había abierto la ventana?

La estupefacción no le duró mucho al sentir un objeto filoso en su garganta.

- Estás rodeado- pronunció una voz en su oído.

¿Cómo había podido ser tan descuidado?


¡TAN TAN!

XD Lo sé, estarán pensando en si no puedo dejarlos en paz con el suspenso aunque sea por una vez, y la respuesta es...no XD

Lo siento pero me gustan demasiado este tipo de finales, aún así no creo demorarme tanto para actualizar otra vez, sólo me faltan mis examenes para tener un fabuloso mes de vacaciones en una de mis carreras y la otra por el momento está avanzando sin complicaciones. Además ya tengo planeada la primera parte del siguiente capítulo, y lamento decirles que las cosas darán un giro inesperado que no creo que se imaginen, porque si pensaban que la historia estaba cerca a terminar... ¡se equivocaron!

Quizás debería terminar esta y empezar otra historia que fuera la continuación para que no tenga demasiados capítulos, no sé, estoy abierta a opiniones.

Ciao!