Eran las seis de la mañana cuando por fin había llegado a su casa en Londres, estaba cansado, y es que siempre que finalizaba un vuelo se sentía adolorido. Dejo su maleta en la entrada; sin preocuparse realmente por ella y se dirigió al sillón para quedar recostado por completo. Tenía sueño y todavía era demasiado temprano como para hacer algo. Suerte que aún le quedaban unos pocos días de vacaciones para volver a acostumbrarse al horario. Con trabajo se levantó del sofá para dirigirse a su habitación, ya que, si se iba a quedar dormido era mejor hacerlo en la cama.

Hubiera dormido más de no haber sido por el tono de llamada de su celular, de forma perezosa tomó el molesto aparato.

-¿Diga?

-Hola Roxas, ¿Cuándo llegaste?

-Seifer, llegué hoy en la mañana- logró decir antes de que se le escapara un bostezo.

-Entonces, ¿estás en tu casa?

-¿por qué no habría de estarlo?- se sentó en la cama, seguramente volvería a dormirse si se quedaba acostado.

-Creí que estarías con tus amigos.

-Ya ves que no, de hecho…- tuvo que cortar la oración debido al bostezo que no pudo reprimir, -Estaba durmiendo.

-Sí, ya me percate de eso ¿Esta bien si voy a verte?

-Supongo que está bien, ¿cuánto tardas en venir?- preguntaba mientras se levanta por completo de la cama.

-Estoy allá en… ¿30 minutos te parece bien?

-Sí, está bien. Así me das tiempo para darme una ducha.

-Bien, entonces te veo en un rato.

-De acuerdo. –En cuanto escuchó el tono de final de llamada lanzó el teléfono a la cama para poder estirarse lo más que podía. Ya no se sentía tan cansado pero tampoco le hubiera molestado dormir un poco más.

-En fin, ya tendré tiempo para dormir más tarde. – Decía dirigiéndose a la ducha. Tenía que admitir que la llamada de Seifer le había dejado algo nervioso, no sólo por el hecho de que a lo mejor el chico iba a notar el cambio que había sufrido, sino también por la razón de ese cambio. Tenía un poco de culpa pero había sido necesario, de no ser por eso tal vez no hubiera tenido posibilidad de volver a ser él.

Se llevo su tiempo en la regadera, cuando salió apenas y le dio tiempo de ponerse los pantalones, ya estaban llamando a la puerta. -¡Voy!- gritó arrojando la toalla a alguna parte de la silla que se encontraba en su habitación, tomando su playera y saliendo del cuarto.

-Hola- saludó en cuanto vio al menor- te tomó su tiempo la ducha- decía al ver como el otro terminaba de ponerse la playera.

-Sí, lo sé, se me fueron volando los minutos.- Cuando terminó de vestirse dirigió su mirada al rubio dedicándole una sonrisa. –Hola- contestó al saludo acercándose al mayor.

Seifer soltó una pequeña risa mientras se acercaba a besarlo. –Te extrañe- dijo antes de juntar sus labios en un beso desesperado.

-Yo igual- contestó una vez se separaron. -¿Quieres pasar o planeas que nos quedemos en la entrada todo el día?- preguntó mientras lo tomaba de la mano.

-Mejor ve por una sudadera o algo para taparte y te invito a desayunar, ¿No has comido nada cierto?

-No, todavía no.

-Entonces no se diga más, aquí te espero- decía para después besar la frente del menor.

-Ok, no tardo.

Se quedó observando como el otro se dirigía a la habitación, notaba algo extraño en él, no sabía cómo describirlo para que fuera exacto a como lo veía, pero se veía diferente.

No lo soportaría por más tiempo, de verdad que intentaba comer sin mayor problema, pero todos esos murmullos comenzaban a crisparle los nervios.

-¿Te incomodan?- le preguntó el mayor al ver como lentamente comenzaba a encogerse en su lugar.

-Un poco, no los había escuchado tan fuertes y en tanta cantidad.- Contestó sin quitar la mirada de su plato. En definitiva esa era la manera perfecta de arruinar un desayuno, hablando sobre uno con intenciones de que no te escuche pero lo suficientemente fuerte y audible para ser escuchado.

-Creo que el hecho de que te fueras, causo un poco de confusión.

-Se me olvido como era, cuando estaba con mis hermanos no pasaba esto.

-bueno, tú lo dijiste ¿no?, cuando estabas allá. Después de todo aquí eres más conocido.

-Eso parece- decía mientras se terminaba la comida.- ¿Podríamos irnos? Esto se está volviendo un poco molesto.

-Claro,- se levantó rodeando al chico por los hombros llevándolo a la entrada- después de todo, ambos hemos terminado.

-Gracias- le dijo una vez estuvieron fuera.- Estoy seguro que antes no había tantas personas murmurando alrededor de nosotros.

-Ya deberías de haberte acostumbrado, después de todo el ser un Strife te vuelve técnicamente un famoso.

-Lo sé, lo sé. Pence me dijo algo parecido cuando nos conocimos, sólo que no sé exactamente porque los Strife somos tan conocidos.

-¿En serio?- preguntó sorprendido

-Es que, como vivía en Japón y allá somos "normales", no me preocupe mucho por eso y, bueno, Cloud no me ha contado nada.

-Entonces ¿no conoces el pasado de tu familia?

-Sólo lo básico, sé que mi madre era escritora y mi padre un empresario con mucha suerte, pero que sabía lo que hacía, pero no conozco los detalles.- Decía mientras se adentraba a la calle en la cual vivía. -¿Tú conoces algo?

-También lo básico, lo que si tengo en claro es que los Strife son una de las familias más adineradas de por aquí.

-Eso es fantástico, de verdad- decía con sarcasmo mientras abría la puerta de su hogar. –Ahora que sé que todo el mundo aquí sabe eso, tendré que andarme con cuidado- se quejó al momento que entraba.

-Bueno, no eres el único que la tiene difícil. –Contaba siguiendo al menor y entrando también al lugar. –He recibido muchos comentarios tanto buenos como malos acerca de la relación que tengo contigo.

-¿En serio?- preguntaba mientras se sentaba en el sillón. Tal vez no era la mejor conversación para tener después de no haberse visto casi tres semanas, pero de alguna manera era interesante- ¿cómo cuáles?

Imitó al chico sentándose a un lado de él- como que sólo quiero aprovecharme de ti, o que soy un maldito afortunado por tener una relación contigo e incluso amenazas.-Contaba mientras se acercaba al menor.

-¿Amenazas?

-Si, como que,- se apegó lo más que pudo al rubio- que tenga cuidado porque puede que alguien quiera tenerte- contó antes de besarlo.

Correspondió el beso instintivamente dejándose hacer por el mayor. Sintió como el otro comenzaba a abrazarlo intentando pegarlo lo más posible a él.

-Oye, por mucho que nos juntemos no nos vamos a unir más ¿sabes?- le dijo separándose un poco del otro con una sonrisa.

-Lo sé, pero nada pierdo con intentarlo- contestó volviendo a unirse en un beso. Seifer se concentraba en grabar las sensaciones que sentía en ese momento, era una buena ocasión. Estaba a punto de comenzar todo de nuevo en un grado más alto cuando el celular de Roxas comenzó a sonar.

-¿Es en serio?- preguntó separándose de forma un poco brusca.

-S, es en serio- contestaba mientras se ponía de pie en busca del aparato.

-No contestes- dijo al momento que jalaba al menor y lo dejaba sentado entre sus piernas- Déjalo sonar- comenzó a centrarse en el cuello del chico besándolo dulcemente.

-Tengo que contestar, puede ser importante- de mala gana, tenía que admitir, deshizo el agarre buscando el celular- Es Hayner- dijo dirigiendo su mirada al otro.

-Ya se había tardado en marcarte.

-Pienso lo mismo- soltó un suspiro, las cosas con el rubio no habían quedado muy bien que digamos. –Hola Hayner.

-Roxas, hola, ¿Cómo estás?

Se escuchaba bastante nervioso, Roxas supuso que antes de llamarle tuvo que armarse de mucho valor. –Bien, gracias…

-Bien…

-Supongo, ¿Tú cómo estás?- Veía la expresión del mayor, se veía un poco molesto pero se mantenía callado. Y de verdad que agradecía eso.

-Bien dentro de lo que cabe, todo ha sido muy aburrido desde que te fuiste, ¿cuándo regresas?

-Llegué hoy en la mañana, muy en la mañana- decía con la mirada fija en Seifer y una gran sonrisa en su rostro.

-Bastante temprano para mi gusto- contestó mientras recargaba sus brazos en sus piernas, tal parecía que la conversación iba a tardar.

-¿Y por qué no nos avisaste? Estoy con Pence y Olette, en unos minutos llegamos a tu casa.

-No creo que sea buena idea.

-¿Eh? ¿Por qué no? ¿No estarás durmiendo o sí?

-No, pero no estoy lo que se dice solo exactamente- comenzó a acercarse al otro para quedar nuevamente sentado entre sus piernas.

-¿Estas con Seifer cierto?

Pudo darse cuenta del cambio de voz del chico, al principio era un poco nervioso, después se animó al saber que ya estaba en casa y en cuanto le dijo de Seifer, o lo insinuó, era un tono molesto. –Bueno, después de todo él me llamó primero.- echó la cabeza para atrás con el fin de poder besar al mayor. Acción que el otro interpreto perfectamente.

-Creí que por ser tus amigos nos dirías primero.

-No fue cuestión de que yo le avisara, simplemente él me llamó y le dije lo mismo que te acabo de decir.

-Hayner cálmate. No es necesario que te enojes.

-Espera Pence… en un momento regreso.

-¡Hayner!

-¿Qué sucede?- preguntó a Roxas al escuchar el grito.

-Creo que Hayner acaba de huir de Pence y Olette.

-Está muy acostumbrado a eso ¿verdad?

-Así parece.

-Roxas.

-Hayner, ¿qué acaba de pasar?

-Nada, sólo me aleje un poco.

-…

-Pence y Olette no están muy lejos, aún los veo desde aquí.

-Entonces ¿todo está bien?

-Sí, al menos con ellos sí.

-¿Eso quiere decir que conmigo no?

-Oye, de verdad que he hecho lo posible por aceptar la situación, pero no me es posible.

-¿Y qué quieres que haga? Tú eres el único que tiene ese problema. A final de cuentas lo que pase conmigo y con Seifer no tiene porqué importarte ¿o sí?

Seifer estaba sorprendido, en ese momento veía a Roxas mucho más seguro y más confiado. Lo veía más orgulloso de sí mismo y podía apostar que no era el único que estaba así, seguramente Hayner estaría con la boca abierta.

-… el punto es que si me importa.

-Si ese es el caso ¿qué propones?- preguntó un poco molesto, de verdad que su estado de ánimo iba empeorando con cada cosa que escuchaba del otro. –Estoy abierto a sugerencias.

-Yo… no creo soportar el verte con Seifer.

-…

-Así que…

-¿Me vas a obligar a elegir?

-…

-¿Estas consciente de lo que me estás diciendo? No creas que tienes todo solucionado.

-Roxas, supongo que lograste deducir la razón del porque no acepto tu relación.

-Al menos en parte, porque sé que todavía hay algo más.

-Pero creo que con… ya sabes, con eso, fui bastante claro.

-¿Eso? Ah, ¿te refieres al beso?- En cuanto Seifer escuchó esa palabra se puso más alerta a la conversación.

-¿Qué beso?- preguntó exigiendo una respuesta. -¿De qué hablas Roxas?

-Cálmate Seifer, después te lo digo.

-Dímelo ahora- dijo completamente serio. Tomando la barbilla del menor para obligarlo a verlo.

-Te dije que después- repitió igual de serio mientras volvía a acomodarse para seguir hablando, dejando al otro un poco estupefacto.

A ojos de Seifer ese no era el chico con el que había iniciado la relación, era distinto. Lo noto desde que lo volvió a ver, tenía esa esencia, una de fortaleza, independencia y seguridad, todo lo contrario de lo que era al principio. Ahora lo veía mejor que antes, esa era la mayor característica de la familia del menor. Un Strife.

-Sí, creo que fuiste bastante claro y yo también lo estoy siendo en este momento, pero te lo volveré a preguntar. ¿Estas consciente de lo que me estas pidiendo?

-Él o nosotros Roxas, tienes que elegir- Estaba nervioso, de verdad esperaba que el chico los eligiera sino estaría cometiendo una verdadera tontería.

-…

-No te volveremos a molestar, no nos verás por los alrededores si lo eliges a él- intentó amenazar.

-…

-¿Roxas?

-Fue bueno tenerlos como amigos, aunque ya sabía que nuestra amistad no duraría por siempre. Despídeme de Pence y Olette, fue bueno haber estado con ustedes.

-Espera Roxas…

-Adiós, Hayner- sin esperar respuesta del otro o alguna otra queja colgó de manera rápida.

-¿Qué paso?- preguntó al ver como el chico se quedaba observando el celular antes de arrojarlo al otro extremo del sillón.

-Hayner me hizo elegir.

-¿Elegir?

-Sí, entre ellos y tú- decía mientras se levantaba para quedar frente al mayor. –Tal parece que por tu culpa me he vuelto un solitario.- Contó antes de besarlo de forma rápida.

-Y dime ¿de verdad crees que Hayner respete tu decisión?- preguntó poniéndose también de pie.

-Tendrá que hacerlo, y más si me llega a ver contigo- decía mientras comenzaba a dirigirse a la cocina, pero no pudo llegar puesto que el otro le detuvo. -¿Qué sucede?

-Explícame que fue eso del beso- pidió un poco más tranquilo pero todavía con algo de seriedad.

Se le quedo viendo por un momento antes de suspirar. –No quería decirte nada porque seguramente te molestarías con Hayner y conmigo.

-¿Él te beso?- preguntó molesto.

-Ven, vamos a sentarnos, así podré explicarte mejor las cosas- decía mientras lo tomaba de la mano y lo llevaba nuevamente a la sala. –Escucha, fue una situación por demás inocente, no es necesario que te molestes ni actúes de una forma impulsiva, sé que no eres así ¿Lo prometes?

-Sí, sí, lo prometo. Entonces ¿qué sucedió?

-¿Recuerdas el día que me encontraste golpeando el árbol?

-Sí, lo recuerdo.

-Ese día quería quedarme en casa para meditar algunas cosas y cancelé con todos los que tenía planes. Como ya habrás supuesto a Hayner no le agrado eso y vino por mí. Por cuestiones que sinceramente no recuerdo terminamos cerca del lugar donde me encontraste.

-¿Y ahí sucedió?

-Sí, le pedí que se fuera, que me dejase solo y que no necesitaba su ayuda, cosa que no le importo. Aprovechó un momento de distracción mío y bueno, él me besó.

-¿Por qué no me lo habías contado antes?

-Porque no sabía cómo iban a terminar las cosas con Hayner. –Se quedó observando al mayor un rato, al ver que el otro no tenía intenciones de hablar decidió ser él quien rompiera el silencio.- Estas molesto- dijo en modo de afirmación.

-No voy a negártelo- contestó mientras se cruzaba de brazos y se recargaba mejor en el sillón.

-Dijiste que no te molestarías.

-Lo sé, pero de verdad me molesta.

-Oye, eso ya paso y no hay nada que puedas hacer- vio como el otro estaba por reprocharle algo así que le impidió hablar- o al menos no hay nada que quiera que hagas.

-Bien puedo ir a buscarlo y lo sabes.

-No lo hagas.

-Pero…- estaba por levantarse de nuevo pero Roxas no le dio oportunidad, colocándose frente a él.

-Seifer, no quiero que tengas problemas. –Dijo de manera tajante.

-… ¿qué fue lo que te pasó en Japón?- preguntó mientras abrazaba al menor y ocultaba su rostro en el abdomen del mismo.

-¿Por qué preguntas?- colocó sus manos en los hombros del otro, no creía que pasaría pero si, lo había extrañado.

-Desde que te vi te note extraño, diferente. Y cuando estabas hablando con Hayner pude notarlo mejor. Ahora luces más como ellos.

-¿Ellos?

-Luces más como un Strife.

Tenía que admitirlo, le había alegrado escuchar eso, él también había sentido un cambio pero no creía que hubiera sido tan notorio. -¿No te agrada?- preguntó un poco nervioso.

-No.

-¿Por qué?- le había sorprendido esa respuesta porque entonces, posiblemente eso significaría que su relación con el mayor no llegaría a más.

-Porque- jaló más al chico hacía él- ya no me necesitaras como antes. Ya no tendré que protegerte.

El rubio soltó una pequeña risa, ¿desde cuándo Seifer era tan tierno en ese sentido?- No tienes que preocuparte por eso.

-¿Estás seguro?- preguntó levantando un poco el rostro.

-Definitivamente, ahora podré defenderme solo, pero aun así necesito de alguien que me ayude a evitar los problemas, anteriormente tenía muchas dificultades por eso.

-…

-¿Seguirás cuidando de mí, Seifer?- le preguntó obligándolo a verlo.

-… de acuerdo- decía levantándose y besándolo de nuevo.

-¿Hoy te quedas a dormir?- preguntó una vez se separaron.

-No le veo problema.

-Bien.

¿Ahora qué haría? No sabía qué diablos decirle a os chicos, por una de sus estupideces Roxas ya no les hablaría. Y todo por sus niñerías. -¡Demonios!- maldecía mientras se dirigía hacia donde estaban los otros dos. Por supuesto que había intentado comunicarse de nuevo con el chico pero no había logrado nada, simplemente esperaba hasta que el buzón de voz se hiciera presente.

-Hayner, ¿qué sucedió con Roxas?

-Él…. Está cansado por el viaje.

-Bueno, ya iremos a verlo mañana ¿les parece?- preguntó la chica.

-Sí, me parece perfecto- secundo Pence.

-¿Pero qué te dijo? Seguramente eso no fue lo único de lo que estuvieron hablando.

-Si bueno… creo que… no es muy buena idea que vayamos a verlo.

-¿Eh? ¿Por qué?

-Digamos que… la conversación se salió un poco de control.- Decía bastante nervioso.

-¿Qué le dijiste?- preguntó la chica comenzando a preocuparse.

-…

-Hayner, ¿qué hiciste ahora?

-… Fue sobre su relación con Seifer.

-¡¿De nuevo?!- preguntó molesta.

-¿Por qué todavía no lo superas? Hace tres años que tu relación con él termino, nos habías dicho que ya no te importaba- reclamó Pence.

-Lo sé, lo sé. Pero… no es él quien me importa sino Roxas.

-Venga ya. Sea cual sea la cuestión sólo provocas problemas. Dime como la has liado esta vez.- Exigió Olette.

-De alguna manera llegamos al punto en que le obligaba a elegir.

-¿Elegir?- preguntó extrañada. -¿Exactamente entre quienes?

-… entre Seifer y nosotros.

-¡Acaso eres idiota!- gritó la chica, de verdad que estaba molesta, había soportado todos los reclamos que Hayner le hacía a Roxas porque de cierta manera no le afectaban, pero ahora era distinto. -¡No puedes obligarlo a eso! ¿Acaso recuerdas que de alguna manera lo obligamos a estar con nosotros?

-Lo había olvidado- decía sintiéndose culpable.

-Supongo que fue obvio lo que eligió.

-Creí que por ser sus amigos nos elegiría.

-Bien, ya nada gano con enfadarme ¿y en que quedo esto?

-…que no iba a saber nada de nosotros.

-¡Perfecto! En verdad que es perfecto- decía con sarcasmo dándose la vuelta con intenciones de irse. –Iré mañana a ver a Roxas, sea que me escuche o no, pero sin importar el resultado tienes que arreglar esto Hayner, tú nos metiste en esto así que más vale que lo soluciones.- y sin más se fue dejando a los dos chicos un poco sorprendidos.

-Estás metido en un gran problema- dijo Pence.

-¿Crees que no lo sé?

-Tal parece que no, puesto que normalmente terminas metido en uno.

-… creo que sí.

-… Seifer… ¿qué te sucede?- preguntó separando al mayor- te siento un poco desesperado.

-Bueno, estuviste fuera un rato- decía mientras volvía a acercarse- No podrías esperar otra cosa.

Se encontraban recostados en la cama con el mayor encima de Roxas, no habían aumentado el nivel, sólo se besaban apasionadamente.

-A decir verdad no me molesta pero…- decía levantándose y dirigiéndose a la ventana- estoy algo… no sé, ansioso, no si Hayner de verdad venga.

-No va a venir- le decía abrazándolo por la cintura y apegándolo a su cuerpo- Porque sabe que esta vez es distinto.

-Entonces no tiene caso que siga así.

-No, no lo tiene- se moría por quitarle la playera al menor en esos momentos, por besar su cuello y espalda. Por intentar nuevamente algo que anteriormente había terminado en fracaso.

-No tienes que llamar mi atención de esa forma- dijo burlón al sentir como el mayor comenzaba a "despertar".

-Lo… lo siento- se disculpó avergonzado- pero tú tienes parte de la culpa.

-Bien, entonces- se dio la vuelta para quedar frente al otro- asumiré mi responsabilidad- decía mientras se quedaba hincado.

-¿Roxas?- llamó extrañado al ver los movimientos del rubio- ¿qué planeas?

-Seifer, has sido bueno conmigo en muchos sentidos- decía comenzando a desabrocharle el pantalón- creo que, si no puedo darte lo que de verdad quieres, puedo darte algo parecido.- dijo intentando dejar el miembro del mayor expuesto.

-Oye, no es necesario que lo hagas- sentía como el chico batallaba por lograr su cometido, a pesar de las insistencias de él por no permitirlo.

-Quiero hacerlo, así que no te hagas del rogar. – Por fin pudo lograr su objetivo y comenzó a estimular al mayor con las manos. –Mejor disfrútalo- dijo antes de introducir el miembro a su boca. Sabía que tenía que compensar al otro de alguna manera y en ese momento y dada la situación no se le ocurrió mejor forma.

-… hg… Roxas- sintió como sus piernas flaquearon, no supo en qué momento se acercó tanto a la cama pero agradeció haberlo hecho, porque de no haber sido así posiblemente hubiera quedado sentado en el suelo en lugar del colchón.

El rubio seguía en su asunto, sintió cuando Seifer quedó sentado y es que se encontraba con los ojos cerrados.

-mmg…- no podía evitarlo, el menor aumentaba el ritmo a su gusto, tal pareciese que quería torturarlo un poco.

Le complacía escuchar así al otro, era un sonido agradable. Pero desgraciadamente no era suficiente para excitarlo, lo intentaba pero todo era en vano.

-ahh… Roxas- disfrutaba de la atención, tenía que aceptarlo y realmente no podía pedir más-… no… ahh… Roxas…- sentir la lengua del otro más juguetona con su miembro que al inicio desato una sensación poderosa en su cuerpo.

No hablaba, no abría los ojos… no pensaba, sentía que si lo hacía iba a defraudar a Seifer. Creía que el mayor se sentiría mal al ver que no podía lograr que él se excitara, sentía que podría traicionarlo.

-Roxas… yo… espe…espera… deberías…. Ahh… sepa-separarte- lo sentía, sabía que no había durado tanto como anteriormente lo hacía, pero es que había estado sin nada de actividad durante al menos dos años, posiblemente tres; no recordaba. Pero eso era razón suficiente para justificarse. –En serio… ahhh- "demasiado tarde" fue eso lo que pensó, fue demasiado tarde para que el menor se separará y aunque así lo hizo, parte de la esencia del otro le mancho lo suficiente el rostro. -… lo siento- decía intentando quitar un poco del rastro de su semilla con sus manos.

-No fue tu culpa- se levantó para dirigirse al baño y limpiarse un poco la cara, dejando detrás al mayor quien se acomodaba la ropa y se recostaba por completo en la cama.

-He de decir que esto de verdad me tomó por sorpresa.

-Ese era el punto- decía recostándose a un lado del otro.

-Conseguiste lo que querías- ladeó el rostro para besar al menor.

-Eso me alegra.

-¿Y ahora qué?

-No sé, ¿qué hora es?

-Casi las cuatro.

-No entiendo porque mi día pasa demasiado rápido cuando estoy contigo.

-Porque me quieres y disfrutas estando conmigo- le contestó con una sonrisa.

-Será por eso.

Una comida, un rato juntos, una cena ligera, un momento cariñoso y de conversación agradable; para que finalmente en el instante en que el reloj marcó las 10 Roxas no pudiera aguantar más y se quedase dormido. Siendo imitado después por Seifer.

Sintió la luz sobre su rostro, más no abrió los ojos. Simplemente tomó la almohada y la colocó sobre su cara.

-Cierra las cortinas- escuchó que le pedían a su lado.

-Se supone que están cerradas- su voz se escuchó ahogada debido a que todavía tenía la almohada sobre él.

-Entonces eso significa que tenemos que levantarnos- decía mientras comenzaba a levantarse, pero quedándose sentado en el colchón. –Anda, levántate ya.

-No quiero, déjame dormir un rato más- se quejó negándose a quitar la almohada de su rostro a pesar de los intentos del mayor.

-Venga Roxas, que ya son las 11:00 si duermes más no te va a rendir el día.

Al escuchar la hora que era retiro la almohada y quedo sentado igual que el mayor pero mostrando bastante pereza. –Quería dormir un poco más.- Se estiro intentando desperezarse para después levantarse por completo.- De verdad que estoy un poco adolorido- se quejaba mientras se masajeaba los hombros.

-Creí que iba a costarme más trabajo lograr que te levantarás.- le decía mientras rodeaba su cintura. No era la primera vez que lo veía así, pero haberlo tenido lejos le hacía desearlo más, tenerlo cerca el mayor tiempo posible y poder disfrutar del contacto de ambos cuerpos que sólo se cubrían por los boxers.

-Bueno seguramente Sora está esperando que aparezca mágicamente en su pantalla.

-¿Tu hermano?

-Si, a veces puede ser un poco desesperado.

-Entonces te dejaré para que- se acercó a su cuello y comenzó a besarlo- tengas un poco de privacidad.

-¿No quieres conocerlo?- preguntó, sin separarse del mayor.

-Sí, pero primero quisiera tomar un baño ¿me dejarías usar tu ducha?

-No tienes que preguntar.

-Báñate conmigo- pidió girando al menor para verlo a la cara- anda.

-Aunque suena bastante tentadora la oferta, tengo que rechazarla. No creo poder soportar más quejas de las que ya acumule con mi hermano. – se excusó, pero al ver la expresión del otro, tuvo que pensar algo más. –Pero ya será mañana, porque ahora es tu turno de quedarte conmigo- dijo besándolo.

-Bien, pero mañana no te librarás.

-De acuerdo.

Se separaron, el mayor dirigiéndose al baño y Roxas buscando un pantalón entre toda su ropa.

-Bien- al ponerse el pantalón se dirigió a la computadora, ya podía imaginarse a Sora esperando a que se conectara- Voy a tener que soportar sus quejas y gritos- ya estaba preparado para la reacción que tuviese su hermano, fuese cual fuese, pero no se esperaba eso. En cuanto pudo establecer conexión con su gemelo y obtuvo una imagen clara de la habitación del castaño, se sorprendió de lo que estaba sucediendo. Sora caía en ese momento en la cama con Riku encima de él, unido en un beso profundo.

-…

-Riku… espera… Roxas se puede conectar… en cualquier… momento- aprovechaba los momentos en que el otro se separaba para poder hablar.

-Ya es tarde, no creo que aparezca hoy- estaba por quitarle la playera al menor cuando un comentario lo detuvo.

-Lamento arruinarte la diversión Riku, pero sólo se me hizo tarde- sabía que habría podido interrumpir en el momento que los vio caer, pero quería esperar un poco más- ¿podrías dejar a mi hermano por un momento?- preguntó con una sonrisa en el rostro con apariencia inocente.

-¡Roxas!- llamó Sora mientras se ponía de pie y apartaba al mayor.

-¿No pudiste esperar un poco más?- preguntó el peli plateado quedando sentado en la cama.

-¿Qué? ¿Y ver todo lo que iban a hacer? No sé qué tipo de persona seas, pero te aseguro que yo no soy así.

-Bueno, bien pudiste haberte ido ¿no crees?

-¿Y dejar que mi hermano se quedase en manos de un devorador? No lo creo.

-Bueno ustedes dos, ni estando tan lejos dejan de pelear- se entrometió Sora, eso ya era bastante común, que ambos se pelearan.- ¿A qué hora llegaste Roxas?

-Cerca de las seis de la mañana, lo primero que hice fue dormir un poco.

-¿Y?

-¿Qué?

-¿Cómo te dieron la bienvenida?

-Me invitaron a desayunar.

-¿Sólo eso?

-¿Qué más querías?- preguntó un tanto burlón.

-¡Hay por dios!- decía Riku echando la cabeza para atrás- Esperaba que tu novio te diera una mejor bienvenida.

-Se la hubiera dado si me lo hubiera permitido- decía Seifer desde atrás recién salido de la ducha y con sólo una toalla en la cintura.

-Tardaste menos de lo que esperaba- dijo con tranquilidad al sentir las manos del mayor en sus hombros.

-Bueno, no iba a perderme la gran oportunidad de conocer a tu hermano, ¿eres Sora cierto?- preguntó con una sonrisa al castaño.

-… si- le había sorprendido el mayor, y más por el cómo había aparecido.

-Vaya, Roxas me había dicho que eran gemelos, pero aun así…

-Sí, esa reacción suele pasar muy a menudo.- contestó el castaño ya recuperado de la impresión- Por fin conozco al famoso Seifer, y… vaya forma de conocerte.

-No son mis mejores galas pero, algo es algo- por un momento se quedó observando a Sora- ¿técnicamente, así te verías de castaño?- preguntó dirigiendo su atención a Roxas- Te verías bien, pero te prefiero de rubio- dijo antes de besarlo.

-Se ven bien juntos- decía.

-Gracias Sora, y ¿tú estás soltero a pesar de tener ese lindo rostro?... hgh- lo tomo por sorpresa y no pudo reprimir el quejido al sentir el codazo que el menor le propinaba en el estómago.

-Je, no, no lo estoy. Lamento acabar con tus esperanzas de esta forma- contestó burlón.

-Oh, ni modo. Entonces sólo tendré a Roxas- abrazó con fuerza al menor- y ¿cómo se llama tu pareja?

-Me llamó Riku.- Había aguantado un rato sólo para ver hasta donde llegaba la conversación, pero al ver que técnicamente coqueteaban con su chico, pues decidió hacer acto de presencia- gusto en conocerte Seifer.

-Riku, también he escuchado mucho sobre ti.

-Lo mismo digo.

-Bien, te dejo Roxas. Iré a vestirme y a preparar el desayuno ¿está bien?- preguntó dándole un beso rápido.

-De acuerdo, entonces pronto estaré abajo.

-Bien- dirigió su mirada de nuevo a la pantalla- que bien que ya los conocí, espero algún día verlos en persona, sólo les pido un favor.

-¿Cuál?- preguntó Riku.

-No me lo roben demasiado tiempo ¿vale?- dijo con una sonrisa- bien, me voy.

-Si anda, vístete o te enfermarás.

-Sí, sí, ya lo sé.

-Se ve que es una buena persona- dijo Sora llamando la atención del rubio.

-Lo es.

-Excepto por el hecho de estar coqueteando con Sora. Creo que es buena persona.

-No te enojes Riku, sabes que sólo pienso en ti- le decía besándolo para calmarlo.

-Sí, sí- se levantó y volvió a dirigirse a la cama para acostarse- Ya no me meteré ahora.

Sora soltó un suspiro, mientras dejaba de mirar al mayor y centraba una vez más la atención en su hermano.- Se ha molestado un poco.

-Típico de él.

-Ya lo conoces.

-Pues sí.

-Oye… ¿y con Hayner qué tal te fue?

-… hizo algo que no me esperaba.

-¿Qué?

-Digamos que, justo ahora, soy un completo aislado.

-¿Cómo?

-Me obligo a elegir entre Seifer y ellos tres.

-… Y… escogiste a Seifer.

-Me molesto lo que dijo y la situación en la que me puso. Creo que actué por impulso.

-Claro y yo me lo creo. Tú no eres de los que actúan por impulso.

-No, no soy de los que actúan así. Creo que más que nada necesitaba alejarme de ellos. Ahora sólo estoy esperando a que venga y me dé un gran sermón o intente convencerme de cambiar de opinión.

-Y, ¿estás preparado para enfrentarlo?

-Bueno, no voy a estar solo por un tiempo.

-¿Te quedarás con Seifer otra vez?

-No, ahora él se quedará conmigo.

-¡Sora!- llamó Riku desde la cama en un tono de quejido. Comenzaba a desesperarse por la larga espera que el castaño le estaba dando.

-Ya voy, lo siento Roxas pero tengo a alguien muy insistente esperando.

-No importa, seguramente pronto comenzaran a llamarme a mí también.

-Suerte con tu problema.

-Gracias.

-¡Sora!

-Ya voy. Nos vemos Roxas- y dicho esto apago el computador, terminando por completo la conexión.

-Nos vemos- se levantó de la silla para tomar una playera, no planeaba andarse por la casa con el torso desnudo y menos con Seifer estando como estaba. Estaba seguro que tal vez se sentiría un poco presionado pero ahora que se sentía más seguro, creía que de verdad podría darle al mayor lo que quería.- Todavía tengo tiempo para cumplirlo.

Fue algo raro ver a Seifer demasiado concentrado preparando el desayuno, pero el verlo así le animó de una forma que no logró comprender del todo. Lo que quedó de la mañana paso sin mayor problema. Se encontraban planeando lo que harían el resto del día, desde comprar la comida para el resto de la semana; hasta ir a la casa del mayor por algo de ropa. Estaban a punto de salir cuando sonó el timbre.

-Tardaron un poco en venir.

-De hecho yo creí que ya no vendrían.

-¿Estas bien con todo esto?

-Sí, ni que fuera tan complicado- decidido se dirigió a la puerta, tomo un poco de aire y la abrió de forma lenta.

-¡Roxas!- cuando la puerta estuvo abierta por completo pudo ver con mejor claridad al chico y no tardo en abalanzarse sobre él para abrazarlo con fuera.- Que bueno que has vuelto.

-Hola Olette, Pence- saludó soltándose un poco del abrazo- No esperaba verlos aquí, al menos no a ustedes dos solos.

-Bueno, digamos que nosotros venimos por nuestra cuenta.

-Roxas, Hayner nos contó lo sucedido y, bueno- se detuvo y miró a la chica en un intento por saber que decir- nosotros no estamos de acuerdo con el resultado de la conversación.

-Eso lo sé Pence, también sé que ustedes no tienen por qué pagar las consecuencias, pero quisiera pedirles un favor.

-¿Cuál?-preguntó con demasiada curiosidad la chica.

-Quisiera que… lo que resta de vacaciones, lo cuál sería semana y media si no me equivoco, no me frecuentaran, ninguno de los tres.

-¿Qué? Pero… ¿por qué?- preguntaron sorprendidos, eso era algo que no se esperaban.

-Tengo que arreglar algunas cosas de mi vida que seguramente comenzaran a cambiar.

-Oye, pero, esto no…

-Tranquilos, no significa que ya no quiera tener contacto con ustedes, pero estoy seguro que muchas cosas van a cambiar y bueno, por el momento tengo la compañía suficiente- decía mientas Seifer tomaba eso como señal para levantarse del bracero del sillón y acercarse a él- ¿verdad?- le sonreía mientras el mayor lo abrazaba por la cintura.

-Claro que sí. Chicos- dirigió su atención a los dos que se encontraban aún en la puerta- perdón pero, ya habíamos planeado lo que haríamos. Así que si no les molesta tenemos que irnos.

-…

-Perdonen chicos- ambos salieron del lugar dejando detrás a la pareja- Los veré cuando comiencen las clases- dijo antes de seguir su camino.

-Lo note raro-dijo la chica, una vez la pareja se alejó.

-Sí… un poco.

-¿Será eso lo que tenga que cambiar?

-Posiblemente.

-¿Esta bien dejarlos así?

-Lo está, además no era mentira lo de que muchas cosas van a cambiar.

-¿Van a ser causadas por tu nueva actitud?

-Tal vez- contestó viendo al rostro del mayor con una sonrisa- pero tú te vas a quedar conmigo ¿cierto?

-Claro, no creas que te librarás tan fácil de mí.- No le importo que estuvieran a mitad de la calle, o si había alguien observando, tomo al menor por la cintura y lo jalo a su cuerpo de forma u poco brusca pero lo más cerca que se pudiera; para tener los labios ajenos al alcance y probarlos una vez más. Fue un beso largo y apasionado, posiblemente se volverían más comunes en ese corto período de tiempo. Se separaron por decisión de Roxas, tenían cosas que hacer.

-Tenemos cosas que hacer, podremos continuar en casa.

-Vale- Todo pintaba bien para ese día, pero sólo era por ese momento, porque tal vez no todo serían tan tranquilo.

-Ese es Roxas Strife ¿cierto?

-Sí, fue el tipo que se escapó de Xion y los "sin corazón".

-Bueno, no podría esperarse más. Todos ellos son una panda de inútiles.

-Por esa razón acudió a nosotros.

-Pero ¿no era un miembro de la organización XIII?

-No, si lo fuera sería más conocido por eso que por su apellido.

-Esto será divertido- se quedaron observando como la pareja avanzaba. Habían recibido una llamada de Xion, sobre un problema con uno de los chicos de la familia Strife, problema que no había podido resolver con los sin corazón.

-Él es con una de las personas con las que más he querido jugar.

Sólo eran cinco personas, cinco personas que podrían provocar un gran cambio en la vida de cualquiera. Siempre y cuando ese cualquiera no estuviera preparado para afrontar los problemas.

-Entonces ¿no molestaran en un tiempo?- preguntaba entrando al lugar cargando con bastantes bolsas.

-No, al menos no ellos dos. Hayner es una historia aparte.

-Creo que eso lo comprendo.

-Pero ya dejemos eso de lado. Ya me estoy aburriendo de ese tema.

-De acuerdo, de acuerdo. Preparemos algo de comer ¿te parece?

-Yo lo haré, mientras podrías acomodar tu ropa.

-Está bien, pero en cuanto termine vendré a ayudarte ¿de acuerdo?

-Si.

¿Una nueva vida? Claro que lo sería, iba a comenzar con una nueva actitud, una con la cual había llegado a Londres. Sólo que sabía que no sería tan sencillo, todo tiene consecuencias y sabía que serían complicadas. Pero todo sería distinto porque ahora estaba preparado para lo peor.

-hnh… espera… nhn… ah… no tan… hah… rápido- los jadeos no dejaban de salir de su garganta. Intentaba controlarse pero las sensaciones eran demasiadas, no sólo atacaba sus pezones, sino que también su miembro era torturado.

Se aferró con fuerza a la espalda del mayor provocando que los cuerpos se juntaran más

-hhgh…. ¿qué… ahhh…- pronto sintió como comenzaba a invadir su entrada, preparándolo un poco para que no sufriera en el momento crítico del encuentro.

-Relájate- le susurró al oído. Sentía sus manos viajar por todo su cuerpo, acariciándolo, intentando grabarse cada detalle de su fisonomía. –Quédate tranquilo.

Lo necesitaba, levantó sus piernas para enredarlas en la cintura el otro, indicándole que ya no podía esperar más. –No te apresures- le dijo, besándolo después con una delicadeza que no había sentido, deslizándose de manera lenta por su cuello y pecho. Saboreando cada parte de esa tez que había recobrado su color natural, levemente tostado.

-Llegará a su tiempo- se acercó a los labios ajenos, mordiendo el inferior y jalándolo un poco- No tienes que apresurar las cosas sin necesidad.

-Por favor… ya…- le pedía intentando buscar un acercamiento más profundo, cosa que le estaba costando mucho trabajo conseguir. –De verdad que no aguanto.

-Tienes que aprender a esperar- decía retirando los dedos y cediendo al abrazo que el rubio había forzado. –Pero por esta vez lo dejaré pasar- dijo antes de comenzar a entrar en el menor.

-Ha… nhg….- se sentía diferente, extraño. No dolía, pero podía sentir el placer.

-¿Te encuentras bien?

-Si- pero en realidad no sabía, no se sentía satisfecho. –Muévete.

-De acuerdo.

Comenzaron los movimientos, las estocadas, los gemidos, los rasguños y chupetones, sólo en el cuerpo del menor, o al menos la mayoría. Porque él también se encargaba de causar todo el daño posible en la espalda del otro, se aseguraba de provocar los rasguños con la mayor profundidad posible. Pero no lograba llegar al clímax, no lograba sentirse satisfecho.

-Estas aprendiendo a esperar- le dijo de forma delicada mientras lo levantaba provocando que ambos quedaran sentados y dándole mayor posibilidad de profundidad. –Eso es bueno y trae sus beneficios- terminó de decir antes de dejar caer al chico y lograr una estocada mayor.

-¡Ahh!... hgh… eso fue…

-¿Placentero? Sé que te gusta- volvió a besarlo, esta vez por más tiempo con más pasión. –Hey, mírame- le pidió.

-Lo… ahh… intento pero… ghn… nhn… no puedo- mantenía los ojos cerrados, ahora que lo pensaba no sabía de quien se trataba, estaba seguro de que era Seifer, al menos al principio, pero sólo podía basarse en la poca lógica que le quedaba.

-Mírame- volvieron a pedirle muy cerca de sus labios- quiero que me mires.

Abrió los ojos pero no podía visualizar a nadie, intento tocarlo pero se alejaba cada vez más o simplemente impedía el contacto- ¿Quién?

-¿Quién quieres que sea Roxas?- Una vez más los labios se juntaron- ¿A quién esperas ver?- Se movió de forma brusca provocando otra embestida- ¿A quién?

Se despertó un poco exaltado, de forma lenta se sentó en la cama intentando no despertar a Seifer. –De nuevo- se pasó la mano por el rostro buscando aclarar las ideas que comenzaban a agobiarlo.- Es la tercera noche- respiro profundamente con intención de calmar su ritmo cardiaco, cada ver era peor, era tan sólo la tercera noche y su cuerpo no sólo clamaba por algo de acción sino que se la pedía a gritos, estaba completamente desesperado.- Maldición- al levantar las cobijas lo vio de nuevo, igual que las noches anteriores, estaba por demás excitado, tenía que escabullirse, nuevamente, al baño a satisfacerse él mismo o tomar una ducha fría. –De verdad que esto no puede empeorar- Sabía que no era buena idea tentar a su suerte pero pensó que no era muy importante, después de todo; la mala suerte había estado con él casi todo el día.

Con sumo sigilo se levantó y se dirigió al baño, no podía dejar que Seifer lo viera así porque seguramente se ofrecería a ayudarlo y era algo que todavía no quería. De por sí el mayor ya se encontraba un poco molesto debido a las tantas negativas que le dio en tan sólo un par de días, pero tenía sus razones para negarse, puesto que con apenas el más leve roce del cuerpo del mayor con el suyo lo alteraba de sobremanera.

Había llegado ya a la puerta del baño cuando escucho que el mayor le hablaba.

-¿Roxas?- llamó adormilado.

-Lo siento, no quería despertarte.

-¿Está todo bien?- preguntó mientras se sentaba en la cama.

-Sí, sólo tengo que ir al baño- evitaba a toda costa darse la vuelta, no quería que el otro le viera así. –No sucede nada- pero tal vez aunque hiciera hasta lo imposible por ocultarlo, no lo lograría.

-¿Seguro? Suenas un poco nervioso- decía mientras se levantaba y se acercaba al menor.

-Sí, estoy bien- la erección comenzaba a dolerle y le costaba un poco de trabajo moverse, intento entrar de forma rápida al baño, pero cuando reacciono los brazos de Seifer ya se encontraban en su cintura.

-No, no lo estas- dijo en un tono casi burlón- Parece que necesitas un poco de atención- bajo las manos lentamente hasta llegar al miembro del menor, pero sin tocarlo.

-Justo iba a arreglar… eso.

-¿Sabes?- preguntaba mientras comenzaba a besar a Roxas en el cuello- No tienes que encargarte tú solo- se dedicó a tocar con demasiada delicadeza la parte despierta del chico- Déjame ayudarte.

-No… Seifer… no lo… ahhh- y con eso lo supo, si se hubiera mantenido callado, si hubiera mantenido el control un poco más tal vez lo hubiera logrado, pero en el momento en que ese gemido salió de su garganta supo que había perdido.

-¿No qué?- comenzó a acariciar el pecho del otro, suerte que ambos dormían sólo con la ropa interior, eso hacía más fácil el provocarlo. –Sí parece que lo estas disfrutando.

-No… es… ghg… así- pero de nada le servía negarlo, su cuerpo respondía por él, aceptaba con gusto las atenciones del mayor y pedía más. Pronto sus piernas abandonaron sus fuerzas y flaquearon por un momento- hgh… Seifer… nhn.

-Ven, así no me es tan sencillo- con suma facilidad llevo a menor de regreso a la cama, logrando acomodarlo de la manera en que él creía más conveniente. Dejándolo sentado en medio de sus piernas. – Así es mejor.

-¿Qué… planeas?- estaba jadeando un poco, ya no ponía resistencia alguna, solamente se dejaba hacer, pero también la excitación en su cuerpo le impedía que se quedara tranquilo. -¿Por qué… te detienes?- preguntó un poco desesperado.

-Perdona, tenía que acomodarme primero- de improviso colocó nuevamente sus manos sobre el miembro del más chico- pero ya está listo.

-hnh… ahhh…Sei-ahhh- se sentía en la gloria, poco a poco sus pensamientos comenzaron a ser difusos. Era distinto cuando alguien más lo hacía y se sentía diferente, jodidamente genial. Quería que continuara, que no se detuviera y que avanzara a otro nivel. Que dejará a un lado la ropa interior y lo sintiera por completo, sin nada de por medio. Quería mover sus manos pero las constantes caricias del otro sobre él; le obligaba a mantenerlas a los lados sin ninguna posibilidad de movimiento, solamente la opción de aferrarse a las sábanas lo más que pudiera- Oye… esto… ahhh… se está volviendo… nhn… demasiado…. Demasiado tortuoso- echó de manera un poco lenta la cabeza hacía atrás recostándola sobre el hombro de Seifer.

-Lo sé- dijo besándolo- es para cobrarme las tantas negativas que me diste, así que tendrás que soportarlo- decía masajeando aún el miembro erecto del rubio por sobre la ropa interior.

-Por… por favor…- pedía, se sentía bien pero necesitaba más.

-Dime Roxas- decía mientras comenzaba a deshacerse de los boxers del menor-, ¿Hasta dónde estás dispuesto a llegar esta noche?- dejo la ropa interior a la altura de medio muslo, para después cubrir con una sola mano el pene de Roxas.

-Ahh… yo… ngh… no lo sé- cerró los ojos al momento del contacto, vaya que era una sensación maravillosa, sentía su ritmo acelerarse de golpe, los gemidos ya salían por si solos de su garganta- será… hasta… donde tenga qu-que llegar- seguía recargado en el pecho de Seifer, por esa razón logró sentirlo, tal vez había tentado mucho a su suerte y sabía que iba a pagarlo.

-Entonces- movía su mano de arriba abajo provocando que la dificultosa respiración del menor se hiciera más entrecortada- hagamos que esta noche sea larga.

-h…nnh…Seifer…

-Roxas… no creí que fueras tan sumiso- decía mientras mordía suavemente su oreja- como un gatito completamente indefenso.

-Cállate…- reclamó intentando sonar lo más rudo posible, fallando por obvias razones, su voz en ese momento sonaba sumamente débil.-hah… esto no sucede… tan a menudo.

-Si me dejas… yo haré que ocurra muy seguido.

-…hgh…- lo sabía, en esos momentos se veía completamente indefenso, después de todo estaba a completa merced del mayor- No soy… el único emocionado- sonrió un poco al sentir como Seifer también estaba despierto.

-No, no eres el único.

-Ahh….- el pre-semen comenzaba a salir, de un momento a otro sería toda su semilla- Seifer…

-Relájate- aumentó el ritmo, ésta vez utilizando ambas manos, lograría que el rubio se viniera pero lo haría de una forma que anhelara por más.

-Ah… hah…- lo sentía, su cuerpo le avisaba, estaba a pocos momentos de experimentarlo- Ahh…- algo parecido a un escalofrío le recorrió la espalda. Había pasado, había llegado-…- intentaba controlarse, recuperar el ritmo de su respiración, le molestaba su ropa interior a medio quitar así que se deshizo por completo de ella. Se fijó en su pecho, ¿cómo había sido que quedara manchado por su semen?

-¿Te agradó?- le preguntó a modo de susurro, le costaba mantener el control, él también necesitaba de atención y el dolor no hacía más que recordárselo.

-Sí, pero….- intento tranquilizarse primero para poder hablar lo más claro posible- no estoy satisfecho.

Eso sonó tan provocativo para Seifer que si no hubiese sido por el poco autocontrol que aún tenía justo en ese momento, hubiera hecho suyo al menor. –Ese, era el plan- dijo con una sonrisa.

-Seifer… por favor- pedía- tócame- necesitaba sentir los arrumacos del mayor, su cuerpo aún no se satisfacía, todavía no quería detenerse.

-Con gusto- comenzó a besar su mejilla, probar sus labios, descender a su cuello, sus hombros, su clavícula, acariciar sus piernas, sus caderas, su cintura, parte de su trasero, todo lo que estuviera a su alcance.

¿Hasta qué punto la excitación podía controlar y nublar su mente? No lo sabía y la verdad es que no le interesaba, en ese momento no había pizca de razón en sus ideas, sintió los labios de nuevo sobre los suyos y con eso dio inicio a su pérdida total de autocontrol y cordura. No esperó a que el mayor profundizara el beso, él dio el primer paso, se apodero por completo de la boca del otro y la recorrió lo mejor que pudo.

-¿Roxas?- cuando se separaron; de verdad que estaba sorprendido, el rubio había reaccionado de una manera que no había imaginado.

-Es tu culpa- se levantó un poco de donde estaba sentado, primero con la intención de limpiarse el pecho, para después dejar a Seifer recostado.

-¿Estás bien?- le agradaba verlo así, decidido y salvaje, ya no era un gatito, se había vuelto un felino de verdad peligroso.

-Lo estoy- decía mientras se colocaba encima del otro. Con gran velocidad se deshizo de la ropa del otro para quedar ambos en las mismas condiciones- ¿y tú?

-Desde luego.

Sabía lo que hacía, le hubiera gustado alargar el momento un poco más, pero estaba comenzando a sentir la desesperación. Llevo sus dedos a su boca, él único pensamiento coherente que pasaba por su mente era pagarle a Seifer el tiempo que lo tuvo esperando, aunque con cada cosa que hacía esa única idea razonable se perdía entre la lujuria y excitación que se incrementaba en su mente. Cuando sus dedos estuvieron lo suficientemente ensalivados los dirigió a su entrada, era una salida de emergencia, porque seguramente aunque en esos momentos Seifer disfrutará de la vista, no dejaría que la siguiente noche fuese igual. En ese momento la sensatez logró hacerse un espacio dentro de sus pensamientos sexosos, ¿habría una siguiente noche? Es más ¿terminaría bien esa misma? La duda hizo que se detuviera por un segundo, hizo que la razón luchara contra el deseo por un momento ¿Estaba bien lo que hacía? Estaba volviendo a pensar de forma un poco más clara, pero la necesidad por el sexo se hizo mayor al sentir de nuevo los labios ajenos en los suyos. Y una vez más mando todo al diablo. Siguió con sus movimientos, siguió preparándose para lo que venía sin dejar que el otro hiciese algo. ¿Dudas? Ya no sabía lo que era eso. Con sumo cuidado retiro sus dedos y tomo el miembro del mayor.

-¿Listo?- preguntó antes de auto penetrarse.

-Desde hace un buen rato.

Fue algo lento, pero tenía que tener cuidado, la última vez que tuvo algo dentro de sí fue en el incidente con Axel y nada más. Sabía que no dolería igual que la primera vez pero aun así sentiría una molestia. Cuando sintió que la punta entraba simplemente no pudo describir lo que sintió pero eso lo impulso a continuar con la penetración.

-Roxas… dentro es….

-mgh…ah…- comenzaba a costarle trabajo que el miembro del mayor entrara, no porque fuera de un tamaño descomunal sino que comenzaba a sentir un poco de dolor, situación que Seifer entendió de inmediato.

-Déjame, ahora me toca a mí- le decía mientras intercambiaba las posiciones y dejaba al menor bajo él. –Tú ya hiciste demasiado- lo beso una vez más antes de entrar por completo.

-¡Ahh!...- Lo tomó por sorpresa, no esperaba que entrara tan de improviso.

-¿Estás bien?

-S...Si… sólo espera…

Se acomodó mejor entre las piernas de Roxas, levantándolas un poco, dejándole así mejor movilidad, había esperado mucho ese momento y ahora no sabía cómo hacer para que durara.

-Roxas…- estaba por preguntar pero el movimiento de caderas del mencionado le indico que podía moverse. –Bien- dijo con una sonrisa mientras comenzaba con el movimiento.

-hgh…-comenzaba a descontrolarse de nuevo. Rodeo la cintura del mayor con las piernas, quería sentirlo más cerca, buscaba un contacto más cercano, y el otro entendió. Se acercó un poco más al rubio. Cuando lo tuvo cerca lo rodeo con los brazos, su intención era clara, dejar la mayor cantidad de marcas posibles en la espalda de Seifer.

-Roxas…

-hah…- No podía decir nada coherente, estaba en algún sitio de su mente que sólo se centraba en el placer. –Ahh- sí, el mayor ya había encontrado el sitio, había logrado que todo en Roxas despertará- Seifer…

¿Detenerse? Ya no podía hacerlo aunque quisiera, él también estaba perdiendo la poca razón que le quedaba, la lujuria comenzaba a nublar su visión. –Roxas- aumentó la velocidad, su cuerpo ya reaccionaba por sí solo. Únicamente los gemidos de ambos inundaban la habitación, era lo único que les impulsaba a seguir. Un beso que ambos buscaban con desesperación, caricias que subían y bajaban la intensidad, y una entrega total de cada uno por el contrario.

-¡Seifer!- llamó en un alto tono de voz, creía que tal vez sentiría algo "rompiéndose", como las clásicas historias medio románticas, pero fue completamente lo contrario. Sitió como caía en la nada, en un rincón profundo de su mente. Como si se estuviera perdiendo por un momento para después caer duramente a la realidad. En ese momento se encontraba unido a Seifer, estaba teniendo relaciones. Algo que creyó no pasaría en un buen tiempo, pero también era causa de que algo cambiara, sintió una puerta abriéndose y por un momento, sólo un segundo, dudo en si de verdad quería eso, por alguna razón comenzaba a invadirlo el miedo. Aunque cuando recapacito, ya no había nada que pudiera hacer, el cambio estaba hecho. –Ahh…hah…

-Ro…Roxas- sintió cuando el menor se vino de nuevo, su voz lo excitó aún más y que decir de la reacción involuntaria del otro al apretarlo más. No tardó mucho en acompañar al más chico dejando su semilla dentro de él.

-Ahh- sentir como la esencia del mayor lo llenaba fue diferente, fue agradable- Seifer.

-Roxas- sintió los brazos flaquear pero intentó aguantar un poco más, no quería caer de lleno sobre el otro, además de que posiblemente se haría un desastre al momento en que se juntaran sus vientres, los cuales estaban completamente manchados.

-¿Estás bien?- preguntó al ver como el mayor se forzaba a no caer.

-Sí, ¿tú lo estás?- Hizo el intento por salir dentro de Roxas, pero nuevamente sintió como sus fuerzas le abandonaban, aun así logro mantenerse de pie.

-Sí, venga déjate caer, se ve que estás cansado- decía mientras lo abrazaba- No me molesta.

-¿Seguro?

-Sí, anda- le decía con una sonrisa-, sólo hazlo.

-De acuerdo- de forma lenta y bastante cuidadosa se dejó caer sobre el cuerpo de Roxas, quien al ver el esfuerzo que hacía el mayor por no lastimarlo no pudo hacer más que reír. De verdad que Seifer lo cuidaba demasiado.

-Primero intenta controlar tu respiración, todavía estas muy agitado.

-Es gracioso que seas tú quien me lo diga- decía burlón recargado en su pecho. –También sigues agitado.

-Si bueno, todavía estoy trabajando en ello.

Ambos se soltaron a reír, era un momento raro para ambos pero a la vez único. Seifer se levantó un poco con intención de besar de nuevo al chico, un beso cansado pero cargado de sentimientos.

-Creo que ya descanse lo suficiente- se incorporó de forma lenta y comenzó a salir de dentro del rubio.

-Te recuperaste… rápido.

-Bueno, sólo era un momento.- En cuanto se sintió fuera se recostó a un lado del menor, acomodándose de manera que pudiera abrazar al chico- Definitivamente tú estás lleno de sorpresas.

-Eso dicen.

La noche se dio por terminada, o al menos lo que quedaba de ella, en la mañana ya hablarían mejor sobre lo sucedido, claro si es que tenían alguna intención de hacerlo.

El resto de la noche fue normal, su cuerpo se mantuvo tranquilo, se encontraba satisfecho y no tuvo nada que le interrumpiera el sueño, al menos no de la misma manera. Cuando el cielo comenzaba a clarear, él comenzó a despertar, eran cerca de las ocho de la mañana y aun así se decidió a levantarse. Dirigió su mirada al mayor el cual seguía por completo dormido. En cuanto se puso de pie una sensación un poco incómoda se apodero de él. Los estragos de lo sucedido en la madrugada se hacían notorios, lo mejor era limpiarlos antes de cometer un desastre en la habitación.

Se dirigió al baño, una ducha tan en la mañana le caería bien, posiblemente le ayudaría a relajar un poco los hombros y el cuello, apenas llegó a Inglaterra comenzó a sentir demasiada presión, aunque claro era algo a lo que tenía que acostumbrarse. No se llevó mucho tiempo con el baño y tal pareciera que de vedad le había funcionado, en cuanto salió a la habitación se encontró con que Seifer apenas comenzaba a despertarse.

-Buenos días- saludó con una sonrisa al recién despierto.

-Buenos días- contestó mientras se sentaba en la cama- ¿a qué hora despertaste?

-Como a las ocho- se fue acercando a la cama para quedarse sentado en la orilla.

-¿Por qué no me despertaste?

-Te veías bastante tranquilo y no quise hacerlo.

-Pero ya te has adelantado y tomaste un baño- dijo a modo de reproche.

-Bueno, no pude esperar mucho debido a que "algo" comenzó a descender por mis piernas.

-Ah… eso, ammm lo siento.

-No importa- decía acercándose para besarlo, después de todo era una buena forma de comenzar el día- Oye, ¿por qué no tomas un baño mientras preparo el desayuno?

-De acuerdo.

Sí, un día normal, bastante normal para haberse acostado con Seifer apenas unas horas atrás, pero no se quejaba, todo iba bien.

-¿Y bien? ¿Hoy a dónde quieres ir?- preguntó el mayor entrando a la sala.

-No sé… ¿Qué tal si hoy salimos sin rumbo fijo?- Técnicamente era su cuarto día juntos, pero siempre buscaban salir por las tardes, aunque fuese sólo a dar la vuelta, posiblemente en una forma por acostumbrarse a lo que provocaría su nuevo aire.

-Me parece buena idea. Se alejó del menor para dirigirse a la habitación, el día prometía ser normal y un poco fresco así que mejor ir preparados con una sudadera.

La misma rutina por media semana, era tranquila y no se quejaba pero la cuestión era cuanto iba a durar así. En cuanto salieron de la casa se dejaron llevar por el camino, no importaba simplemente caminarían y nada más.

Llevaban gran parte del día caminando por todos lados hasta que decidieron detenerse en un parque bastante solitario.

-Oye, ahora que lo pienso Hayner no ha ido a verte.- Comentaba mientras ambos se sentaban bajo un árbol.

-Supongo que no sabe que decir.

-Puede ser eso.

Todo transcurría sin problemas pero la ilusión comenzó a romperse.

-Hey rubio- escuchó que le llamaban- Tu eres Roxas Strife ¿cierto?

De momento se vieron rodeados por cinco chicos lo que provocó que ambos se pusieran alerta y se levantarán de golpe.

-Hey te he hecho una pregunta.

-¿Quién quiere saberlo?- preguntó de manera seria y algo brusca.

-¿A la defensiva tan pronto?

-¿Qué diablos quieren aquí?- Seifer se colocó delante de Roxas en un intento por protegerlo.

-Seifer, el problema es con tu noviecito no contigo- le dijo quien parecía ser el sujeto al mando. –Además no sabía que necesitara protección.

-No la necesito- contestó haciendo a un lado al mayor- Si, yo soy Roxas Strife, podría saberse ¿quién diablos son ustedes?

-Digamos que aquí somos conocidos como los incorpóreos.

Ya había escuchado ese nombre antes, los sin corazón y los incorpóreos eran de alguna manera socios, ambos en contra de la organización XIII, pero anteriormente ninguno se había animado a atacar a alguien de la organización.

-¿Qué quieren de mí los incorpóreos?- se alejó un poco del mayor, seguramente en cualquier momento intentaría protegerlo de nuevo y digamos que contra ellos no lo necesitaba mucho.

-Parece que le diste algunos problemas a una amiga nuestra- era molesto tener que girar la cabeza a todos lados puesto que tal pareciera se turnaban para hablar.- Tal vez la conozcas, se llama Xion.

De nuevo ese nombre, de nuevo esa chica le provocaba problemas, -Si, la conozco, ya tuve un encuentro con ella y los sin corazón.

-Oye, oye- dijo uno de los chicos un tanto enfadado. –No te atrevas a compararnos con esos inútiles.

-Perdona pero no estaba comparándolos- decía de manera tranquila.

-Hey, no queremos problemas- Seifer intentaba evitar cualquier problema pero no lo lograba.

-Seifer, te lo dije ¿no? El problema es con él.

-¿Qué quieren entonces?- Roxas dio un paso hacia adelante quedando demasiado cerca del que se encontraba en medio.

-Oye Roxas…- estaba por tocarle el hombro para obligarle a voltear y que ambos se fueran. La verdad es que no tenía miedo de una pelea, era sólo que ellos eran cinco y él estaba sólo con Roxas, todavía si estuviera con Vivi o Rai sería más sencillo pero ahora lo veía un poco complicado. Pero no pudo lograr el contacto, se lo impidieron.

-No interrumpas la conversación Seifer, puede ser divertido.

-¿Qué te parece si jugamos un poco, Roxas?- dijo remarcando de forma lenta el nombre del menor.

-¿Estás seguro de eso?- ¿Miedo? No, no lo tenía. Después de todo sólo se trataba de un incorpóreo y él, bueno, él era el número XIII de la organización y tal pareciera que ese era un dato no muy conocido.

-¿Qué, crees tener lo suficiente para hablar de manera tan arrogante?- le preguntó el otro con burla, de verdad que le había molestado el cómo había hecho la pregunta.

-Claro que lo tengo ¿tú estás seguro de tenerlo?- hizo a un lado al agresor, buscando un lugar un poco más amplio. –Acepto tu invitación, dime ¿con qué jugaremos?

Era un reto, Seifer ya se había dado por vencido pero aun así se mantuvo alerta por si necesitaba entrometerse en algún momento y Roxas, bueno sólo se mantuvo en el lugar esperando a que el otro se acercara.

-Tú- llamó al que estaba a su lado derecho- Dale una de tus navajas al chico.

¿Navajas? No pudo ser mejor, él estaba acostumbrado a pelear con ellas, al verdad es que con cualquier tipo de arma blanca, era bastante diestro con eso.

-Oye, oye ¿No crees que estas llevando las cosas demasiado lejos?- preguntó un poco preocupado. Las cosas podían ponerse algo complicadas.

-Tranquilo Seifer, voy a estar bien- le decía bastante tranquilo, demasiado a ojos del mayor.

-Estás muy seguro de ti mismo- decía mientras le tendía el arma y se colocaba frente a él.

-La confianza es algo bueno ¿no?- sostuvo la navaja, era ligera y pequeña, casi no las usaba de ese tipo pero se acostumbró rápido.

-Veamos si te dura lo suficiente.

No tenía que verse la pelea desde el inicio para ver quién era el que llevaba las de ganar, Roxas demostraba lo bien que lo hacía en peleas callejeras y más si estás tenían involucradas armas de ese tipo. Seifer no supo cómo ni exactamente en qué momento, pero se alegró al ver como Roxas tumbaba al otro y colocaba la cuchilla en el cuello.

-Creo que puedo seguir manteniendo mi confianza ¿no es así?- preguntó haciendo más presión con el pequeño objeto.

-¿Y tú eres un Strife?- Sabía que estaba en problemas, el punto era que no entendía porque. Se suponía que el chico que estaba frente a él no tendría por qué saber cómo manejar un arma, entonces ¿qué diablos pasaba?

-Lo soy, y el menor de ellos. Aunque he de decir que tu proposición de juego me sorprendió.

-¿Por qué? ¿Acaso creías que por tu apellido eras intocable?- Era curioso como a pesar de su posición se atrevía a usar la mofa.

-¿Mi apellido? Eso no tienen nada que ver, más bien fue por el hecho de que, los incorpóreos, hasta la fecha, no han ganado ninguna pelea contra alguien de la organización.

-¡No mientas!- gritó uno de los chicos que se quedaron como espectadores. – ¡Tú no eres de la organización! ¡Ningún Strife lo es!

-En eso te equivocas- sintió como él que estaba debajo de él hacía el intento por moverse lo que provocó que hiciera más presión en su cuello.- Todos nosotros pertenecemos a algún grupo y somos los mejores en cada uno.

-Pero- llamó el chico que estaba bajo él- en la organización sólo hay 12 miembros y tú no eres uno de ellos.

-Había 12 miembros hace dos años, yo soy el treceavo- Cuando termino la oración separo el objeto de manera lenta mientras comenzaba a levantarse. -Supongo que con esto podemos dar por terminada la pelea, después de todo estás perdiendo mucha sangre a causa de esos cortes.- decía señalando un corte profundo en el costado del chico. – Además ya sabes el resultado. – Arrojó el arma a su dueño- Aunque admito que me la pusieron un poco difícil, no estoy acostumbrado a usar sólo una, me acomodo más con dos.

-¡Espera, espera! Eso era sólo un rumor, los únicos que utilizan dos o más armas son el número ocho, la número once, el número seis y él número diez.

-Bromeas ¿cierto? Realmente son pocos los miembros de la organización que utilizan una sola arma, pero en fin ahora puedes agregar al número trece.- decía mientras se acercaba a Seifer- Ah y por cierto, díganle a su amiga que no importa cuánto tiempo haya sido la número catorce, aún no está a la altura de cualquiera de nosotros. –Por fin la recordaba, sabía que la había visto y que la conocía, pero también no puedes tener muy presente a una chica que sólo estuvo dos semanas en el grupo. -¿Nos vamos?- le preguntó al mayor tomándolo de la mano.

-…cl-claro- estaba sorprendido tanto por lo que vio como por lo que escuchó, pero eso lo aclararía en cuanto estuvieran a solas con el menor así que sólo se concentró en seguirlo.

-Esto no ha terminado- llamó mientras se levantaba- Me cobraré esta, así que ándate con cuidado.

-Por supuesto- se giró para contestarle- pero para la próxima habrá otros de la organización. –Después de eso ignoro todo lo que le dijera aquel sujeto, poco le importaba, pero había salido algo bueno de ese encuentro, había recordado quién demonios era Xion y sabía que sola… bueno, no era una gran amenaza.

-¿Me podrías explicar que fue lo que paso allá?- le preguntó una vez estuvieron en el hogar del rubio. –Porque intento comprenderlo pero en serio que no lo consigo.

-Seifer, primero que nada tranquilízate ¿quieres?- le dijo intentando relajarlo.

-¿Cómo quieres que me tranquilice si acabo de ver que mi novio es un experto en peleas con armas blancas?- contestó exaltado. Vale que si sabía que estaba bastante alterado, pero sólo un poco. Eso debía de entenderlo el menor.

-Sí, de acuerdo, lo sé. Voy a contarte todo pero relájate.- seguía intentando pero al ver que el otro seguía con la misma desesperación comenzó a subir las escaleras.

-¿A dónde vas?

-Al cuarto, cuando te hayas calmado un poco; hablamos.- No llegó ni bien al cuarto cuando Seifer ya estaba con él.

-Vale, lo siento. Pero también comprende, es un cambio muy brusco.

Roxas soltó un suspiro.-Lo sé y por eso mismo sé que mereces una explicación.- De cualquier forma entró en la habitación con el mayor tras él, claro que sabía que era un cambio brusco, lo sabía desde el principio. Ahora sólo era cosa de ver si Seifer podría aceptarlo.

-Pues venga, ¿de qué fue todo eso?- preguntó mientras se sentaba en la cama.

-Es complicado.

-¿En serio?- preguntó con sarcasmo.

-Sí, sí. Sólo déjame pensar por donde comenzar.- se sentó en la parte inferior de la cama, sí que era difícil, tenía que pensar bien en sus palabras. –La primera vez que llegué a Londres, era un chico frágil que necesitaba protección de manera urgente ¿verdad?

-Si.

-Te conté la razón de ese cambio, pero antes de ese incidente mi actitud, mi comportamiento era distinto, era exactamente como es ahora.

-Entonces, ¿podría decirse que eres igual a como eras antes?

-Exactamente.

-Pero ¿cómo explica eso lo que acaba de pasar?

-Antes de que todo eso pasara, me entere de que un amigo era parte de un grupo.

-¿Con el que tenías el problema?

-Sí, me entere que era parte de la Organización XIII y bueno, decidí unirme. La organización es un poco problemática, hay de todo tipo de personas… bastante raros a decir verdad. El punto es que por lo mismo todo el tiempo hay conflictos o retos a los cuales enfrentarnos, por eso tuve que aprender a defenderme.- Hizo una pausa para tomar un respiro. –Aunque no me fue útil cuando en verdad lo necesite.

-Roxas.

-No importa, la cuestión es que, como esos chicos dijeron, no todos en la organización usan dos o más armas, la mayoría pero no todos. Yo me encuentro dentro de esa mayoría, normalmente uso dos armas siempre y cuando estas tengan hojas afiladas no me fallan.

-…bueno, creo que eso explica un poco lo que acaba de suceder.- dijo ya resignado.- Dime, ¿hay algo más que necesite saber?

-Mi hermano mayor está en un grupo llamado Deepground y Sora en los keyblade masters.- contestó con burla.

-Sabes a lo que me refiero- reclamó dándole un leve empujón.

-Creo que no, aunque puede que se me escapen algunas cosas.

-Tendré que pensar en una forma para evitar que se te escapen entonces.

-Es lo más probable.

Uno recostado por completo en el colchón, el otro encima de él, dejando que el tiempo pasara sin tregua ni gloria, ambos estando lo bastante ocupados como para percatarse de los ruidos del exterior, dejando olvidado el hecho de que tal vez alguien llegará a verlos o intentara llamarlos. Fue así que los golpes en la puerta no fueron escuchados, que el número de llamadas perdidas aumentó en el celular de Roxas y de Seifer, que todos esos sonidos se fueron apagando por los gemidos de ellos mismos. Pero también fue con eso que el rubio comenzó a notarlo; el mayor aún le atraía y le quería pero podía sentir como el deseo por el acto era un poco más grande que el deseo por la persona, pero no importaba, posiblemente sólo fuera algo momentáneo. Tenía que disfrutar ese encuentro porque nunca se repetiría, era, técnicamente, una reconciliación de una pequeña discusión. Aunque nunca pasó por su cabeza la idea de que tal vez era la primera señal de algo grande, porque tal pareciese que Roxas había olvidado el hecho de que había abierto una puerta que le obligaría a cambiar sus decisiones.