¡Hola! Aparecí de nuevo de entre los fanfics estancados XD. Quiero agradecer a todas esas personas que se tomaron la molestia de mandarme un mensaje y darme aliento, en serio, no tienen idea de lo mucho que me motivo saber que disfrutaban esta historia. Estos días han sido muy difíciles ya que ahora que soy un miembro productivo de la sociedad casi no tengo tiempo para nada, pero eso no me impedirá de ir avanzando esta historia aunque sea de poco en poco.
Disclaimer: Katekyo Hitman Reborn no me pertenece.
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Nothing's ever built to last
¡Bang!
Alcanzó a esquivar la bala por muy poco, rodando por el suelo lejos del lugar del impacto e incorporándose de nuevo, sin embargo no tuvo más que algunos segundos para recuperar el aliento cuando escuchó el peculiar sonido que hacía el arma al cargarse de nuevo.
No tenían pensado darle tregua, aunque tampoco estaba esperándola.
Si algo había aprendido durante el tiempo que llevaba con los Riscatto era que ellos no valoraban ninguna vida más que la propia. Para ellos, si alguien moría durante el entrenamiento era porque no era lo suficientemente fuerte, así que no valía la pena que siguiera ocupando un lugar entre ellos. Habiendo conocido esa ideología desde que llegó, no esperaba que el entrenamiento en armas fuera más que una masacre para deshacerse de una vez de todos aquellos que les estorbaban.
Y lamentablemente él era uno de ellos.
- ¡Scudo!- gritó al tiempo que un escudo de llamas de lluvia se formaba alrededor suyo, debilitando la potencia de los disparos que se dirigían a él hasta volverlos solo luces de colores.
Desde que reveló su llama de la lluvia hace algunos meses no habían dejado de ensañarse con él durante los entrenamientos. Día tras día, hora tras hora. Parecían estar decididos a llevarlo al límite para verlo fallar, solo que no se las iba a dejar tan fácil, menos ahora que después de muchos intentos por fin había logrado descifrar como usar sus llamas. Casi extrañaba los días en que solo debía preocuparse por hacer los quehaceres de sus superiores. Casi.
- ¡Maldito mocoso!- gruñó el tipo que acababa de efectuar los disparos- No eres más que otro engendro.
- Engendro o no, sigo siendo más fuerte que tú.
- ¿Qué dijiste?- vociferó rojo de ira el corpulento sujeto.
Giacomo se permitió una sonrisa ladina oculta bajo la capucha. No importaba que tanto lo insultaran, no iban a desconcentrarlo, no ahora que podía sentirse cada vez más fuerte. Se había dado cuenta que a pesar de tener tres tipos de llamas dentro suyo, no era nada fácil controlarlas sin perder el control. Le había costado y mucho, pero ahora podía dirigir toda su energía a una sola llama y controlarla casi a la perfección y con una potencia que los demás no podían entender.
Y eso que no usaba toda su fuerza.
Aun así, la desventaja era que solo podía usar una llama a la vez, la mayoría de veces la de la lluvia ya que le había ocultado la existencia de las otras dos a todo el mundo, incluso a Aziel. Era un secreto que guardaba celosamente y por lo mismo, le era muy difícil encontrar un momento y lugar apropiado para entrenar con ellas.
Pero si lo lograba, serían su pase de salida del infierno.
Un ataque que ellos nunca se esperarían.
Borró una ubicación más de su lista.
Era la quinta base a la que lo enviaban ahora que había alcanzado el rango de supervisor y Giacomo tampoco se encontraba allí. En cierta forma, eso había sido algo bueno dado que las condiciones en las que se encontraba el establecimiento eran simplemente terribles. Ni que decir de las zonas donde tenían a los principiantes en entrenamiento o de las celdas donde ocasionalmente encerraban a los prisioneros. Las náuseas regresaron tan pronto el recuerdo volvió a su mente. El olor nauseabundo de los hombres que no podían hacer nada pero convivir en una oscura y fría celda sin respeto por sus necesidades humanas, las figuras fantasmales de niños algo mayores que Giacomo que parecían más muertos que vivos, sin contar los gritos que salían de las celdas de castigo cada vez que uno de ellos cometía un error y era llevado ahí.
Cerró los ojos mientras se apoyaba en el lavabo, preparado por si su estómago decidía devolver algo de la poca comida que consumió como cena. La sola idea de que su hijo pudiera estar atravesando algo similar le congelaba las venas pero sabía que no era hora de dejarse llevar por eso. Tenía que concentrarse y seguir desempeñando su papel si quería alguna oportunidad de rescatar a Giacomo y devolverlo a los brazos de Hayato.
Hayato.
Hacía tanto que no sabía nada de él. No podía permitirse que lo descubrieran intercambiando información con alguien fuera de la organización y poner en peligro todo el trabajo realizado hasta el momento, así que desde que ingresó a los Riscatto se había desconectado del mundo entero y eso incluía a los Vongola e incluso a Kusakabe. Solo podía esperar que el italiano se encontrara bien y que los demás herbívoros lo estuvieran cuidando de forma apropiada.
No, no era porque lo creyera débil, sabía perfectamente lo fuerte y determinado que el ojiverde era pero también sabía lo importante que Giacomo era para él. Después de todo había luchado por protegerlo desde antes de que naciera y había dado todo de sí para mantenerlo a salvo de esos malditos que ahora lo tenían en sus manos.
Pero lo iba a recuperar. Iba a encontrarlo y llevarlo de vuelta a casa.
No le importaba haberse vuelto un sirviente más de esos idiotas o tener que aguantar el ser testigo de todas las injusticias que estos cometían si con eso llegaba hasta su hijo.
El sonido de unos pasos trastabillando se escuchó en medio del silencio que en ese momento se apoderaba de la base Vongola.
La oscuridad le daba paso lentamente al nuevo día, por lo que no había nadie más que los guardias del turno nocturno despiertos a esa hora. De todas formas, eso no era un problema, la persona que ocasionaba esos ruidos no era un enemigo y mucho menos un extraño. A decir verdad, era uno de los guardianes Vongola más cercanos al décimo capo, Yamamoto Takeshi.
Y el estado en el que volvía a esas horas de la madrugada era algo que lamentablemente se estaba volviendo común en esos días.
Un tropiezo más al cruzar por la puerta de la sección donde dormía y terminó en el suelo. Se quedó ahí por un momento, no se atrevía a moverse por miedo a terminar manchando la alfombra con vómito y darles más trabajo a los encargados de la limpieza. La cabeza le daba vueltas y no estaba muy consciente de cuáles eran o debían ser sus siguientes acciones a realizar, ¿levantarse? ¿buscar el baño y vomitar? ¿recordar dónde se supone que estaba su habitación? ¿quedarse dónde estaba en esa increíblemente cómoda alfombra?
- Si te quedas dormido en el suelo vas a pescar un resfriado.
Una voz respondió a sus dudas internas, una muy familiar voz.
- ¿Si quiera me estás escuchando idiota?
Ninguna respuesta, el espadachín estaba completamente inconsciente, recostado en el suelo como un vagabundo y apestando a alcohol. Ahora toda la responsabilidad de qué hacer con él recaía en el guardián de la tormenta.
- Demonios.
Con un suspiro, el peliplata se agachó junto al pelinegro y puso con mucho cuidado sus brazos alrededor de sus hombros. No quería moverlo mucho, no fuera que despertara violentamente y terminara manchando no solo la alfombra pero a él también. Una vez que lo tuvo lo más incorporado que pudo, se aseguró de tenerlo sostenido de forma segura y empezó la larga travesía arrastrándolo por los pasillos hasta su habitación.
De alguna forma, no podía culparlo por llegar en ese estado. Yamamoto era una persona fuerte y decidida, sabía mantener la calma aun en las situaciones más difíciles y no se dejaba amedrentar fácilmente por los problemas o situaciones peligrosas. Lo había demostrado más de una vez, soportando no solo su labor de guardián Vongola pero también a él en sus peores crisis y lidiando con todos sus problemas. Si, había muchas cosas con las que el guardián de la lluvia podía lidiar.
Pero el asesinato no era una de ellas.
A pesar de que supiera que ese momento llegaría tarde o temprano eso no lo hacía más fácil para él, no cuando su conciencia aún le decía lo horribles que esas acciones eran, y haber tenido que tomar una vida con sus propias manos unas semanas atrás lo había desequilibrado por completo. Y lo peor, era que aunque lo deseaba, el ojiverde realmente no podía entenderlo.
Gokudera había crecido en medio de la mafia y cuando dejó a su familia para estar por su cuenta fue aún peor. Él había crecido en un mundo de balas y sangre, donde la muerte podía alcanzarte en cualquier momento y si contabas con suerte, tendrías la oportunidad de matar antes de que te mataran. Tomar la vida de tu enemigo no era más que un gaje del oficio para él así que no podía comprender del todo lo que Yamamoto estaba sintiendo en ese momento.
Aunque eso no significaba que lo fuera a dejar solo con todo eso.
Eso sería muy injusto después de todo lo que el japonés había soportado a su lado intentando cuidar de él. Así que cuando por fin llegó a la habitación del pelinegro, se ocupó de recostarlo con cuidado, quitarle los zapatos y cualquier cosa incómoda, y acomodarlo para que tuviera una noche tranquila, o al menos lo que quedaba de ella. Se quedó mirando un momento a su rostro, el cual aún se mostraba perturbado pese a que estaba dormido, hasta que al final dio un suspiro y se sentó a su lado en la cama mientras dejaba que sus dedos se perdieran entre las oscuras hebras del japonés.
Realmente le debía tanto y ya era hora de que comenzara a retribuírselo, no solo dejando de ser una carga sino también haciendo algo por él y comenzaría volviéndose su soporte esta vez, cuando más lo necesitaba, cuando sus propios pensamientos se estaban volviendo demasiado para sí mismo. En estos momentos su fe en todo lo que había creído y por lo que había luchado hasta ahora estaba puesta en duda, pues lo que su mente le decía que debía hacer estaba en conflicto con lo que siempre había entendido como su código de vida, su soporte moral y todo eso solo generaba un peso enorme que estaba aplastando su alma.
Así que se quedaría con él, a su lado, hasta que fuera capaz de ver la luz al final de toda esa oscuridad.
O al menos hasta que despertara sin esa terrible resaca.
El sonido de un puñetazo contra la mesa no era algo común de escuchar dentro de la oficina del capo Vongola, mucho menos el verlo completamente iracundo y en frente de un aterrorizado hombre que intentaba hacerse un ovillo en el suelo con el guardián de la niebla detrás impidiendo cualquier intento de huida. Sin embargo, era algo comprensible dadas las circunstancias.
El hombre era un espía de Riscatto.
A pesar de parecer tan asustado en ese momento, de alguna manera había logrado evadir todos los controles que se imponían para los nuevos reclutas y llegar a un nivel en el que se le permitía acceder a ciertas áreas restringidas dentro de la base Vongola, incluidos los alrededores a la sección en la que Gokudera habitaba. De no haber sido porque Mukuro lo había descubierto quizás nunca hubieran sabido que tenían un espía dentro de la organización.
- ¿Qué tanto les dijo?- le preguntó entre dientes al ilusionista.
- Todo lo que descubrió, ya había mandado la información cuando lo encontré- esta vez no había ningún rastro de diversión en su voz, su semblante reflejaba la seriedad de la situación.
- ¿Y qué tanto descubrió?- esta vez su mirada estaba centrada en el espía.
- Que "él" está vivo.
Las llamas del cielo se encendieron tan rápido en la frente del capo que por un momento iluminaron toda la oficina, para luego de solo unos segundos volver a apagarse. Por más enojado que estuviera, no era momento de perder el control. La fuga de información ya se había dado, lo que tocaba ahora era enfrentar el problema y realizar las acciones preventivas que se pudieran para evitar un desastre mayor.
- Quizás haya una forma de sacar provecho de esto- la voz de Mukuro lo sacó de sus pensamientos.
- ¿De qué hablas?
- Podemos sacar información de él antes de que se den cuenta que lo capturamos, aún hay alguien desaparecido después de todo- esta vez una sonrisa maliciosa podía apreciarse en su rostro- Claro, puede que tenga que usar métodos un poco…invasivos.
-…- Tsuna se dio unos segundos para pensarlo, pero después de todo sabía cuáles eran sus prioridades- Has lo que tengas que hacer, quiero saber todo lo que está ocultando.
Y soltando su risa característica por lo bajo, Mukuro abandonó la habitación llevando consigo a quien sería su diversión por el momento. Esta vez Tsuna no pensaba entrometerse en lo que sea que se le ocurriera, la vida de Gokudera nuevamente estaba en peligro y, aunque no conocía en qué situación se encontraba Giacomo, temía haberla empeorado.
Solo podía esperar a actuar antes que ellos.
- ¡¿Pero qué demonios es esto?!- gritó la voz grave del jefe de base mientras sus manos recorrían las hojas que tenía en su escritorio en un intento de absorber la mayor cantidad de información posible. Debía ser un error, algo como esto no podía estar sucediendo.
- Recibimos la información hace menos de una hora, quien la envió es una de las fuentes que pusimos al interior de los Vongola para supervisar sus acciones- respondió el subordinado que se había encargado de presentar la información y lidiar con la ira de su líder.
- ¿Qué tan confiable es?- su voz temblaba de ira.
- Lo suficiente para saber que no puede mentir en algo así.
- ¡Demonios!- gritó arrojando todo lo que tenía encima de su escritorio- ¿Cómo pudimos dejar pasar algo así? ¡Se suponía que el objetivo de la misión era la eliminación de este engendro!
No podía creer que un error como este apareciera de repente. Su reputación hasta ese momento era infalible, eso era lo que le había permitido llegar a dirigir una de las bases más importantes y recibir misiones que aun los que compartían su rango a veces rechazaban por ser consideradas demasiado complicadas. No, algo como esto no iba a arruinar lo que había conseguido con tanto trabajo. Ese engendro y el mocoso que había tenido no iban a destruir su reputación.
- ¿Esta información ya llegó a los otros cuarteles?- su voz se escuchaba fríamente calmada esta vez.
- Si, al mismo tiempo que a nosotros.
- Entiendo- ya no había opción de evitar el daño a su reputación-¿Qué equipo fue el que elaboró el reporte de finalización de misión?
- El equipo de Aziel.
Aziel. El blandengue que se había autodenominado protector del hijo del engendro. Claro, debió sospecharlo desde antes pero creyó que su afán de intervenir en los asuntos referidos al mocoso venían de la culpa de haber asesinado a su padre, siempre supo que tenía el corazón más blando que los demás después de todo. Pero nunca se imaginó que fuera tan estúpido como para desafiarlo incumpliendo una orden directa.
- Tráeme a Aziel.
Ya no habría más contemplaciones para él. Tendría tiempo de corregir los cabos sueltos que se habían dejado y de arreglar su reputación después. Por ahora, se encargaría de eliminar de una vez por todas los elementos innecesarios y perjudiciales que eran los culpables de interponerse en su, hasta ahora, perfecto profesionalismo.
Y el mocoso pagaría también.
Se ajustó un poco más la capucha para evitar el viento frío que recorría en esa época el norte de Italia. No era nada que no pudiera resistir, y en cierta forma debería estar agradecido de que la base localizada en las afueras de Trento estuviera en mejores condiciones que la que había visitado tan solo unos días antes. La ubicación tampoco era tan mala, dado que al estar escondida entre las montañas no era necesario que se ocultaran tanto, la naturaleza hacía esa parte por ellos.
Pero Giacomo tampoco estaba ahí.
Dio un suspiro cansino mientras se permitía por unos momentos disfrutar del panorama que, como en pocas ocasiones, podía tener al aire libre. El sol había despuntado hacía solo unas pocas horas y la calma que aún se sentía en el ambiente le ayudaba a organizar sus ideas y planear nuevas rutas de acción que lo acercaran a encontrar a su hijo. Su siguiente misión era cerca de Carrara, así que debía terminar lo que tenía pendiente como máximo al día siguiente para poder llegar a tiempo y cumplir su cronograma personal. Tan pendiente estaba en sus propios pensamientos que casi no reconoció una muy familiar tonada que se escuchaba cerca, bastante cerca.
- ¿Hibird?- llamó en un susurro cuando al levantar la mirada a dónde provenía el sonido reconoció una pequeña ave amarilla dando vueltas encima suyo, la cual fue inmediatamente a posarse en su mano cuando escuchó su voz.
No podía entenderlo. Había dejado a Hibird con Kusakabe porque no podía permitirse que lo reconocieran por su mascota, no se suponía que esta fuera a buscarlo de la nada cuando se suponía que nadie sabía dónde estaba, no a menos que…
Revisó inmediatamente y lo vio, el pequeño mensaje perfectamente camuflado en la pata derecha de Hibird.
Esa ave estaba entrenada para ubicarlo donde fuera que estuviera, era evidente que si alguien quería mandarle un mensaje Hibird era el medio más confiable porque solo lo obedecería a él. Por otro lado, nadie le enviaría un mensaje conociendo cuál era su situación a menos que fuera algo de verdad urgente. Con cuidado y revisando sus alrededores extrajo el pequeño papel que contenía el misterioso mensaje.
"Tormenta avistada. Neblina revela viento en Montpellier"
Su mundo se congeló.
No necesitó analizar mucho el mensaje, el código era bastante simple, una mera formalidad si quien llevaba el mensaje era Hibird así que entendió el significado inmediatamente.
Habían descubierto a Gokudera.
No solo eso, de alguna manera Mukuro había averiguado que Giacomo, al cual lo habían codificado como "viento", estaba en Montpellier al sureste de Francia. Sabía que había una base oculta en ese lugar pero no se suponía que debía hacer su inspección todavía, debía terminar con las bases ubicadas dentro de territorio italiano primero. Aun así, esta nueva información lo cambiaba todo ya que no solo significaba que el tiempo se les había reducido considerablemente sino que también ahora tenía un destino al cual dirigirse.
Y nada lo iba a hacer cambiar de rumbo.
Estaba preocupado.
La ansiedad lo carcomía y el hecho de que nadie quisiera compartir ningún tipo de información con él solo empeoraba las cosas. Su mente se llenaba con todos los horribles escenarios que un niño de siete años en el contexto en el que vivía podía crear.
Aziel había desaparecido.
De la noche a la mañana y sin ningún aviso acerca de una nueva misión o algo por el estilo. Sucedió hace solo unos días, cuando se escabulló a su habitación para hablar con él como siempre y después de tocar la puerta por un buen rato, nadie le abrió. Lo buscó al día siguiente en el comedor, entre entrenamientos y en cualquier momento que pudo obtener pero no hubo resultado. Nadie sabía o no querían decirle dónde estaba.
Intentó pensar en algún motivo o razón para que algo así sucediera pero no podía encontrarlo, ya no sabía que hacer. Aziel no lo abandonaría de esa forma sin un motivo importante. Tan concentrado estaba en sus pensamientos que casi no notó la figura encapuchada que se le acercó por detrás.
- Tenemos que hablar- dijo una voz a la vez que alguien lo tomaba del brazo y lo llevaba hacia otro lado.
- ¿Qué…?- no alcanzó a reaccionar hasta que sintió como lo arrastraban escaleras abajo por uno de los muchos corredores de la base- ¿Quién eres tú?
- Solo cállate, nadie debe vernos- le respondió susurrando el sujeto que aún lo llevaba del brazo.
Dieron unas vueltas más hasta que llegaron a unos calabozos fuera de uso en uno de los niveles más bajos. A pesar de que sabía que no debía confiar en nadie y tuvo muchas oportunidades de soltarse y huir, algo le decía a Giacomo que era mejor seguir a ese sujeto. Por alguna razón desconocida, no podía sentir ningún tipo de malas intenciones viniendo de esa persona. Cuando por fin llegaron a donde parecía que lo quería llevar, uno de los calabozos más escondidos, el encapuchado lo soltó del brazo y se puso frente a él antes de quitarse la capucha.
- ¡Ah!- el pequeño no pudo evitar su exclamación de asombro- ¿Por qué te pareces tanto a Aziel?
Y es que era una verdad incuestionable. El color de los ojos, del cabello y los rasgos del rostro eran los mismos. Aunque parecían gemelos, la única diferencia radicaba en que la persona frente a él era mayor que Aziel por al menos cinco años y más alta por al menos diez centímetros. Además, su expresión era mucho menos amigable.
- Porque soy el hermano mayor de ese idiota- respondió de forma ruda- Y a pesar de que no debería importarme que reciba su merecido por sus estupideces, tampoco puedo quedarme tranquilo con todo lo que está pasando.
- ¿De qué estás hablando?- miedo comenzó a surgir desde su interior.
- Descubrieron lo que hizo- comenzó a hablar mientras tamborileaba sus dedos contra una de las paredes en la que estaba apoyado- Ahora saben que no mató a tu padre y ocultó información acerca de eso, el jefe va a castigarlo y la única sanción apropiada es la muerte.
- ¿Qué?- su voz no era más fuerte que un susurro, estaba en shock.
- Te lo digo sólo porque una vez que acaben con él van a seguir contigo- su voz se asemejaba cada vez más a un gruñido- Ahora que él no está para defenderte nadie más lo va a hacer, yo no soy tan imbécil como para cometer sus mismos errores y perjudicarme por tu culpa.
- ¿Por qué me estás diciendo todo esto si no quieres involucrarte conmigo?- su mente aun no podía procesarlo todo tan rápido.
- Porque quiera o no, tu eres importante para ese idiota- la mirada del mayor se suavizó por un momento- No pienso cometer sus mismos errores o intentar un heroico rescate para salvarlo, él se buscó esto, pero al menos puedo advertirte para que estés preparado. Ahora que lo saben todo van a cazar a tu padre de nuevo y a intentar deshacerse de ti.
El peso de todo lo que pasaba cayó de pronto sobre Giacomo. Sus piernas no pudieron soportarlo más y se derrumbó sobre el polvoriento suelo, la mirada perdida y las lágrimas acumulándose en sus verdes ojos. Todo había terminado. No era lo suficientemente fuerte aun para intentar salvar a Aziel por más que lo deseara con toda su alma y además ahora iban a ir detrás de su padre de nuevo. Estaba a punto de perder a las dos únicas personas en el mundo que se preocupaban por él.
Se iba a quedar solo.
Antes de que se diera cuenta las lágrimas habían comenzado a rodas por sus mejillas y los sollozos empezaban a escapar de sus labios.
- Lo que hagas ahora depende de ti.
Fue lo último que escuchó antes de que el hermano de Aziel desapareciera por la puerta. No supo cuánto tiempo pasó hasta que no pudo contener más las emociones dentro suyo y comenzó a llorar con toda la fuerza que le quedaba.
Esta vez trate de hacer el capítulo más largo ¿qué opinan? Aunque en realidad, aun falta una parte que decidí quitar para que no pareciera que las cosas pasan demasiado rápido, además de que aun no estoy segura de todos los detalles de lo que va a ocurrir. No tengo pensado abandonar esta historia hasta que la termine, sobretodo porque ya tengo pensado el final, así que si me demoro no se asusten.
Ciao!
