Regresé! Sé que me tarde de nuevo a pesar de estar de vacaciones y realmente lo siento -_-U. Definitivamente necesito una editora como Aikawa-san para que me mantenga al día con mis fechas límite XD. La verdad ya tenía avanzada una gran parte hace días, pero la última escena simplemente se negaba a salir y no me parecía que el capítulo estuviera completo sin esa parte. Aunque después de leer el último capítulo del manga TT_TT, las cosas fluyeron solas y no pude evitar meter a Varia también, todos los que sigan el manga podrán entenderme TT_TT.
Ahora en una nota más seria:
Atención: Creo que hice el summary bastante explícito en cuanto el contenido de este fic, además, si hay alguien por allí que ha leído mis otros fics se habrá dado cuenta que lo que mejor se hacer es el angst y que mientras más me gusta un personaje, más tiendo a hacerlo sufrir u_uU, sé que soy sádica pero es mi naturaleza y no puedo cambiarla. Así que, si alguien no se siente cómodo con la forma en la que escribo es libre de dejar un comentario o crítica constructiva, o simplemente dejar de leer, porque todos tienen derecho a expresar lo que piensan y yo en verdad leo y valoro cada uno de los reviews que recibo, me ayudan a mejorar cada vez más, pero lo que no me parece es que se pongan algo agresivos. Yo también tengo derecho a expresarme a través de mis historias y a dirigir la trama de la manera que me agrade y, dado los reviews que suelen llegarme, a la mayoría de los lectores también les gusta como va la trama. Si bien hay algunos discordancias en cuanto a las parejas, eso es un tema completamente aparte...y en el que aún no decido nada -_-U.
En fin, eso es todo, pienso que esas cosas deben aclararse desde el principio.
Disclaimer: Katekyo Hitman Reborn no me pertenece.
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Not enough
Estaba congelado en su sitio, sus ojos no se apartaban de la cuna de su bebé mientras veía como algunas figuras encapuchadas empezaban a salir de las sombras de la habitación y entrar por la ventana, contó seis Riscatto en total. No iba a poder con tantos, no tenía sus armas y aún seguía demasiado débil, además Giacomo estaba en la habitación y no quería arriesgarse a lastimarlo.
Giacomo…
Por favor, por favor, que le hicieran a él lo que quisieran pero que no tocaran a su hijo. Casi quiso llorar de la impotencia cuando vio como dos de ellos se acercaban lentamente a la cuna y no pudo contenerse más.
- ¡NO LO TOQUEN!- gritó a la vez que intentaba acercarse y era retenido fuertemente por quién estaba detrás suyo- ¡Es sólo un bebé! ¡Por favor!
Ninguno de los presentes le prestó atención a pesar de que en ningún momento dejó de gritar, rogar o tratar de soltarse. Dos de ellos hacían guardia para que nadie los interrumpiera mientras otros revisaban al bebé, primero sólo con la vista, pero cuando empezaron a remover sus mantas y Giacomo empezó a llorar Gokudera se removió aún con más fuerza, tanta que apenas podían contenerlo entre dos.
- ¡Déjenlo en paz! Él no tiene la culpa de nada…
- Ese pequeño ser es sólo una abominación como tú- escuchó por primera vez la gruesa voz del Riscatto que lo sujetaba, era la voz de un hombre mayor, probablemente de la edad de su padre.
- ¡No, no lo es!- intentó justificarse- Giacomo es normal, es como cualquier niño, los médicos lo confirmaron, por favor… déjenlo en paz.
- ¿Eso es cierto?- le preguntó esta vez a uno de los encapuchados que revisaban al bebé.
- Bueno…- respondió algo dudoso, en una voz que Gokudera reconoció como la de alguien más joven- Por fuera es aparentemente normal pero no podemos estar seguros hasta hacerle algunos exámenes.
- Bien, tendremos tiempo para encargarnos de confirmar esa información luego, una vez que esté seguro en nuestra base.
El mundo del peliplata se detuvo con esa simple frase, sintió como dejaba de respirar y su corazón dejaba de latir, ni siquiera podía parpadear. La herida de la cesárea que ya estaba sanando había vuelto a abrirse desde que empezó a forcejear y ahora la sangre empezaba a manchar la bata del hospital de forma lenta, pero eso no importaba, ni siquiera sentía dolor. Su bebé… ¿querían llevarse a su bebé?
- ¿Su…su base?... ¿De qué…de qué están hablando?- pronunció con la voz cortada.
- En caso de que sea normal, no vamos a dejarlo junto a un error de la naturaleza como tú, sólo vas a corromperlo- Mencionó el mayor con un tono frío y severo- Si lo que dices es cierto, nos encargaremos de educarlo durante sus primeros años para asegurarnos que ningún rastro de tu pecado haya quedado en él, ya luego se lo entregaremos a una familia con principios que pueda usarlo en algo útil y mantenerlo a raya.
- ¡NO!- esta vez no hubo fuerza humana que pudiera contenerlo mientras se arrojaba de la cama con piernas temblorosas- ¡No van a quitarme a mi hijo! ¡No voy a dejar que lo hagan!
Repartió golpes, patadas, arañazos y todo lo que pudo, aún con la poca fuerza que tenía no iba a dejar de luchar hasta asegurarse que nadie lo alejara de su bebé, lucharía con los dientes si fuera necesario, lucharía hasta que el último de sus huesos estuviera roto pero nadie lo separaría de su hijo. Y al parecer los Riscatto entendieron la idea.
Cuando estaba a punto de llegar a la cuna un fuerte golpe en su espalda lo mando al suelo, intentó levantarse pero una patada que le dio en la herida semi abierta lo dejó inmovilizado. Dolía, dolía como los mil demonios, pudo sentir la sangre brotar en grandes cantidades de su abdomen, aún así puso toda su fuerza en volver a ponerse de pie sólo para recibir una patada en el rostro que volvió a tumbarlo.
- La idea era eliminarte de forma rápida y silenciosa, pero parece que te gusta hacer las cosas de la manera difícil- escuchó esa grave y fría voz de nuevo, antes de sentir como era levantado a la fuerza por dos de los encapuchados que lo sujetaban de los brazos.
Sus piernas temblaban tanto por el esfuerzo que sabía que si lo soltaban caería pesadamente, prácticamente los estaban arrastrando mientras la sangre seguía saliendo y manchando la bata del hospital, y escurriendo por sus piernas como ríos, sólo para formar un charco en el piso. Levantó la cabeza con un poco de esfuerzo y se encontró con un arma apuntándole directamente a la frente. No, no podía morir, no ahora, no quería dejar a Giacomo en las manos de esas personas.
- Por favor…- susurró en un último intento, pero nadie lo escuchó. Vio al Riscatto que había revisado al bebé tomar a este en brazos y acunarlo levemente, al menos él parecía más humano que el resto de esos miserables. Escuchó como quitaban el seguro del arma pero no volteó, si iba a morir la última imagen que quería tener era la de su hijo, pero antes de que pudiera escuchar el disparo….
- ¡Grrr!
Conocía ese rugido.
La pistola que le había estado apuntando cayó cerca suyo mientras Uri en su forma de leopardo mordía el brazo que la había sostenido, sólo para dejarlo en paz segundos después y lanzarse ahora sobre quienes lo tenían sostenido. Tal como lo previo, apenas sus brazos fueron libres cayó bruscamente al suelo, quedándose levemente aturdido por el dolor y sólo siendo capaz de oír los rugidos furiosos de Uri mientras arremetía contra todo el que pudiera. No sabía que sus cajas estuvieran en su habitación, las había llevado consigo durante todo su embarazo pero al no poder usarlas, pasaron a ser casi un accesorio. Imaginaba que su hermana debió dejarlas sólo por seguridad y en esos momentos en verdad lo agradecía. Escuchó un gruñido que sonaba a lamento y se dio cuenta que estaba perdiendo valiosos segundos, gateó como pudo hasta la pistola que yacía cerca suyo y una vez que la tomó sintió por fin que dejaba de ser una víctima desvalida. Era hora de luchar.
Uno, dos disparos y los cuerpos contra los que habían impactado las balas cayeron y dejaron de moverse, el dolor que aún sentía lo distrajo provocando que su tercer disparo sólo cayera en el hombro de su tercer objetivo, escuchó a Uri rugir adolorido y cuando giró, lo vio volar hasta impactar contra una pared tomando de nuevo su forma de gato y quedando inconsciente.
- ¡Uri!- lo llamó sin obtener reacción alguna, dándose cuenta que alguno de los encapuchados que quedaba debió haber usado una de las extrañas armas que portaban.
No tuvo mucho tiempo para preocuparse cuando el arma salió volando de sus manos y un golpe lo mandó de nuevo al suelo. El más viejo de todos los presentes sostenía el brazo que había sido mordido por Uri mientras lo miraba con ira detrás de la capucha.
- ¡Tu pequeño engendro…!
- ¡Espere!- lo detuvo el encapuchado al que le había dado en el hombro, pudo ver que además de los dos que había hecho caer, había una tercer Riscatto inconsciente, probablemente trabajo de Uri- Los disparos y los gritos debieron haber llamado la atención de alguien, y el hecho de que nuestros refuerzos no hayan llegado puede significar que están siendo retenidos de alguna forma, lo mejor es irnos inmediatamente, de todas formas ha perdido mucha sangre y no creo que le quede mucho tiempo.
- No eran refuerzos, sólo una distracción que funcionó muy bien- respondió toscamente el mayor- Pero de todas formas tienes razón, sus protectores deben estar en camino, vámonos- ordenó volteando hacia los dos únicos que quedaban, uno de los cuales era quien aún sostenía a Giacomo y era el único que no se había metido en la pelea, quizás por la seguridad del bebé.
Los tres hombres pasaron delante suyo camino hacia la puerta. Dos de ellos completamente convencidos de que lo que estaban haciendo era lo correcto pero el más joven, él no estaba tan seguro. Él nació siendo parte de los Riscatto, era la vida que siempre había conocido y nunca había dudado de sus objetivos pero ahora, ahora no sabía que pensar. La perseverancia de ese joven sólo unos años menor que él por proteger a su hijo lo desequilibraba de todas sus convicciones, sabía que las dudas no eran permitidas pero no podía hacer nada para detenerlas. Justo cuando estaba a menos de un metro de la puerta, algo jalando el borde de su capa lo hizo detenerse.
Miró hacia abajo sólo para ver una mano fuertemente aferrada a su capa, o al menos con toda la fuerza que a esas alturas le podía quedar.
¿Cómo podía seguirse siquiera moviendo en las condiciones en las que estaba?
¿Tanta era su fuerza de voluntad para proteger a su hijo?
- Por favor…- el susurro quebrado de ese joven padre le removió las entrañas.
- Lo siento…- le respondió lo suficientemente bajo para que sólo él lo escuchara- Te prometo que voy a cuidarlo, ¿si?
Se deshizo del agarre con un solo tirón y se encaminó a la salida para continuar con su camino.
Corrió a todo lo que daban sus pies, algo le decía que no le quedaba mucho tiempo y no pensaba desperdiciarlo. Esos herbívoros encapuchados habían aparecido de la nada rodeando el hospital completamente y aunque no eran tan fuertes como esperaba si eran lo suficientemente persistentes como para quitarles algo de tiempo a él y al espadachín, quien aún seguía encargándose de los remanentes. Esa insistencia en demorarlos había sido la única pista que necesito para saber que sólo eran una distracción, así que se los quitó de encima como pudo y se dirigió a la habitación de su herbívoro rebelde para asegurarse de que estaba bien.
Había llegado al piso donde se encontraba la habitación que buscaba pero antes de poder dar la vuelta por una de las esquinas escuchó el ruido de gente acercándose a la salida. Se ocultó justo a tiempo para ver a tres Riscatto correr a una de las salidas y, para su horror, vio a uno de ellos sosteniendo al bebé.
Lo habían conseguido.
Dominó por poco la ira que lo consumía al pensar en lo que pudo haberle pasado al italiano y se obligó a pensar frío. Tenía que recuperar al bebé sin dañarlo en el proceso. Sigilosamente se acercó a los encapuchados que por intentar huir se habían separado un poco y, aprovechando el ruido de una explosión cercana, jaló a quien sostenía a Giacomo a un lado, apretando su cuello con una tonfa antes de que pudiera reaccionar y dañar al niño.
- Dame al bebé- exigió con la voz más fría que tenía.
- Tú… ¿quién se supone que eres?- le respondió una voz joven a la defensiva.
- Soy el padre de ese niño y vas a entregármelo ahora- demandó presionando aún más la tonfa.
- ¿Su otro padre? ¿Cómo sé si dices la verdad?- esta vez la voz se escuchó un poco más suave, al tiempo que con movimientos lentos la persona frente a él empezó a quitarse la capucha.
Un muchacho sólo unos pocos años mayor, de cabello castaño claro y ojos grises lo miró directamente a los ojos, al tiempo que le dirigía una sonrisa conciliadora.
- Mi intención no es hacerle daño a un inocente, si realmente eres su padre te lo devolveré- dijo al tiempo que extendía los brazos para acercar el bebé a Hibari, quien no dudo en tomarlo.
- Creí que darías más pelea- siguió mirándolo con sospecha.
- Vine aquí creyendo que hacía lo correcto pero he empezado a tener mis dudas- expresó sincero- Ahora, ¿puedes hacerme un favor? Si se dan cuenta que te lo di me matarán, así que golpéame para que parezca que luche.
- Con gusto- lo golpeó inmediatamente, no lo suficientemente fuerte como para lastimarlo de verdad pero si para dejarlo inconsciente, y volvió a correr hacia la habitación del ojiverde.
Ese sujeto era en verdad peculiar, pero su herbívoro era su prioridad en ese momento.
Cuando por fin llegó a la habitación y cruzó la puerta, el poco aliento que había podido recuperar se le fue de los pulmones. Gokudera estaba echado en el suelo rodeado de sangre, aunque afortunadamente seguía respirando. Se inclinó a su lado y lo movió lentamente para ponerlo de costado, en ese momento se dio cuenta que estaba despierto.
- Hayato…- susurró para que se enfocara en él.
- Gia…Gia…- intentaba llamar al niño.
No perdió tiempo, sabía que no podía mover mucho al italiano sin arriesgarse a abrir aún más sus heridas, así que acomodó al niño en el piso junto a él, de forma que quedó frente al rostro de su padre. Este no dudó en acercar una de sus manos hasta el pequeño para asegurarse de que realmente estaba ahí, le acarició con suavidad las mejillas y, al contacto de la mano de su padre, el llanto que no había parado desde que despertara por fin cesó. Parecía que la vida le había regresado al cuerpo pero el pelinegro sabía que eso no era necesariamente cierto.
- Él está bien, está contigo, así que no te muevas mientras voy a buscar ayuda, necesitamos tratar tus heridas.
El ojiverde sólo dio un leve asentimiento, dando a entender que lo escuchaba pero sus ojos estaban fijos en el bebé, como si aún no pudiera creer que lo tenía de nuevo consigo. Aunque Hibari se encontraba preocupado porque los Riscatto regresaran por el bebé, sabía que Hayato necesitaba ayuda médica urgente por lo que no podía darse el lujo de esperar. Con algo de duda se acercó a la puerta y, dando una última mirada a sus dos personas más importantes, decidió ir a buscar a alguien de utilidad.
Afortunadamente, no tuvo que alejarse mucho, sólo unos minutos después de salir reconoció la silueta que se dirigía a donde él estaba.
- Ya te estabas tardando herbívoro.
- ¡Hibari! ¿Cómo está Gokudera?- Yamamoto se reunió con él a toda prisa.
- Bastante herido, pero logré devolverle a Giacomo- observó la confusa mirada del samurái- Te lo explicaré después, ahora ve a cuidarlo, necesito encontrar ayuda.
No esperó a que le contestara antes de salir, ahora si, a toda prisa. Sabía que ese herbívoro no dejaría que nada malo le pasara a Gokudera mientras él no estaba, podía decir que confiaba en él lo suficiente.
Llegó a la habitación lo más rápido que pudo, preocupado por lo que le dijo Hibari, tenía que intentar ayudar a Gokudera de la forma que fuera. Ya habían perdido demasiado tiempo terminando de deshacerse de los enemigos que habían servido de distracción y cuando llegó para ver desierto el camino a la habitación del italiano, su corazón casi se detiene. Atravesó el dintel sin el más mínimo cuidado, no podía esperar para ver a…
- ¡Gokude…!- se quedó congelado en su sitio.
Hay frente a él, estaba su peliplata pero definitivamente no de la forma que esperaba verlo.
Se encontraba sentado en el frío suelo, apoyado contra el respaldo de la cama y, por el rastro de sangre que podía ver, se había arrastrado hasta allí. En uno de sus brazos sostenía fuertemente al bebé, que emitía leves balbuceos como si quisiera lanzarse a llorar. En la otra mano, sostenía con igual fuerza una pistola.
Que apuntaba directamente a su cabeza.
- Gokudera…- susurró, tratando de no asustarlo- Soy yo, baja la pistola- pero él no lo escuchaba, su mirada estaba perdida y horrorizada, como si estuviera en una pesadilla con los ojos abiertos- Gokudera, por favor…
El bebé comenzó a llorar, parecía que su padre lo estaba presionando demasiado, y su llanto despertó un poco al italiano de su estado, tiempo que aprovechó Yamamoto para darle un golpe en la muñeca y hacer que soltara la pistola, pateándola lejos al instante. Gokudera forcejeó un poco, aun no entendiendo la situación, pero se calmó un cuanto el japonés lo sostuvo de los hombros y usó sus llamas de lluvia, de la misma forma que las usaba para calmar su dolor en la espalda, para tranquilizarlo. Se quedó dormido aun sosteniendo al bebé.
Pasaron unos minutos antes de que sintiera el sonido de alguien aproximándose, se puso en alerta pero se calmó cuando vio que era Hibari…seguido de los Varia.
- ¿Qué…?
- No preguntes y apártate.
No tuvo que hacerlo, Lussuria lo empujó a un lado, mientras balbuceaba algo inentendible para sacar inmediatamente a su caja arma y empezar a curar a Gokudera. Hibari se acercó y tomó al bebé, no sabían que efectos podría tener el exponer al niño a tal cantidad de flamas y no iba a arriesgarse. Nadie dijo nada mientras el sol trabajaba, pero el samurái no podía ocultar sus dudas.
- El viejo nos envió como un equipo de refuerzo- respondió Xanxus de mala gana- No teníamos pensado intervenir a menos que las cosas se pusieran interesantes.
- Eso realmente... ¿realmente vino de él?- preguntó Squalo mientras observaba perplejo al bebé en los brazos de Hibari.
- No es "eso", su nombre es Giacomo- gruño el pelinegro- y será mejor que no lo despiertes o te morderé hasta la muerte.
- Vamos Hibari, no te pongas violento cerca de Giacomo- se acercó Yamamoto.
- No me digas que hacer herbívoro.
- Shishishi, otro pequeño plebeyo.
- ¿A quién crees que llamas plebeyo?- gruño esta vez hacia Bell.
- Lastima que este sea un fenómeno único, podría cobrar millones por un procedimiento así- murmuró Mammon, aparentemente empezando sacar cuentas.
- Si uno de ustedes da un paso más cerca de mi hijo, voy a…
Pero Hibari no pudo terminar su amenaza. El bebé empezó a llorar levemente y todos los que lo rodeaban se acercaron por instinto para verlo.
- Sus ojos…- murmuró Squalo cuando pudo verlo bien- Sus ojos son…
Hibari no pudo ocultar su sorpresa y Yamamoto no pudo evitar su sonrisa.
Ta dan! XD Si, pueden odiarme ahora por dejarlos de nuevo en suspenso. Sé que lo que debe estar pasando por sus mentes pero eso puede no ser necesariamente cierto, así que tendrán que esperar para ver si tienen razón o no. Creo que este capítulo salió más largo de lo que esperaba, ¿los prefieren así o debería reducirlos un poco? Me avisan en un review!
Ciao!
PD: No fue mi intención ofender a nadie con la nota que está arriba, sólo que necesitaba dejar eso en claro.
