Esposada y amordazada una extraña chica fue llevada a la residencia de aquella demente profesora, la chica estaba muy nerviosa, pues no sabía la razón por la cual había sido sacada de la prisión, sujeta por dos hombres que la obligaban a caminar fue llevada hasta una pequeña oficina de aspecto muy pulido donde una demacrada mujer se hallaba sentada tras de un escritorio, al verla entrar se puso de pie

-libérenla, por favor- dijo ella, los hombres se apresuraron a obedecer y quitándole las esposas y la mordaza la dejaron por fin libre

-lamento la rudeza de mis hombres, pero, era una precaución necesaria, no queríamos que escaparas-dijo la mujer

-¡¿Quién es usted?! ¡¿Por qué me han traído aquí?!- pregunto la chica con claro miedo en la voz, pues se hallaba indefensa en aquella extraña situación

-Takechi Otoya, mis hombres te han traído aquí porque quiero ofrecerte un trato- la asesina de los ojos turquesa miro con más atención a la mujer, no comprendía aun sus intenciones

-Por qué no te sientas Takechi-san y así podremos hablar mejor, por favor déjenme a solas con ella- le dijo a sus hombres, ellos se miraron y dudosos preguntaron

-¿está usted segura de ello?- la pregunta era obvia, dejar sola a una mujer incapacitada con una asesina serial era peligroso

-si, no se preocupen, confió en que nada pasara- respondió indiferente la profesora, los hombres aun dudándolo salieron dejándolas solas

-¿Por qué me ha sacado de la prisión?!- pregunto Takechi

-Bueno Takechi-san quiero que tomes tu libertad como un obsequio que te hago-

-¿un obsequio? ¿Con que razón?-

-bueno me gustaría que me consideraras una amiga o no, mejor dicho, una aliada-la asesina miro a la mujer, había algo muy extraño en ella, no podía dejarse engañar

-vaya al punto, ¡ ¿Qué quiere de mí?!-

-Quiero que mates a alguien por mi-aquella petición tomo un poco por sorpresa a la chica, ella siempre había matado por gusto no por negocio

-Entonces ¿usted hizo que me liberaran para que mate a alguien por usted?- la chica encontraba eso como un insulto ya que al parecer esa mujer solo la estaba utilizando como un peón, una herramienta que se ensuciaría las manos por ella

-No Takechi-san, como te dije, tu libertad es un regalo, si no aceptas mi trato tú seguirás estando libre- aun dudaba un poco pero al final dijo

-¿Qué clase de trato?-

-si tu matas a esa persona por mi yo te daré lo que tú me pidas, cualquier cosa que sea-

-ah, ¿Cómo en el Black Group?-

-algo así, excepto que aquí no habrá reglas ni límites de tiempo, serás libre de actuar como mejor te convenga- la propuesta le agrado a Takechi, sonrió pensando en que después de semanas sin hacerlo por fin volvería a matar

-entonces Takechi-san ¿aceptas?-

-¡claro! …¿Quién será mi victima?-

-oh, estoy segura de que la conoces, una maldita asesina conocida como Angel Trumpet, o para ser más clara Kirigaya Hitsugi- al escuchar aquel nombre se sorprendió, así que su víctima sería aquella niña, la recordaba a la perfección, pequeña, frágil, tierna e inocente, la perfecta presa para ella, el tan solo pensar en matarla comenzó a excitarla

-¡La matare esta misma noche!- dijo la chica, no podía reprimir aquellas sangrientas ganas de asesinar

-¿hoy mismo?- pregunto la mujer desconcertada

-soy impaciente, nunca lo he podido evitar-

-muy bien Takechi, como dije, eres libre de actuar como lo desees, por cierto Namatame Chitaru está con ella e intentará protegerla-

-¿También quiere que la mate a ella?- la mujer se quedó pensando unos instantes, por una parte deseaba que Namatame muriera, su traición merecía eso y mucho más, pero también quería que Chitaru sintiera el dolor de perder a alguien tan querido, quería que sufriera con la muerte de Kirigaya, no se decidía por cuál de las opciones le atraía más ¿La muerte o el dolor?

-Decide tú Takechi-san- dijo al final

-Muy bien, entonces creo que me pondré en marcha- la asesina se puso de pie, la mujer le tendió el estuche de piel que había estado reposando sobre el escritorio, Otoya lo abrió y al ver aquellos pares de tijeras sonrió de manera siniestra

-vaya, esto es un regalo muy considerado de su parte señora-

-solo hazme un favor Takechi-san-

-¿Cuál?-

-has sufrir a esa maldita Kirigaya, hazla sufrir hasta que ya no pueda más- aun sonriendo la asesina miro a los ojos a la mujer y haciendo una pequeña reverencia dijo

-No se preocupe, su dolor será mi placer-.

Sin embargo, esa noche Takechi no pudo hacerlo, debía trazar un plan, no debía fallar esta vez, no podía permitirse que otra víctima se le escapara de las manos, desde que había fallado en su intento de asesinato sobre Ichinose Haru su orgullo de asesina había estado herido, debía probar porque era ella "Jack el destripador del siglo XXI" así que no durmió planeando su ataque, todo debía hacerse a detalle y sin fallos. Se consideraba a sí misma como una araña, una araña que lentamente arrancaba la vida de sus presas provocándoles dolor y convirtiendo ese dolor en su excitante placer, así que ahora debía formar una telaraña para atraer a su presa y esa telaraña sería Namatame, si, usaría a Namatame para atraer a Hitsugi a su muerte.

Al día siguiente.

Ignorando por completo el peligro que sobre ellas estaba a punto de desatarse aquel día para Chitaru y Hitsugi transcurrió completamente normal, se habían quedado en el departamento de Namatame limpiando un poco, Chitaru sin embargo no había dejado de pensar ni un solo minuto en las advertencias de su senpai, estaba alerta a cualquier anormalidad que pudiera haber, pero hasta ahora todo había estado tranquilo, en aquel momento alguien llamo a la puerta

-yo abriré, tú quédate aquí Kirigaya- la pequeña chica solo asintió quedándose sentada en el sofá de la sala, Namatame abrió la puerta, pero no parecía haber nadie, dio un paso al frente esperando ver a alguien en el pasillo, pero ese solo paso fue su gran error, ya que alguien la sujeto por detrás cubriéndole la nariz y la boca con un pañuelo humedecido, no pudo reaccionar para evitar aquello ya que velozmente perdió la conciencia cayendo al suelo, frente a la dormida Chitaru estaba de pie una sonriente chica de oscuro cabello color purpura y unos brillantes ojos turquesa, Takechi Otoya miraba a su señuelo tendida en el suelo, la primera fase de su plan parecía ir bastante bien, dos hombres aparecieron al final del pasillo, eran los mismos quienes la habían sacado de la prisión, se acercaron a Otoya

-Llévenla al auto, en un minuto estaré con ustedes- uno de ellos levanto a Namatame del suelo y ambos hombres se fueron, Takechi tan solo se quedó unos segundos para después seguir a sus cómplices por el pasillo.

Kirigaya no tenía ni idea de lo que acababa de suceder fuera del departamento, pero después de varios minutos Chitaru no volvía, de hecho no había señal de ella por ninguna parte "¿Chitaru-san dónde estás? Se preguntó Kirigaya, se levantó del sofá yendo hasta la entrada, pero Namatame no estaba ahí solo la puerta abierta, enseguida noto un papel pegado justo en el marco de la puerta, se acercó y vio que era una nota, la caligrafía era espantosa pero pudo entenderla, decía

"Kirigaya:

Me he llevado a Namatame, si quieres volver a verla tan solo ve a la parte indicada en el mapa debes llegar antes de las 08:00 pm o si no la matare JAJAJA! Oh lo olvidaba tú no sabes leer mapas JAJAJA! Suerte con eso pequeña loli, te estaré esperando"

La nota le helo la sangre, ¿Quién se había llevado a Chitaru?, el miedo se extendió en ella como un veneno que recorría sus venas, "…debes llegar antes de las 08:00 pm o si no la matare…" esto la asusto aún más pues el escritor de la nota tenía razón, ella no sabía leer mapas, eran las 07:15 solo tenía 45 minutos para llegar, ¿Pero cómo lo haría?, bueno la respuesta fue bastante simple, tan subiría a un taxi y le daría el mapa al conductor, él la llevaría, no, no fue un descuido de Takechi, ella no quería que la chica se perdiese, la quería ver llegar, el único motivo para usar un mapa era jugar un poco con su presa, burlarse de su falta de orientación.

Mientras tanto Takechi había llegado ya a su destino, preparándolo todo para cuando su presa cayera en su telaraña, tenía a Namatame atada a una silla, la chica aún dormida no era consciente de las ansiosas miradas que recibía por parte de la asesina serial, está ya no podía resistir las ganas de matar, quería volver a experimentar aquel viejo y conocido placer de arrebatar las vidas de sus víctimas, faltaban tan solo 10 minutos para que se cumpliese el plazo que había dado a Kirigaya y aún no había señales de esta, dio un suspiro y se sentó frente a Namatame, saco del pequeño bolso atado a su cintura un par de tijeras comenzando a acariciarse el rostro con la afilada punta de plata, imaginando como se sentiría cortar la piel de la pequeña chica, se estaba excitando, sus ojos enloquecidos no mostraban nada más que aquel instinto asesino "Matar, es hora de matar" decía una y otra vez su corrompida mente, empujada por sus sádicos deseos llevo las tijeras al rostro de Namatame y hundiendo la afilada punta en su mejilla izquierda le causo un pequeño corte, ver sangre la emocionaba, la volvía loca, la pelirroja presa aún del cloroformo no deserto ni siquiera cuando aquella demente la lastimo.

En aquel mismo instante Kirigaya había llegado hasta el punto indicado, pago al conductor del taxi y lo vio alejarse, no quería ser seguida por nadie, sus sentidos estaban alertas, miro el lugar, eran grandes almacenes parecían muy viejos y estaban abandonados, según el mapa debía dirigirse a la parte más baja de estos, entro, todo estaba casi en total oscuridad, bajo por una viejas escaleras llegando a un largo pasillo, al final de este podía verse algo de luz, ahí debía estar Chitaru-san, pensó, camino lo más silenciosa que pudo, hasta llegar al punto iluminado, era una habitación grande y vacía no había nada salvo dos personas sentadas en un par de sillas, una de ellas era Chitaru, pero estaba atada y parecía estar inconsciente, no podía ver quien era la otra persona ya que estaba de espaldas a ella, se acercó cautelosa pero la otra persona noto su presencia

-Kirigaya entrar a una habitación sin tocar es de mala educación- Hitsugi reconoció aquella voz, su manera tan infantil y juguetona de hablar, era Takechi Otoya

-¿Takechi-san?- sintió pánico

-es un gusto verte pequeña Kirigaya, es lindo ¿No? Una reunión de exalumnas ¡Qué divertido!-

-¿Qué le has hecho a Chitaru?-

-oh no es nada, despertara en cualquier momento- Kirigaya apretó con fuerza su oso de felpa

-oh no! No! No! No trates de jugar sucio Kirigaya, se lo que escondes en ese animalito tan lindo que tienes ahí solo te diré que si me atacas una ráfaga de balas caerá sobre Namatame-san, hay hombres listos para disparar si tú haces un movimiento en falso- estaba acorralada, no podía dejar que hirieran a Chitaru

-¿Qué quieres Takechi? ¿Por qué haces esto?- Otoya sonrió divertida

-solo quiero jugar un poco Kirigaya, anda, vamos a jugar- intento acercarse pero Hitsugi retrocedió

-oh! No seas mala Kirigaya juguemos un poco-

-no te acerques- Takechi río divertida

-si no juegas conmigo matare a tu príncipe- no tenía más opción debía rendirse, bajo la mirada y dejo caer al suelo su oso de felpa

-bien así está mejor!- dijo alegremente Takechi, se acercó a la peli azul y la tomo de la mano

-tus manos son tan pequeñas y suaves, me encantara cortar cada uno de tus dedos- el pánico creció en Kirigaya

-Takechi-san, por favor…-

-No ruegues, eso solo me excita aún más- arrastro a la chica al otro lado de la habitación, saco de su bolso dos pares de esposas colocando unas en las muñecas de la chica

-te quedan lindas- sujeto el rostro de Kirigaya con ambas manos acariciando sus mejillas con los pulgares

-eres muy linda Kirigaya, disfrutare tanto asesinándote- iba a morir, ahora ya no tenía dudas Otoya iba a matarla, Takechi le dio un empujón tirándola al suelo y apresurándose a poner el segundo par de esposas en los tobillos de la chica, Takechi se puso de pie mirándola con aquellos ojos turquesa aterradores pero con su propia belleza

-iremos lentamente, quiero disfrutar esto, ¿Quién lo diría? Jack el destripador se ha vuelto un lolicon- río cruelmente sin dejar de mirar a su víctima, se colocó sobre la pequeña chica y con aquel par de tijeras que llevaba en mano comenzó a cortar sus ropas

-Quiero ver más piel, me gusta apreciar la belleza de mis presas- siguió cortando las prendas de la chica casi hasta dejarla desnuda

-ah si! Dejare lo mejor para el final ¿Te parece bien?- Kirigaya estaba paralizada por el miedo, atada en indefensa iba a morir a manos de aquella asesina tan violenta, entonces sin previo aviso sintió el primer corte, Takechi le había clavado las tijeras en el brazo izquierdo, ella soltó un grito de dolor, Otoya la miraba, su mejillas pálidas se habían ruborizado y en sus ojos brillaba aún más aquel siniestro instinto que le daba el placer al matar, una lagrima escurrió de los dorados ojos de Kirigaya, un segundo corte en el mismo brazo la hizo gemir de dolor, Takechi temblaba de emoción, pero no paro, hizo un tercer corte esta vez en el brazo derecho, la chica dio un grito de dolor, más lagrimas corrieron por su rostro, Otoya estaba disfrutando de aquello

-si! Así! Quiero escucharte gritar! Quiero verte llorar! Vamos, entrégame tus dulces lágrimas, sigue así, sufre por mí- el sádico ser de Takechi estaba vuelto loco de placer, pero el grito de Kirigaya había despertado a Namatame quien confundida miro a su alrededor, no tenía idea de que era lo que había pasado, pero cuando escucho un gemido de dolor levanto la mirada, lo que vio le paralizo el corazón, Takechi Otoya estaba sobre Kirigaya lastimándola de la más horrible manera

-Basta! Suéltala!- grito la pelirroja desesperada intentando liberarse de sus ataduras, la asesina serial volvió la mirada y con expresión alegre dijo

-oh! Namatame-san ¿Quieres unirte a nuestro juego?-