Había vuelto a aquel lugar que tantos amargos recuerdos le traía a la mente, una gran casa de aspecto "normal" que en su interior guardaba el núcleo de un grupo de fríos asesinos especialistas en veneno, llamo a la puerta y fue atendida por aquel hombre de gran corpulencia que si bien recordaba era el encargado de vigilar la entrada principal, él la reconoció enseguida, pero no dijo nada, tan solo la dejo pasar

-¿Sigue Ichirô aquí?- pregunto la niña

-sí, está donde siempre, pasa a buscarlo- sin decir nada Kirigaya camino por el pequeño sendero que conducía a la entrada de la casa, miro los jardines los cuales estaban adornados con infinidad de flores y plantas, todas ellas pertenecientes al género datura, sentía miedo pues sabía que acababa de entrar en lo que sería una "trampa", pero ello no le importo, pues ¿Para qué quería una vida sin ningún sentido? no tenía familia, no tenía amigos y no tenía a Chitaru, estaba completamente sola, lo mejor era terminar con todo.

Al estar dentro de la casa recordó todo, todo sobre aquel lugar y lo que hacían; Datura era un grupo con una organización muy estricta dividido en tres jerarquías, en la parte más baja se hallaban los asesinos, pues eran ellos quienes tenían que seguir las órdenes para llevar a cabo un "trabajo silencioso y limpio", matar sin ser vistos. Estos asesinos eran personas de aspecto inofensivo, jóvenes y en su mayoría niños pues era más difícil culpar de un asesinato a un niño de aspecto inocente, estos asesinos eran huérfanos, algunos otros habían sido sustraídos ilícitamente de sus hogares, incluso hijos los miembros del grupo. El siguiente escalón en la jerarquía eran los "sensei", ellos se encargaban de buscar y entrenar a los futuros asesinos adiestrándoles en el uso de los venenos y técnicas de sigilo, por cada asesino "logrado" los sensei recibían cierta cantidad de dinero al igual que por cada misión exitosa, los sensei no eran más que explotadores que se enriquecían a costa de los niños a los cuales enviaban a hacer el trabajo sucio, y en el más alto puesto de Datura estaban lógicamente los líderes del grupo encargados de negociar con sus clientes, cobraban muy altas cantidades por cada asesinato, pero no se trataba simplemente de "asesinatos a sueldo", no, nadie conocía directamente las identidades de estos líderes pues existía un "mediador" encargado de transmitir las ordenes de los líderes a los sensei, pero se decía que se trataba de presidentes de las más grandes empresas de aquel país, los cuales habían creado en principio el grupo Datura con el propósito de eliminar "los obstáculos" que impidieran el ascenso de sus negocios, aquella organización había funcionado tan bien que decidieron mantenerla viva y ofrecer sus servicios a otros empresarios y hombres de altos puestos, después de todo "Datura era un negocio más" un negocio con el solo propósito de satisfacer los intereses de unos cuantos.

Kirigaya sabía todo aquello, siempre lo había sabido, ella en ese oscuro lugar no era nada más que una herramienta, un instrumento para llenar de plata los bolsillos del sensei y claro los de los líderes, camino por los pasillos solitarios, no había olvidado detalle del lugar hasta que se topó de frente con un hombre, alto y delgado, de claro cabello en tono celeste y unos ojos color dorado, el hombre parecía confundido pero después sonrió con malicia

-Hitsugi-chan, vaya sorpresa- la niña sintió como si el aíre en sus pulmones se hubiese escapado

-Ichirô- el hombre sonrió aún más abiertamente

-¿Ya no me llamas "tío Ichi"?-…

(La tarde anterior)

Chitaru había pasado mucho tiempo pensando en lo dicho por Hanabusa, no dejaba de darle vueltas en su cabeza, ¿y si era verdad lo que había dicho?, tal vez era cierto y Asahi había estado en realidad bajo las órdenes de su senpai, parecía todo tan irreal, pero seguía dispuesta a pensar que aquella muerte había sido por celos, sus pensamientos y emociones estaban divididos, hecho un vistazo a su apartamento, estaba tan desordenado, así que se puso a limpiar, después de un rato salió de ahí cargada con un par de cajas de basura dirigiéndose al sótano pues en el residía el basurero del edificio, puso las cajas donde debía e iba a volver al apartamento pero entonces miro en el suelo algo que le era muy conocido, un rosado oso de felpa, lo levanto sacudiendo de él el polvo, era extraño que la niña hubiese olvidado aquello pues casi nunca lo soltaba, Chitaru lo miro y noto algo aún más extraño, la cremallera de este estaba atascada, trato de abrirla más de una vez hasta que por fin esta cedió a su fuerza, lo que encontró dentro fue una sorpresa, ahí estaba aquella arma cargada con "veneno", aquella podría haber sido la prueba de la inocencia de Hitsugi, pero empeñada en su falsa idea prefirió pensar que la niña "tenía otra arma aparte de esa", cogió el "veneno" y lo lanzo al basurero, estuvo a punto de hacer lo mismo con el oso, pero algo se lo impidió, no podía tirarlo, así que lo tomo entre sus brazos como Kirigaya lo hacía y volvió a su departamento.

Chitaru paso una noche muy larga, no podía dormir, seguía pensando en su pequeño ángel, pues no importaba cuantas veces tratara ella tan solo no podía dejar de extrañarla, tomo el osito de felpa que había llevado a la cama con ella acercándolo un poco a su rostro, este conservaba el perfume de Hitsugi, aquel perfume que despedía su piel, entonces la pelirroja recordó aquella noche en la cual en esa misma cama habían hecho el amor, tantas cosas le vinieron a la mente en un solo segundo que no pudo contener las lágrimas, había sido ella misma quien aparto a Kirigaya pero no podía negar cuanta falta le hacía, recordando su sedoso cabello claro, su blanca y suave piel, aquellos dulces labios que siempre la besaban, los brillantes ojos dorados que tanto amaba mirar, esa voz diciendo "Chitaru-san te quiero", el rostro más tierno que ella pudiese ver, la extrañaba tanto.

Aquella mañana se levantó un poco tarde, se dio un baño antes de ir a la sala a sentarse, no sentía deseos de hacer nada aquel día pues la falta de sueño la tenía agotada, encendió la tv y comenzó a cambiar de canal, hasta que se detuvo a escuchar aquella noticia

"…las pruebas periciales apuntan a que la muerte de la joven Etsu Asahi se debió a un accidente, ello se dedujo debido al ángulo en el cual las agujas penetraron en su cuerpo, además de que en el arma no se encontraron otras huellas digitales aparte de las pertenecientes a la fallecida…"

Apago la tv de inmediato, ya no podía negar lo qué el mundo a gritos le decía, Hitsugi no había matado a nadie y mucho menos por celos, se sintió como la mayor idiota de la tierra pues había culpado y tratado mal a una niña que solo trato de salvar su propia vida, la culpa la invadió, pero tuvo poco tiempo para pensar en ello pues su teléfono sonó

-¿…hola?-

-buen día Namatame-san-

-¿Hanabusa?-

-Seré breve Namatame, sé que tal vez esto no te importe pero, Hitsugi-chan acaba de irse, dijo que volvería con el grupo Datura-

-¿a…al grupo Datura? –

-sí, eso dijo-

-¡Tienes que decirme ahora mismo si sabes a donde exactamente es que ella se fue!-

-vaya, tal parece que si te importa después de todo…bien escucha la dirección es la siguiente…-La ojou-sama le dicto la dirección que su chofer le había indicado

-Gracias Hanabusa…y lamento lo del otro día-

-Descuida Namatame-san, que el asunto quede olvidado-

Sin más por decir Chitaru se puso en marcha, tenía que ir a buscar a Kirigaya pues sabía del peligro que corría al regresar al grupo de asesinos, a toda velocidad se dirigió al lugar dicho por Sumireko, al llegar noto que se trataba de un sitio aparentemente normal, pero no debía guiarse por las apariencias, debía entrar ahí si quería hallar a su pequeña chica, aun si era un plan arriesgado y estúpido ella saltaría el muro.

Ichirô miro a Hitsugi con su escrutadora mirada calculadora, Kirigaya sabía que estaba en problemas pero no haría absolutamente nada para huir

-entonces Hitsugi-chan ¿a qué debo tu repentina visita? Creí que ya no querías volver… o ¿es acaso que tú deseas volver a matar para nosotros?-

-yo nunca he querido matar para ustedes-

-oh si, ya recuerdo, recuerdo también al imbécil que te metió esa idea en la cabeza…-

-¡No lo llames así!-

-veo que la herida sigue abierta…bien…pero tú conoces las reglas del grupo Hitsugi-chan, si te atreves a traicionarnos lo único que conseguirás es una muerte segura-

-lo sé-

-y entonces ¿Has venido a que te mate?-

-eso creo-

-si deseas la muerte ¿por qué no lo hiciste tú misma?-

-porque…merezco ser asesinada…tengo culpas que pagar-

-¿sigues sintiéndote mal por asesinar a esa chica?-

-nunca debí hacerlo-

-Nunca…nunca comprendiste la razón de tu existencia, tú solo existes para asesinar-

-mientes-

-¿ah sí?... dime algo que hayas hecho en tu vida además de asesinar-la niña se quedó en silencio alejando su mirada de aquel hombre

-lo vez Hitsugi-chan, tú no sirves para nada…pudiste ser una buena asesina, pero decidiste traicionarnos, ¿valió la pena tú deserción?-

-claro que si-

-bueno, entonces muere feliz Hitsugi-chan- tomo a la niña del brazo llevándola hasta una oscura habitación

-Quédate aquí mientras busco lo que necesito, de cualquier manera sería una estupidez que trataras de escapar- el hombre abandono a la niña en el frío sitio, su corazón latía con violencia pues sabía que el final estaba ya muy cerca, no le importaba morir, lo único que le dolía era irse sin poder decirle adiós a la chica que tanto amaba, a su Chitaru-san.

Namatame por su parte había buscado el mejor punto para entrar en el lugar, hallo un sitio ideal pues había un árbol pegado al muro, aquello sería muy fácil, pero la facilidad de su incursión y el descuido le costó ser vista por el mismo hombre que cuidaba la puerta, el cual al verla entrar la sometió con su gran fuerza

-¿Qué haces aquí?- pregunto el tipo

-eso no te importa-

-podría matarte ahora mismo ¿sabes?-

-lo mismo podría decir yo-

-chica estúpidas, como sea, te llevare con el jefe, él se hará cargo de ti- el hombre la arrastro hasta el interior de la casa, deteniéndose solo una momento para amordazarla y atarle las manos…

Cuando la puerta se abrió Ichirô entro en la habitación sonriendo de aquella forma tan repulsiva

-¿Estás lista Hitsugi-chan? ¿Algún último deseo? ¿Algunas palabras?-

-nada-

-muy bien, entonces no alarguemos más esto…- pero antes de que el hombre pudiera hacer nada la puerta de la habitación se abrió, lo que Hitsugi vio la tomó, por sorpresa, ya que ahí estaba Chitaru atada, amordazada y sujeta por el "guardia" de la puerta, cuando las miradas de ambas chicas se cruzaron los ojos carmesí de la pelirroja se abrieron por la sorpresa

-¿Qué es esto? ¿Quién es ella?- pregunto Ichirô

-Salto el muro-

-una espía tal vez…da lo mismo igual la matare, déjala aquí, yo me haré cargo- Namatame fue empujada contra el suelo, Kirigaya se encontraba en "shock" pues de todas las cosas que esperaba Chitaru no era una de ellas, ¿Qué demonios hacía ahí? No comprendía absolutamente nada, pero estaba en problemas pues ni una de las dos podía hacer nada, Kirigaya estaba desarmada y Namatame atada, la peli azul tenía que pensar en algo sin embargo fue distraída por Ichirô

-Bueno Hitsugi-chan, sigamos con lo nuestro, sabes, pensé en algo, debes hacerle honor a ese lindo seudónimo que heredaste, si, Hitsugi-chan alias Angel Trumpet…- el hombre reía de una manera muy extraña, entonces del bolsillo de su chaqueta saco una jeringa, Hitsugi sabía lo que le esperaba

-Tal parece que lo has comprendido Hitsugi-chan, si, voy matarte con esto…podría hacer que lo tragaras aunque eso sería más lento, dime ¿recuerdas tus lecciones? Eras una chica lista, entonces recordaras que cuando el veneno va directo al torrente sanguíneo sus efectos son más rápidos, casi inmediatos…pero dejémonos de charlas, es hora de liquidar este asunto- el hombre se le acerco tomando su brazo izquierdo, sus hábiles ojos hallaron enseguida en punto exacto donde tenía que clavar la aguja, Chitaru forcejeaba como loca tratando de soltar su atadura, pero esta no cedía, cuando vio al tipo clavar la aguja en el brazo de Kirigaya quiso gritar, el corazón casi le salía por la garganta y un frío espantoso le invadió el cuerpo, no quería creerlo, algunas lágrimas escaparon de sus ojos

-…con esto terminamos Hitsugi-chan, vamos, antes de que mueras dile algo a tío Ichi- Kirigaya miro al hombre a los ojos pero se quedó en silencio

-sigues sin querer decir nada Hitsugi, es igual…- los ojos del sujeto se detuvieron en Namatame

-No sé quién demonios seas, pero te costara la vida haber entrado aquí, parece que la muerte de mi sobrina te ha impresionado, te matare igual que a ella, solo dame unos segundos, buscare un poco más de esa "hermosa pócima" para ti- él salió una vez más, Chitaru no podía quitar la vista de Kirigaya quien parecía estar a punto de colapsar por aquel veneno que había entrado en su cuerpo sin embargo la pequeña se puso de pie y con tambaleantes pasos se acercó a la pelirroja comenzando a liberarla, por unos segundos ambas se miraron a los ojos

-Kirigaya…-

-sal de aquí- fue lo único dicho por la niña antes de caer al suelo…