Caminaba entre las calles a cada minuto más desesperada, la noche estaba cayendo en la ciudad y no había rastro alguno de Kirigaya, Chitaru ya había ido al motel donde la chica estaba quedándose, pero en la recepción le dijeron que recién la chica se había ido, no tenía ni una sola idea de donde podría encontrarse, "¿y si volvió al grupo Datura?" esa idea no le agradaba en nada, ella no quería que kirigaya volviera a ser una asesina y de cualquier modo pensaba que después de su deserción los del grupo no le darían "una bienvenida amable", se detuvo por unos minutos a pensar, ¿se habría perdido? eso era muy probable pues la niña era despistada, de direcciones y mapas sabía prácticamente nada, entonces de la nada supo donde Kirigaya estaba.

Frente a un enorme mapa que mostraba las distintas rutas de los autobuses se hallaba Kirigaya, tratando de hallar uno que la sacara de la ciudad, sentía un doloroso nudo en la garganta, no volvería a ver a su amada Chitaru-san, no quería irse, no quería perderla, pero tampoco quería hacerla sufrir, "Chitaru-san aun te amo", pensaba la chica sin saber que a unos cuantos metros una alta y delgada chica pelirroja la miraba experimentando el enorme alivio de haberla encontrado, Namatame temiendo que la chica escapara se acercó con cautela y al estar tras de ella tan solo dijo

-¿A dónde vas?...déjame ayudarte- al escuchar su voz su corazón latió con fuerza, esas palabras, ese mismo lugar, era todo como aquella primera vez que se habían visto, cuando se habían conocido, Kirigaya volvió la mirada, sus dorados ojos se encontraron con aquella mirada escarlata, Hitsugi sintió como una lagrima rodo por su mejilla, los sentimientos dentro de su pecho estallaron al ver ahí a su amada

-¡Chitaru-san!- la pequeña chica abrazo a Namatame quien abrazo con fuerza a Hitsugi, era un alivio haberla encontrado, había llegado a creer que nunca más la volvería a ver, después de algunos instantes se separaron

-H...Hitsugi...nunca vuelvas a hacerme eso...creí... creí que te había perdido para siempre- Kirigaya bajo la mirada y en voz baja solo dijo

-No quiero que tú sufras por mi culpa, debo irme...-

-¡No, no quiero que te vayas!...o, ¿es acaso que ya no me quieres más Kirigaya?-

-No, no es eso, yo te sigo queriendo, es solo que tú tienes ahora problemas con tu senpai por lo que yo hice, eso no es tu culpa tu no mereces ser perseguida por asesinas eso lo merezco yo...-

-Kirigaya, a mí no me importa eso, no me importa quien se interponga, no me importa a quien me tenga que enfrentar, lo único que me importa es tenerte junto a mí, si mi profesora no es capaz de entender el perdón y el amor no es entonces la buena persona que yo creí, no quiero perderte Hitsugi y menos por algo tan estúpido como la venganza- la peli azul se quedó en silencio, debatiendo dentro de sí misma ¿Qué debía hacer?, Namatame la miro y con la voz un poco quebrada solo dijo

-Si deseas irte no te voy a detener, aunque yo deseo estar contigo no puedo obligarte a estar junto a mí, pero... te amo, eso lo debes saber- Hitsugi seguía en silencio mirando hacía el suelo, Chitaru sintió una profunda tristeza, tal parecía que la niña deseaba irse de verdad, y tal como lo dijo ella no la podía obligar a quedarse, entonces se dio media vuelta dispuesta a irse, dio un par de pasos cuando alguien le tomo la mano, era Hitsugi

-No soltaré tu mano Chitaru-san no me quiero perder...no te quiero perder-la pelirroja se limpió las lágrimas de los ojos y le brindo una tímida sonrisa a Kirigaya, así tomadas de la mano caminaban por las calles

-Chitaru-san… ¿te sientes bien? Aun no debías dejar el hospital- dijo repentinamente Hitsugi

-me siento bien, salí sin decirle a nadie, yo…yo solo quería encontrarte- Kirigaya abrazo a su amada, estaba feliz de seguir a su lado

-pero, Chitaru-san ¿Cómo lo has hecho? Hace días aun te costaba caminar-

-si, pero, yo ni siquiera pensé, tan solo Salí para encontrarte, tenía miedo de no hacerlo, y para darte un poco más de fuerza no hay nada como el miedo-

-entonces ¿Volverás al hospital?- Namatame lo pensó por un momento

-No, ya me encuentro bien, me estaba hartando de ese sitio a decir verdad-

-y entonces, ¿dónde iras?-

-iremos a mi departamento Hitsugi-la niña se sorprendió

-¿me dejarás vivir contigo?- Chitaru sonrió ante la sorpresa de la pequeña

-por supuesto que si Kirigaya, bueno solo si tú quieres-como respuesta la pelirroja recibió un fuerte abrazo

-Gracias Chitaru-san- ambas chicas siguieron su camino hasta llegar a el edificio en el cual Chitaru había vivido antes de marcharse al Black Group, situado en el tercer piso un apartamento elegante en perfecto orden aunque claro, había tomado un poco de polvo por la ausencia de la ocupante, Kirigaya nunca había pensado en cómo era la casa de Chitaru, pero le sorprendió ver tan lindo lugar

-¿Te gusta?- pregunto Namatame

-es muy lindo-

-gracias, fue un regalo de mi padre, desde entonces no lo veo, pero siempre ha sido así, ven te mostrare donde vamos a dormir- la pelirroja la llevo hasta un dormitorio bastante grande decorado al estilo minimalista en colores negro y blanco, la chica de los ojos dorados enseguida pregunto

-¿Dormiré contigo en la misma cama?-Namatame asintió entonces Hitsugi se lanzó a su cuello plantándole un apasionado beso en los labios, el repentino beso hizo a la pelirroja perder el equilibrio entonces ambas chicas cayeron sobre la cama, Hitsugi no dejaba de besarla, y sus pequeñas manos poco a poco comenzaron a recorrer el cuerpo de su amada, Namatame encantada y sorprendida se dejó llevar por Kirigaya, siempre era la peli azul quien tomaba el control, aquellos ojos dorados hipnotizaban a Chitaru quien lo único que podía hacer era entregarse a las caricias y deseos del pequeño ángel, por fin Kirigaya rompió el beso miro a los ojos a su amada y acercando los labios a su oído le susurro

-Chitaru-san y yo pasaremos noches muy divertidas en esta cama- provoco el sonrojo de la mayor con sus palabras, pero no le permitió decir nada ya que una vez más la beso de aquella manera tan apasionada.

Las primeras horas de la mañana habían llegado, los rayos del sol se colaban por los cristales de las ventanas tocando dos desnudos cuerpos solo cubiertos por una delgada sabana, ambos cuerpos abrazados, una pelirroja tenía entre sus brazos a una chica de rostro tierno y un azulado cabello claro, y aunque el brillante sol parecía iluminarlo todo no muy lejos de ahí oscuros acontecimientos estaban a punto de ponerse en marcha.

En una residencia de aspecto imponente la antigua profesora de Chitaru aguardaba el desayuno sentada en el comedor, la mujer leía un periódico cuando el mayordomo irrumpió

-disculpe señora, le tengo noticias- la mujer dejo de lado el diario y miro al hombre

-¿de qué se trata?-

-Llame la hospital, como usted lo ordeno, pero la recepcionista me ha informado que la señorita Namatame abandono el lugar la noche pasada- la mujer sonrió con malicia

-vaya, vaya, creí que la maldita cobarde esperaría más tiempo, tal vez planea huir, no debo darle la oportunidad… debemos comenzar el juego cuanto antes- le dijo al hombre quien conocía sus planes

-entonces ¿Qué desea que haga mi señora?- la mujer se quedó pensando unos minutos

-Quiero que envíes a alguien a la prisión femenil, no me importa cuánto dinero cueste, a como dé lugar la chica debe ser liberada para el día de mañana, ¿Está claro?- el hombre con una inclinación respondió

-No se preocupe mi señora, yo me haré cargo de que todo salga como usted lo desea- el hombre salió dejando sola a la mujer quien pensaba en sus posibilidades, Chitaru era fuerte pero la asesina que tenía contemplada para su primer intento parecía ser muy despiadada, en pocos años había asesinado a tantas personas y de maneras tan violentas y sádicas que habían hecho temer a la ciudad entera y había puesto al cuerpo completo de policía sobre sus pasos, tal vez lo conseguiría a la primera, deseaba la muerte de Angel Trumpet, eso se había convertido en una obsesión para ella, lo añoraba, nada deseaba más que eso y sabía que no descansaría hasta conseguirlo, la mujer había enloquecido, muchas veces disfrutaba imaginando horribles muertes para Hitsugi Kirigaya, sangrientas, violentas y llenas de dolor, fantaseaba con poder ver el cadáver humillado, lastimado hecho pedazos y todo en venganza por la muerte de su pequeña hija

-¡LA MALDITA DEBE MORIR! Decía siempre que tenía aquellos oscuros pensamientos, si tan solo su cuerpo estuviese en condiciones mejores ella misma la cazaría, la mataría con sus propias manos, vería sus ojos desesperados hasta que la muerte los cegara, escucharía su voz suplicante pidiendo clemencia, la demente mujer no dejaba aquellas ideas, no podía hacerlo.

Mientras tanto, Chitaru y Kirigaya habían tenido que salir de compras al supermercado ya que después de tanto tiempo pasado Namatame no tenía nada en casa, todo había estado normal hasta que en un descuido Kirigaya se separó de Chitaru y como era lógico la niña se perdió, con un andar despistado comenzó a buscar a su amada, entonces al dar la vuelta en un pasillo choco con alguien que la hizo caer al suelo

-¡Maldición! ¿Por qué no te fijas por dónde… oh vaya! Pero si es Kirigaya- Hitsugi reconoció aquella voz, era Isuke Inukai

-Inukai-san- dijo un poco sorprendida, la asesina no era mucho de su agrado

-es Isuke-sama para ti!- Kirigaya la miro un poco extrañada, era raro volver a verla, en aquel mismo instante Chitaru corría por todo el lugar tratando de encontrar a Hitsugi, entonces vio algo que le provoco escalofríos, Kirigaya estaba en el suelo y frente a ella mirándola de manera altanera estaba Isuke Inukai, recordó entonces la carta de su senpai "enviare asesinos que harán el trabajo en mi nombre", pensando en que tal vez Isuke era la primera corrió hasta ambas chicas, al llegar Inukai la miro con desdén

-vaya pero si es el príncipe del Black Group-

-¿Qué haces aquí Isuke?- la peli rosa ceñuda le respondió

-eso no te importa- entonces Namatame la tomo del cuello de la ropa y acercándose a ella la miro con fiereza

-¿Qué estás haciendo aquí? ¿A caso estás aquí para matar a Kirigaya?- Isuke se liberó de Chitaru

-Isuke solo mata por dinero…pero si quieres que mate a Kirigaya solo dime ¿Cuánto me pagarás?- Chitaru no respondió, solo le tendió la mano a Hitsugi y la ayudo a ponerse de pie

-Nos vamos Kirigaya-la niña miro a Inukai

-adiós Inukai-san-la peli rosa le dio su falsa sonrisa

-adiós Kirigaya…Namatame cuando quieras que mate a tu loli solo avísame y hablaremos de negocios- riendo la asesina se marchó dejando a ambas chicas un tanto confundidas, una vez solas Chitaru se sintió un poco avergonzada

-lamento haberme portado como lo hice Kirigaya…pero lo hice porque me preocupo que Isuke pudiera hacerte daño- la pequeña la tomo de la mano y sonriendo de manera tierna solo dijo

-Gracias por protegerme Chitaru-san-.

El atardecer revelaba aquellos últimos y luminosos rayos del sol tiñendo de naranja y violeta las nubes que cruzaban el cielo, en su estudio aquella demente mujer seguía maquinando horribles muertes para Angel Trumpet, cuando sus pensamientos delirantes fueron rotos porque llamarón a la puerta, era su mayordomo

-Disculpe que la moleste mi señora, pero tengo noticias-

-adelante, te escucho-

-Tuvimos que pagar grandes cantidades a varios de los guardias de la prisión, pero tuvimos éxito, nadie lo noto, la chica ya está libre-

-ah! Excelentes noticias y dime, ¿dónde está ella?-

-viene en camino, la traerán algunos de nuestros colaboradores, llegara de un momento a otro-

-muy bien, en cuanto llegue la haces pasar hasta aquí, quiero verla cuanto antes-

-como usted ordene mi señora- la mujer tomo un estuche de piel en color negro, entonces comenzó a reír

-supongo que nuestra invitada apreciara este regalo de bienvenida, después de todo he sabido que son sus armas favoritas- la mujer le mostro al mayordomo el contenido del estuche, dentro había dos pares de agudas y afiladas tijeras de plata.

A quienes se han tomado la molestia de dejar sus comentarios

Un saludo y un agradecimiento.

Gracias chicos me alegra que les guste la historia.