Capitulo II. Llegada
"Estimados pasajeros. Bienvenidos a Seattle. La hora local es 12:30 hrs. El clima, nublado con potencial de nevadas y vientos helados del norte. Temperatura actual: 33 fahrenheit. Esperamos que hayan tenido un buen viaje y que pronto vuelvan a viajar con nosotros."
Stanely llegó a las oficinas del Servicio Secreto en Seattle. Después de identificarse fue dirigido con el jefe de la oficina. Dan Hewson le dio la bienvenida en un cuarto de reuniones, en el que se encontraba el sólo, y de inmediato empezaron a hablar del asunto por el que Stanley se encontraba ahí:
- Ya está enterado de la situación. Imagino que tiene preguntas – empezó Hewson.
- Sí, y muchas, no se me dieron muchos detalles.
- Quizá no más de lo que nosotros ya sepamos. Tenemos a nuestra División Científica trabajando a marchas forzadas para encontrar el punto de origen de tal pulso electromagnético.
- ¿Qué sucedió exactamente? - preguntó Stanley de forma tajante -. El informe decía que tuvieron un apagón.
- Oscurecimiento – corrigió Hewson -.
- Sí, eso, ¿de qué se trata?
- Ninguna comunicación radial funciona. Esto es, según lo que se me entregó – abrió una carpeta que estaba en la mesa, abrió un libro similar al que Stanley tenía guardado y leyó-, esto se explica como una obstrucción de las ondas electromagnéticas debido a la ionización del aire – cerró la carpeta y continuo -. Es decir, cargas eléctricas en exceso en la atmósfera. Puede ser de origen natural, como una explosión volcánica masiva o un meteorito. O de origen humano, como una explosión nuclear.
- ¿Cómo lo vivieron?
- Bueno, ocurrió casi a la media noche, pasadas las 23 horas. No muchas personas se dieron cuenta de ello. Yo estaba aquí, en mi oficina. Primero fue interferencia en las radios y teléfonos, luego simplemente estática. Los servicios de emergencia intentaban comunicarse, pero no había manera. Luego de unos minutos, todas las señales volvieron a la normalidad. Sabemos que los radares costeros también habían fallado. No teníamos manera de hacer algo. Como sí todo se hubiera apagado o puesto un muro para aislarnos. Sabemos que sí hubo apagones de electricidad en algunos pueblos del sur de Washington, el este Idaho, y el oeste de Oregón. Este último fue raro.
- ¿Raro? ¿Qué ocurrió en Oregón de especial?
- El servicio meteorológico indico un incremento en la actividad eléctrica, como si se tratarán de tormentas eléctricas de verano. Y los geólogos dicen que hubo un incremento de microsismos las horas siguientes al evento.
Stanley estaba anotando todo esto en una pequeña libreta de notas, que siempre traía en casos como estos. No había que olvidar ningún detalle.
- Todo esto en conjunto, es extraño – dijo Stanley -. Por otro lado, no es una explosión nuclear u alguna causa natural, de ser así lo sabríamos. Lo que haya producido esto es desconocido. Y por ahora no es relevante.
- ¿No es relevante? Afecto a toda la costa oeste y...
- No, no lo es – interrumpió Stanley -, porque no sabemos que aparato causo el problema. Y tratar de resolver este asunto nos interrumpe de localizar...
- A los autores – corto Hewson -. Pero de ser natural...
- No podría ser natural, ya lo sabríamos. Estas personas poseen alguna clase de artefacto, tecnología avanzada.
- ¿Quienes podrían ser? No tenemos ninguna idea de por donde iniciar aún.
- No tenemos idea, es cierto. Pero podemos predecir como es el autor.
Hewson miró intrigado a Stanley, en señal de continuar.
- Buscamos a más de una persona, esto no lo hizo un sólo hombre. Fue un equipo, y todos son ciudadanos del país.
- ¿No consideramos extranjeros?
- No tendría sentido, pero deben mantenerse atentos a cualquier movimiento de dinero o materia prima que sea extraño. Sí suponemos que esto lo provoco algo de gran magnitud, entonces no se trata de algo pequeño. Y sí hay extranjeros implicados, entonces su influencia debe ser desde afuera. Quizá apoyen un grupo disidente o que sea afín a alguna causa enemiga.
En ese momento llamaron a la puerta, Hewson dio la orden de pasar. Entró otro muchacho, muy joven, aparentemente de la división científica, parecía apurado y con ganas de decir algo importante. Stanley lo supo de inmediato:
- Lo logramos Señor. Hemos localizado el origen.
- ¡Perfecto! -celebró Hewson levantándose de su asiento y recibiendo una carpeta gruesa con muchos papeles - ¿Dónde es?
- Hay que desdoblar el mapa, está más cerca de lo que pensábamos.
Stanley se levantó de su asiento y junto con Hewson desdobló el mapa ante los ojos del muchacho. En el se trazaban muchas líneas rojas y azules, parecían al azar, pero todas convergían en un punto.
- Oeste de Oregón - dijo Stanley, pero lo vio más de cerca y corrigió -, casi al centro del estado.
- Así es, pero el mapa no es detallado -índico el muchacho-. Usamos un mapa de Oregón aparte, y la convergencia de los vectores da a un pueblo minúsculo.
Dejo el mapa de Oregón en la mesa. Y todas las líneas partían de un sólo punto. Debajo de estás un leve punto negro y un nombre en letras pequeñas: Gravity Falls.
- Parece un lugar conveniente – dijo Hewson apuntando a lo remoto del lugar.
- Exactamente – señaló Stanley -, es un lugar aislado, en medio de las montañas – se dirigió al muchacho -: ¿están seguros?
- Todos los datos que fueron enviados desde la oficina central coincidían en un lugar en esa área – respondió-. Comparándolo con nuestras mediciones locales, y tomando los datos de los meteorólogos y los geólogos todo parece indicar que el origen de tal pulso electromagnético es ese pueblo, o al menos muy cerca de él. Un radio de cinco millas.
- Eso facilita mucho las cosas – dijo Stanley, con la esperanza de terminar con la misión en menos de una semana, ya parecía pan comido para él.
- ¿Qué dice la Policía de Gravity Falls? - pregunto Hewson.
- No lo sabemos, intentamos comunicarnos allá, las líneas telefónicas aún están caídas. Pero, lo único que tenemos de allá es información de una estación sísmica del pueblo vecino, y dice que en el área los microsismos se empezaron a sentir a partir del día anterior.
La conclusión era evidente, y el silencio de Stanley y Hewson lo decía. Ese era el lugar, todo coincidía. Hewson hizo salir al informante. Stanley y él quedaban de nuevo en la habitación.
- Esto se podría resolver fácil, Agente Pines – dijo Hewson -. Podríamos enviar algún equipo para revisar el pueblo y así...
- No tendría sentido – interrumpió Stanley -. Tengo la orden de examinar muy de cerca el origen, y para eso debo estar sólo. Ir haciendo escándalo sólo los ahuyentaría. Y no lograríamos nada.
- Tiene razón, Agente Pines. Así que, va ir a...
- Gravity Falls. Sí.
Hewson asintió. Sí Stanley estaba seguro de ello, no le detendría, además eran ordenes superiores.
- De acuerdo Agente Pines. Hora de darle su equipo.
Hewson le dirigió a otra sección del edificio. A una habitación iluminada que parecía estar en el sótano. Ahí, frente a una mesa de acero inoxidable, Hewson le hizo entrega de un maletín. En él se encontraba un cuaderno con un bolígrafo, una radio mediana de tres bandas a baterías y un atlas de carreteras del país. Hewson le índico instrucciones:
- En el cuaderno está el código numérico que usará para descifrar nuestros mensajes. Cada domingo a las 19 horas tendrá un mensaje numérico transmitido por radio en la frecuencia de 1980 kHz, este se repetirá únicamente tres veces hasta las 20 horas. El atlas le permitirá llegar a su destino, está actualizado, tiene trazados desde interestatales hasta senderos y lugares restringidos. No pierda ninguno de los dos, e incinérelos en caso de peligro. Hewson puso una caja negra en la mesa, que abrió y giró hacia Stanley:
- Esté es su arma. Incluye silenciador. Úsela sólo cuando sea necesario - Stanley la tomo, metió el cartucho y la cargó, luego guardo el silenciador en su abrigo -. Utilícela a discreción, procure la fuerza antes de usar el arma. Y por último – de su sacó extrajo una llave -, esta es la llave del coche que usará. Es un sedan barato color blanco que ha sido adaptado para resistir todo terreno y ser discreto. Esta a su nombre falso, pero sólo el personal autorizado tiene acceso a su nombre real por el archivo. Esta en el estacionamiento. El cajón esta marcado en la llave.
Stanley la tomo y la guardó también en otro bolsillo de su abrigo. Luego se dirigió a Hewson:
- ¿Cómo daré informes?
- Gravity Falls recibe turistas de vez en cuando, no son muchos, pasan desapercibido y son algo habitual. Buscan por lo general el bosque, les atrae lo misterioso de él y ciertas leyendas raras; además de la historia del pueblo. Sus informes serán escritos, los hará con el código proporcionado en el cuaderno. Y los firmará con este bolígrafo, tiene una tinta con un rastro químico original. Eso comprobará la autenticidad de sus informes. Los entregará a una persona entre los grupos de turistas, la descripción se le dará en el mensaje por radio.
Stanley tomó el bolígrafo, parecía de madera con acabados metálicos dorados.
- Lo mejor del bolígrafo es que podrá conservarlo después, sólo cambie el cartucho de tinta. Y por último, estas son sus identificaciones y credenciales.
Stanley las recibió estás tarjetas y miró con atención el nombre. Nada iba mal, a excepción de:
- ¿Andrwe Alcatraz? ¿Es en serio?
- Es un error tipográfico. No fue intencional. Pero por otro lado, como habrá leído pasará por un agente de la oficina de geología. A partir de ahí ya sabrá como actuar.
Stanley guardó las credenciales en su billetera y repuso el contenido del maletín en el interior de este. Acto seguido lo cerró.
- Suerte con su misión, Agente Pines – se despidió Hewson.
Y luego dieron un apretón de manos, a señal de despedida.
Stanley fue al estacionamiento a buscar el coche. En efecto, era un sedan horrible color blanco opaco, era discreto en apariencia. Subió a este y pudo notar la firmeza. Aparentemente Hewson decía la verdad. Dejo en el asiento trasero la mochila que llevaba, sacó el mapa y la pluma del maletín y se puso a revisar los mapas.
Gravity Falls estaba lejos de Seattle, haría casi ocho horas en llegar. Entre carretera de montaña, el clima de final de invierno y conducir de noche le parecían mala combinación. Sería ridículo morir en un accidente y no en acción. Decidió parar primero en Portland, ir a una biblioteca para buscar información del pueblo, eso le ayudaría a saber que hacer. Dormiría en esa misma ciudad y partiría temprano al día siguiente. Hizo trazos en el mapa de las carreteras a tomar, y otros más por sí algo no estaba bien en esas. Volvió a dejar el mapa y el bolígrafo en el maletín, lo cerró y lo puso bajo el asiento. Encendió el coche, nuevamente comprobó que Hewson tenía razón, y partió a Portland.
El camino de Seattle a Portland fue rápido. En dos horas se había movido de ciudad a ciudad con rapidez. En la biblioteca central encontró pocas referencias a un pueblo de nombre Gravity Falls. Anotó lo esencial: fundada a finales del siglo XIX, vive de la maderería, la minería, recientemente del turismo. Está rodeada de montañas y acantilados boscosos, tiene varias cascadas y lagos. No pasa de dos mil habitantes. Era claro que no era necesario que las leyendas de este lugar no serían diferentes a las de cualquier otro pueblo. Ya había oído de ellas, las consideraba algo de ignorantes. Campesinos ignorantes, así lo describía. Posteriormente revisó libros de geología, había que revisar palabras, definiciones, esto para dejar más claro como se dirigiría en su misión, pero no se esforzó demasiado. Lo más probable es que esta gente no este acostumbrada a esa clase de protocolos y formalidades. De esto fue a una tienda de ropa de segunda mano, a conseguir algo más casual y discreto que su traje de Agente. Luego encontró un motel barato a pie de carretera donde pasar la noche. Ahí se dispuso a dormir y esperar el siguiente día para partir.
Estaba de pie en un cuarto oscuro. No lograba distinguir mucho salvo una luz que se balanceaba de un lado a otro sobre una mesa de interrogatorio. Fue hacía allí y tomo asiento en una silla cuyo crujido se escucho con un eco que persistió por más de lo normal. La luz se balanceaba, y eso le molestaba bastante. Intento detener el balanceo, y al hacerlo vio a una persona sentada del otro lado. Estaba cabizbajo, podía ver su pelo canoso y se estaba mordiendo las uñas con ansia. Susurraba algo que no podía distinguir, y su cuerpo se notaba tan demacrado y delgado. Pudo reconocer algo, le resultaba familiar. Stanley volteó hacia atrás, pero el tipo susurro más fuerte. Volvió a verlo, y ahora se hacía hacia adelante y hacía atrás, parecía más nervioso y ahora de sus dedos no mordía más que carne, su sangre se desbordaba haciendo líneas rojas en sus manos. Susurraba más fuerte.
- No entiendo lo que dices – dijo Stanley.
Él sólo susurraba más fuerte, a la par que la frecuencia de su balanceo aumentaba. Stanley se estaba poniendo nervioso.
- En serio hombre, no entiendo.
Aumentaba el susurro. Stanley se estaba enfureciendo.
- ¡Habla bien o te...!
Levanto el puño para golpearlo cuando el hombre, sin cambiar de posición, gritó:
- ¡Ml rmwztfvh náh zooá! ¡Ml rmwztfvh náh zooá! ¡ML RMWZTFVH NÁH ZOOÁ!
- ¿Qué? - preguntó completamente confundido.
Stanley abrió los ojos en la oscuridad. Se sentía aturdido y tuvo un momentáneo dolor de cabeza. Luego reconoció de inmediato el cuarto de motel, había sido un sueño. Pero se sentía tan vivido. No hacía falta las cosas raras, hablo con muchos psiquiatras después misiones pasadas al respecto. Todos le hacían referencia a lo mismo, una interpretación personal de los eventos. La mente es tan extraña después de todo. Era cuestión de relajarse. Por eso había decidido abandonar esto, para mantenerse en una línea de cordura. Por Carla y Alex. Luego pensó en ellos. ¿Por qué el estaba ahí? Debería estar con su esposa. Trato de sacar eso de su mente, había que cumplir con el deber.
Faltaba poco para amanecer, se levantó y tomo una ducha. De la ropa de segunda mano tomo una playera blanca, unos jeans y botas para la nieve. Decidió seguir usando el abrigo encima de una chaqueta de mezclilla y guantes de piel, hacía demasiado frío. Salió de aquel lugar y siguió con el camino.
En seis horas llegó. Al dejar Portland se interno en las montañas. Se topo con montes rebosantes de nieve y bosques, el panorama era encantador, a pesar del frío y el nublado. Encontrar una estación de radio en aquellos parajes era imposible. Tenía dudas de que pudiera recibir mensajes por radio de forma adecuada, menos sí se producía otro pulso. Continuo conduciendo hasta una gasolinera donde desayuno, luego el destino final.
Llegó a Gravity Falls cerca del medio día. Lo que encontró fue un pueblo solitario, hacía un viento frío, con calles mojadas y nieve arrinconada. Parecía decrepito, los edificios de madera con el humo constante de chimeneas, parecían a punto de desplomarse al peso de la nieve. Decidió ir hacia el centro, donde encontró la alcaldía y la comisaría de policía. Encontró por donde empezar. La calle terminaba en una glorieta frente a una iglesia a la que apenas le estaban construyendo una torre, y en medio de la glorieta una estatua. Se estaciono cerca y bajó del coche. Atraído por la curiosidad fue a la estatua. Era un hombre barbudo, en una pose triunfal con un catalejo en mano y sosteniendo una bandera en la otra. La placa rezaba: Nathaniel Noroeste. Debía ser el fundador de pueblo. Se preguntó sí no se habrá equivocado de lugar, todo parecía deprimente, casi no había gente en la calle. Cerca de la comisaría había personal de la compañía de electricidad reparando un poste. Iba a dirigirse ahí para buscar al comisario local cuando alguien le gritó desde la lejanía:
- ¡Stan! ¡Stan!
Giró sobre sus talones y vio que una mujer de mediana edad le saludaba y se corría a él. Cuando hubiera estado cerca fue frenando y acercándose:
- Stan, que bueno que estás aquí – hablaba con plena emoción, como un día de verano -. Y te cambiaste de chamarra, ya era hora, la marrón con borrego esta muy desgastada, el frío no lo soportas con esa, en cambio esta gabardina, se ve cálida y te sienta bien. Combina con tus gafas.
Stanley estaba confundido. Nunca había sucedido algo así. Miraba irregularmente hacia cualquier lado, cuando respondió:
- Gracias. La compre hace poco – titubeo -. ¿Qué deseas que haga por tí... eh? - No sabía su nombre.
- Ah, sí. Puedes llevarle esta bolsa a Fids. La olvido el día de hoy, tienen mucho trabajo que hacer, y ustedes dos no pueden quedarse sin comer.
Le entrego una bolsa pesada a Stanley. ¿Mucho trabajo por hacer? Luego, desde la lejanía otra voz acercándose, era un hombre corriendo apresurado hacía ellos.
- ¡Ya voy!
Llevaba un paraguas inglés, usaba un traje marrón con corbata y gafas redondas pequeñas. Era un nerd, pensó Stanley. Llegó con ellos dos, él le miró extrañado:
- Stan, ¿qué haces aquí? ¿Cómo te cambiaste tan rápido?
- Yo... - piensa rápido, piensa rápido -, salí a respirar.
- ¿Qué atajo usaste para llegar aquí antes que yo? - Stanley estaba en silencio -. Oh, ya veo que mi querida Helen te ha entregado el desayuno – luego le beso a ella -.
Stanley encontraba extraña la situación, poco frecuente. Estaba acostumbrado a fingir cosas, a disfrazarse, pero esto se salía de toda norma. Sin embargo, el podía sentir que ahí había algo, tenía una corazonada al respecto.
- Oye, Fids, sí quieres podemos volver a...
- Oh, sí, claro Stan. Debo irme cariño – se despidió de Helen con un beso en la mejilla -.
- Nos vemos en la tarde Fids. Un gusto en verte Stan.
Se retiró por el mismo camino, luego doblo en una esquina. Fids y Stanley comenzaron su caminata en silencio de regreso a... donde fuera que fuese. Sentía que algo grande venía, sentía emoción. Había mucho lodo, y eso no parecía molestar a Fids, pero sí a Stanley. Fueron por la calle principal, luego doblaron a otra, caminaron al borde de la carretera y fueron por un camino de tierra mojada. Pasaron el cementerio y se internaron en el bosque. Al final llegaron a lo que parecía una cabaña, de aspecto viejo y a punto de colapsar, como el resto del pueblo.
- Fids, no traigo llave... - Stanley miró el coche estacionado junto a un pórtico de madera, era igual a...
Este comentario extrañó a Fids, luego encogió los hombros y dijo:
- Yo sí.
Acto seguido extrajo una llave de su saco. Con la paraguas sin cerrar al hombro intento abrir la puerta. Pero la puerta se abrió y apareció un hombre, de chamarra marrón con borrego. Se parecía a:
- ¡Stan!
Fids volteo asustado y miró al otro Stan. Luego miró al Stan de la puerta. ¿Qué estaba sucediendo ¡Eran idénticos!
Fids se hizo a un lado para que ambos Stan pudieran verse.
El otro Stan no lo podía creer. El Stan de la puerta no daba crédito a lo que estaba sucediendo. Después de tanto tiempo, aquí estaba él también. ¡También! ¡Aquí! ¡En Gravity Falls!. Ambos se acercaron a mutuamente a la mitad de la distancia que les separaba. Hace tiempo que no se veían, simplemente hace tiempo. Y ese momento se había hecho infinitamente largo. A la par, conocían el saludo: cerraron el puño y lo chocaron. Ambos lo supieron, él es su hermano.
Fids estaba bajo el paraguas viendo como bajo la lluvia ambos Stan se abrazaban.
