Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada.
DÍAS DE INFANCIA
Capítulo 2 Mi papá
Los días pasaban lentos entre su trabajo en casa, el cuidado de su salud y el pequeño e inquieto Ikki. Todos los días se esforzaba por darle un tiempo exclusivo y que así él no se sintiera desplazado por la llegada del nuevo bebé, teniendo en cuenta que él mismo estaba recién saliendo de esa etapa. Su vientre estaba más abultado y su enfermedad se había detenido en contra de todos los pronósticos de los médicos, permitiéndole mantener el embarazo por más tiempo. Todo había comenzado aquel día que soñó con él…
Estaba en un hermoso e infinito jardín, rodeada de flores y personas felices, sin embargo, aunque todo parecía perfecto, se sentía sola. Miró en todas direcciones intentando entender qué le faltaba y fue ahí que notó la ausencia de su hijo.
—¡Ikki! —comenzó a llamarlo repetidas veces. Al menos el bebé dentro de su pancita le pateaba con suavidad, por lo que se acarició el vientre, hablándole con cariño—. No te preocupes bebesito, Ikki ya aparecerá.
Caminó por el jardín, llegando hasta un río que corría tranquilo y del que bebían con tranquilidad las personas del lugar. Siguió su recorrido preocupada por el paradero de su hijo, cuando escuchó que una grave voz la llamaba.
—Yûko…
Se volteó dudosa de conocer a alguien en aquel lugar y al girarse comprobó que en realidad era un desconocido el que la llamaba. Un hombre alto, de pálido rostro sereno, largo cabello negro y profundos ojos celestes.
—¿Lo conozco?
—¿A mí? No… pero yo a ti sí…
—¿Y por qué?
—Estás enferma. Pero, venía avisarte que no debes preocuparte por el bebé que cargas en tu vientre.
—¿Cómo puede decir eso con tanta seguridad?
—Porque él será alguien muy importante, por lo que debe nacer fuerte y sano. De eso me encargaré yo mismo.
—¿Y usted quién es?
—Alguien a quien le importa la seguridad del niño con el alma más pura de esta generación…
Había despertado asustada debido a ese extraño sueño, mirando a Ikki que dormía plácidamente a su lado y su bebé se removía un poco al sentir su inquietud. No le prestó mayor importancia a su significado hasta que asistió al control rutinario de su enfermedad y el médico le había dicho que, contra todo pronóstico, los últimos exámenes revelaban un leve retroceso, por lo que se esforzarían en prolongar su embarazo hasta que el bebé pudiera nacer naturalmente.
Ahora ya tenía treinta y sies semanas y según los últimos exámenes su pequeño se estaba desarrollando tan bien que en cualquier momento podía nacer sin inconvenientes. Tenía ya preparado su bolso con ropitas para el recién nacido, entre cosas que había guardado de Ikki y otras que le había regalado Izumi. Ante cualquier malestar debía partir de inmediato al hospital en vista de su delicada condición; porque, a pesar de que su enfermedad no avanzaba peligrosamente, aún permanecía latente, como dormida, lista para continuar consumiéndola.
Sintió unas suaves manitos que la tiraban de un brazo, intentando llamar su atención.
—Mami, mami… mira esta hoja… —dijo Ikki con entusiasmo.
—Es hermosa, hijo.
—Es amarilla.
—Muy bien. Además, tiene forma de abanico.
—Quiero ir a esos juegos, mami.
—Está bien, pequeñito. Vamos.
Le tomó la mano a su hijo para acompañarlo hasta los variados juegos infantiles donde otros niños jugaban. Al estar cerca, él se soltó y corrió hasta el tobogán más cercano, subiendo con agilidad las escaleras.
—¡Mira mami! —gritó desde la cima. Se sentó y se deslizó hasta llegar al suelo con total alegría. Siguió corriendo de juego en juego, saltando y trepando por todo el lugar. Conversaba con algunos niños, mientras les señalaba a su mamá desde lejos y ella lo saludaba con una sonrisa.
El momento era perfecto, una fresca tarde de verano de septiembre. Las hojas secas caían de los árboles y le añadían un toque especial al lugar, demostrando la proximidad del otoño. Se puso de pie para llamar a Ikki y volver a casa, cuando sintió un fuerte dolor en la zona lumbar que se extendió hacia su vientre. Tuvo que detenerse para respirar profundo e intentar controlar el dolor que ya era conocido para ella. Pero, como era solo el comienzo, tendría varios minutos para alcanzar a llegar a donde Izumi y que la pudiera ayudar con su pequeño hijo, para después trasladarse al hospital sin problemas.
—¡Ikki! Debemos irnos.
—No… yo quiero jugar más, por favor —le suplicó a su mamá.
—Lo siento, pero en verdad debemos irnos.
—Por favor… por favor…
—Ikki… tu hermano va a nacer… —dijo en un hilo de voz, producto de otra contracción.
—¡Shun!
—Sí, pequeño, Shun va a nacer.
—¡Sí! —gritaba Ikki, corriendo de un lado a otro—. ¡Vamos!
Le tomó la mano a su mamá, deteniéndose cada unos minutos para que ella pudiera soportar el dolor. Como un hijo responsable, la guio hasta que llegaron a la tienda de Izumi.
—¡Izumi-sama! ¡Mi hermanito va a nacer!
—¡Yûko! —la vio entrar con el rostro adolorido y un leve sudor correr por su frente—. Menos mal que dejaste tus cosas aquí. Llamaré de inmediato a un taxi para que nos lleve al hospital. Ikki, sé un buen hermano mayor y quédate con tu mami.
Vio asentir al niño con orgullo en su carita, tras lo cual salió del lugar a hacer la llamada. Después, entró al cuarto donde tenía guardado el bolso de su amiga y un pequeño regalo.
—Ya hice la llamada. Vienen en camino —informó—. Ten Ikki, el regalo que le harás a tu hermanito cuando lo veas.
—¡Gracias! ¡Le va a gustar mucho! —estaba tan emocionado que todo lo que hablaba lo hacía gritando.
Cuando se había enterado de que tendría otro hijo, lo primero en lo que pensó fue en como lograr que su hijo lo amara con todo su corazón y no se pusiera celoso de él. Entonces, había ideado un plan en el que Ikki participaría en todo el proceso de su embarazo y luego de nacido el bebé le permitiría ayudarla con él en lo que no corrieran riesgos. Entonces, para que se sintiera responsable, habían escogido juntos un regalo que le daría a su hermanito el día que llegara al mundo… un peluche de Totoro como el de él, aunque un poco más pequeño.
Llegaron a la sala de recepción del hospital justo a tiempo, ya que ella tenía que esforzarse por contener los gritos que querían salir de sus labios producto del enorme dolor que le causaban las ya muy seguidas contracciones. Sudaba frío y le temblaban las manos y las piernas, sosteniéndose apenas, apoyada en los brazos de su amiga. Ikki la miraba un poco asustado de verla tan mal.
—¿Mami? ¿Estás bien?
—No te preocupes, pequeño. Ya te había dicho que cuando tu hermanito fuera a nacer sentiría mucho dolor —dijo en el único minuto de paz que tenía entre contracciones.
—No te preocupes, Ikki. Yo me quedaré contigo.
—¿Y mi mamá? ¿A dónde se la llevan?
Justo en medio de su conversación habían llegado las enfermeras que la llevarían a la sala de parto. La sentaron en una silla de ruedas, trasladándola hasta donde ya se encontraba su médico tratante junto a su equipo médico. El proceso ya era conocido para ella, por lo que estaba un poco más tranquila que la primera vez.
—Se adelantó igual el bebé —le dijo su doctor con voz alegre, para hacerle más liviano el momento.
—Así parece… —contestó. El sudor corría por sus sienes, mientras apretaba los dientes para retener un grito. Inhalaba y exhalaba rápidamente para contener el dolor y concentrarse en su trabajo de parto.
Después de unos minutos, el llanto del bebé dio por terminado su sufrimiento, ya que en cuanto lo escuchó, su cuerpo se relajó automáticamente. Se lo acercaron, dejándolo sobre su pecho, donde ella aprovechó el momento para acariciarlo y besar su frente. Unas lágrimas brotaron de sus ojos al ver que era un bebé sano y tranquilo, que se quedó en silencio en cuanto sintió los latidos de su corazón. Lo vio intentar abrir sus ojitos con esfuerzo, mientras se acercaba su manito a la boca, para succionarse un dedito, como ya tenía la costumbre dentro de la pancita. Más lágrimas de felicidad siguieron saliendo… su embarazo había muy complicado, pero al fin había salido todo bien…
Se llevaron al bebé para controlarlo, limpiarlo y vestirlo, mientras la trasladaban a su cuarto junto a otras mamás que había tenido a sus bebés en esos días. Izumi entró junto a Ikki, el que cargaba en sus brazos el regalo para su hermanito.
—Y Shun… ¿Dónde está? —preguntó preocupado.
—Ya lo traen. Lo están vistiendo.
—¿Cómo te sientes?
—Feliz. Todo salió mejor de lo que esperaba.
—Yûko-san, aquí está su bebé. Es muy lindo —dijo la enfermera con el pequeño envuelto en su mantita.
—¿Puedo? —preguntó Izumi, emocionada.
—Claro.
La joven se acercó a la enfermera y recibió al bebé en sus brazos. Sintió una sensación especial al ver a aquel pequeñito ser tan tranquilo.
—Ven Ikki… acércate a conocer a tu hermanito —lo invitó acercándose a una silla para sentarse y así quedar a la altura del niño.
El niño caminó lento, un poco asustado al ver que alguien tan chiquito era su hermano.
—¿Shun? —le preguntó dudoso.
—Ikki… tu hermano aún no sabe hablar —le dijo Izumi con risas en su voz.
—Oh… ¡Mira, Shun! Te traje un regalo —le dijo, alzando el paquete. Se quedó mirándolo un momento, hasta que lo vio removerse e intentar abrir sus ojos.
—Te reconoció. Shun sabe que eres su hermano.
—¡Mira mami! Shun sabe que soy su hermano —dijo emocionado.
—Claro Ikki. Estuviste hablándole por muchos meses.
El pequeño daba vueltas en torno a la camilla de su mamá, acercándose hasta su hermano para verlo de vez en cuando. Había muchas personas en la sala, ya que era el horario de visitas. Y una pregunta se formuló en la cabecita inquieta de niño…
—Mami, ¿dónde está mi papá?
Esa pregunta fue como un balde de agua fría para la joven madre, puesto que había evitado ese tema con facilidad al ser Ikki un niño tan pequeño. Pero, ahora era fácil para él pensar en ello, ya que las madres con sus bebés estaban siendo visitadas, en su mayoría, por los papás de sus hijos. Sin embargo, ellos estaban solo acompañados por Izumi. Inevitable fue para ella recordar el momento en que se dio cuenta definitivamente que el padre de sus hijos jamás se haría responsable de ellos.
El tiempo era todavía frío a pesar de que ya se acercaba la primavera. Habían salido a comprar con Ikki los ingredientes para sus panes dulces. Caminaba lento producto de los malestares de su insipiente embarazo. Náuseas y mareos eran frecuentes esos días, dejándole en claro que tendría un nuevo hijo con el mismo hombre. Aquel que la había apoyado y ayudado, pero que nunca se había hecho responsable seriamente de su hijo mayor y sabía que tampoco lo haría de ese pequeño. No sabía muy bien cómo o por qué se había enamorado de él, pero tenía claro que aún lo amaba. Quizás era por aquel hermoso hijo que caminaba a su lado y por el pequeño que se desarrollaba ahora dentro de su vientre. Sabía que el día que volviera de su viaje, le daría la noticia. También sabía cuál sería su reacción… la apoyaría económicamente, pero no se haría mayormente responsable, alegando que su situación era muy complicada. Claro, un hombre de negocios como él, alguien importante, conocido en todo Japón, no podía hacerse cargo de una chiquilla que había conocido en un restorán y que a causa de su embarazo no había podido terminar sus estudios en gastronomía. Resignada a su destino, se conformaba con que ellos lo conocieran y supieran quien era su padre… estaba convencida de ello hasta ese fatídico día.
Mientras caminaba de la mano de Ikki, pudo distinguir entra la multitud a aquel hombre maduro del que estaba enamorada. Contenta, estaba a punto de acercarse, cuando lo vio besar a una joven aparentemente de la misma edad de ella… era hermosa, de cabello castaño y ojos cafés. A su lado se encontraba una niña como de la edad de Ikki o un poco mayor… Ahí se dio cuenta de que ella no era la única y quizás a cuantas más estaba embaucando. Se sintió tan decepcionada y utilizada… había sido tan ingenua al creerle que todo el tiempo que se ausentaba era producto de sus viajes de negocios. Ese día decidió alejarse de él definitivamente, y jamás sabría de la existencia de ese segundo hijo en su vientre. Se trasladó a otro departamento y cambió su número de teléfono, aunque imaginaba que a él poco le importaría perder a una de sus conquistas. Ni apellido le había dado a su hijo, así que nada legal lo amarraba a ella.
—Lo siento Ikki… pero ustedes solo me tienen a mí —contestó con tristeza—. Tu padre… él nunca vendrá…
Continuará…
Notas:
Gracias por leer y comentar el primer capítulo de esta historia. Espero que les haya gustado esta nueva entrega ;D
Como dije, será una historia breve, pero con gran significado para mí…
Muchas gracias por detenerse en este fic…
Saludos, Selitte :)
