¡Hola a todos! ^_^! Sé que me he tardado bastante pero no tienen idea de todo el trabajo que me ha costado llegar a terminar este año, lo único bueno es que esta vez aprobé todo ¡si, pude hacerlo! Eso es algo que no pasaba desde que se me ocurrió la gran idea de estudiar dos cosas a la vez ¬¬, no tengo idea de que rayos estaba pensando -_-U. En fin, este capítulo ya lo había empezado hace un tiempo pero no podía pensar en cómo seguirlo, así que usé mi inspiración y todo fluyó de una vez, con varios errores, pero creo que los corregí bien. Ahora, esta actualización cuenta como un regalo de navidad, ¡FELICES FIESTAS A TODOS! Les deseo que la pasen muy bien con sus familias y sus personas importantes.
Ahora si, ¡al regalo!
Disclaimer: Katekyo Hitman Reborn no me pertenece.
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The blink of an eye
La conmoción ya había pasado.
El padre de Gokudera mandó un batallón de sus hombres inmediatamente para rodear la zona e impedir que los Riscatto se acercaran de nuevo, que se hubieran retirado por el momento no significaba que se hubieran rendido. El peliplata se encontraba ahora descansando en otra habitación, los Varia se habían ido una vez que Lussuria había logrado detener la hemorragia y sanar gran parte de las heridas del ojiverde, aunque aún iba a requerir de algunos días de recuperación por su enfermedad. El pequeño Giacomo se encontraba de nuevo en su cuna junto a su padre, descansando de todo el alboroto que a menos de un mes de nacido había tenido que soportar. Tsuna, Hibari y Yamamoto también se encontraban en la habitación haciendo guardia, este último sin quitar la sonrisa de su rostro que tanto exasperaba al otro pelinegro.
- Quieres quitar esa estúpida sonrisa de una maldita vez- gruño el prefecto.
- Jaja, es que no puedo evitarlo, estoy muy feliz.
- Chicos…- susurró Tsuna tratando de calmarlos y recordarles que había dos personas que necesitaban descansar.
- Lo siento, pero ¿puedes creerlo Tsuna?- continuó Yamamoto con un tono más bajo.
- Yamamoto…
- Sabía que iba a ser un bebé precioso viniendo de Gokudera pero…sus ojos…
- Sus ojos son verdes, todos lo vimos ¿Qué hay con eso?- soltó bruscamente Hibari.
- Que ahora si es idéntico a Gokudera, a excepción del cabello es su vivo reflejo, ¿no te parece asombroso?
- Hmm- gruñó el prefecto.
No es que no le gustaran los ojos de su hijo, al contrario, le hubieran gustado sus ojos sin importar el color que tuvieran (excepto quizás ámbar), el hecho de que se pareciera tanto a su herbívoro sólo le daban más razones para quererlo, pero mentiría si no admitiera que se sentía levemente decepcionado. Había esperado que hubiera alguna característica física en Giacomo que les dejara en claro a todos, sobre todo a Yamamoto Takeshi, que él era su padre para que no hubiera más dudas ni preguntas incómodas, pero ahora lo único que tenía como prueba de su paternidad era su instinto de carnívoro, eso y la esperanza de que cuando creciera el niño heredara algo de su carácter.
Eso sí sería algo digno de ver.
No dejaba de estar preocupado.
Si bien estos últimos días habían estado tranquilos y sin ninguna novedad que los pusiera en alerta, no podía evitar sentir que todo eso no era más que la calma antes de la tormenta. Sabía que los Riscatto no iban a detenerse ahora, no cuando ya habían sido capaces de poner una mano sobre su querido nieto y la espera ante el inminente futuro ataque lo estaba destrozando. No podía permitir que alguien le hiciera daño a su familia, no cuando por fin sentía que la había recuperado, que de nuevo esa parte de su alma que se había quebrado, ese vacío que quedó en su corazón cuando Hayato se fue había vuelto a llenarse.
No, ya había cometido suficientes errores como padre como para agregar "fallar en proteger a mi hijo y nieto recién nacido" a la lista. Sus fallas lo habían atormentado por demasiado tiempo después de la partida de Hayato y no sabía si podría resistir el peso de la culpa de nuevo.
Lucharía con todo y no le importaba sacrificar el honor de su familia, demasiada importancia ya le había dado a eso antes, o su propia vida para asegurarse de que ellos estuvieran bien. Daría todo lo que tenía en la vida para reparar sus errores del pasado. Así tuviera que enfrentarse a su propia esposa no se detendría ante nada, esta vez sabía que era lo verdaderamente importante y estaba dispuesto a luchar por eso.
Tenía que hacer algo.
Aún no estaba seguro si la idea que se concebía en su cabeza iba a funcionar o si Hayato iba a estar de acuerdo, pero por el momento era lo único que se le ocurría, la única solución factible cuando todos sus otros intentos habían fracasado.
Si los Riscatto no iban a rendirse hasta eliminar a Gokudera Hayato, entonces él mismo tendría que desaparecerlo primero.
Despertó sintiéndose mejor de lo que se había sentido en semanas. Si bien la herida aún no terminaba de sanar, ya había avanzado bastante en su recuperación y, aunque odiaba admitirlo, gracias a Lussuria ahora esa era su única molestia, todas las demás lesiones habían sido sanadas. Bueno, excepto su enfermedad, pero mientras no le causara mayores problemas, por el momento podía ignorarla.
Miró la pequeña cuna donde su hijo aún dormía y no pudo evitar sonreír con alivio, al final todo había salido bien. Probablemente todo el alboroto que había tenido que soportar antes y después de nacer le había generado ciertos traumas futuros, pero ya se encargaría de lidiar con ellos después. Solo tuvo unos momentos más de tranquilidad antes de oír los golpes de alguien contra el suelo, una y otra vez. Suspiró sabiendo perfectamente quién o quiénes estaban por entrar a su habitación.
- ¡Auch! ¡Dino-san!- se quejó cuando el rubio cayó sobre él apenas pasaron la puerta.
- Lo siento Tsuna, pero estos pisos son demasiado resbalosos- se defendió el mayor.
- ¡Juudaime! ¿Se encuentra bien?- preguntó desde la cama, aún no estaba listo para moverse.
- Si, no te preocupes Gokudera-kun- se acercó hasta la cuna del bebé- ¿Cómo se encuentran ustedes?
- Mucho mejor, sólo tenemos que esperar a que mi herida termine de cerrar para poder salir de aquí.
- ¡Que alivio! Realmente estaba preocupado por ustedes dos- dijo sonriente el rubio mientras se agachaba para observar a Giacomo- ¿No es el bebé más hermoso que hayan visto en sus vidas?
- Deja de mirar tanto a mi hijo Caballo Salvaje- gruñó el peliplata.
- Me alegra que ambos estén bien, pero hay algo que me está preocupando desde hace un tiempo- dijo el castaño con cautela- Gokudera-kun, ahora que Giacomo nació… ¿piensas volver a Namimori? La situación aún es riesgosa.
- A decir verdad, yo…
- Hayato-una voz mucho más profunda corto la conversación de golpe, los tres presentes voltearon inmediatamente hacia la puerta donde esperaba el padre del ojiverde- Hay algo muy importante que tengo que hablar contigo.
La puerta se cerró dejando al peliplata y a los tres jefes de la mafia en completa privacidad.
Si las miradas mataran, ambos ya tendrían mucho tiempo bajo tierra.
- Ya deberías rendirte Yamamoto Takeshi, no voy a dejar que te quedes con MI herbívoro y mi hijo- habló rompiendo el incómodo silencio mientras miraba de reojo al pelinegro al otro lado del ascensor.
- Gokudera no es TU herbívoro Hibari, y tampoco puedes estar seguro de que Giacomo sea tu hijo- el beisbolista respondió con un desdén muy raro en él.
- Estoy seguro que lo es, así que mejor mantén tu distancia.
- Tú no vas a darme órdenes, el único que puede pedirme algo así es Gokudera y estoy seguro que no lo hará.
- Quizás no, pero por tu propio bien será mejor que te alejes, Hayato me tiene ahora para cuidarlo y eso es suficiente- siguió discutiendo mientras salían del ascensor.
- Tú eres demasiado brusco y posesivo, lo que Hayato necesita es a alguien que lo sepa escuchar.
- Con todos los problemas que tiene encima, lo que necesita es a alguien fuerte- ya se acercaban a la puerta de la habitación del peliplata.
- Eso es algo que sólo él puede decidir- tocó la manija de la puerta.
- Bien, entonces aclaremos esto de una vez.
- ¡Hayato!- llamaron los dos a la vez mientras abrían la puerta y entraban a la habitación.
Sólo para encontrarla vacía.
- Pero qué…- Yamamoto se quedó en completo estado de shock y sin poder reaccionar mientras sus ojos escaneaban la habitación en busca del italiano, pero la cama estaba vacía y la cuna desocupada, como si nadie las hubiera usado.
- Riscatto…- siseó Hibari a la vez que sacaba sus tonfas y empezaba a recorrer la habitación en busca de señales de lucha o de algo que les dijera lo que había pasado.
- ¡Mira!- exclamó de pronto el beisbolista, señalando un sobre que estaba sobre la almohada.
Ambos prácticamente se pelearon por abrirlo y vaciar su contenido, que no era más que una hoja de papel con la letra inconfundible del bombardero. Aún algo dudosos finalmente empezaron a leerla para entender qué es lo que estaba pasando… y no les gustó nada.
"Hibari y Yamamoto:
Lo siento, sé que esto es muy repentino pero he decidido que es lo mejor. Los Riscatto aún me buscan y aunque sé que cuento con su ayuda y con la de muchas personas, no es suficiente, ellos ya demostraron que son capaces de traspasar todas las defensas sin ser notados y no puedo tomar más riesgos, no con Giacomo aún tan pequeño.
Mi padre me ha ofrecido una alternativa viable y esa es irme lejos, pero esta vez no para esconderme donde un aliado, sino en un lugar donde no pueda ser encontrado, y eso significa, en un lugar que no tenga ningún tipo de relación con alguien que conozca. Para mayor seguridad y aunque sé que esto no les va a gustar, he decidido que nadie debe saber mi ubicación exacta. No importa a quién le pregunten ni cuanto insistan, nadie va a poder darles respuestas aunque las sepan. Si hago esto es porque sé que ustedes tratarían de vernos y no puedo arriesgarme a que los sigan.
Sé que hay asuntos inconclusos entre nosotros y quiero aclararles algo importante.
Escojo a Giacomo.
Él es en estos momentos lo más importante que tengo y voy a dedicarme enteramente a él. Antes de que comiencen a pensarlo: no, no los necesito para cuidarme, puedo hacerlo solo y creo haberlo demostrado demasiadas veces desde que era pequeño. Soy fuerte. Ya no estoy débil por el embarazo y aunque su ayuda fue muy importante para mí, ahora me basto solo. No sé cuál de los dos me ayudo a traer a mi hijo al mundo, pero él es mío y sólo mío.
Más les vale que no hagan un escándalo de esto y molesten al juudaime o a mi padre, no lograrán nada.
Gracias por todo lo que hicieron por mí hasta ahora.
Gokudera Hayato".
…Un silencio sepulcral se extendió en la habitación mientras ambos pelinegros procesaban lo que habían leído.
- Gokudera…
- Ese herbívoro…-
Ni siquiera les había dado la oportunidad de discutir.
- Esta es la última caja.
- Gracias- respondió un pelinegro de pelo corto al joven que lo había ayudado a subir las cajas hasta su nuevo apartamento.
Una vez que el camión hubo partido se permitió recorrer las estancias que conformarían de ahora en adelante su hogar. No era muy grande pero era lo suficientemente espacioso para dos personas. La sala era amplia y tenía una muy buena vista de las montañas que rodeaban el pequeño pueblo. El clima era cálido y soleado, sin ser demasiado sofocante. Probablemente necesitaría unos arreglos y quería decidir él mismo el color de las paredes, pero aparte de eso, parecía el lugar perfecto para empezar una nueva vida.
Se detuvo un momento frente al espejo del recibidor y tocó las puntas de su cabello. No era su estilo llevarlo tan corto pero podía acostumbrarse, lo que le había costado más había sido decidirse por el color, pero tomando en cuenta a su nuevo compañero de piso, le parecía el más apropiado.
Un maullido le llamó la atención y rápidamente se dirigió a su ahora habitación, al acercarse escuchó unos pequeños sollozos y sin demora cogió al pequeño bebé que estaba sobre la cama, acunándolo en sus brazos al tiempo que tarareaba una canción.
- Bien hecho Uri, creo que fue una buena idea traerte después de todo- le sonrió al minino que daba vueltas a su alrededor- Tranquilo Giacomo, ya paso- el pequeño empezó a calmarse al escuchar la tranquilizante voz de su padre- ¿No te gusta nuestro nuevo hogar? Este es el lugar donde nació tu abuela, es un pueblo muy tranquilo, ¿no te parece?
El pequeño ojiverde se calmó pero no dejó de mirarlo como si fuera la primera vez que lo veía, por momentos parecía confuso y con ganas de volver a llorar.
- Ya sé, ya sé, te va a costar un poco reconocerme así, pero esto es por nuestra propia seguridad ¿de acuerdo?
Se detuvo un momento frente a la ventana.
- Te prometo que de ahora en adelante, todo va a estar bien.
Y sonrió al atardecer.
FIN?
A decir verdad, este era el final que tenía destinado desde un principio para la historia, sin que Haya-kun escogiera y para hacerlo más dramático, que se fuera lejos con su hijo. Claro que en realidad planeaba que no se fuera en buenos términos, pero eso cambió con el transcurso de la trama.
En fin, mi descontrolada imaginación no pudo quedarse tranquila y ahora estoy pensando en continuar esta historia, aunque eso depende de ustedes. ¿Continuo aquí o en otra historia que sirva como continuación? Dejaré todo a sus reviews.
Ciao!
